CAPÍTULO VII.

_Acontecimientos en Granada, y principios del Rey moro, Boabdil el

chico._

Confuso y pesaroso volvió Muley Aben Hazen á su capital, despues de

esta expedicion infructuosa, para ser testigo del descontento general

y para oir las quejas y acusaciones de su pueblo. El desafecto que

se manifestaba en el comun, fermentaba con mas secreto, pero mas

peligrosamente entre los nobles. El reinado de Muley habia sido

tiránico y sanguinario; y muchos de los gefes de la tribu de los

Abencerrages, la mas ilustre entre los moros, habian sido víctimas

de su política ó de su venganza: circunstancias que, unidas á

las disensiones que existian en la familia real, prepararon una

conspiracion cuyo objeto era el de desposeerle del trono, y libertar

al pueblo de tan opresivo yugo.

Era Aben Hazen apasionado al sexo y tenia muchas mugeres, de las

cuales se dejaba dominar alternativamente. Entre ellas habia dos

reinas, á quienes amaba con extremo: la una se llamaba Aixa, á quien,

en obsequio de su honestidad y pureza, dieron los moros el sobre

nombre de la “Horra”, en arábigo la casta. Ésta en su juventud,

tuvo de Aben Hazen un hijo, á quien todos consideraban como el

heredero presuntivo del trono, y que se llamó Mahomet Audalla, si

bien los historiadores le conocen mas generalmente por el nombre de

Boabdil. Á su nacimiento los astrólogos, segun costumbre, formaron

su horóscopo; y el terror y el espanto se apoderaron de sus ánimos,

al notar los fatales portentos que su ciencia les revelaba. La

vana ciencia de la astrología judiciaria, era muy comun entre los

moros; y la supersticiosa costumbre de sacar horóscopos, parece

haberse observado en el caso que aqui se cita. “¡Alá achbar! Dios

es grande, exclamaron: él es quien pone y quita los imperios: en el

cielo está escrito que este príncipe ocupará el trono de Granada,

pero que en su reinado se consumará la perdicion del reino.” Desde

este punto concibió contra él su padre una aversion decidida, y

fue tan constante en perseguirle, que por esto y por la prediccion

ominosa que le amenazaba, vino Boabdil á llamarse el “Zogoibi” ó el

desgraciado.

La otra reina favorita de Muley, era Fátima, á quien dieron los moros

el título de la “Zoroya” ó luz del alba, por lo resplandeciente

de su hermosura: era cristiana de nacimiento, hija del comendador

Sancho Jimenez de Solis, y siendo aun niña habia quedado cautiva

de los moros.[15] Enamorado el viejo Rey de esta bella española, la

hizo su sultana, y se entregó enteramente á su gobierno. El fruto de

este amor fueron dos príncipes, á quienes desde su nacimiento tenia

determinado la Zoroya elevar á la autoridad suprema, por cuantos

medios estuviesen á su alcance; pues la ambicion de Fátima no era

menor que su hermosura, y el objeto de sus mas ardientes deseos era

el de colocar á uno de sus hijos sobre el trono de Granada. Para

este fin se valió del ascendiente que tenia sobre el ánimo cruel de

su marido, y haciéndole entrar en sospechas contra sus demas hijos,

á quienes achacaba los mas siniestros designios, logró perderlos en

el afecto de su padre. Tanto pudieron al fin sus artificios, que

mandó Muley dar públicamente la muerte á varios de sus hijos en la

fuente de los leones, que está en el patio de la Alhambra, lugar muy

señalado en la historia de los moros como teatro de tantos hechos

sanguinarios.

[15] Crónica del gran Cardenal, c. LXXI.

No satisfecha con esto, pasó á indisponer al Rey con la virtuosa

sultana Aixa, su rival, cuya belleza no era ya la misma que en

su juventud primera, ni ofrecia tantos atractivos como antes á

su marido; y por esto no le fue dificil persuadir á Muley que la

repudiase y la encerrase con su hijo en la torre de Comáres, una de

las principales de la Alhambra. Por último, viendo en Boabdil, que ya

iba entrando en la edad viril, un obstáculo á sus designios, despertó

de nuevo en el pecho feroz de su padre los recelos y las sospechas,

recordándole la prediccion que fijaba la pérdida del imperio para

cuando llegase á reinar este príncipe. Á esto, desafiando el influjo

de las estrellas, decia Muley: “La cuchilla del verdugo probará la

falsedad de estos horóscopos, y atajará la ambicion de Boabdil, asi

como ha castigado la osadía de sus hermanos.”

Advertida secretamente de la intencion cruel del viejo Monarca,

la sultana Aixa, muger de resolucion y talento, se concertó con

algunas damas de su servidumbre para facilitar la fuga de su hijo.

Á un criado de toda su confianza se dió el encargo de apostarse á

la media noche en las orillas del rio Darro, prevenido de un ligero

caballo árabe. Y al tiempo que yacian todos en un profundo reposo,

y reinaban en palacio el silencio y la oscuridad, atando por los

cabos los mantos y tocas de sus criadas, descolgó la sultana al jóven

príncipe desde la torre de Comáres.[16] Bajando á tientas aquella

áspera cuesta, llegó Boabdil á las márgenes del Darro y saltando en

su caballo, partió á carrera tendida para Guadix, en las Alpujarras.

Aqui permaneció oculto algun tiempo; pero despues, reuniendo sus

partidarios y fortificándose en aquella plaza, pudo declararse

abiertamente y desafiar las asechanzas de su padre.

[16] Salazar, Crónica del gran Cardenal, c. LXXI.

Tal era el estado de cosas en la casa real de Granada, cuando volvió

Muley de su desastrosa expedicion de Alhama. La faccion formada entre

los nobles para deponer al Rey padre y colocar en el trono á Boabdil,

se habia puesto ya de acuerdo con éste: estaban tomadas las medidas

necesarias, y para la ejecucion de su proyecto solo esperaban una

ocasion favorable, que en breve se les presentó. Tenia Aben Hazen en

las inmediaciones de Granada un sitio de recreo llamado Alejares,

donde solia acudir para solazar el ánimo y distraerse de los cuidados

contínuos que le rodeaban. Habia pasado alli un dia, cuando volviendo

á Granada, halló cerradas las puertas de la ciudad, y proclamado Rey

á su hijo Boabdil. “¡Alá achbar! ¡Dios es grande! dijo el triste

Monarca: en vano es porfiar contra el destino: estaba escrito que

mi hijo habia de subir al trono: Alá no permita que se cumpla lo

restante del vaticinio.” Conociendo Aben Hazen que mientras durase

aquella efervescencia popular, serian inútiles cuantos esfuerzos

hiciera para recuperar su autoridad, volvió las riendas á su caballo

y se dirigió á Baza, donde fue recibido con grandes demostraciones de

lealtad.

Pero en el carácter entero y firme de Muley Aben Hazen, no cabia la

debilidad de rendir el cetro sin resistencia: confiaba en la lealtad

de una gran parte del reino que aun le reconocia; y se lisongeaba que

presentándose repentinamente en la capital con una fuerza regular,

conseguiria intimidar al pueblo y hacerle volver á su observancia.

Tomada esta resolucion, procedió á llevarla á efecto con la destreza

y osadía propias de su carácter, y á la cabeza de quinientos hombres

escogidos se presentó una noche bajo los muros de Granada: escaló la

Alhambra, y entrando con furor sanguinario por aquellos silenciosos

aposentos, se arrojó sobre sus pacíficos habitadores, cebando en

ellos el alfange exterminador, que no perdonaba edad, calidad, ni

sexo. Despertaron aquellos infelices para volver los mas de ellos

á cerrar los ojos en la muerte: resonaban en todo el castillo sus

alaridos, y las fuentes corrian ensangrentadas. El alcaide Aben

Comixer se retrajo á una torre fuerte, y se encerró con algunos

soldados; pero Muley, sin perder tiempo en perseguirle, bajó con

su feroz cuadrilla á la ciudad, para vengarse de los rebelados.

Alarmáronse los habitantes, corrieron á las armas y encendiendo

luces por todas partes, pudieron reconocer el corto número de

los autores de tanto estrago. Muley se habia equivocado en sus

conjeturas; porque la masa del pueblo indignado de su tiranía, se

manifestó decididamente, en favor de Boabdil. Siguióse por las calles

y plazas un combate terrible, pero corto, en que murieron muchos de

los partidarios de Muley: los demas se salvaron con la fuga, y en

compañía de su soberano, se dirigieron á la ciudad de Málaga.

Tal fue el principio de aquellos bandos y disensiones intestinas,

que apresuraron la ruina de este imperio. Divididos los moros entre

sí, formaron desde aquel dia dos partidos, mandados por el padre y

el hijo; pero con todo eso, cuando la ocasion se presentaba, nunca

dejaron de unir sus respectivas fuerzas para dirigirlas contra los

cristianos, como á enemigo comun.

[Ilustración]

Crónica de la conquista de Granada (1 de 2) · 第 8 / 50 题