[151.] Y aquí observaré de paso, que esa comunidad de razon entre todos

los hombros, de todos los países, de todos los siglos; esa admirable

unidad, que se halla en medio de tanta variedad; ese acuerdo fundamental

que no destruyen la diversidad y contradiccion de opiniones, es una

prueba evidente de que las almas humanas tienen un orígen comun; que el

pensamiento no es obra del acaso: que mas arriba de las inteligencias

humanas hay otra inteligencia que les sirve de apoyo, que las ilumina,

dotándolas desde el primer momento de su existencia, de las facultades

que necesitan para percibir, y cerciorarse de lo que perciben. El órden

admirable que reina en el mundo material, el concierto, la unidad de

plan, que se descubren en él, no son una prueba mas concluyente de la

existencia de Dios, que el órden, el concierto, la unidad que nos ofrece

la razon en su asentimiento á las verdades necesarias.

Por mi parte confieso ingenuamente, que no encuentro prueba mas sólida,

mas concluyente, mas luminosa, de la existencia de Dios, que la que se

deduce del mundo de las inteligencias. Ella tiene sobre las demás una

ventaja, y consiste en que su punto de partida es el hecho mas inmediato

á nosotros, la conciencia de nuestros actos. Es verdad que la prueba mas

acomodada á la capacidad del comun de los hombres, es la que se funda en

el órden admirable que reina en el universo corpóreo; pero es porque no

se han acostumbrado á meditar sobre los objetos insensibles, sobre lo

que experimentan dentro de sí propios; y por consiguiente abundan mas

de conocimiento directo, que de fuerza de reflexion.

Pregunta el ateo qué medio tenemos para cerciorarnos de la existencia de

Dios; y como que exige una aparicion de la divinidad para creer en ella;

pues bien, esa aparicion existe, y nó fuera de nosotros, sino dentro de

nosotros: y si es perdonable que no la vean los hombres poco reflexivos,

no lo es el que no acierten á descubrirla, los que se precian de

entendidos en ciencias metafísicas. El sistema de Malebranche, de que el

hombre lo ve todo en Dios, es insostenible; pero revela un pensador muy

profundo.

CAPÍTULO XXIV.

EXISTENCIA DE LA RAZON UNIVERSAL.

[152.] La verdad general tiene alguna relacion con la particular: porque

si la verdad general no ha de ser una vana ilusion, es necesario que

esté ligada con un objeto existente ó posible. Todo lo que existe es

particular: ni aun el ser posible se concibe, si no se le particulariza

por decirlo así, en las regiones de la posibilidad. Dios mismo, ser por

esencia, no es un ser en abstracto, es una realidad infinita. En él está

particularizada, por decirlo así, la idea general de la plenitud del

ser, de toda perfeccion, de la infinidad.

Las verdades generales pues serian vanas ilusiones, si no se refirieran

á algo particular, existente ó posible. Sin esta relacion el

conocimiento seria un fenómeno puramente subjetivo; la ciencia careceria

de objeto; se sabria, pero no habria cosa sabida.

La apariencia del saber se nos ofrece siempre, nó como un hecho

puramente subjetivo; es decir, que cuando creemos conocer, creemos

conocer algo en nosotros ó fuera de nosotros, segun las materias de que

nos ocupamos; suponiendo pues que el fenómeno del conocimiento sea

puramente subjetivo, y que se convierta á sí mismo en objetivo,

tendremos que nos inducirá de continuo en error; adoleciendo la razon

humana de un vicio radical que la obligará á mirar estos fenómenos como

medios de percibir la verdad, cuando solo serán perennes manantiales de

engaño.

[153.] En esta correspondencia de la verdad general con la particular,

puede dudarse dónde está el principio; esto es, si la verdad general es

verdad, por las verdades particulares, ó si estas lo son por la general.

«Todos los diámetros de un círculo son iguales.» Esta es una verdad

general. Si supongo existente un círculo, todos sus diámetros son

iguales. Ya hemos visto que la certeza de la verdad general no nos viene

ni puede venirnos de la verdad particular; pero en cambio tampoco la

verdad particular necesita de la general; pues parece que aun cuando

prescindamos de toda inteligencia que pudiese percibir esa verdad

general, el círculo existente no dejará de tener sus diámetros iguales.

[154.] Todavía mas: la verdad no podria ser general, si fallara en un

solo caso: y la particular podria ser verdad, aunque fallara la general.

La igualdad de los diámetros en el círculo existente, es pues condicion

necesaria para la verdad general; y esta no parece necesaria para la

igualdad de los diámetros. Es verdad en general que todos los diámetros

son iguales, porque así se verifica en todos los existentes y posibles;

y la verdad general no es mas que la expresion de esta verificacion; mas

no parece que los diámetros en un caso particular, sean iguales porque

lo sea la verdad general. Es verdad que un todo particular es mayor que

su parte, aun cuando se le considere en sí, y prescindiendo de toda

verdad general; pero no seria verdad en general, que el todo fuese mayor

que su parte, si en un solo todo particular, fallase el axioma.

[155.] De estas observaciones parece inferirse que la verdad de los

principios depende de la verdad de los hechos y nó recíprocamente. Sin

embargo, reflexionando mas sobre la materia, se descubre que la raíz de

la verdad no está en los hechos particulares, sino en otra cosa superior

á ellos.

1.º De un hecho particular no podemos inferir la verdad universal; y de

la verdad universal podemos inferir la verdad de todos los hechos

particulares existentes y posibles. La razon de la legitimidad de la

consecuencia se halla en el enlace necesario del predicado con el

sujeto: y esta necesidad no puede encontrarse en los hechos particulares

de suyo contingentes.

2.º La razon de esta necesidad tampoco puede hallarse en la simple

proposicion que la enuncia; pues esta nada funda, solo expresa. La

enunciacion es verdadera, porque expresa la verdad; y la existencia de

la verdad no depende de la enunciacion.

3.º Tampoco puede depender de nuestras ideas. Estas no son productivas

de las cosas; todas las percepciones imaginables no cambian en un ápice

la realidad. La idea puede expresar la cosa, mas no la hace. La relacion

de las ideas entre sí, en tanto vale algo en cuanto expresa la relacion

de los objetos: si por un momento llegásemos á dudar de esta

correspondencia, nuestra razon quedaria reducida á una impotencia

completa, á una vana ilusion de la que no deberíamos hacer ningun caso.

Las propiedades del triángulo están contenidas en la idea que tengo de

él; pero si esta idea fuese puramente subjetiva, si no tuviese ninguna

relacion exacta ó aproximada con ningun objeto real ni posible; esta

idea y cuanto sobre ella edificase, serian meros fenómenos de mi

espíritu, que nada absolutamente significarian, sin mas valor que los

sueños de un delirante. 4.º La razon de las verdades necesarias no se

puede hallar de ningun modo en nuestra inteligencia particular: cada

cual las percibe sin pensar en los otros, ni aun en sí mismo. Nuestro

individuo no existia hace poco, y la verdad existia; cuando nosotros

hayamos desaparecido, la verdad continuará la misma, sin haber perdido

nada.

5.º Hay ciertas verdades necesarias que todos los hombres perciben sin

haberse convenido, ni podido convenir; luego todas las inteligencias

individuales beben en algun manantial comun, luego existe la razon

universal.

CAPÍTULO XXV.

EN QUÉ CONSISTE LA RAZON UNIVERSAL.

[156.] ¿Qué es la razon universal? Si la consideramos como una simple

idea, como una abstraccion de las razones individuales, como algo que,

separado de ellas, no sea nada real, damos en el mismo escollo que nos

proponíamos evitar. Queríamos señalar la causa de la unidad de la razon

humana, y apelamos á la razon universal; y luego para explicar en qué

consiste la razon universal, recurrimos á una abstraccion de las razones

individuales. Círculo evidentemente vicioso; ponemos la causa de un

hecho tan fecundo, en una abstraccion, en una generalizacion de lo

mismo que queremos explicar: á un grande efecto le señalamos una causa

nula, que no tiene mas existencia que en nuestro entendimiento, y que

solo nace del mismo efecto cuyo orígen investigamos.

[157.] Un hecho real ha de tener un principio real; un fenómeno

universal ha de tener una causa universal; un fenómeno independiente de

todo entendimiento finito, ha de nacer de alguna causa independiente de

todo entendimiento finito. Luego existe una razon universal, orígen de

todas las razones finitas, fuente de toda verdad, luz de todas las

inteligencias, lazo de todos los seres. Luego sobre todos los fenómenos,

sobre todos los individuos finitos, existe un ser, en el cual se halla

la razon de todos los seres, una grande unidad en la cual se halla el

lazo de todo órden, de toda comunidad de los demás seres.

Luego la unidad de la razon humana da una cumplida demostracion de la

existencia de Dios. La razon universal existe; y la razon universal es

una palabra sin sentido, si no significa un ser por esencia,

inteligente, activo, productor de todos los seres, de todas las

inteligencias, causa de todo, luz de todo.

[158.] La _razon impersonal_ de que hablan algunos filósofos es una

palabra sin sentido. O existe una razon distinta de las nuestras, ó nó:

si existe no es impersonal: si no existe, no se puede explicar la

comunidad de las razones humanas; esta comunidad será para nosotros un

fenómeno, que podremos apellidar razon impersonal, ó como mejor nos

parezca, sin que nos sea dable señalarle ningun orígen: será un efecto

sin causa; un hecho sin razon suficiente.

[159.] La inteligencia se extiende por un mundo de cosas posibles, y

allí descubre un conjunto de relaciones necesarias: unas de dependencia,

otras de contradiccion: si no hay una realidad en que se funde la

posibilidad, esta es un absurdo: no habrá nada posible, sino lo

existente.

En la nada no se puede fundar nada: y por consiguiente ni la

posibilidad. El conjunto de relaciones necesarias que descubrimos en los

seres posibles, ha de tener un tipo primitivo, al cual se refiera: en la

nada no hay tipos.

[160.] La coleccion de los entendimientos humanos no puede fundar la

posibilidad. Considerado aisladamente cualquiera de ellos, no es

necesario para la verdad general: y en todos juntos no puede haber lo

que no hay en ninguno. La verdad necesaria la concebimos con absoluta

abstraccion del entendimiento humano, incluso el propio; los

entendimientos individuales aparecen y desaparecen, sin que nada se

altere en las relaciones de los seres posibles: por el contrario, para

que el entendimiento pueda ejercer sus funciones ha menester de un

conjunto de verdades preexistentes, y sin ellas nada puede pensar.

Lo que es necesario para cada uno de los entendimientos individuales,

lo es para todos. La reunion de ellos, no aumenta la fuerza de cada uno;

pues que esta reunion no es mas que una coleccion que formamos en

nuestra mente, sin que le corresponda nada en la realidad, sino los

entendimientos individuales con sus fuerzas respectivas.

[161.] Las verdades necesarias preexisten pues á la razon humana: y esta

preexistencia es una palabra sin sentido, cuando no se la refiere á un

ser, orígen de toda realidad, y fundamento de toda posibilidad. No hay

pues razon impersonal propiamente dicha: hay comunidad de la razon, en

cuanto á todos los entendimientos finitos los ilumina una misma luz:

Dios que los ha criado.

CAPÍTULO XXVI.

ACLARACIONES SOBRE EL FUNDAMENTO REAL DE LA POSIBILIDAD PURA.

[162.] Como el argumento con que se prueba la necesidad de la existencia

de un ser, en que se halle el fundamento de todas las relaciones del

órden posible, es uno de los mas trascendentales en la region de la

metafísica, y al propio tiempo uno de los mas difíciles de ser

comprendidos con perfeccion, juzgo conveniente ampliar algun tanto las

consideraciones emitidas en el capítulo anterior.

Un ejemplo en que se ensaye el construir la posibilidad de las cosas,

independientemente de un ser en que se halle la razon de todo, será

mejor para el objeto, que reflexiones abstractas.

[163.] «Dos círculos de diámetros iguales son iguales.» Esta proposicion

es evidentemente verdadera. Analicemos lo que significa. La proposicion

se refiere al órden posible, prescinde absolutamente de la existencia de

los diámetros y de los círculos. Ningun caso se exceptúa: todos vienen

comprendidos en la proposicion.

Desde luego salta á los ojos que la verdad de la proposicion no se funda

en nuestra experiencia; esta debe circunscribirse á lo que nosotros

hemos experimentado; el número de sus casos ha de ser muy reducido; y

por grande que le supusiéramos, distaria infinitamente de lo que ha

menester para igualar la universalidad de la proposicion.

[164.] Tampoco la verdad se refiere á nuestro modo de entender; antes

por el contrario, nosotros la concebimos como independiente de nuestro

pensamiento. Si se nos pregunta qué seria de esta verdad en caso de que

nosotros no existiéramos, responderemos sin vacilar que la verdad seria

la misma, que no adquiere nada con nuestra existencia, ni perderia nada

con nuestra desaparicion. Si creyésemos que esta verdad depende en algun

modo de nosotros, dejaria de ser lo que es, no fuera una verdad

necesaria, sino contingente.

[165.] El mundo corpóreo tampoco es indispensable para la verdad y

necesidad de la proposicion; por el contrario, si suponemos que no

existe ningun cuerpo, la proposicion no habrá perdido nada de su verdad,

necesidad y universalidad.

[166.] ¿Qué sucederá si desapareciendo todos los cuerpos, todas las

representaciones sensibles, y hasta todos los entendimientos, imaginamos

la nada universal y absoluta? Aun en este supuesto, vemos que la

proposicion es verdadera; siéndonos imposible tenerla por falsa. En

todos los supuestos, nuestro entendimiento ve un enlace que no puede

destruir: establecida la condicion se sigue infaliblemente el resultado.

[167.] Un enlace absolutamente necesario, que no se funda en nosotros ni

en el mundo externo; un enlace que preexiste á cuanto podemos imaginar,

y que subsiste aun despues de haberlo aniquilado todo con un esfuerzo de

nuestro entendimiento, se ha de fundar en algo, no puede tener por

orígen la nada: decir esto, seria afirmar que hay un hecho necesario sin

razon suficiente.

[168.] Es verdad que en la proposicion que nos ocupa, no se afirma nada

real; pero si bien se reflexiona, se halla en esto mismo la mayor

dificultad contra los que niegan á la posibilidad pura, un fundamento

real. Precisamente, lo singular de este fenómeno está en que nuestra

inteligencia se sienta obligada á dar su asenso á una proposicion, en

que se afirma un enlace absolutamente necesario sin relacion á ningun

objeto existente. Se concibe que una inteligencia afectada por otros

seres, conozca la naturaleza y relaciones de los mismos; pero no se

alcanza cómo se pueden descubrir esta naturaleza y estas relaciones de

un modo absolutamente necesario cuando se prescinde de toda existencia,

cuando el fondo en que se fijan los ojos del entendimiento es el abismo

de la nada.

[169.] Nos hacemos ilusion creyendo que podemos prescindir de toda

existencia. Aun cuando suponemos que nuestro espíritu ha desaparecido

del todo, suposicion muy fácil, dado que en nuestra conciencia

encontramos la contingencia de nuestro ser, el entendimiento percibe

todavía un órden posible, y cree ocuparse de la posibilidad pura,

independientemente de un ser en que la funde. Repito que esto es una

ilusion que se desvanece tan pronto como se reflexiona sobre ella. En la

pura nada no hay nada posible; no hay relaciones, no hay enlaces de

ninguna especie: en la nada todas las combinaciones son absurdas; es un

fondo en que nada se puede pintar.

[170.] La objetividad de nuestras ideas, la percepcion de relaciones

necesarias en un órden posible, revelan una comunicacion de nuestra

inteligencia con un ser en que se funda toda posibilidad. Esta

posibilidad es inexplicable en no suponiendo dicha comunicacion, que

consiste en la accion de Dios dando á nuestro espíritu facultades

perceptivas de la relacion necesaria de ciertas ideas, fundada en el ser

necesario y representada en su esencia infinita.

[171.] Sin esta comunicacion, el órden de la posibilidad pura no

significa nada: todas las combinaciones que á ella se refieren, no

encierran ninguna verdad: y con esto se arruina toda la ciencia. No

puede haber relaciones necesarias, cuando no hay algo necesario en que

se funden, y donde se representen: sin esta condicion todos los

conocimientos se han de referir á lo existente, y aun limitado á lo que

_parece_, á lo que nos afecta, sin poder afirmar nada que salga del

órden actual. En cuyo supuesto la ciencia no es digna de este nombre; no

es mas que una coleccion de hechos recogidos en el campo de la

experiencia: no podemos decir, «esto será ó no será, esto puede ser ó no

puede ser;» nos es preciso limitarnos á lo que es; ó mas bien, deberemos

circunscribirnos á lo que nos afecta, á la simple apariencia, sin

podernos elevar nunca sobre la esfera de los fenómenos individuales.

CAPÍTULO XXVII.

EXPLICACION DE LOS FENÓMENOS INTELECTUALES INDIVIDUALES, POR LA RAZON

UNIVERSAL SUBSISTENTE.

[172.] Partiendo de los fenómenos observados en la razon individual,

hemos llegado á la razon universal; hagamos, por decirlo así, la

contraprueba: tomemos esta razon universal subsistente, y veamos si se

explican las razones individuales en sí, y en sus fenómenos.

1.º ¿Qué son las verdades necesarias? Son las relaciones de los seres,

tales como están representadas en el ser, que contiene la plenitud del

ser. Ninguna razon individual finita, es entonces necesaria para estas

verdades; la razon de ellas se halla en un ser infinito.

2.º La esencia de todas las cosas, abstraida de todos los seres

particulares, es algo real; nó en sí, y por separado, sino en el ser

donde se halla la plenitud de todo.

3.º En este supuesto, las ciencias no se ocupan de vanas ideas, ni de

meras creaciones de nuestra razon, sino de relaciones necesarias

representadas en un ser necesario, conocidas por él desde la eternidad.

4.º La ciencia es posible: hay algo necesario en los objetos

contingentes; la destruccion de estos no destruye los tipos eternos de

todo ser, único que considera la ciencia.

5.º Todas las razones individuales, nacidas de un mismo orígen,

participan de una misma luz; todas viven de una misma vida, de un mismo

patrimonio, indivisible en el principio creador, divisible en las

criaturas. Luego la unidad, ó mejor la uniformidad ó comunidad de la

razon humana es posible, es necesaria.

6.º Luego la razon de todos los hombres tiene por lazo comun la

inteligencia infinita: luego Dios está en nosotros; y encierran

profundísima filosofía aquellas palabras del Apóstol; «in ipso vivimus,

movemur et sumus.»

7.º Luego toda filosofía que quiere explicar la razon aislándola; que

solo considera fenómenos particulares, sin lazo general; que pretende

levantar el magnífico edificio de nuestra razon con solos los hechos

particulares; que no apela á un fondo comun, á un manantial de luz de

donde nazcan todas las luces, es una filosofía falsa, superficial, en

lucha con la teoría, en contradiccion con los hechos. Cuando se

reflexiona sobre esto, lástima dan Locke y mas aun Condillac, con sus

explicaciones de la razon humana por solas las sensaciones.

8.º Así se concibe por qué no podemos señalar la razon de muchas cosas:

las vemos; son así; son necesarias; nada mas podemos decir. El triángulo

no es círculo; ¿qué razon señalaremos? ninguna. Es así, y nada mas. ¿Y

por qué? Porque efectivamente existe una necesidad inmediata en la

relacion representada en el ser infinito, que es verdad por esencia. La

misma inteligencia infinita no ve mas razon de sí misma que á sí misma.

En la plenitud de su ser, lo encuentra todo, y las relaciones de todo;

mas allá, no hay nada. Al crear las razones individuales, les ha dado

una intuicion de esas relaciones; no hay discurso para probarlas; las

vemos, y nada mas.

9.º Los que admiten el valor subjetivo de las ideas, dudando de su

objetividad, ó negándola, pierden de vista este hecho. Quieren un

argumento, donde solo cabe una vision; exigen grados, donde no los hay.

Cuando la razon humana ha visto ciertas verdades, no puede ir mas allá,

ni dudar de ellas. Está sometida á una ley primitiva de su naturaleza;

de la cual no puede prescindir sin dejar de ser lo que es. Por lo mismo

que ve el objeto, está segura de él; la diferencia entre la subjetividad

y la objetividad, cabe en el terreno de las ilaciones, mas nó en el de

la razon inmediata, ó sea en la inteligencia de las verdades necesarias.

[173.] Dejo á la consideracion del lector si la explicacion que precede

es algo mas satisfactoria que la de la _razon impersonal_; la teoría que

acabo de exponer ha sido la de todos los metafísicos mas eminentes. Con

Dios todo se aclara; sin Dios, todo es un caos. Esto es verdad en el

órden de los hechos, y no lo es menos en el órden de las ideas. Nuestra

percepcion es tambien un hecho; nuestras ideas son hechos tambien: á

todo preside un órden admirable, en todo hay un enlace que no podemos

destruir; y ni este enlace, ni este órden, depende de nosotros. La

palabra _razon_, tiene un significado profundo: porque se refiere á la

inteligencia infinita. No puede haber dos razones humanas, siendo

verdadero para uno, lo que sea falso para otro: independientemente de

toda comunicacion entre los espíritus humanos, y de toda intuicion, hay

verdades necesarias para todos. Si queremos explicar esta unidad, es

necesario salir de nosotros, y elevarnos á la grande unidad de donde

sale todo, y á donde se dirige todo.

[174.] Este punto de vista es alto, pero es el único: si nos apartamos

de él, no vemos nada; estamos precisados á emplear palabras que nada

significan. ¡Pensamiento sublime y consolador! aun cuando el hombre no

se acuerda de Dios, y quizás le niega, tiene á Dios en su entendimiento,

en sus ideas, en todo cuanto es, en todo cuanto piensa; la fuerza

perceptiva se la ha comunicado Dios: la verdad objetiva se funda en

Dios: no puede afirmar una verdad, sin que afirme una cosa representada

en Dios. Esta comunicacion íntima de lo finito con lo infinito, es una

de las verdades mas ciertas de la metafísica: aunque las investigaciones

ideológicas no produjesen mas resultado que el descubrimiento de una

verdad tan importante, deberíamos tener por muy aprovechado el tiempo

que hubiésemos consumido en ellas.

CAPÍTULO XXVIII.

OBSERVACIONES SOBRE LA RELACION DE LAS PALABRAS CON LAS IDEAS.

[175.] La relacion entre el pensamiento y la palabra es uno de los

fenómenos ideológicos mas importantes. Mientras hablamos, pensamos; y

mientras pensamos, hablamos con locucion interior: el entendimiento ha

menester de las palabras, como una especie de hilo conductor en el

laberinto de las ideas.

[176.] El enlace de las ideas con un signo parece necesario: entre estos

signos el mas universal y mas cómodo es la palabra; pero conviene no

olvidar que esta es signo arbitrario, como lo manifiesta la variedad de

palabras en las diferentes lenguas, para expresar una misma idea.

[177.] El fenómeno de la relacion de las ideas con el lenguaje, tiene su

orígen en la necesidad de vincular las ideas con determinados signos; y

la importancia de la palabra resulta de que es un signo mas general, mas

cómodo, y mas flexible. Así es que en cuanto estas circunstancias se

pueden reunir en otro signo, se consigue el mismo objeto. Físicamente

hablando, la palabra escrita es muy diferente de la hablada; y no

obstante para muchísimos casos, nos sirve igualmente la primera que la

segunda.

[178.] La locucion interior es á veces, mas bien una reflexion en que se

amplía y desenvuelve la idea, que expresion de la misma. Es verdad que

por lo comun no pensamos sin hablar interiormente; pero como se ha

observado mas arriba, la palabra es un signo arbitrario, y por

consiguiente no puede establecerse un paralelismo del todo exacto entre

las ideas y la locucion interior.

[179.] Pensamos con una instantaneidad que no se aviene con la sucesion

de las palabras, por rápidas que las supongamos. Es verdad que la

locucion interna es mas veloz que la externa; pero siempre envuelve

sucesion, y exige mas ó menos tiempo, segun las palabras que se han de

suceder.

Esta observacion es importante para no exagerar las relaciones de la

idea con la palabra. El lenguaje es ciertamente un conducto maravilloso

en la comunicacion de las ideas, y un poderoso auxiliar de nuestro

entendimiento; pero, sin desconocer estas calidades, podemos guardarnos

de la exageracion que parece declarar imposible todo pensamiento al que

no corresponda una palabra pensada.

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