los hombros, de todos los países, de todos los siglos; esa admirable
unidad, que se halla en medio de tanta variedad; ese acuerdo fundamental
que no destruyen la diversidad y contradiccion de opiniones, es una
prueba evidente de que las almas humanas tienen un orígen comun; que el
pensamiento no es obra del acaso: que mas arriba de las inteligencias
humanas hay otra inteligencia que les sirve de apoyo, que las ilumina,
dotándolas desde el primer momento de su existencia, de las facultades
que necesitan para percibir, y cerciorarse de lo que perciben. El órden
admirable que reina en el mundo material, el concierto, la unidad de
plan, que se descubren en él, no son una prueba mas concluyente de la
existencia de Dios, que el órden, el concierto, la unidad que nos ofrece
la razon en su asentimiento á las verdades necesarias.
Por mi parte confieso ingenuamente, que no encuentro prueba mas sólida,
mas concluyente, mas luminosa, de la existencia de Dios, que la que se
deduce del mundo de las inteligencias. Ella tiene sobre las demás una
ventaja, y consiste en que su punto de partida es el hecho mas inmediato
á nosotros, la conciencia de nuestros actos. Es verdad que la prueba mas
acomodada á la capacidad del comun de los hombres, es la que se funda en
el órden admirable que reina en el universo corpóreo; pero es porque no
se han acostumbrado á meditar sobre los objetos insensibles, sobre lo
que experimentan dentro de sí propios; y por consiguiente abundan mas
de conocimiento directo, que de fuerza de reflexion.
Pregunta el ateo qué medio tenemos para cerciorarnos de la existencia de
Dios; y como que exige una aparicion de la divinidad para creer en ella;
pues bien, esa aparicion existe, y nó fuera de nosotros, sino dentro de
nosotros: y si es perdonable que no la vean los hombres poco reflexivos,
no lo es el que no acierten á descubrirla, los que se precian de
entendidos en ciencias metafísicas. El sistema de Malebranche, de que el
hombre lo ve todo en Dios, es insostenible; pero revela un pensador muy
profundo.
CAPÍTULO XXIV.
EXISTENCIA DE LA RAZON UNIVERSAL.
[152.] La verdad general tiene alguna relacion con la particular: porque
si la verdad general no ha de ser una vana ilusion, es necesario que
esté ligada con un objeto existente ó posible. Todo lo que existe es
particular: ni aun el ser posible se concibe, si no se le particulariza
por decirlo así, en las regiones de la posibilidad. Dios mismo, ser por
esencia, no es un ser en abstracto, es una realidad infinita. En él está
particularizada, por decirlo así, la idea general de la plenitud del
ser, de toda perfeccion, de la infinidad.
Las verdades generales pues serian vanas ilusiones, si no se refirieran
á algo particular, existente ó posible. Sin esta relacion el
conocimiento seria un fenómeno puramente subjetivo; la ciencia careceria
de objeto; se sabria, pero no habria cosa sabida.
La apariencia del saber se nos ofrece siempre, nó como un hecho
puramente subjetivo; es decir, que cuando creemos conocer, creemos
conocer algo en nosotros ó fuera de nosotros, segun las materias de que
nos ocupamos; suponiendo pues que el fenómeno del conocimiento sea
puramente subjetivo, y que se convierta á sí mismo en objetivo,
tendremos que nos inducirá de continuo en error; adoleciendo la razon
humana de un vicio radical que la obligará á mirar estos fenómenos como
medios de percibir la verdad, cuando solo serán perennes manantiales de
engaño.
[153.] En esta correspondencia de la verdad general con la particular,
puede dudarse dónde está el principio; esto es, si la verdad general es
verdad, por las verdades particulares, ó si estas lo son por la general.
«Todos los diámetros de un círculo son iguales.» Esta es una verdad
general. Si supongo existente un círculo, todos sus diámetros son
iguales. Ya hemos visto que la certeza de la verdad general no nos viene
ni puede venirnos de la verdad particular; pero en cambio tampoco la
verdad particular necesita de la general; pues parece que aun cuando
prescindamos de toda inteligencia que pudiese percibir esa verdad
general, el círculo existente no dejará de tener sus diámetros iguales.
[154.] Todavía mas: la verdad no podria ser general, si fallara en un
solo caso: y la particular podria ser verdad, aunque fallara la general.
La igualdad de los diámetros en el círculo existente, es pues condicion
necesaria para la verdad general; y esta no parece necesaria para la
igualdad de los diámetros. Es verdad en general que todos los diámetros
son iguales, porque así se verifica en todos los existentes y posibles;
y la verdad general no es mas que la expresion de esta verificacion; mas
no parece que los diámetros en un caso particular, sean iguales porque
lo sea la verdad general. Es verdad que un todo particular es mayor que
su parte, aun cuando se le considere en sí, y prescindiendo de toda
verdad general; pero no seria verdad en general, que el todo fuese mayor
que su parte, si en un solo todo particular, fallase el axioma.
[155.] De estas observaciones parece inferirse que la verdad de los
principios depende de la verdad de los hechos y nó recíprocamente. Sin
embargo, reflexionando mas sobre la materia, se descubre que la raíz de
la verdad no está en los hechos particulares, sino en otra cosa superior
á ellos.
1.º De un hecho particular no podemos inferir la verdad universal; y de
la verdad universal podemos inferir la verdad de todos los hechos
particulares existentes y posibles. La razon de la legitimidad de la
consecuencia se halla en el enlace necesario del predicado con el
sujeto: y esta necesidad no puede encontrarse en los hechos particulares
de suyo contingentes.
2.º La razon de esta necesidad tampoco puede hallarse en la simple
proposicion que la enuncia; pues esta nada funda, solo expresa. La
enunciacion es verdadera, porque expresa la verdad; y la existencia de
la verdad no depende de la enunciacion.
3.º Tampoco puede depender de nuestras ideas. Estas no son productivas
de las cosas; todas las percepciones imaginables no cambian en un ápice
la realidad. La idea puede expresar la cosa, mas no la hace. La relacion
de las ideas entre sí, en tanto vale algo en cuanto expresa la relacion
de los objetos: si por un momento llegásemos á dudar de esta
correspondencia, nuestra razon quedaria reducida á una impotencia
completa, á una vana ilusion de la que no deberíamos hacer ningun caso.
Las propiedades del triángulo están contenidas en la idea que tengo de
él; pero si esta idea fuese puramente subjetiva, si no tuviese ninguna
relacion exacta ó aproximada con ningun objeto real ni posible; esta
idea y cuanto sobre ella edificase, serian meros fenómenos de mi
espíritu, que nada absolutamente significarian, sin mas valor que los
sueños de un delirante. 4.º La razon de las verdades necesarias no se
puede hallar de ningun modo en nuestra inteligencia particular: cada
cual las percibe sin pensar en los otros, ni aun en sí mismo. Nuestro
individuo no existia hace poco, y la verdad existia; cuando nosotros
hayamos desaparecido, la verdad continuará la misma, sin haber perdido
nada.
5.º Hay ciertas verdades necesarias que todos los hombres perciben sin
haberse convenido, ni podido convenir; luego todas las inteligencias
individuales beben en algun manantial comun, luego existe la razon
universal.
CAPÍTULO XXV.
EN QUÉ CONSISTE LA RAZON UNIVERSAL.
[156.] ¿Qué es la razon universal? Si la consideramos como una simple
idea, como una abstraccion de las razones individuales, como algo que,
separado de ellas, no sea nada real, damos en el mismo escollo que nos
proponíamos evitar. Queríamos señalar la causa de la unidad de la razon
humana, y apelamos á la razon universal; y luego para explicar en qué
consiste la razon universal, recurrimos á una abstraccion de las razones
individuales. Círculo evidentemente vicioso; ponemos la causa de un
hecho tan fecundo, en una abstraccion, en una generalizacion de lo
mismo que queremos explicar: á un grande efecto le señalamos una causa
nula, que no tiene mas existencia que en nuestro entendimiento, y que
solo nace del mismo efecto cuyo orígen investigamos.
[157.] Un hecho real ha de tener un principio real; un fenómeno
universal ha de tener una causa universal; un fenómeno independiente de
todo entendimiento finito, ha de nacer de alguna causa independiente de
todo entendimiento finito. Luego existe una razon universal, orígen de
todas las razones finitas, fuente de toda verdad, luz de todas las
inteligencias, lazo de todos los seres. Luego sobre todos los fenómenos,
sobre todos los individuos finitos, existe un ser, en el cual se halla
la razon de todos los seres, una grande unidad en la cual se halla el
lazo de todo órden, de toda comunidad de los demás seres.
Luego la unidad de la razon humana da una cumplida demostracion de la
existencia de Dios. La razon universal existe; y la razon universal es
una palabra sin sentido, si no significa un ser por esencia,
inteligente, activo, productor de todos los seres, de todas las
inteligencias, causa de todo, luz de todo.
[158.] La _razon impersonal_ de que hablan algunos filósofos es una
palabra sin sentido. O existe una razon distinta de las nuestras, ó nó:
si existe no es impersonal: si no existe, no se puede explicar la
comunidad de las razones humanas; esta comunidad será para nosotros un
fenómeno, que podremos apellidar razon impersonal, ó como mejor nos
parezca, sin que nos sea dable señalarle ningun orígen: será un efecto
sin causa; un hecho sin razon suficiente.
[159.] La inteligencia se extiende por un mundo de cosas posibles, y
allí descubre un conjunto de relaciones necesarias: unas de dependencia,
otras de contradiccion: si no hay una realidad en que se funde la
posibilidad, esta es un absurdo: no habrá nada posible, sino lo
existente.
En la nada no se puede fundar nada: y por consiguiente ni la
posibilidad. El conjunto de relaciones necesarias que descubrimos en los
seres posibles, ha de tener un tipo primitivo, al cual se refiera: en la
nada no hay tipos.
[160.] La coleccion de los entendimientos humanos no puede fundar la
posibilidad. Considerado aisladamente cualquiera de ellos, no es
necesario para la verdad general: y en todos juntos no puede haber lo
que no hay en ninguno. La verdad necesaria la concebimos con absoluta
abstraccion del entendimiento humano, incluso el propio; los
entendimientos individuales aparecen y desaparecen, sin que nada se
altere en las relaciones de los seres posibles: por el contrario, para
que el entendimiento pueda ejercer sus funciones ha menester de un
conjunto de verdades preexistentes, y sin ellas nada puede pensar.
Lo que es necesario para cada uno de los entendimientos individuales,
lo es para todos. La reunion de ellos, no aumenta la fuerza de cada uno;
pues que esta reunion no es mas que una coleccion que formamos en
nuestra mente, sin que le corresponda nada en la realidad, sino los
entendimientos individuales con sus fuerzas respectivas.
[161.] Las verdades necesarias preexisten pues á la razon humana: y esta
preexistencia es una palabra sin sentido, cuando no se la refiere á un
ser, orígen de toda realidad, y fundamento de toda posibilidad. No hay
pues razon impersonal propiamente dicha: hay comunidad de la razon, en
cuanto á todos los entendimientos finitos los ilumina una misma luz:
Dios que los ha criado.
CAPÍTULO XXVI.
ACLARACIONES SOBRE EL FUNDAMENTO REAL DE LA POSIBILIDAD PURA.
[162.] Como el argumento con que se prueba la necesidad de la existencia
de un ser, en que se halle el fundamento de todas las relaciones del
órden posible, es uno de los mas trascendentales en la region de la
metafísica, y al propio tiempo uno de los mas difíciles de ser
comprendidos con perfeccion, juzgo conveniente ampliar algun tanto las
consideraciones emitidas en el capítulo anterior.
Un ejemplo en que se ensaye el construir la posibilidad de las cosas,
independientemente de un ser en que se halle la razon de todo, será
mejor para el objeto, que reflexiones abstractas.
[163.] «Dos círculos de diámetros iguales son iguales.» Esta proposicion
es evidentemente verdadera. Analicemos lo que significa. La proposicion
se refiere al órden posible, prescinde absolutamente de la existencia de
los diámetros y de los círculos. Ningun caso se exceptúa: todos vienen
comprendidos en la proposicion.
Desde luego salta á los ojos que la verdad de la proposicion no se funda
en nuestra experiencia; esta debe circunscribirse á lo que nosotros
hemos experimentado; el número de sus casos ha de ser muy reducido; y
por grande que le supusiéramos, distaria infinitamente de lo que ha
menester para igualar la universalidad de la proposicion.
[164.] Tampoco la verdad se refiere á nuestro modo de entender; antes
por el contrario, nosotros la concebimos como independiente de nuestro
pensamiento. Si se nos pregunta qué seria de esta verdad en caso de que
nosotros no existiéramos, responderemos sin vacilar que la verdad seria
la misma, que no adquiere nada con nuestra existencia, ni perderia nada
con nuestra desaparicion. Si creyésemos que esta verdad depende en algun
modo de nosotros, dejaria de ser lo que es, no fuera una verdad
necesaria, sino contingente.
[165.] El mundo corpóreo tampoco es indispensable para la verdad y
necesidad de la proposicion; por el contrario, si suponemos que no
existe ningun cuerpo, la proposicion no habrá perdido nada de su verdad,
necesidad y universalidad.
[166.] ¿Qué sucederá si desapareciendo todos los cuerpos, todas las
representaciones sensibles, y hasta todos los entendimientos, imaginamos
la nada universal y absoluta? Aun en este supuesto, vemos que la
proposicion es verdadera; siéndonos imposible tenerla por falsa. En
todos los supuestos, nuestro entendimiento ve un enlace que no puede
destruir: establecida la condicion se sigue infaliblemente el resultado.
[167.] Un enlace absolutamente necesario, que no se funda en nosotros ni
en el mundo externo; un enlace que preexiste á cuanto podemos imaginar,
y que subsiste aun despues de haberlo aniquilado todo con un esfuerzo de
nuestro entendimiento, se ha de fundar en algo, no puede tener por
orígen la nada: decir esto, seria afirmar que hay un hecho necesario sin
razon suficiente.
[168.] Es verdad que en la proposicion que nos ocupa, no se afirma nada
real; pero si bien se reflexiona, se halla en esto mismo la mayor
dificultad contra los que niegan á la posibilidad pura, un fundamento
real. Precisamente, lo singular de este fenómeno está en que nuestra
inteligencia se sienta obligada á dar su asenso á una proposicion, en
que se afirma un enlace absolutamente necesario sin relacion á ningun
objeto existente. Se concibe que una inteligencia afectada por otros
seres, conozca la naturaleza y relaciones de los mismos; pero no se
alcanza cómo se pueden descubrir esta naturaleza y estas relaciones de
un modo absolutamente necesario cuando se prescinde de toda existencia,
cuando el fondo en que se fijan los ojos del entendimiento es el abismo
de la nada.
[169.] Nos hacemos ilusion creyendo que podemos prescindir de toda
existencia. Aun cuando suponemos que nuestro espíritu ha desaparecido
del todo, suposicion muy fácil, dado que en nuestra conciencia
encontramos la contingencia de nuestro ser, el entendimiento percibe
todavía un órden posible, y cree ocuparse de la posibilidad pura,
independientemente de un ser en que la funde. Repito que esto es una
ilusion que se desvanece tan pronto como se reflexiona sobre ella. En la
pura nada no hay nada posible; no hay relaciones, no hay enlaces de
ninguna especie: en la nada todas las combinaciones son absurdas; es un
fondo en que nada se puede pintar.
[170.] La objetividad de nuestras ideas, la percepcion de relaciones
necesarias en un órden posible, revelan una comunicacion de nuestra
inteligencia con un ser en que se funda toda posibilidad. Esta
posibilidad es inexplicable en no suponiendo dicha comunicacion, que
consiste en la accion de Dios dando á nuestro espíritu facultades
perceptivas de la relacion necesaria de ciertas ideas, fundada en el ser
necesario y representada en su esencia infinita.
[171.] Sin esta comunicacion, el órden de la posibilidad pura no
significa nada: todas las combinaciones que á ella se refieren, no
encierran ninguna verdad: y con esto se arruina toda la ciencia. No
puede haber relaciones necesarias, cuando no hay algo necesario en que
se funden, y donde se representen: sin esta condicion todos los
conocimientos se han de referir á lo existente, y aun limitado á lo que
_parece_, á lo que nos afecta, sin poder afirmar nada que salga del
órden actual. En cuyo supuesto la ciencia no es digna de este nombre; no
es mas que una coleccion de hechos recogidos en el campo de la
experiencia: no podemos decir, «esto será ó no será, esto puede ser ó no
puede ser;» nos es preciso limitarnos á lo que es; ó mas bien, deberemos
circunscribirnos á lo que nos afecta, á la simple apariencia, sin
podernos elevar nunca sobre la esfera de los fenómenos individuales.
CAPÍTULO XXVII.
EXPLICACION DE LOS FENÓMENOS INTELECTUALES INDIVIDUALES, POR LA RAZON
UNIVERSAL SUBSISTENTE.
[172.] Partiendo de los fenómenos observados en la razon individual,
hemos llegado á la razon universal; hagamos, por decirlo así, la
contraprueba: tomemos esta razon universal subsistente, y veamos si se
explican las razones individuales en sí, y en sus fenómenos.
1.º ¿Qué son las verdades necesarias? Son las relaciones de los seres,
tales como están representadas en el ser, que contiene la plenitud del
ser. Ninguna razon individual finita, es entonces necesaria para estas
verdades; la razon de ellas se halla en un ser infinito.
2.º La esencia de todas las cosas, abstraida de todos los seres
particulares, es algo real; nó en sí, y por separado, sino en el ser
donde se halla la plenitud de todo.
3.º En este supuesto, las ciencias no se ocupan de vanas ideas, ni de
meras creaciones de nuestra razon, sino de relaciones necesarias
representadas en un ser necesario, conocidas por él desde la eternidad.
4.º La ciencia es posible: hay algo necesario en los objetos
contingentes; la destruccion de estos no destruye los tipos eternos de
todo ser, único que considera la ciencia.
5.º Todas las razones individuales, nacidas de un mismo orígen,
participan de una misma luz; todas viven de una misma vida, de un mismo
patrimonio, indivisible en el principio creador, divisible en las
criaturas. Luego la unidad, ó mejor la uniformidad ó comunidad de la
razon humana es posible, es necesaria.
6.º Luego la razon de todos los hombres tiene por lazo comun la
inteligencia infinita: luego Dios está en nosotros; y encierran
profundísima filosofía aquellas palabras del Apóstol; «in ipso vivimus,
movemur et sumus.»
7.º Luego toda filosofía que quiere explicar la razon aislándola; que
solo considera fenómenos particulares, sin lazo general; que pretende
levantar el magnífico edificio de nuestra razon con solos los hechos
particulares; que no apela á un fondo comun, á un manantial de luz de
donde nazcan todas las luces, es una filosofía falsa, superficial, en
lucha con la teoría, en contradiccion con los hechos. Cuando se
reflexiona sobre esto, lástima dan Locke y mas aun Condillac, con sus
explicaciones de la razon humana por solas las sensaciones.
8.º Así se concibe por qué no podemos señalar la razon de muchas cosas:
las vemos; son así; son necesarias; nada mas podemos decir. El triángulo
no es círculo; ¿qué razon señalaremos? ninguna. Es así, y nada mas. ¿Y
por qué? Porque efectivamente existe una necesidad inmediata en la
relacion representada en el ser infinito, que es verdad por esencia. La
misma inteligencia infinita no ve mas razon de sí misma que á sí misma.
En la plenitud de su ser, lo encuentra todo, y las relaciones de todo;
mas allá, no hay nada. Al crear las razones individuales, les ha dado
una intuicion de esas relaciones; no hay discurso para probarlas; las
vemos, y nada mas.
9.º Los que admiten el valor subjetivo de las ideas, dudando de su
objetividad, ó negándola, pierden de vista este hecho. Quieren un
argumento, donde solo cabe una vision; exigen grados, donde no los hay.
Cuando la razon humana ha visto ciertas verdades, no puede ir mas allá,
ni dudar de ellas. Está sometida á una ley primitiva de su naturaleza;
de la cual no puede prescindir sin dejar de ser lo que es. Por lo mismo
que ve el objeto, está segura de él; la diferencia entre la subjetividad
y la objetividad, cabe en el terreno de las ilaciones, mas nó en el de
la razon inmediata, ó sea en la inteligencia de las verdades necesarias.
[173.] Dejo á la consideracion del lector si la explicacion que precede
es algo mas satisfactoria que la de la _razon impersonal_; la teoría que
acabo de exponer ha sido la de todos los metafísicos mas eminentes. Con
Dios todo se aclara; sin Dios, todo es un caos. Esto es verdad en el
órden de los hechos, y no lo es menos en el órden de las ideas. Nuestra
percepcion es tambien un hecho; nuestras ideas son hechos tambien: á
todo preside un órden admirable, en todo hay un enlace que no podemos
destruir; y ni este enlace, ni este órden, depende de nosotros. La
palabra _razon_, tiene un significado profundo: porque se refiere á la
inteligencia infinita. No puede haber dos razones humanas, siendo
verdadero para uno, lo que sea falso para otro: independientemente de
toda comunicacion entre los espíritus humanos, y de toda intuicion, hay
verdades necesarias para todos. Si queremos explicar esta unidad, es
necesario salir de nosotros, y elevarnos á la grande unidad de donde
sale todo, y á donde se dirige todo.
[174.] Este punto de vista es alto, pero es el único: si nos apartamos
de él, no vemos nada; estamos precisados á emplear palabras que nada
significan. ¡Pensamiento sublime y consolador! aun cuando el hombre no
se acuerda de Dios, y quizás le niega, tiene á Dios en su entendimiento,
en sus ideas, en todo cuanto es, en todo cuanto piensa; la fuerza
perceptiva se la ha comunicado Dios: la verdad objetiva se funda en
Dios: no puede afirmar una verdad, sin que afirme una cosa representada
en Dios. Esta comunicacion íntima de lo finito con lo infinito, es una
de las verdades mas ciertas de la metafísica: aunque las investigaciones
ideológicas no produjesen mas resultado que el descubrimiento de una
verdad tan importante, deberíamos tener por muy aprovechado el tiempo
que hubiésemos consumido en ellas.
CAPÍTULO XXVIII.
OBSERVACIONES SOBRE LA RELACION DE LAS PALABRAS CON LAS IDEAS.
[175.] La relacion entre el pensamiento y la palabra es uno de los
fenómenos ideológicos mas importantes. Mientras hablamos, pensamos; y
mientras pensamos, hablamos con locucion interior: el entendimiento ha
menester de las palabras, como una especie de hilo conductor en el
laberinto de las ideas.
[176.] El enlace de las ideas con un signo parece necesario: entre estos
signos el mas universal y mas cómodo es la palabra; pero conviene no
olvidar que esta es signo arbitrario, como lo manifiesta la variedad de
palabras en las diferentes lenguas, para expresar una misma idea.
[177.] El fenómeno de la relacion de las ideas con el lenguaje, tiene su
orígen en la necesidad de vincular las ideas con determinados signos; y
la importancia de la palabra resulta de que es un signo mas general, mas
cómodo, y mas flexible. Así es que en cuanto estas circunstancias se
pueden reunir en otro signo, se consigue el mismo objeto. Físicamente
hablando, la palabra escrita es muy diferente de la hablada; y no
obstante para muchísimos casos, nos sirve igualmente la primera que la
segunda.
[178.] La locucion interior es á veces, mas bien una reflexion en que se
amplía y desenvuelve la idea, que expresion de la misma. Es verdad que
por lo comun no pensamos sin hablar interiormente; pero como se ha
observado mas arriba, la palabra es un signo arbitrario, y por
consiguiente no puede establecerse un paralelismo del todo exacto entre
las ideas y la locucion interior.
[179.] Pensamos con una instantaneidad que no se aviene con la sucesion
de las palabras, por rápidas que las supongamos. Es verdad que la
locucion interna es mas veloz que la externa; pero siempre envuelve
sucesion, y exige mas ó menos tiempo, segun las palabras que se han de
suceder.
Esta observacion es importante para no exagerar las relaciones de la
idea con la palabra. El lenguaje es ciertamente un conducto maravilloso
en la comunicacion de las ideas, y un poderoso auxiliar de nuestro
entendimiento; pero, sin desconocer estas calidades, podemos guardarnos
de la exageracion que parece declarar imposible todo pensamiento al que
no corresponda una palabra pensada.