tiempo. Al primero, mirado en el órden real, y prescindiendo del
fenomenal, le consideramos más fácilmente como cosa fija; en un caso
dado, le comprendemos sin una relacion. El pié siempre es pié; la vara
siempre es vara; estas son cantidades existentes en la naturaleza; y que
si nosotros las referimos á otras cantidades, es únicamente para
asegurarnos de que es así; nó porque la realidad dependa de la relacion.
Un pié cúbico de agua, no es un pié cúbico porque así lo diga su medida;
por el contrario, la medida lo dice así, porque es así. La misma medida
es tambien una cantidad absoluta; y en general todas las extensiones son
absolutas; pues de otro modo, seria necesario buscar la medida de la
medida hasta lo infinito. Es verdad que el llamar las cosas grandes ó
pequeñas, depende de la comparacion; mas esto no altera su cantidad
propia. El diámetro de la tierra es inmenso, comparado con una pulgada;
y es un punto imperceptible, comparado con la distancia de las estrellas
fijas; mas esto no quita que la pulgada, el diámetro de la tierra, y la
distancia de las estrellas fijas, sean valores determinados en sí, é
independientes unos de otros (V. lib. III, cap. XX).
Si el denominador de E/T, fuese una cantidad del género del espacio; es
decir, que tuviese valores determinados, concebibles por sí solos,
existentes por sí solos, la velocidad, aunque fuera relacion, podria
tener tambien valores determinados; nó enteramente absolutos, pero sí en
la suposicion de compararse dos términos E y T con valores fijos. Por
manera que al pedírsenos 4 de velocidad por ejemplo, no tendríamos mas
que tomar una cantidad fija de espacio, y otra cantidad fija de tiempo,
que tuviesen entre sí la relacion de 4 á 1; lo que seria muy fácil,
siendo do E y T cantidades absolutas. En este supuesto, si se pidiese
una aceleracion ó un retardo en la totalidad del universo, no habria mas
que hacer sino disminuir ó aumentar el tiempo en que se recorre el
espacio respectivo. Pero como por una parte hemos visto ya las
dificultades que ofrece el considerar el tiempo como cosa absoluta; y
por otra, no se puede aducir ninguna prueba sólida en que se funde esta
propiedad, resulta que no sabemos tampoco de qué manera considerar á la
velocidad como absoluta, ni aun en el sentido arriba explicado.
[36.] De esto se deduce una consecuencia tan importante como curiosa,
con respecto á la posibilidad de una aceleracion ó retardo universal. Si
se nos pide una aceleracion ó retardo en toda la máquina del universo,
quitándonos todo movimiento á que pudiésemos referir el tiempo,
alterándolos todos á la vez, en la misma proporcion, inclusas las
operaciones de nuestra alma, se nos propone un problema que parece
insoluble; nada menos que realizar un imposible; se quiere que alteremos
la relacion de muchos términos, sin alterarla. Si la velocidad no es mas
que la relacion del espacio con el tiempo, y el tiempo no es mas que la
relacion de los espacios andados; alterar todas estas relaciones, en la
misma proporcion, es lo mismo que no alterarlas: es dejarlo todo
intacto.
[37.] La extrañeza de consecuencias semejantes, no debe ser título
suficiente para desecharlas. Es preciso no olvidar que las ideas
comunes de tiempo y velocidad, las examinamos en su region mas
trascendental; y que por tanto, no es de admirar que nuestro espíritu al
salir de la esfera en que vive por lo comun, se halle con una atmósfera
nueva, en que le parezca descubrir cosas contradictorias. Al examinar
las ideas de tiempo y de velocidad, incurrimos sin pensarlo en el
defecto de mezclarlas en la misma explicacion; queremos prescindir de
ellas, pero lo hacemos con mucha dificultad, cayendo con frecuencia en
un círculo vicioso. De esto resulta que cuando por un esfuerzo
particular, llegamos á prescindir realmente, las consecuencias nos
parecen contradictorias: pero esta contradiccion aparente, solo dimana
de que no hemos continuado con bastante firmeza en la misma precision;
en cuyo caso, como el entendimiento parte de dos supuestos diferentes
creyendo partir de uno mismo, los resultados le parecen contradictorios,
aunque no lo sean en la realidad. Una cosa semejante nos ha sucedido
examinando la idea del espacio (V. lib. III, cap. XII, XIII y XIV).
CAPÍTULO VII.
EXPLICACION FUNDAMENTAL DE LA SUCESION.
[38.] Las razones que destruyen la naturaleza absoluta del tiempo, en
cuanto está sujeto á medida, no parecen satisfacer plenamente á otra
dificultad que nace del tiempo considerado en sí mismo. En efecto; si el
tiempo es la sucesion, ¿qué es esta sucesion? ¿Las cosas se suceden
entre sí? es evidente; y ¿qué significa sucederse, si no hay _antes_ y
_despues_, es decir tiempo preexistente á la sucesion, ya que la
sucesion consiste en venir unas cosas _despues_ de otras? De este modo,
se explica el tiempo por la sucesion, y la sucesion por el tiempo. ¿Qué
es _despues_, sino una parte del tiempo, que está en relacion con un
_antes_?
[39.] Lo que se ha dicho en el capítulo IV no parece resolver
cumplidamente la dificultad: porque el ser y el no ser, no forman
sucesion, sino en cuanto el uno viene _despues_ del otro; esto es en
cuanto se presupone ya el mismo tiempo que se trata de explicar. El ser
y no ser de cosas distintas puede ser simultáneo; y en una misma cosa,
no hay repugnancia entre el ser y el no ser, sino en cuanto se refieren
á un mismo tiempo. Luego en tal caso, este se halla siempre presupuesto;
pues que, en una misma cosa, no son concebibles el ser y el no ser,
sino como distribuidos en varios instantes de tiempo. De donde resulta
que el tiempo no está bastante explicado, con el ser y el no ser.
[40.] Para satisfacer á esta dificultad, que en efecto es grave, es
preciso encontrar una explicacion fundamental de la sucesion. Vamos á
ensayarlo, evitando emplear la idea del tiempo, como supuesta en ningun
sentido.
[41.] Hay cosas que se excluyen y otras que nó. Cuando hay existencia de
cosas que se excluyen, hay sucesion. En una línea a----b----c, si un
cuerpo está en a, no puede pasar á b, sin dejar de estar en a; la
situacion en b, excluye pues la en a; asi como la en c, excluye la en b.
Cuando á pesar de la exclusion recíproca, vemos que existen las cosas,
hallamos que hay sucesion.
[42.] La sucesion en la realidad, es la existencia de cosas que se
excluyen. Lo que envuelve respectivamente, el ser de la excluyente, y el
no ser de la excluida.
[43.] En toda variacion, hay esta exclusion: y por lo mismo en toda
variacion, hallamos sucesion. Variacion es mudanza de estados; pérdida
de uno, y adquisicion de otro; hay pues exclusion; pues el ser excluye
el no ser, y el no ser el ser.
[44.] Cuando percibimos esas exclusiones realizadas, esas destrucciones,
percibimos la sucesion, el tiempo: cuando contamos esas exclusiones,
esas destrucciones en que se nos ofrecen cosas distintas y exclusivas,
como ser y no ser, contamos el tiempo.
[45.] Aquí se levanta una dificultad. Si la sucesion entraña exclusion,
y no hay sucesion, sino cuando hay exclusion, resulta, que las cosas que
no se excluyen son simultáneas; de lo cual se infiere el absurdo de que
las cosas sucedidas en tiempo de Adan, que no excluyen las del nuestro,
son simultáneas. El movimiento de las hojas del paraiso no excluye el de
las hojas de los jardines actuales; luego aquel movimiento es simultáneo
con este; luego el movimiento de entonces, es ahora; y el de ahora, era
entonces: lo que es un absurdo inconcebible.
Esta dificultad es grave; la razon que la constituye parece fundada en
verdades evidentes; sin embargo, no es imposible desvanecerla.
[46.] Si existiese una cosa que no excluyese nada, ni fuera excluida por
nada, esta cosa seria simultánea con todo. ¿Y sabeis cuál es esta cosa?
No hay mas que una: Dios. Y por esto dicen los teólogos con mucha
verdad, con mucha profundidad, con una profundidad, quizás no siempre
comprendida por los mismos que lo han dicho, que Dios está presente á
todos los tiempos; que para él no hay sucesion, no hay _antes_ y
_despues_: que para él, todo es un _ahora_, _nunc_.
[47.] Pero esto solo se verifica de Dios: en todo lo demás hay alguna
exclusion, hay ser y no ser, y por tanto sucesion. Veamos por ejemplo,
cómo se excluye el movimiento de las hojas de nuestros jardines con las
del jardin de Adan. Las de nuestros jardines, ¿cómo pueden moverse?
existiendo, y además, estando sujetas á las condiciones necesarias para
el movimiento. ¿Cómo existen? Por un desarrollo de los gérmenes que las
contenian. ¿Qué es el desarrollo? una serie de movimientos, de ser y no
ser, y por tanto de cosas que se excluyen. No hay pues simultaneidad de
existencia entre las del paraiso y las de nuestros jardines; porque
entre aquellas y el primer gérmen, no mediaban mas que los movimientos
para el primer desarrollo, y para la existencia de las nuestras, han
mediado otros muchos. Hé aquí la exclusion, el ser y el no ser: el
número de las exclusiones necesarias para la existencia, es muy
diferente en unas y en otras: no hay pues simultaneidad. Considerando
todos los desarrollos, y todas las mudanzas del orbe, como una dilatada
serie de términos, enlazados entre sí por una dependencia mutua; como en
efecto lo están por las leyes de la naturaleza; y llamando esos términos
A, B, C, D, E, F,...... N, las hojas del paraiso pertenecian al término
A, y las actuales al N.
[48.] Del mismo modo que la no simultaneidad de la existencia, se prueba
la no simultaneidad del movimiento; pues que el movimiento es una manera
de existir. Además, el aire que agita las hojas actuales, ha sido movido
por otro, y este por otro; y estos movimientos, sujetos todos á las
leyes de la naturaleza, fijas y constantes, se van eslabonando entre
sí, hasta el primer movimiento, con tanta necesidad, como las del
engranaje de una serie de ruedas. Y así como el engranar de un diente es
el no engranar del otro, por excluir el uno al otro, así se excluyen los
movimientos, en cuyo último eslabon se encuentra el del aire que mueve
las hojas actuales.
[49.] Esta explicacion de la sucesion y del tiempo, aclara algun tanto
la idea de la eternidad; y manifiesta que la eternidad, es decir la
simultaneidad de toda la duracion, corresponde al ser inmutable, y solo
á él. Los seres mudables, que incluyen por necesidad, tránsito de no ser
á ser, y de ser á no ser, cuando nó en sus substancias, al menos en sus
modificaciones, todos envuelven sucesion.
[50.] Por lo dicho se explica cómo la idea del tiempo, se encuentra en
casi todos nuestros conceptos, y se la expresa en todas las lenguas. Y
es que el hombre percibe de continuo el ser y el no ser, en todo cuanto
le rodea; lo percibe dentro de sí, en esa muchedumbre de pensamientos,
de afecciones que se suceden rápidamente, que ora se contrarían, ora se
favorecen, ora se separan, ora se enlazan, pero siempre se distinguen
unos de otros; siempre modifican de diferente manera el espíritu, y por
tanto se excluyen, no pueden coexistir: la existencia del uno exige la
no existencia del otro.
CAPÍTULO VIII.
QUÉ ES LA COEXISTENCIA.
[51.] Si la sucesion del tiempo envuelve exclusion, se sigue que en no
habiendo exclusion habrá coexistencia: de lo que se infiere que en el
supuesto de haber Dios criado otros mundos, todos por necesidad habrian
sido contemporáneos con el actual; porque es evidente que no se hubieran
excluido; y que no teniendo además entre sí la relacion de causas y de
efectos como los fenómenos del mundo actual, no cabe la explicacion que
hemos dado para manifestar que el movimiento de las hojas del paraiso no
era contemporánea, con el de las hojas de nuestros jardines. Así
tendríamos que habria sido imposible que hubiese existido otro mundo,
_antes_ del actual; y que todos cuantos seres pudiese Dios criar, con
tal que no tuviesen entre sí exclusion, todos deberian ser
contemporáneos.
[52.] Esta dificultad es bastante especiosa, si no se ha comprendido
perfectamente el sentido de la palabra, exclusion. Cuando digo
exclusion, no entiendo únicamente la repugnancia intrínseca de los seres
entre sí; y solo quiero significar, que por una ú otra razon, intrínseca
ó extrínseca, al poner la existencia del uno, se ponga la negacion de
la existencia del otro. Esta aclaracion basta para soltar la dificultad.
[53.] Dos mundos totalmente independientes, pueden estar sometidos á
esta exclusion por la voluntad de Dios. Dios puede crear el uno, sin
crear el otro: hé aquí puesta la existencia del primero, y la negacion
del segundo: Dios puede dejar de conservar el primero, y crear el
segundo: hé aquí la existencia del segundo y la negacion del primero: hé
aquí un _antes_ y _despues_, una sucesion en la existencia. Dios puede
crear los dos; podemos concebir existentes los dos, sin negacion de la
existencia de ninguno de ellos: hé aquí la coexistencia.
[54.] Para profundizar mas esta cuestion, detengámonos un momento en
comprender qué es la coexistencia. ¿Cuándo se dirá que dos seres
coexisten, ó que existen á un mismo tiempo? Cuando no hay sucesion entre
ellos; cuando los dos existen: cuando no hay la existencia del uno y la
negacion del otro. Para concebir la coexistencia, no necesitamos mas que
concebir simplemente la existencia de los seres; la idea de sucesion se
forma, cuando con la idea de la existencia del uno, combinamos la idea
de la negacion del otro. Coexistir pues los seres, es existir;
sucederse, es ser los unos y no ser los otros: el ser se refiere solo á
lo presente; lo pasado y lo futuro no es ser; solo es lo que es; nó lo
que fué ó será. Aquellas palabras del sagrado texto: «Yo soy el que soy;
el que es, me envió á vosotros;» envuelven una verdad profunda, una
filosofía asombrosa, una ontología admirable.
[55.] Donde no hay ser y no ser, no hay pues sucesion; no hay tiempo; no
hay mas que presente; hay la eternidad. Concebid un ser inmutable en sí
y en todos sus actos; concebid su inteligencia una, su voluntad una;
siempre con el mismo objeto; siempre inalterable, siempre con la
plenitud de ser; sin negacion de ninguna clase; para este ser, no hay
antes ni despues; no hay sino ahora; sí le atribuis la sucesion de
instantes, le aplicais la obra de vuestra imaginacion, pero sin
fundamento alguno. Reflexionad bien lo que quiere decir _antes_ y
_despues_, en lo que no se muda ni se puede mudar, en nada, por nada ni
para nada; y veréis que la sucesion es en tal caso una palabra sin
sentido. ¿Y por qué le atribuimos esta sucesion? Porque juzgamos del
objeto por nuestras percepciones: y estas percepciones se suceden,
tienen una alternativa de ser y no ser, aun cuando versan sobre un
objeto inmutable.
[56.] Haga cada cual la prueba en su interior: conciba dos seres
existentes, sin añadir á este pensamiento nada accesorio, ni de negacion
de ser, ni de tiempo, ni de otra cosa; perciba simplemente la existencia
de los dos seres; y vea si le falta nada para tener idea de su
coexistencia. Por el contrario; quiera percibir la sucesion, diferencia
de instantes; es necesario que perciba la existencia del uno, y la
negacion de la existencia del otro. Luego la idea de coexistencia es
simple; nada envuelve sino existencia de los seres: luego la de sucesion
es compuesta de la combinacion del ser con el no ser.
[57.] No puedo menos de hacer notar aquí, la fecundidad de la idea del
ser, la cual combinada con la de no ser, nos suministra la del tiempo.
Hemos visto en el libro anterior, que las de unidad y número se formaban
de una manera semejante; y en lo sucesivo tendremos ocasiones de
observar, que brotan de las ideas de ser y de no ser, algunas otras, que
aunque secundarias con respecto á las que las engendran, son sin embarga
de las mas capitales que posee el espíritu humano. Llamo sobre este
particular la atencion, deseoso de que el lector vaya acostumbrándose á
referir todas las ideas á pocos puntos, en que todas se enlacen, nó con
un vínculo facticio, producto de métodos arbitrarios, sino por la íntima
naturaleza de las cosas. Lo que es la extension para las intuiciones
sensibles, es la idea de ente para los conceptos, intuicion de la
extension; idea del ente: estos son dos puntos fundamentales en toda la
ciencia ideológica y ontológica: dos datos primitivos que posee el
espíritu humano para resolver todos los problemas, así en el órden
sensible como en el intelectual puro. Situándose en este punto de vista
todo se esclarece, y se dispone en un órden sumamente lógico, porque es
natural.
[58.] Permítaseme una observacion sobre el método que voy siguiendo. He
creido que no era conveniente desenvolver por separado mi opinion sobre
estos vínculos generales, de todas las ideas; en cuyo caso, hubiera sido
preciso tratar la filosofía por un órden sistemático, poniendo al
principio lo que solo debe hallarse al fin, y queriendo establecer como
doctrina preliminar lo que solo debe ser el resultado de un conjunto de
doctrinas. Para conseguir mi objeto era indispensable ir analizando
sucesivamente las ideas y los hechos, prescindiendo de todo sistema; no
violentándolos para que se acomodasen á este, sino examinándolos para
ver lo que de ellos resultaba. Este es sin duda el mejor método; así se
alcanza el conocimiento de la verdad como un fruto del trabajo sobre los
hechos; y no se alteran los objetos para forzarlos á plegarse á la
opinion del autor. Cuando acabamos de experimentar la aplicacion que
tienen, las ideas de ser y de no ser á uno de los puntos mas abstrusos
de la metafísica, no habrá sido inoportuno el llamar un momento la
atencion del lector para que eche de ver la trabazon de las doctrinas.
CAPÍTULO IX.
PRESENTE, PASADO Y FUTURO.
[59.] Explicada la idea de coexistencia, vamos á definir las varias
relaciones que nos ofrece el tiempo. Las principales son tres: presente,
pasado y futuro: todas las demás son combinaciones de estas entre sí.
[60.] El presente es el único tiempo absoluto; quiero decir, que no
necesita de ninguna relacion para ser concebido. Lo presente se concibe
sin relacion á lo pasado ni á lo futuro. Lo pasado ni lo futuro, no
pueden concebirse sino con relacion á lo presente.
[61.] _Pasado_: esta es una idea esencialmente relativa. Cuando se habla
de _pasado_, se ha de tomar siempre un punto á que se refiera, y con
respecto al cual se diga que pasó. Este punto es presente en la realidad
ó en el órden ideal; esto es, que con el entendimiento nos colocamos en
dicho punto, nos le hacemos presente por decirlo así, y con respecto á
él hablamos de lo pasado.
En prueba de que la idea de pasado es esencialmente relativa, se puede
observar, que variando los puntos de referencia, lo pasado deja de
considerarse como tal y se ofrece como presente ó futuro. Hablando
actualmente de los acontecimientos del tiempo de Alejandro, se nos
presentan como cosas pasadas, porque las referimos al momento presente;
peco si hablamos por ejemplo del imperio de Sesostris, la época de
Alejandro deja de ser pasada y se convierte en futura. Si tratásemos de
sucesos contemporáneos á aquellos, dicha época dejaría de ser pasada y
futura, y se convertiria en presente.
Lo pasado pues se refiere siempre á un punto presente tomado en la
cadena de los tiempos; y con respecto á este, se dice que una cosa fué ó
pasó: sin esta relacion es imposible concebir la idea de pasado; es
absurda.
[62.] ¿Qué es la relacion de pasado? Ateniéndonos á la definicion que
hemos dado del tiempo, diremos que cuando percibimos el ser de una cosa,
y luego su no ser y el ser de otra, aquella es pasada con respecto á
esta.
[63.] ¿Qué sucederia pues si percibiésemos el ser de una cosa, y luego
su no ser, sin relacion á otro ser? Esta es una hipótesis absurda:
porque este otro ser lo hemos de hallar siempre, siquiera en nosotros
que percibimos el ser y el no ser.
Se replicará que podemos suponer la completa desaparicion de nosotros
mismos, y que entonces queda en pié la dificultad. Aunque nosotros
desapareciésemos, habria inteligencias capaces de percibir el ser y el
no ser. Cuando no hubiese ninguna inteligencia finita, permaneceria la
infinita.
[64.] Aquí surge una nueva dificultad: porque se puede preguntar, si
con relacion á la inteligencia infinita, la cosa seria pasada.
Admitiendo que sí, parece que introducimos el tiempo en la duracion de
Dios, con lo cual destruimos su eternidad que excluye toda sucesion. Si
decimos que á los ojos de la inteligencia infinita la cosa no es pasada,
no lo será realmente, porque las cosas son tales como Dios las conoce.
Entonces resulta la idea de ser y no ser, y sin embargo no resulta la
idea de pasado. Esta dificultad se funda en la confusion de los
términos.
Supongamos que Dios no hubiese criado mas que un ser solo, y que este
hubiese dejado de existir: y examinemos los resultados de esta
hipótesis. Dios conoce la existencia del objeto y la no existencia. Este
acto intelectual, es simplicísimo: en él no ha habido ni podido haber
sucesion alguna. Con respecto á Dios no hay propiamente pasado; y si
esta idea se quiere aplicar al objeto, significa simplemente su no
existencia con relacion á su existencia destruida ya. Presentadas las
ideas bajo este punto de vista se comprende perfectamente como en Dios
no hay pasado, pero sí conocimiento de las cosas pasadas.
[65.] En esta hipótesis ¿cómo se mediria el tiempo de la criatura única?
por sus mudanzas; ¿y si estas no existiesen? en esta suposicion
imaginaria, no habria tiempo.
Aunque á primera vista esta consecuencia parezca extraña, es necesaria
absolutamente: ó se debe desechar la definicion que hemos dado del
tiempo, ó es preciso admitir que no hay tiempo cuando no hay mudanza.
[66.] Sea lo que fuere de estas cuestiones fundadas en hipótesis
imaginarias, siempre resulta cierto que la idea de pasado es
esencialmente relativa; y que en ninguna suposicion podemos concebir lo
pasado despojándole de toda relacion. La palabra _fué_ recuerda el ser y
el no ser: la sucesion constitutiva del tiempo. En esta relacion, el
órden es de tal naturaleza que el no ser es percibido despues del ser;
por esto se llama pasado.
[67.] La idea de futuro es tambien relativa á lo presente. Sin esta
relacion, el futuro es inconcebible. Futuro es lo que ha de venir, lo
que ha de ser con respecto á un _ahora_ real ó hipotético; porque de lo
futuro se verifica lo mismo que observamos de lo pasado (61), esto es,
que se le hace cambiar mudando el punto de su referencia: lo futuro para
nosotros será pasado para los que vengan despues: lo que era futuro para
los pasados, es presente ó pasado para nosotros.
El punto de referencia de lo futuro es siempre un presente: no puede
referirse á lo pasado como á último término, porque este en sí, se
refiere tambien á lo presente.
[68.] Luego lo único que se encuentra absoluto en la idea del tiempo, es
lo presente: este no necesita de ninguna relacion; y no solo no la
necesita, pero ni la consiente; pues que no lo podemos referir á lo
pasado ni á lo futuro, ya que estos dos tiempos presuponen la idea de
presente, sin la cual no se pueden ni siquiera concebir.
[69.] El tiempo es una cadena cuyas partes son divisibles hasta lo
infinito: no hay tiempo que no podamos dividir en otros tiempos: el
instante indivisible nos representa una cosa análoga al punto
indivisible: un límite al cual nos aproximamos, sin poderle alcanzar
nunca: un elemento inextenso generador de la extension. El punto
geométrico para engendrar una línea, necesita moverse; y no concebimos
posible el movimiento, sin presuponer espacio en el cual el punto se
mueva; es decir, que tratamos de engendrar la extension, y comenzamos
por presuponerla. Una cosa semejante nos sucede con el tiempo.
Imaginamos un instante indivisible, de cuya fluxion resulta esa
continuidad de duracion que llamamos tiempo; pero esta fluxion es
imposible, si no suponemos un tiempo en que fluya. Queremos pues asistir
á la generacion del tiempo, y le suponemos ya existente, prolongando
hasta lo infinito, como en una línea inmensa en la cual se realice la
fluxion del instante. ¿Qué debemos inferir de estas contradicciones
aparentes? nada menos que una robusta confirmacion de la doctrina
establecida.