=La discordia sigue creciendo=
[20] Una nueva tentativa de ver a su prima Rosario fracasó
al caer de la tarde. Pepe Rey se encerró en su cuarto para
escribir varias cartas, y no podía apartar de su mente una
idea fija.
--Esta noche o mañana--decía,--se acabará esto de
[25] una manera o de otra.
Cuando le llamaron para la cena, doña Perfecta se dirigió
a él en el comedor, diciéndole de buenas a primeras:
--Querido Pepe, no te apures, yo aplacaré al Sr. D.
Inocencio... Ya estoy enterada. María Remedios, que
[30] acaba de salir de aquí, me lo ha contado todo.
El semblante de la señora irradiaba satisfacción, semejante 98
a la de un artista orgulloso de su obra.
--¿Qué?
--Yo te disculparé, hombre. Tomarías algunas copas
[5] en el Casino, ¿no es esto? He aquí el resultado de las
malas compañías. ¡D. Juan Tafetán, las Troyas!...
Esto es horrible, espantoso. ¿Has meditado bien?...
--Todo lo he meditado, señora--repuso Pepe, decidido
a no entrar en discusiones con su tía.
[10] --Me guardaré muy bien de escribirle a tu padre lo que
has hecho.
--Puede usted escribirle lo que guste.
--Vamos: te defenderás desmintiéndome.
--Yo no desmiento.
[15] --Luégo confiesas que estuviste en casa de esas....
--Estuve.
--Y que les diste media onza, porque, según me ha dicho
María Remedios, esta tarde bajó Florentina a la tienda del
extremeño a que le cambiaran media onza. Ellas no podían
[20] haberla ganado con su costura. Tú estuviste hoy en casa
de ellas; luégo....
--Luégo yo se la di. Perfectamente.
--¿No lo niegas?
--¡Qué he de negarlo! Creo que puedo hacer de mi
[25] dinero lo que mejor me convenga.
--Pero de seguro sostendrás que no apedreaste al señor
Penitenciario.
--Yo no apedreo.
--Quiero decir que ellas en presencia tuya....
[30] --Eso es otra cosa.
--E insultaron a la pobre María Remedios.
--Tampoco lo niego.
--¿Y cómo justificarás tu conducta? Pepe... por Dios.--No
dices nada; no te arrepientes, no protestas... no....
--Nada, absolutamente nada, señora. 99
--Ni siquiera procuras desagraviarme.
--Yo no he agraviado a usted....
--- Vamos, ya no te falta más que... Hombre, coge
[5] ese palo y pégame.
--Yo no pego.
--¡Qué falta de respeto! ¡qué!... ¿No cenas?
--Cenaré.
Hubo una pausa de más de un cuarto de hora. D. Cayetano,
[10] doña Perfecta y Pepe Rey comían en silencio. Éste
se interrumpió cuando D. Inocencio entró en el comedor.
--¡Cuánto lo he sentido, Sr. D. José de mi alma!...
Créame usted que lo he sentido de veras--dijo estrechando
la mano al joven y mirándole con expresión de lástima.
[15] El ingeniero no supo qué contestar; tanta era su
confusión.
--Me refiero al suceso de esta tarde.
--¡Ah!... ya.
--A la expulsión de usted del sagrado recinto de la
[20] iglesia catedral.
--El señor obispo--dijo Pepe Rey,--debía pensarlo
mucho antes de arrojar a un cristiano de la iglesia.
--Y es verdad, yo no sé quién le ha metido en la cabeza
a Su Ilustrísima que usted es hombre de malísimas costumbres;
[25] yo no sé quién le ha dicho que usted hace alarde de
ateísmo en todas partes; que se burla de las cosas y personas
sagradas, y aun que proyecta derribar la catedral
para edificar con sus piedras una gran fábrica de alquitrán.
Yo he procurado disuadirle; pero Su Ilustrísima es un poco
[30] terco.
--Gracias por tanta bondad.
--Y eso que el señor Penitenciario no tiene motivos para
guardarte tales consideraciones. Por poco más le dejan en
el sitio esta tarde.
--¡Bah!... ¿pues qué?--dijo el sacerdote riendo.--¿Ya 100
se tiene aquí noticia de la travesurilla?... Apuesto
a que María Remedios vino con el cuento. Pues se lo
prohibí, se lo prohibí de un modo terminante. La cosa en
[5] sí no vale la pena, ¿no es verdad, Sr. de Rey?
--Puesto que usted lo juzga así....
--Ése es mi parecer. Cosas de muchachos... La
juventud, digan lo que quieran los modernos, se inclina
al vicio y a las acciones viciosas. El Sr. D. José, que es
una persona de grandes prendas, no podía ser perfecto...
¿qué tiene de particular que esas graciosas niñas le sedujeran,
y después de sacarle el dinero le hicieran cómplice
de sus desvergonzados y criminales insultos a la vecindad?
Querido amigo mío, por la dolorosa parte que me cupo en
[15] los juegos de esta tarde--añadió, llevándose la mano a la
región lastimada,--no me doy por ofendido, ni siquiera
mortificaré a usted con recuerdos de tan desagradable incidente.
He sentido verdadera pena al saber que María
Remedios había venido a contarlo todo... Es tan chismosa
[20] mi sobrina... Apostamos a que también contó lo
de la media onza, y los retozos de usted con las niñas en el
tejado, y las carreras y pellizcos, y el bailoteo de D. Juan
Tafetán... ¡Bah! estas cosas debieran quedarse en
secreto.
[25] Pepe Rey no sabía lo que le mortificaba más, si la severidad
de su tía o las hipócritas condescendencias del
canónigo.
--¿Por qué no se han de decir?--indicó la señora.--Él
mismo no parece avergonzado de su conducta. Sépanlo
[30] todos. Únicamente se guardará secreto de esto a mi querida
hija, porque en su estado nervioso son temibles los
accesos de cólera.
--Vamos, que no es para tanto, señora--añadió el Penitenciario.--Mi
opinión es que no se vuelva a hablar del
asunto, y cuando esto lo dice el que recibió la pedrada, los 101
demás pueden darse por satisfechos... Y no fué broma
lo del trastazo, Sr. D. José, pues creí que me abrían un
boquete en el casco y que se me salían por él los sesos....
[5] --¡Cuánto siento este incidente!...--balbució Pepe
Rey.--Me causa verdadera pena, a pesar de no haber
tomado parte....
--La visita de usted a esas señoras Troyas llamará la
atención en el pueblo--dijo el canónigo.--Aquí no estamos
[10] en Madrid, señores, aquí no estamos en ese centro de
corrupción, de escándalo....
--Allá puedes visitar los lugares más inmundos--manifestó
doña Perfecta,--sin que nadie lo sepa.
--Aquí nos miramos mucho--prosiguió D. Inocencio.--Reparamos
[15] todo lo que hacen los vecinos, y con tal sistema
de vigilancia, la moral pública se sostiene a conveniente
altura... Créame usted, amigo mío, créame usted, y no
digo esto por mortificarle; usted ha sido el primer caballero
de su posición que a la luz del día... el primero, sí señor
[20] ... _Trojae qui primus ab oris_.
Después se echó a reír, dando algunas palmadas en la
espalda al ingeniero en señal de amistad y benevolencia.
--¡Cuán grato es para mí--dijo el joven, encubriendo
su cólera con las palabras que creyó más propias para contestar
[25] a la solapada ironía de sus interlocutores,--ver tanta
generosidad y tolerancia, cuando yo merecía por mi
criminal proceder!....
--¿Pues qué? A un individuo que es de nuestra propia
sangre y que lleva nuestro mismo nombre--dijo doña Perfecta,--¿se
[30] le puede tratar como a un cualquiera? Eres
mi sobrino, eres hijo del mejor y más santo de los hombres,
mi querido hermano Juan, y esto basta. Ayer tarde estuvo
aquí el secretario del señor obispo, a manifestarme que Su
Ilustrísima está muy disgustado porque te tengo en mi casa.
--¿También eso?--murmuró el canónigo. 102
--También eso. Yo dije que, salvo el respeto que el
señor obispo me merece y lo mucho que le quiero y reverencio,
mi sobrino es mi sobrino, y no puedo echarle de mi
[5] casa.
--Es una nueva singularidad que encuentro en este país--dijo
Pepe Rey, pálido de ira.--Por lo visto, aquí el
obispo gobierna las casas ajenas.
--Él es un bendito. Me quiere tanto, que se le figura
[10] ... se le figura que nos vas a comunicar tu ateísmo, tu
despreocupación, tus raras ideas... Yo le he dicho repetidas
veces que tienes un fondo excelente.
--Al talento superior debe siempre concedérsele algo--manifestó
D. Inocencio.
[15] --Y esta mañana, cuando estuve en casa de las de Cirujeda,
¡ay! tú no puedes figurarte cómo me pusieron la
cabeza... Que si habías venido a derribar la catedral;
que si eras comisionado de los protestantes ingleses para ir
predicando la herejía por España; que pasabas la noche
[20] entera jugando en el Casino; que salías borracho...
"Pero señoras--les dije,--¿quieren ustedes que yo envíe
a mi sobrino a la posada?" Además, en lo de las embriagueces
no tienen razón, y en cuanto al juego, no sé que
jugaras hasta hoy.
[25] Pepe Rey se hallaba en esa situación de ánimo en que el
hombre más prudente siente dentro de sí violentos ardores
y una fuerza ciega y brutal que tiende a estrangular, abofetear,
romper cráneos y machacar huesos. Pero doña
Perfecta era señora y además su tía, D. Inocencio era
[30] anciano y sacerdote. Además de esto las violencias de
obra son de mal gusto e impropias de personas cristianas
y bien educadas. Quedaba el recurso de dar libertad a su
comprimido encono por medio de la palabra manifestada
decorosamente y sin faltarse a sí mismo; pero aun le pareció
prematuro este postrer recurso, que no debía emplear, 103
según su juicio, hasta el instante de salir definitivamente de
aquella casa y de Orbajosa. Resistiendo, pues, el furibundo
ataque, aguardó.
[5] Jacinto llegó cuando la cena concluía.
--Buenas noches, Sr. D. José...--dijo, estrechando
la mano del joven.--Usted y sus amigas no me han dejado
trabajar esta tarde. No he podido escribir una línea.¡Y
tenía que hacer!...
[10] --¡Cuánto lo siento, Jacinto! Pues, según me dijeron,
usted las acompaña algunas veces en sus juegos y retozos.
--¡Yo!--exclamó el rapaz, poniéndose como la grana.--¡Bah!
bien sabe usted que Tafetán no dice nunca palabra
de verdad... ¿Pero es cierto, Sr. de Rey, que se
[15] marcha usted?
--¿Lo dicen por ahí?...
--Sí; lo he oído en el Casino, en casa de D. Lorenzo
Ruiz.
Rey contempló durante un rato las frescas facciones de
[20] _D. Nominavito_. Después dijo:
--Pues no es cierto. Mi tía está muy contenta de mí;
desprecia las calumnias con que me están obsequiando los
orbajosenses... y no me arrojará de su casa, aunque en
ello se empeñe el señor obispo.
[25] --Lo que es arrojarte... jamás. ¡Qué diría tu
padre!...
--A pesar de sus bondades, queridísima tía, a pesar de
la amistad cordial del señor canónigo, quizás decida yo
marcharme....
[30] --¡Marcharte!
--¡Marcharse usted!
En los ojos de doña Perfecta brilló una luz singular. El
canónigo, a pesar de ser hombre muy experto en el disimulo,
no pudo ocultar su júbilo.
--Sí; y tal vez esta misma noche.... 104
--¡Pero hombre, qué arrebatado eres!... ¿Por qué
no esperas siquiera a mañana temprano?... A ver...
Juan, que vayan a llamar al tío Licurgo para que prepare
[5] la jaca.... Supongo que llevarás algún fiambre....
¡Nicolasa!... ese pedazo de ternera que está en el
aparador.... Librada, la ropa del señorito....
--No, no puedo creer que usted tome determinación tan
brusca--dijo D. Cayetano, creyéndose obligado a tomar
[10] alguna parte en aquella cuestión.
--¿Pero volverá usted... no es eso?--preguntó el
canónigo.
--¿A qué hora pasa el tren de la mañana?--preguntó
doña Perfecta, por cuyos ojos claramente asomaba la febril
[15] impaciencia de su altura.
--Sí, me marcho esta misma noche.
--Pero hombre, si no hay luna.
En el alma de doña Perfecta, en el alma del Penitenciario,
en la juvenil alma del doctorcillo retumbaron como una
[20] armonía celeste estas palabras: "esta misma noche."
--Por supuesto, querido Pepe, tú volverás.... Yo he
escrito hoy a tu padre, a tu excelente padre....--exclamó
doña Perfecta, con todos los síntomas fisiognómicos que
aparecen cuando se va a derramar una lágrima.
[25] --Molestaré a usted con algunos encargos--manifestó
el sabio.
--Buena ocasión para pedir el cuaderno que me falta de
la obra del abate Gaume--indicó el abogadejo.
--Vamos, Pepe, que tienes unos arrebatos y unas salidas--murmuró
[30] la señora sonriendo, con la vista fija en la
puerta del comedor.--Pero se me olvidaba decirte que
Caballuco está esperando para hablarte.
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