Cuál fué la primera tierra que descubrió Colón.
Según los trabajos realizados por el teniente de fragata D. Miguel
Moreno[93] acerca de las rutas del gran marino genovés, la carabela
_Santa María_, que Oviedo llama equivocadamente la _Gallega_,
encontrábase el 7 de Octubre en latitud de 25° ½ y longitud de
65° ½. Pronto veremos que la latitud marcada parece ser exacta, pero
la longitud era más occidental. De continuar la carabela el camino hacia
el Oeste que seguía constantemente desde el 30 de Septiembre, hubiese
llegado á la isla Eleuthera en el gran banco de Bahama, y en vez de
hallar en estos parajes el _Gulf Stream_, hubiera encontrado una
corriente bastante rápida que, desde los 68° á los 78° de longitud, va á
lo largo del límite oriental del banco hacia el Sudeste. Esta corriente
es, según las observaciones hechas en el buque inglés _Europa_ en 1787,
é indicadas en la carta del Atlas de las corrientes del mayor Rennell,
una contracorriente del _Gulf Stream_. El movimiento de las aguas hacia
el Oeste no se hace sentir sino cuando se ha atravesado esta
contracorriente de NO.-SE. y se llega al mismo banco de Bahama. De esta
consideración resulta que para entrar Colón en el _Gulf Stream_ hubiera
debido pasar al Norte de Eleuthera por el canal de la Providencia,
abierto hacia el Oeste, al canal de Bahama ó de la Florida. Á pesar del
poco calado de las carabelas del viaje, esta navegación por el banco de
Bahama, en un mar desconocido, podía ser muy peligrosa.
Como al cambio de rumbo verificado[94] el domingo por la tarde siguió el
_viernes_ á las dos de la madrugada el feliz descubrimiento de la isla
Guanahaní, los enemigos de Colón, en el pleito contra sus herederos
desde 1513 á 1515, insistieron mucho en el mérito de Martín Alonso
Pinzón, el comandante de la _Pinta_, por haber aconsejado el 7 de
Octubre dirigir el rumbo al Sudoeste. Los testigos Manuel de Valdovinos
y Francisco García Vallejo cuentan que Alonso Pinzón, hombre _muy
sabido_ en cuanto concierne á la mar, hacía observar á Colón que habían
caminado hacia el Oeste doscientas leguas más de las ochocientas que
éste, sin duda por las instrucciones que tenía de Toscanelli[95],
pronosticó como término del descubrimiento.
Uno de los testigos dice que Colón ofreció que le cortara la cabeza
Pinzón si en un día y una noche no veían tierra; otro, al contrario,
habla de la pusilanimidad del Almirante, y asegura que Vicente Yáñez
Pinzón, tercer hermano de Alonso y capitán de la _Niña_, no quería
volver sino después de caminar dos mil millas al Oeste. Alonso, según el
mismo testimonio de Vallejo, exclamó que sería una vergüenza abandonar
el proyecto con la armada de tan gran rey, y que _su corazón le decía_
que para encontrar tierra necesitaban dirigirse al Sudoeste.
Rodeado el Almirante por los tres hermanos Pinzón, hombres ricos, de
mucha consideración y que no le amaban, debía ceder á sus consejos.
Además, la inspiración de Alonso Pinzón era menos misteriosa de lo que
parecía á primera vista. Vallejo, marinero natural de Moguer, declara
ingenuamente en el pleito, que Pinzón vió por la tarde pasar loros, y
sabía que estas aves no volaban sin motivo hacia el Sur.
Nunca ha tenido el vuelo de las aves en los tiempos modernos más graves
consecuencias, porque el cambio de rumbo efectuado el 7 de Octubre[96]
decidió la dirección en que se hicieron los primeros establecimientos de
los españoles en América.
La posición de la carabela _Santa María_ el día 7 de Octubre de 1492
(que ya he indicado, era lat. 25° ½, long. 65° ½) fúndase en la
hipótesis enunciada por los Sres. Navarrete y Moreno, de que la primera
isla de América vista por Colón, y llamada en su Diario Guanahaní[97] ó
San Salvador, no es San Salvador el Grande (una de las islas Bahamas,
_Cat Island_) de nuestros mapas modernos, en el meridiano de Nipe,
puerto de la isla de Cuba, sino la _isla de la Gran Salina_, del
archipiélago de las Turcas, casi en el meridiano de la punta Isabelica,
en la isla de Santo Domingo. Ahora bien; según las bellas cartas marinas
de M. de Mayne, cuyas posiciones he comparado frecuentemente con las
obtenidas por mí, empleando medios astronómicos, hay de Cat Island á las
islas Turcas una diferencia de longitud de 4° 9′; y aunque hubiera sido
hecha toda la travesía entre los paralelos 26° y 28° y no en la misma
región tropical, la diferencia de 83 leguas marinas _hacia el Este_ debe
parecer tanto más extraordinaria cuanto que las corrientes, llevando
generalmente al Oeste, debieron situar el barco más allá del _punto de
estima_.
Estas dudas acerca de la longitud del punto donde se llegó á tierra en
nada debilitan las reflexiones que antes hemos expuesto acerca de la
influencia más ó menos grande que, sin el cambio de rumbo del 7 de
Octubre, pudo ejercer el _Gulf Stream_ en la suerte y condición de la
América septentrional; pero tales dudas hay que examinarlas aquí
concienzudamente por lo que interesan á la geografía histórica, y el
deber de hacerlo es tanto más imperioso, cuanto que la hipótesis de
Navarrete, identificando la isla Guanahaní con una de las islas Turcas,
al Norte de Santo Domingo, fué acogida con sobrada precipitación; y
existe un nuevo documento, el _Mapamundi de Juan de la Cosa_ del año de
1500, cuya grande importancia hemos descubierto Mr. Valckenaer y yo, en
1832, que aumenta el valor de las objeciones consignadas en la _Vida de
Cristóbal Colón_ por Washington Irving.
Puede decirse que hasta donde llega la civilización europea, los más
dulces recuerdos de la infancia van unidos á las impresiones que ha
producido la primera lectura del descubrimiento de Guanahaní. Aquellas
luces movibles que el Almirante mostró á Pedro Gutiérrez en la
obscuridad de la noche; aquella playa arenosa iluminada por la luna[98]
que vió Juan Rodríguez Bermejo, han impresionado nuestra imaginación.
Consérvanse minuciosamente los nombres y apellidos de los marinos que
pretendieron ser los primeros en ver un pedazo de un nuevo mundo, y ¿nos
veremos precisados á no poder relacionar estos recuerdos con una
localidad determinada; á mirar como vago é incierto el lugar de la
escena?
Afortunadamente estoy en situación de acabar con estas incertidumbres
por medio de un documente geográfico tan antiguo como desconocido,
documento que confirma irrevocablemente el resultado de los argumentos
que consignó en su obra Mr. Washington Irving contra la hipótesis de las
islas Turcas. Un marino americano muy experto, que conocía por autopsia
las localidades de Cat Island y del islote de la Gran Salina, probó ya
la falta de semejanza entre el aspecto de este último y su posición
relativa y la descripción que el Almirante hace de Guanahaní ó de San
Salvador. Según dice Colón, Guanahaní es una isla _bien grande_ y
abundante en aguas dulces; sus árboles demuestran una vigorosa
vegetación (_toda verde, que es placer de mirarla, y huertas de árboles
las más hermosas_). Tiene un puerto donde caben los navíos de toda la
cristiandad. En cambio la isla de la Gran Salina (_Turk’s Island_)
apenas cuenta dos leguas de extensión, carece de agua dulce, no
teniendola más que de cisterna y charcos de agua salada; carece de
puerto, y su rada es peligrosa hasta el punto de ser indispensable
ponerse á la vela cuando cesa la brisa de NO.
Fernando Colón dice terminantemente en la _Vida del Almirante_ que la
isla Isabela, distante sólo ocho leguas de Guanahaní, según el Diario de
navegación de Cristóbal Colón, está situada 25 leguas al norte de Puerto
Príncipe en la isla de Cuba[99]. Ahora bien; según la carta del Sr.
Moreno, hay entre Puerto Príncipe y las islas Turcas una diferencia de
4° ½ de longitud, que, conforme á las medidas itinerarias empleadas en
el Diario de Colón, forma una distancia de 76 _leguas_. No se puede
alegar en favor de la hipótesis de Navarrete ni la segunda _pregunta_
del Pleito, porque está refutada por la _pregunta_ anterior[100], ni los
mapas que acompañan la carta de Colón traducida en 1493 por Leandro
Cozco en Roma, ni el _Tratado de navegación de Medina_[101]; á aquellos
les falta orientación fija, y son como fantasías de dibujante; éste,
publicado á mediados del siglo XVI, es, por tanto, posterior en 26 y 45
años á los mapas de Diego Rivero y de Juan de la Cosa, que, por la
posición y el carácter de sus autores, deben tener autoridad de testigos
irrecusables.
Como el mapamundi de 1500 que lleva el nombre del piloto Juan de la
Cosa, compañero de Colón y de Ojeda en sus viajes, es un documento
completamente desconocido hasta ahora, y como ni Navarrete, ni
Washington Irving, ni los que han discutido el problema del primer
desembarco conocieron el mapamundi de Diego Rivero, cosmógrafo del
emperador Carlos V, terminado en 1529, aunque la parte americana la
publicaron Güssefeld y Sprengel en 1795, reuniré aquí los hechos
apropiados, para sustituirlos á las simples conjeturas.
Un análisis sucinto de ambos documentos gráficos comprenderá toda la
parte oriental de las islas Bahamas (Lucayas, islas de la nación de los
_Yucayos_). El Diario de la navegación de Juan Ponce de León, emprendida
en 1512 para descubrir la famosa fuente que rejuvenecía de la isla
Bimini y que ocasionó el descubrimiento de la Florida (el país de
_Cautio_, según le llamaban los indígenas), confirma además, del modo
más convincente, lo que nos enseñan los mapamundi de La Cosa y de
Rivero. En investigaciones de esta índole conviene distinguir, respecto
á los diferentes grados de certidumbre que presentan, lo que se refiere
á Guanahaní, punto capital del debate en la historia de los
descubrimientos, y lo relacionado con las demás islas del mismo
archipiélago, cuya identidad de nombre y posiciones es menos cierta.
Este es, en mi opinión, el método, conveniente en todo trabajo relativo
á los mapas de la Edad Media, método igual al que los filólogos aplican,
como único posible, en el examen de los mapas que contienen los
manuscritos de Ptolomeo. Antes de disponerse á adivinar cuáles son las
posiciones de los mapas modernos que responden á las de los mapas de la
antigüedad clásica, deben ser examinadas las opiniones que los geógrafos
antiguos se formaron de la situación relativa de los lugares. Los
ensayos gráficos de Agathodæmon de Alejandría, ó de los dibujantes menos
sabios que posteriormente hicieron adiciones á los supuestos mapas de
Ptolomeo, sólo expresan las opiniones más ó menos erróneas de su tiempo.
De igual modo, respecto á la época de Colón y de Ponce de León, se
procura encontrar indicaciones de este acuerdo entre los mapas y los
diarios de navegación, limitándose estrictamente al examen de las obras
anteriores á 1529 y á reconocer, á pesar de su disfraz, á veces
bastante raro, los nombres antiguos é indígenas, en las denominaciones y
recuerdos modernos.
Aunque el número de posiciones de que se puede tener alguna certidumbre
es bastante considerable, quedan, sin embargo, en la descripción de la
India insular de Marco Polo, como en los documentos gráficos de América,
muchas islas repetidas que han continuado como _estereotipadas_ en todos
los mapas hasta el siglo XVII; islas cuyo emplazamiento real no puede
fijarse, y á veces ni aun probar su existencia. No pocas cartas marinas
y _portulanos_ de la Edad Media no han sido aún más descifrados que el
undécimo mapa de Asia de Ptolomeo, el cual representa el Archipiélago al
sur del _Sinus magnus_ y al oeste de Cattigara, estación de los Sines.
En las investigaciones geográficas es preciso comenzar, cuando se entra
en terreno dudoso, por la _identidad de los nombres_. Después de
reconocer en los mapas las denominaciones conservadas por los viajeros,
preciso es ver si la posición relativa de los lugares está también de
acuerdo con los itinerarios, y si esta posición, ó más bien, _orden de
sucesión_ de los lugares, es como los viajeros, con razón ó sin ella,
la han supuesto. Estos se equivocan con frecuencia, porque en las
comarcas donde las corrientes tienen gran fuerza, la posición relativa
de las islas, considerando éstas bajo el doble punto de vista de la
relación que entre ellas tienen ó de su yacimiento respecto á una costa
próxima, debía ser muy insegura, y el atraso del arte náutico de
entonces nos priva de toda determinación absoluta.
El Almirante en su Diario de navegación y en su carta al tesorero Rafael
Sánchez, fechada en Lisboa el 14 de Marzo de 1493, insiste en el orden
en que hizo los descubrimientos, y nombra las primeras islas entre las
Lucayas. «La primera, dice, es San Salvador ó Guanahaní; la segunda
Santa María de la Concepción; la tercera Fernandina; la cuarta Isabela ó
Saometo; la quinta Juana ó Cuba.» Por lo que dice una carta de Anghiera
(lib. VI, ep. 134), el sexto lugar corresponde á Haïti ó la Española;
pero, si no resulta probado en el pleito contra Diego Colón, es bastante
probable que esta última isla la vió, por primera vez, Martín Alonso
Pinzón, mientras el Almirante se encontraba en las costas de Cuba[102].
Adivinó tan bien Anghiera, desde el mes de Noviembre de 1493, la
importancia de estas seis islas, que, mientras Colón continuaba en la
firme creencia de haber estado ó en las tierras sometidas al gran Khan ó
en la isla de Zipango (el Japón), proclamó ya el descubrimiento de _Novi
orbis repertorem_. (Lib. VI, ep. 138.)
Comenzaré por presentar, en forma de cuadro sinóptico, las distintas
aplicaciones que se han hecho de los nombres que puso el Almirante á sus
cuatro primeros descubrimientos.
++=================+=================+=================+=================++
|| | | | ||
|| =COLÓN.= | =MUÑOZ.= | =NAVARRETE.= | =WASHINGTON ||
|| | | | IRVING.= ||
|| | | | ||
|| (_Diario_ de su | (_Historia del_ | (_Colección de_ |(_Life of Colon._||
|| primer viaje.) | _Nuevo Mundo_, | viajes y | Appendix, ||
|| | lib. III, § 12.)|_descubrimientos,_| número 16.) ||
|| | | p. CIV.) | ||
++-----------------+-----------------+-----------------+-----------------++
|| | | | ||
|| GUANAHANÍ. | WATLING. | GRAN TURCA. | CAT ISLAND. ||
|| Ó SAN SALVADOR | (Cabo SO., | (Cabo N., | (Cabo Columbus, ||
|| EL GRANDE. | lat. 23° 56′, | lat. 21° 31′, | lat. 24° 9′, ||
|| | long. 76° 54′.) | long. 73° 24′.) | long. 77° 37′.) ||
|| | | | ||
++-----------------+-----------------+-----------------+-----------------++
|| | | | ||
|| SANTA MARÍA | | LOS CAICOS. | LA CONCEPCIÓN. ||
||DE LA CONCEPCIÓN.| ............. | (Cabo Cometa, | (Centro, ||
|| | | lat. 21° 42′, | lat. 23° 51′, ||
|| | | long. 73° 45′.) | long. 77° 27′.) ||
|| | | | ||
++-----------------+-----------------+-----------------+-----------------++
|| | | | ||
|| | CAT ISLAND. | PEQUEÑA INAGUA. | GRANDE EXUMA. ||
|| FERNANDINA. | (Cabo Columbus, | (Cabo E., | (Cabo N., ||
|| | lat. 24° 9′, | lat. 21° 30′, | lat. 23° 42′, ||
|| | long. 77° 37′.) | long. 75° 15′.) | long. 78° 22′.) ||
|| | | | ||
++-----------------+-----------------+-----------------+-----------------++
|| | | | ||
|| SAOMETO | ISLA LARGA. | GRANDE INAGUA. | ISLA LARGA. ||
|| Ó ISABELA. | (Cabo N., | (Cabo NE., | (Cabo N., ||
|| | lat. 23° 40′, | lat. 21° 20′, | lat. 23° 40′, ||
|| | long. 77° 40′.) | long. 75° 24′.) | long. 77° 40′.) ||
|| | | | ||
++-----------------+-----------------+-----------------+-----------------++
|| ||
|| Nota. Las posiciones se fundan en las cartas del capitán Mayne y de ||
|| Ricardo Owen, ed. de 1833, suponiendo para la isla de Cuba la Punta ||
|| de las Mulas, long. 78° 14′, y la Punta Maysi, long. 76° 27′; para la ||
|| isla de Haïtí, el Cabo San Nicolás, longitud 75° 43′; el Cabo ||
|| Isabelica, long. 73° 15′, y el cabo Samaná, long. 71° 25′. ||
++=======================================================================++
Para apreciar el valor de las interpretaciones expresadas en el cuadro
precedente, las comprobaré, comparándolas con los dos documentos más
antiguos que poseemos: los mapas de Juan de la Cosa y de Diego Rivero.
La gran autoridad de estos documentos consiste, no sólo en la fecha
incontestable de su redacción, sino también en la importancia y posición
individual de sus autores. Uno de estos mapas ha sido dibujado en el
Puerto de Santa María, cerca de Cádiz, dos años antes de que Colón
emprendiese su cuarto y último viaje; el otro, completamente idéntico
respecto á las posiciones que aquí discutimos, es diez y siete años
posterior á la muerte de Amerigo Vespucci.
No anticiparé los amplios informes que he de dar de Juan de la Cosa al
describir el mapamundi del célebre navegante[103]; baste recordar aquí
que La Cosa acompañó á Colón en el segundo, y acaso también en el tercer
viaje, y que, en otras expediciones, fué varias veces, hasta el año de
1509, á las costas de las Grandes Antillas; que Anghiera elogia su
talento para dibujar cartas marinas, y que Las Casas (lib. II, cap. 2),
al hablar de los consejos dados por La Cosa á Bastidas en el mismo año
de 1500, en que dibujó el mapamundi, dice que el vizcaíno Juan de la
Cosa era entonces el mejor piloto que pudiera hallarse para los mares de
las islas occidentales.
El autor del segundo mapa, Diego Rivero, cosmógrafo é ingeniero de
instrumentos de navegación del emperador Carlos V, desde el 10 de Junio
de 1523 (_cosmógrafo de S. M._ y maestre de hacer cartas, astrolabios y
otros instrumentos), no fué á América; pero, llamado con el segundo hijo
del Almirante, Fernando Colón, con Sebastián Cabot y Juan Vespucci,
sobrino de Amerigo (Pedro Mártir, _Oceánica_, Déc. II, lib. VII, página
179; Déc. III, lib. V, pág. 258, y Documento número 12, en Navarrete, t.
III, pág. 306), al célebre congreso de Puente de Caya, entre Yelves y
Badajoz, para discutir la aplicación de los grados de longitud que
debían limitar los descubrimientos españoles y portugueses, tuvo á su
disposición, por la índole del cargo, todos los materiales que existían
en el grandioso establecimiento de la _Casa de Contratación_, fundada en
Sevilla en 1503, y el depósito de cartas del _Piloto mayor_, encargado
desde 1508 (Docum. núm. 9, en Navarrete, t. III, página 300) de extender
y rectificar anualmente el _Padrón Real_, es decir, el catálogo de las
posiciones «de las tierras firmes é islas ultramarinas».
El mapamundi de Diego Rivero, trazado en 1529, y que se conserva hoy en
la biblioteca pública de Weimar, demuestra cuán numerosos é importantes
eran los materiales que indico. La parte de las Antillas, de Méjico y de
las costas septentrionales y orientales de la América meridional, sin
exceptuar el litoral del mar del Sur, desde el grado 12 N. al 10 S., es
tan semejante á los mapas modernos, que maravillan los progresos de la
geografía desde fines del siglo XV. La información acerca del invento de
_bombas de achicar_, hecha por este hábil cosmógrafo, bombas que
mantenían á flote un barco, haciendo _tanta agua, que pudiera moler un
molino_ (Navarrete, Docum. núm. 4, t. I, pág. CXXIV), es una prueba
oficial de que no sobrevivió al año de 1533. Los sabios españoles
conocían el nombre y mérito de Diego Rivero, pero no su mapamundi, que
se cree fué traído á Alemania en uno de los frecuentes viajes de los
señores de la Corte de Carlos V desde Sevilla y Toledo á Augsburgo y
Nuremberg.
La Cosa, que había seguido en unión de Cristóbal Colón, en Noviembre y
Diciembre de 1493, la costa boreal de Haïti, la que está frente á las
islas Turcas y á los Caicos, debió saber de boca del mismo Almirante
dónde estaba situada la isla Guanahaní, descubierta trece meses antes. Á
primera vista se nota en el mapa de La Cosa que la posición de
Guanahaní no es entre los bajos é islotes que se encuentran frente á
Haïti, al Este de la isla de la Tortuga, sino más lejos, hacia el Oeste,
entre _Samaná_ é Isla Larga (_Long Island_), que llama _Yumay_, próxima
á esa gran tierra de _Habacao_ que Rivero indica claramente como un
_banco de arena_, con el nombre de _Cabocos_. Estos dos nombres,
idénticos por la sustitución tan frecuente de la _c_ y la _h_, designan
el banco de Bahama, sobre el cual, y más al Norte, conocemos hoy la isla
_Gran Albaco_, que es la isla _Lucayo Grande_ de Rivero. En la carta de
este cosmógrafo figura al oeste de Lucayo Grande el nombre de la isla
_Bahama_ (la _Gran Bahama_ de los mapas modernos), y une las dos islas
por un banco de arena, que es el _Pequeño Banco de Bahama_, mientras
Cabocos R.[104], separado por un canal (nuestro canal de la
Providencia), indica el _Gran Banco de Bahama_.
Para orientarse en la carta de La Cosa es indispensable relacionar las
islas y cayos del norte de Haïti con posiciones de la costa
septentrional de esta isla, cuya identidad con las denominaciones
modernas está probada. Estos puntos que presenta el trabajo de La Cosa
son de Este á Oeste: el cabo _Estrella_ (Nav., t. I, pág. 79); la isla
_Tortuga_, que llamó mucho la atención de Colón en su primer viaje (I,
80 y 85); _Vega Real_ (Herrera, I, 2 y 11, y Muñoz, lib. V, § 6);
_Isabela_, diez leguas al este de Monte Cristi, fundada en Enero de
1494, después de la destrucción del fortín de Navidad (I, 219, _Vida del
Almirante_, cap. L; Muñoz, lib. IV, § 42), _Cabo de Plata_ (I, 131), al
este de _Cabo Francés_ de Colón[105] (Cabo Franco, C.); finalmente, la
península de _Samaná_, perteneciente á la provincia haïtiana de _Xamana_
(I, 132 y 209). Ahora bien; las islas Turcas, que Navarrete cree ser
Guanahaní, están situadas en el meridiano de la Punta Isabelica (Isabela
de Juan de la Cosa y de las cartas inglesas); es el segundo de los
cuatro pequeños grupos de islotes y de cayos frente á la costa
septentrional de Haïti, entre los meridianos de la Tortuga y de Samaná.
Estos cuatro grupos llevan hoy los nombres de _Caicos_, _Turks Islands_
(islas Turcas), el _Mouchoir carré_ (Abre los ojos) y los _Cayos de
Plata_ (Bajo de la Plata). Esta banda de islotes y bajos también la
indica La Cosa de E. á O. con las denominaciones de _Maguana_, _Iucayo_
y _Caiocmon_, y casi á su verdadera distancia de la costa. El islote
Iucayo, situado en el meridiano de Isabela, representa, por tanto, al
parecer, el pequeño archipiélago de las islas Turcas, compuesto, de
Norte á Sur, del _Gran Kay_ (Gran Turco), de _Hawk’s Nest_, de _Salt
Kay_, _Sand Kay_ y _Endymion’s Rock_; pero en la carta de La Cosa, en
vez de estar Guanahaní entre los islotes al E. del meridiano de la
Tortuga, se encuentra situada al O.
La longitud que Juan de la Cosa asigna al primer punto de desembarco de
Colón es, sin duda, demasiado oriental todavía. Tomando por escala la
diferencia de longitud que presenta la carta de Juan de la Cosa, desde
el cabo San Nicolás (cabo Estrella, C.) al cabo Samaná[106], encuentro
desde Iucayo, C. (Gran Turco, M.) á Guanahaní sólo 2° 50′, en vez de 4°
12′. El error de La Cosa proviene de haber aproximado mucho Guanahaní á
su isla _Samaná_, nombre que ha quedado á _Atwoods Kay_ en los mapas
franceses é ingleses. Es, sin embargo, notable que esta isla de Samaná
está muy bien situada en la carta de 1500, pues según las buenas
observaciones cronométricas, su situación es á 11° al E. del meridiano
del cabo Maysi de Cuba, y según La Cosa, sólo algunos minutos menos. ¿Es
posible creer que éste, que conocía la existencia de una serie de
islotes ó cayos casi paralela á las costas septentrionales de Haïti, que
había navegado dos veces con Colón y debió hablar varias con él del
acontecimiento más importante de su vida, la primera tierra que
descubrió; es posible creer, repito, que Juan de la Cosa hubiera
situado Guanahaní al NO. de la Tortuga, si Colón le había indicado una
isla frente á Punta Isabela?
El mapa de Rivero de 1529 confirma plenamente lo que sabíamos por el de
La Cosa. Verdad es que carece de nombres en la costa septentrional de
Haïti, nombres que pudieran servir para orientarse y estar seguro acerca
del yacimiento de los varios islotes y bajos opuestos; pero los figura y
nombra, siendo de E. á O. los _Bajos de Babueco_ de forma cuadrada
(acaso[107] Silver Bank, M.) las islas _Cayaca_ y _Canacán_, que creo
sean los _Caicos_ de Ponce de León (Herrera, Dec. I, lib. IX, capítulo
10) _Amuana_ é _Inagua_. Al NO. de la Tortuga indica Rivero _Guanahaní_,
opuesta á la extremidad oriental de Cuba en el meridiano del punto donde
se encuentra el nombre de _Baracoa_[108], que es el _Puerto Santo_ del
Diario de Colón (I, 68, 69, 72, 74), unos 45′ al _Oeste_ del cabo Maysi,
llamado antes _Bayatiquiri_ (Herrera, Dec. I, lib. II, cap. 13) por los
indígenas.
Resulta, pues, que en el mapa de Rivero está Guanahaní algo más cerca
del Gran Banco de Bahama que en el de La Cosa. En general, nótase en
dicho mapa lo mucho que había ganado la geografía de estos parajes con
la expedición de descubrimiento de Ponce de León y el nuevo sistema de
navegación inaugurado por Anton de Alaminos[109]. Ya he dicho que el
_Grande_ y el _Pequeño Banco de Bahama_ se distinguen en él con perfecta
claridad. Una isla llamada _Cabocos_, reflejo de la palabra _Abaco_,
forma el centro del Gran Banco, terminado del SE. al NO. por _Curaceo_
(_Curateo_ de Herrera, _Descripción de las Indias occid._, cap. VII,
acaso Hetera[110] de los mapas modernos), y la famosa tierra de Bimini
(islas Biminis, M.), donde Ponce de León buscó aquella fuente que
devolvía la juventud, cuyo elogio creyeron deber hacer al Pontífice
romano Anghiera[111] y el ingenioso y maligno Jerónimo Benzoni.
Rivero figura la isla de Guanahaní completamente rodeada de arrecifes,
siendo la única de las Lucayas donde ha creído necesario indicarlos.
Estos arrecifes son la _grande restinga de piedras (cinta de bajas) que
cerca toda la isla de San Salvador_, según el Diario de Colón (I, 24).
La forma de la cruz dada á la isla es imaginaria y la distingue de todas
las demás, pero es difícil adivinar en qué relato erróneo se funda.
Aunque Rivero ponga á Guanahaní frente á la costa de Cuba, donde también
se dice que está situada la única vez que se la nombra en el pleito de
D. Diego Colón, debió sin embargo colocarla un quinto de grado más al
Oeste. Según el mapa de Ricardo Owen, que añade sus propias
observaciones á un plano español de las costas orientales de Cuba, los
dos cabos SE. y SO. de Guanahaní corresponden á los meridianos de los
puertos Tanamo y Cananova. Ahora bien; la primera edición de la bella
carta del capitán Mayne, que sólo es ocho años anterior (data de 1824)
sitúa Guanahaní (el cabo SO.) al Norte de la bahía de Nipe. La posición
de la citada isla ha cambiado, pues, en estos últimos tiempos en un
cuarto de grado y, según los mapas franceses[112], hasta 35′. Estos
ejemplos de rectificaciones modernas, tan considerables á pesar de la
perfección de los instrumentos y de los métodos, deben inducir, no sólo
á no censurar, sino á contemplar con sorpresa los resultados obtenidos á
fines del siglo XV en un mar surcado por las corrientes.
Guanahaní está alejado más de 3° ½ en latitud de las costas de Cuba.
Colón no fué directamente de Guanahaní á estas costas, sino navegó de
Guanahaní á Concepción, de Concepción á Fernandina y de Fernandina á
Isabela. Empleó además tres ó cuatro días para venir de Isabela al
puerto de San Salvador de la isla de Cuba. El Diario del Almirante
indica minuciosamente los frecuentes cambios de rumbos y las distancias
recorridas en algunas de las rutas, pero no cita todas. Según Rennell y
Owen, las corrientes se dirigen, 2° de Guanahaní al SE., cerca de
Guanahaní, hacia el Sur de la Punta Columbus, al OSO. y al occidente de
Guanahaní, en el canal entre Guanahaní y la Grande Exuma, al NNO. Más
lejos, al Sur de Yuma ó Isla Larga, sobre todo en el _Viejo Canal de
Bahama_, hacia las costas de Cuba, la dirección de las corrientes es de
ONO. Singlando con frecuencia contra la corriente de las aguas y casi
del viento, debió experimentar el Almirante el doble efecto de las
corrientes y de la desviación; pero á pesar de estas incertidumbres, me
parece que el Diario del gran navegante en los días 18 al 28 de Octubre
de 1492 prueba, cuando se le examina atentamente, que Guanahaní está
próximamente un grado al Oeste del meridiano de Punta Maysi.
He aquí los datos parciales que inducen al mismo tiempo á reconocer en
la carta de Juan de la Cosa las _cuatro primeras islas descubiertas por
Colón_.
El 15 de Octubre fué el Almirante de Guanahaní á Concepción, pasando
cerca de otra isla situada al Este de Concepción. No dice el Diario cuál
fué el rumbo desde Guanahaní á esta segunda isla; y la frase la _marea
me detuvo_, podría hacer creer, como observa muy bien Mr. Washington
Irving, ó mejor dicho, el oficial de la marina de los Estados Unidos que
le proporcionó el excelente artículo sobre el lugar del primer
desembarco, que la ruta fué á SE. Confirma esta opinión la posición de
la isla, que aun hoy día se llama _Concepción_, y que probablemente es
la misma á la cual puso el Almirante el nombre de Santa María de la
Concepción. Don Fernando (_Vida del Alm._, cap. 24) da como distancia
total de Guanahaní á Concepción siete leguas, y según nuestras mejores
cartas es, en efecto, de 20 millas marinas, siendo el rumbo SSE. desde
la Punta Columbus. Estando esta Punta unos 10′ en arco más occidental
que el centro de Concepción, la incertidumbre en que deja el Diario de
navegación del Almirante no es de grande importancia para la diferencia
de longitud de Guanahaní y de un punto cualquiera de la costa
septentrional de Cuba.
Desde la isla Santa María de la Concepción navegó Colón al _Oeste_,
para arribar á una isla mucho más grande, que llamó _Fernandina_ en
honor del rey Fernando el Católico. Distaba de Santa María de ocho á
nueve leguas. Á mitad del camino encontró Colón una canoa (_almadia_) de
Guanahaní, que había tocado en Concepción para ir á Fernandina, y esta
circunstancia pudo hacer creer á los tripulantes de los barcos de Colón
que la isla de la Concepción estaba situada al Oeste de Guanahaní.
En todas estas islas Lucayas la fuerza de la vegetación respondía
entonces á la frecuencia de las lluvias. Esta relación entre la humedad
del aire y la sombra de los grandes árboles llamaba especialmente la
atención del Almirante en las costas de Jamaica, que los indígenas
llaman Yamaye. Admirado al ver la extensión de los bosques que cubren
las _Montañas azules_, dice juiciosamente (_Vida del Alm._, cap. 58),
que cuando se descubrió Madera, las Canarias y las Azores llovía mucho
en aquellas islas, y que, en su tiempo, sufrían ya la sequía por haber
talado gran parte de los bosques.
La cuarta isla que descubrió Colón fué _Saometo_ (Saomet, Saometro) ó
_Isabela_, nombrada así en honor de Isabel de Castilla, _la isla adonde
es el oro_. Claramente dice en el Diario (17 de Octubre) que Saometo
está al Sur ó Sureste de Fernandina. Dos días después, el 19 de Octubre,
encuéntrase también indicado el rumbo de SE., y después de tres horas de
ruta en esta dirección, se navega unas dos horas hacia el E. La
dirección SE., ó más bien ESE., de Fernandina á Isabela paréceme, pues,
cierta[113], aunque Muñoz (lib. III, § 13), fundándose en los mismos
documentos, dice ser SO.
Réstanos el examen de la travesía de Isabela á Cuba, por la cual la
primera de dichas islas se relaciona con un punto fácil de conocer en la
segunda. Escuchemos primero á Colón, que, en su Diario, anuncia con toda
solemnidad su salida para la gran isla de _Cipango_ (_Zipangu_, no
_Zipangrí_, como dicen las malas ediciones de Marco Polo), que los
indios llaman _Colba_ (_Cuba_). «De allí tengo determinado ir á la
tierra firme y á la ciudad de _Guisay_ (_Quinsaï_ ó _Hangtcheufu_[114],
en China) y dar las cartas de Vuestras Altezas al _Gran Khan_, y pedir
respuesta y venir con ella.» Estas cándidas ilusiones las originaban las
relaciones de los viajeros venecianos: son recuerdos del siglo XIII, de
la época en que la dinastía de los Tchinghis llegó al máximum de su
poder, cuando Khubilaï-Khan, hermano del Khan Manggu, intentó la
expedición al Japón. Ya he dicho que Colón jamás cita el nombre de Marco
Polo; pero conocía, por su correspondencia con Toscanelli y por las
noticias propaladas en las ciudades comerciantes de Italia, lo que
desde Marco Polo hasta Conti se supo de la riqueza y poderío del
_Khatay_. «Esta noche á media noche (el 24 de Octubre), continúa
diciendo Colón, levanté las anclas de la isla _Isabela_, de _cabo del
Isleo_, ques de la parte del Norte adonde yo estaba posado, para ir á
la isla de _Cuba_, adonde oí de esta gente que era muy grande y de gran
trato y había en ella oro y especerías y naos grandes y mercaderes; y
_me amostró que al Ouesudueste iría á ella_, y yo así lo tengo, porque
creo que si es así, como por señas que me hicieron todos los indios de
estas islas (las Lucayas) y aquellos que yo llevo en los navíos, porque
por lengua no los entiendo, es la isla de _Cipango_, de que se cuentan
cosas maravillosas, y en las _esperas_ (¿esferas?) que yo vi y en las
_pinturas de mapamundos_ es ella en esta comarca (Cipango, el Japón,
donde reinaba entonces un daïrio tan pobre, que no se le pudo
enterrar[115] decentemente), y así navegué fasta el día al Ouesudueste,
y amaneciendo calmó el viento y llovió, y así casi toda la noche, y
estuve así con poco viento fasta que pasaba de mediodía, y entonces
tornó á ventar muy amoroso. Así anduve el camino fasta que anocheció, y
entonces me quedaba el _Cabo Verde_ de la isla de _Fernandina_, el cual
es de la parte de Sur á la parte del Oueste; me quedaba al Norueste y
hacía de mí á él siete leguas.» También en los días siguientes del 25 al
28 de Octubre el Diario de ruta marca los rumbos OSO., O. y SSO., con
los cuales se reconoció primero las Islas de Arena y después la
desembocadura de un río, un hermoso puerto rodeado de palmeras, que
Colón llamó el Puerto de San Salvador, y que Navarrete cree ser el
puerto de Nipe. Dominado constantemente Colón por sus ilusiones de
geografía sistemática, creyó oir de boca de los indígenas que á este
puerto de San Salvador llegaban los barcos del _Gran Khan_.
La isla de Cuba, la quinta de las primeras islas descubiertas por los
españoles, recibió entonces el nombre de Juana, en honor del infante D.
Juan, hijo mayor de Fernando el Católico, que falleció á los diez y
nueve años, y cuya precoz muerte tan grande influencia ejerció en los
destinos del género humano. El hijo del Almirante dice que su padre,
para satisfacer igualmente la _memoria espiritual y temporal_, observa,
en la serie de los nombres puestos á sus primeros descubrimientos,
riguroso orden de preferencia, empezando por las personas celestiales,
el _Salvador_ y la _Santa Virgen_, y después el Rey, la Reina y el
infante D. Juan, á quienes correspondió la parte más importante. La
posteridad sólo ha respetado los dos primeros de estos nombres,
correspondientes á islotes sin importancia y casi sin población. Diez y
siete años después de la muerte del hermano de Juana la Loca, en 1514,
ordenóse por una Real cédula que Cuba, en vez de Juana, se llamara
_Fernandina_, y Jamaica _Santiago_ (Herr. Dec. I, lib. X, c. 16).
La gran probabilidad de la opinión de Muñoz, para quien la isla
_Isabela_ es la _Isla Larga_, y la indicación de algunos islotes (_Islas
de Arena_) que Colón vió la víspera de su llegada á Cuba, hacen creer
que el desembarco se verificó, no en la bahía de Nipe, sino á 1° 42′ más
distante, al Oeste de la punta de Maternillos, acaso á la entrada de
_Carabelas grandes_, que en mi mapa de Cuba (edición de 1826) se llama
_Boca de las Carabelas del Príncipe_, cerca de la isla Guajaba. Este es
el resultado obtenido por el oficial de marina de los Estados Unidos,
cuyas juiciosas observaciones consignó Washington Irving. Por medio de
una sencilla construcción gráfica se prueba que con los rumbos y las
distancias antes indicadas, según el Diario de Colón, el punto de estima
del arribo no corresponde al puerto de Nipe, y que las _Islas de Arena_
no son los cayos de Santo Domingo, á la extremidad SE. del Gran Banco de
Bahama, sino los peligrosos islotes _Mucaras_, en el meridiano de la
Punta Maternillos. Para ver primero la tierra de Nipe al SSE. de la
Punta de Mulas, hubiera sido preciso navegar desde la _Isla Larga_ hacia
el SSO. (distancia casi de 2° ¼ de latitud), mientras la construcción
gráfica prueba que la dirección media era casi OSO., y la acción de la
corriente debía impulsar el rumbo aun más hacia el O. ¼ SO. Ahora
bien; si el puerto de San Salvador y las Islas de Arena son las
Carabelas grandes y los islotes Mucaras, resultará, conforme á las
indicaciones del mismo Colón, que Guanahaní estará algo más de un grado
al Oeste del cabo Maysi, lo que no dista mucho de su verdadera posición,
porque Guanahaní (cabo SE.) se encuentra á 77° 37′, y el cabo Maysi á
76° 27′.
El resultado de la posición que hemos deducido de los itinerarios del 20
al 28 de Octubre, lo confirma otra indicación del yacimiento de las
islas _Isabela_ y _Guanahaní_ con relación á Puerto Príncipe, que
accidentalmente contiene el Diario de navegación en los días 29 de
Octubre y 20 de Noviembre. Colón navega primero siete leguas[116] al
NNE., después diez y ocho al NE. ¼ N. Desde allí no quiso ir (según
dice el extracto de Las Casas) á la isla Isabela, que sólo distaba doce
leguas, porque temió la deserción de los intérpretes indios de
Guanahaní, quienes, desde Isabela, sólo distaban ocho leguas de su
patria. Conforme á estos datos, la distancia desde Puerto Príncipe,
llamado con frecuencia Puerto de Nuevitas[117] ó de las _Nuevitas del
Príncipe_ (long. 79° 30′), para distinguirla de la _Boca de las
Carabelas del Príncipe_ (long. 79° 49′), á la isla _Isabela_ es 37
leguas, y á Guanahaní 45, ó reduciendo las _leguas de Colón_ á
verdaderas millas marinas, 127 y 154. El error es, por tanto, según el
mapa de Owen, para Isabela de 18 millas y para Guanahaní de 30[118], es
decir, de 1⁄7 y 1⁄5, y cartas marinas modernas hay que difieren respecto
á la isla Guanahaní ó San Salvador casi en una cantidad tan
considerable. La dirección de la ruta que da Colón por _punto de estima_
en la mañana del 20 de Noviembre (los rumbos hacia la Isabela y
Guanahaní no los menciona en este momento) es también satisfactoria. La
ruta seguida desde Puerto Príncipe á la _Isla Larga_ era, como acabamos
de ver, entre NE. ¼ N. y NNE. El verdadero rumbo sería, pues, NE.
Cuando se reflexiona sobre el efecto de las corrientes y sobre la
perfecta ignorancia de la variación magnética en los tiempos de Colón,
sorprende una concordancia debida en parte á felices compensaciones de
errores.
Expuestos ya los argumentos que hemos deducido de los mapas de Juan de
la Cosa y de Rivero y del análisis del Diario de Colón, debemos
mencionar el itinerario de Juan Ponce de León y el testimonio de
Anghiera. Ambos son anteriores á 1514, y pertenecen á una época en que
el recuerdo de los primeros descubrimientos estaba aún fresco en la
memoria.
Juan Ponce de León, que desde 1508 empezó á colonizar la isla
Borriquen[119] (_San Juan_), hizo en 1512 una expedición aventurera á
costa suya, á las islas Lucayas y á la Florida, para buscar entre
aquéllas _la fuente que rejuvenecía_[120] de Bimini y, en ésta, un río
que tenía la misma virtud de rejuvenecer. Como la expedición salió de
Puerto Rico[121] el diario de Ponce de León, que se conserva completo,
tiene la ventaja de señalar por sus nombres los islotes y bajos opuestos
á Haïti y á Cuba, tal y como se encuentran situados al Suroeste y
Noroeste. Basta citar aquí estos nombres, para probar que la isla
Guanahaní de Ponce es _Cat Island_ de nuestros mapas, y no un islote al
Oeste de los Caicos. He aquí el orden de la serie: los bajos de
_Babueca_, indicados con igual nombre en el mapa de Diego Rivero de
1529, probablemente los Cayos de la Plata[122] (Silver Bank); el islote
de las Lucayas, llamado _Los Caicos_[123]; la Yaguna, el primer Mayagon
de Rivero (¿la isla Inagua?); _Amaguayo_ (¿el segundo Mayagon de Rivero?);
_Manegua_ (Manigua de Rivero; ¿Mariguana de los mapas modernos?);
Guanahaní, á la cual sitúa Ponce en latitud de 25° 40′. Parece que el
famoso piloto de esta expedición, Antonio de Alaminos, determinaba todas
las posiciones cerca de un grado más boreal, de suerte que su itinerario
presenta próximamente la verdadera diferencia de latitud (3° 10′) entre
las islas Turcas, cerca de los Caicos, y San Salvador ó Guanahaní.
La última autoridad, muy importante y completamente desatendida hasta
ahora en el debate sobre el lugar del primer desembarco en América, es
Anghiera.
El noveno libro de la tercera década, escrito probablemente después de
1514, contiene grandes detalles geográficos relativos á Haïti y Cuba,
detalles que Anghiera debía á los relatos, á los mapas y á los cuadros
de posiciones (_indice et tabellæ quibus præbetur fides à naucleris_, en
español _padrón_) del célebre piloto Andrés Morales (_Oceánica_, Dec.
II, lib. X, pág. 200; Dec. III, lib. VII, página 277; lib. VIII, pág.
298). Ahora bien; Anghiera, que había dado hospitalidad en su casa, como
lo dice él mismo, á Cristóbal Colón, á Sebastián Cabot, á Juan Vespucci
y á Andrés Morales, «distingue, por el conocimiento íntimo que tenía de
las localidades, entre Guanahaní que llama _Guanaheini[124] insulam Cubæ
vicinam_, y las islas que rodean Haïti, hacia el Norte (_insulæ quæ
Hispaniolæ latus septentrionale custodiunt_), y que, á pesar de ser
favorables á la pesca y al cultivo, las desdeñaron los españoles como
pobres y poco dignas de interés.» (_Oceánica_, Dec. I, lib. III, pág.
37; Dec. III, lib. IX, página 308.)
Antes de terminar estos minuciosos detalles, relativos á la geografía de
los primeros descubrimientos, debo echar la última ojeada al mapa de
Juan de la Cosa. Se ven en él las cuatro islas nombradas por Colón antes
de llegar á Cuba, pero sólo tres tienen las denominaciones indígenas. La
isla sin nombre, situada al Suroeste de Guanahaní es probablemente Santa
María de la Concepción. Debería estar situada al Sureste; pero como los
indios de Guanahaní que Colón encontró en la isla de Fernandina, habían
pasado por la isla de Santa María, se la podía creer en esta misma
dirección. La Fernandina está en el mapa de Cosa como Yumai (Exuma ó
Ejuma), al OSO. de Guanahaní, en vez de ser al SO. Al Sur de _Yumai_ se
ve _Someto_; es la Isabela de Colón, que también llama Saomete, Samaot y
Saomet; finalmente, al Este de Someto (Long Island) y al Sureste de
Guanahaní, por tanto, en su verdadera posición, se encuentra la isla
Samaná, nombre que ha conservado hasta hoy día.
El mapa de Juan de la Cosa, veintinueve años anterior al de Rivero,
presenta estas posiciones de _Yumai_, _Someto_ y _Samaná_ que Rivero no
conocía, y reaparecen en el mapa del siglo XVII del veronés Pablo de
Forlani[125]. Juan de la Cosa sitúa al Norte de la Tortuga, una islilla
_Baaruco_, y después una grande con el nombre de Haïti. ¿Será ésta la
grande Inagua[126] que en el orden de extensión relativa de las Islas
Antillas está situada entre los 12° y 23°, inmediatamente después de
Puerto Rico?
La verdadera Haïti tiene por nombre, en el mapa de Juan de la Cosa,
_Española_, que es el que Colón le dió el 9 de Diciembre de 1492. Por
regla general no emplea éste el nombre de Haïti en el Diario de su
primer viaje de navegación, aunque Manuel Valdovinos, uno de los
testigos en el pleito de D. Diego Colón, declara que los habitantes de
Guanahaní lo dieron á conocer á los españoles cuando el primer
desembarco, el viernes 11 de Octubre de 1492. Cristóbal Colón, Anghiera
y todos los escritores contemporáneos sólo emplean las palabras Española
ó Hispaniola; Colón sólo menciona Haïti (_Hayti_) en su segundo viaje, y
para aplicar esta denominación á una provincia de la Española, la más
oriental y la más próxima á la provincia de Xamana (_Samaná_). Acaso una
islilla próxima á la Española tuviera el mismo nombre que una de las
provincias de ésta, porque en el mapa de La Cosa encuentro algo á
Sureste de la islilla de Haïti, á que aludimos, otra isla llamada
_Maguana_, nombre que igualmente corresponde á una de las provincias de
la Española. (Pedro Mártir, _Oceán._, Déc. III, lib. VII, pág. 286.)
Cuando las denominaciones geográficas son _significativas_, indicando,
por ejemplo, producciones naturales, determinados objetos de
comercio[127] ó una propiedad de la superficie del terreno, pueden
repetirse muchas veces donde existe el mismo idioma ó lenguas que se
diferencien poco[128]. Desgraciadamente la palabra Haïti en la lengua
de esta comarca indica lo que es _áspero y montañoso_[129], y no puede
aplicarse á la isla de la Grande Inagua, cuyas colinas, según las
últimas medidas de M. Owen, apenas tienen de 15 á 20 toesas de altura.
No resuelve la dificultad convertir en _Iti_ la islilla de Haïti, de La
Cosa; porque el curioso itinerario del obispo Alejandro Geraldini[130],
escrito en 1516, dice expresamente que _Iti_ ha recibido el nombre de
Española (la _Hispana_[131], como dice la traducción latina de la carta
de Colón al tesorero Sánchez); _Iti_ y _Ha-iti_ son indudablemente
sinónimos. Los comentadores de las cartas de Vespucci, para poner á
salvo su veracidad en la de 1497, admiten que el navegante florentino
estuvo en una isla de _Iti_, que no es la Española, ó la _Iti_ de
Geraldini; sostienen también que Antilia, _quam paucis nuper ab annis
Christophorus Columbus discooperuit_ (son las propias palabras de
Vespucci en la relación de su segundo viaje), es una tercer isla
distinta de las que acabamos de nombrar[132]. Esta hipótesis de la
pluralidad de las islas _Hiti_ ó _Haïti_ creo que arroja alguna luz
sobre la rareza que advertimos en el mapamundi de Juan de la Cosa; pero
el razonamiento en que la hipótesis se funda es tan poco sólido como
todo lo demás que se alega en favor de la opinión de que Vespucci hizo
su primer viaje en 1497.
Tampoco puedo explicarme las dos banderas con las armas de Castilla y de
León que Juan de la Cosa ha colocado con preferencia, no sobre la isla
Guanahaní, como debía esperarse á causa de la importancia histórica del
primer desembarco y de la primera toma de posesión, sino sobre _Yumai_
(la Fernandina) y sobre la pequeña isla de _Haïti_. Ninguna otra isla de
todo el archipiélago de las Antillas tiene pabellones ó banderas de
colores; y en las costas del continente inmediato hacia el Sur y el
Norte la distribución de estas banderas parece también puramente
accidental. Su verdadero objeto es sin duda impedir que se confundan los
descubrimientos españoles de Colón, Ojeda y Vicente Yáñez Pinzón, con
los descubrimientos ingleses de Sebastián Cabot.
Nada más añadiré á esta disertación relativa á la geografía del siglo XV
y principios del XVI. Distinguiendo las explicaciones conjeturales de lo
que es incontestable y positivo, y evitando la confusión de los diversos
órdenes de pruebas, queda establecido que la antigua opinión conforme á
la cual el sitio del primer desembarco de los españoles está cerca de
la orilla oriental del Gran Banco de Bahama, se conforma con las
relaciones de los navegantes y con documentos que hasta ahora no habían
sido consultados. Indispensable era fijar este punto recientemente
controvertido, con tanto más motivo cuanto que, desde la misma época del
gran descubrimiento, la dirección de la ruta seguida por los barcos en
los primeros días del mes de Octubre (1492) parece haber influído en la
distribución de las razas europeas en el nuevo continente y en los
inmensos efectos á que ha dado lugar esta distribución, bajo el doble
punto de vista de la vida religiosa y política de los pueblos.
El detalle minucioso de los hechos, elemento indispensable de toda
discusión científica, fatiga siempre al lector, y sólo despierta interés
cuando se relacionan los resultados obtenidos con un orden de ideas
generales.
Al abarcar con el pensamiento el período histórico al cual imprimió
Cristóbal Colón un carácter individual, y dió tanto esplendor, hemos
procurado poner de relieve el talento de observación y la penetración de
este grande hombre al examinar los fenómenos del mundo exterior. Hemos
visto cómo el que revelaba al antiguo continente un nuevo mundo no se
limitó á determinar la configuración exterior de las tierras y las
sinuosidades de las costas, sino que hizo además los mayores esfuerzos,
privado como estaba de instrumentos y del auxilio de conocimientos
físicos, para sondar las profundidades de la naturaleza y para _ver con
los ojos del espíritu_[133] lo que parecía deber ser resultado de muchas
vigilias y largas meditaciones. Las variaciones del magnetismo
terrestre, la dirección de las corrientes, la agrupación de plantas
marinas, fijando una de las grandes divisiones climatéricas del Océano;
las temperaturas cambiando, no sólo por la distancia respecto del
Ecuador, sino también por la diferencia de meridianos; las observaciones
geológicas acerca de las formas de las tierras y de las causas que las
determinan, fueron los puntos en que principalmente ejerció afortunada
influencia la sagacidad de Colón y la admirable exactitud de su juicio.
Pero por notables que sean estos dispersos elementos de geografía
física, estas bases de una ciencia que empieza á fines del siglo XV, su
verdadera importancia está en más elevada esfera; está en los efectos
intelectuales y morales que un engrandecimiento súbito de la masa total
de las ideas que poseían hasta entonces los pueblos de Occidente ha
ejercido en los progresos de la razón y en el mejoramiento del estado
social.
Hemos hecho ver cómo, desde entonces, penetró poco á poco en todos los
rangos sociales nueva vida intelectual, nuevos sentimientos, esperanzas
atrevidas y temerarias ilusiones; cómo la despoblación de la mitad del
globo ha favorecido, sobre todo á lo largo de las costas opuestas á
Europa, el establecimiento de colonias que por su posición y extensión
debían transformarse en Estados independientes y libres de escoger la
forma de su gobierno; cómo, en fin, la reforma religiosa de Lutero,
preludiando las reformas políticas, debía recorrer las diversas fases de
su desarrollo en una región convertida en refugio de todas las creencias
y de todas las opiniones.
En este complicado encadenamiento de las cosas humanas, el primer anillo
es la idea ó, mejor dicho, la enérgica voluntad del marino genovés. En
él comienza la influencia inmensa que el descubrimiento de América, de
un continente poco habitado desde los tiempos históricos y acercado á
Europa por el perfeccionamiento de la navegación, ha ejercido en las
instituciones sociales y en los destinos de los pueblos que habitan las
márgenes de la gran cuenca del Atlántico.