Los trabajos preliminares fueron un aluvión de cartas que inundó el
distrito. Para todos hubo: para el que debía, para el que deseaba y para
el que valía, y a cada cual se le hablaba en el tono conveniente.
Las que escribió don Simón, menos relacionado que sus auxiliares con la
gente del distrito, venían a decir, salvas ciertas _contingencias_ y
otras pequeñeces de estilo, lo siguiente:
«Muy estimado amigo y señor mío: Las aflictivas circunstancias por que
atraviesa la nación, obligan a los hombres independientes y de recta
voluntad a hacer grandes sacrificios. En tal concepto, y cediendo además
a las exigencias de mis amigos y de otras muchas personas de saber y de
arraigo, me he decidido a presentarme candidato _independiente_ para
diputado a Cortes por ese distrito, en las próximas elecciones; y como
usted es uno de los hombres que más legítima influencia ejercen en ella,
a usted acudo en demanda de su cooperación, en la esperanza de que me la
prestará cumplida; por lo cual le anticipa las gracias y se ofrece
nuevamente de usted afectísimo amigo y seguro servidor q.b.s.m.,