III

El primero, que parecía consumido por el estudio, la riqueza y los

vicios, dijo a Juan casi medrosamente, acompañando la frase con ademanes

oratorios:

--Su amor no se alcanza por fuerza... Puedes llegar a lograrlo, pero no

así. ¿Cómo ha de amarte si tus caricias son zarpazos? Adquiere

instrucción y cultura. Eres libre... Ejercita los derechos que te

permiten igualarte a los que somos preferidos.

El segundo, que vestía ropa negra y talar, le dijo endulzando el

desengaño con acento meloso:

--El amor de esa mujer no es para tí. Conténtate con su caridad. Los

favoritos de ahora son los dichosos de aquí bajo... Tú serás de los

bienaventurados allá arriba. ¡Hay otra vida! ¡Cree, sufre y espera!

El tercero de aquellos hombres, que ceñía espada y llevaba en el traje

bordados de oro, le dijo ásperamente:

--Si das un paso más hacia ella te mataré con este arma que tú mismo has

forjado.

Juan salió profiriendo amenazas: y Luz quedó al oírle extremecida de

pavor, como la ciudad de las rameras ante la voz de los Profetas.

Cuentos de mi tiempo · 第 21 / 43 题