de Buenos Aires; el poder ejecutivo propone al congreso nacional
la restricción del voto en las elecciones municipales á solo los
nacionales; se escribe en contra del extranjerismo. Los extranjeros,
sobre todo los italianos, se sienten ofendidos, reaccionan, y como
en todas las reacciones se va más allá de lo justo, se insulta á los
nacionales y se les desconoce la parte que les correspondía en los
progresos nacionales. El desconocimiento se hace con evidente mala
fe. La exaltación continúa con calmas y recrudescencias, hasta que un
acontecimiento de más importancia, natural é inesperado, desviando el
interés hacia otro punto de mira, hace olvidar aquel estado incómodo
de los espíritus. «Se habían hecho grandes preparativos para la
celebración de la fiesta del 20 de septiembre, cuando un terrible
huracán causó daños enormes á toda la parte sur de la provincia de
Buenos Aires. Entonces las fiestas patrióticas fueron transformadas en
fiestas de la caridad y los italianos se unieron á los argentinos para
concurrir á aliviar las terribles consecuencias de la catástrofe»[56].
Indudablemente la causa de estos hechos no puede tener otro origen que
el temor que hubieron de tener los argentinos de verse desalojados de
la patria con tanto trabajo conquistada y organizada. Y el temor pudo
también no ser inmotivado: los hechos posteriores probaron que no tuvo
motivo alguno, pero en los momentos en que una determinada inmigración
afluye en grande escala, no se puede estar en el interior de las
conciencias de los gobiernos que dirigen el país de procedencia, para
saber si hay honradez de propósitos: prueba ésto, las consecuencias
sufridas por Orange y Transvaal que á sus riquezas de diamantes unían
una codiciosa inmigración inglesa.
El otro hecho, la escasez de naturalizados, tiene á mi juicio varias
causas. El artículo 20 de la constitución nacional, facilita la
adquisición de la ciudadanía á los que la soliciten después de dos años
de residencia en el país y aun menos, cuando se prueben servicios á la
república. La ley de ciudadanía fecha 8 de octubre 1869, ha facilitado
esa adquisición é indicado el procedimiento. Sin embargo, el censo de
1895 tiene este guarismo, exponente de los naturalizados: 1638, cifra
tan pequeña que casi no permite tenérsela en cuenta. ¿Cuáles son las
causas?
En primer lugar, el hecho de que los extranjeros tienen tantos derechos
acordados por la constitución que de poco los aumenta el ser ciudadano.
En segundo, la inercia humana: si se estableciera que son considerados
ciudadanos argentinos los extranjeros con residencia de 5, 10, 20 años,
que no manifiesten voluntad contraria, el censo habría revelado muchos
miles de naturalizados.
En tercer término, el poco cuidado con que se conceden las cartas de
ciudadanía; la carta de ciudadanía debe ser acordada como un honor,
como lo era en la antigua Roma: cualquier extranjero honrado que ve la
manera en que, sea por culpa de los hombres ó por culpa de la ley se
conceden cartas de ciudadanía á los elementos extranjeros más bajos é
inconscientes, en las proximidades de las elecciones é inscripciones
cívicas, prefiere no colocarse en igual rango que ese elemento. Y así
se pierden buenos ciudadanos y se adquiere sólo la escoria venal.
Es así que miles de extranjeros son argentinos de corazón, son
padres de argentinos, están vinculados íntimamente á nuestra vida y
sin embargo no tienen carta de ciudadanía, ni la ley los reconoce
ciudadanos.
Las páginas que anteceden dicen á las claras que tampoco en el período
á que este capítulo se refiere, quedó terminada la formación de la
nacionalidad argentina, de la nueva raza histórica. La germinación
continúa, pero falta mucho para que la constitución quede acabada.
2. La vida política, económica é industrial, acompaña las
transformaciones: unas veces con relación á ella, otras veces sin
relación directa.
Encierra el tiempo comprendido entre los dos censos nacionales, casi
todo el período presidencial de Sarmiento, el de Avellaneda, Roca,
Juárez Celman-Pellegrini, Saenz Peña-Uriburu. Época de luchas políticas
cruentas, que tiene en su triste haber, la revolución de López Jordán,
la de Mitre contra Sarmiento, de Tejedor contra Avellaneda y Roca,
que dió Buenos Aires á la nación, deshaciendo el resto de localismos
existentes; la revolución de 1890, las innumerables intervenciones á
las provincias para dar término á revoluciones locales ó á desacuerdos
entre poderes. Hechos todos que demuestran que la conciencia de los
deberes ciudadanos, el respeto á las instituciones y á la patria, eran
desconocidos por pueblos ó gobiernos; en una palabra, que las ideas de
gobierno y administración no habían adquirido fundamentos sólidos y que
la transformación era también necesaria á este respecto.
* * * * *
La vida económica debió soportar el contragolpe de aquellas
situaciones, y se tuvo el problema financiero como una de las
cuestiones más graves de que debieron ocuparse los gobiernos.
Durante la presidencia de Sarmiento, los gastos públicos aumentaron en
proporciones considerables, pero la renta pública aumentada también en
proporción parecida, impidió el desequilibrio. Data de esta época la
fundación del Banco Nacional con el principal propósito de dar un corte
á la anarquía monetaria del interior.
En los primeros años del período del doctor Avellaneda, se produce una
violenta crisis: el medio circulante, elevado á grandes cantidades, y
el fácil crédito, su concomitante, produjeron la suba de los valores.
Poco después los billetes de los bancos Nacional y de la Provincia,
eran inconvertibles; el malestar económico denunció los perjuicios que
tal situación acarreaba. Avellaneda con una tenacidad y patriotismo que
no han sido tenidos suficientemente en cuenta, se propuso legar á las
futuras generaciones el recuerdo de un gobierno ejemplar en los manejos
de los dineros públicos; se ahorró por todos los medios; se suspendió
la ejecución de las obras públicas que no se reputaron indispensables,
se disminuyeron los sueldos, se aligeró el presupuesto en todas las
formas imaginables.
No sucedió otro tanto con la presidencia de Roca; del trabajo del
doctor Terry citado, tomo estos y siguientes significativos datos:
Deuda consolidada 1880 57.079.000
-- 1884 122.603.000
_Gastos_: Presupuesto 1881 19.836.000
-- 1885 43.000.000
_Renta_ 1881 24.000.000
-- 1884 37.000.000
La renta aumenta de continuo, pero ya no existe el equilibrio; los
gastos no están en proporción y como lógica consecuencia, la deuda
continúa en aumento. Comienza la desconfianza; los giros y extracciones
representan enormes sumas, los bancos son impotentes para sostenerse y
se produce de nuevo la inconversión.
Llega luego la presidencia de Juárez Celman: el país próspero hace
que la renta pública aumente cada vez más; en el primer año de este
gobierno ella representa 57.000.000; renace la tranquilidad y se fundan
nuevos bancos. Pero desgraciadamente el fenómeno del desequilibrio en
los gastos se repite. El presupuesto de gastos es enorme, y si es de
47.000.000 de pesos lo que se presupuesta para gastos, esa cifra no
es sino aparente, pues hay cerca de 26.000.000 de pesos que se gastan
fuera de presupuesto. Las circulaciones fiduciarias abundan nuevamente
y los grandes negocios se suceden hasta 1890 en que el presupuesto se
ha elevado á 71.469.000 pesos y la deuda pública á 355.000.000 de
pesos. Vuelve la desconfianza, el malestar y por fin la revolución.
En las dos presidencias siguientes, de Pellegrini y Sáenz Peña, la
situación se remedió en lo que se pudo, y la marcha económica del
país fué regular; no obstante, datan de la época otras emisiones y
empréstitos que se agregaron á los anteriores.
En la misma situación se encontró el país en la presidencia de Uriburu,
en la que los presupuestos tuvieron además que soportar los gastos
impuestos por la necesidad de la provisión de armamentos para una
guerra que se creía próxima.
Á pesar de tantas novedades en materia financiera el país prosperó
mucho, pero el crédito externo se había resentido, y pasarían largos
años antes de que el nombre argentino no despertara irónicos recuerdos
en los hombres de banca de Europa.
3. Entre todas las manifestaciones de progreso ocupan lugar importante
las vías de comunicación, y sobre todo los ferrocarriles. El adelanto
de las ciudades, pueblos y colonias, precedía algunas veces al mayor
desarrollo de aquéllas; otras, iban primero las vías atravesando
soledades, y eran fecundas, pues que pronto surgían á sus lados
colonias y sembradíos, signos del progreso de las regiones.
Hemos visto cuál era el estado de las vías de comunicación en 1869;
desde esa época su desarrollo sigue en progresión geométrica. El mayor
progreso corresponde á los ferrocarriles: En 1880, los ferrocarriles
que cruzan la provincia de Buenos Aires permiten trasladarse hasta
Campana por el norte, por el sur hasta Dolores, por el centro hasta el
Azul y por el oeste hasta Bragado. Buenos Aires se une con Tucumán,
y por el oeste con Villa Mercedes. En la siguiente década, de 1880 á
1890, los ferrocarriles unen la capital á Bahía Blanca, Mar del Plata y
Tres Arroyos, Pehuajó, Pergamino, Junín y San Nicolás. En Santa Fe se
llega hasta Calchaquies, cerca del Chaco; San Luis, Mendoza, San Juan,
Salta, Santiago del Estero tienen este medio de comunicación con la
capital; en el litoral, Ceibo se une á Concordia, Paraná á Concepción
del Uruguay, Villaguay á Gualeguaychú. Todo este conjunto formaba un
total de 9453 kilómetros en explotación.
El segundo censo nacional trae en materia de ferrocarriles cifras
y datos hasta 1898. En 1896, los kilómetros de vías férreas en
explotación sumaban 14.462; el 1^o de enero de 1898 eran 14.799.
Agregándose á esta cantidad la que proporcionaron las líneas
secundarias y tramways á vapor se llegó á un total de 15.245. La
cifra fué pequeña sin duda, en proporción á los inmensos territorios
argentinos, pero de considerable importancia como exponente de progreso
en el espacio de tiempo intercensal. La importancia del capital y del
brazo extranjero en esta materia, es tan evidente que hace innecesaria
cualquier argumentación á su respecto. Es el capital extranjero, sobre
todo el capital inglés el que ha impulsado aquellas construcciones;
son extranjeros en su mayor parte los que las han dirigido y millares
de peones extranjeros se han unido á los argentinos en los trabajos
materiales.
En lo que á tramways se refiere, debo recordar que en 1873 los tuvieron
también Rosario y Paraná; después se establecieron en las otras
ciudades y el censo de 1895 comprobó su existencia en 19 poblaciones
correspondientes á once provincias. Las empresas eran 39: 28 eran
argentinas, teniendo como tales á las sociedades anónimas, y 11
extranjeras.
Las mensajerías eran atendidas por 179 empresas y las galeras y
diligencias cruzaban también innumerables regiones completando los
beneficios del ferrocarril ó reemplazando á éste en aquellas á que aun
no había llegado.
Agréguese á todo esto que las comunicaciones marítimas con
Europa, Uruguay, litoral y Paraguay, habían realizado notables
perfeccionamientos, respondiendo á las exigencias cada vez mayores, del
transporte de pasajeros, del comercio y de la inmigración.
El correo sigue las vías de comunicación: va en los ferrocarriles,
aprovecha los vapores, las mensajerías lo conducen; se desarrolla en
toda la república y una modesta estampilla de pocos centavos permite
enviar noticias á las más apartadas regiones.
Completan estos datos los que se refieren á telégrafos y teléfonos:
en la presidencia de Sarmiento se estableció el cable á Europa. Las
empresas ferrocarrileras colocaron telégrafos á lo largo de las vías;
el segundo censo dió una red telegráfica de 40.814 kilómetros. Las
compañías de teléfonos á su vez, se multiplicaron: en 1896, eran 41: 33
propiedad de argentinos y 8 de extranjeros.
La reflexión sobre tanto progreso y el estudio del origen de cada
empresa, da una lección provechosa del valor que tienen las ideas
y los conocimientos de las viejas civilizaciones para los pueblos
en formación; de cómo el bien entendido patriotismo no consiste en
cerrar las puertas á las industrias, á las ciencias y á los hombres
de otras razas y naciones. Antes bien, consiste--y acordarán en ello
altruistas y egoístas--en aprovecharles, dejándoles que aprovechen.
Las empresas ferrocarrileras habrán extraído muchos millones de pesos
á los argentinos para pasarlos á manos de accionistas ingleses:
es cierto, los extranjeros han venido buscando su interés y no el
nuestro; es innegable y es humano; pero en cambio, han hecho nuestras
comunicaciones más fáciles, han acortado las distancias, han permitido
é impulsado el generar de pueblos; y los adelantos quedan y valen mucho
más que lo que se va. Bienvenidos sean capitales y brazos extranjeros;
bienvenidos sus propósitos de enriquecimiento; que lo consigan, pues
que al hacerlo, facilitan el nuestro!
Unas veces adelantándose á los hechos, otras concomitantes con ellos,
congresos, presidentes y ministros, proyectaron leyes que pronto
obtuvieron sanciones. Aparte de las que ya he citado, conviene recordar
aquí que en materia de comunicaciones, se dictó en 1872 la ley de
ferrocarriles que estuvo en vigencia hasta 1891 en que se dictó la
ley número 2873 que con la reglamentación de 1894 rige actualmente.
De 8 de octubre de 1875 data la ley 750, de telégrafos, reformada
en un artículo en 1889. Además, la República Argentina adhirió á la
convención de la Unión telegráfica internacional. Asimismo forma parte
de la Unión postal universal y ha celebrado diversas convenciones
postales. La ley de correos sancionada en 1876 rige en la actualidad.
* * * * *
En materia de comercio, nada tan claro como las cifras para indicar los
progresos. Los datos del censo nacional de 1895, completados con los
estudios y trabajos que publica la división de comercio é industria,
dirigida por don Ricardo Pillado, informan al detalle. Baste establecer
que en 1895 el valor de la importación alcanzó á la suma de 205.154.420
pesos oro; el de la exportación á 322.843.841 pesos oro quedando por
consiguiente un saldo á favor del país de 117.689.421. Débese hacer
constar, sin embargo, por respeto á la verdad, que ese saldo fué
excesivo en relación á los saldos de años anteriores y posteriores,
no porque hubiera en ellos diferencia apreciable en las cifras de
importación sino porque la hubo en las exportaciones. Los principales
capítulos, casi el total de la exportación, los dan los productos de
la ganadería y de la agricultura. Los de la importación, las materias
textiles, los artículos de locomoción y transportes, los materiales de
construcción y los artefactos de hierro.
Como disposiciones legales que al comercio se refieren, recuérdese que
en 1876 se dictó la ley general de marcas de fábrica, que rige aun,
con las modificaciones introducidas en 1900. Desde 1899, la Argentina
adhirió á las disposiciones tomadas en esta materia por el Congreso de
derecho internacional privado, reunido en Montevideo.
4. Hemos hecho ya referencia á las disposiciones tomadas para la
introducción de inmigrantes agricultores, de las medidas puestas en
práctica para conseguir la formación de colonias, y al número de éstas
que existían en la fecha del segundo censo. Débese aquí agregar las
cifras que completan la demostración de los progresos: Hectáreas
cultivadas en 1872, 580.008; en 1888, 2.459.120; en 1895, 4.892.005.
Buenos Aires, el litoral, Córdoba, Mendoza, San Juan y Tucumán, son
los mayores contribuyentes y como expansión de estas, comienza en la
época á adquirir importancia la agricultura de Santiago del Estero,
San Luis y La Pampa. El trigo, maíz, pasto seco y lino, en el orden de
enumeración, son los cultivos predilectos según las estadísticas.
Con el desarrollo de las colonias, con la especialización en los
cultivos, llegaron las mejoras en los instrumentos de labranza, que
disminuyen el trabajo, multiplican los rendimientos, y hacen de este
modo más fácil y agradable la vida del agricultor. Con el desarrollo
de la agricultura vino también la subdivisión de la propiedad. Las
estancias cedieron los lugares vecinos á las grandes ciudades para que
los ocuparan quintas y chacras; aumentó así el número de propietarios
y se facilitó el arraigo de los extranjeros al suelo. Estos se
establecieron de un modo definitivo en general: propiedad y familia
son sólidos vínculos; el tiempo los hace más fuertes y la nación gana
nuevos trabajadores, que serán padres de futuros ciudadanos.
* * * * *
Los progresos ganaderos deben entenderse en el sentido de la mejora
del producto: con esto se consigue mejor rendimiento y colocación en
el mercado universal. En 1895, los animales argentinos no se criaban
solo en grandes potreros, sin cuidado alguno. Desde tiempo atrás, en
estancias y cabañas se cuidaban animales seleccionados que servirían
para la reproducción. En ferias y exposiciones se obtenían ya altos
precios y los buenos resultados estimulaban al trabajo. Se combatía
así también la degeneración del ganado criollo, tantas veces afirmada
aunque no probada aún de una manera positiva.
El ganado en las estancias mejoró; es que ya los estancieros no son
sólo los hijos rebeldes de familias pudientes, ó los criollos reacios
á otras faenas, como pudo acaecer en otros tiempos; hay entre ellos
cantidad de individuos que han educado su mente, y la educación en
una disciplina cualquiera, la ha ampliado facilitando la comprensión
de otras ideas. Son hombres pudientes que unen á éstos, otros
conocimientos; más aun, en la fecha comienza la tendencia á encomendar
el cuidado y dirección de las estancias y establecimientos rurales, á
especialistas que harán ciencia del oficio y substituirán los viejos
sistemas por los que los conocimientos científicos, el estudio y la
experiencia proporcionan.
El progreso ha consistido, pues, en el mejoramiento de los animales.
En cuanto al número, las grandes exportaciones no han permitido que la
cifra de existencia en el territorio, aumentara. Más aun, se notaba
en la época, una tendencia á la disminución. El censo de 1895 hace
comparaciones numéricas con los datos de 1888 y contiene estas cifras:
1888 1895
Ganado vacuno 21.961.657 21.701.526
-- caballar 4.234.032 4.446.212
-- asnal y mular 417.494 483.369
-- lanar 66.706.097 74.379.562
-- porcino 393.758 652.766
-- cabrío 1.894.386 2.748.860
datos que ponen en evidencia las afirmaciones que acabo de hacer. El
ganado lanar y el cabrío habían aumentado sin embargo á pesar del gran
consumo y exportación que se hace del primero. Inundaciones, secas y
pestes, redujeron después ese número de ganado lanar, haciéndolo entrar
también en la regla de la disminución que se notó en las demás especies
de ganado.
En cambio el mestizaje y la pureza aumentaron; de una fecha á la otra,
el ganado vacuno tuvo un aumento de 1.289.547 en los mestizos y de
34.358 en los puros; el caballar, de 155.976 mestizos y 10,620 puros;
el lanar, de 14.103.316 mestizos y disminución en 45.698 puros; en fin
el porcino, aumentó en 67.041 mestizos y 10.105 puros.
En cuanto á la distribución geográfica de los animales, el este ó
litoral, lleva enormes ventajas al resto de la nación, salvo para el
ganado mular y asnal en los que las del oeste ó andinas ocupan el
primer puesto á causa de la forma territorial que hace indispensable
esa cría en aquellas regiones.
Como resumen, repito, pues, que los progresos en esta materia han
consistido en la aplicación de métodos de cuidado de animales, métodos
unos traídos de fuera, otros de origen nacional, y en la introducción
de animales finos, idea esta última preconizada por Rivadavia y que
sólo daría sus resultados esperados, tantos años después.
* * * * *
El estudio de los progresos y mejoras en cada una las industrias,
llevado al detalle, sería fatigoso y en parte extraño á este trabajo.
Me he detenido algo en los de las industrias ganadera y agrícola
por ser éstas las de mayor importancia en nuestro país. Trataré con
brevedad lo que á las otras respecta.
La industria vinícola y la industria azucarera que caracterizan
regiones continuaron sus progresos en cuanto á mejoras en los métodos y
en cuanto á cantidades de productos.
La primera, desde 1890 hizo que la importación de vinos se redujera
considerablemente; la segunda, no solo bastó para el consumo nacional
(no obstante lo cual hubo una pequeña importación) sino que preparó la
plétora que poco después se produjo.
En ambas industrias, los propietarios y trabajadores argentinos, son
más numerosos que los propietarios y trabajadores extranjeros. Tienden
á ser éstas, industria nacionales por excelencia, y las regiones de su
cultivo, muestran al viajero en cuánto adelantan en virtud de tales
producciones.
* * * * *
Respecto de las industrias en general, el censo trae un cuadro del que
tomo estos datos.
RESUMEN DE LAS INDUSTRIAS DE LA REPÚBLICA
Clave
A = Argentinos
B = Extranjeros
+--------------------------------------------------------------------+
| | | Nacionalidad | Personal |
| | Número | de los | empleado |
| Industrias | de | propietarios | |
| | casas +--------^-----------------^--------+
| | | A | B | A | B |
+-----------------------+--------+--------+--------+--------+--------+
|1. Alimentación | 4.082 | 508 | 3.574 | 8.345 | 18.726 |
|2. Vestido y tocador | 5.713 | 647 | 5.066 | 10.414 | 22.185 |
|3. Construcciones | 3.955 | 960 | 2.995 | 12.702 | 17.817 |
|4. Muebles y anexos | 2.259 | 326 | 1.933 | 4.123 | 8.598 |
|5. Artísticos y ornato | 949 | 173 | 776 | 803 | 1.757 |
|6. Metalurgia y anexos | 3.163 | 389 | 2.774 | 4.018 | 10.613 |
|7. Productos químicos | 317 | 56 | 261 | 2.203 | 2.509 |
|8. Gráficos y anexos | 427 | 122 | 305 | 2.558 | 2.522 |
|9. Mixtas y diversas | 1.339 | 317 | 1.022 | 7.190 | 8.567 |
| +--------+--------+--------+--------+--------|
| | 22.204 | 3.498 | 18.706 | 52.356 | 93.294 |
+-----------------------+--------+--------+--------+--------+--------+
Este cuadro muestra á las claras que la industria argentina está
en manos de extranjeros. Los propietarios extranjeros de casas
industriales, son seis veces más que los propietarios argentinos.
Del personal empleado es extranjero, dos terceras partes. En ninguno
de los grupos de industrias hay más propietarios argentinos que
extranjeros; y sólo en las artes gráficas y anexos, los trabajadores
nacionales exceden en una pequeña cifra á los extranjeros, y en número
de alguna consideración en el grupo de «mixtas y diversas».
En algunas industrias en particular, la regla anterior tendrá
excepciones; pero en los grupos de industrias, es tal cual se ha
expresado.
Quiere esto decir que la nacionalización de las industrias está en
plena efervescencia; que tiempo pasará todavía para que se pueda hablar
de industria nacional, entendiendo por tal no ya la de productos
exclusivamente argentinos, sino con referencia á la nacionalidad de
los propietarios. Si la industria es factor determinante en la vida
nacional; si propietarios y operarios en la aplicación de los métodos
distintos, seguidos en países diversos dan á los respectivos trabajos
modalidades características, bien puede decirse que también en esta
materia, la nacionalización se prepara, con cantidad de combinaciones
y formas, en que todas las anteriores tienen cabida, para dar con
el tiempo, su carácter propio, á la que será poderosísima industria
nacional.
5. La ciencia en general, no es sino prolongación de la europea, y
por tal motivo no me detendré en su estudio. Sigue los movimientos de
aquélla, disfruta sus triunfos, se plantea los mismos problemas. Acá y
allá es una sola.
El progreso de las bellas artes, en el sentido de nacionalización del
arte, es desigual, en una y en otra.