uno de los trabajos más delicados y perfectos de Calderón, y que se
distingue por su profundidad psicológica, por su análisis perspicaz del
corazón humano, porque encadena nuestra atención, y por el enlace feliz
que se observa entre su argumento y sus situaciones interesantes y
bellas. La comparación de este drama con los datos históricos, que le
han servido de base, prueba el arte inimitable del poeta para dramatizar
y pulimentar una anécdota descarnada é insignificante, no exenta tampoco
de cierta repugnancia. Su enredo, en la esencia, consiste en que el rey
de Aragón menosprecia el amor de su esposa, prefiriendo á Doña Violante,
dama de su corte. Sucede casualmente, que, estando la Reina de noche en
una ventana de la habitación de Violante, se acerca á ella el Rey, y la
requiere, engañado, de amores; la prudente señora finge, en efecto, ser
Violante; acepta sus tiernas declaraciones, y lo provoca á llevar
adelante sus propósitos. Con la repetición de estas entrevistas en la
reja de la ventana, conquista de tal modo la Reina el corazón de su
infiel esposo, que, cuando el misterio se aclara, se precipita éste en
sus brazos arrepentido y avergonzado. Éste es sólo un ligero bosquejo
del argumento, exornado con muchas otras escenas curiosas.
_Saber del mal y del bien._--Más sencilla en su traza, y de un fondo
menos rico que la mayor parte de las obras de nuestro poeta, sobresale
ésta, sin embargo, por su pintura de afectos. La noble y firme amistad
de los magnánimos Don Pedro y Don Alvaro nos recuerda la excelente
comedia de Alarcón, titulada _Ganar amigos_. En la dramatización de las
noticias históricas, fundamento de este drama, ha usado el poeta de la
mayor libertad. Don Alvaro es hijo de Alvarez d'Armada, conde de
Abranches, cuya historia cuenta La Clede, en su _Histoire du Portugal_,
y el suceso trágico, que Don Alvaro refiere á Don Pedro de Lara, es la
catástrofe del infante Don Pedro de Portugal, trocados los nombres.
Mayor es todavía la libertad que se ha tomado el poeta con la historia
de España, puesto que nos ofrece un Don Alfonso, rey de Castilla y de
Aragón.
Pasamos ahora á las comedias, cuyos materiales provienen de las
historias de la antigüedad ó de la de pueblos distintos del español, de
la época moderna. Encuéntranse en esta clase algunas de las mejores
composiciones de Calderón, pero también otras muchas de las más débiles.
Las primeras, como es natural, serán las preferidas.
_En esta vida todo es verdad y todo es mentira._--Las fuentes, indicadas
en la nota que va al pie de estas líneas, si se consultan, harán ver la
libertad extraordinaria con que Calderón ha utilizado esos hechos
históricos[105]. Hace á Heraclio hijo de Mauricio. Supone, que, en vida
del último, hubo una reina de Sicilia y un duque de Calabria, vasallos
del imperio de Bizancio, lo cual basta para demostrar cuán poco tuvo en
cuenta la verdad histórica. El fundamento especial de su drama es un
suceso contado por Baronio en sus _Anales eclesiásticos_, según el cual,
después que Focas hizo matar á los hijos de Mauricio en presencia de su
padre, intentó la nodriza de los Príncipes suplantar, en lugar de uno
de los condenados á muerte, á un hijo suyo para conservar de este modo
la vida de un descendiente de la regia estirpe; pero esa tentativa no
pudo realizarse. Calderón finge que Heraclio, hijo de Mauricio, escapó
efectivamente de la matanza de toda su familia, y que el usurpador Focas
no se creía seguro hasta encontrarlo también y matarlo. El tirano
encuentra, al fin, dos mancebos, criados en un desierto por un viejo
servidor de Mauricio, siendo uno de ellos hijo de su predecesor
asesinado, y suyo el otro, robado en sus primeros años. Las dudas de
Focas acerca de cuál de ellos será Heraclio y la imposibilidad de
averiguarlo; sus sospechas y vacilaciones, impulsado, ya por el odio, ya
por el amor paternal; su deseo de hacer desaparecer al heredero legítimo
del trono, y al mismo tiempo el temor de dar muerte á su propio hijo,
forman el nudo principal del drama, siendo excelentes todas las escenas
que tienen relación inmediata con este motivo dramático. Es difícil
imaginar nada más poético que la descripción del Príncipe, criado en la
soledad, ignorante de su nacimiento, demostrando en la primera ocasión
que se le presenta su ingénita y natural nobleza. ¡De qué belleza tan
arrebatadora es la escena en que Focas encuentra á los dos jóvenes
Heraclio y Leonido ante la cueva en que viven, en los montes, y les
anuncia el primero que uno de ellos es de sangre real! Séame permitido
intercalar aquí parte de esta escena. Astolfo, el anciano criado de
Mauricio, descubre el secreto á Focas; le presenta á los dos mancebos, y
le dice:
ASTOLFO.
Ahora, con el resguardo
Que el uno en el otro halló,
Sabiendo que es tu hijo el uno,
Podrás matar á los dos.
FOCAS.
¡Qué escucho y qué miro!
CINTIA.
¡Extraño
Suceso!
FOCAS.
¿Quién, cielos, vió,
Que cuando de mi enemigo
Y mía buscando voy
La sucesión que afligía
Mi vaga imaginación,
Tan equívocas encuentre
Una y otra sucesión,
Que impida el golpe del odio
El escudo del amor?
Mas tú dirás uno y otro
Quién es.
ASTOLFO.
Eso no haré yo.
Tu hijo ha de guardar al hijo
De mi rey y mi señor.
FOCAS.
No le valdrá tu silencio;
Que la natural pasión,
Con experiencias dirá
Cuál es mi hijo y cuál no,
Y entonces podré dar muerte
Al que no halle en mi favor.
ASTOLFO.
No te creas de experiencias
De hijo á quien otro crió;
Que apartadas crianzas tienen
Muy sin cariño el calor
De los padres; y quizá,
Llevado de algún error,
Darás la muerte á tu hijo.
FOCAS.
Con eso, en la obligación
De dártela á ti me pones,
Si no declaras quién son.
ASTOLFO.
Así quedará el secreto
En seguridad mayor;
Que los secretos, un muerto
Es quien los guarda mejor.
FOCAS.
Pues no te daré la muerte,
Caduco, loco, traidor;
Sino guardaré tu vida
En tan mísera prisión,
Que lo prolijo en morir
Te saque del corazón
A pedazos el secreto.
(_Echale en el suelo, y levántanle Heraclio y Leonido._)
HERACLIO.
No le ultraje tu furor.
LEONIDO.
No tu saña le maltrate.
FOCAS.
¡Pues qué! ¿Amparáisle los dos?
LOS DOS.
Si él nuestra vida ha guardado,
¿No es primera obligación
De todos guardar su vida?
FOCAS.
¿Luego á ninguno mudó
La vanidad de que pueda
Ser hijo mío?
HERACLIO.
A mí no;
Porque más quiero (otra vez
Digo) morir al honor
De ser legítimo hijo
De un supremo Emperador,
Que vivir de una villana
Hijo natural.
LEONIDO.
Y yo,
Que aunque ser tu hijo tuviera
A soberano blasón,
No me ha de exceder á mí
Heraclio en la presunción
De ser lo más.
FOCAS.
¿Y es lo más
Mauricio?
LOS DOS.
Sí.
FOCAS.
¿Y Focas?
LOS DOS.
No.
FOCAS.
¡Ah, venturoso Mauricio!
¡Ah, infeliz Focas! ¿Quién vió
Que, para reinar, no quiera
Ser hijo de mi valor
Uno, y que quieran el tuyo
Serlo, para morir, dos?
Si lo restante de este drama fuese igual á lo que antecede, había de
clasificarse entre los más notables escritos por Calderón; pero el
poeta, al comedio de su obra, ha añadido algo soñado y fantástico á la
acción para hacer sensible la idea de que _en esta vida todo es verdad y
todo es mentira_; y, aunque en ella se admiren muchos rasgos atrevidos y
poéticos de mérito extraordinario, sin embargo, nos vemos obligados á
deplorar su extravío, imprimiendo en este argumento grandioso y
eminentemente trágico, una modificación más propia de ópera que de
drama. Podría esperarse de Corneille, que, al escribir su _Heraclio_,
tuvo á la vista la comedia española[106], hubiese reformado el plan de
Calderón, haciéndolo más consecuente consigo mismo; pero, muy lejos de
esto, el francés ha desfigurado lo más importante que le ofrecía el
español, no resultando de su trabajo sino una pieza de intriga ordinaria
y medianamente confusa. Hasta en la misma Francia ha habido unanimidad,
desde lo antiguo, en censurar los defectos de esta tragedia.
_El mayor monstruo, los celos_[107].Calderón--Este drama es una
verdadera tragedia, en que domina el destino, y uno de los primeros
gérmenes de esos cuadros monstruosos, creados por una imaginación
impotente y ávida de lo extraordinario, que pulularon por los teatros
alemanes al conocerse las obras de Calderón; pero ¡cuán profunda é
ingeniosa es la idea, que nos ofrece nuestro poeta de esa fatalidad,
ofreciéndola como el presentimiento del alma que penetra angustiosa en
lo porvenir! Marianne cuenta á Herodes, que la ama tiernamente, cierta
profecía de un astrólogo, según la cual, ella misma sería sacrificada
por el mayor monstruo del mundo, y que su esposo había de matar con su
puñal á la persona á quien más amase sobre la tierra. El Tetrarca
procura sosegar á su esposa, y tira á la mar su puñal para hacer vana la
profecía. En el mismo instante se oye un grito de dolor detrás de la
escena; preséntase en ella un cierto Ptolomeo, herido por la caída del
arma, lleno de sangre y clavado el puñal en la herida, devolviendo de
este modo el instrumento fatídico á las manos de su dueño; Marianne
tiembla, al observarlo, pero ocurren otros sucesos, que la distraen de
esa temible profecía. Antonio y Cleopatra han sido vencidos por
Octaviano, y el Tetrarca, auxiliar de los primeros, vencido también.
Aristóbolo, hermano de Marianne, enviado por él al campo contra
Octaviano, hace prisionero á su cuñado, y lo lleva ante el vencedor. Ve
entonces, en poder de Octaviano, un retrato de Marianne, arrancado á
Aristóbolo por el primero, y poco después, otro igual, pero de mayor
tamaño, que Augusto, inflamado de amor al verlo, ha hecho copiar del
primitivo. Herodes, lleno de rabiosos celos, intenta matar á Octaviano
al entrar en su tienda; pero en el mismo instante el retrato de Marianne
se cae, y se interpone entre uno y otro, y el puñal lo atraviesa de
parte á parte. Es sorprendente el arte del poeta en mantener vivo en los
espectadores, por esos diversos signos, el presentimiento de la suerte
final que espera á Marianne. El puñal se queda en poder de Octaviano, y
el Tetrarca es encerrado en la cárcel. Sentenciado á muerte, despacha un
mensajero á Ptolomeo con una carta secreta, en la cual le encarga que
mate á Marianne, en cuanto tenga noticia segura de su muerte; pero esta
carta llega á las manos de Marianne, indignada con extremo de la injusta
sospecha de su esposo: pide primero á Octaviano su perdón, y lo
consigue, retirándose luego á sus habitaciones más escondidas, por haber
anunciado á Herodes que no la verá más en su vida. Herodes, furioso por
haber descubierto Ptolomeo su secreto, intenta matarlo; Ptolomeo busca
su refugio en Octaviano, y lo lleva de noche, para vengarse de Herodes,
al aposento de Marianne. Ésta se opone á la entrada de su visitador, y,
no pudiendo lograrlo, le arrebata el puñal para defender su honor; pero
al reconocer esta arma fatídica de su esposo, la arroja al suelo y huye.
En seguida se presenta el Tetrarca, á quien los criados cuentan la
escena ocurrida: juzga manchado su honor, recoge el puñal, y se empeña
en matar á Octaviano; la primera persona, que se le acerca, cae en
tierra muerta de una puñalada; engañado por las tinieblas de la noche,
asesina á su propia esposa. Cuando conoce su yerro, se precipita
desesperado en la mar. Sus últimas palabras son:
Yo no la he dado muerte.
* * * * *
.........El destino suyo,
Pues que muriendo á mis celos,
Que son sangrientos verdugos,
Vino á morir á las manos
Del mayor monstruo del mundo.
_Los cabellos de Absalón_[108].Calderón--Esta magnífica tragedia ocupa
lugar preferente entre las obras de nuestro poeta: la vida poderosa, que
bulle en ella; su movimiento solemne é imponente, y el gran número de
sus bellezas aisladas, brillantes, ó graciosas, ó duras, ó apasionadas,
juntamente con el delicado sentimiento artístico, que modela todas sus
partes, pintando con la mayor naturalidad las aberraciones más
vehementes de la pasión, no son parte bastante á perturbar en lo más
mínimo la tranquilidad y la belleza ideal, que reunen en todo el
conjunto de este cuadro sublime. Las luchas de los hijos desobedientes y
degenerados del anciano David contra su padre; la dulzura y longanimidad
de éste con los crímenes que cometen, causa principal de acrecer aún más
su rabia, y disminuir el amor que le profesan, tales son los fundamentos
de esta composición dramática, de arrebatadora belleza. Desde la
soberbia escena inicial, en la cual sobre la pompa del triunfo se ve
asomar ya la próxima desdicha, como nube tempestuosa, corre la acción
con fuerza irresistible siempre más sombría y enérgica en su progreso,
hasta encontrar en el incesto de Annon con Tamar hecho suficiente para
precipitarse con inaudita violencia en profundísimo abismo. La escena
del incesto es horriblemente bella, y demuestra el poder del arte del
poeta, que ha sabido presentar un acto de la inmoralidad más repugnante,
sin hacer impresión alguna de disgusto, sino, al contrario, inspirando
un horror puramente ideal. No menos admirable, y tan resplandeciente de
la más sublime poesía, es la escena de la muerte de Absalón; pero ¿á qué
señalar sus perfecciones aisladas, cuando este drama, en la construcción
simétrica de tan escogidos materiales, forma un todo perfecto?
Infinitamente más inferior es _Judas Macabeo_[109], que, con arreglo á
su plan primitivo, había de constar de dos partes, pero no se ha
terminado más que la mitad. Así este drama, como los que le subsiguen
inmediatamente, son, en nuestro juicio, composiciones dramáticas de las
más inferiores de nuestro poeta. No es posible censurar que los datos
históricos se hayan revestido de un disfraz romántico, por estar esto de
acuerdo con la práctica constante de todos los poetas españoles; pero es
verdad que Calderón ha manejado la historia antigua harto
arbitrariamente, desfigurándola sin motivo, debiendo extrañarnos aún más
la frecuencia con que viste con frases huecas y pomposas la desnudez,
mal encubierta, y lo indeciso de las formas, que han de representar á
los héroes griegos y romanos. La observación de Schlegel, calificando de
majestuosa hipérbole á esa manera especial de presentarnos la historia
romana, no tiene, al parecer, fundamento serio.
_Las armas de la hermosura._--La historia de Coriolano es una de las
obras más desgraciadas de Calderón. El héroe romano es aquí general á
las órdenes de Rómulo, y, sin embargo, ya se han sometido al imperio
romano España y Africa, y Roma es dueña del mundo, y llamada la rival de
Jerusalén. Coriolano aparece transformado en un galán del siglo XVII,
con capa y espada, muy puntilloso en cuestiones de honor, y amable y
enamorado con las damas; promueve una rebelión popular, por haber
establecido el Senado, en una ley, que las mujeres no han de ponerse
afeites ni llevar piedras preciosas; un senador perece en esta sedición,
y su principal autor es desterrado por este motivo. La dicción es
enfática y alambicada, y los personajes desaparecen por su falta
exagerada de consistencia. De algunos pasajes de ella, por ejemplo, el
del ruego, que dirige el gracioso al apuntador para que no lo empale, se
podría presumir que el poeta se propuso tratar este argumento
irónicamente, pero siempre resulta claro que esa ironía no resplandece
por igual en toda la composición. Dios sólo sabe cuáles fueron las
fuentes históricas, que hubo de consultar Calderón; pero no hubo de
conocer los datos verídicos, que, acerca de Coriolano, se encuentran en
Plutarco y en Tito-Livio (II, 34-40). Esta comedia no merece compararse
con el Coriolano de Shakespeare.
_Darlo todo y no dar nada._--Parece asimismo fruto de una inspiración
poética, ya cansada, y digna sólo del gran vate en sus rasgos cómicos.
Su asunto es la historia de Apeles y de Campaspe, según Plinio (_Hist.
nat._, 35 y 36).
_El segundo Scipión._--Lo histórico proviene de Tito-Livio (XXVI, XXVII
y L), pero muy desfigurado. Scipión, el más joven, se transforma en una
copia del más desventurado de todos los reyes españoles, esto es, de
Carlos II.
_Duelos de amor y lealtad._--La adulación de comparar á Carlos II, sin
actividad ni energía, nada menos que con Alejandro Magno, que sale al
campo contra Tiro, es demasiado grosera. El estilo es defectuoso,
hinchado y lleno de hojarasca. Al hacer la descripción de la conquista
de Tiro, parece haber utilizado la de esta ciudad que se encuentra en
Curcio, lib. IV, cap. 4.º[110].
_La gran Cenobia_[111].Calderón--Para no terminar esta clase de dramas
despojando á Calderón de sus brillantes cualidades, hemos dejado éste
para el último lugar. En él forman el poderoso imperio de Occidente y el
Oriente misterioso, la rápida elevación y pronta caída de Aureliano, la
muerte de la gran reina de Palmira, y el contraste de estos dos
caracteres extraordinarios, que se asimilan recíprocamente; forman,
repetimos, un cuadro de brillante colorido y tonos vivísimos, cuya
magnificencia se realza más por su dicción atrevida y llena de imágenes,
acomodada á la índole especial del asunto.
[Illustration]
[Illustration]
CAPÍTULO X.
_La hija del aire._--Comedias mitológicas y otras caballerescas y
novelescas de Calderón.
_La hija del aire._--Puede clasificarse entre las comedias históricas y
mitológicas. Las narraciones tradicionales de los antiguos, acerca de
_Semíramis_[112], se aprovechan en las dos partes de esta tragedia con
sumo ingenio, trazando una obra brillantísima, que nos arrebata tanto
por su soberbio colorido, cuanto nos admira por el arte magistral, con
que están dispuestas las grandes masas de esta composición, tan
exuberante en riqueza, y formando un conjunto acabado y harmónico en sus
diversas partes.
Semíramis, hija de una sacerdotisa de Diana, milagrosamente nacida,
amparada por Venus y perseguida por Diana, yace prisionera, desde los
primeros años de su juventud, en un lugar montañoso y solitario, porque
un oráculo ha anunciado que llenará á la tierra de horrores y desdichas,
que transformará á un Príncipe en tirano, y que se precipitará al cabo
en el abismo desde inconmensurable altura. Las precauciones humanas, sin
embargo, son insuficientes para detener el cumplimiento del oráculo.
Menón, el victorioso general de Nino, llega, en una expedición guerrera,
á la caverna que guarda á beldad tan extraordinaria, y la contempla á la
luz del día, sin hacer caso alguno de la voz amiga, que intenta
disuadirlo de su propósito. El sacerdote, encargado de su guarda, se
suicida al ver que se rompen sus cadenas, y que inundarán al mundo las
desdichas anunciadas. Pronto empieza á cumplirse el oráculo. Apenas
contrae matrimonio con Menón esta mujer infernal, cuando atrae la
atención del Rey con sus mágicos encantos; guiada por un poder
sobrenatural, que la arrastra á llenar en todas sus partes los acuerdos
del destino, se arroja en brazos del soberano, y comparte con él el
trono. Menón sucumbe, y es su primera víctima. Nino lo manda cegar para
hacerlo inofensivo, y mientras Semíramis es proclamada reina del mundo,
profiere su primer esposo contra ella terribles maldiciones. El cielo
las acompaña con tempestades y truenos, pero también Nino perece por
obra del bello dragón, cuya mirada mata. Semíramis pasa por encima de su
cadáver, por mandar sola, y encierra en la cárcel á su hijo Ninias,
quedándose señora y soberana única de inmensas regiones. Los pueblos
vecinos le hacen la guerra; pero ella, sonriéndose, menosprecia á esos
desdichados, y mientras sus damas la revisten de trajes preciosos y
peinan sus cabellos, entona cánticos agradables, y corre después á la
pelea; vence como si se tratara de un juego de niños, y del campo de
batalla vuelve en seguida á su tocador.
El orgullo de la Reina ha irritado al pueblo. Los rebeldes sacan á
Ninias de su prisión, y lo proclaman Rey. La afligida Semíramis se
retira á los aposentos más escondidos de su palacio; el joven Rey no
hace caso de los favoritos de su madre, y, sobre todo, del más
influyente, del almirante Frixo, y distribuye entre sus sectarios los
cargos más importantes. Semíramis, mientras tanto, ha formado en su
soledad el plan más temerario para recuperar de nuevo el mando. Ninias
es tan semejante á ella en facciones y en cuerpo, que, con traje de
hombre, puede confundirse con él. Con ayuda, pues, de Frixo, se desliza
de noche en la alcoba de su hijo, lo arranca de allí y lo encierra en un
lugar alejado del palacio real; se pone sus ropas y gobierna como si
fuese Ninias, ignorándolo todos menos Frixo. Anúlanse entonces muchos
actos del gobierno del Rey; sus favoritos caen en desgracia; el falso
Ninias ofrece la esposa prometida del verdadero á su auxiliar Frixo, que
la pretende; la confusión es completa; las leyes del espíritu humano que
siempre han regido al mundo, se muestran entonces trastornadas, y sólo
Frixo comprende la razón del laberinto en que toda la corte se
pierde[113]. Por último, estalla nueva guerra con los pueblos
inmediatos, y Semíramis perece en la contienda. El imperio se ve en el
mayor peligro; el pueblo comprende que sólo su gran Reina podrá
salvarlo, y se precipita en el aposento, en donde yace escondida, pero
en su lugar, y con admiración de todos, se presenta Ninias, á quien se
creía muerto. De esta manera se cumple en toda su extensión el oráculo:
el astro brillante, como un cometa mensajero de males, pero iluminando
también la tierra, se extingue al cabo, y las cosas siguen su curso
ordinario[114].
Las comedias mitológicas de Calderón fueron casi todas escritas por
orden del Rey, ó por algún otro motivo análogo, y se destinaban á ser
representadas en la corte, en ciertas ocasiones solemnes, en
casamientos, etc. Bajo este aspecto pueden calificarse de fiestas, á
cuya clase (para repetir una observación, hecha ya en lugar oportuno),
pertenecen también otras diversas históricas y sacadas de los romances
caballerescos. Refiérense particularmente á estas fiestas las notables
palabras de Jovellanos, que dicen así:
«Todo se mejoró bajo sus auspicios (de Felipe IV), y el magnífico teatro
que hizo levantar en el Buen Retiro, abrió una escena muy gloriosa á los
talentos y á las gracias de aquel tiempo.
* * * * *
»La _música_, reducida primero á la guitarra y al canto de algunas
jácaras entonadas por ciegos, admitió ya el artificio _de la harmonía,
cantándose á tres y á cuatro_, y el encanto de la _modulación_, aplicada
á la representación de algunos dramas, que del lugar en que más
frecuentemente se oían tomaron el nombre de _zarzuelas_. La _danza_
añadió con sus movimientos, medidos y locuaces, nuevos estímulos á la
ilusión y al gusto de los ojos. La _pintura_ multiplicó los objetos de
esta misma ilusión, dando formas significantes y graciosas á las
máquinas y tramoyas inventadas por la mecánica, y animándolo y
vivificándolo todo con la magia de sus colores, Y la _poesía_, ayudada
de sus hermanas, desenvolvió sus fuerzas, desplegó sus alas, y vagando
por todos los tiempos y regiones, no hubo ni en la historia ni en la
fábula, en la naturaleza ni en la política, acciones y acaecimientos,
vicios ó virtudes, fortunas ó desgracias, que no se atreviese á imitar y
presentar sobre la escena.
»Entonces fué cuando todos los ingenios se ciñeron para buscar en ella
su interés ó su aplauso. Los empleos, la profesión y el estado no
detenían á ninguno en esta senda de gloria, y, animados todos por la
protección y la recompensa, se vió hasta dónde podía llegar en aquella
sazón el talento ayudado de la opinión y del poder. De innumerables
dramas que se presentaron á esta competencia, oimos todavía algunos con
gran deleite sobre nuestra escena; pero los de Calderón y Moreto, que
ganaron entonces la primera reputación, son hoy, á pesar de sus
defectos, nuestra delicia, y probablemente lo serán mientras no
desdeñemos la voz halagüeña de las musas.»