Las respuestas más placenteras que obtuvieron estas y otras cartas,
fueron como la siguiente:
«Muy señor mío y amigo de toda mi consideración y respeto: Grande ha
sido mi complacencia y la de mis amigos al tener conocimiento, por su
grata del tantos de los corrientes, de que usted se presentaba candidato
por este distrito; y desde luego puede contar con nuestra escasa
importancia. Pero debo advertirle, para su gobierno, que ya se le han
anticipado a usted otras influencias que pesan mucho entre esta gente,
por lo cual temo que el éxito de nuestra batalla no sea tan cumplido
como deseara.
»De todas maneras, y por aquello de que «al ojo del amo engorda el
caballo», será muy conveniente que usted se decida, sin pérdida de un
momento, a recorrer el distrito. A este fin, y para cuanto le ocurra,
me ofrezco de usted, como siempre, afectísimo amigo y seguro servidor
q.b.s.m.,