„Entre las muchas cosas que me ocurren, y que vosotros habreis

conocido ú oido decir, os añadiré y referiré algunas pocas. Hasta las

aguas padecen vicisitudes, y mudan sus cualidades y figuras. La que

mana en la fuente que está junto al templo de Júpiter Ammon al medio

dia está fria, y caliente al salir y ponerse el sol. En los pueblos

Atamanes[156] se cuenta haber una fuente, la cual cuando la luna está

en su menor luz enciende y hace arder los maderos que arrojan en ella.

Los Cicones[157] tienen un rio, cuya agua petrifica las entrañas del

que la bebe, y convierte en piedra lo que con ella se rocía ó toca.

El rio Crati y el Sibari,[158] que no está muy distante de estas

playas, tienen la virtud de volver los cabellos color de oro ó ámbar.

Pero lo que es aun mas de admirar es que hay aguas que no solo mudan

los cuerpos, sino tambien los ánimos. ¿Quién no ha oido hablar de la

fuente Salmacis,[159] que vuelve afeminados á todos los que se bañan en

ella? Tambien hay un lago en Etiopia, en el cual si alguno bebe, ó se

enfurece, ó padece un sueño de maravillosa pesadez. Cualquiera que bebe

el agua de la fuente de Clitorio[160] aborrece el vino, solo le gusta

abstenerse de él, y beber agua pura; lo que procede ó de que hay en

dicha fuente alguna virtud contraria al calor del vino,[161] ó de que,

segun lo cuentan los naturales de aquel pais, el hijo de Amitaon,[162]

despues que por virtud de los encantos y las yerbas curó y libertó de

la locura y furor á las hijas de Preto, arrojó en aquellas aguas los

humores de que las purgó el celebro, con lo que contrajeron la virtud y

eficacia de aborrecer el vino. Las aguas del rio Lincesto[163] corren

con una virtud contraria á las de la fuente Clitorio, pues el que bebe

con abundancia de ellas se emborracha como si hubiera bebido vino puro.

En Arcadia hay un lago, que los antiguos llamaban el lago de Feneo,

cuyas aguas son perniciosas bebidas de noche, y de dia no hacen daño. Á

este modo los lagos y los rios tienen diversas y opuestas virtudes. En

lo antiguo la isla llamada Ortigia[164] andaba flotando sobre las aguas

como una nave, y ahora está inmóvil y fija. El navío Argo temió en otro

tiempo á las Simplegades, esparcidas con el concurso de las quebradas

olas, las cuales ahora son islas firmes, y capaces de resistir á toda

la impetuosidad de los vientos. El Etna, que arde y arroja erupciones

de azufre encendido, no arderá siempre, porque no siempre hubo en él

fuego ni estuvo encendido. Porque bien sea que conceptuemos á la tierra

un grande animal que vive y respira llamas por algunos sitios, puede

trocar cada vez que se conmueve las bocas y caminos de su respiracion,

cerrar las antiguas cavernas, y abrir en otras partes otras nuevas.

Bien sea que opinemos que los vientos encerrados en las mas profundas

cavernas de la tierra agitan las piedras unas con otras y las materias

inflamables, y con estas agitaciones las encienden, luego que llegue el

tiempo de que dichos vientos se aplaquen y apacigüen, cesará el fuego,

y las cavernas subterráneas se quedarán frias: y por último bien sea

que opinemos que los fuegos subterráneos se ceban y nutren por los

betunes y azufres que hay en la tierra, luego que estos se consuman

con el largo tiempo, y falte la materia y alimento á las llamas

consumidoras, faltará el fuego, y se apagará él mismo por falta de

materia en que cebar su hambre devoradora. Se dice que los que habitan

en el monte Palene, que está en la region de los Hiperboreos,[165] si

se bañan nueve veces en el lago Triton, se les puebla de plumas todo

el cuerpo. No tengo por creible lo que acabo de referir, ni tampoco lo

que se cuenta de las mugeres de Escitia, que untándose con el zumo de

ciertas yerbas venenosas sus cuerpos, les nacen plumas, y se convierten

tambien en aves. Pero no por esto se ha de dejar de dar crédito á las

cosas que califica la experiencia, la cual nos está manifestando que

al paso que los cadáveres de los animales se van corrompiendo con

el tiempo y por su cálido humor, se convierten en gusanos y otros

insectos. Haced la experiencia en un novillo (cosa es que está bien

conocida por repetidos egemplares); matadle, y despues tenedle guardado

y encerrado hasta que se corrompa, y de él nacerán y saldrán laboriosas

abejas,[166] que siguiendo la inclinacion del padre de quien nacieron,

frecuentan los campos, recogen el rocío de las flores, y se apresuran

á la conclusion de su obra, trabajando con la esperanza de su alimento

y de la multiplicacion de su especie. Los tábanos tambien nacen del

cadaver del guerrero caballo, si se le sepulta y esconde en la tierra.

Si quitais los brazos á un cangrejo, y cubris de tierra el resto del

cuerpo, saldrá un escorpion con aquella cola tan temible. Es cosa

conocida entre los labradores que los gusanos de seda se convierten

en mariposas. El cieno de las lagunas contiene en sí semillas que

producen las verdes ranas, y las engendra truncadas de pies, los que

despues les van saliendo acomodados para nadar, y los posteriores son

mas largos que los brazos para que puedan saltar con mas facilidad.

El oso recien nacido solo es una masa de carne; la madre lo forma en

miembros[167] lamiéndolo, y le da la forma que le vemos. Es cosa

sabida que las abejas que nacen en aquellas celditas hexágonas[168] que

hacen en los panales, no están al principio bien formadas, y que los

pies y las alas les vienen algun tiempo despues. ¿Quién creeria á no

verlo que de la yema que esta en medio del huevo pudiesen formarse y

nacer la ave dedicada á Juno, cuya cola está sembrada de estrellas, el

águila de Júpiter, las palomas de Venus, y en una palabra todo género

de aves? Hay quien cree que corrompida la medula del espinazo de un

cadaver humano encerrado en el sepulcro, se convierte en una culebra.

Todas las referidas transformaciones traen su principio de otros seres;

pero hay una ave, que los asirios llaman el Fénix, que se repara y

renueva á sí misma: esta ave no se mantiene de yerbas ni granos, sino

de las lágrimas del incienso y del jugo del amomo. Luego que cumple los

quinientos años de su vida fabrica con su duro pico y sus uñas un nido

en las ramas de una encina ó en la copa de una palma, y poniendo en

él aristas de canela, de nardo, de cinamomo con mirra, se echa sobre

todo, y concluye su vida en medio de olores aromáticos. Aseguran que

de él renace otro pequeño Fénix para vivir otros tantos años. Luego

que este tiene bastantes fuerzas para llevar peso, carga con el nido

que le sirvió de cuna y de sepulcro á su padre, y despues de haberlo

llevado hasta la ciudad del sol,[169] deja este precioso depósito á la

puerta del templo de este Dios. Si en el número de estas maravillosas

novedades debe entrar y contarse la de la alternacion de sexos, tambien

debemos maravillarnos de lo que se cuenta de la hiena, que unas veces

es hembra y otras macho. El camaleon, que se mantiene del aire, va

mudando su color, segun el que tienen las cosas que toca. Baco trajo

los linces de la conquistada India, cuya orina, segun se dice, se

convierte en piedra luego que sale de la vejiga, y se congela al punto

que toca el aire. Se concluiria el dia, y el sol llegaria al término

de su carrera antes que yo acabase de referir rodas las cosas que se

han transformado en nuevas especies. Vemos que con el tiempo todo se

va trocando, y que unas naciones se robustecen y fortalecen, y otras

se destruyen. La gran ciudad de Troya, que en algun tiempo fue famosa

y abundante en poblacion y riquezas, y que á costa de mucha sangre

pudo defenderse por el tiempo de diez años, ahora destruida y arrasada

solo presenta en lugar de sus riquezas algunas ruinas y restos de su

antigüedad y los sepulcros de sus antepasados. Esparta antigüamente fue

una ciudad célebre; Micenas, Atenas y Tebas florecieron igualmente, y

en el dia Esparta está reducida á un campo despreciable; Micenas se

halla destruida; Tebas, corte de Edipo, ¿qué otra cosa es hoy que una

fábula? y de Atenas ¿qué ha llegado hasta nosotros sino el nombre?

Ahora dicen que empieza á elevarse la troyana Roma, que edificada

junto á la corriente del Tíber, pone su gran mole por cimiento para

fundar un grande imperio. Esta pues aumentándose cada dia, va mudando

su forma, y llegará tiempo en que sea la capital de todo el orbe. Asi

se cuenta que lo predijeron los agoreros y los oráculos; y segun hago

memoria, Heleno, hijo de Príamo, cuando Troya fue destruida consoló á

Eneas que lloraba y desconfiaba del remedio, diciéndole: „Hijo de la

Diosa, si tienes alguna confianza en el arte de leer en lo por venir

que yo poseo, puedo predecirte que Troya no será enteramente destruida

en tanto que tú vivas. El hierro y el fuego te abrirán camino, y

llevarás contigo las tristes ruinas de Ilion, hasta que halles en una

tierra extrangera un establecimiento, donde serás mas dichoso que en

tu patria. Ya estoy viendo una gran ciudad que deben edificar tus

descendientes, tal que no hay ni habrá, ni se ha conocido otra igual

en los pasados siglos. Sus próceres y principales la harán poderosa

por mucho tiempo; pero un descendiente tuyo y de tu hijo Ascanio[170]

la elevará á señora y cabeza del mundo. Despues que haya acabado su

carrera, los Dioses se lo llevarán de la tierra para colocarlo en el

cielo, que le está destinado.[171]” Esta fue la prediccion que hizo

Heleno á Eneas. Hoy que empieza á cumplirse estoy contento de los

progresos de una ciudad que está aliada con Crotona, y veo con gusto

que ha sido útil á los troyanos el haber sido vencidos por los griegos.

„Pero volviendo á mi asunto, y al fin y término que me he propuesto,

y del que me he apartado algo, habeis de saber que el cielo y cuanto

se contiene debajo de él, y asimismo la tierra y lo que se encierra

dentro de ella, va mudando cada dia su forma. Nosotros, que somos una

parte del mundo (porque no somos solamente cuerpos, sino tambien almas

espirituosas, que pueden transmigrar á las fieras y á los ganados),

dejemos que vivan seguros y tranquilos aquellos seres en quienes pueden

residir los espíritus de nuestros padres, hermanos y parientes, ó en

fin, de los hombres cualesquiera que sean: no metamos en nuestros

estómagos manjares y cenas como la de Tiestes. El que degüella á los

inocentes novillos, y oye insensible sus tristes bramidos, ¡qué mala

costumbre adquiere, y cómo se habitúa á derramar con impiedad la sangre

humana! Lo mismo sucede al que se atreve á degollar á un cabritillo,

que da gritos semejantes á los de un niño, y á comerse una ave que

él mismo ha cebado. En todas estas cosas ¿qué es lo que falta para

una completa maldad? Y ¿adónde se pasará y hará tránsito desde la

impiedad de matar á los animales? El buey sírvanos para arar hasta que

envejecido se muera. La oveja suminístrenos el defensivo contra el

frio; y las cabras nos sirvan solo para ordeñarlas y sacarlas su leche.

Dad de mano á las redes y lazos; no egerciteis las artes engañadoras;

no useis de la liga para engañar los pajarillos, ni de las flechas

para los ciervos y demas animales de los montes, ni tampoco de los

anzuelos escondidos bajo del cebo para los incautos peces. Perseguid

y destruid á los animales que son dañosos; pero no hagais mas que

matarlos, y no os sirvais de ellos para comer, sino contentaos con los

alimentos proporcionados y conducentes.”

Instruido Numa con estos y otros semejantes documentos, se cuenta que

volvió á su patria, y que habiendo sido rogado y solicitado, sucedió

á Rómulo, y tomó el gobierno del pueblo y reino latino. Este Rey, por

los sabios consejos de Egeria su muger y de las Musas que consultaba,

tuvo la felicidad de inspirar á un pueblo feroz, y que solo respiraba

guerra, sentimientos de paz, afabilidad y equidad, y de instruirlo en

las ceremonias de la religion. Reinó hasta una extrema vejez, y su

muerte causó y costó lágrimas á las matronas romanas, al pueblo y á

los senadores. Su muger, habiendo dejado á Roma, se retiró á la selva

de Aricia, donde interrumpió muchas veces con sus gemidos y quejas los

sacrificios que se ofrecian á aquella Diana que Orestes habia llevado

alli. ¡Ah! ¡cuántas veces las Ninfas de los bosques y de los lagos la

persuadieron que no llorase, procurando consolarla con sus palabras

consolatorias! ¡Cuántas veces Hipólito, viéndola bañada en lágrimas,

le dijo: „¡Pon fin á tu llanto! No pienses que tu suerte es sola digna

de llorarse; reflexiona las desgracias que acaecen á otros, y sufrirás

con mas paciencia las tuyas! Mis calamidades bastarán á consolarte, y

¡ojalá que no tuviese yo en mí mismo egemplares que proponerte para

templar tu dolor! Pues puedo referirte los sucesos de aquel Hipólito

que algunas veces habrá llegado á tus oidos, y que fue víctima de la

credulidad de su padre, y de la calumnia y engaño de su madrastra. Te

causará admiracion, y con dificultad podré inclinarte á la creencia;

pero tengo de ello tales pruebas, como que soy el mismo Hipólito á

quien la hija de Pasifae,[172] en despique de que desprecié sus ruegos

é instancias amorosas, me acusó á mi padre, fingiendo y suponiendo que

yo me habia atrevido contra su honor, y atribuyéndome lo que ella habia

intentado y querido, recriminando contra mí su propio delito, ó por

recelo de que yo no lo descubriese é hiciese creer á mi padre, ó lo que

es mas regular, ofendida y resentida de mi resistencia y desprecio.

Aunque yo estaba inocente, mi padre, creyendo con ligereza la calumnia,

me desterró de Atenas, y al tiempo de mi partida profirió contra mí

las mas horrorosas imprecaciones. Caminaba yo á mi destierro sobre mi

carro, dirigiéndome á Trecene á refugiarme de mi abuelo Piteo, que

reinaba en ella. Ya llegaba á las playas de Corinto cuando se alborotó

el mar, y las aguas formaron una excrescencia que parecia una montaña

que por momentos se iba elevando, hasta que precediendo espantosos

bramidos, se rompió en lo mas alto aquel cúmulo de aguas, del que salió

un terrible becerro marino armado con sus cuernos, y levantado del

medio cuerpo arriba sobre las aguas, arrojaba gran porcion de ellas por

las narices y boca. Llenáronse de pavor los que me acompañaban; mas yo,

á quien solo afligian el cuidado y pena de mi destierro, me mantuve en

mi presencia de ánimo. En esto espantándose los feroces caballos que

tiraban el carro, volvieron la cabeza y cuello hácia el mar al oir el

ruido, y empinadas las orejas, y espantados á la vista del monstruo,

dejaron el camino, y echaron á correr, y á arrastrar el carro por

asperezas y peñascos. Yo me esforzaba en vano á detenerlos, tirando

de las riendas salpicadas de las blancas espumas que arrojaban, y me

inclinaba hácia atras para tirar con mas fuerza. Estas diligencias no

me hubieran sido inútiles, y yo hubiera conseguido detener el ímpetu

y furor de los caballos; pero tuve la desgracia de que una de las

ruedas que sostienen el ege se quebró y deshizo por haber tropezado

en el tronco de un árbol. Esta casualidad me hizo caer del carro, y

como estaba asido á las riendas y enredado en ellas, si lo hubieras

presenciado hubieras visto cómo fueron arrastradas mis vivas entrañas,

cómo mis nervios y miembros se iban quedando á pedazos prendidos en

los troncos y puntas de los peñascos, cómo sonaban mis huesos al

tiempo que se rompian y quebraban, y cómo por último exhalé el alma

ya debilitada,[173] y en fin hubieras visto que no quedó de todo mi

cuerpo miembro alguno que pudieras conocer, porque todos quedaron

destrozados, y todo yo era una herida. ¿Puedes ahora, Egeria, ó te

atreves á comparar tu desgracia con la mia? Añade tambien que bajé

al reino tenebroso; que lavé mis heridas en las aguas inflamadas del

Flegeton,[174] y que jamas hubiera vuelto á ver la luz del dia, si el

hijo de Apolo[175] por la virtud poderosa de su arte no me hubiese

vuelto la vida.[176] Como Pluton estaba indignado del beneficio que

acababa de recibir, y que mi presencia pudiera inspirar envidia á

las sombras, Diana, al conducirme fuera de los infiernos, me cubrió

de densas nubes; y para que estuviese seguro, y pudiera sin daño ser

visto, mudó esta Diosa todas mis facciones, me aumentó la edad, y me

dejó enteramente desconocido. Estuvo algun tiempo perpleja sobre si me

dejaria en la isla de Creta ó en la de Delos. Y por último dejando la

una y la otra, y pasando adelante, me trasportó á este pais,[177] y me

mudó el nombre para que el de Hipólito no recordase mis desgracias. „Tú

te llamas Hipólito, me dijo; en lo sucesivo te llamarás Virbio.[178]”

Desde entonces habito en este bosque, y como uno de los Dioses menores

vivo aqui oculto bajo la proteccion de Diana, y estoy dedicado y

adscrito á su deidad.”

Con todo, las desgracias de Hipólito no fueron bastantes para consolar

el llanto de Egeria, la cual, dejándose caer en lo mas bajo de la

falda de la montaña, se deshacia en lágrimas; y conmovida Diana de la

piedad y cariño conyugal que la tenian en tanta afliccion, hizo de su

cuerpo una fuente, y adelgazando sus miembros los redujo á un continuo

manantial.

La novedad de esta transformacion admiró á todas las Ninfas de aquel

bosque, y el hijo de la Amazona[179] se quedó tan pasmado como aquel

labrador de Toscana cuando vió en el campo que araba un terron que

primero por sí mismo y sin impulso de otro se movia, y despues dejando

la forma de tierra, tomó la de hombre, y empezó á predecir lo por

venir. Los naturales del pais le llamaron Tages, y fue el primero que

enseñó á los etruscos el arte de adivinar. Tambien se puede comparar

la admiracion de Hipólito á la de Rómulo, cuando habiendo arrojado su

lanza al monte Palatino, la vió al momento echar raices, y que ya no

era lanza, sino árbol, cuya sombra admiró á los que la veian, y nunca

esperaron pudiera producirla una lanza.

En fin, la admiracion de Hipólito fue tan grande como la de Cipo,[180]

cuando mirándose en las aguas del Tíber, vió que tenia cuernos en

su cabeza. Esta maravilla la tuvo al principio por una ilusion; pero

habiendo llevado muchas veces las manos á la frente, tocó con ellas

lo que acababa de ver. Esta aventura, que le sucedió cuando volvia á

Roma despues de haber vencido los enemigos de la patria, le obligó á

detenerse; y levantando los ojos y manos al cielo, hizo esta súplica:

„¡Ó Dioses! si este prodigio es un feliz presagio, consiento que lo sea

para el pueblo romano; si es de mal agüero, que no sea funesto sino

á mí solo.” Despues erigió un altar de césped, sobre el cual quemó

incienso, derramó vino, y despues que sacrificó dos ovejas, especuló

en sus entrañas lo que los Dioses le anunciaban por este extraño caso.

El adivino Tirreno,[181] que las examinó al mismo tiempo, percibió que

prometian, aunque de un modo oscuro, grandes destinos á Cipo; pero

luego que quitó la vista de las fibras de la víctima para levantarla á

los cuernos de Cipo: „Salve, le dijo; yo te saludo en calidad de Rey.

Lo que te acaba de suceder me anuncia que Roma y cuanto está sujeto á

su poder te reconocerán por Soberano. Apresúrate á entrar en la ciudad

que te abre sus puertas: asi lo mandan los hados. Luego que llegues á

la ciudad serás coronado, y tu reinado será largo y tranquilo.” Á estas

palabras Cipo retrocedió, y apartando su desagradable rostro de los

muros de la ciudad, dijo: „¡Ah! ¡qué funesto presagio! ¡Arrojen los

Dioses lejos tal agüero! Mas bien querré pasar en destierro el resto de

mi vida, que entrar en el Capitolio con el nombre de Rey.” Dijo esto, y

al punto convoca al senado y al pueblo; y habiendo tenido la precaucion

de cubrirse la cabeza con una corona de laurel, se puso sobre una

altura hecha por los soldados.[182] Alli, despues de haber rogado á

los Dioses segun costumbre antigua, habló en estos términos: „Aqui hay

un hombre que será vuestro Rey si no le echais de la ciudad. Quién sea

este lo mostraré por una señal, no por el nombre. Cuernos tiene en la

frente, y los adivinos le han pronosticado que si entra en Roma será

Rey, y os dará leyes. Pudiera haber entrado con ímpetu por las puertas

abiertas; pero yo se lo he estorbado, aunque ninguno está mas unido

á él que yo. Á vosotros, ó romanos, pertenece ahora estorbarle la

entrada, y si lo teneis por causa suficiente para ello, aprisionadle

con pesadas cadenas, ó mas bien aseguraos de tal miedo con la muerte

del tirano.” Á este discurso siguió un confuso rumor de todo el pueblo,

como el que hace un torbellino cuando sopla en los elevados pinares, ó

como el de las olas del mar cuando se oyen desde lejos; pero entre lo

mucho que confusamente articulaba el pueblo se percibia bien que todos

á una voz decian: „¿Quién es ese hombre?” En esto empezaron á buscarle,

mirándose y reconociéndose las frentes y cabezas unos á otros, buscando

al que tenia la señal de los cuernos, y entonces Cipo, quitándose la

guirnalda que los cubria, y enseñando los dos que tenia en sus sienes,

les dijo: „Yo soy; miradme: aqui teneis al que buscais.” Todos bajaron

la vista, y empezaron á suspirar, no atreviéndose á mirar (¡quién lo

creyera!) la cabeza de aquel que tan benemérito era á la patria; y no

permitiendo que estuviese mas tiempo desairado con aquella insignia tan

indecorosa, se la cubrieron volviéndole á poner la guirnalda.

[Ilustración: (139) Cipo predice al pueblo Romano tendria un Rey, y

quitándose la corona, dice, vedle aqui.]

Los senadores, no pudiendo permitir la entrada en la ciudad á un

hombre á quien el agüero pronosticaba y destinaba la dignidad real, le

concedieron y decretaron fuera de ella otra tanta tierra cuanta pudiese

rayar y señalar con el sulco que uncidos al arado hiciesen dos

bueyes desde salir el sol hasta ponerse; y para la perpetua memoria de

este suceso hicieron esculpir en los postes de bronce de la puerta por

donde debia haber entrado Cipo una estupenda figura de un hombre con

cuernos.

FÁBULA II.

_ESCULAPIO ES LLEVADO Á ROMA._

Musas, deidades propicias á los poetas (pues lo sabeis, y no se os

olvidan las cosas por el transcurso de mucho tiempo), recordadme,

para que yo pueda referirlo, de donde fue traido Esculapio á la isla

que está rodeada por el Tíber, y admitido entre las deidades romanas.

Una cruel peste infestó en otro tiempo todo el aire y la atmósfera de

Italia, la cual causaba muchos estragos, y los cuerpos de los enfermos

se corrompian, y en lugar de sangre destilaban materia. Afligidos y

oprimidos los hombres con tantas muertes, despues de haber intentado

en vano los medios humanos, y viendo que nada aprovechaban el arte ni

los remedios, recurrieron á implorar el auxilio del cielo, y enviaron

á consultar el oráculo de Apolo que estaba en Delfos, suplicándole

se dignase socorrer la calamidad, dando una saludable y favorable

respuesta, y poniendo fin á los males que afligian á la ciudad. Apenas

se habia acabado la súplica de los diputados, cuando á un tiempo

temblaron el templo, los laureles y las aljabas que él tiene, y se oyó

salir del fondo de la sagrada trípode[183] esta voz, que llenó de

admiracion á todos: „Romanos, lo que venis á buscar aqui lo podiais

haber hallado en lugar mas cercano que este. No teneis necesidad de mi

auxilio, sino del de mi hijo.[184] Id con buen auspicio, y llevad á

Roma al hijo de Apolo.”

[Ilustración: (138) Roma, afligida de la peste, envia á Delfos á

consultar el Oráculo de Apolo.]

Despues que el prudente senado recibió la celestial respuesta se

informó con cuidado del nombre de la ciudad en que existia Esculapio,

y cuando lo supo envió comisionados que navegasen á Epidauro para

traerle. Luego que la nave llegó, los romanos se presentaron á los

principales de la ciudad, que se habian juntado para recibirlos, y les

rogaron que les diesen á Esculapio para que su presencia finalizase

los crueles males que la Italia padecia, añadiendo que asi lo mandaba

el oráculo de Apolo. Hubo sobre este punto muchos y varios pareceres,

porque algunos fueron de opinion de que debia concedérseles el socorro

que pedian, y otros muchos lo resistieron, fundándose en que no

debian desprenderse ni entregar á unos extrangeros una deidad que era

suya propia y el apoyo de su salud. Sin haberse resuelto cosa alguna

se concluyó el dia, y llegó la temerosa noche, en la cual el Dios

Esculapio apareció en sueño al principal de los legados romanos en

la misma forma y figura que se le suele ver y venerar en su templo,

teniendo un báculo en la mano izquierda, y componiendo su larga barba

con la derecha, le dijo con semblante halagüeño: „Deja el temor: iré

contigo; pero será bajo otra figura. Mira ahora esta serpiente que se

enrosca al rededor de mi báculo: nótala bien con la vista para que

puedas conocerla. Me transformaré en ella, aunque seré algo mayor, y

pareceré tan grande como deben ser las deidades cuando se transforman.”

Con esto desapareció el Dios, y con él el sueño; despertó el embajador,

y llegó el dia.

Luego que la Aurora disipó las tinieblas, los próceres se juntaron en

el magnífico templo de Esculapio, y le ruegan que muestre con señales

en qué lugar quiere ser reverenciado. Apenas habian acabado su súplica

cuando este Dios en figura de una reluciente serpiente con empinada

cresta anunció su venida con espantosos silbidos. Al llegar y dejarse

ver en dicha forma conmovió é hizo temblar la estatua, las aras, las

puertas, el pavimento, el techo y todo el templo. En medio de este y en

lo mas elevado de un altar se constituyó la serpiente, y erigiéndose

del medio cuerpo arriba, empezó á volver á todos lados sus ojos, que

centelleaban como fuego. Los circunstantes se llenaron de pavor, y el

sacerdote que asistia, adornada su blanca cabeza y cabellera con la

venda sacerdotal, conociendo que la deidad se ocultaba bajo la figura

de serpiente, gritó diciendo: „Este es el Dios; este es Esculapio:

todos los que os hallais presentes alabadle y veneradle, diciendo

conmigo: Sea en pública utilidad, ó deidad placidísima, el que te hayas

dejado ver en esta figura, y resulte de ello el que socorras á los

pueblos que te veneran y celebran tus fiestas.” Todos los que estaban

presentes, obedeciendo al sacerdote, veneraron á Esculapio, repitiendo

la deprecacion que acababa de hacer aquel, y los romanos hicieron

piadosos y religiosos votos y promesas con el ánimo y con la voz.[185]

Mostró la deidad que las aceptaba con los ademanes de mover la cresta,

y repetir tres silbidos como prendas y señales de su anuencia. Al

momento empezó á deslizarse é irse bajando por los vistosos escalones

del altar; y volviendo la vista hácia atras, miraba las antiguas aras

como despidiéndose de su domicilio y del templo en que habia habitado.

Desde alli siguió deslizándose y arrastrando por el suelo, que estaba

sembrado de ramos y flores; y atravesando con su movimiento espiral por

medio de la ciudad, se dirigió al puerto, donde paró, y con halagüeños

ademanes daba á entender que despedia al acompañamiento, y á los que

hasta alli le habian seguido, y entró en la nave de los romanos, que

se halló sobrecargada con el nuevo peso de la deidad. Los legados se

llenaron de gozo; y habiendo sacrificado un toro en la playa, soltaron

las amarras de la nave, que tenian adornada con coronas y guirnaldas de

flores, y se hicieron á la vela.

El buque navegaba con un suave y próspero viento; y el Dios, que iba

en figura de serpiente, subiéndose á la popa, y erigiendo su cerviz,

miraba desde alli las cerúleas aguas. Á beneficio del viento atravesó

la nave el mar Jonio en seis dias, y llegó á las costas de Italia, por

las que continuó su rumbo, dejándose atras el promontorio de Lacinia,

famoso por el templo de Juno, el golfo de Esciglo, el de Calabria, y

á fuerza de remos se apartó de los peñascos de Anfisa, y caminando á

la derecha, pasó á la Ceraunia, el Romechio, Caulona y Naricia.[186] Y

venciendo todos los peligros de estos mares, se entró en el estrecho

de Peloro, que está en Sicilia, y atravesando las islas Eolias, el

Temese, abundante de metales, la Leucosia, el templado Pesto, siempre

floreciente por su abundancia de rosales. De alli pasó á la vista de

Capri, del promontorio de Minerva y de las colinas de Surrento,[187]

tan nombradas por sus buenos vinos; de la ciudad de Hércules, de

Stavia y de Nápoles, ciudad deliciosa, que es la mansion de los juegos

y placeres; del templo dedicado á la Sibila de Cumas; de las fuentes

calientes de Bayas; de Linterno, que lleva muchos lentiscos; del

Vulturno, que trae mucha arena debajo de su corriente; de la ciudad

de Sinuesa, poblada de palomas blancas; de Minturna, donde el aire es

grueso y nocivo; de Cayeta, donde Eneas enterró á su ama de leche;

de Formium, donde reinó el cruel Antifates; de Terracina, ciudad

rodeada con una laguna; del promontorio de Circe, y de Ancio, que

tenia una firme playa, donde los romanos, viendo que el mar empezaba á

embravecerse, se vieron obligados á entrar. Luego que tomaron tierra,

Esculapio salió de la nave, y caminando con tortuosos arcos y vueltas

espirales, llega al templo de Apolo su padre, que estaba en esta

playa. Despues que el mar se apaciguó sale de alli, vuelve á la nave,

y deslizándose por lo largo del timon, subió á la popa, y se colocó

en ella mientras navegaban hácia Castro, de donde pasaron cerca de la

ciudad de Lavinio, y de alli entraron en la embocadura del Tíber. Aqui

salieron á recibirle todo el pueblo precipitadamente, las matronas, los

senadores, y hasta las Vestales, que guardan el fuego de Vesta traido

de Troya,[188] saludando todos á la recien venida deidad con una alegre

vocería, y acompañando por las riberas á la nave que caminaba por el

rio, quemaban incienso en las aras que á trechos y al efecto tenian

prevenidas y erigidas. Á una y otra orilla habia voces y aclamaciones,

y se ofrecian inciensos y víctimas, y de este modo llegó la nave á la

ciudad, que era ya cabeza del orbe. En fin, luego que llegaron á Roma,

Esculapio se subió á lo alto del mástil del navío, y busca al rededor

lugar aparente para habitar. Dividiéndose el Tíber en dos brazos,

forma en este sitio una isla, que dista á igual distancia de sus dos

orillas. Aqui se fue el hijo de Apolo despues de haberse revestido de

la magestad que le convenia. Puso fin á los llantos, y trajo la salud á

la ciudad.

FÁBULA III.

_CÉSAR TRANSFORMADO EN ASTRO._

Esculapio vino de otras regiones á ser venerado en nuestros

templos; pero César es deidad propia de Roma su ciudad. Este hombre

incomparable, grande en la guerra, grande en la paz, no mereció tanto

ocupar un lugar en el cielo y formar en él un nuevo astro por haber

triunfado de los enemigos de Roma, por haber arreglado los negocios de

la república, y por haberse adquirido una gloria inmortal, como por

las virtudes de su sucesor.[189] En efecto, el mayor mérito de César,

su mas brillante título es ser padre de Augusto. El haber sujetado

á la Gran Bretaña, el haber visto sus naves victoriosas entrar en

el Nilo, el haber domado á los rebeldes numidas y vencido á su Rey

Juba, el haber reducido bajo el poder de los romanos los pueblos del

Ponto, soberbios con las victorias y nombre del gran Mitridates; en

una palabra, el haber triunfado algunas veces, y el haber merecido

tambien muchas veces los honores del triunfo, son unas acciones menos

gloriosas para él, que el haber adoptado á un hombre tan grande.

¡Dioses! haciendo á Augusto el dueño del mundo, habeis atendido

bastantemente á nuestra felicidad.

[Ilustración: (140) Asesinado Julio César en el Senado Venus le

transforma en cometa.]

Convino pues colocar á César en el número de los Dioses para que

Augusto no procediese de sangre mortal. Venus, que conocia la necesidad

que habia de hacerlo, y que veia al mismo tiempo las conspiraciones que

tramaban contra la vida del Soberano Pontífice,[190] estaba inquieta,

y daba parte de sus inquietudes á todos los Dioses que encontraba.

„Mirad, les decia, los funestos preparativos que hacen contra mí; mirad

con qué furor y con qué crueldad acometen á los dias de un Príncipe,

el único que me queda de la sangre de Julio.[191] ¿Por ventura he de

ser yo sola siempre egercitada de justos cuidados? Yo no pude en otro

tiempo preservarme de los golpes de Diomedes, cuyas flechas fueron

teñidas en mi sangre. Yo no pude salvar á Troya, á pesar de los

esfuerzos que hice para defenderla. Testigo de los peligros infinitos

que corrió Eneas mi hijo, yo le he visto expuesto á las olas, errar

de mares en mares, bajar despues á la mansion de las sombras, en fin

sostener una larga y peligrosa guerra contra Turno, ó si he de confesar

la verdad, con Juno mas bien. ¿Para qué me acuerdo de los daños de

mi generacion? La desgracia de hoy no me deja acordar de las cosas

primeras: veis que los malvados cuchillos se aguzan contra mí, los

cuales os ruego que eviteis; estorbad una gran maldad, y no permitais

que el fuego sagrado de Vesta se apague con la muerte del Pontífice.”

Metamorfóseos o Transformaciones (4 de 4) · 第 9 / 11 段