[110.] La idea del tiempo es una de las percepciones mas universales é

indeterminadas que hay en nuestro espíritu; porque no es otra cosa que

la combinacion de las dos ideas mas universales y mas indeterminadas:

ser y no ser. En esto se halla la razon de que la idea de tiempo sea

comun á todos los hombres, y se nos ofrezca cual una forma de todos

nuestros conceptos, y de todos los objetos conocidos. Las ideas de ser

y no ser, entrando en todas nuestras percepciones como elementos

primordiales, engendran la idea de tiempo; y por esta razon la

encontramos en lo mas íntimo de nuestra alma, como una condicion á que

no podemos sustraernos, y de la cual no alcanzamos á eximir al mismo Ser

infinito, sino por un esfuerzo de reflexion.

[111.] El tránsito del órden intelectual puro al campo de la

experiencia, se verifica en la idea del tiempo, de la misma manera que

en los demás conceptos intelectuales. Nada tengo pues que añadir á lo

que llevo explicado en el lugar correspondiente (Lib. IV, cap, XIV y

XV).

CAPÍTULO XVI.

EL TIEMPO IDEAL PURO Y EL EMPÍRICO.

[112.] El tiempo no es concebido simplemente como un órden general de

mudanzas, ó como una relacion de ser y de no ser; sino como una cosa

fija que se puede medir con toda exactitud. Así, antes del mundo actual,

concebimos no solo un órden ó un tiempo en toda su abstraccion, sino

tambien un tiempo compuesto de años, de siglos, ú otras medidas. Pero

esto, si bien se reflexiona, no es mas que una idea en que concebimos

bajo un aspecto general, los fenómenos de la experiencia, sacándolos de

la actualidad, y contemplándolos en la esfera de la posibilidad. No

existian ni los años ni los siglos, cuando no habia nada por lo cual se

pudiesen medir. Si prescindiendo de la medida y del objeto medido, y

hasta negando su existencia, imaginamos una especie de fondo vago, una

línea de duracion que se prolonga hasta lo infinito, nos hallamos con un

puro juego de la fantasía; juego que examinado por una razon severa, es

un conjunto de ideas contradictorias.

[113.] La idea del tiempo considerada en toda su pureza y abstraccion,

prescinde de medidas, es una simple relacion entre el ser y no ser. La

medida solo tiene lugar cuando la idea pura del tiempo se combina con

los fenómenos de la experiencia.

Es evidente que siendo nosotros seres mudables, y hallándonos en medio

de otros que lo son igualmente, tendríamos la mayor confusion en

nuestras ideas, si en ese flujo y reflujo de existencias que aparecen

tanto en lo exterior como en lo interior, no se nos hubiese comunicado

una suma facilidad para referirlas á medidas fijas, que nos sirviesen

como de hilo conductor en ese laberinto de variaciones incesantes.

[114.] Para esta medida echamos mano de dos cosas: 1.ª un fenómeno

sensible; 2.ª la idea del número. Por manera que la idea del tiempo

comun, vulgar, que sirve para la generalidad de los usos de la vida,

está compuesta de los tres elementos siguientes: 1.º idea pura del

tiempo, ó sea relacion del ser y del no ser. 2.º un fenómeno sensible,

al cual aplicamos esta idea pura. 3.º la numeracion de las mudanzas de

dicho fenómeno. Hágase la prueba, aplíquese esta observacion á todas las

medidas del tiempo, y se echará de ver, que los tres elementos bastan,

pero que los tres son indispensables.

[115.] De aquí resulta la necesidad del tiempo aun considerado

empíricamente; pues que envuelve una idea metafísica y otra matemática,

aplicadas ambas á un hecho. Idea metafísica, la relacion del ser y del

no ser; idea matemática el número; hecho, el fenómeno sensible, como por

ejemplo el movimiento solar, el sideral etc, etc. La metafísica y la

aritmética se encargan de la certeza absoluta; el hecho observado

responde de la certeza experimental; y como por otra parte, este

fenómeno se supone cierto, pues que en caso necesario se prescindiria de

la realidad y se atenderia únicamente á la posibilidad, resulta que el

tiempo aun empíricamente considerado, puede ser objeto de las ciencias

exactas.

[116.] Con esta teoría no hay necesidad de convertir el tiempo en una

condicion puramente subjetiva, ni de otorgarle una naturaleza

independiente de las cosas: el órden intelectual puro se concilia con el

de la experiencia; y el hombre se halla en comunicacion con el mundo

real, sin ponerse en contradiccion con sus ideas.

CAPÍTULO XVII.

RELACIONES ENTRE LA IDEA DEL TIEMPO Y EL PRINCIPIO DE CONTRADICCION.

[117.] Expliquemos el verdadero sentido del principio de contradiccion.

Es imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo. A primera

vista parece que el enlace de las ideas contenidas en este principio es

de tal naturaleza, que no puede haber ninguna dificultad en su

explicacion; por manera que con solo suscitar cuestiones sobre su

verdadero sentido, nos ponemos en contradiccion con una de las verdades

fundamentales en que se apoya todo el edificio de nuestros

conocimientos. Porque, si hay alguna duda sobre el verdadero sentido del

principio, es señal que se le puede entender de varios modos; y entonces

hay tambien la duda de si la generalidad de los hombres le entiende como

se debe, y por tanto si para ellos sirve de fundamento sólido en el

edificio de los conocimientos.

Este reparo, á primera vista muy grave, deja de serlo si se reflexiona

que los axiomas mas evidentes pueden ser considerados de dos maneras:

empírica, ó científicamente; ó en otros términos, en cuanto sirven á la

aplicacion, ó en cuanto son objeto de un exámen analítico. Bajo el

primer aspecto, son de igual certeza y claridad para todos los hombres;

bajo el segundo, pueden estar sujetos á dificultades. Las cosas iguales

á una tercera son iguales entre sí; este principio empíricamente

considerado, es absolutamente cierto y evidente para todos los hombres:

desde el mas sabio hasta el mas rudo, todos comparan á una tercera las

cantidades de cuya igualdad ó desigualdad se quieren asegurar; lo cual

no es otra cosa que una aplicacion del principio expresado. Si se les

pregunta la razon de este procedimiento, aunque no enuncien el axioma en

términos precisos, se refieren á él de diferentes maneras. «Estas dos

mesas son iguales porque las hemos medido, y las dos tienen cuatro piés

de largo.» Probablemente la generalidad de los hombres que no estan

acostumbrados á reflexionar sobre sus conocimientos, y por tanto no

separan fácilmente lo general de lo particular, no acertarian á expresar

el principio en términos universales y precisos, diciendo: «estas dos

mesas son iguales porque tienen una comun medida; y las cosas iguales á

una tercera son iguales entre sí;» mas no dejarian por esto de conocer

el principio con toda certeza y claridad, y de aplicarle sin peligro de

equivocacion, á todos los casos reales ó posibles. A esto llamo yo

conocimiento empírico de los principios; conocimiento que tiene toda la

perfeccion en el órden directo, faltándole únicamente la del órden

reflejo (V. Lib. I, cap. III).

Con esta claridad, suficiente para todos los usos, no solo comunes sino

tambien científicos, es muy conciliable la dificultad en el análisis

del principio; así en el ejemplo citado se puede analizar el sentido de

la palabra _igual_, lo que conduce al análisis del sentido de otra

palabra _cantidad_, y en estas cosas puede ejercitarse la reflexion

descubriendo verdaderas dificultades, que aun cuando no perturben al

género humano en la posesion de la verdad, no dejan por esto de ser

dificultades. La geometría es indudablemente una ciencia, que nada deja

que desear en su evidencia y certeza; pero ¿quién negará que llamada al

tribunal de la metafísica la idea de extension, ofrezca gravísimas

dificultades? La aritmética universal es indudablemente una ciencia; y

no obstante el análisis de las ideas de cantidad y de número,

indispensables para ella, levanta cuestiones sumamente abstrusas en el

campo de la metafísica y de la ideología. En general se puede asegurar,

que no hay ningun ramo de nuestros conocimientos, que se pueda eximir de

dificultades, si se le considera en su raíz; pero estas, que surgen en

el terreno de la reflexion, no dañan en ningun modo á la certeza del

conocimiento directo.

Infiérese de lo dicho que no hay ningun inconveniente en que el análisis

del principio de contradiccion ofrezca dificultades; y que por esto no

es de temer que vacile el edificio de nuestros conocimientos. Además de

que poco importaria el no atender á estos reparos si ellos existiesen en

la realidad; una dificultad no desaparece con taparse los ojos para no

verla. Examinemos pues sin vanos temores el verdadero sentido del

principio de contradiccion.

[118.] Parece que el principio no existe, ó no tiene sentido, si no se

presupone la idea del tiempo; y por otra parte, tampoco se concibe el

tiempo, si no se presupone el principio de contradiccion. ¿Tendremos por

ventura un círculo vicioso, y esto nada menos que en el principio

fundamental de todo conocimiento? Hé aquí la dificultad: presentémosla

mas clara todavía, desenvolviendo estas indicaciones.

El principio de contradiccion presupone la idea de tiempo; pues que la

contradiccion no se verifica si el ser y el no ser no se refieren á un

mismo tiempo. Es evidente que esta última condicion es de todo punto

indispensable; porque en quitando la simultaneidad no hay ningun

inconveniente en que una cosa sea y no sea. No solo no hay en esto

ningun inconveniente, sino que lo estamos experimentando sin cesar en

todo cuanto nos rodea. Vemos continuamente el ser y el no ser en cosas

que pasan de la existencia á la no existencia y de la no existencia á la

existencia.

Aun cuando en el principio de contradiccion no se expresase la

simultaneidad, se daria siempre por sobrentendida; por manera que nada

adelantaríamos en esta parte con adoptar la fórmula de Kant (V. Lib. I,

cap. XX). Sean cuales fueren los términos en que se enuncie el

principio, siempre resultaria que una misma cosa no puede ser y no ser

á un mismo tiempo, pero que puede muy bien ser y no ser en tiempos

diferentes.

Luego la idea de tiempo es necesaria para que resulte contradiccion en

ciertos casos, y para que desaparezca en otros; en cuanto contiene

simultaneidad, engendra la contradiccion: en cuanto encierra sucesion,

hace desaparecer la contradiccion; pues que el ser y el no ser son

imposibles, si no se presupone una duracion sucesiva, entre cuyas varias

partes se puedan distribuir cosas que de otro modo serian

contradictorias.

[119.] La idea de tiempo presupone á su vez el principio de

contradiccion; porque si el tiempo no es mas en las cosas, que el ser y

el no ser; y en el entendimiento, la percepcion de este ser y no ser;

resulta que no podemos percibir el tiempo sin haber percibido el ser y

el no ser; y como estas ideas consideradas sin sucesion no pueden

presentársenos sin contradiccion, resulta que cuando percibimos el

tiempo hemos percibido por necesidad el mismo principio de

contradiccion. He dicho que la sucesion envuelve exclusion recíproca de

las cosas que se suceden: y la principal de las exclusiones es la del

principio de contradiccion; al percibir el tiempo, percibimos la

sucesion; luego hemos percibido ya la contradiccion.

[120.] Estas observaciones podrian inclinar á creer que es necesario

optar entre un círculo vicioso, cosa inadmisible en el fundamento de

todos los conocimientos, y una explicacion del tiempo, independiente de

las ideas del ser y no ser. Si concibiésemos el tiempo como una cosa

existente por sí misma, como una especie de línea prolongada hasta lo

infinito, forma de todas las cosas, pero distinta de todas ellas; como

una especie de capacidad vaga en la cual se pudieran colocar los seres

sucesivos, á la manera que situamos en el espacio los coexistentes;

entonces la idea del tiempo no se explicaria por el principio de

contradiccion, y solo podria decirse que este se completa con aquella.

En efecto; al decir, es imposible que una cosa sea y no sea á un mismo

tiempo, pero es posible que sea y no sea en tiempos diferentes, se pone

la contradiccion ó se la quita segun que el ser y el no ser se refieren

á un mismo punto ó á puntos distintos de esa vaga extension, de esa

línea infinita que llamamos duracion sucesiva, en la cual concebimos

distribuidas las cosas mudables. Esta explicacion es cómoda, pero tiene

el defecto de que no puede resistir al exámen filosófico, como se ha

demostrado en los capítulos anteriores; y así es menester apelar á

consideraciones de otra especie.

[121.] Para desvanecer cumplidamente estas dificultades conviene aclarar

las ideas. La expresion, _círculo vicioso_, se aplica á este caso con

inexactitud; y llamo la atencion sobre este particular, porque una vez

entendida esta inexactitud las dificultades desaparecen por sí mismas.

En la explicacion de las cosas el círculo es un defecto, y merece el

nombre de vicioso, cuando se han de aclarar las que no son idénticas;

pero cuando hay dos ideas idénticas en el fondo, aunque aparezcan

distintas porque se ofrecen bajo aspectos diferentes, es imposible que

al explicar la una no se tropiece por decirlo así con la otra, y al

pararse en esta, no se vuelva de algun modo sobre aquella. El exámen si

está bien hecho, debe conducir al conocimiento del fondo de las cosas.

Si pues en este fondo hay la identidad, la identidad debe presentarse, y

tanto mas visible cuanto el exámen es mas profundo. En tal caso hay

círculo, mas nó vicioso: dos ideas se explican la una por la otra, á

causa de que las dos son una misma. Como se presentaban bajo dos

aspectos diferentes, inducian á creer que eran dos cosas distintas; pero

entrando en un exámen analítico, se ha prescindido de la diversidad de

los aspectos, se ha penetrado en la íntima realidad de las cosas, y por

consiguiente se ha llegado al punto donde se unen, ó mejor diremos donde

se confunden con absoluta identidad.

[122.] De esta observacion sacaremos un criterio que podrá servirnos en

muchísimos casos: cuando al explicar dos objetos nos encontramos

conducidos alternativamente del uno al otro, sin que nos sea posible

evitar el círculo, podemos sospechar que los dos objetos, en apariencia

distintos, no lo son en realidad, y que nuestro entendimiento tiene á

la vista un solo objeto, percibido bajo dos razones diferentes.

[123.] Esto se verifica en la presente cuestion. Al explicar el

principio de contradiccion, nos encontramos con la idea de tiempo; y al

definir el tiempo nos encontramos con el principio de contradiccion, ó

con las ideas de ser y no ser. Hay círculo, pero inevitable; y por lo

mismo deja de ser vicioso. Aclaremos estas ideas.

[124.] ¿Qué significa el principio de contradiccion? significa que el

ser excluye al no ser; y recíprocamente, el no ser al ser; significa que

estos extremos son de tal naturaleza que puesto el uno desaparece el

otro, no solo en el órden de nuestros conceptos, sino tambien en la

realidad. Llamando B á un ser cualquiera, tendremos que el principio de

contradiccion significa que B excluye al no B, y el no B excluye al B.

Pensado B, desaparece en el concepto el no B; y pensado el no B,

desaparece en el concepto el B. Puesto en la realidad B, desaparece el

no B; y puesto en la realidad el no B, desaparece el B. Hé aquí el

verdadero sentido del principio de contradiccion. Si bien se reflexiona,

se notará que en cuanto cabe, hemos prescindido de la idea de tiempo;

pues que hemos considerado únicamente la exclusion recíproca de B y de

no B refiriéndolo todo á un _simul_, á un punto indivisible de duracion,

el cual, no encerrando sucesion, no nos da idea de tiempo. He dicho, _en

cuanto cabe_; pues por lo mismo que pensábamos B y no B, germinaba ya

en nuestro entendimiento la idea de sucesion y por consiguiente de

tiempo.

[125.] Pensando B y luego no B, encontramos contradiccion; pero nó de

tal manera que estas dos cosas no puedan realizarse absolutamente. La

exclusion es condicional; esto es, en cuanto los extremos

contradictorios son simultáneos, ó se refieren á un _ahora_ indivisible;

pero en la idea de B, no descubrimos una necesidad intrínseca de

existencia; y por consiguiente aunque conocemos que mientras es B no

puede ser no B; concebimos muy bien que B puede dejar de ser, y pasar á

ser no B. En tal caso desaparece la idea de contradiccion; y se

concilian muy bien en nuestro entendimiento las dos ideas de B y no B,

con tal que estén distribuidas en diferentes instantes.

[126.] De esto se infiere que la percepcion del tiempo implica la

percepcion de seres no necesarios; de seres, que cuando existen pueden

dejar de existir, y cuando no existen pueden pasar á existir. La

diferencia que va del ser necesario al contingente, consiste en que en

el primero la existencia excluye absolutamente su no existencia; y en el

segundo la existencia excluye la no existencia solo condicionalmente, es

decir, en el supuesto de la simultaneidad.

[127.] Hé aquí la razon porque nosotros necesitamos poner en el

principio de contradiccion la condicion del tiempo. Los objetos que

nosotros percibimos son mudables; de suerte que ni en sus

modificaciones, ni en su íntima naturaleza, encierran nada que les

asegure la existencia. Cuando son, pueden dejar de ser; y si esto no

sucede de continuo en cuanto á su substancia, se verifica en sus

accidentes. Por esta razon no podemos afirmar la contradiccion absoluta,

sino la condicional: la repugnancia del ser y del no ser no existe sino

en el supuesto de la simultaneidad.

[128.] Si solo concibiésemos seres necesarios, no podríamos tener idea

de tiempo; la existencia excluiria absolutamente la no existencia; y por

consiguiente la contradiccion siempre seria absoluta, nunca condicional.

[129.] De esta análisis resulta una consecuencia sobre manera

importante. La percepcion del tiempo en nosotros viene á parar á la

percepcion de la no necesidad de las cosas; desde el momento que

percibimos un ser no necesario, percibimos un ser que puede dejar de

ser, en cuyo caso tenemos ya idea de la sucesion ó del tiempo real ó

posible. Aquí asalta una reflexion sumamente grave: la idea del tiempo

es la idea de la contingencia; la conciencia del tiempo es la conciencia

de nuestra debilidad.

[130.] La idea del tiempo es tan íntima en nuestro espíritu, que sin

ella no nos formaríamos idea del _yo_. La conciencia de la identidad del

_yo_ supone un vínculo (V. Lib. I, cap. XXV), que es imposible encontrar

sin la memoria. Esta incluye por necesidad la relacion de _pasado_, y

por consiguiente la idea de tiempo.

CAPÍTULO XVIII.

RESUMEN.

Presentemos en resúmen la doctrina de los capítulos anteriores.

[131.] El tiempo es una cosa muy difícil de explicar; quien niega

semejante dificultad manifiesta haber meditado muy poco sobre el fondo

de la cuestion.

[132.] El movimiento se mide por el tiempo; mas este no se define

cumplidamente con solo llamarle medida del movimiento.

[133.] No es posible encontrar una medida primitiva del movimiento: al

fin es necesario pararse en una ú otra, aunque sea tomada

arbitrariamente, y referirse á ella. Esta debe ser la mas uniforme

posible.

[134.] La semejanza entre la idea del tiempo y la del espacio, hace

sospechar que deben ser explicadas de una manera semejante.

[135.] No hay duracion sin algo que dure; luego no hay duracion separada

de las cosas. Si no hubiese nada, no habria duracion.

[136.] No hay sucesion si no hay cosas que se suceden; luego la

sucesion, aunque por sí sola pueda concebirse en abstracto, no puede ser

realizada como una forma independiente de las cosas.

[137.] El tiempo entraña _antes y despues_, y por consiguiente

sucesion. Bien considerado, es la sucesion misma; pues que en

concibiendo sucesion, ya concebimos tiempo.

[138.] La sucesion envuelve exclusion de algunas cosas entre sí. Esta

exclusion puede fundarse en la esencia de las mismas, ó dimanar de una

causa externa.

[139.] El tiempo pues, envuelve la idea de exclusion de varias cosas

entre sí: es la idea general del órden de las mudanzas, ó de la relacion

entre el ser y el no ser.

[140.] Si no hubiese mudanzas, no habria tiempo.

[141.] Antes de la existencia del mundo no habia transcurrido ningun

tiempo. No habia mas duracion que la eternidad.

[142.] La eternidad es la misma existencia del ser infinito, sin ninguna

alteracion real ni posible.

[143.] El tiempo no es nada absoluto independiente de las cosas, pero

está realmente en ellas. Es el órden entre el ser y el no ser.

[144.] La idea del tiempo es la percepcion de este órden de ser y no

ser.

[145.] La coexistencia es la simple existencia de varios seres. En no

habiendo idea de negacion de ser, si se conciben muchos seres, hay

percepcion de coexistencia.

[146.] El tiempo puede ser considerado bajo tres aspectos: presente,

pasado y futuro. Todas las demás relaciones de tiempo expresadas de

diferentes modos en los varios idiomas, son combinaciones de aquellos

aspectos.

[147.] El presente es el solo tiempo absoluto: se le concibe sin

relacion á lo pasado y á lo futuro; mas lo pasado y lo futuro no se

conciben sin relacion á lo presente.

[148.] La idea de presente acompaña á la misma idea del ser, ó mejor

diremos se confunde con la misma idea de la existencia; lo que no existe

de presente, no es ser.

[149.] La idea de tiempo pasado es la percepcion de un no ser ó de un

ser ya destruido, con relacion á un ser presente; así como la del futuro

es la percepcion de un ser posible pendiente de una causa ya determinada

y con relacion á un ser presente.

[150.] La idea del tiempo es excitada por la experiencia; pero no puede

llamarse un hecho de mera observacion; á esto se opone su necesidad

intrínseca que la hace capaz de ser objeto de las ciencias exactas.

[151.] Mucho menos puede decirse que esta idea se ciña al órden

sensible, pues que abraza en general todo género de mudanzas, sean

sensibles ó insensibles.

[152.] Siendo la idea del tiempo la percepcion del órden entre el ser y

el no ser; considerada esta relacion en su mayor generalidad, pertenece

al órden intelectual puro. Su tránsito á la experiencia, se realiza del

mismo modo que el de los demás conceptos generales é indeterminados.

[153.] Es necesario distinguir entre el tiempo ideal puro y el empírico:

el puro es la relacion entre el ser y el no ser consideraba en su mayor

generalidad y en su indeterminacion mas completa; el empírico es la

misma relacion sujeta á una medida sensible.

[154.] Para medir esta sucesion se necesitan tres cosas, cuyo conjunto

forma la idea del tiempo empírico. 1.ª Idea pura de ser y de no ser, ó

de mudanza. 2.ª Aplicacion de esta idea á un fenómeno sensible, por

ejemplo del movimiento solar. 3.ª Idea de número aplicada á la

determinacion de las mudanzas de este fenómeno.

[155.] Así se concibe por qué el tiempo empírico entraña una verdadera

necesidad, objeto de ciencia. De los tres elementos de que se compone,

el uno es una idea metafísica, el otro una idea matemática, y el tercero

es un hecho de observacion al cual se aplican dichas ideas. Si este

hecho no fuese real, seria cuando menos posible, con lo que salvaríamos

la necesidad del cálculo que sobre él estribase.

[156.] Hay una relacion íntima entre la idea del tiempo y el principio

de contradiccion. Este se explica por aquella y recíprocamente, sin que

por esto haya círculo vicioso. Consistiendo el principio de

contradiccion en la exclusion mutua entre el ser y no ser; y siendo la

idea del tiempo la percepcion del órden entre el ser y el no ser;

resulta que en el exámen se ha de venir á parar á un fondo idéntico,

esto es, á la comparacion entre las ideas de ser y no ser.

[157.] Sin la idea de tiempo nos seria imposible la memoria, y por

consiguiente la unidad de conciencia.

CAPÍTULO XIX.

OJEADA SOBRE LAS IDEAS DE ESPACIO, NÚMERO Y TIEMPO.

[158.] Hemos llegado al punto en que se pueden señalar y deslindar con

entera precision, los elementos necesarios que forman el objeto de las

ciencias naturales y exactas. Esto á mas de ser muy curioso, es sobre

manera importante; á causa de que presenta bajo un aspecto muy sencillo

un conjunto de conocimientos que en la actualidad abarcan un campo

inmenso; campo cuyos límites pueden retirarse continuamente, y que en

efecto se retiran, sin que se alcance ningun término posible á este

progreso indefinido.

Filosofía Fundamental, Tomo III · 第 17 / 19 段