afortunado ni mas bien correspondido que los demas. ¡Cuántas veces en
trage de segador, y que nadie le tendria por otra cosa, se le presentó
llevándole una cesta llena de espigas! Otras muchas veces, llevando
sus sienes coronadas de verde heno, parecia segador de yerbas. Otras
con la ahijada en la mano parecia labrador que acababa de desuncir
los cansados bueyes. Cuando llevaba una podadera se juzgaria que
era podador de viñas. Si llevaba á cuestas la escala, se diria que
iba á coger manzanas. Con una espada parecia que era un soldado, y
con la caña en la mano un pescador. Por medio de tantos disfraces
muchas veces tuvo el gusto de presentarse ante Pomona, y recrearse
mirando su hermosura. Por último tomó la figura de una vieja; llenó
de arrugas su rostro y su cabeza de canas, adornada con una pintada
mitra,[120] y sosteniéndose en un báculo: en esta forma entró en el
jardin de Pomona, y en tono de admiracion al ver las frutas, la dijo:
„Ciertamente que eres de fino gusto y delicada y diestra en el cultivo
de los árboles;” y al mismo tiempo que la alababa la dió algunos
ósculos, que parecian de mas viveza que los de una vieja: despues se
sentó sobre unos terrones, mirando que los árboles tenian sus ramos
encorvados y agoviados con el peso de las frutas ya sazonadas. Habia
en frente de ella un bien copado olmo, que estaba lleno de racimos de
uvas; y despues de haber alabado la industria de enlazar al olmo una
parra, de la que pendian los racimos, dijo: „Si este árbol estuviese
solo, y sin los sarmientos que tiene entretejidos, nada mas tendria
que hojas, ni habria en él cosa que fuese apetecida; y si la vid ó
parra que apoya sobre el olmo no estuviese enlazada con él, estaria
tendida y arrastrando sobre la tierra. El egemplo de ese árbol deberia
hacerte deponer la aversion á casarte, y persuadirte é inclinarte
al consorcio. ¡Oh! si te dejases inclinar á él y le apetecieses,
tendrias mas pretendientes que la hermosa Elena, mas que la gallarda
Hipodamia, que fue causa de la sangrienta batalla entre los Lapitas y
Centauros, y mas que la casta Penélope, muger del tímido y al mismo
tiempo audaz é intrépido Ulises. Aun ahora, sin embargo de tu aversion
y natural desdeñoso, te solicitan y galantean mil pretendientes, tanto
semi-Dioses como Dioses de los agrestes que residen en las montañas
Albanas. Tú, si eres cuerda, si apeteces colocarte bien, y si quieres
admitir los consejos de esta experimentada anciana, que te ama mas
que ninguno de tantos pretendientes, y mas que lo que tú puedes creer
y comprender, no hagas caso de los vulgares y ordinarios, sino elige
para tu union al Dios Vertumno, por cuyo amor y fidelidad salgo yo por
fiadora, pues no se conoce él tan bien á sí mismo como yo le conozco,
ni es una deidad que ande vagando por todo el orbe, sino que tiene su
asiento y residencia fija en estas selvas y bosques: mira que no es de
la clase de los que apetecen y aman la última que vieron. Tú eres para
él el primero y el último objeto de su ardiente amor, y solo á tí se
reserva y dedica la flor de sus años: añade á esto que es un gallardo
jóven, que reune en sí las gracias de la edad y de la naturaleza, y
que tiene la habilidad de transformarse con aptitud y elegancia en
todas las figuras que se le antojan, y hará cuanto tú quieras, aunque
le mandes lo mas dificil; y á mas de esto es de tu mismo gusto é
inclinacion, y procura llevarte la ventaja en el cuidado y esmero de
las frutas: hace mucho alarde y aprecio de las que son de tus jardines;
pero lo que principalmente ama y desea es á tí, y no á otra cosa
alguna, á quien pospone las sabrosas frutas y las yerbas y plantas de
delicado jugo que se crian en los huertos. Compadécete de su amor, y
cree que es él mismo el que te está requebrando y hablando por mi boca.
Teme la venganza que toman los Dioses contra los insensibles; teme á
la Idalia Venus, que aborrece los corazones duros y que se resisten al
amor, y teme por último la ira de la cruel Nemesis, que nunca se olvida
ni se desentiende del merecido castigo.
FÁBULA X.
_IFIS Y ANAXARETE._
„Para que temas con mas razon (pues por mi mucha edad sé y he conocido
muchas cosas) te contaré un suceso muy notorio y sabido en toda la isla
de Chipre, y su referencia podrá suavizar la resistencia y dureza de tu
inclinacion, y hacerte mas fácil á los ruegos y al amor. Ifis, continuó
la fingida vieja, nacido en dicha isla de padres humildes y plebeyos,
vió á la noble y hermosa Anaxarete, que traia su antigua é ilustre
descendencia de Teucro, hijo de Telamon. Su vista encendió en él un
activo fuego de amor, que le penetró hasta los huesos y medulas. Sin
atreverse á descubrirle le resistió bastante tiempo, hasta que llegó al
extremo de que ya no bastaba la razon para reprimir y tener oculta la
vehemencia de su pasion, la cual le dirigió y condujo hasta el atrio
y primera entrada de su querida en busca de ocasion de suplicarla y
manifestarle su amor. Alli unas veces viendo al ama ó camarera de
Anaxarete, y manifestándole el extremo de su amor, la rogaba por la
salud de su alumna le fuese para con ella buena intercesora, y la
ablandase á su cariño. Otras veces se valia de los criados, á los
que hablaba en un tono cariñoso y lisonjero, y les rogaba con mucho
ahinco le proporcionasen algun favor de su señora: muchas veces les
daba billetes para que se los entregasen, manifestándola en ellos lo
fino y excesivo de su amor: otras veces se explicaba poniendo á las
puertas y ventanas guirnaldas y ramos de flores humedecidas y regadas
con el rocío de sus lágrimas: siempre estaba en el portal, reclinando
su delicado cuerpo y cabeza en el duro umbral, y alli se quejaba y
maldecia aquellas puertas, que para él siempre estaban cerradas. La
esquiva Anaxarete se desentendia á todas estas demostraciones, y
mas sorda que el mar cuando se embravece, y mas dura que el hierro
Nórico[121] y que el peñasco vivo y aun no cortado y arrancado de
la cantera, despreciaba las ansias de Ifis, y se burlaba de ellas
con hechos de desprecios y burlas pesadas, y llegó hasta despedirle
con palabras orgullosas, desesperanzando enteramente á su amante.
No pudo Ifis sufrir con paciencia el tormento de tan durables y tan
constantes desprecios, y la respondió y exclamó diciendo: „Has vencido,
Anaxarete; tu dureza se ha resistido á mi amor; ya desengañado no
volveré á importunarte ni á causarte mas molestia; prepara alegres y
solemnes triunfos, entona himnos y cánticos triunfales, aclama á Apolo
con el epíteto de Pean,[122] y ciñe tus sienes con laurel, pues me
has vencido, y tu esquivez ha despreciado mi amor; yo muero de buena
gana como víctima de tu desprecio. Ea, cruel y de empedernido corazon,
gózate y recréate con la victoria; pero entiende que tendrás que
alabarme en algo, y que aunque mas me desprecies, habrá en mí alguna
cosa que te sea grata, y por ella tendrás que reconocer y confesar mi
mérito; y entiende tambien que mi amor no cede por tus desprecios, y
que no se acabará en mí antes que la vida; pues á un mismo tiempo habré
de carecer de ella y del amor que te tengo. No pienses que la fama y
la voz popular serán las que te hagan sabedora de mi muerte; yo mismo
me presentaré á tí, y te daré noticia de ella, y deleitarás tu vista
empleándola en mi cadaver, y en mirar un triste despojo de tu esquivez.
Pero ¡ó Dioses! si es que teneis algun cuidado de los sucesos de los
mortales, no os olvideis de los mios (ya no puede mi lengua proseguir
suplicándoos); disponed de modo que llegue á los mas remotos siglos la
fama y noticia de la dureza de Anaxarete y de la constancia de mi amor,
y dad á la fama de entrambos la larga duracion que negasteis á la vida
de sus cuerpos.” Esto dijo; y dirigiendo primero su vista, y en seguida
sus desmayados brazos á los postes de la puerta, que tantas veces habia
adornado con guirnaldas y festones de flores, ató y puso en ella unos
lazos y cordeles, diciendo: „¿Es posible, cruel é impía Anaxarete,
que son estos los ramos y guirnaldas que te agradan y deleitan?” y al
acabar de decir esto metió la cabeza y cuello en el lazo; se arrojó al
aire, pero siempre con la cara hácia la estancia de Anaxarete, y quedó
colgado y hecho un desdichado cadaver á la violencia de la dislocacion
de las vertebras del cuello. La puerta, impelida del movimiento de
los pies, hizo un ruido que parecia gemido, y abriéndose de pronto,
descubrió é hizo manifiesto el fracaso de la muerte de Ifis: acudieron
los criados de Anaxarete dando gritos. Descolgaron el cadaver, al que
sin efecto aplicaron algunos auxilios; y como no diese esperanza alguna
de vida, le llevaron á la casa de su madre (porque su padre ya habia
muerto). Esta le tomó en su regazo, y abrazando tiernamente los yertos
miembros de su hijo, despues que desempeñó aquellos sentimientos y
sollozos que suelen hacer las desdichadas madres, dispuso el entierro,
al que ella misma asistió llorando por medio de la ciudad, acompañando
al féretro que llevaba á arder en la pira el amoratado cadaver. Por
casualidad estaba la casa de Anaxarete en la carrera que llevaba el
entierro, cuyos clamores y triste ruido llegaron á los oidos de la
cruel Anaxarete, la cual ya empezaba á agitarse por la conciencia de su
dureza y por el temor de la deidad que castiga,[123] y aunque movida
de curiosidad, dijo: „Vamos á ver el entierro de este desdichado,” y
se subió al último cuarto de su casa para verlo desde las ventanas,
que hizo abrir. Apenas vió desde alli á Ifis en el ataud cuando se le
endurecieron los ojos, su sangre se heló, cubriéndose todo su cuerpo
de amarillez. Intentó quitarse de la ventana; pero quedó fija en ella.
Quiso apartar el semblante, y tampoco pudo. En fin la dureza de su
corazon se comunicó á todas las partes del cuerpo, que fue convertido
en piedra. No creas que lo que te cuento es una ficcion. Salamina
conserva aun la estatua por imagen de su señora, y edificaron en esta
ciudad un templo en honor de Venus, que favorece al que se inclina al
amor.
„Haz reflexion sobre esta aventura, hermosa Ninfa; no seas ya tan
orgullosa, y rinde las armas al amor. ¡Ojalá que seas siempre feliz!
¡Ojalá que de las heladas de la primavera se libren las flores de tus
árboles, y que los vientos del otoño derriben sus frutos!” Luego que
Vertumno acabó esta historia, que no movió á Pomona, deja los atavíos
de vieja, se transforma en un gracioso jóven, y se presenta á los ojos
de Pomona tan hermoso como cuando sale el sol de una nube que habia
oscurecido su resplandor. Él se apercibia á la violencia; pero ya la
fuerza no era necesaria, porque la Ninfa se habia cautivado de la
hermosura del Dios, y se dejó penetrar de un mutuo y recíproco amor.
Despues de la muerte de Proca, el usurpador Amulio se apoderó á fuerza
de armas del unido reino de los albanos y latinos, despojando de él á
su mayor hermano Numitor, el que siendo ya anciano, fue restituido,
y lanzado el usurpador por el valor de sus dos nietos Rómulo y Remo:
sucedió aquel á su abuelo, y en el dia de las fiestas Palilias[124]
demarcó y señaló los muros para la fundacion de Roma, en la que
estableció su reino. Por el robo de los sabinos se movió guerra por
estos y por Tacio su Rey contra los romanos; y como en esta guerra
hubiese sido abierta y entregada á los sabinos, por traicion de
Tarpeya, la avenida y el puesto fortificado que estaba al cargo de
Tarpeyo su padre, se la dió el merecido castigo de quitarla la vida
los mismos sabinos, que la pagaron, segun lo ofrecido, la traicion,
tirando todos contra ella los escudos que llevaban en sus manos
siniestras, y la dejaron oprimida y sepultada debajo de un gran monton
de ellos. Despues los sabinos con mucho silencio y reprimiendo la
voz, como lobos que acometen de callada, despues de haberse apoderado
de las centinelas, á quienes habia rendido el sueño, dirigieron el
ataque contra las puertas que Rómulo tenia cerradas y aseguradas con
gruesos cerrojos y cerraduras. Juno, aun adversa y contraria á la
descendencia de Eneas, abrió y franqueó una de dichas puertas, y la
tenia de par en par para que por ella entrasen los sabinos, sin haber
hecho ruido alguno al tiempo de volverla sobre su quicio. Sola Venus,
que era protectora de Rómulo y del reino fundado por Eneas, advirtió
la traicion, y sintió la caida de las aldabas, y la abertura de los
cerrojos y de la puerta. Hubiera acudido al momento á cerrarla; pero
no podia hacerlo, porque no era lícito ni permitido á ningun Dios el
deshacer ni rescindir lo que hubiese hecho otro Dios. No obstante
para socorrer á Rómulo é impedir la entrada de los sabinos fue á ver
á las Ninfas de la fuente que está cerca del templo de Juno, y las
pidió socorriesen á los romanos. Las Ninfas no se detuvieron en lo
que pedia Venus, ni la hicieron esperar el cumplimiento de sus justos
preceptos, y al punto abrieron y soltaron las venas y manantiales de
la fuente. Antes de esta erupcion estaba fácil la entrada al templo
abierto de Juno, al que las aguas no habian cerrado el camino. Pusieron
pues las Ninfas azufre en los íntimos conductos de la fuente, y con
el humo de los betunes encendieron toda la cóncava cañería, y con
estos y otros medios hicieron que el vapor y el calor penetrasen hasta
lo mas íntimo y profundo de los manantiales, y las aguas, que antes
vencian en frialdad á la nieve de los Alpes, empezaron á salir tan
ardientes como el fuego. Los dos postes humeaban, y se ennegrecieron
con el vapor encendido, y la puerta, que inútilmente se habia abierto
á los desaforados sabinos, quedó intransitable por las aguas, que
detuvieron á los sabinos hasta que acudieron á impedirles y disputarles
la entrada las tropas romanas que les opuso Rómulo; y despues que en
aquella empeñada accion quedó el suelo cubierto de cadáveres sabinos,
y algunos que tambien murieron de los romanos al furor de las espadas,
que derramaron mucha sangre de una y otra parte, tanto de los de Rómulo
como de los de Tacio su suegro, se acordó poner fin á la guerra, y
no llevarla hasta lo último, haciendo reunion de los dos reinos, y
admitiendo á Tacio á la parte del mando de entrambos juntamente con
Rómulo. Despues de la muerte de Tacio quedó en Rómulo el gobierno,
que antes era comun, y él solo daba y promulgaba leyes á entrambos
reinos, consolidados en uno solo. En este estado de cosas el guerrero
Dios Marte, depuesto su morrion y descubierta su cabeza, se presentó
al padre de los Dioses y de los hombres Júpiter, y le habló en la
forma siguiente: „Pues ha llegado el tiempo, padre mio, de que ya esté
consolidado y afirmado el recien fundado imperio de Roma, el que ya
está reunido en solo Rómulo, ha llegado tambien el de que me des y
concedas á mí y á tu digno nieto Rómulo el premio que me prometiste
de elevarle de la tierra, y colocarle en el cielo y en el número de
las deidades. Tú en algun tiempo y en el concilio de todos los Dioses
(bien me acuerdo, noté y tengo muy presentes tus cariñosas palabras) me
dijiste que yo por mi arbitrio podria elevar al cielo y á la clase de
inmortal á uno de mis hijos: ruégote que sea firme y se me cumpla tu
promesa.” Condescendió Júpiter oscureciendo el aire con negras nubes,
y aterrando al mundo con truenos y relámpagos, con los que manifestó
su aprobacion y consentimiento; y comprendiendo Marte estas señales
de anuencia á la elevacion de su hijo, y á quitarle de la tierra, se
afirmó en su lanza, y saltó á su carro tirado de caballos uncidos al
yugo, salpicado con la sangre de las batallas, y agitándolos con el
látigo, atravesó en un instante la vasta extension de los aires, y
paró en la cima del monte Palatino,[125] donde encontrando á Rómulo
que hacia justicia á su pueblo, lo arrebató en su carro. El cuerpo de
este Príncipe al subir al cielo se purificó, y todo lo que tenia de
mortal se disipó como la bala de plomo que es arrojada con una honda.
Su rostro se le trocó en muy hermoso, y con la magestad de deidad, y
vestido con la trábea[126] en la forma en que se le ve en su estatua
de Quirino. Hersilia su muger lo lloraba como perdido, cuando la Reina
Juno manda á Iris que baje á la tierra á consolarla, hablándola asi de
su parte: „Ó matrona singular, honor y decoro de los romanos y sabinos,
dignísima de haber sido antes muger del gran Rómulo, y de serlo ahora
de Quirino, deja ya de afligirte, enjuga tus lágrimas, y si tienes
deseos de ver á tu marido, ven conmigo al bosque sagrado que está sobre
el monte Quirinal,[127] y que hace sombra al templo del Rey de los
romanos.[128]” Iris obedece; y habiendo bajado á la tierra en su arco
pintado con mil colores, llamó á Hersilia, y la dijo lo que Juno la
habia mandado. Ella llena de respeto, y sin osar levantar la vista, la
dijo: „Guíame, ó Diosa, donde dices (porque bien conozco que lo eres,
aunque de pronto no pueda decir cual seas), y muéstrame á mi marido,
pues si los hados me conceden el verle, confesaré que veo al cielo.”
Al momento, guiando Iris, subieron al monte Quirinal, donde vieron que
una estrella caia á la tierra por los aires, la cual encendiendo con
su resplandor el cabello de Hersilia, la arrebató y subió al cielo,
donde recibiéndola en sus brazos Rómulo el fundador de Roma, la mudó el
cuerpo y el nombre, llamándola la Diosa Ora, que junta con su marido se
veneró por los romanos en el templo de Quirino.
[Ilustración]
LIBRO DECIMOQUINTO.
_ARGUMENTO._
Siguióse Numa; el cual hizo viage á la ciudad de Crotona para inquirir
su orígen y antiguo rito, donde supo que las piedras negras se habian
convertido en blancas; y alli mismo oyó á Pitágoras, que disputaba de
las perpetuas transformaciones de las cosas. Despues Egeria, llorando
la muerte de Numa, sin admitir consuelo de Hipólito que le contaba sus
transformaciones, se convierte en fuente. Esto no es menos admirable
que el haberse transformado la lanza de Rómulo en árbol, y que á Cipo
le naciesen cuernos. Julio César finalmente fue convertido en una
estrella despues de su muerte.
[Ilustración: (137) Miscilo, absuelto por un singular prodigio, va á
Italia y funda la Ciudad de Crotona.]
FÁBULA PRIMERA.
_MISCILO ABSUELTO POR LA TRANSFORMACION DE LAS BOLAS NEGRAS EN BLANCAS._
En tanto se busca quien pueda sostener el peso de tanta magnitud,
y que sea digno de suceder á tan gran Rey como á Rómulo, la fama,
pronosticadora de la verdad, destina á Numa[129] para el gobierno
de la ciudad de Roma. Este hombre grande no se contenta con conocer
bastantemente los ritos de los sabinos, sino que concibe cosas mayores
en su capaz ánimo, é inquiere cuál sea la naturaleza de las cosas. Este
anhelo y cuidado le habian hecho dejar á Cures su patria, y caminar
hasta á aquella célebre ciudad que tomó su nombre de Croton, aquel que
recibió á Hércules en hospedage. Alli preguntando y queriendo averiguar
quién fuese el que fundó en Italia aquella colonia ó ciudad griega, le
satisfizo su deseo y curiosidad un viejo instruido de las antigüedades
de su patria, diciéndole lo siguiente:
„Hércules, enriquecido con la presa de los bueyes de España que habia
tomado á su Rey Gerion, se cuenta que navegando desde el Océano
Atlántico, aportó felizmente á las playas y al promontorio de Lacinia,
donde saltó en tierra, y dejando los ganados que traia que anduviesen
errantes y apacentándose en la tierna yerba, fue admitido en hospedage
por Croton, que alli egercia la hospitalidad, en cuya casa descansó
de las fatigas de su largo viage; y al despedirse de él le dijo que
en el futuro tiempo de sus nietos y descendientes en el mismo sitio
en que estaba la casa en que le habia hospedado seria edificada una
célebre ciudad, como asi lo comprobó despues el siguiente suceso: „Hubo
un tal griego llamado Miscilo, el cual fue hijo de Alemon, y era el
mas acepto á los Dioses entre todos los de su tiempo. Á este apareció
Hércules en lo mas profundo de un sueño, y le dijo: „Despierta, deja
tu casa y tu patria, y marcha al punto á establecerte y fijar tu
mansion junto á la corriente pedregosa del remoto rio llamado Esar.”
Esto le dijo, y le amenazó con muchas y muy temibles desgracias si asi
no lo egecutaba. En esto recordó Miscilo, desapareciendo á un tiempo
Hércules y el sueño; se levantó, y reflexionando entre sí lo que habia
soñado, estuvo mucho tiempo indeciso y vacilante y sin resolverse
á obedecer, pues aunque la deidad se lo mandaba, habia una ley que
lo prohibia, y que imponia pena de muerte al que intentase emigrar y
dejar la patria. Despues de algun tiempo tuvo una noche otro igual
sueño, en el que le pareció que veia al mismo Hércules que le volvia
á mandar lo mismo, y le amenazaba con muchas mas y mayores desgracias
si no obedecia. Con este segundo sueño se llenó de temor, y empezó á
prepararse y á dar las disposiciones de abandonar su patria y emigrar
á otra region, transfiriendo y llevando consigo los Dioses Penates, y
lo mas precioso que tenia en lo interior de su casa. No fue esto tan
oculto que no llegasen á penetrarse sus designios, y á hablarse de
ellos en la ciudad. En su consecuencia fue acusado de transgresor de
la ley: se sustanció su causa, y sin necesidad de testigos ni otras
pruebas se hizo patente su delito por su propia confesion. Él en el
asqueroso trage y estado de reo,[130] alzando su rostro y manos hácia
el cielo, dijo: „Divino Hércules, á quien doce célebres trabajos
elevaron á deidad, ruégote que me des socorro, pues tú eres la causa
y el autor de mi delito.” Era antigua costumbre en Argos cuando iban
á juzgar á un delincuente echar en una urna bolas blancas si pensaban
absolverlo, y bolas negras para condenarlo. Segun este rito se dió
contra Miscilo la sentencia condenatoria, echando todos los jueces
bolas negras en la urna; pero al vaciarla para contar los votos se
halló que todas habian mudado el color de negro en blanco, y que la
sentencia dada contra Miscilo se convirtió en favorable por favor y
beneficio de Hércules. Dió á este gracias por ello, y luego que el
viento se presentó favorable, se hizo á la vela, atravesó el mar Jonio;
y despues de haber pasado la ciudad de Tarento, que debia su orígen
á los lacedemonios, á Sibaris, el rio Neeto, de los salentinos, el
golfo de Turios, á Temese, los campos de Calabria, y recorrido con
mucha dificultad y peligro todas estas costas, llegó por último á la
embocadura del rio Esar, donde el destino le habia señalado su asiento.
Habiendo hallado cerca de alli el sepulcro del célebre Croton, edificó
una ciudad, conforme á la órden que habia recibido de Hércules, y le
puso el nombre del sepultado.[131]” Tal era la tradicion del pais sobre
esta famosa ciudad, que los griegos habian venido á edificar á las
costas de Italia.
„En ella habitaba, continuó el anciano, un hombre de la isla de
Samos,[132] que se habia desterrado voluntariamente de su patria por
el odio que tenia á los tiranos que habian usurpado su dominacion. El
cual, aunque en el mundo y distante del cielo, se remontaba á él con
la contemplacion de las cosas divinas, y vió con el ingenio lo que
no podia con los ojos del cuerpo, enseñando todo aquello que habia
alcanzado por medio de sus meditaciones y vigilantes especulaciones:
él explicaba á sus discípulos, que hasta cierto tiempo guardaban
silencio, y no hacian otra cosa que oir con admiracion su doctrina,
los principios y creacion del mundo, las causas de las cosas, qué cosa
era la naturaleza, qué era Dios, de dónde provenian y se formaban las
nieves, cuál el orígen de los rayos, si era Júpiter ó la nube que se
rasgaba la que formaba y causaba los truenos, qué lo que conmovia las
tierras y causaba los terremotos, cómo y por qué leyes hacian sus giros
y círculos los planetas y los astros;[133] en suma él enseñaba cuanto
antes habia estado oculto é ignorado. Él fue el primero que reprendió
como abuso la costumbre de comer carne de los animales, y argüia
contra ella con estas doctas, pero no creidas razones: