La sucesividad: ética, estética y religión, se observa muy bien en el

estadio de la estética motriz, en que el hombre no había llegado aún

a discernir lo mejor de lo peor, lo bueno y lo malo, etc., sino en el

mundo sensorio, y, aun en éste, limitado a las sensaciones musculares

que, a los efectos de la realización de la vida, ocupaban el primer

puesto, eran los primordiales. El sujeto que sobrepasaba a los demás

en fuerza muscular, o bien en el manejo de las armas, por ejemplo,

realizaba lo más estético, prevalecía, era luego el jefe, el árbitro

de lo ético, el modelo en la realización de lo estético; si llegó a lo

extraordinario, las generaciones siguientes lo erigieron en ser mítico,

más tarde en dios. Hombre extraordinario, jefe, mito, dios; he ahí un

origen estético de muchos dioses primitivos y origen estético-motor

surgido del sentido muscular como arma para satisfacer el instinto de

conservación en la lucha por la vida. En aquellas épocas alejadas, el

arma más eficaz para el triunfo era la fuerza muscular y la maestría

para utilizarla mejor, porque aún no habían nacido otros medios de

lucha, el hombre admiró y exaltó lo más perfecto, y llegó a crear los

dioses que representaban el summum de la fuerza o de la perfección

en las nociones que provee el sentido muscular. Pero la fuerza y la

maestría si eran armas eficaces para la lucha por la vida, no lo eran

para luchar contra agentes naturales como la tempestad, el rayo, la

obscuridad; y el sentimiento del temor nacido de la ineficacia de

los medios de lucha, dió origen a la creación de dioses misteriosos,

monstruosos, brutales. Pero estos dioses eran de origen más remoto;

estos dioses productos del terror perduraron y fueron, poco a poco,

desplazados por los dioses motores. Los dioses de origen fóbico

convivieron cierto tiempo con los dioses motores, hasta que estos

últimos los desplazaron del todo.

Y este fenómeno de simultaneidad y desplazamiento gradual de dioses de

distinto origen, ha sido de todos los tiempos y es el que, aunque con

mucha mayor complejidad, ocurre actualmente.

No fueron los dioses los que engendraron al miedo sino el miedo el que

creó a los dioses, como muy bien lo dijo _Lucrecio_. Como el hombre

los creó bajo la influencia depresiva del terror, que es eminentemente

antiestético, todos esos dioses son sumamente antiestéticos: son

creaciones cuya sola vista debe provocar el mismo sentimiento de

terror con que fueron creados, son dioses onomatopéyicos del terror,

como ocurre con la diosa Kali indú, o los animales monstruosos de los

egipcios que poblaban la tierra de que habla Máspero, o los dioses

estrafalariamente horribles de los asirios y caldeos, etc.

Tampoco fueron los dioses los que crearon los sentimientos estéticos

motores, sino los sentimientos estéticos motores los que crearon los

dioses motores, cuyas figuras representan el summum de la estética

motriz de entonces. Tal ocurre con los dioses egipcios que no eran de

origen fóbico, como Ammon que era un dios de fuerza, Osiris e Isis,

dioses de energía o fuentes de energía, Hércules que cae de un plano

superior en Egipto a uno más inferior en Grecia que estaba en un

período mucho más avanzado de evolución, y los dioses de fuerza, los

dioses motores pasan a la categoría de semidioses o héroes: Teseo,

Perseo, Belerofonte, Cadmo, etc.

Se ascendió de lo estético a los dioses y no se descendió de los dioses

a lo estético. Los dioses sintetizaron lo estético.

Lo estético se presenta así como un grado de evolución superior a lo

ético, como un sentimiento intermediario entre el sentimiento moral y

el religioso. Por eso es que en el sentimiento de la inspiración, el

inspirado se encuentra en un estado sentimental intermediario entre el

sentimiento que provocan las reflexiones morales y el éxtasis místico.

El momento de inspiración es un momento de _éxtasis estético_ y el

sujeto se halla en lo que respecta al mundo exterior, en un estado de

semiconciencia, casi completamente aislado y no completamente aislado,

ajeno a todo lo que ocurre fuera de él, como acontece en el _éxtasis

místico_, que, en lo que concierne al sentimiento, es la superevolución

del éxtasis estético.

Pero la estética motriz no es exclusiva de los pueblos primitivos y

salvajes; en infinidad de hombres se encuentra hoy, si no en la forma

rudimentaria del salvaje, en un grado de evolución algo superior. Como

es muy reducido el número de sujetos en los cuales los agentes motores

ya no provocan reacciones estéticas, resulta que la estética motriz

es cultivada, no solo por los motores, sino por todos aquellos en los

cuales este factor tiene aun importancia psicológica. Así se explica

que perduren aún cantidad de deportes, que solo se diferencian de los

del salvaje por la indumentaria de los que los realizan, o por la forma

o los medios de realizarlos. Si se estudian los medios de provocar

reacciones estéticas motrices, en las colectividades más avanzadas, se

verá que son de una enorme variedad, desde el simple culto de la fuerza

en los atletas, boxeadores o luchadores, hasta el tango, desde las

cinchadas o gatas paridas al partido de _football_ o de _tennis_, desde

las cinchadas y visteadas al sable o al florete y desde el juego del

sapo al campeonato de tiro.

En el niño, durante la primera, la segunda infancia y aun invadiendo

la niñez, las reacciones estéticas provienen, especialmente, de

excitantes motores, ya obre como actor o como simple espectador. Por

grados insensibles, durante la niñez, de la estética motriz pasará al

predominio de la estética sensoria, que culminará al final de la niñez.

El sujeto puede quedar estacionado, en lo que a sentimientos estéticos

se refiere, en cualquier etapa. Si queda en la sensoria, será un

adulto cuyos sentimientos estéticos serán sensorios y reaccionará

como reacciona un niño, es decir, mediante excitantes sensorios. Si

se estaciona en la motriz, sus sentimientos estéticos se manifestarán

exclusivamente en lo motor y representará, en ese concepto, a un

salvaje viviendo en un medio culto.

2.ᵒ _Estética sensoria._--En la filogenia, sobre la base de las

reacciones estéticas de carácter motriz, evolucionaron las _sensorias_.

Llamo así, a las reacciones estéticas provenientes de todas las

sensaciones, excepto las musculares o las que provoca en el espectador

el movimiento, para las cuales se reserva el vocablo motriz, es decir,

reacciones estéticas motrices. Los sentimientos estéticos de origen

sensorio, provienen, pues, de las sensaciones visuales, auditivas,

tactiles y térmicas, gustativas, olfativas y de orientación.

El nacimiento de estas reacciones estéticas en la filogenia, se

explica porque complejizándose cada vez más, con la concurrencia

vital, la lucha, fué necesario emplear mayor número de medios, y de

medios más eficaces. Sucedió, entonces, lo mismo que ocurre ahora. Al

hombre primitivo no le bastaron en una etapa dada, para tener éxito,

las sensaciones musculares y la fuerza muscular, y tuvo que echar mano

de otros medios auxiliares, que no podían provenir más que del empleo

de los otros sentidos, perfeccionándolos, o adaptándolos mejor con el

uso. Pero lo auxiliar en su origen, se fué convirtiendo, poco a poco,

en fundamental, pasando lo fundamental, en muchas actividades, a ser

secundario. El hombre primitivo superaba, como supera con mucho el

salvaje actual, al hombre culto, en lo que respecta a sentido muscular.

Salvo actividades excepcionales, el sentido muscular no es el más

importante a los efectos de la lucha diaria y más concurso prestan las

otras sensaciones, sin exceptuar, naturalmente, a los obreros.

En el estadio de la estética sensoria, para los que han llegado a

penetrar en él, la estética motriz es de carácter secundario, pasando a

ocupar el primer puesto la sensoria.

En la Historia el tipo de estética sensoria es el pueblo griego.

Téngase en cuenta que aludo a la cultura media del pueblo griego y no a

la de sus grandes hombres.

Los dioses primitivos de origen fóbico desempeñan allí un papel muy

secundario; los dioses motores como Hércules han caído a la categoría

de héroes. No obstante esto, no por eso desaparece la estética motriz,

como no ha desaparecido hoy y por inferior que sea perdurará aún, y

se manifiesta en los diversos juegos celebrados y cantados por sus

poetas. Pero las sensaciones, de lo ético ascendieron a lo estético, y

de lo estético se llegó a lo religioso. De ahí la serie de dioses de

origen sensorio, de mitos, de genios, todos de carácter estético. Si

se exceptúa Júpiter que es un dios de fuerza, Marte que lo es motor y

alguno más, los otros en su mayoría son evidentemente sensorios: Venus,

Cupido, Baco, Eolo, las nereidas, las sílfides, las ondinas, etc.

Quedan Plutón, las arpías, las furias y otros genios de origen fóbico,

pero ya no son tan horripilantes como los dioses fóbicos asirios o la

diosa Kali.

Los epicureístas y los estoicos no son más que dos tendencias

antagónicas en una ética sensoria, que llega a culminar en la estética

sensoria. Tanto los epicureístas como los estoicos surgen del mundo

sensorio, como propulsor de la voluntad: satisfacer la sensación de

afectividad positiva, o no satisfacerla prefiriendo la negativa; he

ahí a la sensación obrando en la voluntad, para unos como elemento de

impulsión (epicureístas), para los otros como elemento de inhibición

(estoicos), o si se quiere plantear en otros términos: el dominio de

los sentidos sobre el _yo_ o el dominio del _yo_ sobre los sentidos.

En la actualidad no son muchos los que han ultrapasado el límite de la

estética sensoria. La mayoría permanece en ella, perfeccionándola. Su

ética será también poco elevada.

En el terreno del arte los estetas sensorios son aquellos que

reaccionan ante las sensaciones; en visión el sujeto reaccionará

ante el colorido, la perspectiva, la distribución en el paisaje, el

conjunto, el claro-oscuro, etc.; en audición, se extasiará con el

timbre, con la altura del sonido, con la intensidad, pero no le exige

mucho más; en el gusto, será un perfecto goloso, etc.

En las producciones artísticas al visual le bastará la estética motriz

o sea la ejecución, la virtuosidad del pintor, y el elemento sensorio,

el colorido, la perspectiva, etc.

En literatura preferirá al descriptor colorista, importándosele muy

poco del contenido, de la tesis sustentada, del meollo de la obra.

Al auditivo le llamará la atención la parte motriz, ritmo, compás,

movimiento, virtuosidad; preferirá en la audición lo puramente melódico

o armónicamente simple. Las complejidades quedan fuera de su alcance.

Es de advertir que cantidad de productores, a los que se les

llama artistas, sólo realizan la estética motriz y sensoria y sus

producciones no ultrapasan ese límite. Naturalmente, obtienen un

éxito inmediato; son los menos discutidos, porque la estética de sus

producciones es perfectamente accesible para la gran masa y para los

críticos que, si son tales, es por incapacidad de ser productores,

lo que equivale a decir que siempre están en un plano inferior al

productor, aunque su producción no ultrapase el límite de lo sensorio.

Es por eso, por lo que, en general, los críticos hincan sus garras en

la producción superior, que les es inaccesible, y no en la inferior,

que pueden catar mejor.

La moralidad de los artistas que no ultrapasan la estética sensoria

debe estar de acuerdo con sus sentimientos estéticos y nada tiene de

extraordinario pues, que sean _sensualistas_, libertinos que llevan

una vida disipada, como ocurre con una cantidad de literatos y de

artistas en general, que en realidad son pseudo artistas, los que

llegan hasta creer que la producción superior trae aparejado ese género

de vida. Pero analícense sus producciones y se verá que les espera una

existencia precaria; que no tendrán más longevidad que la del artículo

de diario, o de la columna de revista o cosas semejantes; no pasan

jamás a la Historia.

No ocurre lo mismo con cerebros como el de Víctor Hugo, con artistas

como él, como Carducci, como Zola, cuya forma tachada de inmoral, es

un medio de llegar a la estética del pensar, que surge de una profunda

ética.

Claro está que al hablar de artistas excluyo a los llamados artistas

líricos, bufos, cómicos, dramáticos, danzantes, prestidigitadores, etc.

Del punto de vista de la mentalidad y del sentimiento, estos sujetos

tienen muy poco de artistas y mucho de pobres diablos. Sus sentimientos

estéticos, salvo las excepciones de sujetos superiores, son inferiores

como lo son los éticos.

Cuando se habla pues de artistas inmorales, lo que debe discutirse, en

primer término, es si se trata realmente de artistas y no de sujetos

con sentimientos estéticos sensorios que no ultrapasen este límite.

Por lo demás, no hay por qué circunscribir los sentimientos morales

a un fallo, sino tomarlos en toda su amplitud. Me parece que no se

debe echar en olvido todas las prendas morales que posea un individuo,

porque tenga hábitos alcohólicos que no dañan más que a su persona,

por ejemplo. No es vulgar encontrar entre los artistas, estafadores,

ladrones o criminales. Si cabe llamar artistas a los sujetos cuyas

producciones no van más allá de excitar nuestros sentidos y esos

artistas en su mayoría son inmorales, en cualquier caso serían simples

excepciones que no destruirían la regla, porque, sin ir más lejos, en

nuestro medio, los sujetos de producción que van mucho más allá de

lo sensorio, que yo conozco y que constituyen la gran mayoría, son

individuos de la más elevada moralidad.

Cierto es que han existido artistas y grandes artistas inmorales, pero

son casos aberrantes, excepcionales, y su inmoralidad ha sido siempre

unilateral, una falla personal sin sanción penal.

Como lo he manifestado, en la ontogenia, las reacciones estéticas de

carácter sensorio se encuentran en su período álgido al fin de la

niñez; se instalaron en la época motriz y declinan en la adolescencia y

pubertad en los sujetos que evolucionan hacia formas superiores.

En la mujer, este período es de menor duración que en el varón, por ser

la mujer más precoz en el período sexual. Las mujeres que se estacionan

en la estética sensoria son excepcionales; su enorme mayoría penetra en

los sentimientos estéticos sexuales que, más o menos perfeccionados,

según los sujetos, son el término de la evolución de sus sentimientos

estéticos. Sólo rarísimos casos excepcionales ultrapasaron este límite,

para penetrar en la estética intelectual.

3.ᵒ _Estética sexual_.--No llamo estética sexual a la belleza física,

moral o intelectual de la mujer o del hombre. La estética sexual

resulta de las reacciones de carácter estético provenientes de la

esfera sexual.

La tendencia hacia el acto sexual o su realización, está muy lejos de

lo estético y debe considerarse simplemente como la satisfacción de

una necesidad de la vida orgánica. Si se le considerara como estética

sexual, resultaría toda la humanidad compuesta de estetas sexuales y

que los más impulsados, lo serían más. Pero ocurre que éstos, cuando

persiguen como fin el acto sexual, teniendo poco en cuenta la persona

con quien se realiza, no son ni remotamente estetas sexuales. Entre los

varones el número de estetas sexuales es muy reducido, particularmente

en la edad viril; en la juventud suele ser mucho más frecuente, pero lo

ordinario es que sea un período de transición, que declina en su forma

estética en plena edad viril.

La mujer en su enorme mayoría resulta con respecto al varón, esteta

sexual, pero la sexualidad femenina difiere de la masculina, no sólo

cuantitativamente, sino también cualitativamente.

El instinto de conservación específica se satisface por un doble

mecanismo, tanto en el varón como en la mujer. En otros términos,

intervienen dos factores muy complejos: el fisiológico y el psíquico.

Orgánicamente el hombre difiere de la mujer en que la zona de

excitación sexual es mucho más extendida en ésta que en aquél. Si

diferencias hay en el orden físico, mayores y más complicadas son en el

orden psíquico.

De los dos factores que intervienen en la sexualidad, el fisiológico es

primitivo, el psíquico es adquirido. De la intensidad de su actuación

resultan los tipos de amor.

Cuando prima el factor fisiológico porque el psíquico es rudimentario,

se está en presencia del amor animal, de la forma más inferior del

amor. El candidato para satisfacer ese amor es cualquiera, lo único

que se requiere, por ser condición indispensable, es el sexo opuesto,

pero los atributos sexuales secundarios entrarán poco en cuenta; si los

posee mejor, se le aplicará el dicho de que “lo que sobra no daña”.

Este tipo, es el tipo del amor fisiológico, que nada tiene de estético;

es puramente instintivo, y, por tanto, impulsivo.

No me ocuparé de los tipos intermediarios, que se encuentran en mi

trabajo sobre ese tópico, e iré al término opuesto de la serie:

predominio del factor psíquico que llega a hacer aparecer al

fisiológico como nulo en un principio, rudimentario después y sigue su

curso ascendente mucho más tarde. En estos casos se trata de estetas

sexuales.

En mi trabajo sobre sentimientos estéticos he descripto este tipo. Aquí

no haré más que dar un boceto:

El amor está lleno de atributos de carácter fuertemente sentimental

y débilmente intelectual, porque el factor sentimental casi anula

al intelectual. Son los casos donde cuadra bien el dicho de que “_el

amor es ciego_”. El amor es un complejo de ideal, ilusión, pasión,

fe, franqueza y alta dosis de timidez, no obstante la fe, celos, y

cosas así aparentemente antagónicas, de coexistencia imposible; tiene

un fondo marcadamente megalómano, puesto que el amante es el elegido

por el ser amado, el único que ha podido conquistarlo entre cantidad

de pretendientes, todos llenos de brillantes dotes y ese ser amado

es superior a los demás: posee las más altas aptitudes y si no lo

parece es porque modestamente las oculta y esa modestia contribuye

a exaltar sus atributos estéticos; en una palabra, el ser amado es

excepcionalmente superior, de donde resulta que el amante, debe también

serlo, pues de otra manera no se explicaría la correspondencia en el

amor. En estos sujetos existe un sentimiento marcado de triunfo, y si

no existe, inventa dificultades que vencer.

Largo sería anotar todas las características del esteta sexual. En la

época sexual o período sexual que corresponde a la pubertad y a la

juventud, el tipo de esteta sexual abunda; y está representado por el

joven realmente enamorado. En la edad adulta ya ha declinado el período

y los casos no son abundantes.

En la mujer es el tipo normal. El amor femenino es de reacciones

eminentemente estéticas.

La proyección más vasta de la estética sexual está en el romanticismo;

es una estética que sea directa, sea indirectamente, a veces al

través de muchos intermediarios, tiene como base el amor sexual. Los

románticos son, pues, estetas sexuales y han sido descriptos en sus

casos más agudos por novelistas, también románticos, es decir, de la

misma pasta, con los nombres de _Atala_, _Romeo_, _Julieta_, _Pablo_,

_Virginia_, _Graciella_, _Rafael_, _Werther_, _etc_. La literatura

moderna está plagada de descripciones de tipos de esa clase, o bien se

basan en argumentos sentimentales o románticos.

La estética sexual evoluciona en todos los casos sobre la base de

la estética sensoria y de la estética motriz; su mayor desarrollo

haciéndola prevalecer, oscurece a las otras formas y las reacciones

estético-sensorias son ya débiles, siéndolo mucho más las

estético-motrices. Los individuos estetas sexuales son superiores a

los estetas sensorios y _a fortiori_, a los estetas motores. En los

primeros las reacciones estéticas provienen del sentimiento; en los

segundos, de las sensaciones, y en los últimos, del movimiento. El

orden ascendente es, pues, éste: 1.ᵒ, estética del movimiento; 2.ᵒ,

estética de las sensaciones; 3.ᵒ, estética del sentimiento, y la 4.ᵒ,

corresponde a la estética del pensamiento.

Entre el amor puramente impulsivo del imbécil, del degenerado mental,

o la sexualidad fisiológica del que realiza el acto satisfaciendo una

necesidad de la vida vegetativa, por higiene, y el esteta sexual, media

una distancia enorme. En los primeros desempeña el papel primordial el

instinto y todo se reduce a ese papel, mientras que en el último entran

en colaboración sentimientos de distinta naturaleza, la imaginación en

una proporción enorme, y otras aptitudes intelectuales.

La estética sexual se asienta en la filogenia sobre la base de la

motriz y de la sensoria, y aparece cuando los sentimientos han

alcanzado un alto grado de desarrollo. La evolución superior de esta

estética a base de sentimientos, dió lugar a las religiones a base

sentimental.

El triunfo en la lucha para satisfacer el instinto de conservación

individual dió lugar a las reacciones estéticas motrices y sensorias,

y en el instinto de conservación de la especie a las sexuales. La

estética motriz y sensoria tienen su punto de origen en la satisfacción

del instinto de conservación del individuo; la estética sexual, en el

instinto de conservación de la especie.

Los dioses más arcaicos fueron de origen fóbico; les siguieron los

dioses motores y luego los sensorios. El desarrollo de la estética

sexual, trajo como consecuencia un mayor vuelo sentimental, lo que

dió origen a los dioses de origen sentimental, que son los dioses

actuales. Llámesele El Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, Dios, Cristo,

la Virgen María, llámesele ángeles, santos o santas, son perfectamente

dioses, semidioses, héroes. Pero son dioses creados más que de nada,

del sentimiento, poseyendo los atributos de la fuerza. Obsérvese que

no hay un sólo santo sabio, los santos capaces de realizar milagros

equivalen a los dioses secundarios o los héroes del paganismo, pero

aquí se caracterizan por sus atributos sentimentales, por su ética

sentimental. Las cuestiones de carácter científico quedan para la

discusión de los hombres; en el reino de los cielos no se hace cuestión

de conocimientos, sino de sentimientos. El diablo o satanás, y en

general los diablos, son dioses fóbicos, seres horribles de un poder

extraordinario para la realización del mal. Satanás es un dios atávico

que está descalificado, pues sólo reducidísimo número de sujetos en el

mundo civilizado cree realmente en su existencia. En cambio se le ha

substituído por un concepto abstracto del mal; es una forma nueva, cuyo

fondo es atávico, porque es de origen fóbico. La existencia del mal,

es la conversión a lo abstracto de los dioses fóbicos concretos de las

religiones salvajes primitivas.

Religiones a base sentimental o de origen estético sentimental, son las

actuales en los pueblos más cultos, las más difundidas y que afectan

al mayor número de individuos dentro de las colectividades cultas. Los

pueblos salvajes están en etapas mucho más inferiores; sus dioses son

fóbicos o motores, como ocurre en los pueblos del Africa Central, en

algunas sectas indúes, en los Onas o los Yagan fueguinos, etcétera,

etcétera.

El último estadio, como veré más adelante, corresponde a los dioses que

nadie conoce con el nombre de dioses, surgidos de la intelectualidad,

es decir, a los dioses intelectuales, que surgen de la estética

intelectual que sólo afecta a muy reducido número de individuos de las

colectividades más avanzadas.

4.ᵒ _Estética intelectual_.--La estética intelectual proviene de

las reacciones estéticas de origen mental. La belleza de la idea,

la belleza del pensamiento. Es la estética del pensar, o el término

superior de la serie que comenzando con el movimiento, asciende en el

sentir, se perfecciona con el sentimiento en la sexualidad y llega a

su punto culminante en la intelectualidad. Las reacciones estéticas de

carácter intelectual están en el mundo de las operaciones superiores

de la mente, están en las ideas; más complicadas y armónicas, en

los juicios; de mayor empuje y amplitud, en el razonamiento, y como

pináculo, en la creación.

La estética intelectual no se encuentra en las operaciones de las

aptitudes adquisitivas, sino en forma oscura y rudimentaria; es propia

de las aptitudes elaborativas, en el sujeto que piensa, que medita,

que en cualquier forma crea, rectifica, corrige, amplía o simplemente

discute ideas. Su expresión más elevada se encuentra en los pensadores,

en los filósofos, en los inventores y en los descubridores.

Revista de Filosofía, Año V - Nº 3 - May/1919 Cultura—Ciencias—Educación · 第 5 / 16 段