„Reinaba en el Lacio Pico, hijo de Saturno, muy inclinado á los

caballos y á adiestrarlos para la guerra; su semblante, forma y

disposicion eran conforme lo ves en esa estatua que te he manifestado,

por la cual, que es un retrato ó fingida imagen, puedes conocer la

gallardía del original. Su índole, su discrecion y las demas dotes del

ánimo correspondian en todo á la belleza de su semblante, y su edad

aun no llegaba á veinte años, ni habia llegado á ver cuatro veces los

juegos atléticos, que segun el rito griego se hacen en la palestra

cada cinco años. Llevábase la vista y atencion de las Dríades que

habitaban en las montañas del Lacio, y le amaban y apetecian su enlace

las Náyades de las fuentes, las de los rios Albula, Numico, Teveron,

Almo, de corto y breve curso, el impetuoso Nero, y el Tarfa, de agua

denegrida, y hasta las que residian en el bosque y estanque de la

Diana, que fue traida de Escitia, y frecuentaban los lagos comarcanos;

pero el gallardo jóven las despreciaba á todas, y solo amaba á una

Ninfa, que se dice era hija de Jano el de dos caras,[102] y haberla

dado á luz su muger Venilia, que tuvieron su habitacion en el monte

y collado Palatino. Esta, luego que llegó á la edad proporcionada y

á ser núbil, fue dada en casamiento á Pico, que reinaba en la ciudad

de Laurento, prefiriéndole á todos los demas que la pretendian. Era

de rara belleza; pero mas rara y singular en la habilidad de cantar,

por lo cual fue llamada _Canente_, y con su voz conmovia las selvas y

los peñascos, amansaba las fieras, detenia la corriente de los rios, y

suspendia el vuelo de las aves. Mientras ella se quedaba entretenida

en la melodía de su canto, y en egercitar en canciones su delicada

voz, habia salido un dia Pico á los campos y bosques de la ciudad de

Laurento en busca de jabalíes en que emplear sus dardos: oprimia la

espalda de un veloz caballo, llevando en su diestra dos rejoncillos,

y arregazada y recogida con presillas de oro la clámide que vestia de

color de púrpura de Tiro. Por casualidad aquel dia Circe, dejando el

monte que de su nombre se llamaba Circeo, habia venido á las mismas

selvas de Laurento á buscar y coger yerbas para sus encantos en sus

fecundos collados, y al punto que descubrió á Pico desde unas matas

en que estaba escondida, se quedó pasmada de ver su gallardía; se le

cayeron de las manos las yerbas que habia cogido, y de repente la

llama del amor discurrió y le penetró todas sus medulas. Recobrada

algo del enagenamiento que la causó la vehemente pasion del amor, iba

á descubrírsele y confesársele; mas no pudo acercarse á él por la

velocidad con que corria el caballo, y por ir en medio de los muchos

que le rodeaban y acompañaban; pero viendo que no podia conseguirlo,

dijo: „Si es que estoy engañada en el conocimiento de mí misma y del

poder de mis encantos; si estos no me fallan, y si las yerbas de que

me valgo no han perdido su eficacia, no te me huirás ni escaparás,

aunque seas llevado en alas del mismo viento.” Apenas dijo esto formó

la figura y cuerpo aereo de un jabalí, al que hizo atravesar corriendo

el camino que llevaba el Rey, y que fuese á esconderse en lo mas espeso

é intrincado del bosque, y en una maleza en que no pudiesen penetrar

los caballos. Al momento Pico, ansioso por la presa que imaginaba

real y verdadera, é ignoraba que era una sombra y apariencia, saltó

ligero del caballo, y en seguida de una vana esperanza penetró hasta

lo mas interior y enmarañado del bosque. Alli le salió al encuentro

Circe, la que empezó á hacer súplicas y votos á deidades desconocidas,

adorándolas con unas preces y versos oscuros[103] é intrincados, de que

solia usar para sus encantos, y con los que hacia oscurecer la luna y

el sol, enmarañando su luz y sus resplandecientes rayos. Tambien y con

sus mágicos versos hizo encapotarse el cielo, y que el aire y toda su

region se oscureciesen con las nieblas espesas que exhalaba la tierra;

de modo que vagando y tropezando con la oscuridad los que acompañaban

y seguian al Rey, perdieron el tino, no pudieron encontrarle, y le

dejaron solo. Entonces aprovechándose Circe de esta ocasion, se

descubrió, y le habló en la forma siguiente: „Gallardo y hermosísimo

jóven, por esos tus graciosos ojos, que me han robado y hechizado los

mios; por tu donaire y hermosura, que me arrastra hasta el extremo de

que siendo muger y deidad no repare ni me detenga en manifestarte mi

amor y suplicarte, corresponde, te ruego, al amoroso fuego en que por

tí me abraso: mira que no soy una muger vulgar, y que no corresponda

á tu elevada clase, pues casándote conmigo tendrás por suegro al sol,

que todo lo ve é ilumina: no correspondas duro é insensible á mi amor,

ni desprecies el que te tiene y manifiesta la Titánida Circe.” Feroz

y enfurecido Pico al oirlo, la apartó de sí, y repelió sus requiebros

diciéndola: „Quien quiera que tú seas, entiende que no soy libre, ni

tuyo, ni puedo serlo, porque otra me tiene ligado, y deseo me tenga

por todo un largo y dilatado siglo, y que mientras los hados guarden

y conserven la vida de mi amada Canente, hija de Jano, no la haga yo

agravio, ni la falte al debido amor y fe enlazándome con otra.[104]”

Circe sin embargo reiteró sus esfuerzos y súplicas muchas veces; pero

todas fueron en vano; y viéndose despreciada le dijo: „No pienses que

tu desprecio ha de quedar sin castigo, pues te aseguro que no has de

volver á la presencia de esa tu amada Canente, y por propia experiencia

has de saber lo que es y puede una muger amante y ofendida, y que Circe

es muger ofendida y amante.” Entonces volviéndose dos veces hácia el

ocaso, y otras dos hácia el oriente, tocó tres veces al jóven Pico

con su vara, y repitió otras tres veces los versos y fórmula solemne

de sus encantos. Él echó á huir; y admirándose de que corria con mayor

ligereza que lo que acostumbraba, se empezó á mirar á sí mismo, y vió

tenia alas en su cuerpo, é impaciente por verse de repente convertido

en una ave nueva, y destinado á habitar en aquellas selvas del Lacio,

se enfurece contra los árboles, y con su duro pico hiere, traspasa y

taladra sus troncos y ramos: las alas se vistieron del color purpúreo

de la clámide que traia puesta: lo que antes habia sido presilla de oro

para prenderse y recogerse el vestido se volvió plumas, y el cuello

quedó ceñido con un collar, que hacia el color de oro de las plumas: en

suma, del que antes era Pico no quedó otra cosa que el solo nombre.

[Ilustración: (132) Pico, por ser fiel á su Esposa, es transformado por

Circe en Picoverde.]

Los de su comitiva, despues de haberle andado buscando y llamando á

voces por aquellos montes, repitiendo muchas veces en vano su nombre,

sin haberle hallado en ninguna parte, llegaron buscándole donde

estaba Circe (pues ya habia enrarecido las auras, y habia dejado

que las espesas nieblas y la oscuridad se desvaneciesen y disipasen

con la fuerza del sol y de los vientos), la arguyen y hacen cargo

con verdaderas acusaciones sobre que les descubra su Rey y se le

restituya, llegando el caso hasta el extremo de apelar á la fuerza, y

prepararse á acometerla con sus fieros dardos. Ella arrojó y esparció

sobre ellos una porcion de ponzoña y zumo de yerbas venenosas,

invocando al mismo tiempo á la Noche, á las deidades nocturnas, al

Erebo y al Caos, y suplicando con mágicos aullidos á la triforme

Hécate.[105] Las selvas y los valles, cosa portentosa y maravillosa, se

mudaron y pasaron á otro sitio; bramó la tierra; los árboles cercanos

perdieron su verdor, y quedaron pálidos y marchitos; las yerbas de los

prados se humedecieron, y salpicaron con rocío de color de sangre;

parecia que las piedras y peñascos se rompian y daban unos roncos

estallidos, que ladraban los perros, que la tierra brotaba por todas

partes negras y venenosas serpientes, y que andaban volando por el aire

una multitud de espectros, imágenes y visiones de los muertos. Atónitos

con tales prodigios los que poco antes querian acometerla, empezaron á

temblar: ella entonces les tocó los rostros con su vara envenenada y

encantadora, cuyo contacto los fue despojando de su antigua figura, de

la que nada quedó á ninguno de ellos, y todos fueron convertidos en

varias y diferentes fieras.[106]

„Era ya puesto el sol de aquel dia, y Canente, como no volvia su

esposo, y le esperaba con impaciencia, asomándose á mirar el camino por

donde habia de venir, entró en una grande inquietud por su tardanza.

Los criados y todo el pueblo salieron á buscarle llevando antorchas

encendidas, y registraron en su busca todas las selvas, discurriendo

por todos los montes y collados, sin haberle hallado en ninguno de

ellos. Canente, aunque lloraba, se arrancaba los cabellos y daba

grandes gritos, no se contentaba con esto, sino que salió como loca

de su casa, y echó á andar y correr en su busca por los dilatados

campos. Seis dias y seis noches anduvo corriendo por ellos y por los

collados y valles, sin haber comido ni dormido en todo este tiempo.

Cansada con el llanto y el camino, llegó á la ribera del Tíber,

donde se reclinó á descansar en su frescura. Alli, como el cisne que

estando para morir canta con mayor melodía sus exequias, acompañando

con lágrimas y gemidos sus suspiros y dolores, llena de afliccion se

quejaba con un sonido muy débil y desmayado. Por último extenuándosele

y liquidándosele sus medulas con el llanto, llegó á desfallecer, y

se desvaneció[107] y resolvió, convirtiéndose en ligeras y sutiles

auras. La fama de este suceso aun permanece en aquel sitio, al que en

señal de él los antiguos labradores llamaron Canente del mismo nombre

de la Ninfa.” Estas y otras muchas cosas semejantes, añadió Macareo,

me fueron contadas y ví por mis ojos en el largo tiempo de un año que

nos detuvimos en el palacio de Circe, al cabo del cual, ya flojos y

perezosos con el mucho descanso, se nos mandó por Ulises volver al mar,

y hacernos otra vez á la vela. Como Circe habia dicho que teníamos

que correr aun muchos mares, y muchos peligros que padecer, temí,

confiésolo; y llegando á estas orillas, me detuve.”

FÁBULA VII.

_LOS COMPAÑEROS DE DIOMEDES CONVERTIDOS EN AVES._

Con esto concluyó Macareo la referencia que hacia á Acheménides,

despues de lo cual este, como ya asociado á los troyanos, asistió con

ellos á la ceremonia fúnebre de colocar Eneas en una urna de mármol las

cenizas de Cayeta, su ama de leche, que murió en aquellas regiones, en

cuyo túmulo puso este breve epitafio: _Aqui la notoria piedad de Eneas,

mi alumno, me honró á mí, Cayeta, y á mi cadaver con el fuego de la

pira, despues de haberme sacado del de Troya._ Los troyanos soltaron

luego los cables, y desenlazando sus naves de la herbosa playa en que

las habian tenido amarradas, se alejaron de la peligrosa isla y palacio

de la famosa encantadora Circe, y dirigieron su rumbo á saltar en

tierra en los bosques en donde el sombrío y niebloso Tíber desemboca en

el mar su corriente mezclada con roja arena.

[Ilustración: (133) Venus, irritada, transforma á Acmon y á sus

compañeros en aves aquáticas semejantes á Cisnes.]

Alli, de resultas de una batalla que tuvo que vencer, se apoderó Eneas

del palacio del Rey Latino, hijo de Fauno, y recibió por esposa á

su hija.[108] Esto dió causa á una cruel guerra con la nacion feroz de

los rútulos, por estar aquella prometida por muger á su Rey Turno, que

poseido del mayor furor intentaba recobrarla, y que se le cumpliese

lo prometido. En esta guerra tomó parte toda la Toscana, aliándose á

los latinos y troyanos, y en ella se peleó por largo tiempo con mucho

empeño y con vario suceso, andando indecisa la victoria. Cada partido

de los dos beligerantes procuraba reforzarse con alianzas y tropas

auxiliares, y de los Príncipes y pueblos comarcanos unos seguian á

los rútulos, y otros defendian á los troyanos; y Eneas no hizo en

balde su viage á solicitar la alianza de Evandio,[109] de quien la

consiguió. Vénulo fue enviado por Turno á la gran ciudad que habia

edificado el prófugo griego Diomedes con la ayuda de Dauno, Rey de la

Pulla, con cuya hija casó, y recibió en dote parte del reino. Luego

que llegó Vénulo desempeñó el encargo de Turno, y pidió el auxilio;

pero Diomedes se excusó diciendo que él no podia empeñar los pueblos

y vasallos de su suegro en una guerra que no le interesaba, y que de

sus propias tropas no tenia las suficientes para armar y enviar á

Turno. „No son estas ficciones ni pretexto de excusa, dijo Diomedes

á Vénulo, porque aunque la tristeza se renueve en traer á la memoria

sucesos desagradables, será preciso el referirlos. Despues que la

ciudad de Troya fue abrasada, y sus muros fueron despojos de las

llamas de los griegos, y despues que Ayax, hijo de Oileo, cargó sobre

todos nosotros la pena que él solo merecia por el rapto y estupro de

Casandra en el templo de Minerva, se vengó esta Diosa en dispersar á

todas nuestras naves, y arrebatados de una tempestad que envió contra

nosotros, sufrimos todos los griegos rayos, oscuridad, lluvias, la ira

del cielo y del mar, y por colmo de todas estas calamidades la de la

pérdida que tuvimos, estrellándose la mayor parte de nuestras naves en

las rocas de Cafareo.[110] Para no detenerme refiriendo por su órden

estos tristes sucesos, basta decir que si Príamo los hubiese visto,

se hubiera condolido de la Grecia. Á mí y á mi nave nos libertó de

ser anegados el cuidado y favor de Minerva; pero de nada me sirvió;

pues me fue imposible desembarcar en mi propio reino, alejándome de

sus playas Venus en venganza y castigo de la herida que la hice en el

sitio de Troya cuando defendia de mí á su hijo Eneas;[111] y son tantos

los trabajos y peligros que padecí y en que me ví, tanto en los mares

como en batallas terrestres, que muchas veces llamé dichosos y envidié

la suerte de aquellos á quienes la tempestad y las rocas de Cafareo

sumergieron en las aguas, y querria haber sido uno de ellos. Mis

compañeros llegaron á desfallecer despues de haber padecido los últimos

trabajos por mar y tierra, y me suplicaron que pusiese fin á mi errante

viage. Pero Acmon, que era de ingenio vehemente, y estaba endurecido

con las calamidades y trabajos, les dijo: „Esforzados varones, ¿qué es

lo que ya puede sucedernos peor y mas grave que lo que nos ha acaecido

hasta aqui, y que vuestra paciencia pueda rehusar el tolerarlo? ¿Le

queda á Venus (aunque quiera) alguna cosa mas y peor que hacer contra

nosotros? Cuando se temen cosas peores son del caso los ruegos para

evitarlas; pero cuando los males han llegado al último estado, ya se

les pierde el temor, y su misma gravedad influye ánimo y seguridad.

Aunque la misma Venus nos esté oyendo; aunque, como lo hace, tenga un

odio cruel á todos los que somos gobernados por Diomedes, debemos todos

despreciar su odio, y no acobardarnos, sino luchar contra él con todas

nuestras fuerzas.” Con este razonamiento provocó mas Acmon á Venus, y

avivó en ella la antigua ira, que ya estaba algo apaciguada. Muchos

aprobaron su discurso y resolucion; pero otros en mayor número, aunque

amigos suyos, la desaprobamos, y le reprendimos por ella. Disponíase

á responder y replicar á los que le reprendian; pero se le adelgazó

y extenuó la voz, y se le contrajo y estrechó la garganta:[112] sus

cabellos se convirtieron en plumas, y tambien se llenaron y cubrieron

de ellas su nuevo y estrecho cuello, su pecho y espaldas. Sus brazos se

encorvaron y se hicieron alas; una gran parte de los pies se distribuye

en largos y delgados dedos, y el rostro se endurece en pico y finaliza

en punta. Mientras Lico, Idas, Retenor, Abas y Nicteo se maravillan de

una transformacion tan extraña, se convierten en aves semejantes, y la

mayor parte del escuadron toma vuelo, y se pone á volar al rededor de

nuestra nave. Si me preguntas ahora cuál sea la forma de estas dudosas

aves, te diré que aunque no son cisnes, son muy parecidas á estos por

su blancura. En fin despues de tantas desgracias llegué con mucho

trabajo y con la mínima parte de los mios á los estados de Dauno, quien

me recibió favorablemente, y me dio á su hija en casamiento.”

Con esto puso Diomedes fin á su razonamiento, y despidió á Vénulo,

el cual al retirarse de los estados de aquel, pasando por los campos

Mesapios y senos Peucesios, que están en la Pulla, vió en ellos unas

cuevas entre una espesa y una oscura selva, y que en su interior

destilaban menudas gotas de agua, las cuales eran habitacion del Dios

Pan, y antes lo habian sido de algunas Ninfas. Un pastor de la Pulla

las espantó é hizo huir de alli, llenándolas de un súbito terror; pero

aunque al principio se dejaron poseer de él, despues se recuperaron

poco á poco, hicieron burla y desprecio del pastor que las seguia,

dejaron la fuga, y se pusieron á bailar. El pastor, viéndolo, las llenó

de improperios, y remedándolas agrestemente en el baile, añadió á esto

groseras injurias y palabras desvergonzadas y obscenas, y no dejó de

insultarlas hasta que su garganta se endureció y escondió en el tronco

de un árbol en que se iba transformando, que fue el olivo silvestre

ó acebuche, cuyo jugo y el de sus amargas aceitunas dan indicio de la

mordacidad del pastor, y son una nota de su atrevida lengua, porque la

aspereza de sus palabras se traspasó al fruto del tal árbol.[113]

[Ilustración: (134) Por haber insultado un pastor á unas ninfas que

danzaban es convertido en olivo.]

[Ilustración: (135) Los navíos de Eneas incendiados por Turno son

transformados por Cibeles en ninfas marinas.]

FÁBULA VIII.

_LAS NAVES DE ENEAS CONVERTIDAS EN NINFAS._

Como Vénulo y los demas que le acompañaron se volvieron refiriendo

que Diomedes les habia negado el auxilio que habian ido á pedirle,

los rútulos tuvieron que continuar sin él la comenzada guerra, en

la que de una y otra parte se derramó mucha sangre. Turno procuró

incendiar las naves de Eneas, arrojando contra ellas teas encendidas.

El fuego ya habia prendido en los buques, sirviendo á la llama de

alimento la brea y demas combustibles, é iba ya subiendo el incendio

á las velas y mástiles, y humeaban los bancos de los remeros. En

este estado y conflicto la madre de los Dioses Cibeles, acordándose

que estas naves se habian construido con madera del monte Ida,[114]

se dejó ver en medio de los aires subida sobre su carro uncido de

leones,[115] y despues que se llenó el aire con el sonido de los

instrumentos de metal que la acompañaban, y que ella misma sonó su

trompeta, dijo: „En vano, Turno, te aplaudes á la vista de la llama

que tu mano sacrílega acaba de encender: yo la apagaré, y no permitiré

que el voraz fuego abrase los trozos y miembros de mis bosques.” La

Diosa hablaba aun cuando se oyó un fuerte trueno, al cual siguieron

unos grandes aguaceros mezclados con granizo. Los vientos irritados

turbaron los aires é hincharon el mar, levantando de repente furiosas

olas, arremolinándose, y soplando con ferocidad de partes contrarias.

Valiéndose Cibeles de la violencia de uno solo de ellos, le hizo

soplar de modo que rompió los cables con que estaban amarradas las

naves troyanas, y alejándolas con una violencia que las hacia caminar

inclinadas y de costado, las sumergió en lo mas hondo del mar. Alli

se ablandó la dureza de la madera; y convirtiéndose esta en flexibles

cuerpos, las corvas popas tomaron figura de cabezas; los remos se

volvieron piernas, pies y dedos; lo que antes era costado quedó

por tal, y la quilla por espinazo; las cuerdas se hicieron suaves

cabellos, y las antenas brazos, quedando solo el antiguo color; y de

este modo fueron convertidas en Ninfas del mar que jugaban sobre las

olas, que antes tanto temian; y las que habian tenido su nacimiento

en los ásperos montes, ahora se regocijan en medio de los mares, sin

acordarse de su antiguo orígen, pero sí de los muchos peligros que

habian sufrido en el mar; y poniendo sus manos por la parte de abajo

enderezaban las naves inclinadas, y que iban á peligrar, no siendo las

que llevaban griegos á su bordo. Como las tales Ninfas se acordaban de

las calamidades y ruina que padeció Troya cuando eran naves, despues de

su transformacion conservaron el odio á los griegos, y vieron con gozo

y alegría el naufragio de la nave de Ulises, y que la de Alcinóo cuando

iba navegando se convirtiese en una roca, y se vistiese de dura piedra

lo que antes era leño. Era de esperarse que el prodigio de la escuadra

animada de las Ninfas en que habian sido convertidas las naves troyanas

pusiese miedo á los rútulos, y les hiciese desistir de la guerra; pero

en lugar de ello esta se enardeció y siguió, teniendo cada partido sus

deidades en favor: cada uno de los dos héroes Turno y Eneas, con una

animosidad como de Dioses, se empeñaban en la guerra, menos ya por

defender los estados dotales y el reino del Rey Latino, suegro del

segundo, y por retener por muger á su hija Lavinia, que por solo el

vivo deseo de la victoria, el cual les habia enardecido hasta el grado

de que tenian por cosa afrentosa y vergonzosa el darse á partido, y

desistir sin haber vencido. El suceso que tuvo tan empeñada y porfiada

guerra fue que Venus tuvo la complacencia de ver vencedor á su hijo

Eneas, y que Turno fuese vencido y muerto á manos de aquel. La ciudad

de Ardea, corte y cabeza del reino, y que mientras vivió Turno se tenia

por inexpugnable, y estaba en el mayor auge de su poder, fue asaltada y

tomada por las armas troyanas, que la incendiaron y abrasaron, dejando

todas las casas y edificios reducidos á un gran monton de ardientes y

humeantes cenizas, del cual se vió salir una ave hasta entonces nunca

vista, la cual esparcia las cenizas con el movimiento de sus alas. El

triste canto, la flaqueza y el color de esta ave eran á propósito para

denotar la calamidad de una ciudad tomada y saqueada. Llamóse Ardea,

conservando el nombre de la ciudad de cuyas cenizas se formó y salió, y

ella misma en demostracion de dolor se hiere con sus propias alas.

Con esta victoria, y con las empresas que á tanta costa habia concluido

el valor de Eneas, suspendió y detuvo la antigua ira de todos los

Dioses, y hasta de la misma Juno, y les obligó á ponerla fin. Cuando

ya Eneas, despues de fundado y establecido felizmente el reino para

su hijo Ascanio, estaba en sazon de ser trasladado al cielo, Venus su

madre visitó y suplicó por él á todos los Dioses, y asida al cuello

de su padre Júpiter, despues de muchas caricias le dijo: „Padre mio,

que nunca te has mostrado duro y negativo á mis súplicas, ruégote que

ahora seas mas piadoso y condescendiente que nunca á la que te voy á

hacer, y es que á mi hijo Eneas, que por mí desciende de tí, y eres su

abuelo, le concedas algun rasgo de divinidad, aunque sea poco, pues me

contentaré con tal que le concedas algo, y le eleves al número de los

Dioses menores. Bastante mérito es el que haya una vez bajado á ver

el desagradable reino de Pluton, y haber una vez atravesado la laguna

Estigia.” Todos los Dioses manifestaron anuencia, y la misma Juno

no solo no mostró indiferencia en su semblante, sino que explicó su

consentimiento con palabras cariñosas, y que denotaban que ya se habia

aplacado su ira. Entonces Júpiter dijo á Venus: „Tú y tu hijo sois

dignos del don de la divinidad, y de que se te conceda lo que pides,

y para quien lo pides. Ten, hija mia, por concedido lo que deseas.”

Con esta respuesta que le dió Júpiter se llenó Venus de alegría, y dió

gracias á su padre, y desde alli, conducida por los vientos en su carro

tirado por palomas, se dirigió á las playas de los Laurentes, donde

el rio Numico, que corre entre espesos cañaverales, desemboca en el

vecino mar. Á la deidad de este rio encargó que lavase y purificase á

su hijo Eneas de todo lo que tenia de mortal, y le entrase en el mar

con mansa y suave corriente. El rio egecutó el encargo de Venus, y con

sus aguas purificó y quitó á Eneas lo que tenia de mortal, dejándole

solo la parte mas noble é inmortal.[116] Venus despues de este rito de

lustracion ungió el cuerpo de su hijo con una celeste esencia, y le

lavó el rostro con ambrosía mezclada con el dulce néctar, con lo cual

le dejó hecho Dios. El pueblo romano le llama y tiene por uno de los

Dioses Indígetes, y le recibió como tal en sus aras y en sus templos.

Despues de la deificacion de Eneas los dos reinos albano y latino

quedaron bajo la dominacion de su hijo Ascanio, que tuvo dos nombres,

siendo el primero Julio, al cual sucedió su hermano Silvio, y Latino,

hijo de este, renovó el cetro, reino y nombre antiguo de Silvio su

padre. Despues reinaron Alba y Epito su hijo, al que siguieron por

su órden Capis y Capeto, del cual fue hijo Tiberino, que habiéndose

ahogado en el rio Albula, le trocó el nombre en el de Tíber. De

Tiberino fueron hijos Rémulo y Acrota. El primero, que era el mayor,

murió á la violencia de un rayo en castigo de haber intentado aterrar

á los hombres con fingidos y artificiales rayos como si fuera Júpiter.

Acrota, mas modesto y moderado que su hermano, poseyó el reino, y por

su muerte le dejó á Aventino, el que habiendo sido enterrado en el

mismo monte en que habia tenido su palacio, le dió el nombre de monte

Aventino. Sucedió Proca, que tuvo su aula y habitacion en el monte

Palatino, y gobernó desde él.

FÁBULA IX.

_VERTUMNO Y POMONA._

En tiempo del Rey Proca hubo una famosa muger llamada Pomona, que

se aventajaba á todas las Hamadríadas latinas en el cultivo de

los jardines, y ninguna fue mas cuidadosa que ella en la crianza

y conservacion de las frutas, por lo cual se le dió el nombre de

Pomona.[117] No frecuentaba las selvas ni los rios; sus delicias eran

los amenos campos, y los árboles que producen delicadas frutas. Su

mano derecha no estaba acostumbrada al manejo del dardo, sino al de la

podadera, con la cual unas veces cortaba á los árboles lo superfluo

para que sus ramos no se extendiesen mas que lo regular, y otras les

hendia la corteza, é ingeria en ella el renuevo de otro árbol, y le

alimentaba y hacia vivir con el jugo ó savia del ingerido: ademas de

esto tenia cuidado de humedecerles la tierra, y regarles con corrientes

aguas las fibras de sus chupadoras raices. Estos eran sus cuidados,

y esto formaba toda su diversion, sin que nunca hubiese conocido

ni menos apetecido los deleites de Venus; mas con todo recelándose de

alguna violencia de los rústicos de aquellos campos, habia cercado sus

jardines para que ninguno pudiese entrar en ellos, y estar defendida

del trato, que aborrecia, de los hombres. ¿Qué no hicieron para

solicitarla los Sátiros, juventud inclinada á los bailes? ¿Qué no hizo

el Dios Pan coronado de pino? ¿Qué no hizo Sileno, cuanto mas viejo mas

entregado á los juegos juveniles? Y ¿qué no hizo en fin para reducirla

á su amor aquel otro Dios que espantaba de los jardines á los ladrones

con su guadaña?[118]

[Ilustración: (136) Vertumno, transformado en vieja, logra el amor de

Pomona.]

Metamorfóseos o Transformaciones (4 de 4) · 第 6 / 11 段