_La niña de Gómez Arias_, más antigua, obra indudable de Luis Vélez de

Guevara, puesto que dice al fin:

Y aquí os presenta Luis Vélez,

En esta humilde comedia,

_La niña de Gómez Arias_

Por historia verdadera,

contiene también mucha parte, que se halla luego en la de Calderón, no

sólo la traza del argumento, en ambas muy semejante, sino también

existen en la primera, aunque en germen, escenas aisladas que se

reproducen en la segunda más desarrolladas y perfectas. Así, en la

comedia de Guevara se nota el modelo que sirvió para el celebrado

diálogo de Dorotea (llamada allí Doña Gracia):

Mi vida, que culpa

Grave cometí,

Que merezca pena

¿Qué es más que morir?

Por daros el alma

¿Fué agravio que ansí

La tratáis agora,

Sin más advertir

Mi honor ni mi amor?

¿No miráis que os di

De entrambos las llaves?

¿No habláis? ¿qué decís?

Señor Gómez Arias,

Duélete de mí,

Que soy niña y muchacha:

Nunca en tal me vi.

[68] Calderón expresa de este modo su veneración hacia Lope de Vega:

Aunque la persecución

De la envidia teme el sabio,

No reciba de ella agravio,

Que es de serlo aprobación:

Los que más presumen, son,

Lope, á los que envidias das,

Y en su presunción verás

Lo que tus glorias merecen,

Pues los que más te engrandecen

Son los que te envidian más.

Véanse las _Obras sueltas_, de Lope de Vega, tomo XII, pág. 15.

[69] V. esta HISTORIA, tomo III, pág. 424.

[70] Este monólogo nos hace recordar la comedia de Tirso, no sólo por

sus pensamientos, sino también por su versificación, porque se

intercalan también algunos versos yámbicos entre los trocáicos.

[71] Digamos de paso aquí, que ha de agradecerse el trabajo empleado por

algunos historiadores de literatura (como, por ejemplo, el nuevo y

excelente editor de Garcilaso), llamando la atención hacia los pasajes

paralelos á los comentados por ellos, porque su ilustración es mayor de

esta manera. Otra cosa muy distinta sucede á esos críticos modernos, que

rebuscan con maligna alegría en las obras de los poetas, con el

propósito de averiguar si encuentran algún pensamiento, algún giro ó

expresión, tomada de otros, ignorando que su botín sería mucho más

considerable si examinaran las obras de los grandes poetas de los

tiempos pasados, y si supieran que, al hacerlo así, eran también grandes

y verdaderos poetas. Recuérdense las innumerables acusaciones de plagio

que hicieron á Lord Byron los escritores de revistas de su tiempo, no

pudiendo negarse que, no sólo se apropió pensamientos aislados é

imágenes, sino también pasajes enteros, escenas y situaciones de obras

ajenas (siendo la más notable prueba de lo expuesto la semejanza que hay

entre el _Don Juan_ y las _Novelle galanti de Casti_); pero á los que

aprovechaban este pretexto para rebajar el mérito de ese poeta eminente,

replicaba Walter Scott en estos términos: «Es una ocupación favorita de

estúpidos pedantes hacer resaltar esas reminiscencias, juzgando que con

ellas hacen descender á los genios de primer orden á una esfera vulgar,

y colocan al autor en la misma categoría que á sus críticos.»

[72] Véase el artículo «Gil Vicente» en el apéndice á este tomo.

[73] Calificamos de plagio verdadero y censurable el hecho de publicar

comedias ajenas enteras, conservando casi todos sus versos y sin hacer

en ellas alteraciones esenciales, como hizo, por ejemplo, Felipe de

Godínez con _La venganza de Tamar_, de Tirso, que, con ligeras

alteraciones, ofreció en el teatro como suya. Al hablar de Moreto

trataremos de otros casos iguales.

[74] En la _Nueva idea de la tragedia_, de González de Salas, impresa en

1633, se encuentra el notable pasaje siguiente:

«Alto es su spíritu, i atrebido á la maior empresa; felices son también

en las invenciones, floridos en el Stilo, i que naturalmente acometen

siempre á enriquecerle i dilatarle. Pero no sé de qué mal astro tocados

le han pervertido en estos años postreros de nuestra edad,

obscureciéndole, i afeándole de manera que monstros son ia muchos de los

partos de sus ingenios, que necessario es religiosamente expiarlos; y

consultar para su interpretación los Oráculos, no de otra suerte que si

fueran Libros Sibylinos. Con esto los Poetas Lyricos nuestros, que en mi

opinión son bentajosos á los Griegos i Latinos, assí se hallan

deformados, que en pocos se conosce ia la hermosura i elegancia primera.

Los Cómicos están más preservados hasta hoi de esta pestilente

influencia, quiera el Hado propicio librarlos de su contagio, quando

tienen ia en aquel grado la Comedia, á donde con no pequeña distancia de

ninguna manera llegó la de los Antiguos.»

[75] Federico Zimmermann.

[76] Son excepciones de esto, de época anterior, las que se encuentran

en algunas comedias de Tirso de Molina, por ejemplo, en la de

_Escarmientos para el cuerdo_, y en algunas de las de Lope de Vega, como

en _Las bizarras de Belisa_.

[77] Véase el siguiente diálogo, especie de duo:

ADOLFO. De parte de la nobleza

Yo...

CELIO. Y yo de parte del pueblo...

ADOLFO. Vengo á saber de los dos...

CELIO. Saber de los dos pretendo...

LOS DOS. En que os habéis convenido.

(_Mujer, llora y vencerás._--Jornada tercera.)

En los versos siguientes el diálogo se distribuye de la

misma manera entre cuatro personas:

REY. Hombre, aborto de la espuma,

Que esa marítima bestia

Sorbió sin duda en el mar

Para escupirte en la tierra...

LICANOR. Parto de aquesas montañas,

Que, equivocando las señas,

Para ser fiera eres hombre,

Para ser hombre eres fiera...

FENCIS. Racional nube, que el viento

Para rayo suyo engendra,

Pues el trueno de tu voz

Espeluzna y amedrenta...

IRENE. Prodigio, ilusión y asombro,

Que ha bosquejado la idea

De algún informe concepto

De soñadas apariencias...

REY. Qué mal entendido rumbo...

LICANOR. Qué derrotada tormenta...

FENCIS. Qué deshecho terremoto...

IRENE.. Qué fantástica quimera

REY.. A estos puertos,

LICANOR. A estos montes,

FENCIS. ¿Te trae?

IRENE. ¿Te arroja?

REY. ¿Te echa?

(_Cadenas del demonio._--Jornada primera.)

[78] Esta especie de diálogo es tan raro y poco común, que para

comprenderlo bien conviene citar un ejemplo. Elegimos uno de la tercera

jornada de _Amar después de la muerte_. Don Alvaro y Clara hablan cada

uno para sí de este modo:

CLARA. No es menester que digáis

Cuyas son mis alegrías,

ALVARO. Que bien se ve que sois mías

En lo poco que duráis.

CLARA. Alegrías mal logradas

Antes muertas que nacidas;

ALVARO. Rosas sin tiempo cogidas,

Flores sin sazón cortadas;

CLARA. Si rendidas, si postradas

A un ligero soplo estáis,

ALVARO. No digáis que el bien gozáis;

CLARA. Pues siendo para perder

Que sintáis es menester,

ALVARO. No es menester que digáis.

Alárgase este doble monólogo tres décimas más, repitiéndose á la letra,

al fin de cada una, un verso. Conviene tener presente que el poeta,

según se deduce del conjunto de la comedia, se propone tan sólo exponer

la libre expansión del alma, no una declamación hablando.

[79] Por ejemplo, en _Mujer, llora y vencerás_, jornada segunda:

MADAMA. ¿Quién se atreverá á decir

En lo que llega á oir y ver,

Si tengo que agradecer

O si tengo que sentir?

Pues si tengo que inferir

Quién es dueño de un temor...

MÚSICA (_dentro_). Es el engaño traidor.

MADAMA. Y quien de un ansia mortal...

MÚSICA. El desengaño leal.

MADAMA. ¿Quién con tal eco sonoro

Ha aumentado mi dolor?

Cuando entre uno y otro horror

Son para mí en pena igual...

MÚSICA. El uno dolor sin mal

Y el otro mal sin dolor,

Es el engaño traidor

Y el desengaño leal.

[80]

Eduardo generoso,

Tercero de Ingalaterra,

De las tres brillantes rosas,

Luz, norte, amparo, defensa;

Tú, que en alas de la fama

Siempre celebrado vuelas,

Ocupando en tus memorias

Voz, aplauso, trompa y lengua:

Yo soy Estela infelice,

Y de Salverich condesa,

La conclusión es:

Porque en poblado los hombres,

Porque en el monte las fieras,

Porque en el aire las aves,

Cielo, sol, luna y estrellas.

Aves, peces, brutos, plantas,

Astros, signos y planetas

Digan, vean y publiquen,

Oigan, miren, noten, sepan,

Que hay honor contra el poder,

Que hay industrias contra fuerza

Y que hay en mujeres nobles

Vida, honor, lauro y defensa.

[81] En la Lonja (_Archivo de Indias_) y en la Biblioteca Colombina de

Sevilla, hay mapas de mediados del siglo XVII, los cuales nos ilustran

acerca de las ideas reinantes entonces en España, tan falsas y hasta tan

fabulosas, de la situación de las regiones lejanas, principalmente del

Norte.

[82] J. Schulze: sobre _El Príncipe constante_.

[83] El infante D. Fernando de Portugal (nacido en 1402) murió en 1443,

después de sufrimientos indecibles, cautivo entre los moros, en cuya

situación había languidecido por espacio de unos seis años. Sus restos,

llevados á Portugal por el rey Alfonso V, descansan en el convento de

Batalha. Al lado del sepulcro hay un altar de Nuestra Señora, donación

en vida de tan piadoso caballero, y sobre él el retrato del mismo

Infante, pintado por un artista hábil, por orden de su hermano D.

Enrique. En una carta de los frailes de Batalha á Fr. Francisco da Cruz,

se dice lo siguiente: «Juxta memoratum sepulcrum parvum sacellum est,

cum lignea tabella altari superimposita et in extremis deaurata ornatum:

qua in tabella antiquo et eleganti penicillo descripta reperitur

infantis vitæ series: illius statua marmorea super altaricollocata

cernitur, sed quæ vivum exprimat amictum vilem, lugubrem faciem, barbam,

impexos crines, manicas denique catenas et compedes eamque formam quam

creditur habuisse mancipatus captivitati.»--(Junto al sepulcro

mencionado hay una pequeña capilla, con una cornisa de madera sobre el

altar, dorada en su extremo, en la cual, trazadas por pincel antiguo y

elegante, se ostentan las diversas vicisitudes de la vida del Infante;

hállase también una estatua de mármol sobre el altar, pero ofreciendo á

lo vivo el traje andrajoso, el rostro lúgubre, la larga barba, el

cabello despeinado, y las esposas, grillos y cadenas iguales á las que,

según se cree, tuvo en su cautiverio.)--(_T. del T._)

Debajo de la estatua se lee:

«_Sanctus princeps Ferdinandus

Infans Lusitaniæ

Obiit Fessæ apud Mauros Obses_

A.D.M.CCCCXLIII. V Junii.»

El santo príncipe D. Fernando, infante de Portugal, murió en Fez,

cautivo entre los moros, el 5 de junio del año del Señor 1443.

Alrededor del cuadro del centro hay (ó hubo, por lo menos, hasta la

ocupación de Portugal por los franceses), nueve cuadritos, representando

los sucesos de la vida del Infante, con las inscripciones:

_Compedibus et catenis constringitur.

Infimæ servituti Sanctus adjudicatur.

Regium equile mundare cogitur.

Opus facit in hortis regiis.

De lytro frustra agitur cum Mauro.

Coelesti visu ad mortem confirmatur Sanctus.

Pie moritur Sanctus Infans.

Sanctum corpus exenteratur.

De muro urbis corpus suspenditur._

(Sujétanlo con grillos y cadenas.

El Santo es condenado á infame servidumbre.

Oblíganlo á limpiar las caballerizas reales.

Trabaja en los jardines reales.

Trátase en vano con el moro de su rescate.

Una visión celestial anuncia al Santo su muerte.

Muere piadosamente el santo Infante.

Arrancan al santo cuerpo las entrañas.

Cuelgan su cuerpo de las murallas de la ciudad.)

(_T. del T._)

La bula expedida por el papa Paulo II en el año de 1470, estableciendo

una fiesta conmemorativa del Infante, describe en pocas palabras los

tristes sucesos de su vida, de esta manera: «Ferdinandus infans

Portugaliæ... qui ad expugnationem infidelium in Africam transfretavit

et pro liberatione. Christianorum in illis partibus tunc existentium ac

inde aliter liberari non valentium in manibus eorundem infidelium sponte

obsidem se tradidit; ac per ipsos infideles diris carceribus mancipatus

et tormentis affectus, per plures annos existitit, ac in fide catholica

viriliter persistens, ut athleta fortis post plurima supplicia

ægritudines et labores in eorundem infidelium partibus et captivitate

constitus, Christo redemptori suo animam reddidit.»--(Fernando, infante

de Portugal... que pasó á Africa para combatir á los infieles, y librar

á los cristianos existentes en esa región, y que no podían rescatarse de

otro modo, se dió espontáneamente en rehenes á esos mismos infieles; y

cautivo luego en su poder; y después de sufrir dura cárcel y tormentos,

vivió algunos años, persistiendo firmemente en la fe católica, hasta

que, como fuerte atleta, entregó su alma á Jesucristo, su Redentor,

víctima de muchos suplicios, aflicciones y trabajos sufridos en su

cautiverio, por obra de los infieles.)--(_T. del T._)

Las virtudes del Infante habían excitado la admiración de sus enemigos,

pero sin ablandar por eso sus rigores. Cuando Larache (Lazurac), rey de

Fez, supo su muerte, exclamó lleno de dolor: «¡Este Príncipe había

merecido conocer la ley de nuestro Santo Profeta!» Sufrió su cautiverio

con tanta paciencia y resignación, que hasta los moros lo miraban con

asombro.--La Clede, _Histoire du Portugal_. V. también á H. Schulze,

_Del Príncipe constante_, de Calderón: Weimar, 1811.

[84] «¡Qué poesía! ¡No nos cansamos nunca de leerla y admirarla! Sólo en

esta obra se eleva el poeta católico á una esfera tan alta, que el

inglés no puede llegar á ella, á pesar de su genio prodigioso. No se

describe en ella la suerte ó destino de un gran carácter que se realza

en su lucha con la pasión y con el pecado, sino de lo más sublime que

existe, de la consagración de un hombre puro, por lo más puro que hay,

esto es, por la eterna bienaventuranza. Este objeto se ha alcanzado una

vez sola, y ni antes ni después de Calderón, ni aun de lejos, se ha

escrito nada que se aproxime siquiera á esta tragedia.»--_K. Immerman._

Copiemos también las palabras siguientes de J. Schulze, refiriéndose á

la representación, hecha en Weimar, de _El Príncipe constante_: «Esta

tragedia, representada con rara perfección, parece haberse propuesto,

como objeto principal, poner de relieve la idea cristiana, cuya ansia de

perfección puede reducirse al silencio por un momento con la posesión de

las virtudes más relevantes, sin quedar nunca satisfecha por completo,

demostrándolo así el heroísmo y el martirio del infante D. Fernando,

triunfo el más digno del cristiano contra todos los poderes de la tierra

... No ha sido dado á la musa alemana ofrecer al Eterno, en el sublime

altar de la religión, un drama cristiano tan perfecto, nacido en el seno

de la patria y rebosando gratitud y humildad, y de aquí que, contentos y

agradecidos, como conviene al carácter benévolo del pueblo alemán, nos

hayamos apropiado uno extranjero.»

[85] La leyenda de la sabia Eugenia, de su conversión, tentación y

martirio, se encuentra en la relación de Simeón Metafraste, en _Surii

Probata Sanctorum_, acta del 25 de diciembre. V. también la poesía de

Alcino Abito, _De Consolatoria castitati aude_; Fabric, _Bibliotheca

graeca_, tomo VI, pág. 524; Baronii, _Annales ad annum 188_, y

Tillemont, _Mem. eclesiast._, tomo IV, pág. 12. Los milagros de Eleno,

que Calderón ofrece en su comedia, se cuentan en _Petrus, de Natalibus,

catalogus sanctorum_, lib. IV, cap. 59. Respecto á la idea, tan feliz

como característica de nuestro poeta, de suponer que se introduce un

demonio en el cuerpo de un muerto para hacer daño, ved á Dante,

_Infierno_ (XXXIII, V, 129 y siguientes). Así esta indicación, como la

de las fuentes de muchas comedias de Calderón y de algunos datos y

apuntaciones, provienen de la obra de Val. Schmidt, _Uebersicht und

Anordnung der Dramen des Calderón de la Barca_, in Anzeigeblat der

Wiener Jahrbücher: Jahrgang, 1882.

[86] La leyenda, que el poeta ha aprovechado aquí con tanto acierto, se

funda en la confesión expiatoria de San Cipriano (_In Cæcilii Cypriani

Episcopi Carthaginiensis Opera_: ed. Baluz., apénd., pág. 294, y en el

_Thesaurus novus Anecdotarum_, de Martene y Durand, Lutet: París, 1717,

tomo III, pág. 29: 1629). La fuente más inmediata de Calderón es

probablemente la de Surius: _De probatis Sanctorum Actis_, tomo V, pág.

351 (Coloniae Agr., 1578). _Vita et Martyrium F. Cypriani et Justinae,

autore Simeone Metaphraste._ Sobre Cipriano, ved también á _Gregorii

Naz. Opera_, ed. Colon., 1690: folio, parte I, pág. 274, y _Acta

sanctorum sept._, tomo VII, págs. 195 y siguientes: Antuerp., 1760; y

acerca de la relación de este drama con la tradición de Fausto á

Koberlstein, _De la edad probable_ y de la _significación del poema de

la guerra de Wartburg_: Naumburg, 1823, págs. 55-58, y á Rosenkranz,

sobre la tragedia de Calderón _El mágico prodigioso_: Halle, 1829.

El Sr. D. Antonio Sánchez Moguel, en su _Memoria acerca de «El mágico

prodigioso,» de Calderón, y en especial sobre las relaciones de este

drama con «El Fausto,» de Goëthe, obra que obtuvo el premio en el

certamen abierto por la Real Academia de la Historia, al conmemorarse el

segundo centenario de este insigne poeta el 24 de mayo de 1881_ (Madrid,

1881), hace gala de una erudición poco común, que utiliza principalmente

en investigar las fuentes, que sirvieron á nuestro primer dramaturgo en

la composición de esta comedia. Puede consultarse con provecho, aunque,

á decir verdad, hay ciertas obras de poetas eminentes, como _El Fausto_,

de Goëthe, y _El mágico prodigioso_, de Calderón; el _Enrique VIII_, de

Shakespeare, y _La cisma de Ingalaterra_, de nuestro gran poeta, cuyo

fondo, siendo el mismo, no son, sin embargo, comparables, por cuanto

cada uno de ellos maneja los mismos materiales con distintos propósitos,

bajo diversos puntos de vista, y adaptándolos, por consiguiente, á

planes y formas sujetas á las dotes poéticas individuales, y, sobre

todo, á las ideas dominantes en las épocas y en las naciones, en que

cada uno escribe, que no sólo hacen imposible toda comparación entre

ellas, sino, lo que es peor, la hacen inútil. Además, aunque no es

ocioso, ni mucho menos, averiguar cuáles son ó han sido los orígenes ó

el fundamento de algunas de esas creaciones inmortales, es sabido

también, que, en realidad, la cosa en sí no tiene toda la importancia

que aparenta, porque los poetas, en general, y más los dramáticos,

aprovechan para sus fines cualesquiera noticias y datos, y la cuestión

no versa, en estos casos, sobre lo que ha sido con exactitud lo

aprovechado, por ser esto muy difícil y muy dado á conjeturas, ya que el

único medio de averiguarlo sería la declaración ó confesión del mismo

poeta, y esto es imposible casi siempre, sino sobre el resultado ó

efecto de su trabajo, esto es, sobre su obra ya completa y perfecta.

Esto último debe ser el objeto del crítico, enseñando á las generaciones

actuales y á las venideras los medios eficaces de que se han servido

algunos poetas, para alcanzar la gloria inmarcesible que

obtuvieron.--(_N. del T._)

[87] «En _El mágico prodigioso_ se propuso Calderón el objeto difícil de

representar una conciencia pagana, y de fe vacilante por la filosofía,

en todos los momentos principales de su transformación en conciencia

cristiana; y esto, sin ofender en lo más mínimo á las creencias

católicas, sin vanas reflexiones ni aun movimientos puramente externos,

respirando todo animación y vida. La maldad, existente en sí y para sí,

la ha personificado Calderón en el demonio con singular maestría,

principalmente con el objeto de que, bajo esta forma, se revele poco á

poco á San Cipriano.»--_K. Rosenkranz._

[88] Las leyendas más completas de _El purgatorio de San Patricio_, se

encuentran reunidas en Th. Wright, _St. Patricks Purgatory, an essay on

the legends of Hell and Paradise current during the Middle ages._:

London, 1844.--V. también _Les vies de Saints_: París, 1739, tomo III,

página 216.--Los _Acta Sanctorum_ (Mart., tomo II, página 588).--El

poema en francés antiguo _Le purgatoire de Saint Patrice_, en _Les

poesies de Marie de France_, publiées par Rochefort, tomo II, pág. 411,

y la novela italiana _Guerrino Meschino_, cap. 162.--V. Dunlop, _History

of fiction_, v. III, pág. 38.--En España esta tradición se había hecho

ya popular por los dos escritos titulados _La cueva de San Patricio_,

León, 1506, y la _Vida y purgatorio de San Patricio_, Madrid, 1626-27,

de Montalbán.

[89]

Bald mit Blitz bewehrt, durchleuctet

Als ein Aar die Luft der Glaube

Und bald ruht er, eine Taube

Die am Bach die Flügel feuchtet.

_Platen._

(Ya, armado del rayo, hiende, como el águila, el cielo de la fe; ya,

como la paloma, descansa y humedece en un arroyuelo sus alas.)

[90] Acerca del origen de esta comedia, advertiremos, que la muerte de

San Bartolomé se halla en el _Breviarium romanum_, 24 de agosto: casi

toda la acción restante debe fundarse en los _Actis fabulosis_, de

Pseudo Abdias; en los _Actis sanctorum augusti_, tomo V, pág. 32

(Venetiis, 1754).

Encuéntrase aquí la enfermedad de los dos Príncipes; la repentina

aparición de San Bartolomé al Rey, estando cerradas las puertas, y, por

último, el delirio de Irene, acerca del cual Abdias dice lo siguiente:

«Teniendo Polynio una hija loca, llegó á su noticia este exorcisador de

demonios, y lo hizo buscar, y le suplicó de esta manera: «Mi hija es

atormentada horriblemente, etc.»

[91] Sobre la parte histórica, ved á Eutichius, _Annal._, tomo II, págs.

240-248; Baronius, _Annal. eccles._, A. D. 628, NO. 1-4; _Nicephorus

brev._, pág. 15; _Teophanes chronograph._, págs. 265 y siguientes; el

_Chronicon paschale_, págs. 398 y siguientes; d'Herbelot, _Bibliotheca

orientalis_, pág. 789; Assemanni, _Bibliotheca orientalis_, tomo III,

págs. 415-420; Le Beau, _Histoire du Bas Empire_, tomo XII; Gibbon,

_Decline and fall_, cap. 46. El emperador Heraclio había sido ya

celebrado en el siglo XII en dos poemas, alemán el uno, por Otte, y

francés el otro, de Gautier de Arras.

[92] Rosenkranz ha ensayado el hacer la apología de este drama, origen

de tantas discusiones, en los términos siguientes: «La idea fundamental

de _La devoción de la Cruz_, sólo causa extrañeza á quienes no saben

transportarse al terreno propio y peculiar del catolicismo español; no

seguramente á la conciencia de los católicos, familiarizados con las

reliquias y con la santa virtud, que atribuyen á ciertas señales. Sólo

la confianza infinita de la fe en Dios, que, impulsado por su eterno

amor, se sacrificó por nosotros en la cruz, justifica á los pecadores.

En este concepto, al arrepentirse los dos hermanos de sus pecados al

reconocer la cruz, entran también ambos en la gracia divina. La

conciencia no tiene para nada en cuenta la reforma moral, que puede

hacerse en un tiempo más ó menos largo, ni otras razones de esta índole,

sino un solo momento, si este momento es en sí tan importante y

decisivo, como el que pudiera resultar del transcurso de años enteros de

arrepentimiento.»

[93] Muchas circunstancias históricas, utilizadas en este drama, se

refieren en el libro popular, que se titula _Historia de la pérdida y

restauración de España por Don Pelayo y D. García Jiménez de Aragón_,

que probablemente hubo de servir á Calderón para escribirlo; pero el

poeta ha aprovechado, además, diversos romances populares y tradiciones

católicas. Comparad, en el acto primero, el antiguo romance de _D.

Rodrigo, rey de España_, etc..., en _El tesoro de los romanceros_, de

Ochoa: París, 1838, pág. 81; _La leyenda de Santa Leocadia_, en _La

España sagrada_, tomo V, pág. 485: Madrid, 1763. A Surius, _De probatis

Sanctorum historiis_, tomo VII, pág. 1.007 (Colon. Agr., 1581), y en

_Les vies des saints_, tomo VIII, pág. 453 (París, 1739).--En el acto

segundo, _Coronica del rey D. Rodrigo con la destruyción de España_:

Valladolid, 1527; los _Romances_, de Ochoa, págs. 81 á 90, y Mariana,

_De Rebus Hispaniæ_, lib. VI, cap. 22.--En el acto tercero, _Las

memorias de la iglesia de Toledo_, del arzobispo D. Rodrigo, y la

_Historia de España_, de Ferrera (traducción francesa de d'Hermilly):

París, 1751, tomo III, pág. 436.

[94] La parte histórica dimanará probablemente del antiguo libro

español, popular, _Historia del gran cisma de Inglaterra, con sus

factores Enrico VIII y la impía Isabela_, que á su vez está tomado de

Nicolai Sanderi, _De origene ac progressu Schismatis anglicani_ (Olivae,

1690).--Acerca de este drama, consultad el artículo de V. Schmidt, _La

cisma de Inglaterra_: Berlín, 1819.

Historia de la literatura y del arte dramático en España, tomo IV · 第 24 / 25 段