No se puede hablar de arquitectura argentina con referencia á 1895. Era

permitido, como es ahora, á simples constructores afear la ciudad con

las monótonas casas en forma de tren; les era permitido también, como

ahora, idear los más extravagantes modelos, con frentes arlequinescos,

grutas á la calle, castillos medioevales con adornos renacimiento

ó Luis XV y tantas otras cosas que dañan á la futura arquitectura

nacional y acostumbran á los jóvenes á no horrorizarse ante ellas.

Costumbre peligrosa porque permite que surjan imitadores... Lo

dicho es aplicable á las ciudades grandes: Buenos Aires, Rosario, La

Plata, un poco Córdoba también. En las demás, el sistema colonial

de construcción con amplios y cómodos patios, domina, y es sin duda

preferible á las construcciones á que acabo de referir. Todo esto no

impide que se reconozca que en la época del censo existieran y muchos,

buenos edificios y que hubiera ya, sobre todo en Buenos Aires, muchas

de las hermosas casas que hoy posee.

La escultura, que comenzara con el italiano Camilo Romairone, ha hecho

algo más. Algunos argentinos se trasladaron á Europa, adquirieron

conocimientos, los difundieron después y el progreso en la materia es

evidente.

La pintura, en manos de extranjeros que trabajan acá, tuvo buenas

producciones: Agujari, Chartón, Romero, son nombres de extranjeros que

entre nosotros trabajaron en esta bella arte, Della Valle, Fernández

Villanueva, Rodríguez Etchart, Ballerini y Sivori siguieron sus huellas

y honraron las bellas artes argentinas.

En fin, en música, los nombres de Bernasconi, Hargreaves y Aguirre,

Berutti merecen especial recuerdo como iniciadores y propulsores.

En todas estas manifestaciones no veo nada que pueda llamarse ya

propiamente nacional: son obras de gentes que han hecho estudios en

escuelas extranjeras y en ellas han moldeado su gusto. No es posible,

por otra parte, que las bellas artes tengan considerables adelantos, en

países en formación.

El maestro Williams, en un notable trabajo, afirma que la música

argentina, se orienta hacia las fuentes populares, y hace un llamado

á los jóvenes artistas, herederos del genio estético de nuestros

payadores. No me parece que el ideal del arte argentino sea sólo

«extraer la esencia» de aquellas músicas y cantos, como en arquitectura

no puede ser conservar las líneas generales de los ranchos de la pampa.

Estas primitivas manifestaciones de arte, que la música y cantos de

los payadores nos legaron, pueden y deben ser estudiadas, trabajadas

y conservadas como patrios recuerdos, y porque en verdad encierran

intensas expresiones de sentimientos, pero el ideal debe estar sin duda

en algo más, y el arte nacional nacerá cuando estos restos nacionales

se hayan asimilado y confundido con lo que llega de afuera y toma

patria en nosotros.

En cambio, la poesía sí ha producido obras notables: el genio español,

imaginativo por excelencia, ha derramado siglos de poesía en la

Argentina, que se han confundido en sus hijos con todas las energías

de la poesía italiana y las peculiaridades de las otras, y la nación

Argentina ha podido tener una literatura nacional, con producciones

tan buenas como las más perfectas de cualquier nación. Así pues, esta

literatura que está casi formada y que es argentina, no la constituye

la poesía gauchesca seguramente aunque ella también tenga su parte. Me

refiero para la poesía á lo dicho respecto de la música.

En estas breves palabras creo dejar establecido cuál era el grado de

desarrollo de las bellas artes en 1895, en la Argentina.

6. La educación é instrucción pública en las tres formas ó grados

en que nuestro país la da, recibe la acción benéfica de Sarmiento y

su ministro Avellaneda, ministro durante cinco años y poco después

presidente de la República por seis años más. Deliberadamente hago el

recuerdo de que Avellaneda ejerció acción y dió consistencia á sus

pensamientos durante once años, con la única interrupción del corto

período en que el doctor Albarracin fué ministro de Sarmiento. Para que

los planes de enseñanza den resultados, es condición primordial, que el

experimento sobre su aplicación y conveniencia no se vea trabado por

nuevos planes completamente diversos, creados por otros ministros, con

ideas distintas, que generalmente causas políticas llevan al gobierno,

y causas políticas lo arrojan de él.

La enseñanza secundaria, sometida más que las otras á sufrir las

consecuencias que los cambios ministeriales por el hecho de ser la

única que directamente depende del ministro, ha tenido como carácter

típico, la inestabilidad. En poco más de cuarenta años se han

modificado notablemente los planes de enseñanza secundaria, más de

veinticinco veces, lo que ha perturbado mucho la marcha regular de

tales estudios.

Ahora bien, si Avellaneda pudo impulsar cuanto lo hizo la educación é

instrucción fué en primer lugar, por la feliz circunstancia de haber

permanecido tantos años en el gobierno y por la no menos feliz, de

haber sido compañero, durante muchos de ellos del gran Sarmiento.

Sarmiento, sobre todo en la enseñanza primaria y en la secundaria,

Avellaneda en la secundaria y en la universitaria, ambos en la normal,

pusieron la enseñanza en la vía del progreso completando la obra

anterior de Urquiza y Mitre. El constante desarrollo continúa después,

aun en las malas épocas políticas, y la acción educadora está en todas

partes: está en las esferas universitarias con la ley Avellaneda; está

en la fundación de los colegios nacionales de Jujuy, Rioja, Santiago

del Estero, Corrientes, Santa Fe y San Luis, y las escuelas normales, ó

institutos tales, anexos á los colegios nacionales de Concepción del

Uruguay, Santiago del Estero, Paraná; está en la creación de cátedras

de mineralogía en los de San Juan y Catamarca, de agronomía en los de

Salta, Tucumán y Mendoza, todo ello en la presidencia de Sarmiento:

está en la acción continuada en las presidencias siguientes. Colegios,

escuelas, institutos especiales surgen por todas partes. Está en el

llamado de maestros y maestras norteamericanos y alemanes para que

enseñaran métodos de pedagogía; está, en fin, en las subvenciones á

las provincias,--quizá las únicas subvenciones justas--destinadas á

facilitar el desarrollo de la educación é instrucción. Está en la

preparación de maestros; está en la ley de educación común de 1884,

en la preocupación constante que por la enseñanza mostraron nuestros

hombres de gobierno, ó nuestros escritores de ciencia política.

Es claro que quedó mucho por hacer; que el censo de 1895 reveló un

considerable número de analfabetos, pero tampoco era posible hacer

más en pocos años. No bastan los buenos deseos para instruir una

población, y en cuanto á la educación es muchas veces obra de siglos.

Los progresos en materia de instrucción, son de los más halagadores que

el período encierra.

7. Pasamos á la legislación. Recordé en el capítulo anterior, que desde

1862, existe el código de comercio. Sucesivos proyectos de reforma, de

1870, 1876, 1879, 1887, 1889, este último hecho ley, no revelaron que

los anteriores no fueran buenos: indicaron en primer lugar, que las

actividades cambiaban á diario, que las nuevas situaciones imponían

otras reglas y que preciso era seguir á la costumbre y fundar en

ella las leyes. Debo recordar asimismo, aunque pertenezca á época

posterior, la reforma de 1902, en la parte referente á quiebras, que

responde á causas semejantes. En segundo lugar, revelaron la dificultad

en el dictado de leyes para pueblos en formación, con psicología

poco estudiada y á la vez difícil de estudiar por sus diarias

transformaciones.

El código civil, sancionado en 1872, ha recibido la más buena acogida

en la opinión de quienes, dentro y fuera del país, á tales estudios

se han dedicado, con pocas y no muy justificadas excepciones. Mezcla

de estudio de las costumbres y de aplicaciones de razonamientos

abstractos[57], tiene tal vez muchas disposiciones cuya reforma se hace

á diario más necesaria; pero en general, es obra digna de los mayores

respetos, y que coloca á su autor entre los hombres que con mayor

caudal contribuyen á la formación de nuestras instituciones. Ejemplo

de las reformas que las transformaciones sociales hicieron necesarias

á punto de determinar la modificación de la ley, fué la legislación

sobre el matrimonio. El sistema religioso adoptado por el legislador,

pudo llenar las necesidades en la época en que fué sancionado; pero

las transformaciones del país, impusieron la necesidad del cambio. El

poder ejecutivo en su mensaje de 22 de septiembre de 1887, acompañando

el proyecto de ley de matrimonio civil, decía en su comienzo: «El

creciente aumento de la inmigración europea, ha puesto de manifiesto

la necesidad de reformar nuestra legislación sobre el matrimonio.

El código civil sólo autoriza el matrimonio religioso, celebrado en

conformidad á sus disposiciones y según las leyes y ritos de la Iglesia

á que los contrayentes pertenezcan. Muchos habitantes de la república ó

no tienen en el país sacerdotes de la comunión á que pertenecen, para

que bendiga su unión, ó no profesan culto externo alguno, creyendo en

Dios y adorándolo como autor de lo creado.» La discusión que tuvo lugar

en el siguiente año, fué larga, y quien la lee ve como las nuevas ideas

deben combatir para imponerse á los prejuicios: como de una cuestión de

orden, se hace cuestión de fe, y como al fin, triunfa la reforma. Los

peligros que se presagiaban por los enemigos de la proyectada ley, no

se han producido, y en cambio su sanción ha importado una libertad más

á las que nuestra constitución y nuestras leyes aseguran á todos los

hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino[58].

El código penal ha sido el más desgraciado. El doctor Tejedor redactó

hacia 1865-1867 su conocido proyecto. Veinte años pasaron sin que las

cámaras legislativas lo sancionaran, en tanto que algunas provincias

lo adoptaban. Después de tanto sueño en las carpetas del congreso,

éste sancionó, tomando algunas ideas de él, el código penal, «al

cual por falta de respeto á la verdad, los autores llamarían en la

ley, código del doctor Tejedor»[59]. Nuevo proyecto se redactó en

1881; se sancionó otra reforma en 1886; de 1891 data otro proyecto.

La inercia legislativa malogró siempre estas iniciativas, y cuando

alguna cosa hizo, fué mala. Así, y para encerrar aquí lo que á época

posterior pertenece, recordaré que en 1903 se sancionó la llamada ley

de reformas, tan mala, que á poco andar hizo necesaria la reparación

del mal, y en 1905 se terminó la redacción de un nuevo proyecto que

el congreso aun no ha considerado... Es de esperar que las leyes que

aseguran la propiedad y la vida con la base del estudio del delito y

del delincuente, merezcan en adelante un poco de atención.

8. Al terminar este período un nuevo hecho de orden social, se presenta

en la Argentina; hecho que es también producto de ideas traídas por los

trabajadores de Europa. Es la aparición entre nosotros del socialismo.

Comenzó en la capital, hecho que se explica por cuanto en ella tienen

residencia, la mayor parte de los obreros industriales extranjeros

venidos al país. Afirma que las causas que dieron origen al socialismo

en Europa, existen también en la Argentina; que aquí también hay

oprimidos; que la clase rica aprovecha la fuerza individual de los

trabajadores; que «á pesar de la gran extensión de tierra inexplotada,

la apropiación individual de todo el suelo del país, ha establecido

de lleno las condiciones de la sociedad capitalista... La aspiración

final del partido obrero argentino, es la substitución del régimen

capitalista por la sociedad colectivista, y su programa inmediato tiene

por fin el mejoramiento económico de la clase proletaria»[60].

No me corresponde hacer un juicio sobre este movimiento. Indico el

hecho como demostración general de la influencia determinante en la

nueva forma de ser la vida argentina. El movimiento vago al principio,

toma fuerzas después y llega á constituír un partido con afirmaciones

precisas, que aspira á reformas radicales, netamente determinadas. El

acrecentamiento siempre mayor del número de partidarios es un hecho

que caracteriza una transformación y obliga á orientar los estudios

sociales en el sentido de establecer el grado de justicia y necesidad

que pueda tener tal movimiento en nuestro país.

* * * * *

Queda bosquejada la transformación de la Argentina en el tiempo

encerrado en el paréntesis que comprenden los dos censos nacionales.

El cambio rápido indica que no es ella, la que naturalmente sufriría

la nación si estuviera formada. No es el que de un modo natural sufren

todos los países. No es el de la joven mariposa que los días envejecen.

Es anterior: es el de la larva que se convierte en mariposa.

CAPÍTULO IV

1910: CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO

1. El estado de formación de la raza en 1910. La inmigración.--2.

Agricultura; ganadería; otras industrias. Comercio.--3. Cambios

políticos y situación económica--4. Vías de comunicación.--5. La

educación é instrucción pública.--6. La prensa, bellas artes,

religión.--7. El socialismo. El anarquismo.--8. Conclusión.

1. Después del largo viaje que hemos hecho á través de los años para

encontrar la formación étnica de la nación nueva y relacionarla con las

causas y formas de sus progresos, entramos á estudiar tales cosas en el

momento en que la nación deja su primera juventud de guerras, luchas y

reconstrucciones, para vivir días más tranquilos: tal es al menos la

esperanza común de todos sus hijos.

El capítulo debe ser breve; no es este trabajo una obra de estadística;

los datos de tal disciplina, han sido tomados como medio de

demostración ó de relación á épocas anteriores; fueron más necesarios

en los capítulos que han precedido por cuanto se necesitaba ver lo que

ya no es; la actualidad la vemos y la comprendemos más fácilmente.

* * * * *

Desde 1895, época á que en la materia llegamos en el anterior capítulo,

la inmigración continúa su aporte de individuos en grandes cantidades.

En 1904 la cifra de llegados alcanza á 125.567, con un saldo de 86.644;

dos años después, en 1906 esas cifras son: llegados 252.536; saldo

192.412; hay luego un descenso, para aumentar de nuevo en 1910 en que

la llegada de los primeros meses permite calcular el total del año en

260.000[61]. Esta cifra debe tomarse con las reservas del caso desde

que existe la circunstancia anormal del exceso de trabajo originado

por los preparativos para las exposiciones y fiestas del Centenario.

Pueblos de Europa que antes sólo estaban representados por uno que

otro hijo audaz que se animaba á venir en busca de mejor fortuna, se

encuentran ahora con colonias enteras: tal Rusia, Turquía, etc. Los

rusos, por ejemplo, cuyo número era insignificante en 1890, son, en

octubre de 1909 en la capital solamente, 13.714. Llegan á ocupar el

tercer lugar entre las naciones que dan inmigrantes á la Argentina.

En 1909 arriban cerca de 15.000. En los primeros meses de 1910 esta

inmigración disminuye. Los turcos y sirios desparramados en todas

partes y dedicados casi exclusivamente al comercio del menudeo, forman

legión. Unos y otros se ligan poco á nuestra sociabilidad, son en

cierto modo inadaptables, pero día llegará en que sino ellos, sus

hijos se mezclen y crucen con los hijos de otras razas y naciones

y un nuevo factor de importancia numérica se agregará á los tantos

que ya concurren á la formación social argentina. La inmigración

italiana es la que llega en mayor número; pero en 1910 es desalojada

de su posición por la española, que pasa á ocupar el primer lugar. La

inmigración italiana compensa la entrada con la salida. No ha de ser

causa insignificante en esta disminución la gran propaganda que los

diarios y los escritores de Italia hacen en contra de la inmigración á

la Argentina, atribuyendo á este país falta de justicia y dificultad

para su vida. Por otra parte, el gobierno mismo de Italia tiene interés

en que los hijos de aquellas tierras queden allí para cultivar grandes

zonas del sur.

El aumento numérico de la inmigración española si es bueno en cuanto á

acrecentamiento del número total de la población, no es sin duda, lo

mejor que puede llegarnos. Los motivos de mi opinión los he expresado

ya en el curso de este trabajo.

La inmigración francesa disminuye un tanto también. Las demás continúan

en progresivo aumento.

Los cruces, de que en capítulos anteriores hemos hecho mención, se

presentan en proporciones mayores aún: los cálculos de combinaciones,

podrían resolver todas las formas en que se presentan: todas las razas

se unen y los hijos de extranjeros que se han incorporado á nuestro

suelo vuelven á unirse con otros que proceden de otros pueblos, al

punto de ser grande el número de personas que pueden recordar que sus

ocho bisabuelos pertenecieron á ocho distintas nacionalidades.

También la forma de distribución que adopta es, como fué en épocas

anteriores, señalada por causas geográficas: allí donde el cultivo y la

vida son más fáciles, allí el inmigrante se dirige: los centros en que

sus connacionales están en crecido número, ejercen sobre él invencibles

atracciones y sus esperanzas de fortuna y bienestar le empujan á

trasladarse y establecerse en tales lugares.

La ciudad capital sigue creciendo: hay en ella grandes comodidades y

las dificultades para el trabajo no son muchas: se instalan fábricas,

se adoquinan calles, se trabaja en todas formas. El censo de octubre

de 1909, le da 1.231.698, que es fácilmente 1.300.000 el 1^o de enero

de 1910. Conviene tomar esa fecha y no la del 25 de mayo por cuanto el

número en tal día es anormal: los paseantes argentinos que á fuerza de

vivir en el extranjero han dejado de ser habitantes de estas tierras,

vuelven con ocasión de las fiestas; el interior se desborda sobre

Buenos Aires: las familias pudientes que desde tiempo concertaban un

paseo á la capital, combinan el paseo con el centenario y los hoteles

rechazan pasajeros porque hay plétora. Tal situación anormal no puede

servir para el estudio estadístico, en que se trata de examinar el

conjunto, quitándoles las irregularidades producidas por hechos ajenos

á la marcha general del país.

De aquellos 1.300.000 habitantes, 49 por ciento son argentinos y 51

por ciento extranjeros. Esta proporción no se presenta en ninguna

provincia, pero es signo indicativo de la constante inmigración;

siguen en el orden de importancia Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba,

Entre Ríos, orden idéntico al anterior y que sólo se diferencia en el

aumento de número.

Con los inmigrantes llegan los capitales: las estimaciones de éstos

no pueden ser sino aproximativas y variables todos los días; más de

cualquier modo, son enormes, al punto de que ha podido calcularse

el capital _inglés solamente_, empleado en la Argentina, en

12.500.000.000 de francos. El francés ha sido á su vez valuado en

800.000.000 de francos. En el cálculo del capital inglés, los valores

de los ferrocarriles hacen en gran parte que las cifras sean tan

extraordinarias. _La Nación_ del 15 de noviembre de 1908, traducía un

artículo publicado por el _South American Journal_ de Londres: en él

se estimaba el valor de las acciones de ferrocarriles argentinos en un

total de libras 154.814.472 es decir 3.870.361.800 francos. No sé qué

datos sirvieron á Rigby para hacer el cálculo á que he referido, pero

creo no obstante, que debe haber alguna exageración.

La preferencia de la inmigración en general, está por la agricultura:

los gobiernos se preocupan en dictar medidas, término que no

implica que se cumplan. En efecto, y por desgracia, alguna falta

de cumplimiento en lo prometido, alguna falta de justicia, unida á

algunos desengaños, han hecho como acabamos de decir, que los diarios,

autores y aun autoridades europeas, de Italia é Inglaterra sobre

todo, se expresen en términos poco amables para la Argentina, y que

desgraciadamente parte al menos de tales afirmaciones tengan fundamento

serio.

2. La agricultura, ahora como en anteriores épocas, transforma los

campos. Se calcularon en enero de 1910, en 18.775.672 las hectáreas

destinadas al cultivo: la cifra que dió el censo de 1905 fué 4.892.005;

como se ve la diferencia es notable; la tierra inculta se transforma

en praderas, trigales y sembradíos de toda especie. Existe sin embargo

un hecho, que por lo menos por curiosidad merece ser recordado. No

siempre la agricultura conquista los campos de una manera permanente:

refiriéndose á Córdoba, dice el señor M. E. Río: «La evolución que se

opera en esas fértiles llanuras es interesante y característica. Así

que se tiende un nuevo ferrocarril á través de una zona inculta y antes

aun tan pronto como la traza queda definitivamente establecida, ya

vienen el empresario «colonizador», el comerciante «habilitador» y los

colonos «agricultores». Los ranchos se plantan, se prepara el suelo,

deposítase la semilla y pocos meses más tarde, humean las trilladoras

y corren las chatas, con pirámides de bolsas, hacia la población que

se ha improvisado alrededor del cercano apeadero. La avenida continúa

creciendo, el perímetro del trigal se ensancha, multiplícanse los

comercios, se edifica la capilla, ábrese la escuela; mas de repente, el

movimiento disminuye, las casas del pueblo se vacían y los colonos se

marchan: ha fenecido su usufructo de cuatro ó cinco años y se van en

busca de otra línea nueva y de otra zona virgen. El alfalfar crecido

con el último trigo, ha reemplazado al sembradío, la estancia á la

colonia. En la misma extensión de tierra en que 500 personas hallaron

trabajo y bienestar ó, quizá algunas la fortuna, hase formado el

establecimiento ganadero en que subsistiran 15 ó 20 peones y redondeará

su millón un terrateniente afortunado»[62].

El cuadro no es en verdad consolador, pues implica que la

transformación es ficticia y sólo dura un corto período:

afortunadamente lo que el señor Río encuentra para ciertas regiones

de Córdoba, no es en general; no se vé en Buenos Aires, ni en Santa

Fe, y el número de hectáreas cultivadas es muy grande sin peligro de

retroceso, y los territorios nacionales, La Pampa y Río Negro sobre

todo, atraen inmigrantes y presentan ya extensas zonas cultivadas.

* * * * *

La ganadería no puede oponérsele como rival con pretensiones de

revancha, en la época actual: sobrados campos hay en que pueda

ejercitarse la industria ganadera: la tendencia hacia el mayor

desarrollo de la agricultura es general en todo el mundo; en fin, la

creciente exigencia del consumo interno y del pedido del exterior,

hacen que los ganados no aumenten en proporciones grandes. Nuestros

productores prefieren al aumento en cantidad, el aumento en calidad.

De 1908 data el último censo ganadero y aunque al parecer no llenó

todas las exigencias necesarias para que se le considerase un trabajo

sin errores, en conjunto podemos aceptarlo para recordar cifras.

Puro Mestizo Criollo

Total por ciento por ciento por ciento

Bovino 29.116.625 3.4 51.7 44.9

Lanar 67.211.754 1.8 82.5 15.7

Equino 7.531.376 0.7 22.5 76.8

Mular 465.037 -- -- --

Asnal 285.088 -- -- --

Caprino 3.945.086 -- -- --

Porcino 1.403.591 -- -- --

La poca inmigración que se dedica á la ganadería, y la población

argentina numerosa que tiene en ella su riqueza, ha conseguido mejorar

en cantidad los ganados, sin que sin embargo haya llenado aun su fin de

una manera completa.

En cuanto á las otras industrias, sería simple trabajo de enumeración

tomar cada una de ellas á fines de recordar cantidades: es innecesario

desde que la marcha enunciada en el anterior capítulo, continúa sin

mayores variaciones y sólo agregándose á las ya existentes alguno que

otro ensayo de industria nueva. De cualquier modo recordaré estas

pocas cifras: azúcar, producción, 127.322 toneladas; 20.915.509

litros alcohol; vino: 379.699.708 (segun censo industrial); cerveza,

86.256.062; tabaco, 9.922.286[63].

Pero la industria argentina, exceptuadas la agricultura y la ganadería,

produce sólo para el consumo: la línea de exportación durante 1909

dió un valor total de 397.350.528 pesos oro; pues bien, de esa suma

153.548.356 pesos oro pertenecen á productos de la ganadería, y

230.756.095 pesos oro a productos de la agricultura. En cambio la

importación está distribuída entre cantidad de productos de industrias

distintas; son estas las principales cifras: substancias alimenticias,

23.014.691 pesos oro: materiales textiles y sus artefactos, 59.923.199

pesos oro; hierro y sus artefactos 36.575.232 pesos oro; locomoción

y transportes, 31.711.285 pesos oro; materiales de construcción,

28.365.889 pesos oro.

Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910) · 第 7 / 10 段