Ahora bien: limitar el valor de estos conceptos á la intuicion sensible,

seria destruir el principio de contradiccion. La limitacion del

principio equivale á su nulidad. Su universalidad absoluta se liga á su

necesidad absoluta: si se le restringe, se le hace contingente; porque

si suponemos que el principio de contradiccion puede faltar en un caso,

nos falta para todos. Admitir la posibilidad de un absurdo es negar su

absurdidad: si la contradiccion del ser y del no ser no existe en todos

los supuestos, no existe en ninguno.

[102.] La dificultad está en saber cómo se puede hacer tránsito del

principio de contradiccion á las verdades reales; porque no afirmándose

en él nada determinado, y sí únicamente la repugnancia del sí al nó y

del nó al sí, tendremos que será imposible afirmar ninguno de estos

extremos no negando al otro y viceversa; y como por otra parte, esto es

imposible limitándonos al solo principio de contradiccion, que nada

encierra sino la relacion mas general entre las dos ideas mas generales,

se infiere que él por sí solo, es completamente estéril para conducirnos

á ningun resultado positivo. Todo esto es mucha verdad; pero no se opone

en nada á lo dicho sobre el valor intrínseco de los conceptos generales.

Ya llevo observado que las verdades del órden puramente ideal solo

tienen un valor hipotético, y que para producir una ciencia positiva,

necesitan hechos á que puedan aplicarse; pero he observado tambien, que

estos hechos los suministra la experiencia; y que todo ser pensante

posee cuando menos uno, que es la conciencia de sí propio. Luego todo

ser pensante hará un uso positivo del principio de contradiccion,

supuesto que hallará en su propia conciencia hechos á los cuales le

podrá aplicar.

[103.] Aun admitiendo la suposicion de que en nuestro espíritu no hay

mas intuicion que la sensible, no se inferiria que los principios

generales y muy particularmente el de contradiccion, no pudiesen tener

un valor positivo; porque si suponemos que estos principios combinados

con las intuiciones sensibles producen un conocimiento de que hay otros

seres fuera del órden de la sensibilidad, resultará que estos, sin

sernos dados en intuicion inmediata, serán realmente conocidos. Esto es

lo que se verifica cuando el espíritu humano se eleva por discurso al

conocimiento de lo no sensible. De una parte, los datos suministrados

por la experiencia, y de otra, las verdades generales y necesarias,

forman un enlace constitutivo de una ciencia positiva, la cual nos guia

con entera seguridad al conocimiento de objetos no sometidos á

experiencia inmediata.

Esta teoría es tan clara, tan evidente, tan fundada en la conciencia de

nuestros propios actos, tan acorde con cuanto observamos en los

procedimientos del espíritu humano, que causa extraña sorpresa el

encontrarse con filósofos cuyas erróneas doctrinas obliguen á defenderla

y explanarla.

[104.] El tránsito de lo conocido á lo desconocido es un proceder

característico de nuestro entendimiento; y este tránsito es imposible si

se niega la realidad de todo conocimiento que no se refiera á una

intuicion. Lo que se nos presenta de este último modo, nos es dado, está

presente á nuestra vista, no necesitamos buscarlo; si pues no hay objeto

realmente conocido, sino el que se ofrece en intuicion, el progreso

intelectual es imposible; todos los adelantos de nuestro espíritu se

reducirán entonces á combinaciones de las formas presentadas por

sensibilidad, y aun estas no conducirán á nada, cuando dejen de ser

intuitivas, esto es, cuando no se refieran á objetos determinados

inmediatamente sentidos. La _Crítica de la razon pura_ es la ruina do

toda razon; esta se examina á sí propia para suicidarse ó sea para

convencerse de que en sí no contiene nada positivo.

Reducidos los principios generales al solo valor relativo á las

intuiciones sensibles, la ciencia muere. Lo que hemos demostrado del

principio de contradiccion se aplicará _à fortiori_ á todos los demás;

si este no se salva del naufragio, no puede salvarse ninguno. Entonces,

la necesidad entrañada por los principios resulta minada por su basa;

nada sabemos sino que hay en nosotros una serie de fenómenos que nos

_parecen_ necesarios. ¿Cuál es el uso que de ellos podremos hacer, fuera

del órden subjetivo? ninguno. Hénos aquí pues en el escepticismo mas

completo, condenados á simples apariencias, sin medio para conocer

ninguna realidad.

[105.] Nó, no está condenado el espíritu humano á una esterilidad tan

desesperante: la razon no es una palabra vana; el raciocinio no es un

juego pueril que solo sirva de entretenimiento. En medio de las

preocupaciones, de los errores, de los extravíos de la mísera humanidad,

descuella esa fuerza, esa actividad admirable, con la cual el espíritu

se lanza fuera de sí propio, _conoce_ lo que no puede _ver_, y

_presiente_ un nuevo mundo que ha de _sentir_ un dia. La naturaleza está

velada á nuestros ojos; arcanos impenetrables nos rodean; encontramos

por do quiera sombras que nos encubren la realidad de los objetos; pero

al través de esas tinieblas columbramos algunos destellos de luz: no

obstante el profundo silencio que reina en el piélago de los seres entre

cuyas oleadas nos agitamos, como gotas imperceptibles en la inmensidad

del océano, oimos de vez en cuando voces misteriosas que nos indican el

rumbo que debemos seguir para llegar á playas desconocidas.

CAPÍTULO XVII.

RELACIONES DE LA INTUICION CON EL GRADO DEL SER PERCEPTIVO.

[106.] La perfeccion de la inteligencia trae consigo la extension y la

claridad de sus intuiciones: cuanto mas perfecta sea, será mas

intuitiva. La inteligencia infinita no conoce por discurso, sino por

intuicion; no necesita buscar los objetos, los contempla delante de sí:

con intuicion de identidad, en lo que toca á su esencia propia; con

intuicion de causalidad, en lo relativo á lo que existe ó puede existir

fuera de ella. Los demás espíritus tienen la intuicion tanto mas

perfecta, cuanto mas elevado es el órden á que pertenecen; por manera

que el conocimiento por conceptos indica una imperfeccion de la

inteligencia.

[107.] Segun el lugar que ocupa un ser en la escala del universo, serán

sus relaciones con los demás seres. Dios, ser infinito, y causa de todo

lo que existe ó puede existir, tiene íntimas é inmediatas relaciones con

todo el universo, no solo considerado en su conjunto, sino tambien en

sus mas pequeños pormenores. Por esta razon, existe en Dios una

representacion perfectísima de todos los seres, no solo tomados en su

generalidad, sino tambien en sus últimas diferencias. El Ser causa de

todo, no conoce los objetos por conceptos vagos, por medio de

representaciones que solo le ofrezcan lo que los seres encierran de

comun; sino que habiendo causado hasta sus mas pequeñas diferencias, es

preciso que estas se presenten á sus ojos con perfecta claridad. Su

conocimiento se funda en una realidad infinita que es él mismo; su

entendimiento no divaga fluctuante por un mundo ideal é hipotético, sino

que fijo con clarísima intuicion en la realidad infinita, ve todo lo que

es el ser infinito y todo lo que puede producir con su actividad

infinita. Para Dios no hay experiencia procedente de afuera; porque nada

puede influir sobre él; toda su experiencia consiste en el conocimiento

y amor de sí mismo.

[108.] Los seres criados, que ocupan un lugar determinado en la escala

del universo, no se refieren á este sino bajo ciertos aspectos: sus

relaciones con los demás están reducidas a un punto de vista, al cual se

subordinan sus facultades perceptivas. La representacion que en sí

contienen, debe ser proporcionada al conocimiento que ha de producir; de

donde resulta que cada ser inteligente tendrá su representacion adaptada

á las funciones que ha de ejercer en el universo. Si el ser no pertenece

al órden de las inteligencias, sus facultades perceptivas se limitarán á

las intuiciones sensibles, en la medida que le corresponde segun el

lugar á que está destinado.

[109.] Ya hemos visto que las facultades intelectuales se fecundan con

las ideas generales, y la intuicion de objetos determinados; de lo que

se infiere que toda inteligencia ha menester intuiciones, si su

conocimiento no se ha de limitar á un órden puramente hipotético.

Al espíritu humano, destinado á la union con el cuerpo, y á estar en

continua comunicacion con el universo corpóreo, le ha sido dada la

intuicion sensible, como base de sus relaciones con los cuerpos. Lo

propio les sucede á los brutos: debiendo estar en continuas relaciones

con el mundo corpóreo, les ha sido dada tambien la intuicion sensible.

Pero limitados á las funciones de la vida animal, carecen de intuiciones

superiores á la esfera de la sensibilidad, y no poseen la fuerza

necesaria para convertir las representaciones sensibles en objeto de

combinaciones intelectuales.

[110.] Al pasar del bruto al hombre se da un salto inmenso en la escala

de los seres. Como toda inteligencia tiene conciencia de sí propia, y

puede fijar su atencion sobre sus actos, el espíritu humano conoce los

suyos intuitivamente, y por tanto encuentra en sí mismo una intuicion

superior á la sensible. A mas de dichas intuiciones, nos ha sido dada la

fuerza discursiva, por medio de la cual construimos representaciones con

las que llegamos al conocimiento de los objetos, que no se ofrecen

inmediatamente á nuestra percepcion.

Así, partiendo de los datos que nos suministra la experiencia externa é

interna, y auxiliados con las ideas generales que encierran las

condiciones primitivas de toda inteligencia y de todo ser, podemos

penetrar en el mundo de la realidad, conociendo, aunque imperfectamente,

el conjunto de seres que constituyen el universo, y la causa infinita

que los ha criado á todos.

CAPÍTULO XVIII.

ASPIRACIONES DEL ALMA HUMANA.

[111.] La atenta observacion de los fenómenos internos nos enseña que el

alma humana tiene aspiraciones que van mucho mas lejos de lo que posee

en la actualidad. No satisfecha con los objetos que se le dan en

intuicion inmediata, se lanza en busca de otros de un órden superior; y

en los mismos que se le ofrecen inmediatamente, no se contenta con el

aspecto bajo el cual se le _aparecen_, quiere saber lo que _son_.

Lo puramente individual no satisface al espíritu. Enclavado en un punto

de la escala inmensa de los seres, no se limita á percibir los que tiene

en su alrededor y que forman como la atmósfera en que debe vivir; aspira

al conocimiento de los que le preceden y le siguen, quiere conocer el

conjunto, descubrir la ley de donde resulta la inefable armonía que

preside á la creacion. Sus goces mas puros los encuentra en salir de la

esfera en que le tiene encerrado la limitacion de sus facultades: su

actividad es mayor que sus fuerzas; sus deseos son superiores á su ser.

[112.] El fenómeno que notamos en la inteligencia, lo descubrimos

tambien en el sentimiento y en la voluntad. Para satisfacer sus

necesidades y atender á la conservacion del individuo y de la especie,

tiene el hombre sensaciones y sentimientos que se dirigen á objetos

determinados; pero al lado de esas afecciones, limitadas á la esfera en

que se halla circunscrito, experimenta sentimientos mas elevados que le

arrojan fuera de su órbita, y que por decirlo así, absorben su

individualidad en el piélago de lo infinito.

Cuando el hombre se pone en contacto con la naturaleza en sí misma,

despojada de todas las condiciones que la refieren á individuos;

experimenta un sentimiento indefinible, una especie de presentimiento de

lo infinito. Sentaos á la orilla del mar en una playa solitaria;

escuchad el sordo mujido de las olas que se estrellan bajo vuestros

piés, ó el silbido de los vientos que las agitan; con la vista fija en

aquella inmensidad mirad la línea azulada que une la bóveda del cielo

con las aguas del océano; colocaos en una vasta y desierta llanura ó en

el corazon de un bosque de árboles seculares; en el silencio de la noche

contemplad el firmamento sembrado de astros que siguen tranquilamente su

carrera, como la siguieron muchos siglos antes, como la seguirán siglos

despues; sin esfuerzo, sin trabajo de ninguna clase, abandonaos á los

movimientos espontáneos de vuestra alma, y veréis como brotan en ella

sentimientos que la conmueven hondamente, que la levantan sobre sí

misma, y como que la absorben en la inmensidad. Su individualidad

desaparece á sus propios ojos; siente la armonía que preside al conjunto

inmenso de que forma una pequeñísima parte: en aquellos momentos

solemnes, es cuando el genio canta inspirado las grandezas de la

creacion, y levanta una punta del velo que cubre á los ojos de los

mortales el esplendente solio del supremo Hacedor.

[113.] Aquel sentimiento grave, profundo, calmoso, que se apodera de

nosotros en ocasiones semejantes, nada tiene de relativo á objetos

individuales: es una expansion del alma que se abre al contacto de la

naturaleza, como la flor de la mañana á los rayos del sol; es una

atraccion divina con que el Autor de todo lo criado nos levanta de este

monton de polvo en que nos arrastramos por breves días. Así se armonizan

el entendimiento y el corazon; así este presiente lo que aquel conoce;

así se nos avisa por diferentes caminos que no creamos limitado el

ejercicio de nuestras facultades á la estrecha órbita que se nos ha

concedido sobre la tierra: guardémonos de helar el corazon con el frio

de la insensibilidad, y de apagar la antorcha del entendimiento con el

desolante soplo del escepticismo.

CAPÍTULO XIX.

ELEMENTOS Y VARIEDAD DE CARACTÉRES DE LA REPRESENTACION SENSIBLE.

[114.] Examinemos ahora cuáles son los elementos primitivos de las

combinaciones de nuestro espíritu, empezando por los sensibles. En todo

acto de sensibilidad representativa, entra la extension: sin ella nada

se nos representa, y las sensaciones se reducen á meras afecciones del

alma, sin relacion á ningun objeto.

[115.] La extension por sí sola, prescindiendo de su limitabilidad, no

se presta á ninguna combinacion: solo ofrece una representacion vaga,

indefinida, inmensa, de la cual nada resulta distinto de ella misma.

Pero si con la extension se combina la limitabilidad, resulta la

figurabilidad, es decir el campo infinito por el cual se explaya la

ciencia geométrica.

[116.] _Extension, limitable_, hé aquí los dos elementos de la intuicion

sensible. Estos elementos pueden ofrecérsenos de dos maneras: ó bien

ligados á sensaciones que nos presentan objetos determinados; ó bien

como producciones de nuestra actividad interna. Si miro el disco de la

luna, tengo una intuicion de la primera clase; y si queriendo considerar

las propiedades de un círculo, produzco su representacion en mi

interior, esta será de la segunda clase.

[117.] Esa actividad interior, con que producimos á nuestra voluntad y

capricho, un número indefinido de representaciones, con indefinida

variedad de formas, es un fenómeno importante en que conviene fijar la

atencion. Él nos manifiesta que la actividad productiva no está limitada

al órden intelectual puro, pues que la vemos en él sensible; y nó como

quiera, sino desplegada en una escala infinita. Una recta podemos

prolongarla hasta lo infinito; á su lado en un mismo plano, podemos

tirar otras infinitas; la variedad de ángulos en que podemos considerar

la posicion de varias rectas, se extiende hasta lo infinito: de suerte

que con solas líneas rectas, la actividad productiva en el órden de la

sensibilidad no conoce ningun límite. Si apartándonos de la direccion

recta nos fijamos en las curvas, sus combinaciones en tamaño, en

naturaleza, en respectiva posicion, en relaciones con ejes determinados,

son tambien infinitas: de suerte que sin salir del órden sensible,

encontramos en nosotros una fuerza productiva de infinitas

representaciones, no habiendo menester otros elementos que la extension

terminable ó figurable.

[118.] La facultad representativa sensible se desenvuelve unas veces por

la presencia de un objeto; otras, espontáneamente, sin ninguna

dependencia de la voluntad; y otras por fin, á consecuencia de un acto

libre. No es de este lugar el exámen del modo con que el fenómeno de la

representacion está ligado con las afecciones de los órganos corpóreos;

por ahora, solo me propongo consignar y explicar los hechos en la esfera

ideológica, prescindiendo absolutamente de su aspecto fisiológico.

Entre las representaciones sensibles arriba clasificadas, y que

podríamos llamar _pasivas, espontáneas_ y _libres_, hay diferencias

notables que conviene observar.

[119.] La representacion pasiva es dada al alma, independientemente de

su actividad. Al estar en presencia de un objeto, con los ojos abiertos

nos es imposible no verle: y aun el no verle de cierta manera, en no

alterando el punto de vista ú otras condiciones de la vision. Por esta

causa, parece que en el ejercicio de sus sentidos el alma está puramente

pasiva; pues que sus representaciones dependen necesariamente de las

condiciones á que están sujetos sus órganos corpóreos en relacion con

los objetos.

[120.] La representacion espontánea, ó sea la facultad productiva de

representaciones sensibles obrando independientemente de los objetos

externos y de la voluntad, parece tambien tener algo de pasiva, y que su

ejercicio depende de las afecciones orgánicas. Así parece indicarlo el

que estas representaciones suelen existir sin ningun órden, ó á lo mas,

con el que han tenido en otro tiempo, si son recuerdos de sensaciones

anteriores. Nótase tambien que algunas veces se nos ofrecen estas

representaciones, no obstante los esfuerzos de la voluntad por

disiparlas y olvidarlas; algunas son tan tenaces, que triunfan por mucho

tiempo de toda la resistencia del libre albedrío.

Este fenómeno no es fácil explicarlo, sino apelando á causas orgánicas

que en determinadas ocasiones, producen en el alma el mismo efecto que

las impresiones de los sentidos externos. Lo cierto es que en algunos

casos la representacion interna llega á tal punto de viveza, que el

sujeto la confunde con las impresiones de los sentidos; lo que tampoco

puede explicarse sino diciendo que la afeccion orgánica interior ha

llegado á ser tan fuerte, que ha equivalido á la que hubiera podido

causar la impresion de un objeto obrando sobre el órgano externo.

[121.] En esa produccion espontánea es de notar, que las

representaciones no siempre corresponden á otras recibidas

anteriormente; sino que se descubre en ellas una fuerza de combinacion

de donde resultan objetos imaginarios enteramente nuevos. Esta

combinacion á veces se ejerce de una manera completamente ciega; en cuyo

caso solo resultan productos extravagantes; pero otras veces la

actividad, sometida á ciertas condiciones independientemente del libre

albedrío, produce objetos artísticos bellos ó sublimes.

El genio no es otra cosa que la espontaneidad de la imaginacion y del

sentimiento, que se desenvuelven con subordinacion á las condiciones de

lo bello. Los artistas no dotados de genio, no carecen de fuerza de

voluntad para producir las obras del genio; tampoco están destituidos de

imaginacion para reproducir el objeto bello cuando se les ha presentado;

no les faltan discernimiento y gusto para distinguir y admirar los

objetos bellos, ni ignoran las reglas del arte, y cuanto se puede decir

en explicacion del carácter de la belleza; lo que les falta es la

espontaneidad instintivamente bella; esa espontaneidad que se

desenvuelve misteriosamente en los mas recónditos senos del alma, que

lejos de estar pendiente de la libre voluntad de su posesor, le dirige y

le señorea, persiguiéndole en el sueño como en la vigilia, en la

diversion como en las ocupaciones, y que consume frecuentemente la

existencia del hombre privilegiado, cual un fuego violento rompe las

paredes del frágil vaso en que se le encierra.

[122.] La produccion libre se verifica cuando las representaciones se

nos ofrecen por imperio de nuestra voluntad, y bajo las condiciones que

esta prescribe, lo que sucede en las construcciones del arte, y en las

combinaciones de figuras que sirven de objeto á la ciencia geométrica.

[123.] Esta construccion _à priori_, no puede referirse á un tipo

existente en nuestra imaginacion; porque en tal caso, como este tipo

seria la misma representacion sensible, no habria necesidad de

construirla. ¿Cómo es posible, pues, que se construya una representacion

de la cual no tenemos imágen? no basta el que poseamos los elementos,

es decir, la extension figurable, pues que con estos se pueden construir

infinitas figuras; luego se necesita algo que pueda servir de norma para

que resulte la representacion deseada.

Para la inteligencia de esto conviene observar que las intuiciones

sensibles están ligadas á conceptos generales, con cuyo auxilio se

pueden reconstruir. Aunque en la actualidad no se me ofrezca la

representacion sensible de una figura cualquiera, por ejemplo, un

hexágono regular, me basta el concepto formado de las ideas, _línea,

seis, é igualdad de ángulos_, para que pueda producir en mi interior la

representacion sensible del hexágono, y construirla en lo interior si lo

necesito. Por donde se echa de ver que la actividad libre productiva de

representaciones sensibles determinadas, se funda en conceptos generales

que aunque independientes de la sensibilidad, se refieren á ella de un

modo indeterminado. De esto resulta tambien que el entendimiento puede

concebirlo sensible indeterminadamente, conservando las condiciones á

que están sujetos en sus respectivos casos los elementos suministrados

por la sensibilidad, sin que el acto intelectual se refiera á ninguna

intuicion determinada.

[124.] Analizando el objeto de estos conceptos generales, referidos á la

intuicion sensible, considerada tambien en general, parece que en ellos

el entendimiento se ocupa de cosas que no se le ofrecen distintamente,

y que solo tiene vinculadas en algunos signos; con la seguridad empero

de que le es posible desenvolver lo que en estos se encierra, y

contemplarlo con entera claridad.

CAPÍTULO XX.

SI HAY REPRESENTACIONES INTERMEDIAS ENTRE LA INTUICION SENSIBLE Y EL

ACTO INTELECTUAL.

[125.] Ocurre aquí la cuestion de si es necesario que el entendimiento,

para recibir las relaciones geométricas ofrecidas en la intuicion

sensible, posea algunas representaciones intermedias que le pongan en

contacto con el órden sensible (V. cap. VI). A primera vista parece que

en efecto hay la indicada necesidad; puesto que siendo el entendimiento

una facultad no sensitiva, no pueden ser su objeto inmediato los

elementos sensibles. Pero bien examinada la materia, parece mas probable

que no hay necesidad de ningun intermedio; excepto un signo que sirva de

enlace á los elementos sensibles, y con cuyo auxilio se encuentre el

punto donde se han de reunir, y las condiciones á que se han de sujetar.

Como este signo será una palabra, ú otra cosa cualquiera, capaz de ser

representada sensiblemente, su mediacion tampoco resolveria la

dificultad; pues que siempre quedaria la cuestion de cómo el

entendimiento se pone en comunicacion con el signo sensible.

La dificultad propuesta dimana de que se consideran las facultades del

alma, no solo como distintas, sino tambien como separadas, ejerciendo

cada cual sus funciones en una esfera propia, exclusiva, enteramente

aislada de la esfera de las demás. Este modo de considerar las

facultades del alma, aunque favorable á la clasificacion de las

operaciones, no está de acuerdo con la enseñanza de la experiencia.

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