distinta de la cosa que dura, es un ente de razon, una obra que nuestro
entendimiento elabora aprovechando los elementos que le suministra la
realidad. Todo ser es presente; lo que no es presente no es ser; el
instante actual, el _nunc_, es la realidad misma de la cosa; no basta
para constituir el tiempo, pero es indispensable para el tiempo; puede
haber presente sin pasado ni futuro; no puede haber pasado ni futuro si
no hay presente. Cuando á mas de ser hay no ser, y se percibe esta
relacion, el tiempo comienza; concebir pasado y futuro sin la
alternativa de ser y no ser, como una especie de línea que se prolonga
hasta lo infinito en dos direcciones opuestas, es tomar por idea
filosófica un vano juego de la fantasía, es aplicar al tiempo la ilusion
de los espacios imaginarios.
[70.] Luego si no hay mas que ser, solo hay duracion absoluta, presente;
entonces no hay pasado ni futuro, y por consiguiente no hay tiempo. Este
es por esencia una cantidad sucesiva, _fluyente_; no se la puede
sorprender en su actualidad; porque esta es siempre divisible, y toda
division en el tiempo constituye pasado y futuro: lo cual es una
demostracion de que el tiempo es una pura relacion, y de que en cuanto
está en las cosas, solo expresa ser y no ser.
CAPÍTULO X.
APLICACION DE LA DOCTRINA ANTERIOR Á VARIAS CUESTIONES IMPORTANTES.
[71.] Se comprenderá mejor esta teoría, haciendo aplicacion á la
resolucion de varias cuestiones.
1.º Antes de la creacion del mundo, ¿cuánto tiempo habia trascurrido?
ninguno. No habiendo sucesion, no habia mas que presente: la eternidad
de Dios. Lo demás que imaginamos, es una pura ilusion, combatida por la
buena filosofía.
2.º ¿Era posible que al comenzar la existencia de este mundo, hubiese
existido otro? Sin duda: para esto bastaba que Dios le hubiese criado,
sin criar el actual; bastaba el ser del uno; con el no ser del otro. Y
como el no ser lo hay, con solo no poner la creacion, resulta que si
Dios hubiese criado el uno sin criar el otro, y dejado de conservar el
primero criando el segundo, habria sucesion, habria anterioridad de
tiempo.
3.º Hay aquí otra cuestion curiosa, algo extraña, y que á primera vista
ofrece bastante dificultad. ¿Era posible la existencia de un mundo
_anterior_ á este, en _algun tiempo_? ó en otros términos: en el momento
de principiar el actual, ¿podría haber _cesado_ de existir otro mundo
_algun tiempo antes_?--Si bien se observa, esta cuestion implica una
contradiccion: supone un intervalo de tiempo, es decir de sucesion, sin
nada que se pueda suceder. Si habia dejado de existir un mundo, y no
existia el nuevo, no habia nada sino Dios: luego no habia sucesion; no
habia mas que eternidad. Preguntar pues cuánto tiempo distaron las dos
existencias, es suponer que hay tiempo, cuando no le hay; la respuesta
debe ser, que la cuestion es absurda.
Pero se nos dirá: ¿distaron ó no distaron?--No hay distancia de tiempo,
cuando no hay tiempo; esta distancia es una pura ilusion, con que
imaginamos tiempo, mientras por el estado de la cuestion suponemos que
no hay tiempo.
Entonces se nos objetará: los dos mundos sucesivos serán inmediatos por
necesidad; es decir que el primer instante de la existencia del uno,
será inmediato al último instante de la existencia del otro. Lo niego:
la inmediacion de instantes supone la sucesion de seres enlazados entre
sí con cierto órden, como los fenómenos del mundo actual: los dos mundos
en cuestion, no tendrian entre sí relacion alguna; no habria pues entre
ellos, ni distancia ni inmediacion.
Se replicará que no hay medio entre el ser y el no ser; que siendo la
distancia la negacion de la inmediacion, y esta la negacion de la
distancia, negando la una ponemos la otra y viceversa: ó estarán pues
distantes ó inmediatos.--Esta réplica supone tambien una cosa que
negamos; habla de la distancia y de la inmediacion, es decir del
tiempo, como si este fuera una cosa positiva, distinta de los mismos
seres. El principio de que cualquiera cosa es ó no es, «quodlibet est
vel non est», es aplicable cuando hay una cosa, pero cuando no hay nada,
no hay disyuntiva. El tiempo de los dos mundos no es nada distinto de
ellos; es la sucesion de sus respectivos fenómenos; la sucesion de los
dos entre sí, tampoco es nada distinto de ellos; es el ser del uno y la
negacion del otro; y despues, el ser de este y la negacion de aquel.
Dios veria esto; y lo podria ver una criatura inteligente que
sobreviviese al anonadamiento del primer mundo. A los ojos de Dios, que
veria la realidad, la sucesion seria simplemente la existencia y la no
existencia respectiva de los dos objetos; en cuanto á la criatura
inteligente, diria que los dos mundos son inmediatos, si á la percepcion
del último instante del mundo anonadado, hubiese seguido sin otra
percepcion intermedia, la del nuevo mundo existente; y diria que hay
distancia, si entre el anonadamiento, y la percepcion de la nueva
creacion, hubiese experimentado varias percepciones. La medida de este
tiempo, se hubiera tomado del único ser que sentia en sí las mudanzas de
percepciones, y hubiera sido mas ó menos largo, segun que estas habrian
sido en mayor ó menor número.
[72.] La idea del tiempo es esencialmente relativa; como que es la
percepcion ordenada del ser y del no ser. La simple percepcion de uno de
los dos extremos no basta para engendrar en nuestro espíritu la idea
del tiempo, esta encierra pues por necesidad la comparacion. Lo mismo se
verifica en la del espacio, que en casi todo, tiene con la del tiempo
notable semejanza. No concebimos espacio, ni extension de ninguna clase,
sin yuxtaposicion; es decir, sin relacion de varios objetos. La
multiplicidad pues, entra necesariamente en las ideas de espacio y
tiempo: de donde se infiere que concibiendo un ser absolutamente simple,
que no contenga multiplicidad, ni en su esencia ni en sus actos, en que
todo esté identificado con su esencia, no caben las ideas de espacio y
tiempo; y asi son meras ficciones de la imaginacion, cuando les
atribuimos algo de real mas allá del mundo corpóreo, y anteriormente á
la existencia de lo criado.
CAPÍTULO XI.
EL ANÁLISIS DE LA IDEA DEL TIEMPO, CONFIRMA LA SEMEJANZA DE ESTA CON LA
DEL ESPACIO.
[73.] Explicada ya la idea del tiempo, y hecha aplicacion de la misma á
las cuestiones mas difíciles, podremos aclarar esta doctrina, haciendo
notar lo que ya habíamos indicado (cap. III), sobre la semejanza que hay
entre el tiempo y el espacio. Análogas son las dificultades; análoga la
definicion de ambas ideas; análogos los resultados; análogas las
ilusiones que nos impiden el conocimiento de la verdad. Lo que antes se
anunciaba con respecto á las dos ideas, considerada la del tiempo por lo
que á primera vista presentaba, ahora podemos consignarlo como un seguro
resultado de las investigaciones analíticas. Llamo muy particularmente
la atencion sobre el siguiente paralelo, porque esclarece sumamente las
ideas.
[74.] El espacio en sí no es nada distinto de los cuerpos: es la misma
extension de los cuerpos; el tiempo en sí, no es nada distinto de las
cosas: es la misma sucesion de las cosas.
[75.] La idea de espacio es la idea de la extension, en toda su
generalidad; la idea del tiempo es la idea de la sucesion, en toda su
generalidad.
[76.] Cuando no hay cuerpos, no hay espacio; cuando no hay cosas que se
suceden, no hay tiempo.
[77.] Un espacio infinito anterior á los cuerpos, ó fuera de los
cuerpos, es una ilusion de la fantasía; un tiempo infinito, un tiempo
anterior á las cosas, ó fuera de las cosas, es tambien una ilusion de la
fantasía.
[78.] El espacio es continuo; el tiempo tambien lo es.
[79.] Una parte del espacio excluye la otra; una parte del tiempo
excluye tambien la otra.
[80.] Un espacio puro en que se hayan de situar los cuerpos, es un
juego de la imaginacion; una sucesion, un tiempo, en que se hayan de
suceder las cosas, es tambien un juego de la imaginacion.
[81.] Lo puramente simple no necesita para nada el espacio; puede
existir sin él; lo inmutable no necesita para nada el tiempo, puede
existir sin él.
[82.] Lo simple é infinito, está presente á todos los puntos del
espacio, sin perder su simplicidad; lo inmutable é infinito, está
presente á todos los instantes del tiempo, sin alterar su eternidad.
[83.] Dos cosas distan en el espacio, porque hay cuerpos interpuestos;
esta distancia no es mas que la extension de los mismos cuerpos; dos
seres distan en el tiempo, porque hay otros seres interpuestos: esta
distancia es la misma existencia de los seres que se interponen.
[84.] La extension no necesita otra extension donde colocarse, pues de
lo contrario resultaria un _processus in infinitum_; la sucesion de las
cosas tampoco necesita otra sucesion, donde suceder.
[85.] Así como nos formamos idea de la sucesion continua en el espacio,
distinguiendo varias partes de la extension y percibiendo que la una
excluye á la otra; así nos formamos idea de la sucesion continua del
tiempo, distinguiendo los varios hechos, y percibiendo que el uno
excluye al otro.
[86.] Para formarnos ideas determinadas de las partes del espacio,
necesitamos tomar una medida y referirnos á ella; para formarnos idea de
las partes del tiempo, necesitamos tambien tomar una medida. La del
espacio es la extension de algun cuerpo que conocemos; la del tiempo es
de algun conjunto de mudanzas que conocemos. Para medir el espacio,
buscamos cosas fijas en cuanto cabe; á falta de mejor, recorrieron los
hombres á partes de su cuerpo, palmos, piés, codos, pasos, que les
diesen aproximacion, ya que nó exactitud, y habiendo adelantado las
ciencias exactas, se ha tomado el metro, que es un 1/40.000.000. del
meridiano de la tierra; para el tiempo se ha recorrido tambien al
movimiento de los cuerpos celestes, al movimiento diurno, al año lunar,
al solar, al sideral.
[87.] La idea del número es necesaria para determinar el espacio y
comparar sus partes diferentes; la misma idea es necesaria del mismo
modo al tiempo. La cantidad discreta es la luz de la continua.
CAPÍTULO XII.
RELACIONES DE LA IDEA DEL TIEMPO CON LA EXPERIENCIA.
[88.] Si el tiempo no es nada distinto de las cosas ¿cómo es que
nosotros le concebimos en abstracto, independientemente de las mismas
cosas? ¿cómo es que se nos ofrece cual un ser absoluto, en el que todo
se mueve, todo se transforma, sin que él sufra transformacion ni
movimiento? Si es un hecho subjetivo, ¿por qué le aplicamos á las cosas?
Si es objetivo, ¿por qué se mezcla en todas nuestras percepciones?
porque entraña necesidad suficiente para ser objeto de la ciencia.
La idea del tiempo, sea lo que fuere, parece anterior á la percepcion de
todas las transformaciones; inclusa la conciencia de todos los actos
internos. Nada de esto podemos conocer, si el tiempo no nos sirve como
de un recipiente en el cual coloquemos las mudanzas propias y las
ajenas.
[89.] La idea del tiempo no nace de la observacion; porque en tal caso
seria la expresion de un hecho contingente, que no podria dar orígen á
la ciencia. Medimos el tiempo con la misma exactitud que el espacio; y
su idea es una de las mas fundamentales en las ciencias exactas, en
cuanto tienen alguna aplicacion á los objetos de la naturaleza.
[90.] De esto parece inferirse que la idea del tiempo es innata en
nuestro espíritu; y que es anterior á todas las ideas y aun á las
sensaciones; pues que ni estas ni aquellas pueden eximirse de estar
contenidas en la duracion sucesiva.
[91.] La necesidad entrañada por la idea del tiempo, parece indicar que
el tiempo es independiente de las cosas transitorias; en cuyo caso, nos
vemos precisados, ó á convertirle en un hecho puramente subjetivo, ó á
otorgarle una realidad objetiva, independiente de todo lo mudable. Con
lo primero le destruimos; con lo segundo, le damos el carácter de un
atributo de la divinidad. Negar el tiempo, es negar la luz del sol;
elevarle al rango de atributo de la divinidad, es admitir mudanza en el
ser inmutable. La pura subjetividad nos conduce á la negacion; la
objetividad á la divinizacion: ¿no habrá un camino medio?
[92.] Convengo sin dificultad en que la idea del tiempo no es de pura
experiencia. Esta, por si sola no es capaz de proporcionarnos un
elemento tan sólido y fijo, sobre el cual descansamos con entera
seguridad, en todas las observaciones científicas. Mucho menos puede
sostenerse que la idea del tiempo nazca de la experiencia puramente
sensible, ni que en si misma sea una sensacion.
[93.] La idea del tiempo no es una sensacion: aquella es relativa; esta
es una afeccion de nuestro ser; todo lo que sea referir ó comparar, no
entra para nada en ella. Cuando experimentamos la sensacion, si no
tuviésemos una facultad distinta de la de sentir, nos quedaríamos
limitados á la sensacion pura, sin considerar ni antes ni despues, ni
relacion de ninguna clase. La sensacion, estando limitada á determinadas
especies de objetos, no puede extenderse á todos, como lo hace la idea
del tiempo. Con este medimos no solo el mundo externo, sino el interno;
no solo las afecciones corporales, sino las mas recónditas y mas
abstractas acciones de nuestro espíritu. Siendo el tiempo, en sí, la
sucesion misma; y en nuestro entendimiento, la percepcion de esta
sucesion, no ofrece al espíritu ningun objeto sensible; aun cuando el
tiempo se refiera á ellos, y sea como el lazo de ellos, no es ellos
mismos, ni la intuicion de ninguno de ellos por sí solo. En el tiempo
que mide la sucesion de un sonido y de una vision, claro es que la idea
del tiempo no puede ser ni la vision, ni el sonido, sino la percepcion
de su sucesion, de su enlace. Si fuera la vision sola, ó la audicion
sola, bastaria una de ellas para percibir el tiempo, lo que es absurdo,
pues no hay tiempo sin sucesion, y de consiguiente no habrá tiempo
medidor de las dos sensaciones, si no las hay. Esta idea de tiempo es
independiente de cualquiera de las dos; es algo superior á las mismas;
es una especie de forma universal, independiente de esta ó aquella
materia; por manera que, si despues del sonido, en lugar de la vision,
se nos ofrece inopinadamente otro sonido, la medida de la sucesion será
idéntica, y esta medida no es mas que la idea del tiempo. Las
sensaciones, como simples hechos contingentes, no fundan verdades
necesarias y universales, no sirven de cimiento á una ciencia: pero la
idea del tiempo es una de las mas capitales de todas las ciencias
físicas, y que se somete á riguroso cálculo, como la extension; luego no
es una sensacion, ni puede nacer de ella.
[94.] Los conocimientos puramente experimentales, se limitan á la esfera
de la experiencia; la idea del tiempo, se extiende al órden real y al
posible: no solo enseña lo que _hay_, sino lo que _puede_ y _debe_
haber; todo en relaciones de necesidad absoluta, capaces de ser
sometidas á riguroso cálculo; luego encierra algo mas que los elementos
suministrados por la experiencia, tanto sensible como insensible. Sin
esto, no es posible explicar la necesidad que entraña, ni salir de una
coleccion de hechos contingentes, llegando á la posesion de un elemento
científico.
[95.] Observemos de paso que aquí encontramos otra prueba de cuán
insubsistente y errado es el sistema de Condillac. Hasta ahora, no hemos
podido explicar con dicho sistema ninguna de las ideas fundamentales; y
lo mismo se manifiesta en la del tiempo, que por su naturaleza parecia
deber estar en relaciones mas íntimas en el órden sensible.
[96.] Si la idea del tiempo no es meramente experimental, ¿de qué
especie son su prioridad y necesidad?
CAPÍTULO XIII.
OPINION DE KANT.
[97.] Kant pretendiendo explicar el tiempo se sirve de la misma teoría
que ha empleado para el espacio. El tiempo, segun él, no es nada en sí,
ni es tampoco inherente á las cosas: es una condicion subjetiva de la
intuicion, una forma interior, por medio de la cual los fenómenos se nos
ofrecen como sucesivos, así como en la forma del espacio se nos
presentan como continuados. Hablando ingenuamente, me parece que decir
esto, es no decir nada; es consignar un hecho muy sabido, mas no
explicarle. Que lo que percibimos lo percibimos en sucesion; que en
sucesion percibimos hasta nuestras mismas percepciones ¿quién lo ignora?
pero ¿qué es la sucesion? esto es lo que se debia explicar.
[98.] Dice Kant que el tiempo está solo en nosotros; mas yo le
preguntaré, si la sucesion está solo en nosotros. Kant pretende que nada
sabemos del mundo externo, sino que tenemos tales ó cuales apariencias,
fenómenos; pero no niega que fuera de la apariencia pueda haber una
realidad. Pues bien, si esta realidad es posible, en ella puede haber
mudanzas; y no se conciben mudanzas sin sucesion, ni sucesion sin
tiempo.
[99.] Segun Kant, las ideas de espacio y tiempo son _á priori_, no
pueden ser empíricas, ó experimentales; pues entonces no fundarian
ciencia; solo podríamos afirmar lo que hubiésemos experimentado, y esto
únicamente con respecto á los casos en que hubiésemos tenido
experiencia. Esto es verdad, y lo tengo demostrado en el capítulo
anterior; pero concediendo esta prioridad, nada se sigue en pro del
sistema de Kant. Las ideas de espacio y tiempo, aunque _á priori_,
podrian tener muy bien su correspondencia en la realidad; como se
verifica ateniéndonos á la teoría con que las he explicado.
[100.] Es cierto que el tiempo no es una cosa que subsista por sí misma;
mas no que no pertenezca á las cosas como una determinacion objetiva, y
que no quede nada de él, en prescindiendo de todas las impresiones
subjetivas de la intuicion. Hemos demostrado que el tiempo no subsiste
por sí mismo, y que es absurda una duracion sin cosa que dure; pero de
esto no se sigue que el órden representado por la idea de tiempo, no sea
una cosa real en los objetos. En prescindiendo de nuestra intuicion,
queda todavía algo que es lo que verifica las proposiciones en que
expresamos las propiedades del tiempo.
[101.] El filósofo aleman pretende convertir el tiempo en una cosa
puramente subjetiva, y se funda en la razon siguiente. «Si el tiempo
fuese una determinacion inherente á las cosas mismas, ó un órden, no
podria preceder los objetos como condicion de los mismos; ni por
consiguiente ser reconocido ni percibido _á priori_ por juicios
sintéticos. Este último hecho, se explica fácilmente, si el tiempo no
es mas que la condicion subjetiva, bajo la cual las intuiciones son
posibles en nosotros; porque entonces esta forma de intuicion interior,
puede ser representada antes que los objetos, y por consiguiente _á
priori_.......
«Si hacemos abstraccion de nuestra manera de percibirnos á nosotros
mismos interiormente, y de abrazar por esta intuicion todas las
intuiciones exteriores en la facultad de la representacion, y por
consiguiente tomamos los objetos como pueden ser en sí mismos, el tiempo
entonces no es nada.....................................»
«Yo puedo decir que mis representaciones son sucesivas; pero esto solo
significa que tenemos conciencia de ellas en una sucesion, es decir en
la forma del sentido interno. El tiempo no será por esto nada en sí
mismo, ni una determinacion inherente á las cosas»(Estética
trascendental).
[102.] Es fácil observar que el filósofo aleman lucha entre las dos
dificultades siguientes:
1.ª ¿Cómo se puede explicar la necesidad entrañada en la idea del
tiempo, si se la hace dimanar de la experiencia?
2.ª Si no dimana de la experiencia, ¿cómo puede hallarse realmente en
las cosas; ó á lo menos cómo podemos nosotros saber que se halle en las
mismas?
De esto infiere el autor de la Estética, que no es posible salvar la
necesidad entrañada en la idea del tiempo, si no se le convierte en un
hecho puramente subjetivo, en una forma de nuestra intuicion; si no se
le hace del todo independiente de la realidad de las cosas.
Me parece que ateniéndonos á los principios establecidos mas arriba se
puede dar al tiempo un valor objetivo, independientemente de nuestra
intuicion; y explicar sus relaciones con la experiencia, salvando
cumplidamente la necesidad contenida en la idea del mismo.
CAPÍTULO XIV.
EXPLICACION FUNDAMENTAL DE LA POSIBILIDAD OBJETIVA, Y DE LA NECESIDAD DE
LA IDEA DEL TIEMPO.
[103.] Las cosas en sí mismas, prescindiendo de nuestra intuicion, son
susceptibles de mudanzas: cuando hay mudanza, hay sucesion: cuando hay
sucesion hay un cierto órden entre las cosas que se suceden; órden que,
aunque no subsista por sí mismo separadamente de las cosas, está
realmente en las cosas mismas.
Kant podria objetar que las mudanzas quizás no estarian en las cosas
sino en los mismos fenómenos; esto es, en el modo con que se presentan á
nuestra intuicion; pero al menos no podrá negar que sea lo que fuere de
la realidad de estas mudanzas, son cuando menos posibles,
independientemente de los fenómenos; luego asegura sin razon que el
tiempo en las cosas no es nada, y que solo es la forma de nuestro
sentido interno. Si admite la posibilidad de las mudanzas reales, debe
admitir la posibilidad de un tiempo real; y si negase la posibilidad de
que las cosas en sí mismas se mudasen realmente, le preguntaríamos cómo
ha llegado á conocer esta imposibilidad, él, que limita todos nuestros
conocimientos al órden puramente fenomenal. No es dable conocer que una
cosa es imposible en un órden, cuando nada se sabe de aquel órden: si
Kant sostiene que nada sabemos de las cosas en sí mismas no puede
defender que conozcamos la imposibilidad de que se muden realmente.
[104.] Queda pues demostrado que el tiempo, ó un órden real en las
cosas, es cuando menos posible; luego no podemos decir que el tiempo es
una condicion puramente subjetiva, á la cual nada corresponda ni pueda
corresponder en la realidad.
[105.] Teniendo ya la posibilidad de un valor objetivo para la idea del
tiempo, no solo en cuanto se refiere al órden puramente fenomenal, sino
tambien al trascendental, ó bien al de las cosas consideradas en sí
mismas, prescindiendo de nuestra intuicion; vamos á ver cómo se puede
manifestar la objetividad de la idea del tiempo y sus relaciones con la
experiencia, salvando la necesidad intrínseca que le hace uno de los
principales elementos de las ciencias exactas.
[106.] El tiempo considerado en las cosas, es el órden entre el ser y no
ser de las mismas. La percepcion de este órden en su mayor generalidad,
prescindiendo de los objetos que en él se contienen, es la idea del
tiempo. Como es evidente que nuestro entendimiento puede considerar un
órden de cosas puramente posible, resulta que el tiempo se extiende no
solo á la realidad, sino tambien á la posibilidad. Esta es la razon
porque concebimos tiempo antes y despues del mundo actual; á semejanza
del espacio que imaginamos mas allá de los límites del universo.
Elevada la idea de ser á una region puramente posible, en que se
prescinde de todo fenómeno individual, claro es que ha de estar libre de
la instabilidad á que se hallan sometidos los objetos de nuestra
experiencia: de esta suerte puede ser un elemento científico
absolutamente necesario, porque expresa una relacion que no está
afectada por nada contingente. Con las observaciones que preceden se
deshacen todas las dificultades.
CAPÍTULO XV.
COROLARIOS IMPORTANTES.
[107.] La idea del tiempo, ¿dimana de la experiencia? Esta cuestion se
halla resuelta con lo dicho sobre la idea del ente. No es un tipo
preexistente á toda sensacion y á todo acto intelectual; es una
percepcion de ser y no ser que acompaña á todos nuestros actos, pero que
no se nos presenta separada hasta que la reflexion elimina de ella, todo
lo que no le pertenece. Esta percepcion es el ejercicio de una actividad
innata, la cual, aunque sometida á las condiciones de la experiencia en
cuanto al principio y continuacion de sus actos, no lo está con
respecto á sus leyes, pues estas le son características y corresponden
al órden intelectual puro. La actividad se desenvuelve en presencia de
las causas ú ocasiones excitantes, y cesa en su ejercicio cuando faltan
las condiciones de dicha excitacion; pero mientras la actividad obra,
ejerce sus funciones con arreglo á leyes fijas, independientes de los
objetos excitantes.
[108.] Échase pues de ver que la idea del tiempo no dimana propiamente
de la experiencia, sino en cuanto con esta se excita al espíritu para
que desenvuelva su actividad; pero no es del todo independiente de la
experiencia, pues que sin esta no se conocerian mudanzas, y por
consiguiente el entendimiento no percibiria en ellas el órden de ser y
no ser, en que consiste la esencia del tiempo.
[109.] De lo dicho se infiere que la idea del tiempo no es una forma de
la sensibilidad, sino del órden intelectual puro; y que si bien
desciende al campo de la experiencia sensible, lo hace á la manera que
los demás conceptos generales.