VII.

Influencia del descubrimiento de América en la civilización.

Corto número de ejemplos han bastado para caracterizar la grandeza de

miras y las sagaces observaciones físicas que revelan los escritos del

marino genovés. La erupción del colosal volcán de Canarias, al principio

del primer viaje de descubrimientos, preparaba, por decirlo así, los

ánimos para la contemplación de las maravillas que la Naturaleza, en su

salvaje fecundidad[86], pone de manifiesto en las montañosas costas de

Haïti y de Cuba.

Limitándonos al corto período de catorce años que media entre el

descubrimiento de América y la muerte de Colón, reconocemos en la

correspondencia y en las Décadas de Anghiera cuán graves y numerosas son

las cuestiones de geografía física y de antropología promovidas desde

entonces por los hombres ilustrados de España é Italia. Estas

cuestiones, cuyo interés aumentaban tantos hechos nuevos, no preocupaban

sólo á los sabios en aquel siglo de grandes descubrimientos, en aquellos

tiempos de ardoroso entusiasmo, sino también al público, lo mismo en

Toledo que en Sevilla, en Venecia que en Génova ó Florencia, en todas

partes donde la industria comercial había extendido el horizonte y

ensanchado la esfera de las ideas.

El contraste que ofrecían las dos costas opuestas, habitadas en los

mismos paralelos por la raza negra de cabellos cortos y rizados, y la

raza cobriza, de larga y lisa cabellera, ocasionaba grandes disputas

literarias acerca de la unidad, de la degeneración progresiva y la

posibilidad de emigraciones lejanas[87] del género humano. Discutíase la

influencia que ejercen los climas en la organización; las diferencias

entre los animales americanos[88] y los de África, las causas generales

de las corrientes pelásgicas, las modificaciones que experimentan por la

configuración de las tierras, y los cambios de forma que á su vez hacen

sufrir[89] á los continentes y á las islas. Estos asuntos preocuparon

extraordinariamente los ánimos desde fines del siglo XV hasta los

primeros años del XVI. ¡Cuánto mayor no fué el interés que inspiraban

estos problemas físicos cuando los _conquistadores_ avanzaron de las

costas al interior de un vasto continente, y subieron á las mesetas de

Bogotá, de Antioquía, de Popayán, de Quito, del Perú y de Méjico!

Los efectos del crecimiento de la temperatura y las modificaciones que

experimentan la forma y la distribución de los vegetales, en una escala

perpendicular, llaman la atención de los hombres menos habituados á

reflexionar sobre los fenómenos naturales, desde el momento en que

entran en una zona tropical donde, de la región de las palmeras y de los

plátanos, sube en un día hasta la región de las nieves perpetuas.

Esta influencia de las mesetas sobre los climas y las producciones

orgánicas no se ocultó por completo á la sagacidad de los griegos, sea

en sus sistemáticas discusiones relativas á la altura de las tierras

situadas en el Ecuador, sea en su comparación directa de los productos y

de la temperatura de las altas y bajas comarcas del Asia menor[90]; pero

las mesetas del Tauro, de Persia y del Paropamiso, accesibles á la

observación de los sabios antiguos, no presentan los pintorescos y

maravillosos contrastes que, en corto espacio de terreno, aparecen en

gigantesca escala en la zona ecuatorial del Nuevo Continente.

Las inmensas planicies del Asia central, recorridas en la Edad Media,

por Marco Polo y por monjes más bien diplomáticos que misioneros, están

situadas lejos de los trópicos. Las alturas de Abisinia y del Congo, ó

de la India meridional, á igual latitud que las mesetas de Anahuac ó del

Cuzco, fueron más conocidas de los árabes y de los sacerdotes buddistas

viajeros, que de los europeos del siglo XV. No cabe, pues, duda de que

los grandes conceptos sobre la configuración de la superficie del globo

y acerca de las modificaciones de la temperatura y de la vida orgánica,

nacieron y condujeron á resultados generales después del descubrimiento

de América, región en que el hombre encuentra inscritas, en cada roca de

la rápida pendiente de las Cordilleras en aquella serie de climas

superpuestos ó escalonados, las leyes del decrecimiento del calórico y

de la distribución geográfica de las formas vegetales.

Sirvió Colón al género humano, ofreciéndole de una vez tantos objetos

nuevos al estudio y la reflexión; engrandeció el campo de las ideas, é

hizo progresar el pensamiento humano. La época en que aparece en el

teatro del mundo, no es, sin duda, la de las tinieblas que envolvieron

un período de la Edad Media; pero la filosofía escolástica sólo ofrecía

al espíritu _formas_. En comparación de esta abundancia y de este

artificio de _formas_, cuyo estudio absorbía todas las facultades, la

penuria de ideas, sobre todo de esas nociones que, naciendo de contacto

más íntimo con el mundo material, alimentan sustancialmente la

inteligencia, era notoria.

En ninguna otra época, repetimos, se pusieron en circulación tantas y

tan variadas ideas nuevas como en la era de Colón y de Gama, que fué

también la de Copérnico, de Ariosto, de Durero, de Rafael y de Miguel

Angel. Si el carácter de un siglo «es la manifestación del espíritu

humano en un época dada», el siglo de Colón, ensanchando impensadamente

la esfera de los conocimientos, imprimió nuevo vuelo á los siglos

futuros. Propio es de los descubrimientos que afectan al conjunto de los

interesas sociales engrandecer á la vez el círculo de las conquistas y

el terreno por conquistar. Para los espíritus débiles, en diferentes

épocas la humanidad llega al punto culminante en su marcha progresiva,

olvidando que, por el encadenamiento íntimo de todas las verdades, á

medida que se avanza, el campo por recorrer se presenta más vasto,

limitándole un horizonte que sin cesar retrocede. Un guerrero puede

quejarse de que «quede poco por conquistar»[91]; pero la frase no es

aplicable, por fortuna, á los descubrimientos científicos, á las

conquistas de la inteligencia.

Al recordar lo que el pensamiento de dos hombres, Toscanelli y Colón,

han ayudado al espíritu humano, no es justo limitarse á los admirables

progresos que simultáneamente hicieron la geografía y el comercio de los

pueblos, el arte de navegar y la astronomía náutica; en general, todas

las ciencias físicas y, finalmente, la filosofía de las lenguas,

engrandecida con el estudio comparado de tantos idiomas raros y ricos en

formas gramaticales.

Conviene también fijar la atención en la influencia ejercida por el

Nuevo Continente en los destinos del género humano, bajo el punto de

vista de las instituciones sociales. La tormenta religiosa del siglo

XVI, favoreciendo el vuelo de una reflexión libre, preludió la tormenta

política de los tiempos en que vivimos. La primera de estas revoluciones

coincidió con la época del establecimiento de colonias europeas en

América; la segunda se hizo sentir allí al final del siglo XVIII, y ha

concluído por romper los lazos de dependencia qué unían los dos mundos.

Una circunstancia en la que acaso no se ha fijado bien la atención

pública y que se relaciona con esas causas misteriosas de que ha

dependido la distribución desigual del género humano en el globo,

favoreció, y aun podría decirse que hizo posible la referida influencia

política. Tan pobremente poblada estaba la mitad del globo que, á pesar

del largo trabajo de una civilización indígena vigente entre los

descubrimientos de Leif y de Colón en las costas americanas fronteras á

Asia, en las inmensas comarcas de la parte oriental, apenas vivían en el

siglo XV algunas dispersas tribus de pueblos cazadores. Esta

despoblación en países fértiles y eminentemente aptos para el cultivo de

nuestros cereales, permitió á los europeos fundar allí establecimientos

en escala infinitamente mayor que las colonizaciones en Asia y África.

Los pueblos cazadores fueron rechazados de las costas orientales hacia

el interior; y en el norte de América, en un clima y con una vegetación

muy análogos á los de las Islas Británicas, formáronse por emigración,

desde fines del año 1620, comunidades cuyas instituciones reflejaban las

libertades de la madre patria. La Nueva Inglaterra no fué

primitivamente un establecimiento industrial y de comercio, como aún lo

son las factorías del África; no fué la dominación sobre pueblos

agrícolas de distinta raza, como el imperio británico en la India, y

durante largo tiempo el imperio español en Méjico y el Perú; recibió la

primera colonización de cuatro mil familias de puritanos, de las que

desciende hoy la tercera parte de la población blanca de los Estados

Unidos, y era un establecimiento religioso[92]. La libertad civil fué

allí, desde el principio, inseparable de la libertad del culto.

Ahora bien; la historia nos demuestra que las instituciones libres de

Inglaterra, Holanda y Suiza, á pesar de la proximidad, no han influído

en los pueblos de la Europa latina tanto como ese reflejo de formas de

gobierno completamente democráticas, que lejos de todo enemigo exterior,

y favorecidas por una tendencia uniforme y constante de recuerdos y

antiguas costumbres, tomaron, en medio de una prolongada tranquilidad,

desarrollos desconocidos en los tiempos modernos. De esta suerte, la

falta de población en las regiones del Nuevo Continente situadas frente

á Europa, y el libre y prodigioso crecimiento de una colonización

inglesa al otro lado del gran valle del Atlántico, contribuyeron

poderosamente á cambiar la faz política y los destinos del Nuevo Mundo.

Washington Irving dice que si Colón no cambia el 7 de Octubre de 1492 la

dirección de la ruta, que era de Este á Oeste, dirigiéndose al Suroeste,

hubiese entrado en la corriente del _Gulf Stream_, llevándole ésta hacia

la Florida, y acaso desde allí al cabo Hatteras y á Virginia, incidente

de inmensa importancia, porque hubiera podido dar á los Estados Unidos,

en vez de una población protestante inglesa, una población católica

española.

Este aserto, íntimamente relacionado con la cuestión de saber cuál fué

la primera tierra que descubrió Colón, merece especial examen.

Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 2 Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI · 第 11 / 42 题