[55.] Consignados los puntos de semejanza entre el sistema de Kant y el

de los escolásticos, voy á indicar las diferencias, mayormente en lo que

toca á la aplicacion de las doctrinas. Para dar una idea de lo grave y

trascendental de estas diferencias, basta observar la discrepancia de

los resultados. Los aristotélicos hacen estribar sobre sus principios

todo un cuerpo de ciencia metafísica, á la que consideran como la mas

digna de las ciencias, y cual luz poderosa y brillante que fecunda y

dirige á todas las demás; por el contrario Kant, partiendo de los mismos

hechos, arruina la ciencia metafísica, despojándola de todo valor para

el conocimiento de los objetos en sí mismos.

[56.] Es de notar que en esta parte, Kant se halla en oposicion, no solo

con los escolásticos propiamente dichos, sino tambien con todos los

metafísicos mas eminentes que le han precedido. Sobre este particular,

los escolásticos tienen en su favor á Platon, Aristóteles, san Agustin,

san Anselmo, santo Tomás, Descartes, Malebranche, Fenelon y Leibnitz.

[57.] La trascendencia de estas cuestiones, no puede desconocerla quien

no ignore lo vital que es para el espíritu humano el saber si es posible

una ciencia superior al órden puramente sensible, y por la cual el

hombre extienda su actividad mas allá de los fenómenos que le ofrece la

materia. Hay aquí cuestiones sumamente profundas que no pueden ser

tratadas ligeramente. Lo difícil y sumamente abstruso de los objetos y

relaciones que se han de considerar; lo importante, lo trascendental, de

las consecuencias, á que se llega, segun el camino que se sigue, exigen

que se desentrañen estas materias sin perdonar trabajo de ninguna clase.

Bien puede asegurarse que de estas cuestiones dependen la conservacion

de las sanas ideas sobre Dios y sobre el espíritu humano; esto es, sobre

cuanto puede ofrecerse mas importante y elevado á la consideracion del

hombre.

Para profundizar debidamente la materia elevémonos al orígen de la

divergencia en las opiniones filosóficas; investiguemos la causa de que

partiendo de unos mismos hechos se pueda llegar á resultados

contradictorios. Para esto es necesaria una exposicion clara de las

doctrinas opuestas.

[58.] Todos los filósofos convienen en admitir el hecho de la

sensibilidad; sobre él no puede caber ninguna duda: es un fenómeno

atestiguado por el sentido íntimo de una manera tan palpable, que los

mismos escépticos no han podido negar la realidad subjetiva de la

apariencia, por mas que hayan puesto en duda su realidad objetiva. Los

idealistas al negar la existencia de los cuerpos, no han negado su

existencia fenomenal, esto es, su apariencia á los ojos del espíritu

bajo una forma sensible. La sensibilidad pues, y los fenómenos que ella

contiene, han sido en todas épocas un dato primitivo en los problemas

ideológicos y psicológicos; discrepancia puede haberla con respecto á la

naturaleza y consecuencias de este dato, mas nó en cuanto á la

existencia del mismo.

[59.] La historia de las ciencias ideológicas nos presenta dos escuelas:

la una no admite mas que la sensacion, y explica todas las afecciones y

operaciones del alma por la transformacion de las sensaciones; la otra

admite hechos primitivos, distintos de la sensacion: facultades

diferentes de la de sentir; y reconoce en el espíritu una línea que

separa el órden sensible del intelectual.

[60.] Esta última escuela se divide en otras dos, de las cuales la una

considera el órden sensible, no solo como distinto, sino tambien como

separado del órden intelectual, como reñido en cierto modo con él; y en

consecuencia establece que el órden intelectual nada puede recibir del

sensible, á no ser exhalaciones malignas que ó emboten su actividad ó la

extravíen. De aquí el sistema de las ideas innatas en toda su pureza; de

aquí esa metafísica de un órden intelectual, enteramente exento de las

impresiones sensibles; metafísica que cultivada por genios eminentes, ha

sido profesada con sublime exageracion en los tiempos modernos, por el

autor de la _Investigacion de la verdad_. La otra ramificacion de dicha

escuela, aunque admite el órden intelectual puro, no cree que se le

contamine poniéndole en comunicacion con los fenómenos sensibles; antes

por el contrario, opina que los problemas de la inteligencia humana, tal

como se halla en esta vida, no pueden resolverse sin atender á dicha

comunicacion.

[61.] La experiencia enseña que esta comunicacion existe por una ley del

espíritu humano; negar esta ley es luchar contra una verdad atestiguada

por el sentido íntimo; intentar destruirla es acometer una empresa

temeraria, es arrojarse á una especie de suicidio del espíritu. Por esta

razon, la escuela de que acabo de hablar, aceptando los hechos tales

como la experiencia interna se los ofrece, ha procurado explicarlos,

señalando los puntos en que pueden estar en comunicacion el órden

sensible y el intelectual, sin que se destruyan ni confundan.

[62.] Esta escuela que admite la existencia de los dos órdenes sensible

é intelectual, y que al propio tiempo admite la posibilidad y la

realidad de su comunicacion é influencia recíprocas, tiene por principio

fundamental que el orígen de todos los conocimientos está en los

sentidos, siendo estos las causas excitantes de la actividad

intelectual, y como una especie de obreros que le ofrecen materiales que

despues ella combina de la manera necesaria para levantar el edificio

científico.

[63.] Hasta aquí andan acordes Kant y los escolásticos: pero luego se

separan en un punto de la mayor trascendencia, de lo cual resulta que

van á parar á consecuencias opuestas. Los escolásticos creen que en el

entendimiento puro hay verdaderas ideas con verdaderos objetos, sobre

los cuales se puede discurrir con entera seguridad, independientemente

del órden sensible. Aunque admiten el principio de que nada hay en el

entendimiento que antes no haya estado en el sentido, pretenden sin

embargo que en el entendimiento hay algo realmente; lo cual puede

conducir al conocimiento de la verdad de las cosas en sí mismas, no solo

materiales sino tambien inmateriales. Las ideas del órden intelectual

puro son originadas de los sentidos como excitantes de la actividad

intelectual; pero esta actividad, por medio de la abstraccion y demás

operaciones, se ha formado ideas propias, con cuyo auxilio puede andar

en busca de la verdad, fuera del órden sensible.

[64.] En esta explicacion del órden intelectual puro están acordes los

metafísicos escolásticos y no escolásticos, en cuanto se trata de

atribuir á las ideas un valor objetivo real, y hacerlas un medio seguro

para encontrar la verdad, independientemente de los fenómenos sensibles.

Estas escuelas, si bien discordes en cuanto al orígen de las ideas,

convienen en lo tocante á la realidad y valor de las mismas.

[65.] Kant, al propio tiempo que admite el principio de los escolásticos

de que todos nuestros conocimientos vienen de los sentidos, y que

reconoce con ellos la necesidad de admitir un órden intelectual puro,

una serie de conceptos diferente de la intuicion sensible, sostiene que

estos conceptos no son verdaderos conocimientos, sino formas vacías que

por sí solas nada dicen, nada enseñan al espíritu, que á nada pueden

conducir para conocer la realidad de las cosas. Estos conceptos solo

significan algo cuando se los llena por decirlo así con intuiciones

sensibles: en faltándoles estas intuiciones, no corresponden á nada, ni

pueden tener mas uso que el puramente lógico, esto es, que el

entendimiento pensará sobre ellos combinándolos, sin caer en

contradiccion, pero sin que jamás puedan dar ningun resultado.

«El entendimiento, dice Kant, no puede hacer jamás un uso trascendental

de todos sus principios _à priori_, no puede emplear sus conceptos sino

empíricamente, jamás trascendentalmente. Este es un principio que si

puede ser conocido con conviccion, trae las mas graves consecuencias.

El uso trascendental de un concepto en un principio, consiste en que se

refiere á las cosas _en general y en sí_, mientras que el uso empírico

se refiere á los solos fenómenos, es decir, á los objetos de una

experiencia posible: por donde se echa de ver que este último uso es el

solo que puede tener lugar. Para todo concepto es necesaria la forma

lógica de un concepto en general, del pensamiento, y en seguida la

posibilidad de someterle un objeto al cual se refiera: sin este objeto

carece de sentido; no contiene nada, aunque pueda encerrar la funcion

lógica para formar un concepto por medio de ciertos datos. Un objeto no

puede ser dado á su concepto sino en la intuicion; y aunque una

intuicion pura sea posible _à priori_ antes que el objeto, sin embargo

no puede recibir su objeto y por consiguiente su valor objetivo, sino

por la intuicion empírica de la cual ella es la forma. Todos los

conceptos, y con ellos todos los principios, aunque sean _à priori_, se

refieren no obstante á intuiciones empíricas, es decir, á datos de la

experiencia posible. _De otro modo no tienen ningun valor objetivo, no

son mas que un verdadero juego ya de la imaginacion ya del

entendimiento_, con las representaciones respectivas de una ú otra de

estas facultades.

* * * * *

«Lo mismo se verifica en las categorías y principios que de ellas se

forman; lo cual se manifiesta por la imposibilidad en que nos hallamos

de definir realmente una sola de ellas, es decir, que no podemos hacer

inteligible la posibilidad de su objeto, sin atenernos á las condiciones

de la sensibilidad, por consiguiente á la forma de los fenómenos;

condiciones á las cuales deben restringirse estas categorías, como á su

_único_ objeto. Si esta condicion desaparece, desaparecerá tambien _todo

valor, todo sentido_, esto es, toda relacion al objeto, y con ningun

ejemplo se puede hacer concebir cuál es el objeto propio de estos

conceptos.

* * * * *

«Si no se llevan en cuenta todas las condiciones de la sensibilidad que

las señalan (habla de las categorías) como conceptos de un uso empírico

posible, si se las toma como conceptos de las cosas en general y por

consiguiente de uso trascendental, nada queda por hacer en cuanto las

concierne, sino guardar la funcion lógica en los juicios, como la

condicion de la posibilidad de las cosas mismas, sin poder mostrar en

qué caso su aplicacion y su objeto, y por consiguiente ellas mismas,

pueden tener en el entendimiento puro, y sin la intervencion de la

sensibilidad, un sentido y un valor objetivo.

* * * * *

«Se sigue incontestablemente de lo dicho, que los conceptos puros del

entendimiento no pueden _jamás tener un uso trascendental_, y sí

únicamente un uso siempre empírico, y que los principios del

entendimiento puro no se refieren á los objetos de los sentidos, sino

cuando los sentidos están en relacion con las condiciones generales de

una experiencia posible; _pero jamás á las cosas en general_, sin

relacion á la manera con que nosotros las podemos percibir (Lógica

trascendental, lib. 2. cap. 3.).

[66.] Así destruye Kant toda la ciencia metafísica, y en esta deplorable

ruina van envueltas las ideas mas fundamentales, mas preciosas, mas

sagradas, del espíritu humano. Segun él, la analítica trascendental hace

ver que el entendimiento no puede traspasar jamás los límites de la

sensibilidad, únicos en que nos son dados los objetos en intuicion

sensible. Los principios que eran considerados como eternas columnas del

edificio científico, se reducen á formas vacías, á palabras sin sentido,

en cuanto se los saca de la esfera de la sensibilidad. La ontología con

sus doctrinas trascendentales para explicar la naturaleza y el orígen de

las cosas, nada vale á los ojos del filósofo aleman: estos principios,

dice, son simplemente principios de la exposicion de los fenómenos; y el

nombre _fastuoso de una ontología_ que pretende dar un conocimiento

sintético _á priori_ de las cosas, en una doctrina sistemática, por

ejemplo _el principio de causalidad_, debe reemplazarse por la

denominacion modesta de simple _analítica del entendimiento puro_.

[67.] Difícilmente se puede encontrar doctrina mas dañosa: ¿qué le resta

al espíritu humano si se le quitan los medios para salir de la esfera

sensible? ¿á qué se reduce nuestro entendimiento si sus ideas mas

fundamentales y sus principios mas elevados, no tienen ningun valor para

enseñarle algo sobre la naturaleza de las cosas? Si el mundo corpóreo no

es mas para nosotros que un conjunto de fenómenos sensibles, y nada

podemos conocer fuera de ellos, nuestros conocimientos nada tienen de

real, todos son puramente subjetivos, el alma vive de ilusiones, y se

envanece con creaciones imaginarias á las que nada corresponde en la

realidad. Forma subjetiva el espacio, forma subjetiva el tiempo,

conceptos vacíos las ideas puras, todo es subjetivo en nosotros; nada

sabemos de los objetos, ignoramos absolutamente lo que hay, y solo

sabemos lo que nos _aparece_. Esto es el escepticismo puro; ciertamente

que para llegar á él no era necesario consumir tanto tiempo en

investigaciones analíticas. En la doctrina de Kant no se presenta tan

chocante la extravagancia ni tan deforme el error como en las obras de

Fichte, Schelling y Hegel; pero en ella está el gérmen de las mayores

extravagancias y de los mas funestos errores. Él es quien ha hecho una

revolucion filosófica, que algunos incautos han tenido por un progreso;

no viendo sin duda el fondo de escepticismo que en ella se encierra, y

que es tanto mas peligroso cuanto mas se envuelve con formas analíticas.

[68.] Sin embargo de la importancia que doy á la impugnacion de los

errores del filósofo aleman, no pienso seguirle paso á paso,

combatiendo sus doctrinas; este sistema de impugnacion tiene el

gravísimo inconveniente de dejar poco satisfecho al lector; porque le

parece ver que se arruina un edificio sin reemplazarle con otro.

Considero mas útil examinar detenidamente las cuestiones, á medida que

se vayan ofreciendo segun el órden de materias, establecer mi opinion,

apoyarla del mejor modo que alcance: y luego rebatir los errores de

Kant, cuando se los encuentre al paso, obstruyendo el camino de la

verdad. Suele ser fácil decir lo que una cosa no es, pero no suele serlo

tanto el decir lo que es; y conviene que á los sostenedores de las

buenas doctrinas no se nos pueda hacer el cargo de que impugnamos las

ajenas y no cuidamos de exponer las propias. Yo creo que en estas

materias la buena filosofía puede presentarse á la luz del sol luchando

con el error, que no debe contentarse con ser instrumento de guerra para

derribar á su adversario, sino que ha de pretender á fundar un

establecimiento sólido y bello en el mismo sitio que aquel ocupara.

Los espíritus no se satisfacen con solas impugnaciones: desean una

doctrina que sustituya á lo impugnado: quien impugna niega; y el

entendimiento no se contenta con negaciones, ha menester afirmaciones,

porque no puede vivir sin la verdad positiva.

Permítaseme esta breve digresion, que estoy lejos de tener por inútil: á

la vista de la trascendencia de los errores del filósofo aleman he

recordado la necesidad que hay de trabajos detenidos, asiduos,

profundos, para oponerse á ese diluvio de errores que amenazan una

inundacion en el campo de la verdad; y no he podido menos de insistir

sobre este punto, advirtiendo que no basta impugnar, sino que es

necesario establecer. Haya impugnaciones en buen hora; pero abunden las

doctrinas positivas: en la extensa línea en que desplega el error sus

ataques, no basta cubrir la frontera con cuerpos ligeros y briosos que

rechacen al enemigo; es preciso fundar colonias, focos de civilizacion y

cultura, que al propio tiempo que defiendan al país, le hagan prosperar

y florecer.

CAPÍTULO X.

LA INTUICION SENSIBLE.

[69.] ¿En qué consiste la intuicion? La intuicion propiamente dicha, es

el acto del alma con que percibe un objeto que la afecta: así lo indica

la significacion latina del nombre, el cual se deriva del verbo

_intueri_, mirar una cosa que se tiene presente.

[70.] La intuicion no cabe sino en las potencias perceptivas, es decir,

en aquellas por las que el sujeto afectado distingue entre su afeccion y

el objeto que la causa. No quiero decir que semejante distincion haya

de ser reflexiva; sino únicamente que el acto interno se ha de referir á

un objeto. Si suponemos un ser que experimenta varias afecciones, sin

referirlas á ningun objeto, ni reflexionar sobre las mismas, no se podrá

decir con propiedad que tenga verdadera intuicion: esta parece envolver

el ejercicio de una actividad que se ocupa en un objeto presente. El

objeto de la intuicion no siempre ha de ser externo; puede ser una de

las afecciones ó acciones del alma objetivadas por un acto de reflexion.

[71.] Las sensaciones que con mas propiedad se llaman intuitivas, son

las de la vista y del tacto; puesto que percibiendo la extension misma,

y siéndonos imposible considerar á esta como un hecho puramente

subjetivo, los actos de ver y tocar envuelven necesariamente relacion á

un objeto. Los demás sentidos, aunque en algun modo están relacionados

con la extension, no la perciben directamente; y por tanto si estuviesen

solos, tendrian mas de afectivo, que de intuitivo: esto es, que el alma

seria afectada por estas sensaciones, sin necesidad de referirlas á

objetos externos. Si la reflexion, fijándose sobre dichas sensaciones,

llegase á enseñar, como en efecto lo enseñaria, que la causa de ellas es

un ser distinto del que las experimenta, tampoco habria verdadera

intuicion: porque esta no existiria ni para los sentidos, que

permanecerian ajenos á las combinaciones reflexivas; ni para el

entendimiento, que conoceria la causa de las sensaciones, nó por

intuicion, sino por discurso.

[72.] De esto se infiere que no toda sensacion es intuicion; y que las

reproducciones imaginarias de sensaciones pasadas, ó la produccion

imaginaria tambien, de sensaciones posibles, aunque se llamen á menudo

intuiciones, no merecen con propiedad el nombre de tales, á causa de que

no se refieren á un objeto. Sin embargo, aquí es menester observar, que

los fenómenos de la sensibilidad puramente interna, tal vez deben el no

referirse á objetos, al hábito de la reflexion, la cual percibe las

diferencias de tiempo, la mayor ó menor viveza de las sensaciones, su

enlace mas ó menos constante, y otras circunstancias, por las cuales

distingue entre las representaciones que se refieren actualmente á un

objeto, como las sensaciones externas, y las que solo le tienen pasado ó

posible, como las representaciones puramente internas. Así

experimentamos que cuando la sensibilidad puramente interna, se halla

del todo abandonada á sí misma, sin el auxilio de la reflexion, traslada

á lo exterior todo cuanto se le ofrece, convirtiendo en realidades las

apariencias imaginarias. Esto se verifica en el sueño, y aun durante la

vigilia, cuando por algun trastorno cerebral, la sensibilidad obra

enteramente sola, independientemente de la reflexion.

[73.] La causa de que la sensibilidad entregada á sí misma, objetive

todas sus impresiones, se halla en que siendo una facultad no reflexiva,

no puede distinguir entre la afeccion procedente de lo exterior y la

puramente interna. Como la comparacion, por poca que sea, implica un

acto reflejo, la sensibilidad no compara: de donde resulta, que cuando

el sujeto no hace mas que sentir, no puede apreciar las diferencias de

las sensaciones, midiendo los grados de su viveza, ni tampoco percibir

la existencia ó la falta del órden y constancia de su enlace.

La facultad de sentir es enteramente ciega para todo lo que no es su

objeto determinado; lo que no se halla en este, en cuanto objeto de

dicha facultad, no existe para ella en ninguna parte; por lo cual se

echa de ver que abandonada á sí misma, objetivará su impresion, se

creerá siempre intuitiva, convirtiendo en realidad la simple apariencia.

[74.] Es digno de notarse que de las facultades sensitivas, las unas

serian siempre intuitivas, esto es, se referirian siempre á un objeto

externo, si no las acompañase la reflexion; mientras que otras no lo

serian jamás, si estuviesen separadas de la reflexion, ó no anduviesen

acompañadas de las que lo son por su naturaleza. Son de la primera clase

las representativas propiamente dichas, esto es, las que afectan al

sujeto sensitivo, presentándole una forma, imágen real ó aparente, de un

objeto. Tales son las de la vista y del tacto, que no pueden existir ni

aun concebirse, sin dicha representacion. Por el contrario, las demás

sensaciones no ofrecen al sujeto sensitivo, ninguna forma; son simples

afecciones del mismo sujeto, aunque procedan de una causa externa: si

las referimos á los objetos es por reflexion; y cuando esta nos advierte

que llevamos la referencia demasiado lejos, atribuyendo al objeto

externo no solo el principio de causalidad sino tambien la sensacion en

sí misma, fácilmente conocemos la ilusion y nos despojamos de ella. Esto

no se verifica en las sensaciones representativas: nadie por mas

esfuerzos que haga, será capaz de persuadirse que fuera de sí no hay

algo real, semejante á la representacion sensible, en que se ofrecen los

objetos como extensos.

[75.] Cuando digo que algunas sensaciones no serian intuitivas si no las

acompañase la reflexion, no quiero dar á entender que el hombre las

refiera á un objeto, previa la reflexion explícita, puesto que no puedo

olvidar lo que en otra parte (V. lib. II y III) llevo explicado

extensamente sobre el modo instintivo con que se desenvuelven nuestras

facultades en sus relaciones con el mundo corpóreo, anteriormente á toda

reflexion; solo quiero significar que en dichas sensaciones,

consideradas en sí mismas, y en completo aislamiento, no se encuentra

una relacion necesaria á un objeto como representado; y que

probablemente, en el instinto que nos las hace objetivar, si no se

mezcla una reflexion confusa, entra alguna parte de la influencia de las

demás sensaciones que son representativas por su objeto propio.

CAPÍTULO XI.

DOS CONOCIMIENTOS: INTUITIVO Y DISCURSIVO.

[76.] Explicada la intuicion sensible, pasemos á la intelectual. Hay dos

modos de conocer: uno intuitivo, otro discursivo. El conocimiento

intuitivo es aquel en que el objeto se presenta al entendimiento tal

como es, sin que la facultad perceptiva haya de ejercer otra funcion que

la de contemplarle; por esto se llama intuicion, de _intueri_, mirar.

[77.] Esta intuicion puede verificarse de dos maneras: ó presentándose

el objeto mismo á la facultad perceptiva, uniéndose á ella sin ningun

intermedio; ó bien con la intervencion de una idea ó representacion, que

ponga en acto á la facultad perceptiva de modo que esta vea al objeto en

aquella representacion, sin necesidad de combinaciones. Para lo primero,

es necesario que el objeto percibido sea inteligible por sí mismo, pues

de otro modo no se podria verificar la union del objeto entendido con el

sujeto inteligente; para lo segundo, basta una representacion que haga

las veces del objeto; y por tanto no es indispensable que este sea

inteligible con inteligibilidad inmediata[2].

[78.] El conocimiento discursivo es aquel en que el entendimiento no

tiene presente el objeto mismo, y se lo forma por decirlo así, reuniendo

en un concepto total los conceptos parciales, cuyo enlace en un sujeto

ha encontrado por el raciocinio.

Para hacer sensible la diferencia entre el conocimiento intuitivo y el

discursivo la explicaré con un ejemplo. Tengo á la vista un hombre: su

fisonomía se me ofrece tal como es; sin necesidad ni aun posibilidad, de

combinaciones que me lo presenten diferente. Sus rasgos característicos

los veo tales como son: el conjunto no es una cosa producida por mis

combinaciones; es un objeto dado á la facultad perceptiva, sobre el cual

esta nada tiene que hacer sino percibir. Cuando un objeto se ofrece á mi

entendimiento de una manera semejante, el conocimiento que de él tenga

será intuitivo.

Filosofía Fundamental, Tomo III · 第 3 / 19 段