existir, Dios conoce esta verdad, y en esta verdad hay una negacion.
Dios conoce la verdad de todas las proposiciones negativas, ya expresen
el ser substantivo, ya el relativo; luego conoce la negacion. ¿Es esto
imperfeccion? nó. Porque no puede serlo el conocer la verdad. La
imperfeccion está en los objetos, que por lo mismo de ser finitos
incluyen la negacion, el ser combinado con el no ser. Si Dios no
conociera la negacion, sería porque la negacion fuera imposible en sí
misma, lo que equivaldria á la imposibilidad de la existencia de lo
finito; y conduciría á la necesidad absoluta y exclusiva de un ser
infinito solo.
CAPÍTULO XI.
ORÍGEN DE LA IDEA DEL ENTE.
[74.] Si nada hemos podido pensar sin la idea del ente, ella preexiste á
todo acto reflexivo; y parece que no ha podido nacer de la reflexion.
Luego la idea de ente será innata. Examinemos esta cuestion.
[75.] Que no podemos pensar sin la idea de ente, lo demuestra lo dicho
en los capítulos anteriores; y además cualquiera puede consultar la
experiencia en sí mismo, esforzándose para hacer una reflexion en que no
entra la idea del ser. Ya hemos visto que ni aun los primeros principios
pueden prescindir de ella; y es seguro que nadie irá mas allá de los
primeros principios.
[76.] ¿Podrá habernos venido de las sensaciones? La sensacion en sí, no
nos presenta sino cosas determinadas: la idea del ente es cosa
indeterminada; la sensacion no nos ofrece sino cosas particulares; la
idea del ente es lo mas general que hay y que puede haber; la sensacion
nada nos enseña, nada nos dice, fuera de lo que ella es, una simple
afeccion de nuestra alma; la idea del ente es una idea vasta, que se
extiende á todo, que fecunda admirablemente nuestro espíritu, que es el
elemento de toda reflexion, que funda por sí solo una ciencia; la
sensacion no sale de sí misma, no se extiende siquiera á las otras
sensaciones; la del tacto nada tiene que ver con la del oído; todas
pertenecen á un instante de tiempo y no existen fuera de él; la idea del
ente conduce al espíritu por todo linaje de seres, por lo corpóreo y lo
incorpóreo, por lo real y lo posible, por el tiempo y la eternidad, lo
finito y lo infinito. Si algo sacamos de las sensaciones, si nos
producen algun fruto intelectual, es porque reflexionamos sobre ellas; y
la reflexion es imposible sin la idea del ente.
[77.] La idea del ser tampoco parece que pueda formarse por abstraccion.
Para abstraer es necesario reflexionar: y la reflexion es imposible, sin
tener de antemano dicha idea; luego esta es necesaria para la
abstraccion, luego la abstraccion no puede ser su causa.
[78.] Por otra parte, á este argumento que tan concluyente parece, se le
puede oponer una explicacion sumamente sencilla del método con que la
abstraccion se ejecuta. Yo veo el papel en que escribo; la sensacion
envuelve dos cosas: blanco y extenso. Si no tengo mas que la simple
sensacion, aquí me pararé, y solo recibiré esta impresion: extenso y
blanco. Si hoy en mí alguna facultad distinta de la de sentir, que me
haga capaz de reflexionar sobre la misma sensacion que experimento,
podré considerar que esta sensacion tiene algo semejante con otras, que
recuerdo haber experimentado. Podré pues considerar la existencia y
blancura en sí, prescindiendo de que sean estas que en la actualidad me
afectan. En seguida puedo reflexionar que estas sensaciones tienen algo
comun con las demás, en cuanto todas me afectan de algun modo; entonces
tengo la idea de sensacion en general. Si luego considero que todas las
sensaciones tienen algo comun con todo lo que hay en mí, en cuanto me
modifican de alguna manera, formaré la idea de una modificacion mía,
prescindiendo de que sea sensacion, ó pensamiento, ó acto de voluntad; y
si en fin, prescindiendo de que estas cosas se hallen en mí, de que sean
substancias ó modificaciones, solo atiendo á que son algo, habré llegado
á la idea del ser. Luego esta idea puede formarse por abstraccion. Esta
explicacion es seductora por su sencillez; pero no deja de sufrir graves
dificultades.
[79.] Desde los primeros pasos de la operacion nos servimos sin
advertirlo, de la idea de ser: luego nos hacemos ilusion cuando creemos
formárnosla. Para reflexionar sobre lo extenso y blanco, es necesario
considerar que existe; que es _algo_ semejante á otras sensaciones;
cuando prosigo pensando en que me afecta, ya sé que yo _soy_, que
aquello que me afecta _es_, ya hablo de ser ó no ser, de tener ó no
tener _algo_ comun; y por fin cuando prescindo de que las modificaciones
de mi espíritu sean esto ó aquello, y solo las miro como una _cosa_,
como _algo_, como un _ser_, claro es que no podría considerarlas como
tales; si no existiese en mí la idea de _algo_ en general, es decir del
ente. Aquí el ser es un predicado que yo aplico á las cosas; luego ya
conocía este predicado. Lo que hago es colocar las cosas particulares y
determinadas en una idea general é indeterminada, que preexistia en mi
entendimiento. Las operaciones sucesivas que he hecho para la
abstraccion no han sido mas que una descomposicion del objeto, una
clasificacion de él en varias ideas generales, hasta llegar á la
superior, la del ente.
[80.] En vista de estas razones, todas muy fuertes, no es fácil
resolverse por ninguna de las opiniones opuestas sin temor de errar: no
obstante yo emitiré la mia, con arreglo á los principios que llevo
consignados en diferentes lugares de esta obra. La idea del ente, no la
tengo por innata, en el sentido de que preexista en nuestro
entendimiento, como un tipo anterior á las sensaciones, y á los actos
intelectuales (v. lib. IV, cap. XXX); pero no veo inconveniente en que
se la llame innata, si con este nombre no se significa otra cosa, que la
_facultad innata_ de nuestro entendimiento, para percibir los objetos
bajo la razon general de ente ó de existencia, tan pronto como
reflexiona sobre ellos. De esta suerte, la idea no dimana de las
sensaciones; y se la reconoce como un elemento primordial del
entendimiento puro; tampoco se la forma por abstraccion, como si se la
produjese totalmente; sino que se la separa de las demás, se la depura
por decirlo así, contribuyendo á esta depuracion ella misma. Así puede
preexistir á la reflexion, y ser en algun modo fruto de la reflexion,
segun los varios estados en que se la considera. En cuanto anda mezclada
y confusa con las demás ideas, preexiste á la reflexion; pero es fruto
de la misma reflexion, en cuanto esta la ha separado y depurado.
[81.] Para resolver cumplidamente las dificultades propuestas conviene
fijar las ideas con precision y exactitud.
La idea de ente es no solo general sino tambien indeterminada; no ofrece
al espíritu nada real, ni aun posible; pues que no concebimos que exista
ni pueda existir un ser que no sea mas que ser, de tal modo que no se
pueda afirmar del mismo ninguna propiedad excepto la de ser. Dios tiene
en sí la plenitud de ser; es su mismo ser, se llama con profunda verdad:
_el que es_; pero de él afirmamos tambien con verdad que es
inteligente, que es libre, y que tiene otras perfecciones no expresadas
en la idea general y pura de ser.
De esto se infiere que no debemos considerar la idea de ente como un
tipo que nos represente algo determinado, ni aun en general.
[82.] El acto con que percibimos el ser, la existencia, la realidad, es
necesario á nuestro entendimiento, pero está confundido con todos los
demás actos: intelectuales, como una condicion _sine qua non_ de todos
ellos, hasta que viene la reflexion á separarle de los mismos,
depurándole, y haciéndole objeto de nuestra percepcion.
Como al percibir, percibimos _algo_, es evidente que la razon de ser
anda siempre envuelta en todas nuestras percepciones; por el mero hecho
de conocer, conocemos el ente, es decir una _cosa_. Pero como al fijarse
nuestra percepcion en un objeto no siempre distinguimos las varias
razones en que puede ser descompuesto; aunque la idea de ser se halle en
todos los objetos percibidos, no es directamente percibida por nuestro
entendimiento, hasta que la reflexion la separa de todo lo demás.
[83.] Si pienso en un objeto azul, claro es que en la idea de azul entra
la de color; pero si no reflexiono, no distinguiré entre el género que
es color y la diferencia que es azul. En el objeto percibido, estas dos
cosas no se distinguen realmente; pues seria hasta rídiculo el pretender
que en un objeto particular de color azul, una cosa es el color y otra
lo azul; no obstante cuando reflexiono sobre el objeto, puedo distinguir
muy bien entre las dos ideas de color y de azul, y fijarme y discurrir
sobre la una sin ocuparme de la otra. ¿Será necesario decir que yo tenga
la idea de color en general, anteriormente á la representacion sensible?
nó por cierto. Solamente será preciso reconocer en el espíritu una
fuerza innata por la que considera en general lo que se le ofrece en
particular, y descompone un objeto simple en varias ideas ó aspectos.
[84.] Nuestro entendimiento posee la fuerza de concebir la unidad bajo
la idea de multiplicidad, y la multiplicidad bajo la idea de unidad. De
lo último hallamos el ejemplo en las ideas generales, en cuanto reunimos
en un solo concepto lo que es múltiplo en la realidad. Nuestro
entendimiento puede compararse á un prisma que descompone en muchos
colores un rayo de luz; de aquí nacen los diferentes conceptos relativos
á un objeto simple. Cuando no necesitamos reducir la multiplicidad á la
unidad, la fuerza intelectual obra en un sentido inverso: en vez de
dispersar reune: la variedad de colores desaparece; y vuelve á
presentarse el rayo luminoso en toda su pureza y simplicidad.
[85.] Por el mismo hecho de estar limitado nuestro espíritu á conocer
muchas cosas por conceptos, y nó por intuiciones, ha menester de la
facultad de componer y descomponer, de mirar una cosa simple bajo
aspectos distintos, y de reunir diferentes cosas bajo una razon comun.
No se pierda pues de vista que la fuerza generalizadora y divisora, de
que está dotado nuestro entendimiento, aunque es para él un poderoso
recurso, indica sin embargo su debilidad en el órden intelectual, y la
advierte continuamente de la circunspeccion con que debe proceder cuando
se trata de fallar sobre la íntima naturaleza de las cosas.
[86.] Segun esta doctrina, las ideas generales y muy particularmente las
indeterminadas, resultan de la reflexion ejercida sobre nuestros propios
actos perceptivos; y no hay en la idea general mas de lo que se halla en
la percepcion particular, excepto su misma generalidad nacida de que se
prescinde de las condiciones individuantes. Esto se verifica muy
particularmente en la idea del ser, que como ya hemos visto, entra como
condicion necesaria en todas nuestras percepciones; y es además
indispensable para todas las operaciones, tanto de composicion como de
descomposicion.
No podemos concebir, sin concebir _algo_, ó un _ente_; hé aquí el ser
substantivo. No podemos afirmar ó negar, sin decir _es_ ó _no es_; hé
aquí el ser copulativo. Luego la idea de ser es mas bien que idea, una
condicion necesaria para que nuestro entendimiento pueda ejercer sus
funciones: no es un tipo que le represente nada determinado; es mas bien
su condicion de vida; sin ella no le es posible ejercer su actividad.
[87.] Pero esta condicion de todos nuestros pensamientos, la podemos
percibir con la reflexion; y entonces la idea de ser que estaba envuelta
con lo demás, se ofrece depurada á nuestros ojos; y concebimos esa razon
general, de _ser_, de _cosa_, que entra en todas las percepciones, pero
que antes no habíamos distinguido con bastante claridad.
CAPÍTULO XII.
DISTINCION ENTRE LA ESENCIA Y LA EXISTENCIA.
[88.] Se ha disputado mucho en las escuelas sobre si la existencia es
distinta de la esencia. Esta cuestion á primera vista indiferente, no lo
es cuando se atiende á las consecuencias que de ella dimanan en opinion
de autores respetables, quienes pretendian nada menos que establecer en
la distincion de la esencia y de la existencia una nota característica
de lo finito, atribuyendo al solo ser infinito la identidad de su
esencia con su existencia.
[89.] Que nosotros distinguimos entre la esencia y la existencia de las
cosas, es indudable: en cuanto concebimos el objeto como realizado,
concebimos la existencia; y en cuanto concebimos que ese objeto existe
con esta ó aquella determinacion que le constituye en tal ó cual
especie, concebimos la esencia. La idea de existencia, nos representa la
realidad pura; la idea de la esencia, nos ofrece la determinacion de
esta realidad. Pero las escuelas han ido mas lejos, y han querido
trasladar á las cosas, la distincion que se halla en los conceptos: su
opinion parece mas sutil que sólida.
[90.] La esencia de una cosa es aquello que le constituye tal, y le
distingue de todo lo demás; y la existencia es el acto que da el ser á
la esencia, ó aquello por lo cual la esencia existe. De estas
definiciones parece resultar que no hay distincion entre la esencia y la
existencia. Para que dos cosas sean distintas es necesario que la una no
sea la otra; y como la esencia abstraida de la existencia, no es nada,
no se puede decir que haya entre ellas una distincion real.
La esencia de un hombre, si se prescinde de su existencia ¿á qué se
reduce? á nada: luego no se debe admitir ninguna relacion entre ellas.
Convengo en que prescindiendo de la existencia del hombre, concebimos
todavía la esencia del hombre; pero la cuestion no está en si
distinguimos entre la idea del hombre y su existencia, sino en si hay
una distincion real entre su esencia propia y su misma existencia.
[91.] Las esencias de todas las cosas están en Dios; y en este sentido
puede decirse que se distinguen de la existencia finita; pero esto, si
bien se considera, no afecta en nada la cuestion presente. Cuando las
cosas existen en Dios, no son nada distinto de Dios; están representadas
en la inteligencia infinita, la cual con todas sus representaciones, es
la misma esencia infinita. Comparar pues la existencia finita de las
cosas con su esencia, en cuanto se halla en Dios, es variar radicalmente
el estado de la cuestion, y buscar la relacion de la existencia de las
cosas, nó con sus esencias particulares, sino con las representaciones
del entendimiento divino.
[92.] Puede objetarse que si la existencia de los seres finitos es lo
mismo que su esencia, resultará que la existencia será esencial á dichos
seres; porque nada mas esencial que la misma esencia: luego los seres
finitos existirán por necesidad, pues que todo lo que pertenece á la
esencia es necesario. Los radios de un círculo son iguales entre sí,
porque la igualdad está contenida en la esencia del círculo; del mismo
modo, si la existencia pertenece á la esencia de las cosas, estas no
podrán menos de existir, y la no existencia seria una verdadera
contradiccion.
Esta dificultad se funda en el sentido ambiguo de la palabra _esencia_,
y en la falta de exactitud con que se ligan las ideas de esencial y de
necesario. La relacion de las propiedades esenciales es necesaria,
porque destruyéndola se cae en contradiccion. Los radios del círculo son
iguales porque en la misma idea del círculo entra ya la igualdad; y por
consiguiente si esta se negase, se afirmaria y se negaria á un mismo
tiempo. La contradiccion no existe cuando no se comparan unas
propiedades con otras; y esta comparacion no se hace cuando se trata de
la esencia y de la existencia. Entonces no se compara una cosa con otra,
sino una cosa consigo misma; si se introduce la distincion, no se la
refiere á dos cosas, sino á una misma, considerada bajo dos aspectos, ó
en dos estados: en el órden ideal y en el real.
Cuando nos ocupamos de la esencia prescindiendo de la existencia, el
objeto es el conjunto de las propiedades que dan al ser tal ó cual
naturaleza; prescindimos de que estas existian ó nó, y solo atendemos á
lo que serian si existiesen. En todo cuanto afirmamos ó negamos de las
mismas, envolvemos expresa ó tácitamente, la condicion de la existencia;
pero cuando consideramos la esencia realizada, ó existente, no
comparamos propiedad con propiedad, sino la cosa consigo misma. En este
caso, la no existencia no implica contradiccion; porque desapareciendo
la existencia desaparecerá tambien la misma esencia, y por consiguiente
todo lo que ella incluye. La contradiccion resultaría si dijésemos que
la esencia implica la existencia, y quisiéramos que permaneciendo la
primera, desapareciese la segunda, lo que no se verifica en este
supuesto. La igualdad de los radios del círculo no puede faltar mientras
el círculo no falte; y la contradiccion está en querer que los radios
sean desiguales y el círculo continúe círculo: mas si el círculo deja
de serlo, no hay inconveniente en que los radios sean desiguales. La
esencia es lo mismo que la existencia; mientras haya esencia habrá
tambien existencia; si la esencia falta, faltará tambien la existencia:
¿dónde está la contradiccion? De la esencia del hombre es la vida, y sin
embargo el hombre muere; se me dirá que entonces se destruye el hombre,
y que por esto no hay contradiccion; pues bien, tambien se destruirá la
esencia cuando deje de existir, y no habrá ninguna contradiccion en que
falte la existencia que estaba identificada con aquella.
[93.] Decian los escolásticos que el ser cuya esencia fuese lo mismo que
su existencia, seria infinito y absolutamente inmutable, á causa de que
siendo la existencia lo último en la línea de ente ó de acto, dicho ser
no podría recibir cosa alguna. Esta dificultad se funda tambien en el
sentido equívoco de las palabras. ¿Qué se entiende por _último_ en la
línea de ente ó de acto? Si se quiere significar que á la esencia
identificada con la existencia nada le puede sobrevenir, se comete
peticion de principio, pues se afirma lo que se ha de probar. Si se
entiende que la existencia es lo último en la línea de ente ó de acto,
en tal sentido que puesta ella nada falte para que las cosas cuya es la
existencia, sean realmente existentes, se afirma una verdad indudable,
pero de ella no se infiere lo que se intentaba demostrar.
[94.] Parece pues que á la distincion de los conceptos de la esencia y
de la existencia, no le corresponde una distincion real en las cosas.
La esencia no se distingue de la existencia; y nó por esto deja de ser
finita la primera y contingente la segunda. En Dios, la existencia se
identifica con la esencia; pero de tal suerte que su no existencia
implica contradiccion, y su esencia es infinita.
CAPÍTULO XIII.
OPINION DE KANT SOBRE LA REALIDAD Y LA NEGACION.
[95.] Kant cuenta entre sus categorías la realidad y la negacion, ó sea
la existencia y la no existencia, y las define con arreglo á sus
principios, diciendo: «la realidad en un concepto puro del
entendimiento, es lo que corresponde en general á una sensacion
cualquiera; por consiguiente aquello cuyo concepto designa un ser en sí,
en el tiempo. La negacion es aquello cuyo concepto representa un no ser
en el tiempo. La oposicion de estas dos cosas consiste en la diferencia
del mismo tiempo como lleno ó vacío. Pues que el tiempo consiste
únicamente en la forma de la intuicion, por consiguiente en la forma de
los objetos como fenómenos, se sigue que lo que en ellos corresponde á
la sensacion, es la materia trascendental de todos los objetos, como
cosas en sí, realidad esencial. Toda sensacion tiene un grado ó
intensidad por la cual puede llenar mas ó menos el mismo tiempo, es
decir el sentido íntimo relativamente á la representacion de un objeto
hasta que se reduzca á la nada=0=negacion.» En este pasaje hay un
error fundamental que destruye por su base toda inteligencia; y hay
además mucha confusion en las aplicaciones que se hacen de la idea del
tiempo.
[96.] Segun Kant, la realidad solo se refiere á las sensaciones: luego
la idea de ente será la idea de los fenómenos de la sensibilidad en
general; luego esta idea no significará nada cuando se la quiera aplicar
á lo no sensible; luego el mismo principio de contradiccion está
necesariamente limitado á la esfera de la sensibilidad; luego ni
conocemos ni podemos conocer nada fuera del órden sensible. Estas son
las consecuencias: veamos la solidez del principio de que dimanan.
[97.] Si la idea de realidad no fuese mas que la idea de lo sensible en
general, no la aplicaríamos jamás á cosas no sensibles; no obstante, la
experiencia enseña todo lo contrario. Hablamos continuamente de la
posibilidad y aun de la existencia de seres no sensibles; y hasta con
respecto á los fenómenos de nuestra alma, distinguimos entre los que
pertenecen á la sensibilidad, y los que corresponden al órden
intelectual puro: luego para nosotros la idea de ente expresa un
concepto general, no circunscrito al órden sensible.
[98.] Responderá Kant que las aplicaciones que hacemos de esta idea,
extendiéndola mas allá de la esfera de la sensibilidad, son vanas
ilusiones que se expresan en palabras que no significan nada. A esto
replicaré lo siguiente.
1.º Ahora no tratamos de saber si las aplicaciones de la idea de ente ó
realidad fuera del órden sensible, son fundadas ó infundadas; se trata
únicamente de saber qué es lo que no representa dicha idea, sea ó nó
ilusorio el objeto representado. Cuando Kant define la realidad, la
considera como una de sus categorías; y por consiguiente como uno de los
conceptos puros del entendimiento: para que la definicion sea buena,
debe expresar este concepto puro con toda la extension que en sí tiene,
y como he demostrado que el concepto en sí mismo, no está limitado á la
esfera de la sensibilidad, resulta que la definicion de Kant es
inadmisible. Si este filósofo hubiese dicho que las aplicaciones del
concepto, cuando se las llevaba fuera del órden sensible eran
infundadas, habria caido en error, pero nó destruido el mismo concepto;
mas ahora, su equivocacion está no solo en los usos del concepto, sino
en la naturaleza de este, el cual queda destruido, si se le limita á la
esfera de la sensibilidad.
2.º En la idea de ente se funda el principio de contradiccion, el cual
se extiende tanto á lo insensible como á lo sensible. Si admitiésemos
la doctrina de Kant se seguiria que el principio de contradiccion, «es
imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo» equivaldria á
esta proposicion: «es imposible que un fenómeno de la sensibilidad
aparezca y no aparezca á un mismo tiempo.» Es evidente que ni la
filosofía ni el sentido comun han dado jamás al principio de
contradiccion una significacion semejante. Cuando se afirma la
imposibilidad de que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo, se habla
en general, y se prescinde absolutamente de que esta cosa pertenezca ó
nó al órden sensible. Si así no fuese, ó deberíamos decir que son
absolutamente imposibles los seres no sensibles, lo que no se atreve á
sostener el mismo Kant, ó bien que dudamos si el principio de
contradiccion es aplicable á ellos, dado caso que existan. ¿Quién no ve
lo absurdo de esta duda, y que con solo admitirla por un momento,
destruimos toda inteligencia? Si limitamos la generalidad del principio
de contradiccion, la imposibilidad no es absoluta; y entonces, supuesto
que pueda fallar en algunos casos, ¿quién nos asegura que no fallará en
todos?
3.º El mismo Kant admite la distincion entre los fenómenos de la
sensibilidad y los conceptos intelectuales puros; luego para él mismo,
la realidad comprende algo mas que lo sensible. Los conceptos
intelectuales puros son una realidad, son algo, siquiera como fenómenos
subjetivos de nuestro espíritu, y sin embargo no son sensibles, segun
lo confiesa el mismo Kant; luego este filósofo incurre en contradiccion
cuando limita la idea de realidad á lo puramente sensible.