El espacio exige, entonces, la presencia de la materia o con

más exactitud la _presencia, por lo menos, de dos cuerpos_. _La

subsistencia del espacio está ligada a la existencia del mundo

corporal._ Y así el espacio de la mesa en la sala será el límite fijo

entre la mesa (envuelta) y el aire que la envuelve.

Se ve en seguida que esta explicación aparente de la “esencia” del

espacio se basa en una observación muy grosera.

Ya de la definición resulta que el espacio _aristoteliano_ tiene que

ser _limitado_; además, resulta la _imposibilidad_ del espacio _vacío,

pues se entiende por sí mismo_,--si el espacio es el límite entre el

cuerpo envolvente y el envuelto--_que donde no hay cuerpos tampoco hay

espacios_.

Aunque _Aristóteles_ estaba convencido de que el concepto de espacio,

“vacío” contradice al sentido común[18], sin embargo, dió en sus obras

muchos otros argumentos contra la posibilidad de un espacio vacío e

ilimitado.

31. _Argumentos contra el espacio vacío:_

Si además del espacio (_tópos_) ocupado por los cuerpos hay un

_otro vacío_, entonces al entrar un cuerpo en éste (vacío), debían

atravesarse dos espacios.

Otro argumento es el siguiente: _Aristóteles_ deduce que en un espacio

vacío todos los cuerpos debían caer con la misma velocidad; lo que,

según su juicio, es una cosa imposible; por consiguiente un vacío no

puede subsistir. Esta demostración aparente, y, además, falsa[19], le

parece ser una refutación tan _decisiva_ que exclama con ironía: “Y así

resulta _que la afirmación del vacío en realidad es un vacío_”.

32. _Argumentos contra lo infinito del espacio._ Cada cuerpo tiene que

estar en un cierto lugar, porque cada cuerpo tiende a su lugar natural,

pero en lo infinito no hay un lugar determinado, no hay diferencia

entre abajo y arriba, entre la derecha e izquierda; _por consiguiente

el espacio es limitado_.

Debemos imaginarnos el mundo como algo _acabado, completo y perfecto_.

Mas _Aristóteles niega_, sobre todo, que las cantidades infinitas

pueden existir como algo “_acabado_”, porque “_lo infinito no existe,

sino se forma_”; entonces, un espacio infinito no puede subsistir en el

mundo.

Todo el espacio está limitado, según Aristóteles, por la esfera

celeste, porque en su creación la divinidad consumió toda la materia

existente. Más allá de la esfera celeste, cuyo centro es nuestra

tierra, no hay, entonces, materia, por consiguiente allá no hay

espacios y mucho menos espacios vacíos, _lo que sería un doble

disparate_.

33. Cerrando la discusión sobre el espacio quiero, todavía, mencionar

que _Aristóteles_ trata de demostrar que nuestro espacio no puede tener

_más que tres dimensiones_. Lo hace refiriéndose a la costumbre de

decir “ambos” cuando hay dos, y que cuando hay tres se habla ya del

“todo”, porque no hay una palabra especial.

34. Al concepto _tiempo_ lo somete _Aristóteles_ a un tratamiento

parecido al del espacio. En la “_Física_” leemos lo siguiente: “_El

tiempo es una cantidad continua, él es el número_ (medida) _del

movimiento con relación a lo precedente y lo sucesivo_”.

Debo llamar la atención de que en esta definición la palabra

“_movimiento_” se refiere no solo _a los fenómenos físicos_ sino

también _a los psíquicos_, pues _Aristóteles_ dice una vez: “_Si

bien al reinar la obscuridad y calma nosotros no percibimos ninguna

impresión del cuerpo, tenemos, sin embargo, en seguida la sensación

del tiempo, cuando se produce en nuestra alma algún movimiento_”

(conmoción). Por esta razón _Gomperz_ pone, en vez de la palabra

“_movimiento_” (kinesis), “suceso”.

_El tiempo es pues, la medida_ (el número) _del movimiento_. La unidad

de este número (medida) constituye el concepto de “_ahora_”; por _el

movimiento_ de dicho concepto “ahora” _nace el tiempo_.

_Aristóteles no identifica_ el tiempo con el movimiento, como sucede en

las obras de _Platón_; _pero el concepto “tiempo” está ligado al número

y al movimiento_. _Donde no hay cuerpos no hay tiempo._

Siendo el movimiento del universo, según _Aristóteles_, sin principio

ni fin, sigue ya forzosamente de la definición que _el tiempo es

infinito e ilimitado_.

En una ocasión se pregunta _Aristóteles_, si el tiempo podría

substituir aunque no existiera el alma. Su contestación es: _el tiempo

no puede subsistir sin el alma_, como _el número no puede existir sin

la persona que cuenta_.

Debíamos, entonces, admitir que _Aristóteles_ niega la existencia de un

tiempo absoluto. Y sin embargo, introduce al lado del tiempo infinito,

en el cual se mueve lo mudable, el concepto “_eternidad_” (“_aión_”),

que es la esencia sin tiempo de lo invariable, y así Dios no está en

el tiempo, sino en la eternidad. _Todos los fenómenos tienen lugar en

el espacio y tiempo, únicamente Dios no está ni en el tiempo ni en el

espacio_.

35. En las “_categorías_” _Aristóteles_ analiza también los conceptos

_prioridad y simultaneidad_. Por razones especiales citaré lo que

afirma de la simultaneidad: “_Se dice, en general y en el sentido más

especial de la palabra, que dos cosas son simultáneas, cuando su

existencia tiene lugar al mismo tiempo. Ni la una es anterior, ni la

otra posterior; se dice también que existen a la vez en el tiempo_”.

“En _general se llaman simultáneas las cosas cuya existencia se produce

a la vez en el tiempo_”.

Volveremos sobre este punto al tratar en el último capítulo el concepto

_simultaneidad_ en la teoría de la relatividad.

36. Tampoco _Aristóteles_ considera tiempo y espacio como _formas de la

intuición_; en su filosofía, tiempo y espacio aparecen un “_accidens_”

de los cuerpos. Según mi juicio el concepto aristotélico del espacio

significa _un paso atrás_ en _comparación con Platón_.

LÓGICA INDUCTIVA

POR LEOPOLDO MAUPAS

Profesor en la Universidad de Buenos Aires

1.--El problema de la lógica inductiva.--2. Fundamento de

la inducción.--3. La causa como principio crítico.--4. El

principio de causalidad como postulado de la inferencia

causal.--5. La constatación de la coincidencia solitaria, como

base experimental de esa inferencia.--6. Leyes empíricas.--7.

Fundamento y determinación de las leyes empíricas.--8.

Aplicaciones de las leyes empíricas.--9. Conclusión.

I.--EL PROBLEMA DE LA LÓGICA INDUCTIVA

El conocimiento crítico empieza, en la evolución del espíritu humano,

cuando la verdad se refiere no a la creencia sino a los fundamentos de

la creencia.

La experiencia que sirve de fundamento a la ciencia siempre es

indirecta, y se realiza por medio del razonamiento crítico. La

experiencia directa no es fundamento científico. La comprobación

de la dirección rectilínea de la propagación de la luz, no sería

posible referirla a la experiencia directa. Se prueba indirectamente

en la forma de la sombra de un cuerpo opaco. La forma de la sombra

verifica que la dirección de la luz es rectilínea, porque comprueba

indirectamente la conclusión del razonamiento geométrico que determina

cuál sería la forma de la sombra si los rayos luminosos se propagaran

en dirección rectilínea. La realización de la previsión en la

experiencia, prueba así indirectamente, la dirección de la luz.

La experiencia que funda al conocimiento científico es así indirecta, y

el razonamiento crítico es el instrumento que la hace posible.

El valor de la crítica científica, supone, pues, una experiencia

justa y un razonamiento legítimo. La conclusión será falsa, aunque el

razonamiento sea legítimo, si la experiencia no es justa. Si veo mal la

sombra que produce el cuerpo opaco y no concuerda con la que debería

producir de acuerdo con el razonamiento geométrico, la conclusión que

podría sacar con la dirección rectilínea de la luz sería falsa en razón

de la deficiencia de la experiencia. En cambio sería falsa en razón

de la ilegitimidad del razonamiento, si la sombra de la experiencia

no concuerda con la que debería producirse según el razonamiento

geométrico, por error de cálculo (aunque la observación de la sombra

sea justa).

Veamos en qué puede consistir la ilegitimidad del razonamiento.

Sabemos que el razonamiento crítico es una serie de sustituciones de

afirmaciones idénticas. Decimos que “la Democracia es la mejor forma

de gobierno”, porque entendemos que decir “mejor forma de gobierno”

es igual a decir “gobierno que responde al interés de la mayoría de

los ciudadanos” y que decir “gobierno que responde al interés de la

mayoría de los ciudadanos” es lo mismo que decir “gobierno que se

someta al contralor de la voluntad de la mayoría”; pero esto es lo

mismo que decir “Democracia”; por lo tanto, suprimiendo las identidades

intermedias concluímos que “la Democracia es la mejor forma de

gobierno”.

El razonamiento crítico es así una serie de sustituciones de

afirmaciones. Ahora bien; cada sustitución es evidente o no lo es. Si

no lo es, necesita demostración. En ese caso un nuevo razonamiento

tendrá que fundar las sustituciones, y así sucesivamente como lo

dijimos al hablar de los problemas de la crítica científica[20], hasta

llegar a la afirmación de sustituciones evidentes por sí mismas.

Pero, llegados a esos términos básicos del razonamiento, ¿cómo se

funda la legitimidad de la sustitución? También lo hemos dicho al

ocuparnos del mecanismo de la crítica. La sustitución se legitima en

la evidencia de la identidad de la sustitución. Sustituyo la forma de

la sombra que me daba el razonamiento geométrico por la sombra que mis

ojos ven en la experiencia realizada, porque hay identidad entre las

dos formas. Esa evidencia de la identidad de los términos sustituídos

es así el criterio único y último en que se funda la legitimidad de la

sustitución.

De manera, pues, que en definitiva, el fundamento de la sustitución

o exclusión de los términos en los razonamientos es la evidencia de

su identidad o de su contradicción. Ahora bien; la identidad o la

contradicción, constatada en la evidencia, no es susceptible de

verificación. La evidencia es el criterio último y único de la verdad.

No es rectificable. Si la evidencia se equivoca, no hay manera de

reparar la equivocación. Solamente la experiencia contradictoria o

mayores conocimientos pueden modificar nuestras primitivas evidencias.

Mientras esto no sucede, la conciencia sigue tranquila y exenta de

curiosidad, por la imposibilidad en que se encuentra de sospechar su

error. Pero, si llega a suceder, al comprobar la falsedad de muchas

sustituciones que parecieron evidentes, puede reconstruir el proceso

del error y determinar sus causas, y en consecuencia precaverse de

ellas. De la experiencia del error nació así la lógica.

El propósito de explicar las falsas sustituciones de términos en los

razonamientos, justifica pragmáticamente los estudios lógicos, y les da

sentido en la teoría de la ciencia.

Ahora bien; en sus reflexiones acerca de las causas del error en

los razonamientos, el espíritu humano ha encontrado que la falsa

sustitución de los términos puede provenir o bien de deficiencias

de lenguaje, o de mala interpretación de la experiencia en las

generalizaciones, o de deficiencias en las observaciones, y también de

prejuicios individuales o colectivos. Ejemplos de lo primero son todos

los casos en que se violan las reglas de la lógica formal. Si de la

consideración de que el rey de Sajonia era Francisco Augusto III y de

que los ingleses son sajones deduzco que Federico Augusto III era rey

de Inglaterra, el error tiene por causa una inadvertencia de lenguaje,

por dar a la palabra sajón, cuando hablo de Federico Augusto como

rey de los sajones, una extensión que no tiene cuando califico a los

ingleses como sajones. La lógica formal nos previene contra esa causa

de error indicándonos que en los silogismos el término medio se debe

tomar por lo menos una vez en toda su extensión. Ahora bien; en los

ejemplos propuestos, la palabra sajón en ninguno de los dos casos se

refiere a todos los sajones.

Ejemplos de falsa sustitución por deficiencia en la interpretación de

la experiencia, son todos aquellos casos en que se violan las reglas de

la lógica inductiva. Si he comprobado que el vapor de agua en Buenos

Aires disuelve una sustancia, que se podría encontrar en abundancia en

una montaña de 3.000 metros, y resuelvo establecer una industria para

su explotación; si esa sustancia para disolverse necesita vapor de agua

a la temperatura que tiene en Buenos Aires, mi determinación se fundará

en un falso razonamiento, por falsa generalización respecto a la

temperatura a que el agua hierve. La temperatura del vapor de agua no

llegaría a disolver la sustancia, porque a esa altura el agua hierve

antes de alcanzar la temperatura requerida.

Ejemplos de deficiencias en la observación o de prejuicios individuales

o colectivos, serían todos aquellos que nos hacen ver en las cosas

caracteres que no tienen y las falsas nociones que nos hacen establecer

entre esas cosas y otras, relaciones de identidad que no existen. El

que se asusta de los gestos que hace el que se despereza ha observado

mal el acto. Los exorcismos con que en la edad media se pretendía

curar a los endemoniados no eran sino consecuencias de los prejuicios

de la época. Estas causas de error son inevitables. Bacon indica las

precauciones que conviene tomar para evitar las malas observaciones.

Estas indicaciones son de carácter puramente psicológico; pero es

interesante conocerlas, y hemos de ocuparnos de ellas al hablar de los

principios de la investigación. Por lo que se refiere a los prejuicios

individuales y colectivos, representan el estado de la ciencia

individual y colectiva. Contra ellos nada se puede. Sólo más ciencia

puede evitarlos.

En el último artículo que he publicado en esta revista he indicado

como procede la lógica formal para evitar los malos razonamientos

que tienen su origen en la indebida extensión de los términos en el

lenguaje. Y he indicado también cómo ese problema desaparece, y en

consecuencia la necesidad de la lógica formal, si se da a los términos

valor pragmático. Procediendo en términos definidos pragmáticamente, el

peligro de razonar mal por deficiencia de lenguaje desaparece.

Con esto queda claramente delimitada la función de la lógica

inductiva en la solución de los problemas que plantea la crítica del

conocimiento. Su función es verificar el valor de las generalizaciones.

Un razonamiento puede ser justo desde el punto de vista formal; puede

no tener defectos de observación; los prejuicios podrían no tener

importancia para la conclusión, y sin embargo ser ésta falsa en razón

de una mala generalización. Y para esclarecer estas afirmaciones, voy

a recurrir a un ejemplo que he empleado a menudo: la inferencia que se

saca de la muerte de una cobaya respecto al efecto que produciría en

el hombre la inyección de la sustancia que le produjo la muerte. La

inferencia se funda en la identidad de constitución que se establece

entre el hombre y el cochinillo de la India, que afirmamos en razón de

la identidad de los caracteres de su constitución. La determinación

de la identidad de los caracteres podría ser justa, y con todo la

inferencia podría ser ilegítima en razón de la falsa generalización.

Puede ser cierto que el conejillo murió a consecuencia de la inyección

de la sustancia venenosa. Puede ser también que sea legítima la

identidad de constitución que se ha observado entre el hombre y el

conejo. Pero, la generalización podría ser ilegítima si, por ejemplo,

el conejo no murió en razón de los caracteres de su organización, en

lo que son idénticos con los del hombre, y que de haber sido por esa

causa legitimarían la generalización. Si por el contrario la inyección

hubiese muerto al conejo porque momentos antes había comido una yerba

determinada, el hecho no solamente no prueba que los hombres morirían

con igual inyección, sino que tampoco probaría que los demás conejos

hubiesen de morir a consecuencia de ella. La única generalización que

se podría hacer sería que los conejos que han comido tal sustancia

morirán si se les inyecta el veneno en cuestión. Pero, ¿en qué consiste

la falsa generalización? ¿Cuáles son las condiciones que tiene que

reunir una generalización justa?

Y esa pregunta nos acerca a la delimitación de la función propia de

la lógica inductiva. Y digo nos acerca, porque la lógica inductiva no

tiene por función determinar las condiciones de toda generalización,

sino de aquellas generalizaciones que se fundan en la inducción.

Efectivamente, hay dos clases de generalizaciones: las que se fundan

en la simple enumeración de los caracteres constatados en los casos

particulares, como cuando se ve que cada una de las fichas que se

encuentran encerradas en una caja son de color rojo, y generalizando

se afirma que las fichas de esa caja son rojas. La otra clase de

generalización es la que se funda sólo en la observación de uno o más

casos particulares, como cuando afirmo que los hombres mueren si un

balazo les atraviesa el corazón, fundado en que Juan murió por esa

causa.

Las generalizaciones que no son más que la expresión de una totalidad,

se fundan en la enumeración de todos los casos. Esta clase de

generalización, salvo deficiencias en la observación, no puede tener

más causas de error que la enumeración incompleta. Si he observado bien

y he contado todos los casos, la generalización no puede ser falsa[21].

Así es cómo la teoría de la inducción tiene por función resolver

uno de los problemas que plantea la crítica de los conocimientos,

y que consiste en determinar las condiciones que debe reunir una

generalización fundada en la inducción.

La importancia de la lógica inductiva es así enorme. Constituye la

teoría fundamental de casi toda la ciencia de lo real. Pero grandes

dominios de la ciencia se construyen fuera de su fundamento, y

para acabar de determinar los límites de sus funciones, veamos

especialmente cuáles son los que no se fundan en ella.

La lógica inductiva sólo se refiere a la verificación de las ideas

reales generales que se fundan en la inducción. Ni las ideas irreales,

ni las ideas concretas, ni las ideas generales que se fundan en

la simple enumeración, son susceptibles de verificación por el

razonamiento inductivo. Tampoco se fundan en la inducción las leyes

derivadas de otras más generales.

Efectivamente, las ideas matemáticas, o son principios racionales,

axiomas, definiciones y postulados, es decir, verdades intuitivas

inverificables y presupuestos que se afirman sin demostración, o son

ideas construídas sobre esos elementos. Ahora bien; los elementos de

esas construcciones, los principios racionales, son inverificables,

y el valor de las ideas derivadas se determina en la coexistencia

armónica del sistema. El origen psicológico de las ideas matemáticas

podrá ser experimental; pero su crítica científica nada tiene que ver

con ese origen experimental. Por eso es que la teoría de la inducción,

que trata de determinar las condiciones que debe reunir la experiencia

para permitir la generalización, nada tiene que ver con la verificación

de las ideas irreales.

Tampoco tiene función que llenar la lógica inductiva en las ciencias

aplicadas. Estas operan con ideas concretas y su verificación no

es objeto de la lógica inductiva. Como lo dijimos en su lugar, las

ideas concretas se verifican en el conocimiento de su ley, es decir,

de la idea general de la que son un caso particular. Se verifican

deductivamente. La simple constatación de un hecho particular no nos

saca del conocimiento vulgar: conocer científicamente un hecho concreto

es explicarlo, y explicarlo para la ciencia en la actualidad, lo mismo

que para Aristóteles, es determinar su ley. Cuando se le puede deducir

de ésta, el hecho queda explicado.

Tampoco son de aplicación las reglas de la lógica inductiva a

la verificación de las ideas generales que se fundan por simple

enumeración, con lo que vienen a quedar excluídas de su consideración

las leyes que S. Mill llama leyes de coexistencia no dependientes de

causalidad, es decir, la determinación de los caracteres primitivos de

los géneros.

Y, por fin, tampoco son de aplicación las reglas de la lógica inductiva

a las ideas generales, cuando éstas se deducen de otras ideas más

generales.

La lógica inductiva no es, pues, la teoría de toda la ciencia. Ni

siquiera de toda la ciencia de lo real. Gran parte de ésta escapa a su

fundamento; pero su dominio es tan grande y tan importante, que casi se

podría decir que es la teoría de la ciencia experimental.

Y con esto dejamos determinada la función de la lógica inductiva: es la

teoría de la verificación de las ideas generales que se fundan en la

inducción.

II.--FUNDAMENTOS DE LA INDUCCIÓN

Pasemos a considerar cómo la lógica inductiva trata de resolver el

problema que se le propone.

La inducción consiste en verificar la afirmación general en uno o en

varios casos particulares. Sabemos, por habernos ocupado de ello al

estudiar la crítica del conocimiento, qué es lo general. Lo general es

lo común a varios. Y por lo tanto la fuente para la verificación de las

ideas generales tiene que ser los casos individuales que comprende. El

problema que plantea la verificación de las ideas generales es saber

cómo se puede verificar en lo particular la verdad que se afirma en

general.

Ahora bien; si lo general es lo común a varios, sumando en los casos

particulares los caracteres comunes se podrá verificar la verdad de la

afirmación general: Si individualmente se puede constatar que cada uno

de los doce apóstoles usaba barba, la afirmación general de que los

apóstoles eran barbudos queda verificada.

Pero no siempre es posible hacer el recuento de los casos particulares

que constituyen un género. Por el contrario, en la mayoría de los casos

no es posible la enumeración. No es posible contar todos los ejemplares

del género hombre para verificar la afirmación de que el hombre es

mortal. Y aunque se pudieran contar los que existen actualmente, no

podríamos comprender en la enumeración a los hombres que fueron y a los

que serán. Y sin embargo generalizamos también para ellos. Fundándonos

en la afirmación de unos cuantos casos, afirmamos que lo que en ellos

hemos constatado es la expresión de una ley general.

La generalización por inducción se distingue de la generalización por

simple enumeración, en que ésta es el resultado del recuento de todos

los casos particulares comprendidos en la afirmación general; mientras

que la inducción se funda sólo en algunos casos y a veces en uno solo.

Pero, ¿cómo es posible que lo constatado en uno o en varios casos se

pueda afirmar de todos los individuos comprendidos en el género? Y

sobre todo ¿cómo distinguir los casos particulares que expresan lo

general de aquellos que no lo hacen? Porque no siempre lo particular es

prueba de lo general.

Si un balazo atraviesa el corazón de Juan y muere, este hecho

particular es una prueba de la afirmación general de que los hombres

mueren si una bala les atraviesa el corazón. Pero, si bañándose

Juan muere ahogado en el río, este hecho particular no probaría la

afirmación general de que los hombres que se bañan en el río mueren

ahogados. ¿Por qué en un caso el hecho particular verifica la verdad de

la idea general y en el otro no? ¿Cuál es el fundamento de la inducción?

La respuesta es fácil. En el primer caso afirmamos que la muerte de

Juan prueba que en el mismo caso los demás hombres morirían porque la

herida que sufrió en el corazón es la _causa_ de la muerte. En cambio,

en el segundo caso, no podemos decir que los hombres que se bañan en el

río han de morir ahogados, porque la _causa_ de la muerte de Juan no es

el hecho de que se haya bañado en el río sino la de que no sabía nadar

y no hubo nadie que pudiera auxiliarlo. En cambio el conocimiento de

esta causa nos permitiría generalizar y afirmar que los que no saben

nadar y no tienen quiénes los auxilien, en las mismas circunstancias,

morirán ahogados.

Así es como el conocimiento de la causa del hecho particular es lo

que nos permite generalizar. Y debemos decir, por lo tanto, que el

fundamento de la generalización es la determinación de la causa de un

hecho.

Revista de Filosofía, Año V - Nº 3 - May/1919 Cultura—Ciencias—Educación · 第 8 / 16 段