III

En los altos cielos, espacios eternamente misteriosos y negados por

siempre al pensamiento humano, allí donde solo llegan los desvaríos de

la imaginación y los arrobos de la fe, resonaban dos voces de acento

sobrenatural y prodigioso. La una era majestuosa, imponente y dulce

sobre toda ponderación; la otra era voz humana, dignificada y

ennoblecida por la santidad.

--¡Pedro!--dijo la primera.

--Señor--repuso con humildad la segunda.

--¿Hay algo?

--Lo de siempre. Peticiones de la ambición, exigencias de la codicia,

vanidades del amor propio, arrogancias de la soberbia, desafueros de la

maldad, sollozos de dolor y bostezos de hambre.

--A esos hay que atender primero.

--Señor, es que son muchos los que piden y pocos los que agradecen.

--No importa. Coge a manos llenas los bienes y déjalos caer sobre los

limpios de corazón.

* * * *

Pasado algún tiempo, el matrimonio rico heredó una considerable fortuna

que acreció la suya. Fue aquello como golpe de agua que, dejando acaso

estéril la llanura, engrosa el caudal de otra corriente: y en el hogar

del matrimonio pobre nació el séptimo hijo.

Los afortunados no agradecieron lo que les sobraba, y los infelices casi

maldijeron lo que no habían pedido.

* * * *

Entonces resonaron de nuevo en las alturas las voces misteriosas:

--¡Pedro!

--¡Señor!

--Mis órdenes se cumplen mal--dijo la voz de imponente e inefable

dulzura--a pesar de mis bondades suben de la Tierra lamentos de dolor

que mueven a piedad.

--Los del planetilla revoltoso no hacen más que pedir. Nadie quiere

penar; todos creen merecer. Ninguno acepta su misión fatal e ineludible,

ni se resigna a cumplirla. Imaginan que la vida debe ser la felicidad,

cuando es sólo ocasión de conseguirla.

--Es que yo no soy el Destino ciego, sino la Providencia bondadosa.

¡Felices! ¿Por qué no han de serlo? En verdad te digo que el hombre no

comprenderá nunca la majestad del dolor. De hoy más, a quien pida con fe

para obrar con caridad, désele todo. Hay que reorganizar este

negociado.

Cuentos de mi tiempo · 第 30 / 43 题