[37.] Como estamos rodeados de seres contingentes, y aun nosotros mismos

lo somos, presenciamos incesantemente la destruccion de unos y la

produccion de otros, es decir el tránsito del ser al no ser, y del no

ser al ser. Un sentimiento íntimo nos atestigua que este tránsito del no

ser al ser, lo hemos experimentado nosotros mismos: todos nuestros

recuerdos se limitan á un término muy breve, antes del cual existia ya

el mundo. Así pues, la razon, la experiencia y el sentido íntimo nos

manifiestan que hay objetos que son y despues desaparecen, y otros que

antes no eran y despues aparecen. A las cosas que experimentan este

cambio, las vemos propiedades y relaciones, que dan lugar á cierta

combinacion de nuestras ideas; combinacion que subsiste, ya existan, ya

dejen de existir, los objetos á que se refieren. De este modo concebimos

la idea general de cosas, que aunque no sean, pueden ser; pero este

sujeto, _cosas_, no expresa el ser, sino en general objetos finitos,

determinados.

[38.] Hé aquí pues soltada la dificultad. El ser puramente posible, tal

como lo concebimos de la manera explicada, no envuelve contradiccion

alguna. No significa «una realidad que no es realidad» sino un objeto, ó

una cosa, finita, determinada, cuya idea tenemos, aunque no exista, pero

cuya existencia no envuelve contradiccion, ó repugnancia con ninguna de

las condiciones contenidas en su idea. El decir pues, ser puramente

posible, si se le explica de este modo, no es mas que la generalizacion

de estas y otras proposiciones semejantes. Una mesa que no es, es

posible. ¿Qué queremos decir con esto? que en la idea de la mesa, no hay

nada que repugne á que exista; pues bien, ser puramente posible, no

significa mas tampoco, sino que tenemos muchas ideas de cosas finitas, á

que no repugna la existencia. La expresion se refiere á cosas

determinadas, concebidas por nosotros, pero prescindiendo en aquel caso

de que sea esta ó aquella la esencia de que hablamos, y comprendiendo

todas las que no ofrecen repugnancia.

[39.] Se me objetará, que entonces un ser infinito no existente, es una

cosa contradictoria; y no tengo dificultad en admitirlo. Si un ser

infinito no existe, es absurdo; y si al comparar estas dos ideas,

infinidad y no existencia, nosotros no vemos con toda claridad la

repugnancia, es porque no comprendemos bien qué es la infinidad. Solo

por esta causa ha sufrido y sufre dificultades, la demostracion de la

existencia de Dios fundada simplemente en su idea. Pero es cierto que si

el ser infinito no existiese, seria imposible. Imposible es lo que no

puede existir: y no podria existir, si ya no existiese. Esta existencia

no le podria venir de otro, pues lo infinito no puede ser producido; ni

de sí mismo, pues que no existiria. Nosotros, es verdad, imaginamos lo

infinito en su esencia, prescindiendo de su existencia; pero repito que

esta precision solo nos es posible, porque no comprendemos bien la

infinidad; que si la comprendiéramos, veríamos la repugnancia de los

términos, infinidad y no existencia, con tanta claridad como las del

triángulo y círculo.

CAPÍTULO VI.

CÓMO SE ENTIENDE QUE LA IDEA DEL ENTE SEA LA FORMA DEL ENTENDIMIENTO.

[40.] Cuando se afirma que el objeto del entendimiento es el ente, hay

la duda de si se quiere significar que la idea de ente sea la forma

general de todas las concepciones; ó si tan solo se quiere decir que

todo lo que el entendimiento concibe es ente; ó en otros términos, si la

calidad de objeto, se la atribuye al ente, en cuanto ente, por manera

que solo bajo esta forma sean concebibles los objetos; ó bien si solo se

significa que la calidad de ente conviene á todo lo que el

entendimiento concibe. En el primer caso, se tomaria la proposicion

reduplicativamente; y equivaldria á esta: «El entendimiento nada

concibe, sino en cuanto es ente;» en el segundo, se tomaria formalmente,

y equivaldria á esta otra: «todo lo que el entendimiento concibe es

ente.»

[41.] Yo creo que no puede decirse que el objeto del entendimiento sea

solo el ente en cuanto ente; de manera que la idea del ente sea la única

forma que el entendimiento conciba; pero sí que esta forma es una

condicion esencial á toda percepcion.

[42.] Que la idea de ente, no es la única forma concebida por el

entendimiento, se ve claro si se considera que esta idea en sí, no

incluye ninguna determinacion, ninguna variedad, no expresa mas que el

ser, en toda su abstraccion; luego si el entendimiento no percibiese en

los objetos otra cosa que esta idea, no conoceria las diferencias de

ellos; su percepcion no pasaria de lo que les es comun á todos: el ser.

[43.] Si se dice que estas diferencias percibidas son maneras de ser,

modificaciones de lo representado en la idea general, ya se conviene en

que el ser en sí, no es la única forma percibida; pues que la

modificacion, la manera de ser, ya añade algo á la idea del ser. El

triángulo rectángulo es una manera de triángulo; su idea es una

modificacion de la idea general; y nadie dirá que la idea de rectángulo

no añade algo á la del triángulo, y que sean una misma cosa. Lo propio

se verifica con respecto á la idea del ente y sus modificaciones.

[44.] Ya hemos visto (Lib. IV, cap. XXI) que las ideas indeterminadas no

nos conducen por sí solas á conocimientos positivos: y por cierto que

ninguna merece mejor este nombre, que la de ente. Si nuestro

entendimiento se limitase á ella, la percepcion no seria mas que un

concepto vago, incapaz de toda combinacion.

[45.] La misma negacion, que como veremos mas abajo, es conocida por

nosotros, no podria serlo, si admitiésemos que el entendimiento nada

concibe sino en cuanto es ente; en cuyo caso, nos faltaria la condicion

indispensable de todo conocimiento: el principio de contradiccion.

[46.] Bastan estas razones para dejar fuera de duda lo que me proponia

manifestar: pero como este punto tiene íntimas relaciones con lo mas

trascendental de la lógica y de la metafísica, quiero explicarle mas por

extenso en el capítulo siguiente.

CAPÍTULO VII.

TODA CIENCIA SE FUNDA EN EL POSTULADO DE LA EXISTENCIA.

[47.] He dicho que la idea de ente no es la única forma percibida, pero

que es una forma necesaria á toda percepcion. Mas no quiero significar

con esto, que no podamos percibir sino lo existente en acto; sino que la

existencia entra cuando menos, como una condicion de todo lo percibido.

Me explicaré. Cuando percibimos simplemente un objeto, sin afirmar nada

de él, se nos presenta siempre como una realidad. Nuestra idea nos

expresa algo; y fuera de la realidad no hay nada. Aun la percepcion de

las relaciones esenciales de las cosas, envuelve la condicion si

existen. Así, cuando digo que en un mismo círculo ó en círculos iguales,

arcos iguales están subtendidos por cuerdas iguales, supongo

implícitamente la condicion, «si existe un círculo.»

[48.] Como esta manera de explicar el conocimiento de las relaciones

esenciales de las cosas, puede parecer extraña, voy á presentarla bajo

el punto de vista mas claro que me sea posible. Cuando afirmo ó niego

una relacion esencial de dos cosas, ¿la afirmo ó niego de mis ideas ó de

las cosas? Claro es que de las cosas y nó de mis ideas. Si digo «la

elipse es una curva» no digo esto de mi idea, sino del objeto de mi

idea. Bien sabemos que nuestras ideas no son elipses; que dentro de

nuestra cabeza no las hay; y que cuando pensamos por ejemplo, en la

órbita de la tierra, la órbita de la tierra nó está en nosotros. ¿De qué

hablamos pues? Nó de la idea, sino de su objeto; nó de lo que está en

nosotros, sino de lo que está fuera de nosotros.

[49.] Tampoco significamos que nosotros lo _vemos_ así: significamos que

_es_ así: cuando digo que la circunferencia es mas larga que el

diámetro, no significa que así lo veo, sino que es así. Tanto disto de

hablar de mi idea, que afirmaré ser verdad lo mismo, aunque yo no lo

viese, aunque yo no existiese. Solo hablamos de la idea, cuando dudamos

de su correspondencia con el objeto: entonces no hablamos de la

realidad, sino de la apariencia; y en tales casos el lenguaje tiene de

por sí una admirable exactitud: no decimos: _es_, sino _me parece_.

[50.] Nuestras afirmaciones y negaciones se refieren pues, á los

objetos. Ahora discurro así: lo que no existe, es un puro nada; es así

que de la nada, nada se puede afirmar ni negar, pues no tiene propiedad,

ni relacion de ninguna clase, es una pura negacion de todo; luego nada

se puede afirmar ni negar, nada combinar, nada comparar, nada percibir,

sino bajo la condicion de la existencia.

Digo bajo la condicion; porque conocemos las propiedades, las

relaciones, de muchas cosas que no existen, pero en todo lo que de

ellas concebimos, entra siempre la condicion: si existiesen.

[51.] De aquí resulta que nuestra ciencia estriba siempre en un

postulado; y empleo á propósito esta palabra matemática, para hacer ver

que esta condicion que exijo á toda ciencia, no la desdeñan las que por

antonomasia se denominan exactas. La mayor parte de sus demostraciones

empiezan por un postulado. «Tírese una línea etc. etc.» «Si se supone un

ángulo recto en B etc. etc.» «Tómese una cantidad A mayor que B etc.

etc.» Hé aquí pues como el matemático mismo, con todo el rigor de sus

demostraciones, supone siempre la condicion de la existencia.

[52.] Esta existencia es necesario suponerla: de otro modo no se puede

explicar nada. Lo que no han visto algunos metafísicos, lo alcanza el

sentido comun. Hagamos la prueba; veamos cómo hablaria un matemático que

jamás hubiese pensado en metafísica. Supondré que el interlocutor me

haya de demostrar que en un triángulo rectángulo el cuadrado de la

hipotenusa es igual á la suma de los cuadrados de los catetos; y que

para ejercitar su inteligencia, ó mejor, para que sin advertirlo nos

explique lo que pasa en su mente, con respecto á la percepcion de su

objeto, le hacemos varias preguntas, en apariencia necias, pero que en

realidad solo serán escudriñadoras. Para mayor claridad lo pondré en

forma de diálogo; y suponiendo que no hay encerado y que la

demostracion se da de memoria.

Demostracion. Bájese una perpendicular desde el ángulo recto á la

hipotenusa.

¿Dónde?

Es claro: en el triángulo de que hablamos.

Pero señor, si no hay tal triángulo.....

Pues entonces ¿de qué se trata?

Ya se ve; se trata de un triángulo rectángulo; y el caso es que no hay

ninguno.

No lo hay, pero lo puede haber. Si tuviésemos el encerado ó papel, y

regla, lo haríamos desde luego.

Es decir que V. habla del triángulo que haríamos...

Sí señor.

Ya lo entiendo, pero entonces lo tendríamos, mas ahora no lo tendremos.

Enhorabuena; pero si lo tuviésemos, ¿no podríamos bajar la

perpendicular?

Sí señor.

Pues no quiero decir otra cosa.

Pero V. ya decia que se bajase.........

Claro es que si no hay triángulo, no se puede bajar; pero entonces no

hay ni vértice del ángulo recto, ni hipotenusa, ni nada; pero cuando

digo que se baje la perpendicular, siempre supongo el triángulo. Y como

es evidente que este triángulo se puede construir, no expreso la

suposicion; se la sobrentiende.

Ya comprendo esto; pero entonces bajaremos la perpendicular en aquel

triángulo solo, y V. me habla como si se la bajase en todos.

El triángulo se construiria para un ejemplo; y lo que con él hiciésemos,

claro es que podríamos hacerlo con todos.

¿Con todos?

Sí señor; ¿pues no concibe V. que en todo triángulo rectángulo se puede

bajar una perpendicular del ángulo recto á la hipotenusa?

Aquí dentro se me representa así: pero como esto que hay en mi cabeza,

no son triángulos, pues algunos se me representan con lados de millares

de varas, y no tengo yo la cabeza tan grande.....

Mas no se trata de lo que tiene V. en su cabeza, sino de los triángulos

mismos....

Pero como estos triángulos no los hay, nada puedo decir de ellos.....

Pero, al menos ¿los puede haber?

¿Quién lo duda?

Pues bien, si los hubiese, grandes ó pequeños, en una posicion ú otra,

en una parte ú otra, ¿no es verdad que se podria tirar una perpendicular

desde el vértice del ángulo recto á la hipotenusa?

Es claro.

Pues yo no quiero decir otra cosa; sino que en todo triángulo rectángulo

sea cual fuere, se puede bajar esta perpendicular.

Pero se entiende que V. no habla de los que no son..... ¿no es verdad?

Hablo de todos, de los que son y de los que no son.

Ya se ve que la perpendicular no se la puede tirar en un triángulo que

no existe. Lo que no existe no es nada. Pero lo que no existe puede

existir; y veo con toda claridad que _suponiendo que exista_, se

verificará lo que digo. Así puedo hablar, y hablo de todos, de los

existentes, y de los no existentes, sin excepcion alguna.

El lector juzgará si al molestar al pobre matemático con las importunas

dificultades de un taimado haciéndose el rudo, no le hemos hecho

responder como responderia cualquiera que no estuviese prevenido con

ninguna idea metafísica; y es evidente que estas respuestas las

aceptarian como razonables, como satisfactorias, como las únicas que se

pueden dar en este caso, todos los matemáticos del mundo.

Pues bien: en estas respuestas y explicaciones está lo que hemos dicho:

toda la ciencia fundada en un postulado: todo raciocinio para demostrar

aun las propiedades y relaciones mas esenciales de las cosas, parte de

la suposicion de su existencia.

CAPÍTULO VIII.

EL FUNDAMENTO DE LA POSIBILIDAD PURA, Y LA CONDICION DE LA EXISTENCIA.

[53.] He dicho que el fundamento de la posibilidad pura de las cosas, y

de sus propiedades y relaciones, se hallaba en la esencia de Dios, donde

está la razon de todo (v. L. IV desde el cap. XXIII hasta el XXVII): y á

primera vista pudiera parecer que á la ciencia le basta aquel

fundamento, y que no necesita apoyarse en la condicion de la existencia

de las cosas.

Porque, si las esencias están representadas en Dios, se halla en la

esencia divina el objeto de la ciencia: y por tanto no es concluyente el

argumento fundado en que de la nada, no se puede afirmar nada.

Suponiendo dicha representacion, la ciencia no se ocupa de un puro nada,

sino de una cosa muy real; y por consiguiente, tiene á la vista un

objeto muy positivo, aun cuando prescinda de la realidad de la cosa

considerada.

Veamos cómo se puede desvanecer esta dificultad.

[54.] Las relaciones necesarias de las cosas, independientemente de su

existencia, han de tener una razon suficiente: esta solo puede

encontrarse en el ser necesario. Luego, la condicion de la existencia,

presupone la representacion de la esencia del ser contingente, en el ser

necesario; luego la condicion «si existe» no se puede poner, si no se

presupone el fundamento de la posibilidad.

[55.] Esta observacion manifiesta que hay aquí dos cuestiones: 1.ª ¿cuál

es el fundamento de la posibilidad intrínseca de las cosas? 2.ª Supuesta

la posibilidad, ¿cuál es la condicion que se envuelve en cuanto se

afirme ó niegue del objeto posible? El fundamento de la posibilidad es

Dios: la condicion es la existencia de los objetos considerados.

Ambas cosas son necesarias para que haya ciencia: si faltase el

fundamento de la posibilidad intrínseca, no se podria poner la condicion

de la existencia; y si admitida la posibilidad, no añadimos la

condicion, la ciencia carece de objeto.

[56.] Para entender mas á fondo esta materia conviene observar, que al

afirmar ó negar las relaciones de los seres representadas en Dios, no

tratamos de lo que estos seres son en Dios, sino de lo que serian en sí

mismos, cuando existiesen. En Dios, son el mismo Dios; porque todo lo

que hay en Dios, se identifica con Dios; si pues considerásemos las

cosas solo en cuanto están en él, no tendríamos por objeto á las cosas,

sino á Dios mismo. Es cierto que en Dios hay el fundamento, ó sea la

razon suficiente, de las verdades geométricas: pero la geometría no se

ocupa de estas en cuanto están en Dios, sino en cuanto realizadas ó

posibles de realizar. En Dios no hay líneas, ni dimensiones de ninguna

clase; luego no hay el objeto de la geometría propiamente dicha. Las

verdades geométricas tienen en él un valor objetivo, ó de

representacion, y nó subjetivo; de lo contrario seria necesario decir

que Dios es extenso.

[57.] Hé aquí manifestado como lo dicho en el citado lugar, no se opone

á lo que se establece aquí: y como el poner en Dios el fundamento de

toda posibilidad, no excluye la necesidad científica de la condicion de

la existencia.

[58.] Para dejar este punto fuera de toda duda, voy á presentar la

cuestion bajo otro aspecto, manifestando que cuando Dios conoce las

verdades finitas, ve tambien en ellas esta condicion: «si existen.» Dios

conoce la verdad de esta proposicion: «Los triángulos de igual base y

altura son iguales en superficie.» Esto es verdad á los ojos de la

inteligencia infinita como de la nuestra; si así no fuese, la

proposicion no seria verdadera en sí misma: nosotros estaríamos en

error. Ahora bien; en Dios, ser simplicísimo, no hay figuras verdaderas,

aunque haya la percepcion intelectual de las mismas. Luego el

conocimiento de Dios en lo tocante á las cosas finitas, se refiere á la

existencia posible de ellas; y por consiguiente envuelve la condicion:

«si existen.» El conocimiento de Dios, no se refiere á la

representacion puramente ideal, sino á su realidad, actual ó posible:

cuando Dios conoce una verdad sobre los seres finitos, no la conoce de

la sola representacion de las mismas que en sí propio tiene, sino de lo

que ellas serian, si existiesen.

[59.] Todo objeto, puede ser considerado ó en el órden real, ó en el

ideal. El ideal, es su representacion en un entendimiento, la cual solo

tiene algun valor, en cuanto se refiere á la realidad actual ó posible.

Solo de este modo tiene la idea objetividad; pues sin esto seria un

hecho puramente subjetivo del cual no se podria afirmar ni negar nada,

excepto lo puramente subjetivo. La idea que tenemos del triángulo nos

sirve para conocer y combinar, en cuanto tiene un objeto real ó posible;

lo que afirmamos ó negamos de ella, lo referimos á su objeto: si este

desaparece, la idea se convierte en un hecho puramente subjetivo, al

cual no podremos aplicar sin abierta contradiccion, las propiedades de

una figura triangular.

CAPÍTULO IX.

IDEA DE LA NEGACION.

[60.] Se dice que el entendimiento no concibe la nada; y esto es verdad,

en el sentido de que no concebimos la nada como algo, lo que seria

contradictorio; pero no se sigue de esto, que de ningun modo concibamos

la nada. El no ser es la nada; y no obstante concebimos el no ser. Esta

percepcion nos es necesaria; sin ella no percibiríamos la contradiccion,

y por tanto nos faltaria el principio fundamental de nuestros

conocimientos: «es imposible que una cosa sea y no sea á un mismo

tiempo.»

[61.] Se dirá que el concebir la nada, el no ser, no es concebir, sino

no concebir; pero esto es falso; porque no es lo mismo concebir que una

cosa no es, y el no concebirla. Lo primero envuelve un juicio negativo,

que se puede expresar por una proposicion negativa; y lo segundo es la

simple ausencia del acto de percepcion que nada tiene que ver con la

cosa: lo primero es objetivo, lo segundo es subjetivo. Al dormir no

percibimos las cosas; pero esta no percepcion no equivale á percibir que

no sean. De una piedra se puede decir que no percibe á otra piedra; pero

nó que perciba el no ser de otra piedra.

[62.] La percepcion del no ser es un acto positivo; y no se puede decir

que sea la misma percepcion del ser, lo que fuera contradictorio: se

seguiria que siempre que percibiéramos el ser, percibiríamos su

negacion, el no ser, y viceversa, lo que es absurdo.

[63.] Cuando percibimos el no ser, es verdad que lo percibimos con

relacion al ser; y que no es concebible un entendimiento percibiendo el

no ser absoluto, sin ninguna idea de ser; mas esto no prueba que las dos

ideas no sean distintas, y contradictorias.

[64.] Si bien se observa, la idea de la negacion, á mas de entrar en los

principios fundamentales de nuestro entendimiento, «es imposible que una

cosa sea y no sea, á un mismo tiempo,» «cualquiera cosa ó es, ó no es;»

es necesaria tambien á casi todas nuestras percepciones. No concebimos

los seres distintos, sin concebir que el uno _no es_ el otro; y nos es

imposible formar un juicio negativo, sin que en él entre la negacion. De

donde resulta que así como hay idea del ser absoluta y relativa; la hay

tambien del no ser; así como se puede decir: «El sol _es_» «los

diámetros de un círculo _son_ iguales;» se puede decir tambien: «El

Fenix _no es_» «los diámetros de una elipse _no son_ iguales.»

[65.] A los que sostienen que toda idea es imágen del objeto, se les

puede preguntar, ¿de qué será imágen la idea del no ser? Esto confirma

lo que hemos indicado mas arriba de que no conviene figurarse todas las

ideas como una especie de tipos semejantes á las cosas; y que muchas

veces no podemos dar explicacion ninguna de esos fenómenos internos que

apellidamos ideas, sin embargo de que con ellos conocemos y explicamos

los objetos.

[66.] Se dice tambien que el objeto del entendimiento es el ser; pero

esto no puede explicarse en el sentido de que el entendimiento no

perciba el no ser; sino que el no ser lo percibimos con órden al ser; y

que el no ser por sí solo, no puede dar orígen á ningun conocimiento.

Y aquí es de notar una diferencia importante: con la idea del ser

podemos entenderlo todo; cuanto mas hay de ser en la idea, mas

entendemos; y si se supone una idea que represente un ser sin ninguna

limitacion, ó lo que es lo mismo, sin ninguna negacion, tendremos el

conocimiento de un ser infinito. Por el contrario: la percepcion del no

ser, no nos enseña nada, sino en cuanto nos manifiesta la limitacion de

determinados seres, y sus relaciones; si suponemos que la idea del no

ser va extendiéndose, notamos que á medida que se acerca á su límite,

esto es al no ser puro, á la nada absoluta, el entendimiento pierde sus

objetos, le van faltando los puntos de comparacion y los elementos de

combinacion, toda luz se extingue, la inteligencia muere.

[67.] No concebimos la nada universal, absoluta, sino como una condicion

momentánea, que fingimos y no admitimos. En ella vemos la imposibilidad

de que exista algo, pues si fuera dable señalar un momento en que no

hubiese habido nada, no habria ahora nada. No hallamos en esa nada

imaginaria ningun punto de partida para la inteligencia; toda

combinacion es imposible, absurda: el espíritu se siente perecer de

inanicion en el vacío que él se ha fabricado.

[68.] La idea de negacion es completamente estéril si no se combina con

la del ser; mas con esta combinacion posee tambien á su modo una especie

de fecundidad. Las ideas de distincion, de limitacion, de determinacion

envuelven una negacion relativa, no concebimos seres distintos sin

concebir que el uno no es el otro; ni seres limitados, sin concebir que

_carecen_, es decir, que _no son_ en algun sentido; ni determinados, sin

concebir alguna cosa que los hace tales, y nó tales otros.

CAPÍTULO X.

IDENTIDAD, DISTINCION; UNIDAD, MULTIPLICIDAD.

[69.] Veamos cómo de la idea del no ser nace la explicacion de las de

ideas de identidad, distincion; unidad y multiplicidad.

Si concebimos un ser, sin compararle con nada que no sea él, fijándonos

únicamente en él, sin hacer entrar ninguna idea de no ser; tendremos las

ideas de identidad y unidad, con respecto á él: ó mejor diremos, esas

ideas de identidad y unidad, no serán otra cosa que las ideas del mismo

ser. Por esta causa, las ideas de identidad y unidad son inexplicables

por sí solas, porque son simples, ó se confunden con una idea simple, en

la cual no hay comparacion; y en que si entra negacion, no es advertida,

no se la hace objeto de reflexion. Así por ejemplo, en la percepcion de

todo ser limitado, entra en algun modo la idea de un no ser, pero

tambien podemos prescindir de esta negacion, considerando lo que el

objeto _es_, y no atendiendo á lo que _no es_.

[70.] Si percibo un ser, y luego otro ser; la percepcion de que el uno

_no es_ el otro, da la idea de distincion, y por consiguiente la de

multiplicidad. Sin percepcion pues de un _no ser_ relativo combinado con

el ser, no hay distincion ni número; pero esta percepcion basta para la

distincion y el número.

[71.] Las ideas de identidad y unidad son simples, las de distincion y

número compuestas: las primeras no envuelven negacion; las segundas

implican un juicio negativo: «esto no es aquello.» No es posible que se

nos presente A distinto de B, sin que percibamos que B no es A; y por el

contrario nos basta saber que B no es A, para decir tambien que son

distintos. Estas expresiones «A no es B; ó A y B son distintos,» son

enteramente idénticas.

[72.] De aquí se infiere que la combinacion primordial de nuestra

inteligencia consiste en la percepcion del ser y del no ser. Con ella

percibimos la identidad y la distincion; la unidad y el número; con ella

comparamos, con ella afirmamos ó negamos. Sin esta percepcion no nos es

posible pensar. Sin la percepcion de la negacion, no tendríamos mas que

la del ser; es decir una intuicion fija en un objeto idéntico, uno,

inmutable, cual concebimos la inteligencia divina contemplando la

infinidad del ser, en la esencia infinita.

Filosofía Fundamental, Tomo III · 第 10 / 19 段