III.

Inflexión de las líneas isotermas.

La sagacidad con que Colón en sus diversas expediciones buscaba los

cambios de declinación le hizo descubrir también la influencia de la

longitud en la distribución del calor siguiendo el mismo paralelo, y

hasta creyó que estos dos fenómenos dependían uno de otro. Llegó á

entrever la diferencia de clima del hemisferio occidental, tomando la

línea sin declinación magnética por límite entre ambos hemisferios; y

aunque el razonamiento de Colón, tan generalizado como él lo presenta,

no sea exacto, porque las líneas isotermas son casi paralelas al ecuador

en toda la zona tórrida, en el nivel del Océano ó donde las elevaciones

del terreno no son grandes, digno es, sin embargo, de admiración el

talento de combinar los hechos en un marino que en su juventud no había

hecho estudio alguno de filosofía natural.

Después de hablar del excesivo calor de la región africana del Atlántico

en los paralelos de _Hargin_ (la isla Arguin, al Sur de Cabo Blanco), de

las islas de Cabo Verde y de las costas de _Sierra Leoa_ (Sierra Leona),

en Guinea, donde los hombres son negros, insiste el Almirante en el

contraste del clima que observa desde que, en su tercer viaje[35],

llega más allá del Meridiano, que pasa, según sus cálculos, 5° al Oeste

de las islas Azores.

Aunque disminuye la latitud, que cree[36] ser hasta de 5°, y, según las

investigaciones del Sr. Moreno, era de 8°, llámale la atención la

frescura del aire. «Esta temperancia, dice Colón, aumenta hacia el Oeste

en tanta cantidad, que cuando llegué á la isla de Trinidad (frente á la

costa de Paria), á donde la estrella del Norte en anocheciendo, también

se me alzaba 5° (debe ser 8°), allí y en la _tierra de Gracia_ (parte

montañosa del Continente) hallé temperancia suavísima, y las tierras y

árboles muy verdes y tan hermosos como en Abril en las huertas de

Valencia; y la gente de allí de muy linda estatura, y blancos más que

otros que haya visto en las Indias, é los cabellos muy largos é llanos,

é gente más astuta, é de mayor ingenio, é no cobardes. Entonces era el

sol en Virgen encima de nuestras cabezas é suyas, ansi que todo esto

procede por la suavísima temperancia que allí es, la cual procede por

estar más alto en el mundo.» Aquí repite Colón su teoría de la no

esfericidad del globo, probada por la repetida diferencia de distancia

polar que presenta la estrella polar en su movimiento diurno, al Oeste

de la _raya_ que divide los dos hemisferios.

Una eminencia (_umbo_) señala _el fin del Oriente_. «Allí, dice, está el

Paraíso terrestre, hacia el _Golfo de las Perlas_, entre las bocas de la

_Sierpe_ y del _Dragón_, donde no puede llegar nadie, salvo por voluntad

divina. Sale de este sitio del Paraíso una inmensa cantidad de agua,

porque no creo que se sepa en el mundo de río tan grande y tan hondo (el

Orinoco). El Paraíso no es una montaña escarpada, sino una

protuberancia de la esfera del globo (_el colmo ó pezón de la pera_),

hacia la cual desde muy lejos va elevándose poco á poco la superficie de

los mares.»

Colón opone á esta figura irregular del hemisferio occidental la figura

indudablemente esférica del hemisferio oriental, «la parte del paralelo

que se extiende desde el cabo de San Vicente á Cangara (Cattigara),

encontrándose, según Ptolomeo, en la isla de Arin.» Yo creo que sea ó la

_cúpula de Aryn_, de Abulfera, ó una de las islas de los Bahraïn, en el

golfo Pérsico, célebre por la pesca de las perlas[37].

Varias veces he manifestado que en el ánimo de Colón, la idea de una

línea sin declinación cerca de las islas Azores y de un meridiano que

separaba el globo entero en dos hemisferios de constitución física y

configuración enteramente distintas, uníase constantemente á la idea del

límite oriental de la gran banda de _Fucus natans_ (_Mar de Sargazo_),

que Oviedo (lib. II, cap. V) llama «las grandes praderas de yerbas».

Esta unión de ideas la indica ya en su primer viaje. Tres días después

de descubrir el cambio de declinación magnética, anota el Almirante en

su Diario «que hoy (el 16 de Septiembre), y siempre de allí adelante,

hallaron aires temperantísimos; que era placer grande el gusto de las

mañanas, que no faltaba sino oir ruiseñores, y era el tiempo como Abril

en el Andalucía. Aquí comenzaron á ver muchas manadas de yerba muy

verde.» Poco tiempo después, el 8 de Octubre de 1492, repite[38]: «Los

aires, muy dulces, como en Abril en Sevilla, ques placer estar á ellos:

tan olorosos son.»

Este cambio total de clima, aun hoy día, llama la atención de los

marinos cuando desde Río de la Plata ó desde el cabo de Buena Esperanza

vuelven á Europa y entran en el archipiélago de las islas Azores, en una

atmósfera y en un mar que recuerdan la entrada del canal de la

Mancha[39].

Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 2 Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI · 第 7 / 42 题