II.

Influencia de la longitud en la declinación de la aguja magnética.

El importante descubrimiento de la variación magnética, ó más bien del

cambio de la variación en el Océano Atlántico, corresponde sin duda

alguna á Cristóbal Colón. Durante su primer viaje, el 13 de Septiembre

de 1492, al anochecer, á unos 28° de la latitud, en el paralelo de las

islas Canarias, y según el trazado de rutas del señor Moreno, á los 31°

de longitud al Oeste del meridiano de París (50 leguas marinas al Este

de Corvo), observó que las brújulas, cuya dirección había sido hasta

entonces al Noreste, declinaban hacia el Noroeste (_norouesteaban_), y

que esta declinación aumentó á la mañana siguiente[17]. El 17 de

Septiembre (en la misma latitud, pero en un meridiano de cien leguas

marinas al Oeste de la isla de Corvo) la declinación magnética era ya

de un cuarto de viento, «lo cual asustó mucho á los pilotos».

Los datos de estos descubrimientos están consignados en el Diario de

Colón, que comprobó las brújulas por método que describe confusamente:

reconoció muy bien «que, al tomar la altura de la estrella polar, era

preciso tener en cuenta su movimiento horario, y que la brújula estaba

dirigida hacia un _punto invisible_, al Oeste del polo del mundo». La

observación del 13 de Septiembre de 1492, época memorable en los fastos

de la _astronomía náutica_ de los europeos[18], la refieren con justos

elogios Oviedo, Las Casas y Herrera. Don Fernando añade que hasta aquel

día «nadie había advertido dicha declinación». Es, por tanto, erróneo

atribuir este descubrimiento, fiando en el testimonio de Sanuto, á

Sebastián Cabot[19], cuyo viaje se verificó cinco años después.

Es posible y, á pesar de la imperfección de los instrumentos y de los

métodos, hasta probable, que los pilotos europeos notaran, mucho tiempo

antes que Colón que la aguja magnética no señalaba el verdadero polo

terrestre. La declinación oriental debe haber sido bastante grande

durante el siglo XV en el Oriente de la cuenca del Mediterráneo para

poderla advertir; pero lo indudable es que Colón fué el primero en

observar que, al Oeste de las Azores, la _variación_ misma _variaba_ y

de NE. se inclinaba á NO.

Si la novedad del descubrimiento de la declinación de la aguja imantada

la relaciono tan sólo con el conocimiento que los _europeos_ tenían de

los fenómenos del magnetismo terrestre, es para recordar que, según la

excelentes investigaciones hechas á instancia mía por M. Klaproth en el

E. de Asia, conocíase ya en la China la variación magnética desde

principios del siglo XII, es decir, ciento cincuenta años antes de Marco

Polo, Roger Bacon y Alberto el Grande.

En una carta que me escribió M. Klaproth sobre la invención de la

brújula, leo lo siguiente: «Keutsungchy, autor de una historia natural

médica titulada _Penthsaoyan_, escrita en la época de la dinastía de los

Sung, entre 1111 y 1117 de nuestra era, se expresa así acerca de las

virtudes del imán, ó sea la _piedra que aspira el hierro_: «Cuando se

frota una punta de hierro con el imán (_hinanchy_) recibe la propiedad

de señalar el Sur; _sin embargo declina siempre hacia el Este, y no

marca directamente el Sur_ (en el meridiano del sitio de la

observación). Por esta cualidad, cuando se toma una hebra de algodón y

se fija con cera á la mitad del hierro imantado, la aguja señala en un

sitio donde no corra aire, constantemente el Sur; si se fija la aguja á

una mecha (las mechas chinas son canutillos de caña muy delgada), y se

pone este aparato en la superficie del agua, la aguja muestra también el

Sur, _pero declinando siempre hacia el punto ping_, es decir, el Este

5⁄6 Sur[20]». Este párrafo hace ver que los chinos, para evitar el

rozamiento sobre los ejes y facilitar el movimiento de las agujas

imantadas, ó las hacían sobrenadar en agua, ó se valían de la suspensión

que hoy llamamos _suspensión á la Coulomb_. Como los chinos, los

coreanos y los japoneses refieren todas las direcciones al polo Sur,

porque su navegación dirigíase siempre con preferencia al Sur, la

declinación de la aguja que Keutsungchy cita, es, según nuestra manera

de expresarnos, hacia el Noroeste[21].»

Vemos, pues, por las laboriosas y sólidas investigaciones de M.

Klaproth, que el fenómeno cuyo descubrimiento se atribuye á Cristóbal

Colón era conocido en China lo menos cuatrocientos años antes, lo cual

en nada disminuye la gloria del marino genovés, pues no cabe duda que,

hasta él, los pilotos _europeos_ no emplearon corrección alguna relativa

á la variación de la brújula.

Pero el Almirante no tuvo sólo el mérito de encontrar la _línea sin

variación_ en el Atlántico, pues también dedujo entonces la ingeniosa

consecuencia de que la declinación magnética podía servir para saber

(entre determinados límites) la longitud en que estaba un buque. La

prueba de este aserto la encuentro en el único pasaje del Diario

(_itinerario_) del segundo viaje, que el hijo de Colón nos ha

conservado. Colón había salido de la isla de Guadalupe para volver á

Europa el 20 de Abril de 1496. En vez de subir en latitud, como hoy se

hace para salir de la región de los vientos alisios, permaneció entre

los 20 y 22° de latitud. No adelantaba hacia el Este; las provisiones de

agua y de pan disminuían con espantosa rapidez. «Aunque iban ocho ó

diez pilotos en aquella carabela, dice Fernando Colón, ninguno sabía

dónde estaban sino el Almirante, que tenía por muy cierto estar un poco

al Occidente de las islas de los Azores, de que daba razón en su

itinerario, diciendo: «Esta mañana noruestaban las agujas flamencas,

como suelen, una _cuarta_[22], y las ginoveas, que solían conformarse

con ellas, no noruestaban sino poco, y en adelante habían de noruestar

yendo al Leste[23], que es señal que nos hallábamos cien leguas ó poco

más al Occidente de las islas de los Azores, porque cuando estuviéramos

á ciento, entonces estaba el mar con poca hierba de ramillos esparcidos

y las agujas flamencas noruestaban y las genovesas herían el Norte. Lo

que se verificó de repente el domingo siguiente á 22 de Mayo, de cuyo

indicio y de la certidumbre de su punto conoció entonces que se hallaba

á cien leguas distante de los Azores» (_Vida del Almirante_, cap. 63).

No discutiremos aquí el grado de esta certidumbre, pero el párrafo del

Diario de Colón no deja duda del empleo del método. Este método llamó

más vivamente la atención de los navegantes á medida que la navegación

se extendía y que los grandes intereses unidos á la situación de los

nuevos descubrimientos respecto á la _línea de demarcación_ hacían más

urgente la necesidad de conocer las longitudes. Fué elogiado en 1577 por

Guillermo Bourne (en su _Regiment of the Sea_), y en 1588 por Livio

Sanuto. Las últimas palabras de Cabot[24], oídas por Ricardo Eden,

aludían sin duda á este método tan encomiado entonces, «de fijar la

longitud por la variación de las agujas». Cabot, á quien su amigo

designa siempre con la frase de _good old man_, se alababa al morir de

«que, por _revelación divina_, poseía un método de longitud infalible,

pero que no le era permitido divulgarlo».

El examen más detenido de las curvas de igual declinación dirigidas con

frecuencia (por ejemplo, actualmente en el mar del Sur al norte del

Ecuador) en la dirección de Este á Oeste, y el descubrimiento de su

_traslación_, que es una función del tiempo, hecho por Gasparin[25], ha

hecho poco á poco ilusoria una esperanza misteriosamente mantenida

durante el curso del siglo XVI. El ingenioso Guillermo Gilbert, al

discutir en un capítulo especial de su grande obra de _Magnete_ la

cuestión «An longitudo terrestris inveneri possit per variationen»,

calificó ya el método de «pensamiento quimérico de Bautista Porta

(_Magia naturalis_, lib. VII, capítulo 38) y de Livio Sanuto»; Gilbert

prefiere el método de determinar la latitud por los cambios de

inclinación, método que, según dice, tiene la ventaja de poder emplearse

sin ver el sol y las estrellas, en medio de espesa niebla, _aëre

caliginoso_[26].

Hoy sabemos que entre ciertos límites y sólo en parajes donde la

variación y la inclinación de la aguja cambian con gran rapidez al

avanzar en el sentido de un paralelo ó de un meridiano[27] terrestre,

pueden ser empleados con mucha utilidad práctica los fenómenos

magnéticos para reconocer las diferencias de longitud ó de latitud.

La combinación de las tres observaciones de declinación magnética que he

encontrado en los escritos del Almirante, me da la dirección de la

_línea sin variación_ correspondiente á los años de 1492-1498. En el

primer viaje atravesó Colón la _línea cero_ el 13 de Septiembre de 1492

por la lalitud de 28° y longitud de 30° ½, es decir, casi á 3° al

Oeste del meridiano de la isla de Flores; en el segundo viaje, el 20 ó

21 de Mayo de 1496, por los 31° ¾ de latitud y por los 31° ¼; en el

tercer viaje, el 16 de Agosto de 1498 en el mar de las Antillas, por los

12° ¾ de latitud y 68° ¼ de longitud, un poco al Este del meridiano

del cabo Codera.

Esta última observación es la más importante de todas. Desde el 13 al 18

de Agosto recorrió Colón la costa de Cumana, desde el cabo Paria hasta

la punta occidental de la isla Margarita. El 15 se dirigió al NO., entre

las islas Blanquilla y Orchila, y no podía tener duda acerca de la

posición exacta del barco el 16 al anochecer. Ahora bien; el Almirante

dice en términos precisos (_Vida_, cap. 72): «Por el continuo velar

tenía los ojos vueltos sangre y me veía precisado á anotar la mayor

parte de las cosas por la relación de los pilotos y marineros. En la

noche del jueves 16 de Agosto, no habiendo hasta entonces noruesteado

las agujas, noruestearon más de cuarta y media, y algunas veces _medio

viento_, sin que pudiese haber en esto error, porque habían estado

siempre muy vigilantes en anotarlo y con la admiración de ello y

desconsuelo de que les faltase comodidad para seguir la costa de tierra

firme.» Por inciertas que puedan suponerse[28] las longitudes en que se

encontraba el barco de Colón en 13 de Septiembre de 1492 y el 21 de Mayo

de 1496, siempre constará que por 28 y 32° de latitud la declinación era

entonces cero en un meridiano que pasa cerca de la isla de Flores, y la

misma línea sin declinación fué atravesada al Oeste de las pequeñas

Antillas el 16 de Agosto de 1498 por los 13° de latitud, en un meridiano

que pasa entre la isla Margarita y el cabo Codera, cabo que forma parte

de la costa de Caracas. La línea estaba, pues, á fines del siglo XV,

inclinada de NE. á SO. Esta misma dirección la ha encontrado M.

Hansteen[29] en el Océano Atlántico hasta 1600.

Hoy la declinación es nula en una curva que desde las costas del Brasil,

cerca de Bahía, al SE. del cabo San Agustín, se inclina en un sentido

completamente contrario del SE. al NO. hacia el cabo Hatteras. Ahora

bien; ¿esta línea americana sin declinación es la que á fines del siglo

XVII pasó por Londres y París? No sería extraordinario un cambio de

forma ó de dirección en la línea durante su movimiento de translación,

pues se ha probado por observaciones directas que en la isla de

Spitzberg no ha cambiado la declinación desde hace doscientos años; que

las partes de curvas de declinación que desde el Océano llegan sobre un

continente no se mueven con la misma rapidez que las que permanecen

oceánicas, y que, por consecuencia, la antigua hipótesis de la

translación uniforme de todo un sistema de líneas no es en manera alguna

admisible.

Lo más digno de atención en el resultado que acabo de obtener, en cuanto

á los tiempos de Colón y de Sebastián Cabot, es la resolución del

problema relativo al sentido en que se verifica el movimiento de un

sistema susceptible de alterar parcialmente su forma. Mr. Aragó ha hecho

ver, gracias á profundas investigaciones, que el nudo ó punto de

intersección de los ecuadores magnético y terrestre avanza de Este á

Oeste, lo cual influye directamente, cambiando las latitudes magnéticas

de los lugares, en la extensión de las inclinaciones[30]. Conforme á

las exactísimas observaciones de Mr. Kuper, la línea sin declinación,

cuya prolongación hacia el Mar Caspio determiné cuando mi viaje á Asia,

muévese igualmente de Este á Oeste, avanzando desde Kasan, por Morón,

hacia Moscow. Según estos datos, parece que la _línea cero_, observada

por Colón al Oeste de la isla Margarita[31], atravesó en siglos

anteriores la Europa, y que la línea que se aproxima en estos momentos

al cabo Hatteras, dirigiéndose de SE. á NO., llegará en su marcha

progresiva al Mar del Sur, pasando sucesivamente por los meridianos de

Méjico y Acapulco. Pero ¿cómo conciliar con estos datos el hecho cierto

de que en el siglo XVII pasó por Londres una línea de declinación en

1657, y después, en 1666 por París, que está á 2° 26′ al Este del

meridiano de Londres? ¿Fué acaso esta prioridad de paso por un sitio más

occidental efecto de una forma muy inclinada de la curva, de la

extensión del ángulo que esta curva hacía con los meridianos terrestres,

siendo la diferencia de latitud entre las dos poblaciones sólo de 2°

41′?

Cuanto se refiere á la traslación de las líneas sin declinación inspira

el más vivo interés; pero por ingeniosas que sean las analogías que se

han creído observar entre las inflexiones de las _líneas isotermas_

conforme las tracé en 1817, y las inflexiones de las curvas isodinámicas

del magnetismo terrestre, parece, sin embargo, que la fijeza de las

líneas isotermas, que dependen[32] de las corrientes aéreas y pelásgicas

y de la forma actual de los continentes, ó, mejor dicho, de las

relaciones de _área_ y de posición entre las masas más o menos diáfanas

y susceptibles de absorber el calor (los mares y las tierras),

concuerdan mal con la movilidad (el movimiento de traslación) de las

curvas magnéticas.

Á su vuelta del primer viaje, llegó Colón el 4 de Marzo de 1493 á Lisboa

y el 15 de Marzo á Saltes, frente á la ciudad de Huelva (junto á Moguer

y á Palos). La recepción solemne que le hicieron los Soberanos se

verificó en el mes de Abril, y el 4 de Mayo del mismo año[33] firmaba el

papa Alejandro VI la famosa bula fijando la _línea de demarcación_ á

cien leguas de distancia de las islas Azores y de Cabo Verde. Jamás la

corte de Roma despachó asunto alguno con tanta rapidez.

Creo que la causa de no determinar la línea por la más occidental de las

islas Azores (Flores y Corvo), sino á cien leguas al Oeste, debe

consistir en las ideas de geografía física del mismo Colón. Varias veces

he recordado la importancia que daba á esa _raya_, donde se empieza á

encontrar «un cambio grande en las estrellas, en el aspecto de la mar y

en la temperatura del aire»; donde la aguja imantada no presenta

variación; donde se altera la esfericidad de la tierra; donde el Océano

se cubre de yerbas; donde hasta el clima, en la zona tropical, es más

fresco y suave. No es aventurado creer que Colón fué consultado cuando

los Reyes Católicos pidieron al Papa la división del hemisferio

occidental del globo entre España y Portugal; y conforme á las

impresiones que tuvo en el primer viaje (véase el Diario correspondiente

á los días 16 á 21 de Septiembre), al pasar lo que llama _una cuesta_

para descender á una región constituída de otro modo, debió sin duda

desear Colón que la demarcación física fuera también una demarcación

política. Su correspondencia con el Papa no empezó hasta pocas semanas

antes de su cuarto y último viaje (en Febrero de 1502); pero se sabe por

ella que, al volver de la primera expedición (NAVARRETE, _Docum._ número

145), quiso Colón ir á Roma para dar cuenta al Papa «de todo lo que

había descubierto». En esta relación al Pontífice hubiese figurado, en

primer lugar, la determinación de una línea en que llega á ser nula la

variación magnética, á juzgar por la importancia que los contemporáneos

de Colón, su hijo, Las Casas y Oviedo dan á este hecho en sus escritos.

Cuando advirtió Colón que las agujas de diferente temple y construcción

no indicaban los mismos ángulos de variación, esforzábase mucho por

descubrir «la relación entre la marcha de la aguja y de la estrella

polar». Atribuía el cambio de declinación más allá de las islas Azores á

la «dulce temperatura del aire, y se expresa embrolladamente[34] acerca

de la influencia de la estrella polar, que, como el imán, parece tener

la propiedad de los cuatro puntos cardinales (_la calidad de los cuatro

vientos_), porque también la aguja, cuando se la toca con el Oriente,

dirígese hacia Oriente, de suerte que los que imantan brújulas las

cubren con un paño para no dejar fuera más que la parte boreal».

Hasta el siglo XVII, después de haber reconocido la dirección de las

curvas de las variaciones magnéticas en ambos hemisferios, no se empezó

á tener ideas más claras del conjunto de este gran fenómeno.

Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 2 Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI · 第 6 / 42 题