_De la disciplina y buen gobierno que estableció el conde de
Tendilla en la guarnicion de Alhama._
Con motivo de la toma de Zahara, ganada por segunda vez por los
cristianos, se complacen los coronistas de aquella época en cotejar
el descuido del alcaide moro, que perdió esta fortaleza en la
claridad del dia, con la vigilancia del cristiano gobernador de la
de Alhama. Las observaciones que hacen á este intento, servirán de
asunto al capítulo presente.
La custodia de esta importante plaza, estaba entonces confiada á don
Iñigo Lopez de Mendoza, conde de Tendilla, caballero esforzado y de
noble sangre, hermano del gran cardenal de España. Al tomar posesion
de su gobierno, halló que la guarnicion se componia de solo mil
hombres entre peones y caballos: tropa aguerrida y veterana, pero
licenciosa, adicta al juego y á la holganza, y agena de disciplina.
Los naipes y los dados eran ya las armas que mas bien manejaban:
los cantares deshonestos, las músicas ociosas, les ocupaba lo mas
del tiempo, á vueltas de ruidosas altercaciones y sangrientas
riñas. “Aqui, dijo el Conde, no hay mas que un puñado de hombres: es
menester, pues, que cada uno de ellos sea un héroe.”
Desde luego se dispuso á reformar estas costumbres, procurando
inspirar á sus soldados una loable ambicion, y doctrinándoles en
todo lo concerniente al ejercicio de la caballería: desterró los
juegos, prohibió las músicas é hizo desaparecer la ociosidad, origen
de tantos vicios, y causa de la perdicion de tantos ejércitos[31].
“El justo fin de una guerra, dijo, se pervierte muchas veces por
la pravedad de los que la siguen: y la insubordinacion y falta de
órden en la tropa, suelen ser el escollo de los planes mas bien
concertados.” Añadiendo, cuando era menester, el rigor á la blandura
y el castigo á los consejos, logró poco á poco restablecer la
disciplina, despertó el espíritu belicoso de sus soldados, y los hizo
ser el terror del enemigo.
[31] Pulgar, Crónica. Salazar, Hist. del gran Cardenal.
La fortaleza de Alhama, por la elevacion en que estaba puesta,
dominaba el camino que conducia á Málaga, y aquella parte de la
vega regada por el Cazin y el Jenil. Desde aqui hacia el Conde sus
salidas y correrías, arrebatando ganados, destruyendo mieses, é
interceptando los convoyes que pasaban por el camino; y esto era tan
frecuente, que decian los moros que ni una hormiga podia atravesar
la vega sin que lo advirtiese el conde de Tendilla. Algunas veces
salia á combatir las torres y casas fuertes que habia en contorno,
donde el paisanage moro se guarecia y depositaba sus cosechas y
ganado. En estas ocasiones solia llevar sus estragos hasta cerca de
Granada, y volvia á Alhama conduciendo gran cantidad de despojos, y
muchos prisioneros. Tal, en fin, era la actividad y solicitud con que
el conde de Tendilla hacia la guerra, que ni dejaba en ócio á los
suyos, ni en seguridad al enemigo: y los moros, viendo que no podian
alejarse de Granada mas de una legua, para atender á las labores
del campo, sin mucho peligro de quedar cautivos, prorrumpieron en
quejas y clamores contra el Rey, que asi permitia se insultase
su territorio. Con este motivo se despacharon de Granada varios
escuadrones de caballería, á fin de que protegiesen á los labradores
en la colectacion de sus cosechas. Estas tropas, rondando en las
inmediaciones de Alhama, impedian las salidas de los cristianos, y
los tuvieron por algunos dias encerrados en la fortaleza.
Estando asi bloqueado el Conde, se oyó una noche un estampido
tremendo, que estremeció la fortaleza hasta sus cimientos. Los
habitantes de la villa despertaron llenos de temor, y los soldados
de la guarnicion corrieron á las armas, recelando fuese un asalto
del enemigo: pero la causa de esta alarma resultó ser la caida de un
gran trozo de la muralla del castillo, que minada por las lluvias del
invierno, se habia hundido, dejando una gran brecha por la parte que
miraba al campo. En gran cuidado puso este fracaso al Conde, pues
llegando á conocimiento de los moros, era indudable que darian aviso
en Granada y Loja, y que viniendo de alli una fuerza considerable,
les seria fácil combatir la fortaleza y entrarla por aquella brecha.
En este apurado lance dió el Conde pruebas de un ingenio fecundo
de recursos. Mandó cubrir toda aquella parte del muro que se habia
caido con un gran lienzo, el cual hizo luego pintar, imitando una
muralla con sus almenas; y en efecto salió tan semejante, que desde
lejos no se podia distinguir el lienzo de la muralla[32]. En seguida
hizo trabajar con la mayor diligencia en el reparo del portillo, sin
permitir entre tanto que saliese nadie de la villa, porque no diesen
aviso al enemigo, del estado indefenso en que se hallaba. Algunas
partidas de caballería ligera se vieron discurrir en aquellos dias
por los campos de Alhama; pero ninguna notó el engaño del lienzo y
el defecto de la muralla; de suerte que en pocos dias quedó ésta
reedificada y mas fuerte de lo que antes estaba.
[32] Pulgar, parte III. cap. XXVI.
No es menos digno de atencion otro arbitrio, que poco despues
discurrió este ingenioso caballero. Llegó á faltarle enteramente el
dinero, y no tenia oro ni plata con que pagar los sueldos de los
soldados, que murmuraban y se quejaban, viéndose sin los medios de
comprar en la villa lo necesario para su subsistencia. Para ocurrir,
pues, á esta necesidad, escribió de su mano en varios papelitos
diversas cantidades, grandes y pequeñas, segun le pareció que lo
exigian las circunstancias, y autorizando estas cédulas con su firma,
las dió á su tropa en pago de su sueldo[33]. Al mismo tiempo mandó
bajo las penas mas severas, que nadie en Alhama rehusase admitir
este papel por el valor que en él estaba señalado; prometiendo
solemnemente redimirlo con el tiempo, y pagar su importe en oro ó
plata. Los habitantes que conocian la integridad del Conde, fiaron
en su palabra, y recibiendo sus pagas en esta moneda, remediaron las
necesidades de la guarnicion.
[33] Pulgar, ubi supra.
Preciso es añadir, en honor de la justicia, que el Conde cumplió su
palabra como buen caballero; y este es el primer ejemplar que se sabe
del uso de papel-moneda, que despues se ha hecho tan general en todo
el mundo civilizado.
[Ilustración]