CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á BUSCAR OTRO PUERTO Y ASIENTO PARA POBLAR Y LO QUE
SOBRE ELLO SE HIZO.
Despachados los mensajeros para Méjico, luego Cortés mandó ir dos
navíos á descubrir la costa adelante, y por capitan dellos á Francisco
de Montejo, y le mandó que siguiese el viaje que habiamos llevado con
Juan de Grijalva, porque el mismo Montejo havia venido en nuestra
compañía y del Grijalva, y que procurase buscar puerto seguro y mirase
por tierras en que pudiésemos estar, porque bien via que en aquellos
arenales no nos podiamos valer de mosquitos y estar tan léjos de
poblaciones; y mandó al piloto Alaminos y Juan Álvarez el Manquillo,
fuesen por pilotos, porque sabian aquella derrota, y que diez dias
navegase costa á costa todo lo que pudiesen; y fueron de la manera que
les fué dicho é mandado, y llegaron al paraje del rio Grande, que es
cerca de Pánuco, adonde otra vez llegamos cuando lo del capitan Juan
de Grijalva, y desde allí adelante no pudieron pasar, por las grandes
corrientes.
Y viendo aquella mala navegacion, dió la vuelta á San Juan de Ulúa,
sin más pasar adelante, ni otra relacion, excepto que doce leguas de
allí habian visto un pueblo como fortaleza, el cual pueblo se llamaba
Quiahuistlan, y que cerca de aquel pueblo estaba un puerto que le
parecia al piloto Alaminos que podrian estar seguros los navíos del
norte; púsosele un nombre feo, que es el tal de Bernal, que parecia á
otro puerto que hay en España que tenia aquel propio nombre feo; y en
estas idas y venidas se pasaron al Montejo diez ó doce dias.
Y volveré á decir que el indio Pitalpitoque, que quedaba para traer
la comida, aflojó de tal manera, que nunca más trujo cosa ninguna; y
teniamos entónces gran falta de mantenimientos, porque ya el cazabe
amargaba de mohoso, podrido y sucio de fátulas, y si no íbamos á
mariscar no comiamos, y los indios que solian traer oro y gallinas
á rescatar, ya no venian tantos como al principio, y estos que
acudian, muy recatados y medrosos; y estábamos aguardando á los indios
mensajeros que fueron á Méjico por horas.
Y estando desta manera, vuelve Tendile con muchos indios, y despues de
haber hecho el acato que suelen entre ellos de zahumar á Cortés y á
todos nosotros, dió diez cargas de mantas de pluma muy fina y ricas, y
cuatro chalchuites, que son unas piedras verdes de muy gran valor, y
tenidas en más estima entre ellos, más que nosotros las esmeraldas, y
es color verde, y ciertas piezas de oro, que dijeron que valía el oro,
sin los chalchuites, tres mil pesos; y entónces vinieron el Tendile
y Pitalpitoque, porque el otro gran cacique, que se decia Quintalbor,
no volvió más, porque habia adolecido en el camino; y aquellos dos
gobernadores se apartaron con Cortés y doña Marina y Aguilar, y le
dijeron que su señor Montezuma recibió el presente y que se holgó con
él, é que en cuanto á la vista, que no le hablen más sobre ello, y
que aquellas ricas piedras de chalchuites que las envia para el gran
Emperador, porque son tan ricas, que vale cada una dellas una gran
carga de oro, y que en más estima las tenia, y que ya no cure de enviar
más mensajeros á Méjico.
Y Cortés les dió las gracias con ofrecimientos; y ciertamente que le
pesó á Cortés que tan claramente le decian que no podriamos ver al
Montezuma, y dijo á ciertos soldados que allí nos hallamos:
—«Verdaderamente debe de ser gran señor y rico, y si Dios quisiere,
algun dia le hemos de ir á ver.»
Y respondimos los soldados:
—«Ya querriamos estar envueltos con él.»
Dejemos por agora las vistas, y digamos que en aquella sazon era
hora del Ave-María, y en el real teniamos una campana, y todos nos
arrodillamos delante de una cruz que teniamos puesta en un medaño de
arena, el más alto, y delante de aquella cruz deciamos la oracion de
la Ave-María; y como Tendile y Pitalpitoque nos vieron así arrodillar,
como eran indios muy entremetidos, preguntaron que á qué fin nos
humillábamos delante de aquel palo hecho de aquella manera.
Y como Cortés lo oyó, y el fraile de la Merced estaba presente, le dijo
Cortés al fraile:
—«Bien es agora, Padre, que hay buena materia para ello, que les demos
á entender con nuestras lenguas las cosas tocantes á nuestra santa fe.»
Y entónces se les hizo un tan buen razonamiento para en tal tiempo,
que unos buenos teólogos no lo dijeran mejor; y despues de declarado
cómo somos cristianos é todas las cosas tocantes á nuestra santa fe que
se convenian decir, les dijeron que sus ídolos son malos y que no son
buenos; que huyen de donde está aquella señal de la cruz, porque en
otra de aquella hechura padeció muerte y pasion el Señor del cielo y
de la tierra y de todo lo criado, que es el en que nosotros adoramos y
creemos, que es nuestro Dios verdadero, que se dice Jesucristo, y que
quiso sufrir y pasar aquella muerte por salvar todo el género humano,
y que resucitó al tercero dia y está en los cielos, y que habemos de
ser juzgados dél; y se les dijo otras muchas cosas muy perfectamente
dichas, y las entendian bien, y respondian cómo ellos lo dirian á su
señor Montezuma; y tambien se les declaró que una de las cosas porque
nos envió á estas partes nuestro gran Emperador fué para quitar que
no sacrificasen ningunos indios ni otra manera de sacrificios malos
que hacen, ni se robasen unos á otros, ni adorasen aquellas malditas
figuras; y que les ruega que pongan en su ciudad, en los adoratorios
donde están los ídolos que ellos tienen por dioses, una cruz como
aquella, y pongan una imágen de nuestra Señora, que allí les dió, con
su hijo precioso en los brazos, y verán cuánto bien les va y lo que
nuestro Dios por ellos hace.
Y porque pasaron otros muchos razonamientos, é yo no los sabré escribir
tan por extenso, lo dejaré, y traeré á la memoria que como vinieron
con Tendile muchos indios esta postrera vez á rescatar piezas de oro,
y no de mucho valor, todos los soldados lo rescatábamos; y aquel oro
que rescatábamos dábamos á los hombres que traiamos de la mar, que iban
á pescar, á trueco de su pescado, para tener de comer; porque de otra
manera pasábamos mucha necesidad de hambre, y Cortés se holgaba dello y
lo disimulaba, aunque lo veia, y se lo decian muchos criados y amigos
de Diego Velazquez, que para qué nos dejaba rescatar.
Y lo que sobre ello pasó diré adelante.