„Absteneos y guardaos, mortales, decia el samio Pitágoras, de ensuciar

vuestros cuerpos con manjares abominables: teneis y deben bastar para

vuestro alimento las semillas que contienen y producen harina, las

sabrosas manzanas, que con su peso agovian las ramas de los árboles,

y en las vides las uvas llenas é hinchadas de su gustoso zumo: hay

yerbas y plantas que pueden comerse crudas: hay otras que se hacen

sabrosas cociéndolas al fuego: no se os prohiben la leche, el queso

y la miel, que huele á la flor del tomillo. La próvida naturaleza os

contribuye sus riquezas, y la tierra os provee de delicados alimentos,

y os proporciona abundantes comidas, sin que tengais que encrueleceros

en la matanza y derramamiento de la sangre de los animales. Las fieras

y los brutos son los que sacian su hambre con carne, aunque no todos,

porque los caballos, las ovejas, los bueyes y vacas se alimentan

paciendo yerba: solo los animales fieros y crueles, como son los

armenios tigres, los furiosos leones, los lobos y los osos se ceban

en manjares mezclados con sangre. Ciertamente es una cosa delincuente

y horrorosa que unas entrañas se sepulten en otras, y que un cuerpo

hambriento sacie su hambre y engorde con otro cuerpo, y que un animal

viva y se mantenga á costa de la muerte de otro animal. Ciertamente

entre tantos dones como cria la mejor madre la tierra ¿es posible que

no hay otros que os agraden que los horrorosos, y que para comerlos

es menester ensangrentar los crueles dientes en las heridas, é imitar

la crueldad de los Ciclopes? ¿Es posible que no halleis otro medio

de saciar vuestra hambre, y llenar vuestro voraz vientre, habituado

á la hartura, de otro modo que á costa de perder y destruir á otro

animal? Bien veis que aquella antigua edad que se llamó de oro fue

feliz, manteniendo á los hombres con las frutas de los árboles y con

las plantas que producia la tierra, y no manchaban su boca con sangre

de los animales. Entonces las aves volaban seguras por los aires; la

liebre corria sin temor por medio de los campos, ni la credulidad habia

expuesto al pez á ser cogido con el anzuelo: el universo tranquilo no

conocia las asechanzas ni engaños: todo estaba en paz; pero despues

que aquel perverso y dañoso autor (cualquiera que fuese), ansiando por

otros alimentos, inventó llenar el hambriento vientre con manjares de

carne, abrió con esto el camino á la maldad: yo creo que lo primero en

que se ensangrentó el hierro fue en la muerte de las fieras: en esto

no creo hubo delito, y soy de opinion que sin ofensa de la piedad

podian matarse las fieras que traian expuesta nuestra vida; pero

aunque para asegurarla se mataban, no por eso se comian. Desde aqui

dió otro paso mas adelante la maldad, y empezó á matarse y á ofrecerse

en sacrificio el cerdo, porque arrancaba las semillas y mieses con su

corvo hocico, y desvanecia y quitaba la esperanza de las cosechas.[134]

El cabron, porque pacia los tiernos retallos de las vides, fue llevado

por víctima á las aras de Baco. Su culpa acarreó este justo castigo

á entrambos; pero ¿en qué habeis pecado vosotras, inocentes ovejas,

ganado útil y apacible, que sirve para defender á los hombres de las

inclemencias del tiempo, y que proveyéndonos del néctar de vuestra

leche, y de vuestras lanas para vestirnos, nos sois en vida mas útiles

que despues de muertas? ¿En qué han pecado los bueyes, animales

sencillos, en quienes no se halla dolo ni fraude, que ningun daño

hacen, y sirven para el continuo trabajo? Es un ingrato é indigno del

don y fruto de las mieses el que se atreve á matar un buey, quitándole

del yugo y del arado, y recompensándole asi el trabajo y beneficio

de haberle labrado sus campos; y lo es tambien el que se atreve á

descargar la destructora segur sobre la cerviz maltratada con el yugo,

y con la que tantas veces habia cultivado y renovado los campos, y

habia proporcionado tantas cosechas. Y el caso es que no para en esto

la malicia y gravedad de la atrocidad, sino que quieren los hombres

disculparla, atribuyéndola á las mismas deidades, las que suponen y

creen se huelgan y complacen con la muerte y sacrificio de un laborioso

novillo, y en esta creencia eligen el mejor y mas elegante, sin vicio

ni defecto (que esto es lo que le perjudica), y adornándole con oro y

cintas victimales,[135] le conducen y ponen ante las aras, donde sin

entenderlas oye las deprecaciones del sacrificante, y ve que le rocían

las astas y la frente con la salsa mola,[136] compuesta de las mismas

semillas que sembró y cultivó, y que al darle el mortal golpe salta

su sangre y tiñe el cuchillo, que como si fuese en un espejo acaso

habria visto poco antes en el agua preparada para el sacrificio. Aun

sin acabar de morir le abren y miran con cuidado sus entrañas y fibras

para rastrear y adivinar por ellas la voluntad de los Dioses. ¿De dónde

ha venido á los hombres tanta y tan insaciable hambre de manjares

prohibidos? ¿Cómo teneis, mortales, valor y atrevimiento para saciarla

con ellos? Yo os requiero no lo hagais, y que fijando vuestra atencion

en mis advertencias al tiempo que vayais á satisfacer vuestra hambre

con los miembros de los animales que para ello matais, reflexioneis y

conozcais que os comeis los cuerpos de vuestros colonos, y dais esta

recompensa á los que han trabajado para vosotros; y pues se mueve mi

boca por superior inspiracion, seguiré al Délfico Dios que me la mueve,

os abriré el mismo cielo, y os manifestaré los celestiales oráculos.

Grandes y hasta aqui ocultas é ignoradas cosas os tengo que explicar,

que nunca penetraron los ingenios de nuestros antepasados, y para

ello quiero tener el deleite de remontar mi discurso hasta los altos

astros, y elevado como por una nube, dejando la tierra y su habitacion,

sobreponerme á los hombros del robusto Atlante, y desde alli miraré con

desprecio la tierra y los hombres, que descaminados y destituidos de

la antorcha de la razon vagan sobre ella, animaré con mis exhortaciones

á los que tiemblan y temen la muerte, desenvolviéndoles y explicándoles

la serie y órden de su destino.

„Débiles mortales, les diré, atónitos con el miedo de la muerte, ¿por

qué temeis la Estigia y el reino tenebroso, vanos nombres, suplicios

imaginarios,[137] inventados por los poetas? Sea que la llama reduzca

los cuerpos á ceniza, ó sea que la podredumbre los consuma, se acabarán

con ellos los males, y no tendrán que padecer otros algunos. Solo las

almas son inmortales, y cuando dejan su primer asiento van á habitar y

vivir en otros cuerpos. Yo,[138] que os hablo, me acuerdo que en tiempo

de la guerra de Troya fuí aquel Euforbo á quien Menelao atravesó el

pecho con una lanza; y há poco tiempo que conocí en Argos en el templo

de Juno el escudo que yo llevaba entonces. Todas las cosas se mudan;

nada perece, y el espíritu anda vagante de allá acá y de acá allá

animando diversos cuerpos: desde los de las fieras pasa á los humanos,

y desde estos á los de las fieras, sin perecer en ningun tiempo.[139]

Y asi como la blanda cera, aunque siempre sea una misma, recibe varias

figuras, y se la transmuta de unas en otras, deshaciendo la anterior y

dándola otra nueva, del mismo modo y por este egemplo os hago entender

que el espíritu siempre es uno mismo; pero va emigrando de unas figuras

en otras. En este supuesto (mirad que os desengaño) lo que conviene

es que no atropelleis la piedad por la gula y apetito de saciar el

vientre: absteneos de hacer que con una muerte nefanda salgan y emigren

de sus antiguos cuerpos los espíritus con quienes acaso tengais algun

parentesco,[140] y no alimenteis vuestra sangre con otra sangre.

„Ya que me he engolfado en este gran mar de tan secretos misterios,

y navego en él á toda vela, sabed que nada hay en todo el mundo que

permanezca en un estado fijo: todas las cosas caminan á su destruccion,

y todas las figuras varían y vagan de unas en otras. Las mismas

estaciones del tiempo corren lentamente, no de otro modo que las

aguas de un rio; y asi como estas no pueden estar paradas ni un solo

momento, porque una ola impele á la otra, y es impelida de la que

viene detras, del mismo modo huyen y corren los tiempos, y se suceden

unos á otros, renovándose siempre,[141] pues lo que fue antes ya pasó,

viene lo que no habia sido, y los instantes y momentos siempre se van

renovando. Bien veis como la noche se alarga y va caminando hasta el

punto del amanecer, en el que la resplandeciente luz del dia sucede

á la oscuridad, y que el cielo va mudando su aspecto y color, pues

es diferente el que nos presenta á media noche cuando todo está en

silencio, y los vivientes entregados al sueño, del que tiene cuando

el lucero de la mañana sale en su carro tirado de caballos blancos, y

despues vuelve á mudar el color cuando la Aurora, hija de Palante,

precursora de la luz, baña al mundo con su resplandor, y le prepara

para la venida del sol. El orbe y cuerpo de este está rubicundo

cuando por la mañana, montando el horizonte, se va elevando de la

tierra, y cuando al ponerse se esconde debajo de ella, y cándido y

resplandeciente cuando está en medio de su carrera, porque alli está

mas puro el aire, y menos cargado de los vapores de la tierra. La luna,

presidenta de la noche, tampoco conserva y tiene una misma figura,

pues si está en creciente, es hoy menor que será mañana, y mayor hoy

que mañana si está en menguante. Ademas de esto ¿no observais cómo

el año va variando sus cuatro estaciones, que sucediéndose unas á

otras, imitan las cuatro edades de nuestra vida?[142] En la primavera,

semejante á la niñez, es el año tierno y como lactante: entonces las

yerbas y plantas hermosas con su verdor, aunque debilitadas y sin

vigor, crecen y alientan la esperanza de los labradores. Entonces

todo florece, y el campo se rie, y nos presenta un aspecto agradable

con la variedad de los colores de las flores, aunque todavía no

tengan vigor y firmeza las hojas. Pasa el año con mas robustez de la

primavera al estío, en el que ya imita á un esforzado jóven y á la

edad de la juventud, que es la mas robusta, y en la que mas abundan y

se enardecen los humores y las pasiones. Al estío sigue el maduro y

sazonado otoño, semejante á aquella edad apacible entre jóven y viejo,

en la que apaciguado el ardor de la juventud, está el hombre en un

temperamento medio, y empiezan á encanecérsele las sienes. Últimamente

sigue el invierno, semejante á la vejez erizada y de trémulo paso, la

que ó despoja al hombre de sus cabellos, ó se los encanece. Nuestros

cuerpos tambien se van del mismo modo trocando y mudando sin cesar

ni parar en ellos un momento el lento estrago,[143] y asi no seremos

mañana lo que fuimos ayer ni lo que somos hoy. Hubo un cierto dia en

que habitamos y existimos en el vientre de nuestras madres, no hombres

aun, sino un embrion inanimado, y una primera esperanza de llegar á ser

hombres. La naturaleza aplicó á nosotros sus diestras y formadoras

manos, y despues que nos tuvo ya formados y animados, y en sazon de

nacer, no quiso estuviésemos mas tiempo comprimidos y encarcelados

en el vientre de nuestras madres, que ya no podia dilatarse mas, y

de aquella estrecha cárcel nos sacó á respirar el aire libre.[144]

Despues de nacer, sin tener fuerzas para sostenernos, pasamos el

tiempo de la lactancia echados en la cuna ó en el regazo de nuestras

madres. Cuando ya tenemos algun mas vigor empezamos á movernos, y á

andar con pies y manos como los animales de cuatro pies, á lo que se

sigue el esforzarnos á ponernos y estar en pie, temblando con débiles

piernas, y empezar á echar los pasos, sostenidos y apoyados en algun

arrimo. Adquiriendo poco á poco agilidad y fuerzas, llegamos á la

juventud, cuya robusta edad se nos pasa con ligereza,[145] y con la

misma corre tambien el tiempo de la edad media, y como cuesta abajo

nos resbalamos y precipitamos á la vejez caduca y consumidora, que nos

quita y debilita las fuerzas de todo el tiempo anterior, y nos conduce

á la muerte. Milon ya viejo[146] lloraba al mirar flojos y débiles sus

brazos, en otro tiempo tan robustos y nerviosos como los de Hércules.

Elena tambien lloraba en su vejez al mirar en el espejo su rostro lleno

de arrugas, y se admiraba entre sí misma de ver en lo que habia parado

su singular hermosura, por la que habia sido dos veces robada.[147] El

tiempo consumidor de todas las cosas, y tú tambien, odiosa vejez, todo

lo destruis y arruinais, y desmoronando y corrompiendo todas las cosas

con los estragos y dentelladas del tiempo,[148] las haceis perecer con

una lenta y pausada muerte. Aun aquellas cosas que llamamos elementos

no estan exentas de vicisitudes, ni permanecen en un ser: escuchadme

con atencion, y os explicaré y manifestaré las mutaciones que suceden

en ellos.

„El mundo desde su orígen contiene cuatro primeros cuerpos, que son

el principio de que proceden todos los seres. Los dos mas pesados,

la tierra y el agua, son llevados á lo inferior con su propio peso:

el aire y el fuego, mas puro que el aire por carecer de gravedad,

ocupan la region mas elevada, los cuales, aunque distantes uno del

otro por su situacion, no obstante entran en la composicion de todos

los cuerpos, y estos se resuelven y convierten últimamente en ellos.

La tierra se resuelve y convierte en agua; el agua al disiparse se

vuelve aire; el aire, habiéndose descargado de lo mas grosero que

tenia, se sutiliza y toma la naturaleza del fuego, y por medio de

una revolucion enteramente contraria el fuego que se condensa se

convierte en aire; este aire vuelve otra vez á ser agua, y el agua que

se espesa vuelve á tomar la consistencia y la solidez de la tierra.

En el mundo ninguna cosa conserva su primera forma; y la naturaleza,

novadora de todas las cosas, repara unas formas con la destruccion

de otras. En todo el universo (creedme) ninguna cosa perece ni se

aniquila, sino que solo varía, muda y renueva su antigua figura:

llamamos nacer el empezar á ser otra cosa que lo que era antes, y

morir el dejar de ser lo que antes, y tomar otra nueva forma: aunque

haya estas variaciones, y las cosas de acá se truequen en las de

allá, y al contrario, lo que es los seres permanecen constantes, y

nunca perecen. Vivo en la cierta creencia de que no hay cosa alguna

que permanezca mucho tiempo sin mudar de forma ni perder su antigua

figura. Debe bastaros para persuadiros de esto el observar que por las

continuas vicisitudes desde el dichoso siglo de oro habeis venido á

parar poco á poco é insensiblemente en el de hierro, y que tantas veces

habeis visto mudarse y trocarse la faz de la tierra y unos sitios en

otros. Yo he visto reducidas á mares y ocupadas por las aguas las que

antes fueron tierras sólidas y firmes, y por el contrario reducido

á tierras lo que antes fue mar, y que asi lo demuestran las conchas

marinas, y las viejas áncoras que suelen hallarse en lo empinado de

los montes. Vemos tambien que lo que antes fue un llano campo hoy

está reducido á un valle por el ímpetu y corriente de las aguas, y

que desmoronadas las montañas con las avenidas, se convirtieron en

amenas y apacibles llanuras, y las tierras que antes fueron pantanosas

estan ahora áridas con las secas arenas, y las que antes fueron de

secano abundan ahora en humedades, y estan hechas estanques de agua.

En unas partes la naturaleza ha brotado nuevas fuentes, y en otras

se han secado y cerrado los antiguos manantiales; en unas partes

al ímpetu de los terremotos nacen y salen nuevos rios, y en otras

al mismo ímpetu suspende su corriente, y se cierran y secan los que

antes habia. Asi ha sucedido con el rio Lico,[149] á quien se sorbió

una grande abertura que hizo un terremoto, y le transmutó y mudó su

nacimiento y corriente á otro sitio muy distante. El Erasino[150] unas

veces corre sobre la tierra, y otras escondiéndose debajo de ella, va

por último á renacer y salir en los campos de Argos. Del Caico, rio de

Misia, se cuenta tambien que mudado su nacimiento y antigua corriente,

corre ahora por otra muy diversa. Tambien el Amaseno, rio de Sicilia,

algunas veces corre con arenosas aguas, y otras se queda en seco por

cerrársele sus manantiales. El agua del rio Anigro,[151] era antes

buena para beber; pero hoy es peligroso hasta el tocarla, despues que

(si no es que los poetas han mentido) los Centauros la inficionaron y

envenenaron, lavándose en ella las heridas que les habian hecho las

flechas de Hércules. La del rio Hipanis,[152] que baja de las montañas

de la Escitia, habiendo sido antes dulce, está hoy corrompida con una

amargura salobre. Antissa, Paros y Tiro en otro tiempo fueron islas;

hoy estan unidas á la tierra firme: al contrario Léucada,[153] que

estaba unida al continente, se ha separado despues, y se ha hecho

una isla. Tambien se dice que Zanclea[154] estuvo unida á la Italia

hasta que el mar la cercó y separó de la tierra. Si preguntas qué se

han hecho Helice y Buris, ciudades de Acaya, las hallareis sumergidas

en las aguas; y todavía los marineros suelen mostrar los pueblos que

fueron sumergidos con sus murallas. Cerca de Trecene, patria de Piteo,

hay un monte algo empinado y sin árboles algunos, el cual habiendo sido

antes una llana campiña, ahora es una montaña, porque (causa horror

el referirlo) el ímpetu de los vientos encerrados en las cavernosas

entrañas de la tierra, luchando en ellas y buscando salida, como no

la encontrase, ni hubiese abertura alguna por donde salir el aire

libre, extendió é hinchó la tierra[155] del modo que el soplo de la

boca suele hinchar una vejiga ó una piel de cabron. El sitio permaneció

y permanece aun en forma de un elevado collado, que se endureció y

petrificó con el transcurso del tiempo.

Metamorfóseos o Transformaciones (4 de 4) · 第 8 / 11 段