[99.] Kant no concibe la realidad y la negacion sino como llenando ó

dejando vacío el tiempo, el cual en opinion del filósofo aleman, es

forma primitiva de nuestras intuiciones, y una especie de fondo en el

cual ve el alma todos los objetos, inclusas sus operaciones propias.

Segun esta doctrina, la idea del tiempo precede á las de realidad y

negacion; pues que estas dos últimas no son concebibles sino con

relacion á aquel. Desde luego salta á los ojos la extrañeza de una

forma, ó llámese como se quiera, á la cual se hayan de referir las ideas

de realidad y negacion, cuando fuera de la idea de realidad no es

concebible nada. Kant tan escrupuloso en el análisis de los elementos

contenidos en nuestro espíritu, y tan desdeñoso para con todos los

metafísicos que le han precedido, debiera habernos explicado la

naturaleza de esta forma en la cual vemos la realidad, y que sin embargo

no está contenida en la idea de realidad. Si es algo, será tambien una

realidad; y si no es algo, será un puro nada; por consiguiente no podrá

ser una forma que llenándose ó vaciándose, ofrezca al espíritu las ideas

de realidad ó negacion. Fácil me seria manifestar con abundante copia de

razones la equivocacion del filósofo aleman, cuando determina con tanta

inexactitud las relaciones entre el tiempo y la idea del ser; pero como

me propongo explicar detenidamente la idea del tiempo, no quiero

adelantar aquí lo que corresponde á otra parte de la obra.

CAPÍTULO XIV.

RESÚMEN Y CONSECUENCIAS DE LA DOCTRINA DEL ENTE.

[100.] Resumamos la doctrina expuesta en los capítulos anteriores, para

que podamos verla de una ojeada en su conjunto y trabazon.

La idea de ente es tan fecunda en resultados, que conviene profundizarla

bajo todos sus aspectos, y no perderla nunca de vista en las

investigaciones de la filosofía trascendental.

[101.] Tenemos la idea de ente, ó de ser en general: así lo atestiguan

la razon y el sentido íntimo.

[102.] Esta idea es simple, y no podemos resolverla en otros elementos:

expresa una razon general de las cosas, y se la desnaturaliza en cierto

modo, si se la mezcla con ideas particulares. No es intuitiva, sino

indeterminada, hasta el punto de que por sí sola, no nos daria idea de

un ser real y posible. En todo ser, no solo concebimos que _es_, sino

que _es alguna cosa_, la cual es su predicado: el mismo ser infinito, no

solo es un ser, sino un ser inteligente y libre, y que posee

formalmente todas las perfecciones que no implican nada de imperfeccion.

[103.] La idea del ser puede expresar ó la simple existencia, ó la

relacion de un predicado con un sujeto: en el primer caso, es

substantiva, en el segundo copulativa. Hé aquí dos ejemplos: «el sol

_es_;» «el sol _es luminoso_:» en la primera proposicion, el ser es

substantivo, ó expresa la existencia; en la segunda, es copulativo, ó

significa la relacion del predicado con el sujeto.

[104.] Las ideas de identidad y distincion nacen de las ideas del ser y

del no ser; y así la idea del ser copulativo, que afirma la identidad de

un predicado con un sujeto, dimana tambien en algun modo de la idea del

ser substantivo.

[105.] El ser, que es el principal objeto del entendimiento, no es él

posible, en cuanto posible; no concebimos la posibilidad sino en órden

á la actualidad: aquella nace de esta; nó esta de aquella. No

concebiríamos la posibilidad pura, esto es la posibilidad sin

existencia, si no concibiésemos seres finitos, en cuya idea no está

envuelto el ser por necesidad, y cuya aparicion y desaparicion estamos

experimentando continuamente.

[106.] El entendimiento percibe el ser; y esta es una condicion

indispensable para todas sus percepciones; pero la idea del ser no es la

única que se le ofrece; pues que conoce diferentes modos de ser, los

cuales por lo mismo que son _modos_, añaden algo á la idea general y

absoluta de la existencia.

[107.] Cuando consideramos las esencias de las cosas prescindiendo de su

realidad, nuestros conocimientos envuelven siempre la siguiente

condicion: si existen. De lo posible puro, en cuanto no es, solo hay

ciencia condicional; es decir, si el objeto pasa de la posibilidad á la

realidad. Para fundar la posibilidad pura, de suerte que haya en ella

relaciones necesarias, bajo la condicion de la existencia, es menester

recurrir á un ser necesario orígen de toda verdad.

[108.] Las esencias de las cosas en abstracto, nada significan, ni

pueden ser objeto de afirmacion ó negacion, si no suponemos un ser

necesario, en que se halle la razon de las relaciones de las cosas, y de

la posibilidad de su existencia.

[109.] La verdad pura, independientemente de todo entendimiento, de todo

ser, no solo creado, sino tambien increado, es una ilusion, ó mejor

diremos, un absurdo. De la pura nada, no es verdad nada.

La verdad no puede ser atea: sin Dios no hay verdad.

[110.] No solo conocemos el ser, sino tambien el no ser; tenemos idea de

la negacion. Esta se refiere siempre á algun ser: la nada absoluta, no

puede ser objeto de la inteligencia. La idea de la negacion tiene su

fecundidad peculiar: combinada con la de ser, funda el principio de

contradiccion, engendra las ideas de distincion y multiplicidad, y hace

posibles los juicios negativos.

[111.] La idea de ser no dimana de las sensaciones; ni tampoco es

innata, en el sentido de que preexista en nuestro entendimiento como un

tipo anterior á todas las percepciones. No hay inconveniente en llamarla

innata, si por esta palabra se significa una condicion _sine qua non_ de

todos nuestros actos intelectuales, y por consiguiente del ejercicio de

nuestras facultades innatas. En toda percepcion intelectual se halla

mezclada la idea de ser, pero esta no se ofrece con toda claridad y

distincion á nuestro entendimiento; hasta que por medio de la reflexion,

la separamos de las ideas particulares que la acompañan.

[112.] La esencia no se distingue de la existencia, ni aun en los seres

finitos. Esta es una distincion de conceptos á que no corresponde una

distincion en la realidad.

[113.] La identidad de la esencia con la existencia, no lleva consigo la

necesidad de las cosas finitas. Los argumentos con que se pretende sacar

esta consecuencia se fundan en el sentido equívoco que se da á las

palabras.

[114.] La opinion de Kant que limita la idea de la realidad y de la

negacion al órden puramente sensible, acarrea la ruina de toda

inteligencia; pues que hace vacilar el mismo principio de contradiccion.

Esta doctrina del filósofo aleman, está en oposición con lo que él

propio enseña sobre los conceptos intelectuales puros, distintos de las

representaciones sensibles. Refiriendo las ideas de realidad y de

negacion á la idea del tiempo, como forma primitiva del sentido íntimo,

deja fuera de la idea de realidad lo que no puede menos de pertenecer á

ella; y presenta la del tiempo bajo un punto de vista totalmente

equivocado.

[115.] Así como la representacion sensible tiene por base la intuicion

primitiva de la extension, así las facultades perceptivas del

entendimiento puro, reconocen por base la idea de ser; y de la propia

suerte que la extension se ofrece á la sensibilidad, como limitable, y

de la limitabilidad resulta la figurabilidad, y por consiguiente, todos

los objetos de la ciencia geométrica, así tambien la idea del no ser, se

combina con la del ser, y fecundiza en cierto modo las ciencias

metafísicas.

[116.] Ese paralelismo de las dos ideas extension y ser, no es de tal

naturaleza, que la primera sea independiente de la segunda. La idea de

extension es estéril para la ciencia, si no se combina con las ideas

generales de ser y no ser. Esto podria manifestarse de varias maneras;

pero basta recordar que la geometría á cada paso echa mano del principio

de contradiccion; en el cual entran las ideas de ser y no ser (V. lib.

IV, cap. V).

[117.] De las ideas de ser y de no ser, combinadas con las intuitivas,

nacen todos nuestros conocimientos. En los libros siguientes tendremos

ocasion de observar esa admirable fecundidad de una idea que aunque por

sí sola no enseñaria nada positivo, no obstante unida con otras y

modificada ella misma de varias maneras, ilumina de tal modo el mundo

intelectual, que con razon ha podido llamarse el objeto del

entendimiento.

FIN DEL LIBRO QUINTO.

LIBRO SEXTO.

UNIDAD Y NUMERO.

CAPÍTULO I.

CONSIDERACIONES PRELIMINARES SOBRE LA IDEA DE UNIDAD.

[1.] Antes de analizar la idea del número, comencemos por su elemento

mas simple, la unidad. El número es un conjunto de unidades; si

ignoramos lo que es la unidad, no podremos saber lo que es el número (V.

lib. V, cap. X).

[2.] ¿Qué es la unidad? ¿Cuándo una cosa es una? Parece que todos

sabemos lo que es la unidad, pues con ella construimos el edificio de

nuestros conocimientos aritméticos. Todos sabemos cuándo una cosa es

una, sin que nos equivoquemos jamás sobre el significado de la palabra.

En esto no hay diferencia entre el sabio y el rudo. La voz _uno_, en

nuestra lengua, significa lo mismo para todos los que la comprenden; lo

propio sucede á los demás pueblos con respecto á la palabra con que

expresan la misma idea. Cuando se ha encontrado el guarismo 1 que

corresponde á esta idea, y que la expresa de un modo general,

prescindiendo de las diferencias de idiomas, todos los hombres le han

entendido y aplicado de la misma manera.

[3.] La idea de la unidad, es la misma en todos los hombres; es un

patrimonio comun del género humano. No se liga á este ó aquel objeto; ni

á este ó aquel acto del espíritu; se extiende á todo de la misma manera.

Aun las cosas compuestas, las cosas múltiplas, no llegan á ser llamadas

unas, sino en cuanto participan de la idea general. El punto indivisible

es uno. La línea que consta de muchos puntos, no seria una, si estos

puntos no tuviesen enlace de contigüidad, sí no contribuyesen á formar

_un_ objeto que nos causa _una_ impresion, que está sometido á _un_ acto

de nuestro entendimiento.

[4.] La idea de unidad no es ninguna sensacion particular, pues conviene

á todas; no es la sensacion en general, pues conviene á lo que no es

sensacion: una es la sensacion del color, pero una es tambien la

conciencia del _yo_, que no es ninguna sensacion; uno es el tamaño del

rectángulo que tengo á la vista, que siento, y una es la relacion de

igualdad de sus ángulos, que no es sensacion.

[5.] La idea de unidad, es una idea simple, que acompaña á nuestro

espíritu desde sus primeros pasos: la hallamos en todo, la comprendemos

bien; no la explicamos como desearíamos, porque es simple, y no puede

descomponerse expresándose con varias palabras. No quiero decir con

esto, que sea necesario renunciar á toda explicacion de la idea de la

unidad; solo me propongo advertir al lector de la clase de explicacion

que debe prometerse; la cual no puede ser otra que el análisis del hecho

en cuanto está en los objetos, y del fenómeno en cuanto se presenta á

nuestro espíritu.

CAPÍTULO II.

QUÉ ES LA UNIDAD.

[6.] Los escolásticos han dicho con verdad que todo ser es uno, y que

todo lo uno es ser. La unidad es un atributo general á todo ser, pero nó

distinto del mismo. Por poco que se reflexione, salta á los ojos que la

unidad y el ser no se distinguen, la idea de unidad por sí sola, no nos

ofrece nada real, ni aun posible: ¿qué seria la unidad que no fuese mas

que unidad? Esta idea va envuelta en la de ser, es un aspecto del mismo,

una razon bajo la cual se presenta el ser al entendimiento.

[7.] Pero ¿qué es el concepto de unidad, bajo el cual se nos ofrecen los

seres? Decimos que hay unidad en el objeto, cuando no hay distincion en

el concepto que le presenta; y no hay distincion, cuando la percepcion

del _no ser_ relativo no se combina en el objeto con la del _ser_. Donde

quiera que hay percepcion de un objeto simplemente, hay unidad. Percibo

el objeto B. Sea lo que fuere B, será uno para mí, si no le percibo

compuesto de c, d, de los cuales el uno _no sea_ el otro. Si en el

objeto B percibo la distincion entre c y d, la unidad desaparece.

Es evidente que aun cuando conozca esta composicion, puedo prescindir de

ella y considerar simplemente el resultado, el todo, B; entonces la

unidad aparece de nuevo.

[8.] Por lo dicho se ve que la unidad es de dos maneras, real y

facticia. La real existe, cuando en la cosa no solo no se percibe la

distincion, sino que no la hay; la facticia se halla en los compuestos,

que en sí mismos encierran cosas distintas, las que pueden ofrecerse al

entendimiento, en cuanto subordinadas á una unidad de órden y

prescindiendo de la distincion real que contienen.

[9.] En las escuelas se definia algunas veces _lo uno_, ens indivisum in

se, et divisum ab aliis: la primera parte parece muy exacta con tal que

por _indivision_, no se entienda _no separacion_, sino _indistincion_;

pero la segunda la considero cuando menos redundante. Si no existiese

mas que un ser solo y simplicísimo; no dejaría de ser uno; y sin

embargo, no se le podria aplicar el que estuviese dividido de los

otros: divisum ab aliis. No habiendo _otros_, no habria la division de

ellos. Luego este miembro de la definicion es redundante.

[10.] Se dirá que el ser uno está dividido de los otros reales ó

posibles; y que en el supuesto de un ser solo, si bien no habria seres

reales, los habria posibles; pero esto no deshace la dificultad. El ser

solo, seria uno _realmente_, y la division de los otros, seria solo

_posible_: pues que la division de dos extremos no puede ser real cuando

uno de ellos no es mas que posible; luego la division de los otros,

_divisio ab aliis_, no es un constitutivo necesario de la unidad: porque

esta es ya real, cuando el constitutivo es solo posible.

[11.] Todavía se puede hacer otra observacion que confirma esta

doctrina. En el uso comun, la unidad se opone á la distincion: en no

habiendo distincion, hay unidad. Para que no haya distincion, basta que

el ser uno no sea concebido como múltiplo; y esto se consigue,

independientemente de su comparacion con los demás. Las palabras _otros,

demás_, suponen seres _unos_; la idea de unidad precede á la de

distincion: los seres no se consideran distintos entre sí, sino despues

que se los concibe, como unos, cada cual de por sí.

[12.] Me parece pues que el ser uno está definido con decir _ens

indivisum in se_; ó un ser que en sí no tiene division. Segun sea la

indivision, será la unidad. Si la indivision significa _indistincion_,

la unidad será real; pero si solo significa, _no separacion_, ó sea

reunion, la unidad será facticia. Las moléculas inextensas de que

algunos suponen compuesta la materia, serian _unas_ realmente; porque en

ellas no habria distincion. Los cuerpos son _unos_ facticiamente, porque

sus partes son realmente distintas, aunque estén reunidas.

[13.] Puede proponerse la dificultad de si seria uno el ser, indiviso en

sí, y no dividido de los otros; porque si no fuese _uno_, se inferiria

que la definicion no ha sido justamente censurada: puesto que no seria

uno lo que careciese de la segunda propiedad señalada en la definicion.

A esto respondo que el ser que no encerrase distincion en sí, y no se

distinguiese de los otros, seria tambien uno: y que en dicho caso, no

habrá _otros_, pues no los hay cuando no hay distincion. En este

supuesto, solo habria una unidad, la unidad del panteismo, el _gran

todo_, el absoluto, en que todo se identificaria.

[14.] Se ha dicho que la unidad que se confundia con el ente, era

distinta de la unidad que da orígen al número. En efecto, se encuentran

aquí dos conceptos diferentes de la unidad, en cuanto la primera

significa solamente indistincion, y la otra expresa la relacion á

engendrar cantidad. Mas de esto no se infiere que lo uno que se

identifica con el ente se distinga del que engendra el número. Todos los

seres unos en sí, pero distintos entre sí, sean cuales fueren, pueden

ser concebidos bajo la idea de número. En el augusto misterio de la

Trinidad, entra el número _tres_; y decimos con mucha verdad, que en

Dios hay _tres_ personas.

[15.] La unidad que engendra el número no es necesario que sea real;

basta que sea facticia. Tomando por unidad el pié, nos servimos de una

unidad facticia, pues que el pié consta de partes; y sin embargo el

número que resulta es un verdadero número.

CAPÍTULO III.

UNIDAD Y SIMPLICIDAD.

[16.] La unidad real, se confunde con la simplicidad. Lo realmente uno

carece de distincion en sí mismo; no consta de partes de las cuales se

pueda decir: esta _no es_ aquella. Es evidente que nada mas se requiere

para que haya simplicidad; lo simple se opone á lo compuesto; á lo que

está formado de varios seres, de los cuales el uno _no es_ el otro.

[17.] Esta simplicidad no la encontramos en ninguno de los objetos

sometidos á nuestra intuicion, excepto en los actos de nuestra alma. Por

manera que, aun cuando conocemos por el discurso que hay substancias

realmente unas, ó simples, no las vemos en sí mismas.

Lo extenso consta esencialmente de partes: de donde resulta que la

unidad real, ó la simplicidad, no la hallamos en el mundo corpóreo, en

cuanto es objeto de nuestra sensibilidad. Pero como lo compuesto se ha

de resolver en lo simple, y no es dable proceder hasta lo infinito; se

infiere tambien que el mismo universo corpóreo es un conjunto de

substancias, que, llámense puntos inextensos ó como se quiera, parece

que no pueden descomponerse en otras, y por consiguiente son realmente

unas, ó simples.

[18.] De esto se infiere, que en cierto modo podria decirse que las

substancias son realmente simples; y que los llamados compuestos, son

conjuntos de substancias, que á su vez forman una tercera substancia,

reuniéndose bajo una cierta ley que las preside, y que les da la unidad

que he llamado facticia.

[19.] Aquí no puedo menos de hacer observar como el análisis

trascendental confunde á los que no admiten la simplicidad en los seres

pensantes; pues que encontramos que la simplicidad es primero que la

composicion, y que esta no puede ni aun concebirse, si no presuponemos

aquella. La simplicidad es una ley necesaria de todo ser: un ser

compuesto, mas bien que un ser, debe llamarse un conjunto de seres.

[20.] He dicho que las substancias simples no se ofrecian á nuestra

intuicion; y que esta no tenia mas objetos que mereciesen el nombre de

simples que los actos de nuestra alma. Esto dimana de que el principal

medio de intuicion para nosotros es la sensibilidad; la cual estriba en

representaciones basadas sobre la extension. Tocante á los actos de

nuestra alma, que nos son dados en intuicion, en el sentido íntimo, no

cabe duda de que son perfectamente simples. ¿Quién es capaz de

descomponer una percepcion, un juicio, un raciocinio, un acto de

voluntad?

[21.] La percepcion de ciertos objetos necesita de actos preparatorios,

y lo mismo puede decirse del juicio y del raciocinio; pero estas

operaciones en sí mismas, son sumamente simples, y es imposible

dividirlas en varias partes. La simplicidad se encuentra igualmente en

los actos de la voluntad, ya sean de la voluntad pura, ó intelectual, ya

de la sensible. ¿Cómo se pueden dividir en partes estos actos, _quiero,

no quiero, amo, aborrezco, gozo, sufro_?

[22.] Conviene no confundir la multiplicidad de los actos con los actos:

no niego que estos sean muchos, solo digo que estos son simples en sí

mismos. En nuestro espíritu se suceden continuamente pensamientos,

impresiones, afecciones de varias clases: estos fenómenos son distintos

entre sí, como lo prueba, el que existen en tiempos diferentes, y en un

mismo tiempo existen los unos sin los otros, y algunos de ellos son

incompatibles porque se contradicen: pero cada fenómeno de por sí, es

incapaz de ser descompuesto, no admite dentro de sí la distincion en

varias partes, y por consiguiente es simple.

[23.] La verdadera unidad solo se encuentra pues en la simplicidad:

donde no hay verdadera simplicidad, hay unidad facticia, nó real; pues

aun cuando no haya separacion, hay distincion entre las varias partes de

que el compuesto se forma.

[24.] Se infiere de esto que en la definicion del ser uno, en vez de

_indivisum_, quizás deberia ponerse _indistinctum_; porque la distincion

se opone á la unidad de identidad, la division á la union. A la unidad

facticia, le basta la indivision; pero la unidad real, necesita la

indistincion. Por mas unidas que estén dos cosas, si la una no es la

otra, son distintas, y no se pueden llamar unas en todo rigor

metafísico.

[25.] Estas observaciones solo van dirigidas á fijar bien las ideas, nó

á modificar el lenguaje. En el uso comun, se aplica la idea de unidad en

un sentido menos riguroso; y lejos de oponerme á este uso, convengo en

que está fundado en razon. De la union de cosas realmente distintas

resulta un conjunto que puede llamarse uno, en cuanto está sometido

tambien á cierta unidad; y si no fuese permitido el emplear esta palabra

en una acepcion menos rigurosa de lo que exige el análisis metafísico,

seria preciso desterrar la unidad de la mayor parte de los objetos. Ya

he dicho que las substancias simples no se nos ofrecen en intuicion

inmediata; y que vemos mas bien los conjuntos que los elementos de que

se componen; si solo pudiésemos aplicar la unidad á los elementos

simples, las ciencias se estrecharian sobre manera; el lenguaje se

empobreceria; y la literatura y las bellas artes se verian despojadas de

una de sus perfecciones características: la unidad.

CAPÍTULO IV.

ORÍGEN DE LA TENDENCIA DE NUESTRO ESPÍRITU HÁCIA LA UNIDAD.

[26.] Encontrando la multiplicidad en todos los objetos sensibles, que

son los que llaman mas principalmente nuestra atencion, ¿cómo adquiere

nuestro espíritu la idea de unidad? Buscamos la unidad en las ciencias,

la unidad en la literatura, la unidad en las artes, la unidad en todo.

¿De dónde nace esa irresistible tendencia hácia la unidad, que nos la

hace buscar facticia, cuando no la encontramos real; y esto, á pesar de

la multiplicidad que se nos ofrece en los objetos de nuestra percepcion?

[27.] Si no me engaño, se pueden señalar dos orígenes de esta tendencia

á la unidad: uno objetivo, otro subjetivo. El primero consiste en el

mismo carácter de la unidad, en la cual está entrañado principalmente

el objeto del entendimiento; el otro es la unidad que se halla en el ser

inteligente, y que este experimenta en el fondo de sí mismo. Estas ideas

necesitan mayor explicacion.

[28.] La unidad es el ser: todo ser es uno: y propiamente hablando, el

ser no se halla sino en la unidad. Tomemos un objeto compuesto: en él

hallamos dos cosas: los elementos simples de que se compone, y la

reunion de los mismos. El ser propiamente dicho, no está en la union,

sino en los elementos unidos. La union es una mera relacion, que no es

ni siquiera posible, cuando no hay elementos que se hayan de unir. Por

el contrario, estos elementos en sí mismos, prescindiendo de la union,

son verdaderos seres, que existian antes de la union y que existen

despues. ¿Qué es un cuerpo organizado? Un conjunto de moléculas unidas

bajo cierta ley, segun es el principio que preside á la organizacion.

Las partes existian antes de que esta se formase; y cuando sea

destruida, continuarán existiendo. Luego el ser se hallaba propiamente

en los elementos; y la organizacion era una relacion de estos entre sí.

[29.] La organizacion necesita un principio que la domine, sujetando sus

funciones á leyes determinadas para llenar su objeto. Por donde se ve

que aun la misma relacion está sometida á la unidad; esto es, á la

unidad de fin y á la unidad del principio que la domina y dirige.

[30.] No se concibe que la union de cosas distintas pueda significar

nada ni conducir á nada, sino en cuanto preside á ella la unidad. En los

objetos sometidos á nuestra experiencia, las cosas se unen de tres

maneras: por yuxtaposicion en el espacio; por coexistencia en el tiempo;

y por asociacion en el ejercicio de su actividad. Del primer modo, están

unidos los elementos que constituyen la extension; del segundo todos los

objetos que pertenecen á un mismo tiempo; y del tercero todos los que

reunen sus fuerzas dirigiéndolas á un mismo fin.

[31.] La union que consiste en la continuidad de los elementos en el

espacio, no tiene un valor, á los ojos de la ciencia, sino en cuanto hay

un ser inteligente que percibe las formas que resultan de la

continuidad, reduciéndolas á principios de unidad en tipos ideales.

Cuatro líneas de puntos dispuestas de manera que formen un cuadrilátero,

no significan nada científico, hasta que hay una inteligencia que

percibe bajo la unidad, la forma de cuadrilátero. No niego la existencia

del cuadrilátero independientemente de la percepcion intelectual;

prescindiendo de la inteligencia, existirian ciertamente aquellas líneas

dispuestas de la misma manera; pero esta disposicion en forma de

cuadrilátero, es una relacion, no es un ser distinto del conjunto de los

elementos dispuestos; y por sí sola no ofrece objeto á la inteligencia,

sino en cuanto se presenta bajo la unidad de la forma de cuadrilátero.

Filosofía Fundamental, Tomo III · 第 12 / 19 段