38), que, á su vez, descansa también en datos históricos. Los
principales personajes son Eduardo III, rey de Inglaterra, y Estela de
Salverich (la condesa de Salisbury). Puede servir la de Calderón para
hacer comparaciones interesantes con el antiguo y excelente drama inglés
_Edward the Third and the Black Prince_, atribuída recientemente, con
plena razón, á Shakespeare. Ambas son, sin embargo, completamente
diversas. Shakespeare no ha tenido presente para nada la novela, sino
sólo la tradición histórica. El amor de Eduardo á la bella Condesa llena
sólo su acto primero. Esta mujer enérgica se da trazas de proteger su
honor, tomando una resolución varonil, y obligar al Rey á volver de
nuevo á su heróica y magnánima senda, llenando la segunda mitad del
drama las hazañas ejecutadas por el Monarca, después de vencer su
pasión. La comedia española, al contrario, gira toda ella sobre la
lucha, que se establece entre el honor, el poder y el amor. Eduardo,
apasionado hasta el extremo de la bella Condesa, y persuadido de que
serán vanos sus esfuerzos para lograr sus deseos, intenta forzarla; pero
ella es bastante discreta para burlarse de todas sus estratagemas, y
llega á dominarlo de tal modo con la nobleza de sus sentimientos, que su
amor sensual se trueca en respeto y veneración, y después, cuando cesa
la lucha entre esos tres poderes, ella le ofrece voluntariamente su
mano.
Quedan todavía diversas comedias, que, como algunas de las mencionadas
últimamente, son de argumento fantástico y de lujo escénico, como ellas;
pero, según todas las probabilidades, de la exclusiva invención del
poeta. Si no fuese otro nuestro objeto que presentar á Calderón por su
lado más favorable, pasaríamos adrede por alto estas composiciones
ostentosas, puesto que se observa en ellas, no obstante la variedad y
riqueza de su fondo, como cierto cansancio y vacío interior, no
ciertamente compensado por la superabundancia de sus galas exteriores.
Sus personajes son de ordinario príncipes y princesas de los países más
diversos de Europa, juguetes de los más extraños acontecimientos, aunque
incapaces también de excitar nuestro interés. No faltan en ellas, sin
duda, extrañas aventuras, desafíos, serenatas á la luz de la luna,
grutas misteriosas, en las cuales se pronuncian oráculos, y castillos
antiguos, rodeados de jardines solitarios; pero todos estos estímulos
románticos, y alguna que otra escena importante, no bastan para hacernos
olvidar sus defectos y su falta de arte, genuinamente dramático. A esta
clase pertenece la comedia _Efectos de odio y de amor_, cuya heroína,
Cristerna, representa, al parecer, á la reina Cristina de Suecia. Para
formar una idea de lo fabuloso de su geografía, téngase en cuenta que se
dice en ella que el Danubio es el límite entre Rusia y Suecia; los
protagonistas, además de la Reina, son el duque de Rusia y los duques de
Albania y de Gothia; algunas bellezas de su parte cómica no contrapesan
la vaciedad de la parte seria. Los mismos defectos se observan en las
piezas verdaderas de espectáculo, _Auristela y Lisidante_, y _Los tres
afectos de amor_. De más mérito, pero formada con iguales elementos, es
_El conde Lucanor_, obra fantástica, cuya acción alterna entre Egipto y
Toscana, y cuyos principales personajes son un príncipe de Rusia, otro
de Hungría, el duque de Toscana, el Sultán y una encantadora egipcia; no
escasean en ella detalles agradables y poéticos, pero la traza de ópera
de su conjunto y lo alambicado de su exposición, ahogan por completo
estas bellezas aisladas. Este drama no tiene nada de común con la
célebre colección de novelas de igual nombre, del infante Don Juan
Manuel.
[Illustration]
[Illustration]
CAPÍTULO XI.
Comedias románticas de Calderón.
La enumeración de las comedias de Calderón nos ofrece ahora una serie de
dramas, que no pueden calificarse de otra manera, que, con el nombre,
demasiado genérico, de comedias románticas. Estas composiciones, que son
todas, al parecer, de la exclusiva invención del poeta, por cuya razón
no pueden ser comprendidas en las divisiones anteriores, tienen, sin
embargo, argumento demasiado serio para que se las llame únicamente
comedias, y de aquí que las juntemos bajo el epígrafe tan general
indicado, á pesar de lo diverso de sus elementos predominantes.
_El pintor de su deshonra._--A quien se sienta dispuesto á dudar del
genio sublime de nuestro poeta castellano, le presentaremos esta
magnífica tragedia, de lo mejor, sin duda, que ha escrito Calderón, y
que reune todos los encantos de la poesía romántica con notable
profundidad psicológica, y una impresión trágica conmovedora en sumo
grado. El lugar de la acción del primer acto es la residencia del
gobernador de Gaeta, el cual, en la primera escena del mismo, felicita
por su llegada al mismo sitio á su amigo el español Don Juan Roca, y á
su joven esposa Serafina. Porcia, la hija del gobernador, traba pronto
amistad con Serafina, confiándose ambas sus secretos amorosos. La
primera cuenta que acepta en secreto las pretensiones del príncipe de
Ursino, y la segunda describe con fuego la pasión que le inspiró el
hermano de Porcia, Don Alvaro, correspondida por él con igual
vehemencia. Pero Don Alvaro se había embarcado después, recibiéndose á
poco la noticia de haber naufragado el buque que lo llevaba, pereciendo
todos los pasajeros. Esta noticia la anonadó por completo, acabando la
obra las instancias repetidas de su padre, para que diese su aprobación,
como lo hizo, á su enlace con Don Juan. Serafina, al referir estos
sucesos, se impresiona de tal modo por la fuerza de su sentimiento, que
cae en tierra sin sentido, saliendo Porcia presurosa para pedir socorro.
En este instante se presenta un desconocido, mira á la desmayada y se
inclina sobre ella con la expresión del interés más vivo; Serafina abre
los ojos, y después de gritar ¡Alvaro! cae otra vez en tierra desmayada.
En efecto, la noticia de la muerte de su amante era falsa, porque
encontró medio de salvar su vida del naufragio. La escena, en que se
encuentran de nuevo los dos amantes en una situación tan dramática, está
escrita con toda la perfección y ternura de afectos, de que era capaz el
pincel de Calderón, y conmueve hasta admirarnos el principio de este
cuadro, que ha de representar la lucha entre el deber y el amor en el
corazón de Serafina. La desdichada se empeña con toda la energía de su
alma en dominar su inclinación, declarando á Don Alvaro, con fingida
frialdad, que se casó con su esposo por deber y por amor. Durante esta
entrevista se oye un cañonazo: es la señal que anuncia la partida de Don
Juan; Serafina se apresura á acompañarlo á su patria, y Don Alvaro se
queda en Gaeta sin esperanza.
El acto segundo nos ofrece á Don Juan, en su residencia de Barcelona,
ocupado en retratar á su esposa, por ser aficionado entusiasta á la
pintura. La paz y la felicidad rodean, al parecer, á este matrimonio, y
hasta los recuerdos de lo pasado se han borrado ya del corazón de
Serafina. De repente, al dejar Don Juan sola á su esposa, entra en la
habitación un hombre vestido de marinero: es Don Alvaro, que, no
pudiendo resistir á su antiguo amor, se ha encaminado con este disfraz á
Barcelona; con nuevas súplicas atormenta el corazón de Serafina, pero
ella le representa con tanta energía y elocuencia lo insensato y lo vano
de sus deseos, que él resuelve, por su parte, luchar con su amor, y no
turbar más, en adelante, la tranquilidad de su amada. Las escenas
siguientes trazan con los colores más bellos las fiestas del Carnaval en
la orilla del mar de Barcelona. Don Juan, con su esposa, se halla en una
quinta de un amigo, situada en la ribera, y se mezcla también con la
muchedumbre, entregada á estas diversiones; allí los encuentra Don
Alvaro, pero sin acercarse á ellos, porque aparentemente ha triunfado de
su amor. Un día, cuando la gente alborozada se abandona por completo á
estas fiestas, se oye de repente la voz de fuego. La quinta, en donde
habita Don Juan, es presa de las llamas; Serafina, sin sentido, es
salvada por su esposo, confiándola á la guarda de Don Alvaro, á quien no
conoce; aléjase después para socorrer á otro, que se halla en peligro,
mientras que Don Alvaro, en cuyos brazos se encuentra entonces su amada
de un modo tan impensado, cede entonces por esta circunstancia al ímpetu
irresistible de su amor, vencido en apariencia, puesto que la tentación
es demasiado fuerte: se lleva consigo á Serafina, siempre desmayada;
sube en su buque, y se hace á la vela con su víctima. Don Juan se acerca
entonces á la orilla, cuando el navío levanta el áncora; descubre que ha
sido engañado, y se precipita en las olas para alcanzar á los fugitivos.
En el acto tercero, la acción es otra vez en Gaeta. Don Juan se presenta
disfrazado de pintor, habiendo adoptado este traje para entrar con más
libertad en las casas de los particulares, y descubrir más fácilmente al
raptor de su esposa, con cuya sangre se propone lavar la mancha de su
honor. Es presentado al príncipe Ursino, que le da la comisión de
retratar una beldad, que ha conocido en una quinta, situada en una
arboleda inmediata. El Príncipe, en persona, visita con frecuencia
aquella parada de caza, para celebrar en ella secretas entrevistas con
su amada Porcia; pero allí se ha refugiado también Don Alvaro con
Serafina, para ocultarse de su padre, habiendo llamado su belleza la
atención del mismo Príncipe. Don Juan se encamina al lugar señalado, y
coloca su caballete detrás de una ventana con rejas, desde donde puede
ver al original, que ha de ser retratado, sin miedo á que le descubran.
¿Quién podrá describir su asombro, cuando reconoce en él á Serafina?
Esta aparece allí dormida, y pronunciando en sueños palabras, que
atestiguan la pureza de su alma; pero su inocencia no puede salvarla,
debiendo sucumbir, como víctima propiciatoria de la deshonra, que, por
ella, ha sufrido su esposo. El monólogo en que Don Juan expresa la
lucha, que sostiene entre su amor, siempre vivo y ferviente, y entre las
inspiraciones de su conciencia, acerca de la vanidad de las leyes del
honor, y la necesidad en que se halla de guardar esa costumbre general,
es de un patético profundo; preséntase entonces Don Alvaro, y estrecha
entre sus brazos á Serafina dormida, pero en el mismo instante suenan
dos tiros detrás de la escena, y el raptor y la robada caen en tierra
llenos de sangre.
_Manos blancas no ofenden._--Este drama es una de las composiciones más
admirables y de mayor mérito entre las de su clase, por su enredo, hábil
y dramático, en lo general, así en la traza como en el desempeño,
interesándonos por lo mismo, y llevando el sello más esplendente de
sublime poesía. Serafina, la joven princesa de Ursino, se ve perseguida
en su corte por muchos pretendientes á su mano, siendo el más favorecido
su primo Federigo, que la ha salvado recientemente de un incendio con
peligro de su vida. Este Federigo, ahora enamorado de ella, es infiel
por esta causa á su antigua amada Lisarda, la cual (usando del ardid,
tantas veces empleado por Tirso de Molina), se disfraza de hombre, y
llega á la corte bajo el nombre del príncipe César de Orbitel para
oponerse á los planes de su infiel amante. Al mismo tiempo el príncipe
Don César, mancebo de singular belleza, casi femenina, y con el objeto
de escapar de la solícita y angustiosa ternura de su madre, se viste á
su vez de mujer, y con este disfraz se pone en camino hacia Ursino, para
formar también parte de la turba de pretendientes: un suceso casual le
impide abandonar sus vestiduras en ocasión oportuna, y llega así á la
corte de Serafina. El nuevo Aquiles de Sciros mueve entonces en la
Princesa un sentimiento amoroso, que ella confunde con la amistad.
Compréndese fácilmente el partido ingenioso, que el poeta obtiene de
esta situación, á cuyo desarrollo contribuyen también otros hechos, que
utiliza, no siendo posible exponerlo por los límites estrechos á que
hemos de reducirnos. El desenlace consiste en que Serafina, cuando Don
César al fin se descubre, le ofrece su mano, puesto que su corazón era
ya suyo, y Federigo, curado de su olvido pasajero, vuelve apasionado á
los brazos de su primera amada.
_Un castigo en tres venganzas_[122].Calderón--Esta pieza no es de las
más ingeniosas de Calderón, aunque no pueda negársele el mérito de
inspirar vivísimo interés. El duque de Borgoña sabe, con seguridad, que
un caballero de su corte tiene relaciones sospechosas con sus enemigos,
pero ignora cuál es el culpable. Clotaldo, favorito del Duque, en quien
el espectador cree descubrir desde el principio al criminal, intenta
descargarse de esta sospecha en un cierto Federico: este último,
indignado, desenvaina su espada en presencia del Duque, y es desterrado
de la corte por esta causa, triunfando tanto más Clotaldo, cuanto que,
de esta manera, se ve libre de un rival en sus pretensiones amorosas
para conquistar á la bella Doña Flor, hermana del anciano Manfredo.
Federico se ve obligado á desterrarse, abandonando á su amada al mismo
tiempo que su patria. Doña Flor, afligida por esta separación, lo es más
todavía á consecuencia de otro suceso. Una de sus amigas ha dado una
cita secreta en el aposento de Doña Flor al joven Enrico, sobrino del
Duque; encuéntrase este último allí, cuando entra también Clotaldo, que
ha sobornado á una doncella; surge de aquí una riña entre ambos
caballeros, y Enrico, herido mortalmente, cae en tierra, y Clotaldo se
escapa enmascarado y sin ser de nadie conocido. El choque de sus
espadas, en la pelea, hace venir á Manfredo. Flor es sorprendida junto
al cadáver ensangrentado, y, en este apuro y para salvar su honor,
declara que ella misma le ha dado muerte por defender su honra. Manfredo
se ve en el mayor embarazo, porque si se averigua que el muerto, que hay
en su casa, es sobrino del Duque, corre peligro su vida, resolviendo
entonces alejar de allí secretamente el cadáver. Federico, mientras
tanto, se junta casualmente con el Duque y su favorito Clotaldo en una
cacería, á que asisten ambos en los montes; el Duque se había quedado
dormido, y Clotaldo se acercaba á él para perpetrar su traición y
matarlo, cuando se presenta Federico de repente, arrebata el puñal al
traidor y salva la vida del Duque; éste despierta al ruido, que ambos
hacen, pero el astuto Clotaldo se da trazas de hacerle creer que él ha
sido su salvador y Federico el que ha intentado asesinarle, por cuya
razón se prohibe al último, bajo pena de muerte, su presencia en los
dominios del Duque. Poco después sabe el desterrado, por uno de sus
servidores, que se ha visto bajar de noche á un hombre disfrazado del
balcón de Doña Flor, por lo cual, lleno de celos, toma la resolución de
penetrar en la ciudad. Lo hace así, como si fuese un mozo de cordel;
preséntase en la casa de Manfredo, y lo ocupan en llevarse el cadáver de
Enrico; pero lo prenden después en la calle, lo toman por el matador, es
condenado á muerte, y puesto en manos de Manfredo para que éste se
encargue del cumplimiento de la pena. Clotaldo, mientras tanto, ha
forjado un nuevo plan para llevar á cabo sus aleves proyectos; ataca al
Duque, pero es desarmado y herido mortalmente, confesando al morir su
traición, que él ha sido el matador de Enrico, y sus asechanzas para
robar el honor á Doña Flor; quéjase ya el Duque de la ejecución, harto
precipitada, de Federico, y visita arrepentido su sepulcro; Manfredo
levanta la piedra, que lo cubre, y sale de él Federico lleno de vida,
porque una bebida soporífera, para simular que se había ejecutado el
suplicio, lo ha privado transitoriamente del uso de sus sentidos; el
Duque lo abraza lleno de júbilo, y, para compensar las injusticias, que
ha cometido con él, le concede el cargo de Clotaldo, y corona su ventura
casándose también al cabo con Doña Flor, su siempre fiel amada.
_Amigo, amante y leal._--Se funda en esa lucha, tan repetida, entre
diversos deberes; el héroe vacila y duda, impulsado á un tiempo por el
amor, por la amistad y por la fidelidad, que debe á su Soberano,
llevando tan lejos su abnegación hacia su Príncipe, y su amigo, que
hasta se halla dispuesto á sacrificarle su misma amada, y surgiendo de
esta complicación de sucesos un nudo muy intrincado, si bien termina al
fin en el objeto que se desea, esto es, en el acuerdo más puro y
perfecto entre estos tres móviles, antes contrapuestos.
_Mujer, llora y vencerás._--El lugar de la acción es Alemania, y el
argumento, una contienda fingida entre la hija y heredera del landgrave
de Hesse, y sus primos, los príncipes de Lorena. Su plan es muy
ingenioso é interesante; pero en su desarrollo se nota ese cálculo frío,
y esa falta de movimiento y de poesía, que distingue algunas de las
últimas obras de este poeta.
_Lances de amor y fortuna._--Los extraños caprichos de la suerte, que,
con frecuencia, dispensa al indigno los honores y todo género de
felicidades, y deja perecer al digno en la indigencia, constituyen el
fin de este drama. Rugero salva la vida á la condesa Aurora de
Barcelona, á quien ama, y apela á todo linaje de sacrificios heróicos
por ganar su corazón; pero un concurso fatal de circunstancias hace que
el premio de todos sus actos lo recoja su rival, y hasta que su amada
los desconozca, logrando, al fin, abrir los ojos de Doña Aurora, la
cual, por otra parte, siempre le ha mostrado cierta inclinación.
_Agradecer y no amar._--Es una novela en forma dramática, sólo mediana
en su invención y desempeño.
_Para vencer amor, querer vencerlo._--Menos rica en su acción exterior
que la mayor parte de las comedias de Calderón, no desmerece, sin
embargo, de tan gran maestro por su delicadeza psicológica, y por el
conocimiento sorprendente, que revela, de los móviles más recónditos del
corazón humano. Ya su título deja adivinar, que el triunfo de la razón y
de la voluntad sobre la pasión es el motivo capital de esta comedia.
César de Colonna, enamorado ciegamente de la bella Margarita, y ya en
vísperas de casarse con ella, oye de sus labios la confesión, de que no
puede amarlo, aunque lo juzgue digno de ella, bajo todos aspectos, y que
sólo ha dado su consentimiento á ese enlace en consideración á los
deseos de sus padres. Suplícale, pues, que no celebre con ella sus
bodas, y, á la vez, que no descubra su declaración secreta ni al público
ni á su padre, sino que esquive el casamiento aduciendo cualquiera otro
pretexto plausible. La sorpresa y la pena de César es extremada, y al
principio no sabe qué hacer; pero cuando ella lo conjura por el mismo
amor, que le profesa, que acceda á sus ruegos, acaba al fin por
prestarse gustoso á sus deseos. So color, pues, de creerse indigno de
Margarita, abandona á su patria con el corazón desgarrado, y se decide á
hacer la guerra esperando encontrar en ella la muerte, ó, por lo menos,
ganar por sus méritos el corazón de Margarita. Congraciándose después
todo el favor del emperador Federico III, es bastante afortunado para
prestar servicios importantes á Margarita; pero mostrándose ésta todavía
reservada y sin pasión hacia él, invoca en su ayuda el auxilio de la
razón y del honor, y vence de esta manera las sugestiones de su amor.
_De una causa dos efectos._--Ya indicamos antes la semejanza de esta
comedia con una de las mejores de Fletcher, titulada _The Elder
brother_, y enunciamos las sospechas, de que uno de estos dos poetas
pudiera haber aprovechado el trabajo del otro; pero es preciso
rectificar esta opinión, porque el drama español, por su estilo, ha de
ser uno de los últimos de Calderón, no pudiendo haberse escrito antes
del año 1625, en que murió Fletcher, y no siendo verosímil, bajo ningún
concepto, que el español pudiera haber conocido el del inglés. La
analogía, pues, que hay entre ambas comedias, dimana probablemente de la
circunstancia de haber empleado ambos en su composición un pensamiento
muy manoseado por los novelistas más antiguos, á saber: que el amor hace
sabio al más estúpido (véase la novela de Bocaccio de _Simón é
Ifigenia_: _Decamerón_, jornada 5.ª, novela 1.ª) Calderón nos ofrece ese
efecto del amor en un hijo del duque de Mantua, y lo contrario en un
hermano suyo, de cuyo contraste resulta un drama muy ingenioso.
_Nadie fíe sus secretos._--Tiene alguna semejanza con una comedia, _Yo
me entiendo_, que lleva, ya el nombre de Lope de Vega, ya el de
Calderón; pero, según todos los indicios, pertenece al primero, porque
no hay que pensar siquiera que sea obra de Calderón. La acción, que
forma el fondo de ambas composiciones, es parecida á la de _La quinta de
Florencia_, de Lope, y sacada probablemente de la misma novela de
Bandello: _Yo me entiendo_ es más semejante á esa novela, mientras que
_Nadie fíe sus secretos_, manifiesta mayor libertad en el manejo del
asunto, y sólo la recuerda desde lejos. El protagonista del drama de
Calderón es el famoso Alejandro Farnesio, duque de Parma, y el
pensamiento fundamental de la fábula, que el Príncipe y su favorito Don
César aman á la misma dama, intentando siempre el primero, instruído del
secreto de los amores de ambos, evitar á todo trance la ocasión de que
se vean, y de que lleven á cabo su resolución de huir juntos, aunque,
después de algunos combates consigo mismo, deja la dama á su amigo. La
acción, en cuanto á riqueza de detalles y á interés, vale poco
seguramente; no así los caracteres, en cuya traza ha sido feliz el
poeta.
_El alcaide de sí mismo._--Calderón, en esta comedia agradable, parece
que renuncia á su estilo ordinario, y sigue más bien los pasos de Lope
de Vega. El argumento es el siguiente: El príncipe Federico de Sicilia
ha dado muerte en un torneo, en Nápoles, al sobrino del Rey, huyendo
luego para no ser perseguido. Nadie presume quién pueda ser el matador,
porque el Príncipe, á causa de la enemistad, reinante há largo tiempo,
entre Nápoles y Sicilia, se ha presentado de incógnito y con la visera
calada. Para asegurar más su huída, se despoja en un bosque de sus
vestiduras lujosas, sustituyéndolas con un traje muy pobre, con el cual
implora luego el auxilio de una señora principal, cuyo palacio encuentra
á su paso; pretexta ser un mercader, que ha caído en manos de
salteadores, y la compasiva señora, no sólo le promete su protección,
sino que manifiesta agradarle mucho su trato, y lo nombra representante
suyo en el castillo. Sabe él entonces, con horror, que su bienhechora es
la princesa Elena, hermana del que ha muerto á sus manos, y empeñada á
todo trance en apoderarse de su matador. Al principio, sin embargo, no
teme ser descubierto, puesto que nadie lo ha visto en Nápoles, excepto
la infanta Margarita, hija del Rey, con la cual ha entablado relaciones
amorosas, á consecuencia de un encuentro casual, habido entre ambos.
Mientras tanto, un campesino sencillo, pero algo travieso, llamado
Benito, ha encontrado en el bosque los vestidos del caballero,
poniéndoselos para que sus compañeros lo contemplen con tan inusitada
vestimenta; apodéranse de él los emisarios del Rey, encargados de
aprehender al matador de su sobrino, y lo llevan preso á la corte; sus
trazas rústicas se interpretan como obra del disimulo, y creyendo el Rey
que tiene en su poder al caballero fugitivo, lo envía á la princesa
Elena para que lo guarde en su castillo. Ésta á su vez lo entrega al
príncipe Federico para que lo custodie, de suerte que el último viene á
ser el alcaide de sí mismo. La infanta Margarita se da trazas de
penetrar en el castillo para ver allí á su amante, y el alcaide,
sabiéndolo, representa el papel del preso, pudiéndose presumir de
antemano cuáles son las situaciones interesantes, que surgen por obra
del poeta de este extraño _quid pro quo_. Compréndese ya, después de lo
dicho, que la princesa Margarita averigua el secreto, y que ambos llevan
el engaño hasta el punto de que el Príncipe consiga su perdón, y de que
obtengan el beneplácito del Rey para contraer matrimonio.
_La señora y la criada[123]._--Es una comedia muy interesante, en
general, y muy superior por su vuelo poético á las composiciones
dramáticas que se distinguen con ese nombre, y demuestra al mismo
tiempo, de la manera más brillante, los talentos de Calderón para lo
cómico propiamente dicho. La princesa Diana de Mantua ha sido prometida
por su padre al duque de Milán; pero ama al príncipe Clotaldo de Parma,
que la corresponde apasionadamente, pero no puede enlazarse con ella en
matrimonio, por la enemistad antigua que hay entre las dos casas
reales. Cuando se acerca el día en que Diana ha de casarse con el odiado
Duque, resuelve Clotaldo robarla; pero, por una casualidad, roba á una
labradora que se ha vestido el traje de la Princesa. Diana, al mismo
tiempo, para evitar esas bodas odiosas, se ha escapado, vestida de
aldeana, de la corte de su padre, siendo llevada á Parma por un
accidente imprevisto, que ha inutilizado su carruaje. Por la
circunstancia, pues, de que la campesina robada es para todos la
Princesa, fuera de los que conocen el secreto, pasa Diana desapercibida
en el traje impropio de su clase, que la cubre, y forja un enredo muy
divertido, en que el mismo duque de Milán renuncia á su prometida
esposa, y Clotaldo se casa al cabo con su querida Diana.