En 1884 nuevamente se repite el hecho, comenzando por la ciudad

de Buenos Aires; el poder ejecutivo propone al congreso nacional

la restricción del voto en las elecciones municipales á solo los

nacionales; se escribe en contra del extranjerismo. Los extranjeros,

sobre todo los italianos, se sienten ofendidos, reaccionan, y como

en todas las reacciones se va más allá de lo justo, se insulta á los

nacionales y se les desconoce la parte que les correspondía en los

progresos nacionales. El desconocimiento se hace con evidente mala

fe. La exaltación continúa con calmas y recrudescencias, hasta que un

acontecimiento de más importancia, natural é inesperado, desviando el

interés hacia otro punto de mira, hace olvidar aquel estado incómodo

de los espíritus. «Se habían hecho grandes preparativos para la

celebración de la fiesta del 20 de septiembre, cuando un terrible

huracán causó daños enormes á toda la parte sur de la provincia de

Buenos Aires. Entonces las fiestas patrióticas fueron transformadas en

fiestas de la caridad y los italianos se unieron á los argentinos para

concurrir á aliviar las terribles consecuencias de la catástrofe»[56].

Indudablemente la causa de estos hechos no puede tener otro origen que

el temor que hubieron de tener los argentinos de verse desalojados de

la patria con tanto trabajo conquistada y organizada. Y el temor pudo

también no ser inmotivado: los hechos posteriores probaron que no tuvo

motivo alguno, pero en los momentos en que una determinada inmigración

afluye en grande escala, no se puede estar en el interior de las

conciencias de los gobiernos que dirigen el país de procedencia, para

saber si hay honradez de propósitos: prueba ésto, las consecuencias

sufridas por Orange y Transvaal que á sus riquezas de diamantes unían

una codiciosa inmigración inglesa.

El otro hecho, la escasez de naturalizados, tiene á mi juicio varias

causas. El artículo 20 de la constitución nacional, facilita la

adquisición de la ciudadanía á los que la soliciten después de dos años

de residencia en el país y aun menos, cuando se prueben servicios á la

república. La ley de ciudadanía fecha 8 de octubre 1869, ha facilitado

esa adquisición é indicado el procedimiento. Sin embargo, el censo de

1895 tiene este guarismo, exponente de los naturalizados: 1638, cifra

tan pequeña que casi no permite tenérsela en cuenta. ¿Cuáles son las

causas?

En primer lugar, el hecho de que los extranjeros tienen tantos derechos

acordados por la constitución que de poco los aumenta el ser ciudadano.

En segundo, la inercia humana: si se estableciera que son considerados

ciudadanos argentinos los extranjeros con residencia de 5, 10, 20 años,

que no manifiesten voluntad contraria, el censo habría revelado muchos

miles de naturalizados.

En tercer término, el poco cuidado con que se conceden las cartas de

ciudadanía; la carta de ciudadanía debe ser acordada como un honor,

como lo era en la antigua Roma: cualquier extranjero honrado que ve la

manera en que, sea por culpa de los hombres ó por culpa de la ley se

conceden cartas de ciudadanía á los elementos extranjeros más bajos é

inconscientes, en las proximidades de las elecciones é inscripciones

cívicas, prefiere no colocarse en igual rango que ese elemento. Y así

se pierden buenos ciudadanos y se adquiere sólo la escoria venal.

Es así que miles de extranjeros son argentinos de corazón, son

padres de argentinos, están vinculados íntimamente á nuestra vida y

sin embargo no tienen carta de ciudadanía, ni la ley los reconoce

ciudadanos.

Las páginas que anteceden dicen á las claras que tampoco en el período

á que este capítulo se refiere, quedó terminada la formación de la

nacionalidad argentina, de la nueva raza histórica. La germinación

continúa, pero falta mucho para que la constitución quede acabada.

2. La vida política, económica é industrial, acompaña las

transformaciones: unas veces con relación á ella, otras veces sin

relación directa.

Encierra el tiempo comprendido entre los dos censos nacionales, casi

todo el período presidencial de Sarmiento, el de Avellaneda, Roca,

Juárez Celman-Pellegrini, Saenz Peña-Uriburu. Época de luchas políticas

cruentas, que tiene en su triste haber, la revolución de López Jordán,

la de Mitre contra Sarmiento, de Tejedor contra Avellaneda y Roca,

que dió Buenos Aires á la nación, deshaciendo el resto de localismos

existentes; la revolución de 1890, las innumerables intervenciones á

las provincias para dar término á revoluciones locales ó á desacuerdos

entre poderes. Hechos todos que demuestran que la conciencia de los

deberes ciudadanos, el respeto á las instituciones y á la patria, eran

desconocidos por pueblos ó gobiernos; en una palabra, que las ideas de

gobierno y administración no habían adquirido fundamentos sólidos y que

la transformación era también necesaria á este respecto.

* * * * *

La vida económica debió soportar el contragolpe de aquellas

situaciones, y se tuvo el problema financiero como una de las

cuestiones más graves de que debieron ocuparse los gobiernos.

Durante la presidencia de Sarmiento, los gastos públicos aumentaron en

proporciones considerables, pero la renta pública aumentada también en

proporción parecida, impidió el desequilibrio. Data de esta época la

fundación del Banco Nacional con el principal propósito de dar un corte

á la anarquía monetaria del interior.

En los primeros años del período del doctor Avellaneda, se produce una

violenta crisis: el medio circulante, elevado á grandes cantidades, y

el fácil crédito, su concomitante, produjeron la suba de los valores.

Poco después los billetes de los bancos Nacional y de la Provincia,

eran inconvertibles; el malestar económico denunció los perjuicios que

tal situación acarreaba. Avellaneda con una tenacidad y patriotismo que

no han sido tenidos suficientemente en cuenta, se propuso legar á las

futuras generaciones el recuerdo de un gobierno ejemplar en los manejos

de los dineros públicos; se ahorró por todos los medios; se suspendió

la ejecución de las obras públicas que no se reputaron indispensables,

se disminuyeron los sueldos, se aligeró el presupuesto en todas las

formas imaginables.

No sucedió otro tanto con la presidencia de Roca; del trabajo del

doctor Terry citado, tomo estos y siguientes significativos datos:

Deuda consolidada 1880 57.079.000

-- 1884 122.603.000

_Gastos_: Presupuesto 1881 19.836.000

-- 1885 43.000.000

_Renta_ 1881 24.000.000

-- 1884 37.000.000

La renta aumenta de continuo, pero ya no existe el equilibrio; los

gastos no están en proporción y como lógica consecuencia, la deuda

continúa en aumento. Comienza la desconfianza; los giros y extracciones

representan enormes sumas, los bancos son impotentes para sostenerse y

se produce de nuevo la inconversión.

Llega luego la presidencia de Juárez Celman: el país próspero hace

que la renta pública aumente cada vez más; en el primer año de este

gobierno ella representa 57.000.000; renace la tranquilidad y se fundan

nuevos bancos. Pero desgraciadamente el fenómeno del desequilibrio en

los gastos se repite. El presupuesto de gastos es enorme, y si es de

47.000.000 de pesos lo que se presupuesta para gastos, esa cifra no

es sino aparente, pues hay cerca de 26.000.000 de pesos que se gastan

fuera de presupuesto. Las circulaciones fiduciarias abundan nuevamente

y los grandes negocios se suceden hasta 1890 en que el presupuesto se

ha elevado á 71.469.000 pesos y la deuda pública á 355.000.000 de

pesos. Vuelve la desconfianza, el malestar y por fin la revolución.

En las dos presidencias siguientes, de Pellegrini y Sáenz Peña, la

situación se remedió en lo que se pudo, y la marcha económica del

país fué regular; no obstante, datan de la época otras emisiones y

empréstitos que se agregaron á los anteriores.

En la misma situación se encontró el país en la presidencia de Uriburu,

en la que los presupuestos tuvieron además que soportar los gastos

impuestos por la necesidad de la provisión de armamentos para una

guerra que se creía próxima.

Á pesar de tantas novedades en materia financiera el país prosperó

mucho, pero el crédito externo se había resentido, y pasarían largos

años antes de que el nombre argentino no despertara irónicos recuerdos

en los hombres de banca de Europa.

3. Entre todas las manifestaciones de progreso ocupan lugar importante

las vías de comunicación, y sobre todo los ferrocarriles. El adelanto

de las ciudades, pueblos y colonias, precedía algunas veces al mayor

desarrollo de aquéllas; otras, iban primero las vías atravesando

soledades, y eran fecundas, pues que pronto surgían á sus lados

colonias y sembradíos, signos del progreso de las regiones.

Hemos visto cuál era el estado de las vías de comunicación en 1869;

desde esa época su desarrollo sigue en progresión geométrica. El mayor

progreso corresponde á los ferrocarriles: En 1880, los ferrocarriles

que cruzan la provincia de Buenos Aires permiten trasladarse hasta

Campana por el norte, por el sur hasta Dolores, por el centro hasta el

Azul y por el oeste hasta Bragado. Buenos Aires se une con Tucumán,

y por el oeste con Villa Mercedes. En la siguiente década, de 1880 á

1890, los ferrocarriles unen la capital á Bahía Blanca, Mar del Plata y

Tres Arroyos, Pehuajó, Pergamino, Junín y San Nicolás. En Santa Fe se

llega hasta Calchaquies, cerca del Chaco; San Luis, Mendoza, San Juan,

Salta, Santiago del Estero tienen este medio de comunicación con la

capital; en el litoral, Ceibo se une á Concordia, Paraná á Concepción

del Uruguay, Villaguay á Gualeguaychú. Todo este conjunto formaba un

total de 9453 kilómetros en explotación.

El segundo censo nacional trae en materia de ferrocarriles cifras

y datos hasta 1898. En 1896, los kilómetros de vías férreas en

explotación sumaban 14.462; el 1^o de enero de 1898 eran 14.799.

Agregándose á esta cantidad la que proporcionaron las líneas

secundarias y tramways á vapor se llegó á un total de 15.245. La

cifra fué pequeña sin duda, en proporción á los inmensos territorios

argentinos, pero de considerable importancia como exponente de progreso

en el espacio de tiempo intercensal. La importancia del capital y del

brazo extranjero en esta materia, es tan evidente que hace innecesaria

cualquier argumentación á su respecto. Es el capital extranjero, sobre

todo el capital inglés el que ha impulsado aquellas construcciones;

son extranjeros en su mayor parte los que las han dirigido y millares

de peones extranjeros se han unido á los argentinos en los trabajos

materiales.

En lo que á tramways se refiere, debo recordar que en 1873 los tuvieron

también Rosario y Paraná; después se establecieron en las otras

ciudades y el censo de 1895 comprobó su existencia en 19 poblaciones

correspondientes á once provincias. Las empresas eran 39: 28 eran

argentinas, teniendo como tales á las sociedades anónimas, y 11

extranjeras.

Las mensajerías eran atendidas por 179 empresas y las galeras y

diligencias cruzaban también innumerables regiones completando los

beneficios del ferrocarril ó reemplazando á éste en aquellas á que aun

no había llegado.

Agréguese á todo esto que las comunicaciones marítimas con

Europa, Uruguay, litoral y Paraguay, habían realizado notables

perfeccionamientos, respondiendo á las exigencias cada vez mayores, del

transporte de pasajeros, del comercio y de la inmigración.

El correo sigue las vías de comunicación: va en los ferrocarriles,

aprovecha los vapores, las mensajerías lo conducen; se desarrolla en

toda la república y una modesta estampilla de pocos centavos permite

enviar noticias á las más apartadas regiones.

Completan estos datos los que se refieren á telégrafos y teléfonos:

en la presidencia de Sarmiento se estableció el cable á Europa. Las

empresas ferrocarrileras colocaron telégrafos á lo largo de las vías;

el segundo censo dió una red telegráfica de 40.814 kilómetros. Las

compañías de teléfonos á su vez, se multiplicaron: en 1896, eran 41: 33

propiedad de argentinos y 8 de extranjeros.

La reflexión sobre tanto progreso y el estudio del origen de cada

empresa, da una lección provechosa del valor que tienen las ideas

y los conocimientos de las viejas civilizaciones para los pueblos

en formación; de cómo el bien entendido patriotismo no consiste en

cerrar las puertas á las industrias, á las ciencias y á los hombres

de otras razas y naciones. Antes bien, consiste--y acordarán en ello

altruistas y egoístas--en aprovecharles, dejándoles que aprovechen.

Las empresas ferrocarrileras habrán extraído muchos millones de pesos

á los argentinos para pasarlos á manos de accionistas ingleses:

es cierto, los extranjeros han venido buscando su interés y no el

nuestro; es innegable y es humano; pero en cambio, han hecho nuestras

comunicaciones más fáciles, han acortado las distancias, han permitido

é impulsado el generar de pueblos; y los adelantos quedan y valen mucho

más que lo que se va. Bienvenidos sean capitales y brazos extranjeros;

bienvenidos sus propósitos de enriquecimiento; que lo consigan, pues

que al hacerlo, facilitan el nuestro!

Unas veces adelantándose á los hechos, otras concomitantes con ellos,

congresos, presidentes y ministros, proyectaron leyes que pronto

obtuvieron sanciones. Aparte de las que ya he citado, conviene recordar

aquí que en materia de comunicaciones, se dictó en 1872 la ley de

ferrocarriles que estuvo en vigencia hasta 1891 en que se dictó la

ley número 2873 que con la reglamentación de 1894 rige actualmente.

De 8 de octubre de 1875 data la ley 750, de telégrafos, reformada

en un artículo en 1889. Además, la República Argentina adhirió á la

convención de la Unión telegráfica internacional. Asimismo forma parte

de la Unión postal universal y ha celebrado diversas convenciones

postales. La ley de correos sancionada en 1876 rige en la actualidad.

* * * * *

En materia de comercio, nada tan claro como las cifras para indicar los

progresos. Los datos del censo nacional de 1895, completados con los

estudios y trabajos que publica la división de comercio é industria,

dirigida por don Ricardo Pillado, informan al detalle. Baste establecer

que en 1895 el valor de la importación alcanzó á la suma de 205.154.420

pesos oro; el de la exportación á 322.843.841 pesos oro quedando por

consiguiente un saldo á favor del país de 117.689.421. Débese hacer

constar, sin embargo, por respeto á la verdad, que ese saldo fué

excesivo en relación á los saldos de años anteriores y posteriores,

no porque hubiera en ellos diferencia apreciable en las cifras de

importación sino porque la hubo en las exportaciones. Los principales

capítulos, casi el total de la exportación, los dan los productos de

la ganadería y de la agricultura. Los de la importación, las materias

textiles, los artículos de locomoción y transportes, los materiales de

construcción y los artefactos de hierro.

Como disposiciones legales que al comercio se refieren, recuérdese que

en 1876 se dictó la ley general de marcas de fábrica, que rige aun,

con las modificaciones introducidas en 1900. Desde 1899, la Argentina

adhirió á las disposiciones tomadas en esta materia por el Congreso de

derecho internacional privado, reunido en Montevideo.

4. Hemos hecho ya referencia á las disposiciones tomadas para la

introducción de inmigrantes agricultores, de las medidas puestas en

práctica para conseguir la formación de colonias, y al número de éstas

que existían en la fecha del segundo censo. Débese aquí agregar las

cifras que completan la demostración de los progresos: Hectáreas

cultivadas en 1872, 580.008; en 1888, 2.459.120; en 1895, 4.892.005.

Buenos Aires, el litoral, Córdoba, Mendoza, San Juan y Tucumán, son

los mayores contribuyentes y como expansión de estas, comienza en la

época á adquirir importancia la agricultura de Santiago del Estero,

San Luis y La Pampa. El trigo, maíz, pasto seco y lino, en el orden de

enumeración, son los cultivos predilectos según las estadísticas.

Con el desarrollo de las colonias, con la especialización en los

cultivos, llegaron las mejoras en los instrumentos de labranza, que

disminuyen el trabajo, multiplican los rendimientos, y hacen de este

modo más fácil y agradable la vida del agricultor. Con el desarrollo

de la agricultura vino también la subdivisión de la propiedad. Las

estancias cedieron los lugares vecinos á las grandes ciudades para que

los ocuparan quintas y chacras; aumentó así el número de propietarios

y se facilitó el arraigo de los extranjeros al suelo. Estos se

establecieron de un modo definitivo en general: propiedad y familia

son sólidos vínculos; el tiempo los hace más fuertes y la nación gana

nuevos trabajadores, que serán padres de futuros ciudadanos.

* * * * *

Los progresos ganaderos deben entenderse en el sentido de la mejora

del producto: con esto se consigue mejor rendimiento y colocación en

el mercado universal. En 1895, los animales argentinos no se criaban

solo en grandes potreros, sin cuidado alguno. Desde tiempo atrás, en

estancias y cabañas se cuidaban animales seleccionados que servirían

para la reproducción. En ferias y exposiciones se obtenían ya altos

precios y los buenos resultados estimulaban al trabajo. Se combatía

así también la degeneración del ganado criollo, tantas veces afirmada

aunque no probada aún de una manera positiva.

El ganado en las estancias mejoró; es que ya los estancieros no son

sólo los hijos rebeldes de familias pudientes, ó los criollos reacios

á otras faenas, como pudo acaecer en otros tiempos; hay entre ellos

cantidad de individuos que han educado su mente, y la educación en

una disciplina cualquiera, la ha ampliado facilitando la comprensión

de otras ideas. Son hombres pudientes que unen á éstos, otros

conocimientos; más aun, en la fecha comienza la tendencia á encomendar

el cuidado y dirección de las estancias y establecimientos rurales, á

especialistas que harán ciencia del oficio y substituirán los viejos

sistemas por los que los conocimientos científicos, el estudio y la

experiencia proporcionan.

El progreso ha consistido, pues, en el mejoramiento de los animales.

En cuanto al número, las grandes exportaciones no han permitido que la

cifra de existencia en el territorio, aumentara. Más aun, se notaba

en la época, una tendencia á la disminución. El censo de 1895 hace

comparaciones numéricas con los datos de 1888 y contiene estas cifras:

1888 1895

Ganado vacuno 21.961.657 21.701.526

-- caballar 4.234.032 4.446.212

-- asnal y mular 417.494 483.369

-- lanar 66.706.097 74.379.562

-- porcino 393.758 652.766

-- cabrío 1.894.386 2.748.860

datos que ponen en evidencia las afirmaciones que acabo de hacer. El

ganado lanar y el cabrío habían aumentado sin embargo á pesar del gran

consumo y exportación que se hace del primero. Inundaciones, secas y

pestes, redujeron después ese número de ganado lanar, haciéndolo entrar

también en la regla de la disminución que se notó en las demás especies

de ganado.

En cambio el mestizaje y la pureza aumentaron; de una fecha á la otra,

el ganado vacuno tuvo un aumento de 1.289.547 en los mestizos y de

34.358 en los puros; el caballar, de 155.976 mestizos y 10,620 puros;

el lanar, de 14.103.316 mestizos y disminución en 45.698 puros; en fin

el porcino, aumentó en 67.041 mestizos y 10.105 puros.

En cuanto á la distribución geográfica de los animales, el este ó

litoral, lleva enormes ventajas al resto de la nación, salvo para el

ganado mular y asnal en los que las del oeste ó andinas ocupan el

primer puesto á causa de la forma territorial que hace indispensable

esa cría en aquellas regiones.

Como resumen, repito, pues, que los progresos en esta materia han

consistido en la aplicación de métodos de cuidado de animales, métodos

unos traídos de fuera, otros de origen nacional, y en la introducción

de animales finos, idea esta última preconizada por Rivadavia y que

sólo daría sus resultados esperados, tantos años después.

* * * * *

El estudio de los progresos y mejoras en cada una las industrias,

llevado al detalle, sería fatigoso y en parte extraño á este trabajo.

Me he detenido algo en los de las industrias ganadera y agrícola

por ser éstas las de mayor importancia en nuestro país. Trataré con

brevedad lo que á las otras respecta.

La industria vinícola y la industria azucarera que caracterizan

regiones continuaron sus progresos en cuanto á mejoras en los métodos y

en cuanto á cantidades de productos.

La primera, desde 1890 hizo que la importación de vinos se redujera

considerablemente; la segunda, no solo bastó para el consumo nacional

(no obstante lo cual hubo una pequeña importación) sino que preparó la

plétora que poco después se produjo.

En ambas industrias, los propietarios y trabajadores argentinos, son

más numerosos que los propietarios y trabajadores extranjeros. Tienden

á ser éstas, industria nacionales por excelencia, y las regiones de su

cultivo, muestran al viajero en cuánto adelantan en virtud de tales

producciones.

* * * * *

Respecto de las industrias en general, el censo trae un cuadro del que

tomo estos datos.

RESUMEN DE LAS INDUSTRIAS DE LA REPÚBLICA

Clave

A = Argentinos

B = Extranjeros

+--------------------------------------------------------------------+

| | | Nacionalidad | Personal |

| | Número | de los | empleado |

| Industrias | de | propietarios | |

| | casas +--------^-----------------^--------+

| | | A | B | A | B |

+-----------------------+--------+--------+--------+--------+--------+

|1. Alimentación | 4.082 | 508 | 3.574 | 8.345 | 18.726 |

|2. Vestido y tocador | 5.713 | 647 | 5.066 | 10.414 | 22.185 |

|3. Construcciones | 3.955 | 960 | 2.995 | 12.702 | 17.817 |

|4. Muebles y anexos | 2.259 | 326 | 1.933 | 4.123 | 8.598 |

|5. Artísticos y ornato | 949 | 173 | 776 | 803 | 1.757 |

|6. Metalurgia y anexos | 3.163 | 389 | 2.774 | 4.018 | 10.613 |

|7. Productos químicos | 317 | 56 | 261 | 2.203 | 2.509 |

|8. Gráficos y anexos | 427 | 122 | 305 | 2.558 | 2.522 |

|9. Mixtas y diversas | 1.339 | 317 | 1.022 | 7.190 | 8.567 |

| +--------+--------+--------+--------+--------|

| | 22.204 | 3.498 | 18.706 | 52.356 | 93.294 |

+-----------------------+--------+--------+--------+--------+--------+

Este cuadro muestra á las claras que la industria argentina está

en manos de extranjeros. Los propietarios extranjeros de casas

industriales, son seis veces más que los propietarios argentinos.

Del personal empleado es extranjero, dos terceras partes. En ninguno

de los grupos de industrias hay más propietarios argentinos que

extranjeros; y sólo en las artes gráficas y anexos, los trabajadores

nacionales exceden en una pequeña cifra á los extranjeros, y en número

de alguna consideración en el grupo de «mixtas y diversas».

En algunas industrias en particular, la regla anterior tendrá

excepciones; pero en los grupos de industrias, es tal cual se ha

expresado.

Quiere esto decir que la nacionalización de las industrias está en

plena efervescencia; que tiempo pasará todavía para que se pueda hablar

de industria nacional, entendiendo por tal no ya la de productos

exclusivamente argentinos, sino con referencia á la nacionalidad de

los propietarios. Si la industria es factor determinante en la vida

nacional; si propietarios y operarios en la aplicación de los métodos

distintos, seguidos en países diversos dan á los respectivos trabajos

modalidades características, bien puede decirse que también en esta

materia, la nacionalización se prepara, con cantidad de combinaciones

y formas, en que todas las anteriores tienen cabida, para dar con

el tiempo, su carácter propio, á la que será poderosísima industria

nacional.

5. La ciencia en general, no es sino prolongación de la europea, y

por tal motivo no me detendré en su estudio. Sigue los movimientos de

aquélla, disfruta sus triunfos, se plantea los mismos problemas. Acá y

allá es una sola.

El progreso de las bellas artes, en el sentido de nacionalización del

arte, es desigual, en una y en otra.

Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910) · 第 6 / 10 段