permitido, como es ahora, á simples constructores afear la ciudad con
las monótonas casas en forma de tren; les era permitido también, como
ahora, idear los más extravagantes modelos, con frentes arlequinescos,
grutas á la calle, castillos medioevales con adornos renacimiento
ó Luis XV y tantas otras cosas que dañan á la futura arquitectura
nacional y acostumbran á los jóvenes á no horrorizarse ante ellas.
Costumbre peligrosa porque permite que surjan imitadores... Lo
dicho es aplicable á las ciudades grandes: Buenos Aires, Rosario, La
Plata, un poco Córdoba también. En las demás, el sistema colonial
de construcción con amplios y cómodos patios, domina, y es sin duda
preferible á las construcciones á que acabo de referir. Todo esto no
impide que se reconozca que en la época del censo existieran y muchos,
buenos edificios y que hubiera ya, sobre todo en Buenos Aires, muchas
de las hermosas casas que hoy posee.
La escultura, que comenzara con el italiano Camilo Romairone, ha hecho
algo más. Algunos argentinos se trasladaron á Europa, adquirieron
conocimientos, los difundieron después y el progreso en la materia es
evidente.
La pintura, en manos de extranjeros que trabajan acá, tuvo buenas
producciones: Agujari, Chartón, Romero, son nombres de extranjeros que
entre nosotros trabajaron en esta bella arte, Della Valle, Fernández
Villanueva, Rodríguez Etchart, Ballerini y Sivori siguieron sus huellas
y honraron las bellas artes argentinas.
En fin, en música, los nombres de Bernasconi, Hargreaves y Aguirre,
Berutti merecen especial recuerdo como iniciadores y propulsores.
En todas estas manifestaciones no veo nada que pueda llamarse ya
propiamente nacional: son obras de gentes que han hecho estudios en
escuelas extranjeras y en ellas han moldeado su gusto. No es posible,
por otra parte, que las bellas artes tengan considerables adelantos, en
países en formación.
El maestro Williams, en un notable trabajo, afirma que la música
argentina, se orienta hacia las fuentes populares, y hace un llamado
á los jóvenes artistas, herederos del genio estético de nuestros
payadores. No me parece que el ideal del arte argentino sea sólo
«extraer la esencia» de aquellas músicas y cantos, como en arquitectura
no puede ser conservar las líneas generales de los ranchos de la pampa.
Estas primitivas manifestaciones de arte, que la música y cantos de
los payadores nos legaron, pueden y deben ser estudiadas, trabajadas
y conservadas como patrios recuerdos, y porque en verdad encierran
intensas expresiones de sentimientos, pero el ideal debe estar sin duda
en algo más, y el arte nacional nacerá cuando estos restos nacionales
se hayan asimilado y confundido con lo que llega de afuera y toma
patria en nosotros.
En cambio, la poesía sí ha producido obras notables: el genio español,
imaginativo por excelencia, ha derramado siglos de poesía en la
Argentina, que se han confundido en sus hijos con todas las energías
de la poesía italiana y las peculiaridades de las otras, y la nación
Argentina ha podido tener una literatura nacional, con producciones
tan buenas como las más perfectas de cualquier nación. Así pues, esta
literatura que está casi formada y que es argentina, no la constituye
la poesía gauchesca seguramente aunque ella también tenga su parte. Me
refiero para la poesía á lo dicho respecto de la música.
En estas breves palabras creo dejar establecido cuál era el grado de
desarrollo de las bellas artes en 1895, en la Argentina.
6. La educación é instrucción pública en las tres formas ó grados
en que nuestro país la da, recibe la acción benéfica de Sarmiento y
su ministro Avellaneda, ministro durante cinco años y poco después
presidente de la República por seis años más. Deliberadamente hago el
recuerdo de que Avellaneda ejerció acción y dió consistencia á sus
pensamientos durante once años, con la única interrupción del corto
período en que el doctor Albarracin fué ministro de Sarmiento. Para que
los planes de enseñanza den resultados, es condición primordial, que el
experimento sobre su aplicación y conveniencia no se vea trabado por
nuevos planes completamente diversos, creados por otros ministros, con
ideas distintas, que generalmente causas políticas llevan al gobierno,
y causas políticas lo arrojan de él.
La enseñanza secundaria, sometida más que las otras á sufrir las
consecuencias que los cambios ministeriales por el hecho de ser la
única que directamente depende del ministro, ha tenido como carácter
típico, la inestabilidad. En poco más de cuarenta años se han
modificado notablemente los planes de enseñanza secundaria, más de
veinticinco veces, lo que ha perturbado mucho la marcha regular de
tales estudios.
Ahora bien, si Avellaneda pudo impulsar cuanto lo hizo la educación é
instrucción fué en primer lugar, por la feliz circunstancia de haber
permanecido tantos años en el gobierno y por la no menos feliz, de
haber sido compañero, durante muchos de ellos del gran Sarmiento.
Sarmiento, sobre todo en la enseñanza primaria y en la secundaria,
Avellaneda en la secundaria y en la universitaria, ambos en la normal,
pusieron la enseñanza en la vía del progreso completando la obra
anterior de Urquiza y Mitre. El constante desarrollo continúa después,
aun en las malas épocas políticas, y la acción educadora está en todas
partes: está en las esferas universitarias con la ley Avellaneda; está
en la fundación de los colegios nacionales de Jujuy, Rioja, Santiago
del Estero, Corrientes, Santa Fe y San Luis, y las escuelas normales, ó
institutos tales, anexos á los colegios nacionales de Concepción del
Uruguay, Santiago del Estero, Paraná; está en la creación de cátedras
de mineralogía en los de San Juan y Catamarca, de agronomía en los de
Salta, Tucumán y Mendoza, todo ello en la presidencia de Sarmiento:
está en la acción continuada en las presidencias siguientes. Colegios,
escuelas, institutos especiales surgen por todas partes. Está en el
llamado de maestros y maestras norteamericanos y alemanes para que
enseñaran métodos de pedagogía; está, en fin, en las subvenciones á
las provincias,--quizá las únicas subvenciones justas--destinadas á
facilitar el desarrollo de la educación é instrucción. Está en la
preparación de maestros; está en la ley de educación común de 1884,
en la preocupación constante que por la enseñanza mostraron nuestros
hombres de gobierno, ó nuestros escritores de ciencia política.
Es claro que quedó mucho por hacer; que el censo de 1895 reveló un
considerable número de analfabetos, pero tampoco era posible hacer
más en pocos años. No bastan los buenos deseos para instruir una
población, y en cuanto á la educación es muchas veces obra de siglos.
Los progresos en materia de instrucción, son de los más halagadores que
el período encierra.
7. Pasamos á la legislación. Recordé en el capítulo anterior, que desde
1862, existe el código de comercio. Sucesivos proyectos de reforma, de
1870, 1876, 1879, 1887, 1889, este último hecho ley, no revelaron que
los anteriores no fueran buenos: indicaron en primer lugar, que las
actividades cambiaban á diario, que las nuevas situaciones imponían
otras reglas y que preciso era seguir á la costumbre y fundar en
ella las leyes. Debo recordar asimismo, aunque pertenezca á época
posterior, la reforma de 1902, en la parte referente á quiebras, que
responde á causas semejantes. En segundo lugar, revelaron la dificultad
en el dictado de leyes para pueblos en formación, con psicología
poco estudiada y á la vez difícil de estudiar por sus diarias
transformaciones.
El código civil, sancionado en 1872, ha recibido la más buena acogida
en la opinión de quienes, dentro y fuera del país, á tales estudios
se han dedicado, con pocas y no muy justificadas excepciones. Mezcla
de estudio de las costumbres y de aplicaciones de razonamientos
abstractos[57], tiene tal vez muchas disposiciones cuya reforma se hace
á diario más necesaria; pero en general, es obra digna de los mayores
respetos, y que coloca á su autor entre los hombres que con mayor
caudal contribuyen á la formación de nuestras instituciones. Ejemplo
de las reformas que las transformaciones sociales hicieron necesarias
á punto de determinar la modificación de la ley, fué la legislación
sobre el matrimonio. El sistema religioso adoptado por el legislador,
pudo llenar las necesidades en la época en que fué sancionado; pero
las transformaciones del país, impusieron la necesidad del cambio. El
poder ejecutivo en su mensaje de 22 de septiembre de 1887, acompañando
el proyecto de ley de matrimonio civil, decía en su comienzo: «El
creciente aumento de la inmigración europea, ha puesto de manifiesto
la necesidad de reformar nuestra legislación sobre el matrimonio.
El código civil sólo autoriza el matrimonio religioso, celebrado en
conformidad á sus disposiciones y según las leyes y ritos de la Iglesia
á que los contrayentes pertenezcan. Muchos habitantes de la república ó
no tienen en el país sacerdotes de la comunión á que pertenecen, para
que bendiga su unión, ó no profesan culto externo alguno, creyendo en
Dios y adorándolo como autor de lo creado.» La discusión que tuvo lugar
en el siguiente año, fué larga, y quien la lee ve como las nuevas ideas
deben combatir para imponerse á los prejuicios: como de una cuestión de
orden, se hace cuestión de fe, y como al fin, triunfa la reforma. Los
peligros que se presagiaban por los enemigos de la proyectada ley, no
se han producido, y en cambio su sanción ha importado una libertad más
á las que nuestra constitución y nuestras leyes aseguran á todos los
hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino[58].
El código penal ha sido el más desgraciado. El doctor Tejedor redactó
hacia 1865-1867 su conocido proyecto. Veinte años pasaron sin que las
cámaras legislativas lo sancionaran, en tanto que algunas provincias
lo adoptaban. Después de tanto sueño en las carpetas del congreso,
éste sancionó, tomando algunas ideas de él, el código penal, «al
cual por falta de respeto á la verdad, los autores llamarían en la
ley, código del doctor Tejedor»[59]. Nuevo proyecto se redactó en
1881; se sancionó otra reforma en 1886; de 1891 data otro proyecto.
La inercia legislativa malogró siempre estas iniciativas, y cuando
alguna cosa hizo, fué mala. Así, y para encerrar aquí lo que á época
posterior pertenece, recordaré que en 1903 se sancionó la llamada ley
de reformas, tan mala, que á poco andar hizo necesaria la reparación
del mal, y en 1905 se terminó la redacción de un nuevo proyecto que
el congreso aun no ha considerado... Es de esperar que las leyes que
aseguran la propiedad y la vida con la base del estudio del delito y
del delincuente, merezcan en adelante un poco de atención.
8. Al terminar este período un nuevo hecho de orden social, se presenta
en la Argentina; hecho que es también producto de ideas traídas por los
trabajadores de Europa. Es la aparición entre nosotros del socialismo.
Comenzó en la capital, hecho que se explica por cuanto en ella tienen
residencia, la mayor parte de los obreros industriales extranjeros
venidos al país. Afirma que las causas que dieron origen al socialismo
en Europa, existen también en la Argentina; que aquí también hay
oprimidos; que la clase rica aprovecha la fuerza individual de los
trabajadores; que «á pesar de la gran extensión de tierra inexplotada,
la apropiación individual de todo el suelo del país, ha establecido
de lleno las condiciones de la sociedad capitalista... La aspiración
final del partido obrero argentino, es la substitución del régimen
capitalista por la sociedad colectivista, y su programa inmediato tiene
por fin el mejoramiento económico de la clase proletaria»[60].
No me corresponde hacer un juicio sobre este movimiento. Indico el
hecho como demostración general de la influencia determinante en la
nueva forma de ser la vida argentina. El movimiento vago al principio,
toma fuerzas después y llega á constituír un partido con afirmaciones
precisas, que aspira á reformas radicales, netamente determinadas. El
acrecentamiento siempre mayor del número de partidarios es un hecho
que caracteriza una transformación y obliga á orientar los estudios
sociales en el sentido de establecer el grado de justicia y necesidad
que pueda tener tal movimiento en nuestro país.
* * * * *
Queda bosquejada la transformación de la Argentina en el tiempo
encerrado en el paréntesis que comprenden los dos censos nacionales.
El cambio rápido indica que no es ella, la que naturalmente sufriría
la nación si estuviera formada. No es el que de un modo natural sufren
todos los países. No es el de la joven mariposa que los días envejecen.
Es anterior: es el de la larva que se convierte en mariposa.
CAPÍTULO IV
1910: CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO
1. El estado de formación de la raza en 1910. La inmigración.--2.
Agricultura; ganadería; otras industrias. Comercio.--3. Cambios
políticos y situación económica--4. Vías de comunicación.--5. La
educación é instrucción pública.--6. La prensa, bellas artes,
religión.--7. El socialismo. El anarquismo.--8. Conclusión.
1. Después del largo viaje que hemos hecho á través de los años para
encontrar la formación étnica de la nación nueva y relacionarla con las
causas y formas de sus progresos, entramos á estudiar tales cosas en el
momento en que la nación deja su primera juventud de guerras, luchas y
reconstrucciones, para vivir días más tranquilos: tal es al menos la
esperanza común de todos sus hijos.
El capítulo debe ser breve; no es este trabajo una obra de estadística;
los datos de tal disciplina, han sido tomados como medio de
demostración ó de relación á épocas anteriores; fueron más necesarios
en los capítulos que han precedido por cuanto se necesitaba ver lo que
ya no es; la actualidad la vemos y la comprendemos más fácilmente.
* * * * *
Desde 1895, época á que en la materia llegamos en el anterior capítulo,
la inmigración continúa su aporte de individuos en grandes cantidades.
En 1904 la cifra de llegados alcanza á 125.567, con un saldo de 86.644;
dos años después, en 1906 esas cifras son: llegados 252.536; saldo
192.412; hay luego un descenso, para aumentar de nuevo en 1910 en que
la llegada de los primeros meses permite calcular el total del año en
260.000[61]. Esta cifra debe tomarse con las reservas del caso desde
que existe la circunstancia anormal del exceso de trabajo originado
por los preparativos para las exposiciones y fiestas del Centenario.
Pueblos de Europa que antes sólo estaban representados por uno que
otro hijo audaz que se animaba á venir en busca de mejor fortuna, se
encuentran ahora con colonias enteras: tal Rusia, Turquía, etc. Los
rusos, por ejemplo, cuyo número era insignificante en 1890, son, en
octubre de 1909 en la capital solamente, 13.714. Llegan á ocupar el
tercer lugar entre las naciones que dan inmigrantes á la Argentina.
En 1909 arriban cerca de 15.000. En los primeros meses de 1910 esta
inmigración disminuye. Los turcos y sirios desparramados en todas
partes y dedicados casi exclusivamente al comercio del menudeo, forman
legión. Unos y otros se ligan poco á nuestra sociabilidad, son en
cierto modo inadaptables, pero día llegará en que sino ellos, sus
hijos se mezclen y crucen con los hijos de otras razas y naciones
y un nuevo factor de importancia numérica se agregará á los tantos
que ya concurren á la formación social argentina. La inmigración
italiana es la que llega en mayor número; pero en 1910 es desalojada
de su posición por la española, que pasa á ocupar el primer lugar. La
inmigración italiana compensa la entrada con la salida. No ha de ser
causa insignificante en esta disminución la gran propaganda que los
diarios y los escritores de Italia hacen en contra de la inmigración á
la Argentina, atribuyendo á este país falta de justicia y dificultad
para su vida. Por otra parte, el gobierno mismo de Italia tiene interés
en que los hijos de aquellas tierras queden allí para cultivar grandes
zonas del sur.
El aumento numérico de la inmigración española si es bueno en cuanto á
acrecentamiento del número total de la población, no es sin duda, lo
mejor que puede llegarnos. Los motivos de mi opinión los he expresado
ya en el curso de este trabajo.
La inmigración francesa disminuye un tanto también. Las demás continúan
en progresivo aumento.
Los cruces, de que en capítulos anteriores hemos hecho mención, se
presentan en proporciones mayores aún: los cálculos de combinaciones,
podrían resolver todas las formas en que se presentan: todas las razas
se unen y los hijos de extranjeros que se han incorporado á nuestro
suelo vuelven á unirse con otros que proceden de otros pueblos, al
punto de ser grande el número de personas que pueden recordar que sus
ocho bisabuelos pertenecieron á ocho distintas nacionalidades.
También la forma de distribución que adopta es, como fué en épocas
anteriores, señalada por causas geográficas: allí donde el cultivo y la
vida son más fáciles, allí el inmigrante se dirige: los centros en que
sus connacionales están en crecido número, ejercen sobre él invencibles
atracciones y sus esperanzas de fortuna y bienestar le empujan á
trasladarse y establecerse en tales lugares.
La ciudad capital sigue creciendo: hay en ella grandes comodidades y
las dificultades para el trabajo no son muchas: se instalan fábricas,
se adoquinan calles, se trabaja en todas formas. El censo de octubre
de 1909, le da 1.231.698, que es fácilmente 1.300.000 el 1^o de enero
de 1910. Conviene tomar esa fecha y no la del 25 de mayo por cuanto el
número en tal día es anormal: los paseantes argentinos que á fuerza de
vivir en el extranjero han dejado de ser habitantes de estas tierras,
vuelven con ocasión de las fiestas; el interior se desborda sobre
Buenos Aires: las familias pudientes que desde tiempo concertaban un
paseo á la capital, combinan el paseo con el centenario y los hoteles
rechazan pasajeros porque hay plétora. Tal situación anormal no puede
servir para el estudio estadístico, en que se trata de examinar el
conjunto, quitándoles las irregularidades producidas por hechos ajenos
á la marcha general del país.
De aquellos 1.300.000 habitantes, 49 por ciento son argentinos y 51
por ciento extranjeros. Esta proporción no se presenta en ninguna
provincia, pero es signo indicativo de la constante inmigración;
siguen en el orden de importancia Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba,
Entre Ríos, orden idéntico al anterior y que sólo se diferencia en el
aumento de número.
Con los inmigrantes llegan los capitales: las estimaciones de éstos
no pueden ser sino aproximativas y variables todos los días; más de
cualquier modo, son enormes, al punto de que ha podido calcularse
el capital _inglés solamente_, empleado en la Argentina, en
12.500.000.000 de francos. El francés ha sido á su vez valuado en
800.000.000 de francos. En el cálculo del capital inglés, los valores
de los ferrocarriles hacen en gran parte que las cifras sean tan
extraordinarias. _La Nación_ del 15 de noviembre de 1908, traducía un
artículo publicado por el _South American Journal_ de Londres: en él
se estimaba el valor de las acciones de ferrocarriles argentinos en un
total de libras 154.814.472 es decir 3.870.361.800 francos. No sé qué
datos sirvieron á Rigby para hacer el cálculo á que he referido, pero
creo no obstante, que debe haber alguna exageración.
La preferencia de la inmigración en general, está por la agricultura:
los gobiernos se preocupan en dictar medidas, término que no
implica que se cumplan. En efecto, y por desgracia, alguna falta
de cumplimiento en lo prometido, alguna falta de justicia, unida á
algunos desengaños, han hecho como acabamos de decir, que los diarios,
autores y aun autoridades europeas, de Italia é Inglaterra sobre
todo, se expresen en términos poco amables para la Argentina, y que
desgraciadamente parte al menos de tales afirmaciones tengan fundamento
serio.
2. La agricultura, ahora como en anteriores épocas, transforma los
campos. Se calcularon en enero de 1910, en 18.775.672 las hectáreas
destinadas al cultivo: la cifra que dió el censo de 1905 fué 4.892.005;
como se ve la diferencia es notable; la tierra inculta se transforma
en praderas, trigales y sembradíos de toda especie. Existe sin embargo
un hecho, que por lo menos por curiosidad merece ser recordado. No
siempre la agricultura conquista los campos de una manera permanente:
refiriéndose á Córdoba, dice el señor M. E. Río: «La evolución que se
opera en esas fértiles llanuras es interesante y característica. Así
que se tiende un nuevo ferrocarril á través de una zona inculta y antes
aun tan pronto como la traza queda definitivamente establecida, ya
vienen el empresario «colonizador», el comerciante «habilitador» y los
colonos «agricultores». Los ranchos se plantan, se prepara el suelo,
deposítase la semilla y pocos meses más tarde, humean las trilladoras
y corren las chatas, con pirámides de bolsas, hacia la población que
se ha improvisado alrededor del cercano apeadero. La avenida continúa
creciendo, el perímetro del trigal se ensancha, multiplícanse los
comercios, se edifica la capilla, ábrese la escuela; mas de repente, el
movimiento disminuye, las casas del pueblo se vacían y los colonos se
marchan: ha fenecido su usufructo de cuatro ó cinco años y se van en
busca de otra línea nueva y de otra zona virgen. El alfalfar crecido
con el último trigo, ha reemplazado al sembradío, la estancia á la
colonia. En la misma extensión de tierra en que 500 personas hallaron
trabajo y bienestar ó, quizá algunas la fortuna, hase formado el
establecimiento ganadero en que subsistiran 15 ó 20 peones y redondeará
su millón un terrateniente afortunado»[62].
El cuadro no es en verdad consolador, pues implica que la
transformación es ficticia y sólo dura un corto período:
afortunadamente lo que el señor Río encuentra para ciertas regiones
de Córdoba, no es en general; no se vé en Buenos Aires, ni en Santa
Fe, y el número de hectáreas cultivadas es muy grande sin peligro de
retroceso, y los territorios nacionales, La Pampa y Río Negro sobre
todo, atraen inmigrantes y presentan ya extensas zonas cultivadas.
* * * * *
La ganadería no puede oponérsele como rival con pretensiones de
revancha, en la época actual: sobrados campos hay en que pueda
ejercitarse la industria ganadera: la tendencia hacia el mayor
desarrollo de la agricultura es general en todo el mundo; en fin, la
creciente exigencia del consumo interno y del pedido del exterior,
hacen que los ganados no aumenten en proporciones grandes. Nuestros
productores prefieren al aumento en cantidad, el aumento en calidad.
De 1908 data el último censo ganadero y aunque al parecer no llenó
todas las exigencias necesarias para que se le considerase un trabajo
sin errores, en conjunto podemos aceptarlo para recordar cifras.
Puro Mestizo Criollo
Total por ciento por ciento por ciento
Bovino 29.116.625 3.4 51.7 44.9
Lanar 67.211.754 1.8 82.5 15.7
Equino 7.531.376 0.7 22.5 76.8
Mular 465.037 -- -- --
Asnal 285.088 -- -- --
Caprino 3.945.086 -- -- --
Porcino 1.403.591 -- -- --
La poca inmigración que se dedica á la ganadería, y la población
argentina numerosa que tiene en ella su riqueza, ha conseguido mejorar
en cantidad los ganados, sin que sin embargo haya llenado aun su fin de
una manera completa.
En cuanto á las otras industrias, sería simple trabajo de enumeración
tomar cada una de ellas á fines de recordar cantidades: es innecesario
desde que la marcha enunciada en el anterior capítulo, continúa sin
mayores variaciones y sólo agregándose á las ya existentes alguno que
otro ensayo de industria nueva. De cualquier modo recordaré estas
pocas cifras: azúcar, producción, 127.322 toneladas; 20.915.509
litros alcohol; vino: 379.699.708 (segun censo industrial); cerveza,
86.256.062; tabaco, 9.922.286[63].
Pero la industria argentina, exceptuadas la agricultura y la ganadería,
produce sólo para el consumo: la línea de exportación durante 1909
dió un valor total de 397.350.528 pesos oro; pues bien, de esa suma
153.548.356 pesos oro pertenecen á productos de la ganadería, y
230.756.095 pesos oro a productos de la agricultura. En cambio la
importación está distribuída entre cantidad de productos de industrias
distintas; son estas las principales cifras: substancias alimenticias,
23.014.691 pesos oro: materiales textiles y sus artefactos, 59.923.199
pesos oro; hierro y sus artefactos 36.575.232 pesos oro; locomoción
y transportes, 31.711.285 pesos oro; materiales de construcción,
28.365.889 pesos oro.