[73.] ¿Conoce Dios las negaciones? Sí; porque cuando un ser deja de

existir, Dios conoce esta verdad, y en esta verdad hay una negacion.

Dios conoce la verdad de todas las proposiciones negativas, ya expresen

el ser substantivo, ya el relativo; luego conoce la negacion. ¿Es esto

imperfeccion? nó. Porque no puede serlo el conocer la verdad. La

imperfeccion está en los objetos, que por lo mismo de ser finitos

incluyen la negacion, el ser combinado con el no ser. Si Dios no

conociera la negacion, sería porque la negacion fuera imposible en sí

misma, lo que equivaldria á la imposibilidad de la existencia de lo

finito; y conduciría á la necesidad absoluta y exclusiva de un ser

infinito solo.

CAPÍTULO XI.

ORÍGEN DE LA IDEA DEL ENTE.

[74.] Si nada hemos podido pensar sin la idea del ente, ella preexiste á

todo acto reflexivo; y parece que no ha podido nacer de la reflexion.

Luego la idea de ente será innata. Examinemos esta cuestion.

[75.] Que no podemos pensar sin la idea de ente, lo demuestra lo dicho

en los capítulos anteriores; y además cualquiera puede consultar la

experiencia en sí mismo, esforzándose para hacer una reflexion en que no

entra la idea del ser. Ya hemos visto que ni aun los primeros principios

pueden prescindir de ella; y es seguro que nadie irá mas allá de los

primeros principios.

[76.] ¿Podrá habernos venido de las sensaciones? La sensacion en sí, no

nos presenta sino cosas determinadas: la idea del ente es cosa

indeterminada; la sensacion no nos ofrece sino cosas particulares; la

idea del ente es lo mas general que hay y que puede haber; la sensacion

nada nos enseña, nada nos dice, fuera de lo que ella es, una simple

afeccion de nuestra alma; la idea del ente es una idea vasta, que se

extiende á todo, que fecunda admirablemente nuestro espíritu, que es el

elemento de toda reflexion, que funda por sí solo una ciencia; la

sensacion no sale de sí misma, no se extiende siquiera á las otras

sensaciones; la del tacto nada tiene que ver con la del oído; todas

pertenecen á un instante de tiempo y no existen fuera de él; la idea del

ente conduce al espíritu por todo linaje de seres, por lo corpóreo y lo

incorpóreo, por lo real y lo posible, por el tiempo y la eternidad, lo

finito y lo infinito. Si algo sacamos de las sensaciones, si nos

producen algun fruto intelectual, es porque reflexionamos sobre ellas; y

la reflexion es imposible sin la idea del ente.

[77.] La idea del ser tampoco parece que pueda formarse por abstraccion.

Para abstraer es necesario reflexionar: y la reflexion es imposible, sin

tener de antemano dicha idea; luego esta es necesaria para la

abstraccion, luego la abstraccion no puede ser su causa.

[78.] Por otra parte, á este argumento que tan concluyente parece, se le

puede oponer una explicacion sumamente sencilla del método con que la

abstraccion se ejecuta. Yo veo el papel en que escribo; la sensacion

envuelve dos cosas: blanco y extenso. Si no tengo mas que la simple

sensacion, aquí me pararé, y solo recibiré esta impresion: extenso y

blanco. Si hoy en mí alguna facultad distinta de la de sentir, que me

haga capaz de reflexionar sobre la misma sensacion que experimento,

podré considerar que esta sensacion tiene algo semejante con otras, que

recuerdo haber experimentado. Podré pues considerar la existencia y

blancura en sí, prescindiendo de que sean estas que en la actualidad me

afectan. En seguida puedo reflexionar que estas sensaciones tienen algo

comun con las demás, en cuanto todas me afectan de algun modo; entonces

tengo la idea de sensacion en general. Si luego considero que todas las

sensaciones tienen algo comun con todo lo que hay en mí, en cuanto me

modifican de alguna manera, formaré la idea de una modificacion mía,

prescindiendo de que sea sensacion, ó pensamiento, ó acto de voluntad; y

si en fin, prescindiendo de que estas cosas se hallen en mí, de que sean

substancias ó modificaciones, solo atiendo á que son algo, habré llegado

á la idea del ser. Luego esta idea puede formarse por abstraccion. Esta

explicacion es seductora por su sencillez; pero no deja de sufrir graves

dificultades.

[79.] Desde los primeros pasos de la operacion nos servimos sin

advertirlo, de la idea de ser: luego nos hacemos ilusion cuando creemos

formárnosla. Para reflexionar sobre lo extenso y blanco, es necesario

considerar que existe; que es _algo_ semejante á otras sensaciones;

cuando prosigo pensando en que me afecta, ya sé que yo _soy_, que

aquello que me afecta _es_, ya hablo de ser ó no ser, de tener ó no

tener _algo_ comun; y por fin cuando prescindo de que las modificaciones

de mi espíritu sean esto ó aquello, y solo las miro como una _cosa_,

como _algo_, como un _ser_, claro es que no podría considerarlas como

tales; si no existiese en mí la idea de _algo_ en general, es decir del

ente. Aquí el ser es un predicado que yo aplico á las cosas; luego ya

conocía este predicado. Lo que hago es colocar las cosas particulares y

determinadas en una idea general é indeterminada, que preexistia en mi

entendimiento. Las operaciones sucesivas que he hecho para la

abstraccion no han sido mas que una descomposicion del objeto, una

clasificacion de él en varias ideas generales, hasta llegar á la

superior, la del ente.

[80.] En vista de estas razones, todas muy fuertes, no es fácil

resolverse por ninguna de las opiniones opuestas sin temor de errar: no

obstante yo emitiré la mia, con arreglo á los principios que llevo

consignados en diferentes lugares de esta obra. La idea del ente, no la

tengo por innata, en el sentido de que preexista en nuestro

entendimiento, como un tipo anterior á las sensaciones, y á los actos

intelectuales (v. lib. IV, cap. XXX); pero no veo inconveniente en que

se la llame innata, si con este nombre no se significa otra cosa, que la

_facultad innata_ de nuestro entendimiento, para percibir los objetos

bajo la razon general de ente ó de existencia, tan pronto como

reflexiona sobre ellos. De esta suerte, la idea no dimana de las

sensaciones; y se la reconoce como un elemento primordial del

entendimiento puro; tampoco se la forma por abstraccion, como si se la

produjese totalmente; sino que se la separa de las demás, se la depura

por decirlo así, contribuyendo á esta depuracion ella misma. Así puede

preexistir á la reflexion, y ser en algun modo fruto de la reflexion,

segun los varios estados en que se la considera. En cuanto anda mezclada

y confusa con las demás ideas, preexiste á la reflexion; pero es fruto

de la misma reflexion, en cuanto esta la ha separado y depurado.

[81.] Para resolver cumplidamente las dificultades propuestas conviene

fijar las ideas con precision y exactitud.

La idea de ente es no solo general sino tambien indeterminada; no ofrece

al espíritu nada real, ni aun posible; pues que no concebimos que exista

ni pueda existir un ser que no sea mas que ser, de tal modo que no se

pueda afirmar del mismo ninguna propiedad excepto la de ser. Dios tiene

en sí la plenitud de ser; es su mismo ser, se llama con profunda verdad:

_el que es_; pero de él afirmamos tambien con verdad que es

inteligente, que es libre, y que tiene otras perfecciones no expresadas

en la idea general y pura de ser.

De esto se infiere que no debemos considerar la idea de ente como un

tipo que nos represente algo determinado, ni aun en general.

[82.] El acto con que percibimos el ser, la existencia, la realidad, es

necesario á nuestro entendimiento, pero está confundido con todos los

demás actos: intelectuales, como una condicion _sine qua non_ de todos

ellos, hasta que viene la reflexion á separarle de los mismos,

depurándole, y haciéndole objeto de nuestra percepcion.

Como al percibir, percibimos _algo_, es evidente que la razon de ser

anda siempre envuelta en todas nuestras percepciones; por el mero hecho

de conocer, conocemos el ente, es decir una _cosa_. Pero como al fijarse

nuestra percepcion en un objeto no siempre distinguimos las varias

razones en que puede ser descompuesto; aunque la idea de ser se halle en

todos los objetos percibidos, no es directamente percibida por nuestro

entendimiento, hasta que la reflexion la separa de todo lo demás.

[83.] Si pienso en un objeto azul, claro es que en la idea de azul entra

la de color; pero si no reflexiono, no distinguiré entre el género que

es color y la diferencia que es azul. En el objeto percibido, estas dos

cosas no se distinguen realmente; pues seria hasta rídiculo el pretender

que en un objeto particular de color azul, una cosa es el color y otra

lo azul; no obstante cuando reflexiono sobre el objeto, puedo distinguir

muy bien entre las dos ideas de color y de azul, y fijarme y discurrir

sobre la una sin ocuparme de la otra. ¿Será necesario decir que yo tenga

la idea de color en general, anteriormente á la representacion sensible?

nó por cierto. Solamente será preciso reconocer en el espíritu una

fuerza innata por la que considera en general lo que se le ofrece en

particular, y descompone un objeto simple en varias ideas ó aspectos.

[84.] Nuestro entendimiento posee la fuerza de concebir la unidad bajo

la idea de multiplicidad, y la multiplicidad bajo la idea de unidad. De

lo último hallamos el ejemplo en las ideas generales, en cuanto reunimos

en un solo concepto lo que es múltiplo en la realidad. Nuestro

entendimiento puede compararse á un prisma que descompone en muchos

colores un rayo de luz; de aquí nacen los diferentes conceptos relativos

á un objeto simple. Cuando no necesitamos reducir la multiplicidad á la

unidad, la fuerza intelectual obra en un sentido inverso: en vez de

dispersar reune: la variedad de colores desaparece; y vuelve á

presentarse el rayo luminoso en toda su pureza y simplicidad.

[85.] Por el mismo hecho de estar limitado nuestro espíritu á conocer

muchas cosas por conceptos, y nó por intuiciones, ha menester de la

facultad de componer y descomponer, de mirar una cosa simple bajo

aspectos distintos, y de reunir diferentes cosas bajo una razon comun.

No se pierda pues de vista que la fuerza generalizadora y divisora, de

que está dotado nuestro entendimiento, aunque es para él un poderoso

recurso, indica sin embargo su debilidad en el órden intelectual, y la

advierte continuamente de la circunspeccion con que debe proceder cuando

se trata de fallar sobre la íntima naturaleza de las cosas.

[86.] Segun esta doctrina, las ideas generales y muy particularmente las

indeterminadas, resultan de la reflexion ejercida sobre nuestros propios

actos perceptivos; y no hay en la idea general mas de lo que se halla en

la percepcion particular, excepto su misma generalidad nacida de que se

prescinde de las condiciones individuantes. Esto se verifica muy

particularmente en la idea del ser, que como ya hemos visto, entra como

condicion necesaria en todas nuestras percepciones; y es además

indispensable para todas las operaciones, tanto de composicion como de

descomposicion.

No podemos concebir, sin concebir _algo_, ó un _ente_; hé aquí el ser

substantivo. No podemos afirmar ó negar, sin decir _es_ ó _no es_; hé

aquí el ser copulativo. Luego la idea de ser es mas bien que idea, una

condicion necesaria para que nuestro entendimiento pueda ejercer sus

funciones: no es un tipo que le represente nada determinado; es mas bien

su condicion de vida; sin ella no le es posible ejercer su actividad.

[87.] Pero esta condicion de todos nuestros pensamientos, la podemos

percibir con la reflexion; y entonces la idea de ser que estaba envuelta

con lo demás, se ofrece depurada á nuestros ojos; y concebimos esa razon

general, de _ser_, de _cosa_, que entra en todas las percepciones, pero

que antes no habíamos distinguido con bastante claridad.

CAPÍTULO XII.

DISTINCION ENTRE LA ESENCIA Y LA EXISTENCIA.

[88.] Se ha disputado mucho en las escuelas sobre si la existencia es

distinta de la esencia. Esta cuestion á primera vista indiferente, no lo

es cuando se atiende á las consecuencias que de ella dimanan en opinion

de autores respetables, quienes pretendian nada menos que establecer en

la distincion de la esencia y de la existencia una nota característica

de lo finito, atribuyendo al solo ser infinito la identidad de su

esencia con su existencia.

[89.] Que nosotros distinguimos entre la esencia y la existencia de las

cosas, es indudable: en cuanto concebimos el objeto como realizado,

concebimos la existencia; y en cuanto concebimos que ese objeto existe

con esta ó aquella determinacion que le constituye en tal ó cual

especie, concebimos la esencia. La idea de existencia, nos representa la

realidad pura; la idea de la esencia, nos ofrece la determinacion de

esta realidad. Pero las escuelas han ido mas lejos, y han querido

trasladar á las cosas, la distincion que se halla en los conceptos: su

opinion parece mas sutil que sólida.

[90.] La esencia de una cosa es aquello que le constituye tal, y le

distingue de todo lo demás; y la existencia es el acto que da el ser á

la esencia, ó aquello por lo cual la esencia existe. De estas

definiciones parece resultar que no hay distincion entre la esencia y la

existencia. Para que dos cosas sean distintas es necesario que la una no

sea la otra; y como la esencia abstraida de la existencia, no es nada,

no se puede decir que haya entre ellas una distincion real.

La esencia de un hombre, si se prescinde de su existencia ¿á qué se

reduce? á nada: luego no se debe admitir ninguna relacion entre ellas.

Convengo en que prescindiendo de la existencia del hombre, concebimos

todavía la esencia del hombre; pero la cuestion no está en si

distinguimos entre la idea del hombre y su existencia, sino en si hay

una distincion real entre su esencia propia y su misma existencia.

[91.] Las esencias de todas las cosas están en Dios; y en este sentido

puede decirse que se distinguen de la existencia finita; pero esto, si

bien se considera, no afecta en nada la cuestion presente. Cuando las

cosas existen en Dios, no son nada distinto de Dios; están representadas

en la inteligencia infinita, la cual con todas sus representaciones, es

la misma esencia infinita. Comparar pues la existencia finita de las

cosas con su esencia, en cuanto se halla en Dios, es variar radicalmente

el estado de la cuestion, y buscar la relacion de la existencia de las

cosas, nó con sus esencias particulares, sino con las representaciones

del entendimiento divino.

[92.] Puede objetarse que si la existencia de los seres finitos es lo

mismo que su esencia, resultará que la existencia será esencial á dichos

seres; porque nada mas esencial que la misma esencia: luego los seres

finitos existirán por necesidad, pues que todo lo que pertenece á la

esencia es necesario. Los radios de un círculo son iguales entre sí,

porque la igualdad está contenida en la esencia del círculo; del mismo

modo, si la existencia pertenece á la esencia de las cosas, estas no

podrán menos de existir, y la no existencia seria una verdadera

contradiccion.

Esta dificultad se funda en el sentido ambiguo de la palabra _esencia_,

y en la falta de exactitud con que se ligan las ideas de esencial y de

necesario. La relacion de las propiedades esenciales es necesaria,

porque destruyéndola se cae en contradiccion. Los radios del círculo son

iguales porque en la misma idea del círculo entra ya la igualdad; y por

consiguiente si esta se negase, se afirmaria y se negaria á un mismo

tiempo. La contradiccion no existe cuando no se comparan unas

propiedades con otras; y esta comparacion no se hace cuando se trata de

la esencia y de la existencia. Entonces no se compara una cosa con otra,

sino una cosa consigo misma; si se introduce la distincion, no se la

refiere á dos cosas, sino á una misma, considerada bajo dos aspectos, ó

en dos estados: en el órden ideal y en el real.

Cuando nos ocupamos de la esencia prescindiendo de la existencia, el

objeto es el conjunto de las propiedades que dan al ser tal ó cual

naturaleza; prescindimos de que estas existian ó nó, y solo atendemos á

lo que serian si existiesen. En todo cuanto afirmamos ó negamos de las

mismas, envolvemos expresa ó tácitamente, la condicion de la existencia;

pero cuando consideramos la esencia realizada, ó existente, no

comparamos propiedad con propiedad, sino la cosa consigo misma. En este

caso, la no existencia no implica contradiccion; porque desapareciendo

la existencia desaparecerá tambien la misma esencia, y por consiguiente

todo lo que ella incluye. La contradiccion resultaría si dijésemos que

la esencia implica la existencia, y quisiéramos que permaneciendo la

primera, desapareciese la segunda, lo que no se verifica en este

supuesto. La igualdad de los radios del círculo no puede faltar mientras

el círculo no falte; y la contradiccion está en querer que los radios

sean desiguales y el círculo continúe círculo: mas si el círculo deja

de serlo, no hay inconveniente en que los radios sean desiguales. La

esencia es lo mismo que la existencia; mientras haya esencia habrá

tambien existencia; si la esencia falta, faltará tambien la existencia:

¿dónde está la contradiccion? De la esencia del hombre es la vida, y sin

embargo el hombre muere; se me dirá que entonces se destruye el hombre,

y que por esto no hay contradiccion; pues bien, tambien se destruirá la

esencia cuando deje de existir, y no habrá ninguna contradiccion en que

falte la existencia que estaba identificada con aquella.

[93.] Decian los escolásticos que el ser cuya esencia fuese lo mismo que

su existencia, seria infinito y absolutamente inmutable, á causa de que

siendo la existencia lo último en la línea de ente ó de acto, dicho ser

no podría recibir cosa alguna. Esta dificultad se funda tambien en el

sentido equívoco de las palabras. ¿Qué se entiende por _último_ en la

línea de ente ó de acto? Si se quiere significar que á la esencia

identificada con la existencia nada le puede sobrevenir, se comete

peticion de principio, pues se afirma lo que se ha de probar. Si se

entiende que la existencia es lo último en la línea de ente ó de acto,

en tal sentido que puesta ella nada falte para que las cosas cuya es la

existencia, sean realmente existentes, se afirma una verdad indudable,

pero de ella no se infiere lo que se intentaba demostrar.

[94.] Parece pues que á la distincion de los conceptos de la esencia y

de la existencia, no le corresponde una distincion real en las cosas.

La esencia no se distingue de la existencia; y nó por esto deja de ser

finita la primera y contingente la segunda. En Dios, la existencia se

identifica con la esencia; pero de tal suerte que su no existencia

implica contradiccion, y su esencia es infinita.

CAPÍTULO XIII.

OPINION DE KANT SOBRE LA REALIDAD Y LA NEGACION.

[95.] Kant cuenta entre sus categorías la realidad y la negacion, ó sea

la existencia y la no existencia, y las define con arreglo á sus

principios, diciendo: «la realidad en un concepto puro del

entendimiento, es lo que corresponde en general á una sensacion

cualquiera; por consiguiente aquello cuyo concepto designa un ser en sí,

en el tiempo. La negacion es aquello cuyo concepto representa un no ser

en el tiempo. La oposicion de estas dos cosas consiste en la diferencia

del mismo tiempo como lleno ó vacío. Pues que el tiempo consiste

únicamente en la forma de la intuicion, por consiguiente en la forma de

los objetos como fenómenos, se sigue que lo que en ellos corresponde á

la sensacion, es la materia trascendental de todos los objetos, como

cosas en sí, realidad esencial. Toda sensacion tiene un grado ó

intensidad por la cual puede llenar mas ó menos el mismo tiempo, es

decir el sentido íntimo relativamente á la representacion de un objeto

hasta que se reduzca á la nada=0=negacion.» En este pasaje hay un

error fundamental que destruye por su base toda inteligencia; y hay

además mucha confusion en las aplicaciones que se hacen de la idea del

tiempo.

[96.] Segun Kant, la realidad solo se refiere á las sensaciones: luego

la idea de ente será la idea de los fenómenos de la sensibilidad en

general; luego esta idea no significará nada cuando se la quiera aplicar

á lo no sensible; luego el mismo principio de contradiccion está

necesariamente limitado á la esfera de la sensibilidad; luego ni

conocemos ni podemos conocer nada fuera del órden sensible. Estas son

las consecuencias: veamos la solidez del principio de que dimanan.

[97.] Si la idea de realidad no fuese mas que la idea de lo sensible en

general, no la aplicaríamos jamás á cosas no sensibles; no obstante, la

experiencia enseña todo lo contrario. Hablamos continuamente de la

posibilidad y aun de la existencia de seres no sensibles; y hasta con

respecto á los fenómenos de nuestra alma, distinguimos entre los que

pertenecen á la sensibilidad, y los que corresponden al órden

intelectual puro: luego para nosotros la idea de ente expresa un

concepto general, no circunscrito al órden sensible.

[98.] Responderá Kant que las aplicaciones que hacemos de esta idea,

extendiéndola mas allá de la esfera de la sensibilidad, son vanas

ilusiones que se expresan en palabras que no significan nada. A esto

replicaré lo siguiente.

1.º Ahora no tratamos de saber si las aplicaciones de la idea de ente ó

realidad fuera del órden sensible, son fundadas ó infundadas; se trata

únicamente de saber qué es lo que no representa dicha idea, sea ó nó

ilusorio el objeto representado. Cuando Kant define la realidad, la

considera como una de sus categorías; y por consiguiente como uno de los

conceptos puros del entendimiento: para que la definicion sea buena,

debe expresar este concepto puro con toda la extension que en sí tiene,

y como he demostrado que el concepto en sí mismo, no está limitado á la

esfera de la sensibilidad, resulta que la definicion de Kant es

inadmisible. Si este filósofo hubiese dicho que las aplicaciones del

concepto, cuando se las llevaba fuera del órden sensible eran

infundadas, habria caido en error, pero nó destruido el mismo concepto;

mas ahora, su equivocacion está no solo en los usos del concepto, sino

en la naturaleza de este, el cual queda destruido, si se le limita á la

esfera de la sensibilidad.

2.º En la idea de ente se funda el principio de contradiccion, el cual

se extiende tanto á lo insensible como á lo sensible. Si admitiésemos

la doctrina de Kant se seguiria que el principio de contradiccion, «es

imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo» equivaldria á

esta proposicion: «es imposible que un fenómeno de la sensibilidad

aparezca y no aparezca á un mismo tiempo.» Es evidente que ni la

filosofía ni el sentido comun han dado jamás al principio de

contradiccion una significacion semejante. Cuando se afirma la

imposibilidad de que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo, se habla

en general, y se prescinde absolutamente de que esta cosa pertenezca ó

nó al órden sensible. Si así no fuese, ó deberíamos decir que son

absolutamente imposibles los seres no sensibles, lo que no se atreve á

sostener el mismo Kant, ó bien que dudamos si el principio de

contradiccion es aplicable á ellos, dado caso que existan. ¿Quién no ve

lo absurdo de esta duda, y que con solo admitirla por un momento,

destruimos toda inteligencia? Si limitamos la generalidad del principio

de contradiccion, la imposibilidad no es absoluta; y entonces, supuesto

que pueda fallar en algunos casos, ¿quién nos asegura que no fallará en

todos?

3.º El mismo Kant admite la distincion entre los fenómenos de la

sensibilidad y los conceptos intelectuales puros; luego para él mismo,

la realidad comprende algo mas que lo sensible. Los conceptos

intelectuales puros son una realidad, son algo, siquiera como fenómenos

subjetivos de nuestro espíritu, y sin embargo no son sensibles, segun

lo confiesa el mismo Kant; luego este filósofo incurre en contradiccion

cuando limita la idea de realidad á lo puramente sensible.

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