antecesores, y llevar el drama español á la posible perfección
artística, debía consagrar preferentemente su atención al estudio y á la
preparación más esmerada del plan dramático. Este era justamente el
flaco de la mayor parte de los poetas anteriores, aunque, por fortuna,
también á veces, hubieran llegado á una composición perfecta de sus
obras y que satisficiera al inteligente. Muchas críticas se habían hecho
de este defecto, por cuyo motivo nuestro poeta meditaba profundamente
sus asuntos hasta en sus pormenores más insignificantes: preparaba sus
bosquejos con el cuidado más rigoroso, y, sin duda alguna, antes de
escribir sus comedias, y de terminarlas, se daba cuenta de todas las
alternativas de la acción, de sus escenas aisladas y de su relación é
importancia recíprocas. Depuraba con su inteligencia perspicaz las
riquezas de su fecunda y chispeante fantasía y de su inventiva, y no
toleraba nunca en sus dramas sino lo que estaba justificado por el gusto
más exquisito y por las reglas más sensatas de la composición. Todas las
partes de este conjunto habían de estar en estrecho enlace con la
acción principal, y encontrarse todas simétricamente dispuestas entre sí
con referencia al todo, desterrando la costumbre de ofrecer escenas
interesantes sólo en sí, y sin consideración al argumento de la obra
dramática, que se desarrollaba, y de cuya licencia abusaron Lope de
Vega, y con más frecuencia el maestro Tirso de Molina. En la composición
dramática, tal como él la comprendía, debía haber siempre constante
movimiento interior, y cada escena influir enérgicamente en el
desarrollo de la acción principal; de un suceso debía siempre surgir
otro; en lo anterior indicarse ya lo que había de sucederle, y todos los
elementos aislados juntarse necesariamente para constituir un conjunto
harmónico. En este arte, sin disputa el peldaño más elevado de la poesía
dramática, es Calderón maestro consumado, y ningún otro poeta de su
nación se le asemeja en esta parte, ni aun de lejos. Séanos permitido
usar de una comparación para hacer más claro nuestro pensamiento. La
acción de sus piezas dramáticas se parece á una avalancha, que crece
siempre en extensión, y se precipita con celeridad siempre mayor por las
vertientes de las montañas, hasta que alcanza retumbando lo más
profundo; su desarrollo se hace siempre adelantando con paso seguro, y
cada vez más rápido, no deteniéndose hasta que llega á su término final,
y arrastrando con su poderosa fuerza cuantos obstáculos se oponen á su
precipitada marcha. De esta manera consiguió Calderón imprimir en sus
mejores obras tanta unidad, un interés tan vivo, cautivándonos y
dominándonos y poniéndonos en la imposibilidad de resistirlo, como es
también imposible la resistencia de un hilo de araña á la violencia del
huracán. Pero este arte suyo en componer es mayor de lo que aparece á
primera vista: para conocerlo en toda su extensión, es preciso examinar
las comedias, en que nuestro poeta se propone hacer alarde de ese don
particular, anudando sus hilos infinitos del modo más hábil para formar
un tejido maravilloso, cruzándose esos hilos de mil maneras, y, sin
embargo, sosteniéndose unos á otros, tomando, al parecer, distinta
dirección, y viniendo á parar al mismo punto para converger todos en un
foco ó centro común. Sin embargo, por grande que sea la complicación de
sus argumentos, domina siempre en su estructura la más transparente
claridad, y se ven á un mismo tiempo todas las partes de este edificio y
su destino arquitectónico. Continuando en este mismo terreno de la
arquitectura, se puede afirmar que las obras de Lope y de los que le
precedieron pertenecen al estilo, que antecedió á la perfección completa
del llamado gótico ó germánico, y encontrándose detalles superfluos y
excesivos, y relación poco harmónica entre ellos y muchos elementos,
que, si bien agradan á la vista, no tienen relación esencial con el
conjunto. En Calderón, por el contrario, observamos el sistema gótico en
su mayor perfección, como en esas obras maravillosas del arte de
edificar, en las cuales se eleva todo formando un organismo completo
como para confundirse con las nubes, y cuyos elementos, al parecer, más
insignificantes, son tan necesarios al todo, que éste no podía existir
sin ellos. Pero con dificultad bastará esta comparación para trazar y
dar á conocer por completo el arte profundo, que reina en la composición
de este poeta, y la transparencia que deja ver en todas las partes de
sus obras. Es preciso invocar, para comprenderlas, los palacios
encantados de los moros con sus ornamentos variados hasta el extremo,
entrelazándose mutuamente, y sus arabescos complicados bajo mil formas,
y añadir á esto la claridad del cielo del mediodía, bajo el cual todos
los contornos se destacan extraordinariamente, siendo así posible, que
la vista pueda seguir sin trabajo sus flexiones sinuosas, confundidas de
otro modo en un verdadero laberinto.
Esta habilidad dramática, que se revela en la disposición de sus planes,
no sólo comprende á todos los accesorios de la fábula, sino que se
extiende también, con su natural superioridad, á su versificación.
Distínguese ésta, no sólo por su extrema belleza y elegancia, sino que,
obedeciendo también en general á reglas fijas, se harmoniza en todo con
las diversas alternativas de la acción. Sus versos, con las formas más
varias y más escogidas, son propiamente á la vez como el resultado y el
fundamento de toda la composición; de la misma manera que las obras del
cincel y de la estatuaria, y las pilastras y torrecillas de una
catedral, reproducen en escala mínima la estructura del conjunto. Las
diversas rimas que usa Calderón en ésta ó aquella comedia, y en una ú
otra escena, se ajustan á las visicitudes aisladas del drama,
acomodándose á sus distintas inflexiones ó interrupciones de tal modo,
que, si tratándose de los poetas anteriores no aparece siempre la razón
de emplear en ciertos casos la octava ó la lira, la redondilla ó el
romance, en las obras de Calderón, al contrario, jamás ocurren estas
dudas. En virtud de este principio tan sensato, se aunan de un modo
maravilloso, con su perfecta aplicación, el estilo poético más elevado,
el más lozano y el más vivo. La manera de exponer de Calderón, ostenta
una riqueza portentosa de colorido; las comparaciones se suceden sin
cesar; todos los fenómenos del mundo, lo más grande como lo más pequeño,
la vida y la muerte, lo remoto y lo próximo, forman, en virtud de la
inspiración celestial del poeta (que celebra en la naturaleza el sello,
y como la sombra de un Sér supremo), un soberbio ramillete de flores, en
las perlas de cuyo rocío se refleja la perpetua belleza de lo
sobrenatural. Con un sentimiento entusiasta de la naturaleza, recorre
Calderón los mágicos jardines de la creación, y toda flor que abre ávida
su cáliz á la luz, el canto de todas las aves, el murmullo de todas las
hojas, anuncian el eterno misterio del amor. Así también su dicción
poética, con su dulzura y su flexibilidad, y con el vigor de sus
imágenes iluminadas por una luz interior, nos trasladan á un paisaje
meridional, bajo bosques de palmas y de cipreses, y teniendo por cúpula
el azul brillante de un cielo siempre puro; rosas y jazmines se ostentan
con las primeras galas de la primavera; dorados frutos se destacan de
las verdes hojas, y, en el fondo, se agita un mar sin límites, llenando
el alma, con el movimiento acompasado de sus olas, de sueños y poéticas
ilusiones.
De lo expuesto acerca de la manera de escribir de Calderón, se deduce,
sin esfuerzo, que ha de descollar con extremo en cuanto se refiere á la
impresión que hacen sus comedias y á su efecto teatral y escénico. La
traza artística y perfecta de sus planes, y su esmero en que reine en
toda la acción la unidad íntima más rigorosa, se proponían, sin duda,
alcanzar el fin que Calderón estimaba más por su importancia. Aunque es
una verdad que el propósito de hacer servir una fábula profunda y
poética al efecto teatral, puede considerarse como prenda casi general
de los dramáticos españoles, y que hasta las composiciones de Lope de
Vega, como lo demuestra su éxito extraordinario, estaban calculadas para
ponerse en escena, sin embargo, no se nota en ellas, en el mismo grado
que en las de nuestro poeta, la acertada distribución y economía de los
efectos escénicos y de los medios de conseguirlo: encontramos muchas
que, en ciertas escenas, excitan nuestro interés sobremanera, pero que
resultan desanimadas y frías en su conjunto. Con Calderón, al contrario,
cada resorte particular del interés tiende siempre á completar la
impresión total del drama, y cada escena en sí, por interesante y
seductora que sea, sólo tiene su verdadera significación en sus
relaciones con las demás, y en su unión con cada parte del argumento,
para producir un resultado único y final.
Bajo este aspecto, en cuanto á la maestría y el dominio de la escena,
quizás no reconozca rival alguno, entre todos los poetas dramáticos de
las diversas naciones, nuestro insigne dramaturgo castellano; y como ese
conocimiento con otras prendas superiores, constituye, innegablemente,
un elemento esencial del arte dramático, de aquí también que las
comedias de Calderón, sólo por este motivo, por poseer esa cualidad en
grado eminente, merecen también calificarse entre las que ocupan el
primer rango en el mundo. Este arte particular (que, en más ó en menos,
á nuestro juicio, resalta en todas las obras del poeta), se muestra muy
especialmente en dos especies de sus dramas. Son los primeros aquéllos,
en que acumula infinitos motivos dramáticos, variedad inagotable de
hechos y efectos escénicos, pero llevando las riendas de toda la acción
con mano tan segura y vigorosa, que esos diversos momentos confluyen en
un solo resultado, y recorren con firme paso la senda trazada para
alcanzar su último desenlace; cada efecto aislado aparece aquí sólo como
una preparación para el total del drama entero, y las varias situaciones
de los mismos se encuentran en una conexión tan íntima con todas las
escenas, que todos estos elementos unidos producen, al cabo, un efecto
grandioso y sublime. La segunda clase á que aludimos, que corrobora
nuestro aserto, comprende esos dramas, cuyo interés descansa
principalmente en motivos internos y en la pintura detallada de diversos
estados del alma, aunque, por esto mismo, parezcan menos ocasionados á
producir impresión escénica. Pero en éstas se muestra Calderón bajo su
aspecto más brillante, probando cuán profundo es su conocimiento de la
escena, y cuán incomparable su talento para corresponder á sus
exigencias. Sin alterar en lo más mínimo los recónditos senos en que se
mueve la vida del alma; sin falsear su análisis psicológico, sino, al
contrario, persiguiéndolo con tenacidad bajo todas sus formas, sabe dar
cuerpo á lo espiritual y transformarlo en acción viva y sensible, de tal
suerte, que hasta las evoluciones del alma, en sus momentos más
expresivos, parecen hacerse visibles. ¡Cuánto exceden sus dramas de esta
especie, como, por ejemplo, _Las cadenas del demonio_ y _El mágico
prodigioso_, á muchas obras maestras de la poesía moderna, que gozan de
gran fama y renombre!
No será ocioso, sin duda, hacer con este motivo una observación. Hemos
ponderado, como es justo, el efecto escénico de las comedias de
Calderón; pero no se crea por esto, que, al hacerlo así, aprobamos
también esos groseros golpes teatrales, esas toscas pinceladas, que,
contrastando con el tono de todo el cuadro, y perjudicando á la belleza
de su conjunto, no se proponen otro objeto que el aplauso de gentes,
poco cultas, y que, por estas razones, han de desterrarse de todas las
artes. Nuestro autor ha despreciado siempre esas tendencias á la farsa y
á las aprobaciones ruidosas. Pero se proponía, conociendo tanto el
teatro, siendo tan gran poeta, y tan hábil en la elección de los medios
eficaces para transformar en dramática una obra poética, y producir
desde la escena impresión en los ánimos, dirigir la fábula de manera,
que, en sus diversas partes, tendiese á un efecto único y total; que
atrajera la atención de los espectadores, y, haciendo resaltar las
vicisitudes de esa acción, sin perjudicar á la excelencia de la poesía y
al fondo de todo el argumento, le sirviese de fundamento y motivo
poderoso para realzar más su importancia. Esta manera de componer, para
que el interés de la trama, á modo de torrente y con igual fuerza,
compenetre toda la obra poética, concentrándose, sin embargo, en ciertos
puntos aislados y fijos de ella, para evocar cierta clase de emociones
eléctricas, parécenos esencial á todo drama perfecto, y, bajo este
aspecto, como también en lo relativo á la economía, al hábil arreglo de
los elementos parciales, y á la aplicación exacta y oportuna de la
forma dramática, los poetas consagrados al teatro, que cuentan las demás
naciones, han de considerar como acabados maestros á los españoles.
Una propiedad, característica de la estructura de los dramas de
Calderón, es la de los contrastes, con que le agrada llenar sus
argumentos, presentando sus personajes en situaciones opuestas, y
haciendo descollar los caracteres por la contraposición, bien calculada,
de sus prendas. Constituyen una alternativa continua de circunstancias ó
estados, que se anulan recíprocamente; de situaciones, que chocan entre
sí; de resoluciones y afectos, que se contraponen y dividen. Este
personaje poético, tan indispensable para excitar el interés, se
reproduce en todas las obras de nuestro poeta, é influye poderosamente
en dar á las mismas una vida interior vigorosa, que concentra la
atención y la ansiedad de los espectadores en las diversas agrupaciones
y masas de colorido de la acción.
Por lo que toca á la inventiva, creeríase inclinado cualquiera, á
primera vista, á conceder menos riqueza á Calderón que á Lope de Vega.
Verdad es que nuestro poeta no ha hecho tan pródigo alarde de esta
facultad como su predecesor; proponíase imprimir más solidez á sus
materiales, y una forma más perfecta, y forzarla á dar de sí todo
aquello, de que era susceptible con arreglo á un plan trazado, viéndose,
por tanto, en la necesidad de limitar su imaginación á un campo más
estrecho; pero, á pesar de esto, basta hojear someramente sus obras para
encontrar en ellas muchas creaciones ingeniosas, aunque acaso en un
principio no nos sorprendan, por la sencilla razón de aparecernos como
ricos materiales, bien manejados y sometidos á ordenadas reglas; pero,
aun después de conocer el uso, que Calderón ha hecho de los pensamientos
de otros poetas, no podemos menos de maravillarnos de la inagotable vena
de su propia fantasía. ¡Cuántas acciones y situaciones, que llevan el
sello del genio, y que parecen correr de la fuente más profunda de una
imaginación creadora, no se encuentran en cada una de sus obras! Para
apreciar por completo la fecundidad imaginativa de este poeta, y
compararla, sin perder sus quilates, con la de Lope, es menester
estudiar á fondo sus dramas: las imágenes, que surgen de ellos, no se
presentan aisladas (como sucede con tanta frecuencia en los demás poetas
anteriores), y como destacándose de los accesorios, que los cercan,
siendo, por tanto, menos distintas para el examen ligero del crítico: al
contrario, están enlazadas entre sí estrechamente sus partes más
insignificantes; hállanse dispuestas con cierta simetría, con relación
á las de más importancia; hay hilos á millares, que las juntan y que las
confunden, por decirlo así, de tal suerte con el todo, que la vista sólo
contempla una sola é inseparable belleza.
Respecto á la composición, los dramas de Calderón pueden dividirse en
dos clases, esencialmente diversas, aunque se encuentren á veces ligeras
transiciones de los de una á la otra. Pertenecen á la primera aquéllos
cuya importancia, en cuanto á su interés, estriba en el suceso, que,
como tal, se representa, mientras que las extrañas y sorprendentes
colisiones, á que da el mismo orígen, forman su foco ó punto central,
fijándose el interés del espectador sólo en esa acción exterior, en su
desarrollo y en el desenlace de su nudo. En las obras dramáticas de esta
especie, los personajes, en sí y por sí, quedan en segundo término,
excitando sólo la atención, en cuanto son juguetes de otras fuerzas
objetivas. Esas fuerzas, en las comedias mitológicas, se ven
personificadas en los dioses; en las caballerescas, en los jigantes y
encantadores, y en las descripciones de la vida real, en la suerte ó la
casualidad, en sus diversas manifestaciones. Tales son los factores
propios de la acción, consistiendo la importancia del conjunto en la
forma, que recibe de ellos la vida.
La segunda clase la constituyen las comedias, cuyo fin particular no
parece ser otro, que hacer resaltar una idea fundamental de la
composición, dando de este modo á lo exterior y accidental significación
de más valía. Sin duda, en su aspecto externo, encontramos con
frecuencia el desarrollo del argumento descansando, como en los de la
primera clase, en los mismos é iguales motivos, no habiendo otra
diferencia sino la de que cada momento de la última recibe su verdadero
sentido de su menor ó mayor relación con la idea capital. Entre los
dramas, correspondientes á esta categoría, hay dos especies, diversas á
su vez entre sí: hay unos de carácter típico, esto es, que son tales,
que su idea fundamental no se incorpora inmediatamente en la acción,
sino en el fondo de la misma, y su argumento viene á ser un símbolo de
ese pensamiento fundamental metafísico ó ético. Con toda propiedad,
estos dramas pueden, pues, llamarse simbólicos. La clase segunda,
diversa de la anterior, es la de aquellos dramas, cuyo argumento, á la
verdad, en los elementos más inmediatos, que lo constituyen, se refieren
también á algo más elevado; pero en ellos el suceso, que se representa,
reviste, en virtud del arte de la composición, toda su natural
importancía, aparece en seguida de manifiesto, y no necesita de lo
simbólico para que se comprenda y se conozca sin trabajo.
En íntimo contacto con lo expuesto se hallan las facultades de nuestro
poeta, en la parte que se refiere al trazado de caracteres. Calderón, en
esta materia, incurre en las mismas faltas que los demás dramáticos
españoles, y, por lo general, sólo se le concede que haya logrado dar
más pulimento á las formas características más comunes, las cuales, como
es sabido, sustituyen á lo individual en el teatro español. No obstante,
para no ser injustos, es preciso hacer una distinción: en los dramas, en
que la parte externa de la vida se nos presenta dependiente de la
casualidad y de otras influencias, los rasgos de carácter individual son
ligeros, por lo común, y los personajes sólo se pintan con rasgos
generales y confusos, puesto que determinarlos con más claridad sería
contrario al objeto del poeta; pero ya en esta clase encontramos
también, que, cuando la intención poética va más allá de su objeto, y
cuando se necesitan otros elementos para imprimir á la acción y á sus
formas un giro diverso del indicado, y superior ó inferior á él, también
los caracteres de formas abstractas y nebulosas se transforman en
individuos distintos y llenos de vida. Otra clase de característica
observamos en esas comedias, que hemos llamado simbólicas. La base de
esos caracteres son ciertas potencias, que se destacan de ellos con la
mayor claridad; y esta práctica, por regla general, no merece censura,
porque una idea abstracta, en virtud de la fuerza creadora del poeta,
puede revestir forma corporal, haciéndose una persona subsistente por
sí, como, en efecto, acontece en muchas de Calderón, al lado de otras,
que coexisten con ellas como individuos reales, dotados de vida, en cuyo
concepto, más que nuestro vituperio, merece nuestra alabanza; y, sin
embargo, en sus dramas de esta especie, hallamos, con frecuencia, tan
acentuadas esas formas generales del espíritu, que los personajes
parecen sólo como quienes las llevan y sostienen como símbolo de
virtudes ó de vicios, siendo insensato negar que perjudican á la verdad
y determinación de los elementos dramáticos de algunas comedias de
Calderón. Pero ya trataremos de esto más adelante. Mientras tanto, y
teniendo ahora presente el gran número de comedias suyas, en que la idea
representada se destaca inmediatamente, sin el auxilio de la alegoría,
en los varios giros y momentos de la vida, no es posible desconocer la
multitud de caracteres que descuellan en las mismas, todos de formas
plásticas, y disfrutando de un principio vital propio é íntimo. En
estas obras, que pueden calificarse como las más perfectas suyas, se
concede igual lugar al conjunto de sus hechos ó sucesos, á la idea
general predominante, y á cuanto se relaciona con los caracteres, no
sobresaliendo ninguno de estos elementos, sino, al contrario, juntándose
todos para formar un conjunto harmónico. Ejemplos de esto, suficientes
para demostrar nuestra afirmación, encontramos en _El alcalde de
Zalamea_ y en las _Tres justicias en una_: en estas composiciones
dramáticas, todos los personajes principales, y hasta los accesorios, se
distinguen claramente unos de otros, y hay tanta vida en cada uno de
ellos, que ofrecen una prueba incontrastable de la rara y superior
maestría de nuestro poeta en el trazado de los caracteres.
Estas dos comedias mencionadas, y otras muchas obras de Calderón,
demuestran, que, así como sabía dibujar sus personajes con rasgos
significativos, é infundiéndoles una existencia particular, así sabía
también disponerlos y juntarlos. Con un arte, propio sólo de los grandes
maestros, ha señalado cada carácter particular, calculando exactamente y
midiendo las distancias, á que han de encontrarse, y la posición más
ventajosa que han de ocupar, para que el conjunto produzca el efecto
total que se propone, y para que las formas accesorias realcen mejor
las agrupaciones principales. Ha conseguido, de esta manera, que sus
composiciones dramáticas se asemejen á grandes cuadros vivos, cuyas
figuras aisladas, conservando cada una su organización especial, se
muevan, sin embargo, observando cierto orden rítmico, y aparezcan ó
desaparezcan en lo claro y en lo obscuro; y la reunión de todas estas
apariciones representa á la humanidad entera, lo más alto de ella como
lo más bajo, lo más particular como lo más general, con los intermedios
y transiciones necesarias, y trazado todo con distintos contornos. Del
conjunto de estas diversas agrupaciones nace una harmonía
extraordinaria, que refleja lo inmutable en los fenómenos transitorios
de la vida, y el orden perpetuo en el tráfago incesante y en el tumulto
del mundo.
[Illustration]
[Illustration]
CAPÍTULO V.
Defectos de Calderón.--Clasificación cronológica de sus obras
dramáticas.--Su versificación.--Otros defectos de sus comedias.--De
los errores históricos y geográficos de Calderón.
Hasta aquí sólo hemos expuesto las cualidades más brillantes de
Calderón, observándolo tal cual se muestra en sus obras más acabadas.
Pero como es indispensable conocer más á fondo sus facultades poéticas y
originales, hemos de indicar también las sombras, que lo obscurecen, sin
omitir tampoco aquello que disminuye su mérito, inferior en algunos
puntos al de sus predecesores, ó, por lo menos, á la herencia, recibida
de aquéllos, que seguramente no ha mejorado. Con este propósito, y
mientras llega el lugar oportuno de probar nuestra tesis, declararemos
que _Calderón ha perfeccionado, sin duda, hasta donde era posible, el
drama español, pero imprimiéndole sólo una dirección exclusiva: hasta
cierto punto lo ha llevado á tal y tan vertiginosa altura, que no es
dable elevarlo más; pero no por esto se sigue de aquí que sea superior
en todos conceptos á sus predecesores, y que haya perfeccionado el drama
español en todas las direcciones, á que lo impulsaron aquéllos con
éxito_. Las faltas de este gran poeta están en enlace tan íntimo, sin
duda alguna, con sus excelencias; son efecto tan necesario de sus
condiciones individuales, y, en parte, del tiempo y el lugar, en que
escribió, que no es justo de ningún modo censurarlas, como no lo es
tampoco callarlas, exigiéndolo así, no sólo el deber de conocer á
nuestro autor profunda y radicalmente, sino la justicia que debe hacerse
á la literatura dramática española en su conjunto, puesto que, con
arreglo á ella, no es lícito considerar á Calderón única y
exclusivamente como al poeta más grande de esta literatura. Nuestra
opinión acerca de este punto será expuesta más adelante, no debiendo
presentarse aisladas las cualidades menos brillantes de nuestro poeta,
sino en relación con lo que añadiremos después, único medio de delinear
su carácter como dramático.
Si intentamos explicarnos parte de las cualidades poéticas de Calderón,
teniendo en cuenta el marco social que lo cercaba (influencia de la cual
no pueden eximirse ni los talentos más originales é independientes), no
podremos prescindir de estimar la influencia, que la corte de Felipe IV
grabó en sus obras poéticas. Hallábase en continuo é íntimo contacto con
esta corte, y escribió la mayor parte de sus comedias para sus damas y
caballeros, no, como Lope, para un público numeroso y variado. Como en
esta sociedad brillante y llena de elegancia, á pesar de algunos
recuerdos, que conservaba todavía de la Edad Media, reinaba una cultura
muy refinada, casi excesiva, ese mismo colorido resplandeció después en
los cuadros poéticos de Calderón, siendo éstos un espejo de las clases
sociales distinguidas, para cuyo recreo se escribían. Su manera de
exponer era tan ática y urbana, y sus pinceladas tan finas y tan
delicadas, como no se habían conocido hasta entonces; pero su estilo se
contaminó también con el exagerado atildamiento de aquellas frases, que
dirigían á sus damas, en el Buen Retiro, los mismos caballeros que
frecuentaban sus salones; los personajes, y hasta la ilación de las
escenas de sus comedias, hubieron de ajustarse, no pocas veces, á la
etiqueta de la corte, y, en vez de ofrecer un cuadro vasto y completo de
la humanidad, en su variedad infinita, trazó, tan sólo, á menudo, la
pintura de una parte muy reducida de la misma, esto es, de aquélla en
que vivía, y para la cual escribía. Todo esto aparecerá más claro
después, cuando señalemos los demás factores, que hubieron de producir
análogos resultados, pudiendo adelantar, desde luego, que la influencia
perjudicial, que, en los escritos de Calderón, tuvo su cargo de poeta de
la corte, se manifiesta, muy particular y claramente, en los dramas que,
por orden superior, escribió para determinadas solemnidades.