vuestros cuerpos con manjares abominables: teneis y deben bastar para
vuestro alimento las semillas que contienen y producen harina, las
sabrosas manzanas, que con su peso agovian las ramas de los árboles,
y en las vides las uvas llenas é hinchadas de su gustoso zumo: hay
yerbas y plantas que pueden comerse crudas: hay otras que se hacen
sabrosas cociéndolas al fuego: no se os prohiben la leche, el queso
y la miel, que huele á la flor del tomillo. La próvida naturaleza os
contribuye sus riquezas, y la tierra os provee de delicados alimentos,
y os proporciona abundantes comidas, sin que tengais que encrueleceros
en la matanza y derramamiento de la sangre de los animales. Las fieras
y los brutos son los que sacian su hambre con carne, aunque no todos,
porque los caballos, las ovejas, los bueyes y vacas se alimentan
paciendo yerba: solo los animales fieros y crueles, como son los
armenios tigres, los furiosos leones, los lobos y los osos se ceban
en manjares mezclados con sangre. Ciertamente es una cosa delincuente
y horrorosa que unas entrañas se sepulten en otras, y que un cuerpo
hambriento sacie su hambre y engorde con otro cuerpo, y que un animal
viva y se mantenga á costa de la muerte de otro animal. Ciertamente
entre tantos dones como cria la mejor madre la tierra ¿es posible que
no hay otros que os agraden que los horrorosos, y que para comerlos
es menester ensangrentar los crueles dientes en las heridas, é imitar
la crueldad de los Ciclopes? ¿Es posible que no halleis otro medio
de saciar vuestra hambre, y llenar vuestro voraz vientre, habituado
á la hartura, de otro modo que á costa de perder y destruir á otro
animal? Bien veis que aquella antigua edad que se llamó de oro fue
feliz, manteniendo á los hombres con las frutas de los árboles y con
las plantas que producia la tierra, y no manchaban su boca con sangre
de los animales. Entonces las aves volaban seguras por los aires; la
liebre corria sin temor por medio de los campos, ni la credulidad habia
expuesto al pez á ser cogido con el anzuelo: el universo tranquilo no
conocia las asechanzas ni engaños: todo estaba en paz; pero despues
que aquel perverso y dañoso autor (cualquiera que fuese), ansiando por
otros alimentos, inventó llenar el hambriento vientre con manjares de
carne, abrió con esto el camino á la maldad: yo creo que lo primero en
que se ensangrentó el hierro fue en la muerte de las fieras: en esto
no creo hubo delito, y soy de opinion que sin ofensa de la piedad
podian matarse las fieras que traian expuesta nuestra vida; pero
aunque para asegurarla se mataban, no por eso se comian. Desde aqui
dió otro paso mas adelante la maldad, y empezó á matarse y á ofrecerse
en sacrificio el cerdo, porque arrancaba las semillas y mieses con su
corvo hocico, y desvanecia y quitaba la esperanza de las cosechas.[134]
El cabron, porque pacia los tiernos retallos de las vides, fue llevado
por víctima á las aras de Baco. Su culpa acarreó este justo castigo
á entrambos; pero ¿en qué habeis pecado vosotras, inocentes ovejas,
ganado útil y apacible, que sirve para defender á los hombres de las
inclemencias del tiempo, y que proveyéndonos del néctar de vuestra
leche, y de vuestras lanas para vestirnos, nos sois en vida mas útiles
que despues de muertas? ¿En qué han pecado los bueyes, animales
sencillos, en quienes no se halla dolo ni fraude, que ningun daño
hacen, y sirven para el continuo trabajo? Es un ingrato é indigno del
don y fruto de las mieses el que se atreve á matar un buey, quitándole
del yugo y del arado, y recompensándole asi el trabajo y beneficio
de haberle labrado sus campos; y lo es tambien el que se atreve á
descargar la destructora segur sobre la cerviz maltratada con el yugo,
y con la que tantas veces habia cultivado y renovado los campos, y
habia proporcionado tantas cosechas. Y el caso es que no para en esto
la malicia y gravedad de la atrocidad, sino que quieren los hombres
disculparla, atribuyéndola á las mismas deidades, las que suponen y
creen se huelgan y complacen con la muerte y sacrificio de un laborioso
novillo, y en esta creencia eligen el mejor y mas elegante, sin vicio
ni defecto (que esto es lo que le perjudica), y adornándole con oro y
cintas victimales,[135] le conducen y ponen ante las aras, donde sin
entenderlas oye las deprecaciones del sacrificante, y ve que le rocían
las astas y la frente con la salsa mola,[136] compuesta de las mismas
semillas que sembró y cultivó, y que al darle el mortal golpe salta
su sangre y tiñe el cuchillo, que como si fuese en un espejo acaso
habria visto poco antes en el agua preparada para el sacrificio. Aun
sin acabar de morir le abren y miran con cuidado sus entrañas y fibras
para rastrear y adivinar por ellas la voluntad de los Dioses. ¿De dónde
ha venido á los hombres tanta y tan insaciable hambre de manjares
prohibidos? ¿Cómo teneis, mortales, valor y atrevimiento para saciarla
con ellos? Yo os requiero no lo hagais, y que fijando vuestra atencion
en mis advertencias al tiempo que vayais á satisfacer vuestra hambre
con los miembros de los animales que para ello matais, reflexioneis y
conozcais que os comeis los cuerpos de vuestros colonos, y dais esta
recompensa á los que han trabajado para vosotros; y pues se mueve mi
boca por superior inspiracion, seguiré al Délfico Dios que me la mueve,
os abriré el mismo cielo, y os manifestaré los celestiales oráculos.
Grandes y hasta aqui ocultas é ignoradas cosas os tengo que explicar,
que nunca penetraron los ingenios de nuestros antepasados, y para
ello quiero tener el deleite de remontar mi discurso hasta los altos
astros, y elevado como por una nube, dejando la tierra y su habitacion,
sobreponerme á los hombros del robusto Atlante, y desde alli miraré con
desprecio la tierra y los hombres, que descaminados y destituidos de
la antorcha de la razon vagan sobre ella, animaré con mis exhortaciones
á los que tiemblan y temen la muerte, desenvolviéndoles y explicándoles
la serie y órden de su destino.
„Débiles mortales, les diré, atónitos con el miedo de la muerte, ¿por
qué temeis la Estigia y el reino tenebroso, vanos nombres, suplicios
imaginarios,[137] inventados por los poetas? Sea que la llama reduzca
los cuerpos á ceniza, ó sea que la podredumbre los consuma, se acabarán
con ellos los males, y no tendrán que padecer otros algunos. Solo las
almas son inmortales, y cuando dejan su primer asiento van á habitar y
vivir en otros cuerpos. Yo,[138] que os hablo, me acuerdo que en tiempo
de la guerra de Troya fuí aquel Euforbo á quien Menelao atravesó el
pecho con una lanza; y há poco tiempo que conocí en Argos en el templo
de Juno el escudo que yo llevaba entonces. Todas las cosas se mudan;
nada perece, y el espíritu anda vagante de allá acá y de acá allá
animando diversos cuerpos: desde los de las fieras pasa á los humanos,
y desde estos á los de las fieras, sin perecer en ningun tiempo.[139]
Y asi como la blanda cera, aunque siempre sea una misma, recibe varias
figuras, y se la transmuta de unas en otras, deshaciendo la anterior y
dándola otra nueva, del mismo modo y por este egemplo os hago entender
que el espíritu siempre es uno mismo; pero va emigrando de unas figuras
en otras. En este supuesto (mirad que os desengaño) lo que conviene
es que no atropelleis la piedad por la gula y apetito de saciar el
vientre: absteneos de hacer que con una muerte nefanda salgan y emigren
de sus antiguos cuerpos los espíritus con quienes acaso tengais algun
parentesco,[140] y no alimenteis vuestra sangre con otra sangre.
„Ya que me he engolfado en este gran mar de tan secretos misterios,
y navego en él á toda vela, sabed que nada hay en todo el mundo que
permanezca en un estado fijo: todas las cosas caminan á su destruccion,
y todas las figuras varían y vagan de unas en otras. Las mismas
estaciones del tiempo corren lentamente, no de otro modo que las
aguas de un rio; y asi como estas no pueden estar paradas ni un solo
momento, porque una ola impele á la otra, y es impelida de la que
viene detras, del mismo modo huyen y corren los tiempos, y se suceden
unos á otros, renovándose siempre,[141] pues lo que fue antes ya pasó,
viene lo que no habia sido, y los instantes y momentos siempre se van
renovando. Bien veis como la noche se alarga y va caminando hasta el
punto del amanecer, en el que la resplandeciente luz del dia sucede
á la oscuridad, y que el cielo va mudando su aspecto y color, pues
es diferente el que nos presenta á media noche cuando todo está en
silencio, y los vivientes entregados al sueño, del que tiene cuando
el lucero de la mañana sale en su carro tirado de caballos blancos, y
despues vuelve á mudar el color cuando la Aurora, hija de Palante,
precursora de la luz, baña al mundo con su resplandor, y le prepara
para la venida del sol. El orbe y cuerpo de este está rubicundo
cuando por la mañana, montando el horizonte, se va elevando de la
tierra, y cuando al ponerse se esconde debajo de ella, y cándido y
resplandeciente cuando está en medio de su carrera, porque alli está
mas puro el aire, y menos cargado de los vapores de la tierra. La luna,
presidenta de la noche, tampoco conserva y tiene una misma figura,
pues si está en creciente, es hoy menor que será mañana, y mayor hoy
que mañana si está en menguante. Ademas de esto ¿no observais cómo
el año va variando sus cuatro estaciones, que sucediéndose unas á
otras, imitan las cuatro edades de nuestra vida?[142] En la primavera,
semejante á la niñez, es el año tierno y como lactante: entonces las
yerbas y plantas hermosas con su verdor, aunque debilitadas y sin
vigor, crecen y alientan la esperanza de los labradores. Entonces
todo florece, y el campo se rie, y nos presenta un aspecto agradable
con la variedad de los colores de las flores, aunque todavía no
tengan vigor y firmeza las hojas. Pasa el año con mas robustez de la
primavera al estío, en el que ya imita á un esforzado jóven y á la
edad de la juventud, que es la mas robusta, y en la que mas abundan y
se enardecen los humores y las pasiones. Al estío sigue el maduro y
sazonado otoño, semejante á aquella edad apacible entre jóven y viejo,
en la que apaciguado el ardor de la juventud, está el hombre en un
temperamento medio, y empiezan á encanecérsele las sienes. Últimamente
sigue el invierno, semejante á la vejez erizada y de trémulo paso, la
que ó despoja al hombre de sus cabellos, ó se los encanece. Nuestros
cuerpos tambien se van del mismo modo trocando y mudando sin cesar
ni parar en ellos un momento el lento estrago,[143] y asi no seremos
mañana lo que fuimos ayer ni lo que somos hoy. Hubo un cierto dia en
que habitamos y existimos en el vientre de nuestras madres, no hombres
aun, sino un embrion inanimado, y una primera esperanza de llegar á ser
hombres. La naturaleza aplicó á nosotros sus diestras y formadoras
manos, y despues que nos tuvo ya formados y animados, y en sazon de
nacer, no quiso estuviésemos mas tiempo comprimidos y encarcelados
en el vientre de nuestras madres, que ya no podia dilatarse mas, y
de aquella estrecha cárcel nos sacó á respirar el aire libre.[144]
Despues de nacer, sin tener fuerzas para sostenernos, pasamos el
tiempo de la lactancia echados en la cuna ó en el regazo de nuestras
madres. Cuando ya tenemos algun mas vigor empezamos á movernos, y á
andar con pies y manos como los animales de cuatro pies, á lo que se
sigue el esforzarnos á ponernos y estar en pie, temblando con débiles
piernas, y empezar á echar los pasos, sostenidos y apoyados en algun
arrimo. Adquiriendo poco á poco agilidad y fuerzas, llegamos á la
juventud, cuya robusta edad se nos pasa con ligereza,[145] y con la
misma corre tambien el tiempo de la edad media, y como cuesta abajo
nos resbalamos y precipitamos á la vejez caduca y consumidora, que nos
quita y debilita las fuerzas de todo el tiempo anterior, y nos conduce
á la muerte. Milon ya viejo[146] lloraba al mirar flojos y débiles sus
brazos, en otro tiempo tan robustos y nerviosos como los de Hércules.
Elena tambien lloraba en su vejez al mirar en el espejo su rostro lleno
de arrugas, y se admiraba entre sí misma de ver en lo que habia parado
su singular hermosura, por la que habia sido dos veces robada.[147] El
tiempo consumidor de todas las cosas, y tú tambien, odiosa vejez, todo
lo destruis y arruinais, y desmoronando y corrompiendo todas las cosas
con los estragos y dentelladas del tiempo,[148] las haceis perecer con
una lenta y pausada muerte. Aun aquellas cosas que llamamos elementos
no estan exentas de vicisitudes, ni permanecen en un ser: escuchadme
con atencion, y os explicaré y manifestaré las mutaciones que suceden
en ellos.
„El mundo desde su orígen contiene cuatro primeros cuerpos, que son
el principio de que proceden todos los seres. Los dos mas pesados,
la tierra y el agua, son llevados á lo inferior con su propio peso:
el aire y el fuego, mas puro que el aire por carecer de gravedad,
ocupan la region mas elevada, los cuales, aunque distantes uno del
otro por su situacion, no obstante entran en la composicion de todos
los cuerpos, y estos se resuelven y convierten últimamente en ellos.
La tierra se resuelve y convierte en agua; el agua al disiparse se
vuelve aire; el aire, habiéndose descargado de lo mas grosero que
tenia, se sutiliza y toma la naturaleza del fuego, y por medio de
una revolucion enteramente contraria el fuego que se condensa se
convierte en aire; este aire vuelve otra vez á ser agua, y el agua que
se espesa vuelve á tomar la consistencia y la solidez de la tierra.
En el mundo ninguna cosa conserva su primera forma; y la naturaleza,
novadora de todas las cosas, repara unas formas con la destruccion
de otras. En todo el universo (creedme) ninguna cosa perece ni se
aniquila, sino que solo varía, muda y renueva su antigua figura:
llamamos nacer el empezar á ser otra cosa que lo que era antes, y
morir el dejar de ser lo que antes, y tomar otra nueva forma: aunque
haya estas variaciones, y las cosas de acá se truequen en las de
allá, y al contrario, lo que es los seres permanecen constantes, y
nunca perecen. Vivo en la cierta creencia de que no hay cosa alguna
que permanezca mucho tiempo sin mudar de forma ni perder su antigua
figura. Debe bastaros para persuadiros de esto el observar que por las
continuas vicisitudes desde el dichoso siglo de oro habeis venido á
parar poco á poco é insensiblemente en el de hierro, y que tantas veces
habeis visto mudarse y trocarse la faz de la tierra y unos sitios en
otros. Yo he visto reducidas á mares y ocupadas por las aguas las que
antes fueron tierras sólidas y firmes, y por el contrario reducido
á tierras lo que antes fue mar, y que asi lo demuestran las conchas
marinas, y las viejas áncoras que suelen hallarse en lo empinado de
los montes. Vemos tambien que lo que antes fue un llano campo hoy
está reducido á un valle por el ímpetu y corriente de las aguas, y
que desmoronadas las montañas con las avenidas, se convirtieron en
amenas y apacibles llanuras, y las tierras que antes fueron pantanosas
estan ahora áridas con las secas arenas, y las que antes fueron de
secano abundan ahora en humedades, y estan hechas estanques de agua.
En unas partes la naturaleza ha brotado nuevas fuentes, y en otras
se han secado y cerrado los antiguos manantiales; en unas partes
al ímpetu de los terremotos nacen y salen nuevos rios, y en otras
al mismo ímpetu suspende su corriente, y se cierran y secan los que
antes habia. Asi ha sucedido con el rio Lico,[149] á quien se sorbió
una grande abertura que hizo un terremoto, y le transmutó y mudó su
nacimiento y corriente á otro sitio muy distante. El Erasino[150] unas
veces corre sobre la tierra, y otras escondiéndose debajo de ella, va
por último á renacer y salir en los campos de Argos. Del Caico, rio de
Misia, se cuenta tambien que mudado su nacimiento y antigua corriente,
corre ahora por otra muy diversa. Tambien el Amaseno, rio de Sicilia,
algunas veces corre con arenosas aguas, y otras se queda en seco por
cerrársele sus manantiales. El agua del rio Anigro,[151] era antes
buena para beber; pero hoy es peligroso hasta el tocarla, despues que
(si no es que los poetas han mentido) los Centauros la inficionaron y
envenenaron, lavándose en ella las heridas que les habian hecho las
flechas de Hércules. La del rio Hipanis,[152] que baja de las montañas
de la Escitia, habiendo sido antes dulce, está hoy corrompida con una
amargura salobre. Antissa, Paros y Tiro en otro tiempo fueron islas;
hoy estan unidas á la tierra firme: al contrario Léucada,[153] que
estaba unida al continente, se ha separado despues, y se ha hecho
una isla. Tambien se dice que Zanclea[154] estuvo unida á la Italia
hasta que el mar la cercó y separó de la tierra. Si preguntas qué se
han hecho Helice y Buris, ciudades de Acaya, las hallareis sumergidas
en las aguas; y todavía los marineros suelen mostrar los pueblos que
fueron sumergidos con sus murallas. Cerca de Trecene, patria de Piteo,
hay un monte algo empinado y sin árboles algunos, el cual habiendo sido
antes una llana campiña, ahora es una montaña, porque (causa horror
el referirlo) el ímpetu de los vientos encerrados en las cavernosas
entrañas de la tierra, luchando en ellas y buscando salida, como no
la encontrase, ni hubiese abertura alguna por donde salir el aire
libre, extendió é hinchó la tierra[155] del modo que el soplo de la
boca suele hinchar una vejiga ó una piel de cabron. El sitio permaneció
y permanece aun en forma de un elevado collado, que se endureció y
petrificó con el transcurso del tiempo.