V.

Dirección de la corriente general de los mares tropicales.

La gran corriente general de Este á Oeste que reina entre los trópicos y

que con frecuencia se la designa con los nombres de _corriente

equinoccial_ y de _rotación_, no podía ocultarse á la sagacidad de

Colón. Probablemente fué el primero que la observó, pues las

navegaciones hechas en el Atlántico antes de la suya se apartaban poco

de las costas, ó se limitaban, como en las Azores, en las islas Shetland

y en Islandia, á zonas _extra tropicales_. Un fenómeno general no se

revela sino en el punto donde disminuye y cesa el efecto de las

perturbaciones locales; ahora bien, en los parajes que acabo de citar,

los vientos variables y las corrientes pelásgicas modificadas por la

configuración de las tierras próximas debieron impedir por largo tiempo

que se descubriera alguna regularidad en el movimiento de las aguas. Por

eso no conocemos las ideas del marino genovés acerca de la corriente

general ecuatorial hasta la relación de su tercer viaje, el que condujo

á Colón más al Sur, navegando entre los trópicos en el meridiano de las

islas Canarias[61]. «Muy conocido tengo, dice, que las aguas de la mar

llevan su curso de Oriente á Occidente como los cielos»; es decir, que

el movimiento aparente del sol y de todos los astros de movible esfera

influyen en el movimiento de esta corriente general. «Allí, en esta

comarca (esto es, en el Mar de las Antillas), añade Colón, cuando pasan

(las aguas), llevan más veloce camino.»

No cabe duda de que la corriente de los trópicos llamó la atención de

los marinos, sobre todo entre las islas en la proximidad de las tierras.

En el primero y segundo viaje fué Colón á lo largo del grupo de las

grandes y pequeñas Antillas, desde el Canal Viejo, cerca de Cuba, hasta

Marigalante y la Dominica. En el tercer viaje experimentó la doble

influencia de los vientos alisios y de la corriente equinoccial, no sólo

al Sur de la isla Trinidad, recorriendo la costa de Cumana hasta el cabo

occidental de la Margarita, sino también en la corta travesía por el Mar

de las Antillas, desde este cabo occidental (el Macanao) hasta Haïti.

Ahora bien, todos los marinos saben, y yo lo he experimentado por mí

mismo, que las corrientes de Este á Oeste son las más violentas entre

San Vicente y Santa Lucía, la Trinidad y la Granada, Santa Lucía y la

Martinica.[62] El mayor Rennell llama á todo el mar de las Antillas un

«mar en movimiento». El medio directo que hoy tenemos de reconocer en

plena mar la dirección y rapidez de las corrientes que caminan en el

sentido de un paralelo, comparando el _punto de estima_ á

determinaciones parciales cronométricas ó á distancias lunares, faltó

por completo hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Sólo el efecto

total de una corriente equinoccial durante una travesía de Canarias á

las Antillas podía ser valuado por aproximación, cuando se empezaron á

fijar bien las longitudes de los puntos de partida y de llegada. Al

indicar Colón con tanta seguridad el gran movimiento pelásgico «en la

dirección del movimiento de los astros», no le guiaba el cálculo; había

reconocido este movimiento, porque es sensible á la vista en los pasos

entre las islas, en las costas, estando anclados y en plena mar, por la

dirección uniforme de los grupos[63] de fucus flotante, por la que toma

el cable de la sonda durante el sondaje[64], por los hilos de aguas

corrientes[65] que se advierten á veces en la superficie del Océano.

Cuando en la relación del segundo viaje diserta largamente el hijo de

Colón (_Vida del Almirante_, cap. 46) acerca de una especie de tartera

de hierro vista con sorpresa en manos de los naturales de Guadalupe,

admite que este hierro provenga de los despojos de algún barco _llevado

por las corrientes_ desde las costas de España á las Antillas. Esta

explicación la vió sin duda D. Fernando Colón en el Diario de su padre,

que se ha perdido.

Puedo también señalar en el Diario del primer viaje un pasaje muy

notable relativo á la dirección general de la corriente ecuatorial.

Colón se admira de la acumulación de fucus que observa en la costa

boreal de Haïti, en el golfo de Samaná, llamado entonces golfo de las

Flechas, y piensa que el fucus flotante del _Mar Verde_ ó de _Sargazo_

que encontró al venir de España, cerca de las Azores, prueba que hay una

serie de islas desde las Antillas al Este, hasta cuatrocientas leguas de

distancia de Canarias; que el Mar de Sargazo corresponde á escollos

próximos á esta cadena de islas, y que las corrientes de Este y Oeste

arrastran el fucus al litoral de Haïti. He aquí el texto del extracto de

Las Casas correspondiente al 15 de Enero de 1493: «Dice (Colón) que

halló mucha yerba en aquella bahía (_de las Flechas_), de las que

hallaban en el golfo (en el Océano) cuando venía al descubrimiento (de

Guanahaní), por lo cual creía que había islas _al Este_ hasta en derecho

de donde las comenzó á hallar, porque tiene por cierto que aquella yerba

(el fucus natans) nace en poco fondo, junto á tierra, y dice que si así

es, muy cerca estaban estas Indias de las islas Canarias, y por esta

razón creía que distaban menos de cuatrocientas leguas.»

Sabemos, además, por las _Décadas_ de Pedro Mártir de Anghiera, que la

corriente hacia el Oeste debió impresionar profundamente la imaginación

de los compañeros del Almirante, cuando remontaron una parte del Canal

Viejo. Según Anghiera, creían algunos que al Oeste de la isla de Cuba

había aberturas por donde se precipitaban las aguas[66].

En el cuarto viaje reconoció Colón la dirección de la corriente de Norte

á Sur desde el cabo de Gracias á Dios hasta la laguna Chiriqui, y

experimentó al mismo tiempo la corriente que se dirige hacia el N. y

NNO., efecto de la corriente ecuatorial (E.-O.) contra el litoral.

Observaciones de este género originaron la idea exacta de ver en el

_Gulf Stream_, desde que la navegación se extendió al golfo de Méjico y

al canal de Bahama, una continuación de la corriente equinoccial del Mar

de las Antillas, modificada y vivificada por la configuración de las

costas que le oponen obstáculos invencibles[67].

Anghiera sobrevivió bastante á Cristóbal Colón para sentir vagamente

estos efectos de impulsión y de desviación en el movimiento de las aguas

tropicales. Habla de remolinos á que las aguas están sujetas («objectu

magne telluris circumnagi»), y supone que se verifican hasta cerca del

Bacalaos (hacia la desembocadura del río San Lorenzo), que imagina estar

situado más al Norte, más allá de la _Tierra de Esteban Gómez_.

En otro lugar de esta obra he manifestado cuánto contribuyó la

expedición de Ponce de León en 1512 á precisar estas ideas, y que en una

Memoria escrita por Humphrey Gilbert entre los años de 1567 y 1576,

encuéntranse relacionados los movimientos de las aguas del Atlántico

desde el cabo de Buena Esperanza hasta el banco de Terranova, conforme á

consideraciones generales completamente semejantes á las que el mayor

Rennell ha expuesto en nuestros días.

Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 2 Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI · 第 9 / 42 题