[35.] En la expresion V = E/T, entran dos términos: el espacio, y el

tiempo. Al primero, mirado en el órden real, y prescindiendo del

fenomenal, le consideramos más fácilmente como cosa fija; en un caso

dado, le comprendemos sin una relacion. El pié siempre es pié; la vara

siempre es vara; estas son cantidades existentes en la naturaleza; y que

si nosotros las referimos á otras cantidades, es únicamente para

asegurarnos de que es así; nó porque la realidad dependa de la relacion.

Un pié cúbico de agua, no es un pié cúbico porque así lo diga su medida;

por el contrario, la medida lo dice así, porque es así. La misma medida

es tambien una cantidad absoluta; y en general todas las extensiones son

absolutas; pues de otro modo, seria necesario buscar la medida de la

medida hasta lo infinito. Es verdad que el llamar las cosas grandes ó

pequeñas, depende de la comparacion; mas esto no altera su cantidad

propia. El diámetro de la tierra es inmenso, comparado con una pulgada;

y es un punto imperceptible, comparado con la distancia de las estrellas

fijas; mas esto no quita que la pulgada, el diámetro de la tierra, y la

distancia de las estrellas fijas, sean valores determinados en sí, é

independientes unos de otros (V. lib. III, cap. XX).

Si el denominador de E/T, fuese una cantidad del género del espacio; es

decir, que tuviese valores determinados, concebibles por sí solos,

existentes por sí solos, la velocidad, aunque fuera relacion, podria

tener tambien valores determinados; nó enteramente absolutos, pero sí en

la suposicion de compararse dos términos E y T con valores fijos. Por

manera que al pedírsenos 4 de velocidad por ejemplo, no tendríamos mas

que tomar una cantidad fija de espacio, y otra cantidad fija de tiempo,

que tuviesen entre sí la relacion de 4 á 1; lo que seria muy fácil,

siendo do E y T cantidades absolutas. En este supuesto, si se pidiese

una aceleracion ó un retardo en la totalidad del universo, no habria mas

que hacer sino disminuir ó aumentar el tiempo en que se recorre el

espacio respectivo. Pero como por una parte hemos visto ya las

dificultades que ofrece el considerar el tiempo como cosa absoluta; y

por otra, no se puede aducir ninguna prueba sólida en que se funde esta

propiedad, resulta que no sabemos tampoco de qué manera considerar á la

velocidad como absoluta, ni aun en el sentido arriba explicado.

[36.] De esto se deduce una consecuencia tan importante como curiosa,

con respecto á la posibilidad de una aceleracion ó retardo universal. Si

se nos pide una aceleracion ó retardo en toda la máquina del universo,

quitándonos todo movimiento á que pudiésemos referir el tiempo,

alterándolos todos á la vez, en la misma proporcion, inclusas las

operaciones de nuestra alma, se nos propone un problema que parece

insoluble; nada menos que realizar un imposible; se quiere que alteremos

la relacion de muchos términos, sin alterarla. Si la velocidad no es mas

que la relacion del espacio con el tiempo, y el tiempo no es mas que la

relacion de los espacios andados; alterar todas estas relaciones, en la

misma proporcion, es lo mismo que no alterarlas: es dejarlo todo

intacto.

[37.] La extrañeza de consecuencias semejantes, no debe ser título

suficiente para desecharlas. Es preciso no olvidar que las ideas

comunes de tiempo y velocidad, las examinamos en su region mas

trascendental; y que por tanto, no es de admirar que nuestro espíritu al

salir de la esfera en que vive por lo comun, se halle con una atmósfera

nueva, en que le parezca descubrir cosas contradictorias. Al examinar

las ideas de tiempo y de velocidad, incurrimos sin pensarlo en el

defecto de mezclarlas en la misma explicacion; queremos prescindir de

ellas, pero lo hacemos con mucha dificultad, cayendo con frecuencia en

un círculo vicioso. De esto resulta que cuando por un esfuerzo

particular, llegamos á prescindir realmente, las consecuencias nos

parecen contradictorias: pero esta contradiccion aparente, solo dimana

de que no hemos continuado con bastante firmeza en la misma precision;

en cuyo caso, como el entendimiento parte de dos supuestos diferentes

creyendo partir de uno mismo, los resultados le parecen contradictorios,

aunque no lo sean en la realidad. Una cosa semejante nos ha sucedido

examinando la idea del espacio (V. lib. III, cap. XII, XIII y XIV).

CAPÍTULO VII.

EXPLICACION FUNDAMENTAL DE LA SUCESION.

[38.] Las razones que destruyen la naturaleza absoluta del tiempo, en

cuanto está sujeto á medida, no parecen satisfacer plenamente á otra

dificultad que nace del tiempo considerado en sí mismo. En efecto; si el

tiempo es la sucesion, ¿qué es esta sucesion? ¿Las cosas se suceden

entre sí? es evidente; y ¿qué significa sucederse, si no hay _antes_ y

_despues_, es decir tiempo preexistente á la sucesion, ya que la

sucesion consiste en venir unas cosas _despues_ de otras? De este modo,

se explica el tiempo por la sucesion, y la sucesion por el tiempo. ¿Qué

es _despues_, sino una parte del tiempo, que está en relacion con un

_antes_?

[39.] Lo que se ha dicho en el capítulo IV no parece resolver

cumplidamente la dificultad: porque el ser y el no ser, no forman

sucesion, sino en cuanto el uno viene _despues_ del otro; esto es en

cuanto se presupone ya el mismo tiempo que se trata de explicar. El ser

y no ser de cosas distintas puede ser simultáneo; y en una misma cosa,

no hay repugnancia entre el ser y el no ser, sino en cuanto se refieren

á un mismo tiempo. Luego en tal caso, este se halla siempre presupuesto;

pues que, en una misma cosa, no son concebibles el ser y el no ser,

sino como distribuidos en varios instantes de tiempo. De donde resulta

que el tiempo no está bastante explicado, con el ser y el no ser.

[40.] Para satisfacer á esta dificultad, que en efecto es grave, es

preciso encontrar una explicacion fundamental de la sucesion. Vamos á

ensayarlo, evitando emplear la idea del tiempo, como supuesta en ningun

sentido.

[41.] Hay cosas que se excluyen y otras que nó. Cuando hay existencia de

cosas que se excluyen, hay sucesion. En una línea a----b----c, si un

cuerpo está en a, no puede pasar á b, sin dejar de estar en a; la

situacion en b, excluye pues la en a; asi como la en c, excluye la en b.

Cuando á pesar de la exclusion recíproca, vemos que existen las cosas,

hallamos que hay sucesion.

[42.] La sucesion en la realidad, es la existencia de cosas que se

excluyen. Lo que envuelve respectivamente, el ser de la excluyente, y el

no ser de la excluida.

[43.] En toda variacion, hay esta exclusion: y por lo mismo en toda

variacion, hallamos sucesion. Variacion es mudanza de estados; pérdida

de uno, y adquisicion de otro; hay pues exclusion; pues el ser excluye

el no ser, y el no ser el ser.

[44.] Cuando percibimos esas exclusiones realizadas, esas destrucciones,

percibimos la sucesion, el tiempo: cuando contamos esas exclusiones,

esas destrucciones en que se nos ofrecen cosas distintas y exclusivas,

como ser y no ser, contamos el tiempo.

[45.] Aquí se levanta una dificultad. Si la sucesion entraña exclusion,

y no hay sucesion, sino cuando hay exclusion, resulta, que las cosas que

no se excluyen son simultáneas; de lo cual se infiere el absurdo de que

las cosas sucedidas en tiempo de Adan, que no excluyen las del nuestro,

son simultáneas. El movimiento de las hojas del paraiso no excluye el de

las hojas de los jardines actuales; luego aquel movimiento es simultáneo

con este; luego el movimiento de entonces, es ahora; y el de ahora, era

entonces: lo que es un absurdo inconcebible.

Esta dificultad es grave; la razon que la constituye parece fundada en

verdades evidentes; sin embargo, no es imposible desvanecerla.

[46.] Si existiese una cosa que no excluyese nada, ni fuera excluida por

nada, esta cosa seria simultánea con todo. ¿Y sabeis cuál es esta cosa?

No hay mas que una: Dios. Y por esto dicen los teólogos con mucha

verdad, con mucha profundidad, con una profundidad, quizás no siempre

comprendida por los mismos que lo han dicho, que Dios está presente á

todos los tiempos; que para él no hay sucesion, no hay _antes_ y

_despues_: que para él, todo es un _ahora_, _nunc_.

[47.] Pero esto solo se verifica de Dios: en todo lo demás hay alguna

exclusion, hay ser y no ser, y por tanto sucesion. Veamos por ejemplo,

cómo se excluye el movimiento de las hojas de nuestros jardines con las

del jardin de Adan. Las de nuestros jardines, ¿cómo pueden moverse?

existiendo, y además, estando sujetas á las condiciones necesarias para

el movimiento. ¿Cómo existen? Por un desarrollo de los gérmenes que las

contenian. ¿Qué es el desarrollo? una serie de movimientos, de ser y no

ser, y por tanto de cosas que se excluyen. No hay pues simultaneidad de

existencia entre las del paraiso y las de nuestros jardines; porque

entre aquellas y el primer gérmen, no mediaban mas que los movimientos

para el primer desarrollo, y para la existencia de las nuestras, han

mediado otros muchos. Hé aquí la exclusion, el ser y el no ser: el

número de las exclusiones necesarias para la existencia, es muy

diferente en unas y en otras: no hay pues simultaneidad. Considerando

todos los desarrollos, y todas las mudanzas del orbe, como una dilatada

serie de términos, enlazados entre sí por una dependencia mutua; como en

efecto lo están por las leyes de la naturaleza; y llamando esos términos

A, B, C, D, E, F,...... N, las hojas del paraiso pertenecian al término

A, y las actuales al N.

[48.] Del mismo modo que la no simultaneidad de la existencia, se prueba

la no simultaneidad del movimiento; pues que el movimiento es una manera

de existir. Además, el aire que agita las hojas actuales, ha sido movido

por otro, y este por otro; y estos movimientos, sujetos todos á las

leyes de la naturaleza, fijas y constantes, se van eslabonando entre

sí, hasta el primer movimiento, con tanta necesidad, como las del

engranaje de una serie de ruedas. Y así como el engranar de un diente es

el no engranar del otro, por excluir el uno al otro, así se excluyen los

movimientos, en cuyo último eslabon se encuentra el del aire que mueve

las hojas actuales.

[49.] Esta explicacion de la sucesion y del tiempo, aclara algun tanto

la idea de la eternidad; y manifiesta que la eternidad, es decir la

simultaneidad de toda la duracion, corresponde al ser inmutable, y solo

á él. Los seres mudables, que incluyen por necesidad, tránsito de no ser

á ser, y de ser á no ser, cuando nó en sus substancias, al menos en sus

modificaciones, todos envuelven sucesion.

[50.] Por lo dicho se explica cómo la idea del tiempo, se encuentra en

casi todos nuestros conceptos, y se la expresa en todas las lenguas. Y

es que el hombre percibe de continuo el ser y el no ser, en todo cuanto

le rodea; lo percibe dentro de sí, en esa muchedumbre de pensamientos,

de afecciones que se suceden rápidamente, que ora se contrarían, ora se

favorecen, ora se separan, ora se enlazan, pero siempre se distinguen

unos de otros; siempre modifican de diferente manera el espíritu, y por

tanto se excluyen, no pueden coexistir: la existencia del uno exige la

no existencia del otro.

CAPÍTULO VIII.

QUÉ ES LA COEXISTENCIA.

[51.] Si la sucesion del tiempo envuelve exclusion, se sigue que en no

habiendo exclusion habrá coexistencia: de lo que se infiere que en el

supuesto de haber Dios criado otros mundos, todos por necesidad habrian

sido contemporáneos con el actual; porque es evidente que no se hubieran

excluido; y que no teniendo además entre sí la relacion de causas y de

efectos como los fenómenos del mundo actual, no cabe la explicacion que

hemos dado para manifestar que el movimiento de las hojas del paraiso no

era contemporánea, con el de las hojas de nuestros jardines. Así

tendríamos que habria sido imposible que hubiese existido otro mundo,

_antes_ del actual; y que todos cuantos seres pudiese Dios criar, con

tal que no tuviesen entre sí exclusion, todos deberian ser

contemporáneos.

[52.] Esta dificultad es bastante especiosa, si no se ha comprendido

perfectamente el sentido de la palabra, exclusion. Cuando digo

exclusion, no entiendo únicamente la repugnancia intrínseca de los seres

entre sí; y solo quiero significar, que por una ú otra razon, intrínseca

ó extrínseca, al poner la existencia del uno, se ponga la negacion de

la existencia del otro. Esta aclaracion basta para soltar la dificultad.

[53.] Dos mundos totalmente independientes, pueden estar sometidos á

esta exclusion por la voluntad de Dios. Dios puede crear el uno, sin

crear el otro: hé aquí puesta la existencia del primero, y la negacion

del segundo: Dios puede dejar de conservar el primero, y crear el

segundo: hé aquí la existencia del segundo y la negacion del primero: hé

aquí un _antes_ y _despues_, una sucesion en la existencia. Dios puede

crear los dos; podemos concebir existentes los dos, sin negacion de la

existencia de ninguno de ellos: hé aquí la coexistencia.

[54.] Para profundizar mas esta cuestion, detengámonos un momento en

comprender qué es la coexistencia. ¿Cuándo se dirá que dos seres

coexisten, ó que existen á un mismo tiempo? Cuando no hay sucesion entre

ellos; cuando los dos existen: cuando no hay la existencia del uno y la

negacion del otro. Para concebir la coexistencia, no necesitamos mas que

concebir simplemente la existencia de los seres; la idea de sucesion se

forma, cuando con la idea de la existencia del uno, combinamos la idea

de la negacion del otro. Coexistir pues los seres, es existir;

sucederse, es ser los unos y no ser los otros: el ser se refiere solo á

lo presente; lo pasado y lo futuro no es ser; solo es lo que es; nó lo

que fué ó será. Aquellas palabras del sagrado texto: «Yo soy el que soy;

el que es, me envió á vosotros;» envuelven una verdad profunda, una

filosofía asombrosa, una ontología admirable.

[55.] Donde no hay ser y no ser, no hay pues sucesion; no hay tiempo; no

hay mas que presente; hay la eternidad. Concebid un ser inmutable en sí

y en todos sus actos; concebid su inteligencia una, su voluntad una;

siempre con el mismo objeto; siempre inalterable, siempre con la

plenitud de ser; sin negacion de ninguna clase; para este ser, no hay

antes ni despues; no hay sino ahora; sí le atribuis la sucesion de

instantes, le aplicais la obra de vuestra imaginacion, pero sin

fundamento alguno. Reflexionad bien lo que quiere decir _antes_ y

_despues_, en lo que no se muda ni se puede mudar, en nada, por nada ni

para nada; y veréis que la sucesion es en tal caso una palabra sin

sentido. ¿Y por qué le atribuimos esta sucesion? Porque juzgamos del

objeto por nuestras percepciones: y estas percepciones se suceden,

tienen una alternativa de ser y no ser, aun cuando versan sobre un

objeto inmutable.

[56.] Haga cada cual la prueba en su interior: conciba dos seres

existentes, sin añadir á este pensamiento nada accesorio, ni de negacion

de ser, ni de tiempo, ni de otra cosa; perciba simplemente la existencia

de los dos seres; y vea si le falta nada para tener idea de su

coexistencia. Por el contrario; quiera percibir la sucesion, diferencia

de instantes; es necesario que perciba la existencia del uno, y la

negacion de la existencia del otro. Luego la idea de coexistencia es

simple; nada envuelve sino existencia de los seres: luego la de sucesion

es compuesta de la combinacion del ser con el no ser.

[57.] No puedo menos de hacer notar aquí, la fecundidad de la idea del

ser, la cual combinada con la de no ser, nos suministra la del tiempo.

Hemos visto en el libro anterior, que las de unidad y número se formaban

de una manera semejante; y en lo sucesivo tendremos ocasiones de

observar, que brotan de las ideas de ser y de no ser, algunas otras, que

aunque secundarias con respecto á las que las engendran, son sin embarga

de las mas capitales que posee el espíritu humano. Llamo sobre este

particular la atencion, deseoso de que el lector vaya acostumbrándose á

referir todas las ideas á pocos puntos, en que todas se enlacen, nó con

un vínculo facticio, producto de métodos arbitrarios, sino por la íntima

naturaleza de las cosas. Lo que es la extension para las intuiciones

sensibles, es la idea de ente para los conceptos, intuicion de la

extension; idea del ente: estos son dos puntos fundamentales en toda la

ciencia ideológica y ontológica: dos datos primitivos que posee el

espíritu humano para resolver todos los problemas, así en el órden

sensible como en el intelectual puro. Situándose en este punto de vista

todo se esclarece, y se dispone en un órden sumamente lógico, porque es

natural.

[58.] Permítaseme una observacion sobre el método que voy siguiendo. He

creido que no era conveniente desenvolver por separado mi opinion sobre

estos vínculos generales, de todas las ideas; en cuyo caso, hubiera sido

preciso tratar la filosofía por un órden sistemático, poniendo al

principio lo que solo debe hallarse al fin, y queriendo establecer como

doctrina preliminar lo que solo debe ser el resultado de un conjunto de

doctrinas. Para conseguir mi objeto era indispensable ir analizando

sucesivamente las ideas y los hechos, prescindiendo de todo sistema; no

violentándolos para que se acomodasen á este, sino examinándolos para

ver lo que de ellos resultaba. Este es sin duda el mejor método; así se

alcanza el conocimiento de la verdad como un fruto del trabajo sobre los

hechos; y no se alteran los objetos para forzarlos á plegarse á la

opinion del autor. Cuando acabamos de experimentar la aplicacion que

tienen, las ideas de ser y de no ser á uno de los puntos mas abstrusos

de la metafísica, no habrá sido inoportuno el llamar un momento la

atencion del lector para que eche de ver la trabazon de las doctrinas.

CAPÍTULO IX.

PRESENTE, PASADO Y FUTURO.

[59.] Explicada la idea de coexistencia, vamos á definir las varias

relaciones que nos ofrece el tiempo. Las principales son tres: presente,

pasado y futuro: todas las demás son combinaciones de estas entre sí.

[60.] El presente es el único tiempo absoluto; quiero decir, que no

necesita de ninguna relacion para ser concebido. Lo presente se concibe

sin relacion á lo pasado ni á lo futuro. Lo pasado ni lo futuro, no

pueden concebirse sino con relacion á lo presente.

[61.] _Pasado_: esta es una idea esencialmente relativa. Cuando se habla

de _pasado_, se ha de tomar siempre un punto á que se refiera, y con

respecto al cual se diga que pasó. Este punto es presente en la realidad

ó en el órden ideal; esto es, que con el entendimiento nos colocamos en

dicho punto, nos le hacemos presente por decirlo así, y con respecto á

él hablamos de lo pasado.

En prueba de que la idea de pasado es esencialmente relativa, se puede

observar, que variando los puntos de referencia, lo pasado deja de

considerarse como tal y se ofrece como presente ó futuro. Hablando

actualmente de los acontecimientos del tiempo de Alejandro, se nos

presentan como cosas pasadas, porque las referimos al momento presente;

peco si hablamos por ejemplo del imperio de Sesostris, la época de

Alejandro deja de ser pasada y se convierte en futura. Si tratásemos de

sucesos contemporáneos á aquellos, dicha época dejaría de ser pasada y

futura, y se convertiria en presente.

Lo pasado pues se refiere siempre á un punto presente tomado en la

cadena de los tiempos; y con respecto á este, se dice que una cosa fué ó

pasó: sin esta relacion es imposible concebir la idea de pasado; es

absurda.

[62.] ¿Qué es la relacion de pasado? Ateniéndonos á la definicion que

hemos dado del tiempo, diremos que cuando percibimos el ser de una cosa,

y luego su no ser y el ser de otra, aquella es pasada con respecto á

esta.

[63.] ¿Qué sucederia pues si percibiésemos el ser de una cosa, y luego

su no ser, sin relacion á otro ser? Esta es una hipótesis absurda:

porque este otro ser lo hemos de hallar siempre, siquiera en nosotros

que percibimos el ser y el no ser.

Se replicará que podemos suponer la completa desaparicion de nosotros

mismos, y que entonces queda en pié la dificultad. Aunque nosotros

desapareciésemos, habria inteligencias capaces de percibir el ser y el

no ser. Cuando no hubiese ninguna inteligencia finita, permaneceria la

infinita.

[64.] Aquí surge una nueva dificultad: porque se puede preguntar, si

con relacion á la inteligencia infinita, la cosa seria pasada.

Admitiendo que sí, parece que introducimos el tiempo en la duracion de

Dios, con lo cual destruimos su eternidad que excluye toda sucesion. Si

decimos que á los ojos de la inteligencia infinita la cosa no es pasada,

no lo será realmente, porque las cosas son tales como Dios las conoce.

Entonces resulta la idea de ser y no ser, y sin embargo no resulta la

idea de pasado. Esta dificultad se funda en la confusion de los

términos.

Supongamos que Dios no hubiese criado mas que un ser solo, y que este

hubiese dejado de existir: y examinemos los resultados de esta

hipótesis. Dios conoce la existencia del objeto y la no existencia. Este

acto intelectual, es simplicísimo: en él no ha habido ni podido haber

sucesion alguna. Con respecto á Dios no hay propiamente pasado; y si

esta idea se quiere aplicar al objeto, significa simplemente su no

existencia con relacion á su existencia destruida ya. Presentadas las

ideas bajo este punto de vista se comprende perfectamente como en Dios

no hay pasado, pero sí conocimiento de las cosas pasadas.

[65.] En esta hipótesis ¿cómo se mediria el tiempo de la criatura única?

por sus mudanzas; ¿y si estas no existiesen? en esta suposicion

imaginaria, no habria tiempo.

Aunque á primera vista esta consecuencia parezca extraña, es necesaria

absolutamente: ó se debe desechar la definicion que hemos dado del

tiempo, ó es preciso admitir que no hay tiempo cuando no hay mudanza.

[66.] Sea lo que fuere de estas cuestiones fundadas en hipótesis

imaginarias, siempre resulta cierto que la idea de pasado es

esencialmente relativa; y que en ninguna suposicion podemos concebir lo

pasado despojándole de toda relacion. La palabra _fué_ recuerda el ser y

el no ser: la sucesion constitutiva del tiempo. En esta relacion, el

órden es de tal naturaleza que el no ser es percibido despues del ser;

por esto se llama pasado.

[67.] La idea de futuro es tambien relativa á lo presente. Sin esta

relacion, el futuro es inconcebible. Futuro es lo que ha de venir, lo

que ha de ser con respecto á un _ahora_ real ó hipotético; porque de lo

futuro se verifica lo mismo que observamos de lo pasado (61), esto es,

que se le hace cambiar mudando el punto de su referencia: lo futuro para

nosotros será pasado para los que vengan despues: lo que era futuro para

los pasados, es presente ó pasado para nosotros.

El punto de referencia de lo futuro es siempre un presente: no puede

referirse á lo pasado como á último término, porque este en sí, se

refiere tambien á lo presente.

[68.] Luego lo único que se encuentra absoluto en la idea del tiempo, es

lo presente: este no necesita de ninguna relacion; y no solo no la

necesita, pero ni la consiente; pues que no lo podemos referir á lo

pasado ni á lo futuro, ya que estos dos tiempos presuponen la idea de

presente, sin la cual no se pueden ni siquiera concebir.

[69.] El tiempo es una cadena cuyas partes son divisibles hasta lo

infinito: no hay tiempo que no podamos dividir en otros tiempos: el

instante indivisible nos representa una cosa análoga al punto

indivisible: un límite al cual nos aproximamos, sin poderle alcanzar

nunca: un elemento inextenso generador de la extension. El punto

geométrico para engendrar una línea, necesita moverse; y no concebimos

posible el movimiento, sin presuponer espacio en el cual el punto se

mueva; es decir, que tratamos de engendrar la extension, y comenzamos

por presuponerla. Una cosa semejante nos sucede con el tiempo.

Imaginamos un instante indivisible, de cuya fluxion resulta esa

continuidad de duracion que llamamos tiempo; pero esta fluxion es

imposible, si no suponemos un tiempo en que fluya. Queremos pues asistir

á la generacion del tiempo, y le suponemos ya existente, prolongando

hasta lo infinito, como en una línea inmensa en la cual se realice la

fluxion del instante. ¿Qué debemos inferir de estas contradicciones

aparentes? nada menos que una robusta confirmacion de la doctrina

establecida.

Filosofía Fundamental, Tomo III · 第 15 / 19 段