CAPITULO XXVI

GOBIERNO DE NUEVA GRANADA, DE PANAMÁ Y DE EL ECUADOR.--GOBERNADORES

QUE EN COLOMBIA SUCEDIERON A JIMÉNEZ DE QUESADA.--LA

AUDIENCIA.--EL ARZOBISPADO.--EL PRESIDENTE VENERO DE LEIVA.--OTROS

PRESIDENTES.--FUNDACIÓN Y EXTENSIÓN DEL VIRREINATO.--EL VIRREY

ESLAVA.--VERNON EN CARTAGENA DE INDIAS: LEZO.--POLÍTICA

DE ESLAVA.--PRINCIPALES VIRREYES.--INTERVENCIÓN DE NUEVA

GRANADA EN VENEZUELA.--GUERRA DE LA INDEPENDENCIA.--GOBIERNO

DE PANAMÁ.--ORIGEN, SITUACIÓN, TÍTULO DE CIUDAD Y BLASÓN

HERÁLDICO.--OBISPADO Y AUDIENCIA.--PANAMÁ BAJO LA DEPENDENCIA DE

GUATEMALA Y DESPUÉS DEL PERÚ.--LA AUDIENCIA.--EL AÑO 1644.--NUEVA

CIUDAD.--EL FUEGO GRANDE.--PANAMÁ BAJO EL VIRREINATO DE SANTA

FÉ.--UNIVERSIDAD DE SAN JAVIER.--LOS JESUÍTAS.--EL GOBERNADOR

PÉREZ.--GOBIERNO DE QUITO.--LA AUDIENCIA: EL PRESIDENTE SANTILLÁN Y

SUS SUCESORES.--EL ECUADOR EN LOS SIGLOS XVI Y XVII.--GUAYAQUIL EN

PODER DE LOS CORSARIOS.--SÍNTOMAS REVOLUCIONARIOS.

Consideremos los gobernadores que sucedieron en Nueva Granada al

valeroso Gonzalo Jiménez de Quesada[509]. El primero fué Hernán Pérez

de Quesada, al cual sucedió Luis Alonso de Lugo (1542), Lope Montalvo

de Lugo (1544), Pedro de Ursúa (1545), Miguel Diaz de Almendáriz (1544)

y Juan de Montalvo (1551). De Almendáriz se cuenta que contribuyó a la

fundación de la Audiencia con la esperanza de conseguir la presidencia;

pero destituído de su cargo tuvo que retirarse a la Española. Dejó en

Santa Marta su pequeña fortuna, que le arrebató un falso amigo. Volvió

a Bogotá con el juez encargado de residenciarle y fué condenado al

pago de costas, que no pudo satisfacer. De Bogotá marchó a Cartagena y

de Cartagena a España, donde se hizo sacerdote y murió de canónigo de

Sigüenza.

[509] Habremos de repetir en este lugar que desde 1819 hasta

1831 se llamó _República de Colombia_, desde 1831 hasta

1848 _República de Nueva Granada_, desde 1848 hasta 1863

_Confederación Granadina_ y desde 1863 hasta 1886 _Estados

Unidos de Colombia_. Desde 1886 se denomina _República de

Colombia_.

Desde que se estableció la Audiencia hasta la creación del virreinato,

los presidentes de aquélla tuvieron el supremo poder[510]. El primer

presidente--como se dijo en el capítulo XI de este tomo--fué el doctor

Gutiérrez de Mercado, quien, según cuentan, murió de resultas de un

veneno que le dieron en Mompós. Francisco Briceño, después de fundar

las ciudades de _La Plata_ y _Almaguer_, ocupó su importante puesto en

la Audiencia, siendo residenciado el 1558 y enviado a España.

[510] Carlos V creó la Audiencia de Santa Fe por decreto de 17

de julio de 1549.

Encargado por la Audiencia el capitán Orzúa de sujetar a los muzos,

consiguió su objeto; en seguida marchó al Norte contra los chitareros

y en el valle del Espíritu Santo fundó la ciudad de _Pamplona_ (1554),

donde encontró muchas pepitas de oro, y, cuando se disponía a emprender

una expedición en busca de nuevas riquezas, la Audiencia le desautorizó

y tuvo que retirarse a Santa Marta[511].

[511] Por entonces el capitán Jorge Robledo echó los cimientos

de las ciudades de _Cartago_ y de _Antioquía_, Aldana fundó

las de _Villaviciosa_ y _San Juan de Pasto_ (Valle de

Yacuanquer), el capitán Pedro de Añasco la villa de _Tinaná_,

el capitán Martín Galiano la ciudad de _Velez_, Gonzalo Suárez

Rondón la de _Tunja_, y otros fundaron a _Río Hacha_ y algunas

más.

Antes de continuar la relación de los hechos más importantes de los

presidentes, haremos notar que Su Santidad Pío IV erigió el obispado

del Nuevo Reino de Granada en arzobispado, siendo presentado para tan

elevado cargo D. Fr. Juan de los Barrios, como por Real Cédula de 30

de enero de 1568 el Rey lo notificó a los obispos de Lima y de Santo

Domingo[512].

[512] _Archivo historico nacional.--Cedulario índico de

Ayala_, letra A, tomo II, documento 12.

Andrés Díaz Venero de Leiva (1564-1574) inauguró su presidencia

mejorando la suerte de los indios[513]. Fundó escuelas para los

indígenas, a quienes obligó a que viviesen en poblaciones fijas, hizo

construir templos y cárceles y fomentó la industria. Inauguró los

estudios filosóficos en el claustro de Santo Domingo, dió impulso a las

misiones e hizo el padrón del territorio (1570). Recordaremos--y es

su mayor timbre de gloria--que él fué el primero que mandó patatas a

España. En 1578 tomó posesión de la presidencia de la Audiencia Real de

Santa Fe D. Lope Díaz de Armendariz, que fué destituído en 1580 por el

visitador Juan Bautista Monzón, muriendo en la cárcel (1584). Quedó de

gobernador el oidor decano D. Guillén Chaparro, en cuya época el pirata

inglés Drake entró a saco en las ciudades de Río Hacha, Santa Marta y

Cartagena.

[513] Serrano y Sanz en su _Compendio de Historia de América_,

pág. 197, considera como primer presidente a Venero de Leiva.

Llegó (1589) el nuevo presidente Antonio González con orden de

promulgar otra vez las reales cédulas en favor de los indios y

mandó hacer algunas obras importantes. Durante la administración de

González no cesaron en sus depredaciones los piratas ingleses. También

reedificó a Ibagué, destruída por los pijaos, que anteriormente habían

arruinado La Plata. Según cédula Real del 15 de Enero de 1591, dada en

Madrid, Felipe II, habiéndose quejado los vecinos y moradores de Santa

Marta de la conducta del obispo de la provincia, encargó al presidente

y oidores de la Audiencia de Santa Fe que pidieran y estudiaran el

proceso que se formó a causa de las quejas de los dichos vecinos contra

el obispo[514].

[514] _Cedulario índico_, tomo XXXVIII, núm. 178, págs. 208

v.ª y 209.

Después de D. Antonio González ocupó (1597) D. Francisco de Sande, a

quien el pueblo designaba por sus crueldades con el nombre de _Doctor

Sangre_; fortificó a Portobelo y peleó con la valerosa tribu de los

pijaos[515]. Encargóse del gobierno, en 1605, D. Juan de Borja, nieto

del duque de Gandía, quien venció completamente a los pijaos y cuyo

jefe Calarcá murió en el combate. Borja mereció el dictado de _Padre

de la Patria_ por haber mejorado la suerte de los indios, por haber

fundado las misiones de los Llanos y por haber asegurado la navegación

del Magdalena y la comunicación con el Sur por el camino de Guanacas.

Gobernador tan excelente falleció repentinamente en 1628. Dos años

permaneció sin gobernador la colonia, ocupando luego cargo tan

importante D. Sancho de Girón, marqués de Sofraga (1630-1637), quien

fué aborrecido lo mismo por el clero que por el pueblo, siendo depuesto

y multado en 80.000 pesos.

[515] A últimos del siglo XVI--según la _Descripción universal

de las Indias_, manuscrito publicado por la _Sociedad

Geográfica de Madrid_--los territorios de la actual Colombia

formaban la Audiencia de Panamá, con las provincias de Panamá,

Nombre de Dios, Natán, La Concepción, La Trinidad, Santa Fe

y Carlos: la Audiencia del Nuevo Reino de Granada, con las

gobernaciones de Santa Marta y Cartagena, buena parte de la

de Popayán, las provincias del Nuevo Reino (Bogotá, Musos,

Colimas y Tunja) y las poblaciones siguientes (Santa Fe de

Bogotá, San Miguel Tocayena, San Sebastián de la Plata, La

Trinidad, La Palma, Tunja, Pamplona, San Cristóbal, Mérida,

Vélez, Mariquita ó San Sebastián del Oro, Ibagué, La Victoria,

Nuestra Señora de los Remedios, Santa Marta, Tenerife,

Tamalameque ó villa de las Palmas, Ciudad de los Reyes, del

Valle de Upan, La Ramada, Cartagena, Santiago de Tolú, María y

Santa Cruz de Mompox.)

D. Martín de Saavedra y Guzmán, barón de Prado (1637-1645), desempeñó

el gobierno con honradez y tuvo algunas diferencias con el arzobispo

Fray Cristóbal de Torres; y D. Juan Fernández de Córdoba, marqués

de Miranda de Asta (1645-1654) hizo fundar la ciudad de _Cravo_ en

Casanare, siendo reemplazado con sentimiento general por don Dionisio

Pérez de Manrique. Pudo Manrique rechazar las acometidas de los piratas

Cordello y Gauzón, sucediéndole en el año 1666 D. Diego del Corro y

Carrascal, y últimamente, D. Melchor Liñán, obispo de Popayán. Los

últimos gobernadores tuvieron que luchar con el famoso pirata Morgán,

terror de las costas colombianas.

Promovido Liñán al obispado de Charcas en el año 1674, el gobierno

de la colonia cayó en manos de los oidores, hasta que en 1678 llegó

el nuevo presidente, gobernador y capitán general D. Francisco del

Castillo y Concha, en cuya época se originaron grandes luchas entre la

autoridad civil y los conventos, pues--como decía Castillo--en Nueva

Granada había _mucha iglesia y poco rey_. El arzobispo don Antonio Sanz

Lozano, por demás exigente, excomulgó á Castillo. Don Gil de Cabrera y

Dávalos (1687-1703) tuvo la desgracia de que en su tiempo los piratas

Pointis y Ducaze se apoderasen de Cartagena (1697) y de que a causa de

conmociones volcánicas se sintieran grandes ruidos subterráneos. D.

Diego Córdoba Laso de la Vega (1703-1711) fué buen presidente. Desde

1711 á 1713 gobernaron los oidores, viniendo a ocupar el cargo de

presidente en el citado año de 1713 D. Francisco Meneses de Bravo, a

quien redujeron a prisión los oidores y le mandaron a España. Volvió

absuelto de los cargos que le imputaron, siendo envenenado, tal vez por

los mismos oidores.

A D. Nicolás Infante de Venegas (1715-1717) sucedió D. Francisco

Rincón, arzobispo de Santa Fe y presidente interino. En tiempo de don

Antonio Pedrosa y Guerrero (1718-1724) se acordó elevar a virreinato

la presidencia de Nueva Granada. El 29 de Abril de 1517 se decretó

poner virrey en la entonces Audiencia de Santa Fe de Bogotá. Algunos

historiadores consideran a Pedrosa como el primer virrey de Nueva

Granada o de Santa Fe. Sucedióle don Jorge de Villalonga, conde de la

Cueva (31 noviembre 1719), quien, no teniendo recursos para sostener

tan alta dignidad, abandonó el país, volviendo todo a permanecer como

antes de 1517.

D. Antonio Manso Maldonado, gobernador del Nuevo Reino de Granada y

presidente de la Audiencia de Santa Fe, tomó posesión el 17 de mayo

de 1724. En la Relación que hizo de su mando, firmada en Santa Fe

el 20 de julio de 1727, comienza reseñando la riqueza de las muchas

minas del país y explica luego «cómo se compadece tanta riqueza y

abundancia en la tierra donde casi todos sus habitadores y vecinos son

mendigos»[516]. Varias son las causas de esto. Cada vez, dice, es menor

el número de los indios, los cuales huyen del rudo y peligroso trabajo

de las minas. Para obviar este inconveniente proponía el gobernador

Manso que se sustituyesen los indios por negros, pues los últimos

siendo «gente más trabajadora y fuerte, y como verdaderos esclavos, no

tienen el riesgo de irse, darían más utilidad en un año 100 de ellos

que 500 naturales del país»[517]. Con el acabamiento de los indios,

la agricultura, añade, también sufre grandes perjuicios, porque ellos

siembran, siegan y guardan los ganados. Es otra de las causas de

pobreza lo escasa que anda la moneda usual, lo cual podría corregirse

fácilmente mandando al tesorero de la Casa de Moneda que fabricase

mayor cantidad. Por último, sería convenientísimo que el presidente de

la Audiencia «tuviese alguna más mano para contener a los oidores, o

que los que hubiesen de venir a estas partes, donde la distancia les

hace más animosos, fuesen hombres provectos y que hubiesen pasado el

trienio en otra Audiencia, ó se eligiesen de los abogados más expertos

que hubiese en la monarquía, porque si vienen acabados de dejar el

colegio, ni las letras son las que bastan para la práctica, ni la edad

les concilia la madurez»[518].

[516] _Relaciones de mando_, publicadas por los Sres. Posada e

Ibáñez, pág. 5.--Bogotá, Imprenta Nacional, 1910.

[517] Ibidem, pág. 8.

[518] Ob. cit., pág. 10.

Por lo que respecta a las causas particulares de la decadencia del

reino, es una de ellas la poca instrucción del estado eclesiástico. Si

las vacantes de las prebendas se diesen por oposición, los sacerdotes

se dedicarían a los estudios y frecuentarían los actos literarios.

Acerca del estado secular, el premio mayor a que puede aspirar un indio

es ser nombrado individuo de un Corregimiento por dos años, y aun para

ello necesita dar fianza crecida. Por esta razón sucede con frecuencia

que nadie quiere tales cargos. Una de las causas que señala Manso

Maldonado como de las más universales, consiste en la excesiva piedad

de los fieles que con sus limosnas han enriquecido a los monasterios,

con las obras pías que fundan en sus iglesias y con las capellanías que

dotan para que las sirvan los religiosos. «Apenas--escribe--se contará

casa o hacienda que no sea tributaria de eclesiástico, pues la que

no lo es a algún convento lo es a un clérigo secular, por tener allí

fundada su capellanía»[519]. Con otras observaciones de menor interés

termina su informe Manso Maldonado.

[519] Ibidem, pág. 13.

Felipe V, mediante Real Cédula dada el 20 de agosto de 1739, estableció

definitivamente el virreinato con el nombre de Nuevo Reino de Granada.

Hacía constar que en el 29 de abril del año 1717 se creó el virreinato

de Santa Fe de Bogotá del Nuevo Reino de Granada, suprimiéndolo el

1723 y dejando las cosas en el estado que antes estaban. Añadía que

lo volvía a crear, nombrando virrey a D. Sebastián de Eslaba[520].

Comprendía el virreinato las provincias siguientes enumeradas en la

Real Cédula: la de Portobello, Veragua y el Darién, las del Choco,

reino de Quito, Popayán, Cumaná, y la de Guayaquil, provincias de

Cartagena, Santa Marta, Río de la Hacha, Maracaibo, Caracas, Antioquía,

Guayana y Río Orinoco, y las islas de la Trinidad y Margarita, con

todas las ciudades, villas y lugares, puertos, bahías, surgideros,

caletas y demás pertenecientes a ellas, en uno y otro mar y Tierra

Firme. Formaban, pues, el virreinato el Nuevo Reino de Granada y la

Presidencia de Quito, quedando independiente la Capitanía general de

Venezuela o Costa Firme. Los presidentes de la Audiencia de Quito

gozaban de independencia como tales presidentes, hallándose en lo demás

sujetos a la autoridad de los virreyes[521].

[520] _Archivo histórico nacional.--Cedulario índico_, tomo

XI, núm. 179, pág. 157 v.ª y siguientes.

[521] En Real Cédula dada en el palacio del Nuevo Retiro el

12 de febrero de 1742 se dice que la provincia de Venezuela

fué agregada al virreinato del Nuevo Reino de Granada,

declarándose por entonces su independencia.--_Archivo

histórico nacional.--Cedulario índico_, tomo XII, número 28,

págs. 32 v.ª y siguientes.

Tan apurado de dinero se hallaba Felipe V a causa de la guerra de

sucesión, que, desde Madrid (19 octubre 1706), se dirigió a don

Francisco Dávila Bravo de Laguna, gobernador y capitán general de la

provincia de Tierra Firme, llamada también _Castilla del Oro_, para

que le remitiesen a España todos los caudales que tuviese en aquellos

países[522]. De la provincia de Tierra Firme, a la sazón formando

parte del virreinato de Nueva Granada, recordaremos los siguientes

hechos. Felipe IV, desde Madrid, con fecha 22 de septiembre de 1657,

decía a D. Fernando de la Riva Agüero, gobernador y capitán general

de la provincia de Tierra Firme, que D. Pedro Carrillo de Guzmán, su

antecesor en el gobierno, le había dado cuenta--según cartas del 13 y

21 de julio de 1656--de que a 9 de marzo del mismo año, los enemigos

(ingleses y holandeses) se atrevieron a invadir el Puerto de la Boca

del río de Chagre, añadiendo luego que Gaspar de los Reyes, capitán de

la compañía de los negros de la ciudad de Portobelo, consiguió hacer a

los enemigos 7 prisioneros, arrojándoles también a ellos a la mar[523].

Posteriormente, Carlos II, desde Aranjuez (17 mayo 1678), hubo de decir

al gobernador y capitán general de la provincia de Tierra Firme, lo

que a continuación copiamos: «Por ser necesario para el mayor adorno

de mi Palacio y Casas Reales que haya en ellos Pájaros que llaman

Cardenales, Zinzontes, Gorriones, Mariposas, Chambergos, Turpianes y

otros qualesquiera Pájaros de canto de esas Provincias: He parecido

encargaros los hagáis buscar y remitir a estos Reinos con todo cuidado,

etc.»[524].

[522] _Cedulario índico_, tomo XL, núm. 203, págs. 203 v.ª a

204 v.ª

[523] Ibidem, tomo XIX, núm. 98, págs. 70 y 71.

[524] Ibidem, tomo XIX, núm. 155, págs. 123 y 123 v.ª Debió

ser Carlos II aficionado a los pájaros, pues también al

gobernador de Cuba, en el año 1678, y al virrey del Perú, en

el año 1698, les hizo el mismo encargo.

Citaremos los hechos principales de los virreyes de Nueva Granada.

Su primer virrey, el general Don Sebastián de Eslava, nombrado el 20

de agosto de 1739, llegó a Cartagena de Indias a mediados de abril

de 1740. En su nombre ya había tomado posesión el presidente don

Francisco González Manrique. Entre otros ataques de los ingleses a

nuestras plazas--que fueron muchos y frecuentes--recordaremos que el

vicealmirante Vernon, después de ser rechazado en el puerto de Guaira,

se dirigió a Portovelo, en cuya ciudad estaba el 2 de diciembre de

1740, se apoderó de los castillos de la plaza (Todofierro, San Jerónimo

y La Gloria). No encontrando en Portovelo las riquezas que esperaba,

habiéndose hecho dueño de algunos cañones y clavado los demás, se

dirigió a Jamaica, ya pensando donde había de dirigir sus miras[525].

Apenas hubo llegado a Jamaica, recibió el refuerzo de otra flota que

mandaba el vicealmirante Chaloner-Ogle.

[525] _Arch. hist. nac.--Cedulario índico_, núm. 248, págs.

255 y siguientes.

A la cabeza de ambas escuadras se presentó por tercera vez Vernon

delante de Cartagena de Indias el 15 de marzo de 1741[526]. Las fuerzas

que a la sazón se hallaban en Cartagena consistían en los batallones

de España, Aragón, compañías de marina y una compañía de artillería

del pie fijo de la plaza, que componían 1.100 hombres; además 600

milicianos y 600 indios del monte; por último, los navíos que bajo el

mando de Don Blas de Lezo estaban defendiendo el acceso a la bahía,

cuya guarnición consistía en 400 hombres y 600 marineros. La escuadra

inglesa no bajaba de 170 naves con 9.000 hombres de desembarco. El

20 de marzo comenzaron el fuego los ingleses contra los fuertes

_Santiago_ y _San Felipe_ y el castillo de _Bocachica_. Logró Vernon

desembarcar gran parte de su gente con una batería de 16 cañones, la

cual se dispuso a atacar la citada fortaleza. Los fuegos combinados de

la batería y de los navíos causaron sensibles bajas a los defensores

del castillo mandados por Desnaux. El marino Lezo y el virrey Eslava

ayudaron en su empresa a Desnaux, quien con algunos de los suyos,

después de pelear valerosamente, hubo de retirarse al sitio donde

estaba el virrey, siendo todos transportados en lanchas y canoas a la

capital[527].

[526] La primera vez fué el 13 de marzo de 1740 y la segunda

el 3 de mayo del mismo año.

[527] El castillo de San Luis de Bocachica se hallaba distante

de la capital del virreinato unos 14 kilómetros.

Quiso Lezo echar a pique sus cuatro navíos antes que cayesen en poder

del enemigo; pero no tuvo tiempo para ello, dada la rápida acometida

de Vernon. Los ingleses desde el 8 de abril pudieron introducir en

la bahía bombardas y fragatas, comenzando el 13 a hacer fuego sobre

la plaza y aproximándose a ella poco a poco. El 15 verificaron el

desembarco por diferentes sitios, y encaminándose hacia la plaza

protegidos por el fuego de los barcos, se hicieron dueños del cerro

de la Popa. Aunque el 20 de abril, entre dos y tres de la mañana,

los ingleses intentaron un asalto general, la resistencia heroica

de los españoles no pudo ser mayor. Los enemigos se retiraron a sus

embarcaciones en la noche del 27, marchando Vernon con los suyos a

Jamaica, no sin grandes pérdidas. Poco después España hubo de llorar

la pérdida de uno de los héroes de la jornada: Lezo, a causa de las

heridas recibidas durante el sitio, falleció en Cartagena de Indias el

7 de septiembre de 1741.

Comprendiendo Eslava el peligro en que se hallaban nuestras colonias,

procuró, con actividad extraordinaria, que se fortificasen las

plazas más expuestas a los ataques de los corsarios o no corsarios

de Inglaterra. También mostró ferviente celo religioso, edificando

iglesias y desterrando la idolatría del país, fomentó las misiones

y construyó hospitales. Consiguió aumentar la hacienda pública y

disminuir los impuestos. Protegió mucho la agricultura y arregló

puentes y caminos. Protegió el comercio lícito y persiguió el ilícito.

Por lo que toca al tratamiento, doctrina y reducción de indios, no

omitió la menor diligencia. Observador celoso de las ideas y prácticas

religiosas, no por eso consintió que se vulnerasen las regalías del

Real Patronato. En cuanto a la Administración de justicia habremos de

decir que pocos virreyes la atendieron como él. Por Reales Cédulas de

30 de marzo y 22 de abril (1749), el Rey hubo de ceder a las instancias

de Eslava, relevándole de sus empleos, nombrando sucesor en ellos y

confiriéndole la capitanía general de Andalucía.

José Alonso Pizarro (1749) hizo algunas obras públicas y estancó las

bebidas alcohólicas.

José de Solís Folch de Cardona (1753) fundó la Casa de la Moneda,

mejoró la administración pública y abrió caminos[528]. Desempeñó el

virreinato con la _exactitud, desinterés, vigilancia y celo_ que

correspondían, como declara la sentencia absolutoria, dada por los

señores del Consejo de Indias, a 29 de agosto de 1764, de los cargos y

condenaciones que se le habían hecho por el comisionado. Luego repartió

sus bienes a los pobres y se retiró al convento de San Francisco

de Santa Fe de Bogotá, donde fué recibido de fraile lego en 28 de

febrero de 1761, profesando en 29 de marzo de 1762. Posteriormente fué

guardián, falleciendo el 17 de abril de 1770, con general sentimiento

de cuantos le conocían[529].

[528] Era hijo del marqués de Castel Novo, y nació el 4 de

febrero de 1716.

[529] Véase Arch. de la Excma. Sra. Duquesa de

Montellano.--_Servicios y Honores_, de la Casa de Solís,

ducado de Montellano, leg. 615.

Pedro Messía de la Cerda, marqués de la Vega de Armijo (1761), en los

casi doce años que estuvo al frente del virreinato realizó hechos de no

escasa importancia, lo mismo por lo que respecta a asuntos religiosos y

estado eclesiástico que a los de Hacienda, Administración de justicia

y Guerra. Expulsó a los jesuítas obedeciendo órdenes del gobierno

español. Habiéndose determinado erigir en la capital Universidad

pública y estudios generales, se opusieron a ello los frailes del

convento de Santo Domingo, quienes tenían facultad de dar grados. Les

apoyaba «el Reverendo Arzobispo, que como del mismo orden antepone su

beneficio particular al común y universal del Reino»[530].

[530] Ob. cit., pág. 119.

Manuel de Guirior (1773) intentó corregir algunos abusos del clero;

dictó medidas para aumentar el comercio; dispuso un plan y método de

estudios universitarios, continuando el pensamiento de su antecesor;

fundó en Bogotá una Biblioteca pública con los libros de la extinguida

Compañía de Jesús y también creó una Casa de Expósitos.

Manuel Antonio Flores (1776), hombre de clara inteligencia y de

carácter débil, vió que las provincias de Maracaibo, Caracas, Cumaná

y Guayana fueron separadas del Nuevo Reino de Granada para formar la

capitanía general de Venezuela (1777); también en su tiempo estalló

(1781) la insurrección de los _comuneros_. A causa de nuevos impuestos,

aumentaron los rebeldes, transigiendo con ellos la Audiencia; pero

habiendo acudido fuerzas leales, se dominó y castigó con alguna

severidad a los comuneros.

Nada hizo de particular Don Juan de Torrezal Díaz Pimienta (1782);

y Don Antonio Caballero y Góngora, arzobispo de Santa Fe de Bogotá,

desempeñó el virreinato seis años y medio. Ocupáronle mucho tiempo

las reformas que introdujo en el estado eclesiástico y más todavía

las reducciones de varias clases de indios. Afirma que los indios

mosquitos son enemigos implacables del nombre español, y que por ello

debía verificarse la remisión de misioneros para que reconociesen los

citados indígenas nuestra soberanía. Fijóse también el virrey en los

Tribunales de justicia. Capítulo importante es el intitulado _de la

población y policía_. Manifiesta el virrey lo difícil que era hacer un

padrón general, dado el número considerable de rancherías ocultas; mas

en el año pasado--dice--de 1770 tenía el distrito de la Audiencia de

Santa Fe 507.209 habitantes. Posteriormente--añade--se empeñó nuestro

antecesor Don Manuel Flores reunir todos los padrones particulares para

la formación de uno general, no logrando su objeto. Entonces «dispuse

que de todos los padrones particulares que había en la Secretaría,

se formara uno general..., resultando que en el año 78 había en todo

el Reino 1.279.440 habitantes, de los cuales 747.641 pertenecían al

distrito de la Audiencia de Santa Fe, cuyo número, comparado con el

del año 70, ofrece el aumento de 240.432 habitantes; y aunque después

sobrevino la epidemia de viruelas, es notable el aumento en los diez

años que han corrido desde entonces, si puede servir de regla el

padrón de la provincia de Antioquía, formado con exactitud el año

próximo pasado por el Oidor Visitador Don Juan Antonio Mon, en que

manifiesta existir en dicha provincia 56.052 habitantes, en lugar de

46.466 que había en el año de 78, con que resultan de aumento 9.586,

que viene a ser muy cerca de una quinta parte, y no habiendo razón

particular para contar con menor aumento en las otras provincias,

debemos suponerlas con el mismo. Sin embargo, sujetándonos a una

sexta parte solamente, puede decirse que en el decenio de 78 a 88 se

ha aumentado la población con 213.240, que agregados a 1.279.440,

nos da de actual población 1.492.680»[531]. Refiere en seguida los

medios para combatir la epidemia de las viruelas y la de la lepra

lazarina (_elephanthiam_). Por lo que a instrucción pública atañe,

después de consignar que en Santa Fe se había fundado un colegio para

niñas, existiendo ya dos para niños intitulados de Nuestra Señora del

Rosario y de San Bartolomé. A este último se hallaba incorporado el

Seminario. Por falta de fondos no se creó la Universidad, contentándose

el virrey-arzobispo con la fundación de una cátedra de Matemáticas

en el Colegio del Rosario. Suyas son las siguientes palabras: «Todo

el objeto del plan (de estudios) se dirige a substituir las útiles

ciencias exactas en lugar de las meramente especulativas, en que hasta

ahora lastimosamente se ha perdido el tiempo; porque un Reino lleno

de preciosísimas producciones que utilizar, de montes que allanar,

de caminos que abrir, de pantanos y minas que desecar, de aguas que

dirigir, de metales que depurar, ciertamente necesita más de sujetos

que sepan conocer y observar la naturaleza y manejar el cálculo, el

compás y la regla, que de quienes entiendan y discutan el ente de

razón, la primera materia y la forma substancial. Bajo este pie propuse

a la Corte la erección de Universidad pública en Santa Fe...»[532].

[531] Ob. cit., pág. 242.

[532] _Relaciones de mando_ etc., pág. 252.

Dispuso el virrey-arzobispo que una expedición compuesta de un

director--cuyo nombramiento recayó en el presbítero D. Celestino

Mutis--, un segundo y un delineador, recorriese gran parte del reino

estudiando las producciones de la naturaleza. El Rey honró a Mutis

con el título de _Botánico y Astrónomo de Su Majestad_, y al viaje

con el de _Expedición Botánica de la América Meridional_. De gran

utilidad fueron los trabajos realizados en las Ciencias naturales por

Mutis y por D. Pedro de Vargas, ayudados por D. Casimiro Gómez Ortega,

catedrático de Botánica en Madrid. No descuidó el virrey Caballero

los asuntos de Hacienda, Guerra y Marina, mostrando en todos tanta

competencia como buena fe.

Después de D. Francisco Gil de Lemos (1789), que desempeñó el cargo

sólo siete meses por haber sido promovido al virreinato del Perú, en

cuyo tiempo procuró disminuir las atenciones del gobierno y las de la

Real Hacienda, ocupó el virreinato D. José de Ezpeleta (1789-1797),

quien no descuidó en los ocho años que dirigió los negocios del

virreinato, los cuales eran muchos y difíciles. En su tiempo se

sintieron los primeros importantes síntomas de revolución. El 19 de

septiembre de 1794 escribió al Rey acompañándole carta reservada que

con igual fecha dirigió al duque de la Alcudia, y en ella refería lo

ocurrido en aquella capital con motivo de haberse encontrado pasquines

sediciosos fijados en los parajes públicos, como también el efecto

causado por la noticia de la impresión y publicación de un papel

intitulado _Los derechos del hombre_[533]. Diremos, para terminar, que

durante este virreinato se fundó el primer periódico y el primer teatro

en Bogotá.

[533] _Archivo de Indias._--Estado.--Santa Fe.--Legajo 4 (131).

Don Pedro Mendinueta y Muzquiz (1797-1803) gobernó siete años con el

mismo acierto que su antecesor Ezpeleta. Fijóse en las reformas de

policía y en obras de beneficencia, en la limpieza y composición de

las calles, en todo lo que se relacionase con la salud pública. La

instrucción pública fué atendida por el ilustre virrey Mendinueta. La

industria minera, el comercio y la agricultura merecieron detenido

estudio, siendo también objeto de atención profunda los Consulados,

las Audiencias y los Tribunales y oficinas de la Real Hacienda. No

olvidó el virrey ni el ejército, ni las milicias, ni la marina; su

inteligencia y actividad se manifestó en todo. Hizo el censo del

virreinato, llegando a dos millones el número de habitantes.

Don Antonio Amar (1803), fué el último de los verdaderos virreyes,

pues D. Benito Pérez y D. Francisco Montalvo vinieron en los días de

la independencia y apenas lograron prolongar la agonía del virreinato,

y respecto a Don Juan de Sámano, si tuvo la satisfacción de sentarse

en el sillón de sus predecesores, también vió extinguirse en sus manos

las últimas pavesas del virreinato. En general--aunque otra cosa digan

algunos escritores--los virreyes de Nueva Granada fueron hombres rectos

y buenos. Si castigaron a veces con más rigor que prudencia, cúlpese,

no a ellos, sino a las leyes españolas.

En la relación que D. Francisco Montalvo, virrey de Nueva Granada, dejó

a D. Juan de Sámano, consigna que su antecesor D. Benito Pérez no le

entregó el pliego de instrucción acostumbrado, añadiendo que el citado

Pérez falleció lleno de disgustos en Panamá, cuando él llegaba a Santa

Marta. «El istmo era--dice Montalvo--el único punto verdaderamente

libre de enemigos. Santa Marta, el teatro de la guerra, estaba

reducida a la ciudad y pueblo de San Juan de la Ciénaga y a la pequeña

provincia del Hacha, ambas amenazadas de próxima invasión. Esto fué lo

que recibí por todo el territorio del Nuevo Reino de Granada...»[534].

Añade que «el aspecto de las Américas era tristísimo y deplorable para

las armas del Rey», y que se perdieron las provincias de Venezuela «por

la poca energía de los jefes realistas que mandaban las divisiones en

Cúcuta y Barinas», influyendo también «en mucha parte las desavenencias

entre la Audiencia y el capitán general Monteverde»[535]. Embarcóse

Montalvo en la Habana el 28 de abril de 1813, llegando a Santa Marta

el 1.º de junio siguiente. El 13 de agosto fué rechazada la expedición

francesa que mandaba Pedro Labatut cuando intentó sorprender el Morro,

y en los días 14 y 15 del mismo mes halló vigorosa resistencia en la

Ciénaga, retirándose escarmentado. A fines de diciembre recibió la

Real orden del 23 de julio, nombrándole Capitán General en comisión

de Venezuela, con retención del virreinato que tenía en propiedad, y

poniendo a sus órdenes a D. Manuel Cajigal, mariscal de Campo, para

que le destinase a una u otra parte, según lo tuviese por conveniente.

Grave fué la situación del virrey en los comienzos del año 1814. «Nada

más duro en los peligros--escribe el virrey--que carecer de los medios

de defenderse y arrostrarlos. Yo prefiero en el día cualquiera otra

suerte, la más amarga, a la de volverme a ver en la situación en que

estuve en Santa Marta durante tres años, expuesto a perder hasta lo más

sensible para un militar, la reputación»[536]. Sucedíanse los combates

lo mismo en la tierra que en el mar, unos adversos y otros favorables,

mas siempre luchando. Tanta gravedad adquirieron los sucesos de

Venezuela, que el virrey Montalvo destinó a su segundo, a D. Manuel

de Cajigal, para que se pusiese al frente de la Capitanía general de

Venezuela, ya «que la idea de la Regencia era manifiestamente que no lo

fuese más Monteverde»[537]. Añade que Boves logró completo triunfo en

la batalla de La Puerta, y del mismo modo Aymerich consiguió laureles

peleando y cogiendo prisionero a D. Antonio Nariño.

[534] _Relaciones de mando_ etc., pág. 590.--Bogotá

(Colombia).--Imprenta Nacional, 1910.

[535] Ibidem, págs. 590 y 591.

[536] Ibidem, pág. 600.

[537] Ibidem, pág. 614.

Quiso Montalvo atraerse con dulces palabras a los revolucionarios de

Cartagena, a quienes mandó una carta. El gobierno de dicha ciudad «me

dijo en contestación que por la gravedad de su contenido la remitía al

Congreso, que era quien podía resolver acerca de ello»[538]. Después

contestó el Congreso lo que era de esperar, esto es, que deseaban cada

día con más entusiasmo la independencia. Relata luego el virrey los

hechos de Bolívar, fijándose especialmente en su conquista de Santa

Fe (12 diciembre 1814). Pronto iba a recibir Montalvo importantes

auxilios, porque el Rey, con fecha 25 de noviembre de 1814, le había

comunicado que mandaba una expedición compuesta de 10.000 hombres

al mando del mariscal de campo Don Pablo Morillo. «El primer objeto

de esta expedición--decía la Real orden reservada--es mantener la

tranquilidad en la capitanía general de Venezuela, tomar a Cartagena

de Indias y auxiliar poderosamente a la pacificación del Nuevo Reino

de Granada»[539]. Montalvo pudo ayudar a Morillo en la conquista de

la ciudad de Cartagena (6 diciembre 1815). Trabajó sin descanso en la

pacificación interior del virreinato, y con fecha 21 de junio de 1817

previno a los gobernadores que «procurasen con todo cuidado contener

las animosidades, manifestando a sus súbditos, en ocasiones oportunas,

que todos son españoles, vasallos de un mismo monarca, a cuyos ojos

son iguales los que se portan con la fidelidad debida a su Rey, sean

españoles europeos o españoles americanos»[540]. Terminó Montalvo su

_Relación de mando_ el 30 de enero de 1810, y con esta fecha la hubo de

mandar al nuevo virrey D. Juan de Sámano.

[538] Ibidem, pág. 619.

[539] Ob. cit., pág. 724.

[540] Ibidem, pág. 723.

Acerca del origen del nombre _Panamá_, según la opinión de muchos

autores, significa en lengua nueva, la más extendida entre los

indígenas en aquellos tiempos, _sitio abundante en peces_; lo cual

se conforma con lo que escribía (1516) Pedro Arias de Avila al rey

Fernando y a su hija la princesa Doña Juana. Decía así: «Vuestras

Altezas sabrán que Panamá es una pesquería en la costa del mar del Sur

y por pescadores dicen los indios _panamá_.» Pedro de Arias Dávila,

gobernador de Castilla del Oro, y el licenciado Gaspar de Espinosa,

fundaron a Panamá (15 agosto 1519). Poco después Pedrarias ordenó

al capitán Diego de Albites que poblara a Nombre de Dios. Mereció

Panamá (15 septiembre 1521) el título de ciudad y el honor de un

blasón heráldico que consistía en un escudo en campo de oro, partido

verticalmente, con un yugo y un haz de flechas en la mitad derecha, y

en dos carabelas navegando y una estrella en la parte superior en la

mitad izquierda. Por orla castillos y leones. Por lo que toca a la sede

de Larién, después de la muerte, a fines de 1519, del obispo Quevedo,

el nuevamente elegido Fr. Vicente Pedraza trajo las instrucciones de

trasladar el gobierno eclesiástico a Panamá. Tampoco debemos pasar

en silencio que la Audiencia de Panamá, la tercera que se fundó en

América, fué instituída por Real cédula de 26 de febrero de 1538 por

el emperador Carlos V, abarcando su jurisdicción, no sólo el reino de

Tierra Firme, compuesto de las dos provincias de Castilla del Oro y

Veraguas, sino también desde el Estrecho de Magallanes hasta el golfo

de Fonseca (provincias del Río de la Plata, Chile, Perú y Nicaragua).

Creada en 1543 la Audiencia de los confines de Guatemala, se ordenó

suprimir la de Panamá.

El gobierno de Panamá pasó de la autoridad de Guatemala, a la

dependencia del virreinato del Perú después de la victoria que D. Pedro

de La Gasca consiguió sobre Pizarro en la batalla de Xaquixaguana

(1548).

Restablecida la Audiencia de Panamá por Real Cédula de 1563, se dispuso

la extinción de la de Guatemala. Panamá tuvo que sufrir rudos ataques

de los corsarios ingleses; pero la desgracia mayor de la ciudad fué el

terrible incendio del 21 de febrero de 1644 que destruyó 83 casas, el

Seminario y la casa episcopal. Posteriormente el pirata Morgan tomó

e incendió a Panamá (1671). Nombrado presidente y capitán general

de Tierra Firme D. Antonio Fernández de Córdoba y Mendoza, llegó a

últimos de 1671 con la comisión de trasladar la ciudad de Panamá a

sitio mejor, verificándose (21 enero 1673) el acto de fundación en la

pequeña península inmediata al cerro y puerto de Ancón. Poco después

se hicieron importantes fortificaciones para defender la plaza. A

pesar de todo, los piratas no dejaron tiempo adelante en paz a los

gobernadores de la ciudad. Creyéndose que las cosas marcharían mejor,

la Corona destituyó al gobernador Hurtado y suprimió la Audiencia,

agregando el territorio de su jurisdicción a la autoridad del virrey y

de la Audiencia del Perú (1718). Como fuesen mayores las dificultades

para el buen gobierno, a causa de la distancia entre la colonia y

las autoridades del Perú, por Real Cédula de 21 de julio de 1722 se

restableció la Audiencia, cuyo presidente tenía además el cargo de

comandante general de Tierra Firme.

El 2 de febrero de 1737 ocurrió formidable incendio--que se llamó el

_Fuego Grande_--en la nueva ciudad de Panamá. Se quemaron dos terceras

partes de la población, salvándose casi únicamente el arrabal de Santa

Ana, y por ello se repitió el siguiente estribillo:

Día de la Candelaria

vísperas de San Blás,

a las muchachas de adentro

se les quemó la ciudad.

En el año 1739 se realizó cambio radical, pues con fecha 20 de agosto

se expidió Real Cédula restableciendo el virreinato de Santa Fe,

incluyendo en él los territorios de Nueva Granada, Venezuela, Quito y

las provincias de Panamá y Veraguas. La provincia de Panamá, quedó,

sin embargo, con su gobernador y Audiencia, aunque subordinados al

virreinato.

Por Real Cédula del 3 de junio de 1749 se fundó la Universidad de San

Javier, en Panamá, estableciéndose en el edificio de la Compañía de

Jesús; y también por Real Cédula de 20 de junio de 1751 se suprimió

definitivamente la Audiencia, acordándose que el gobierno de dicha

ciudad dependiese del virrey de Nueva Granada, el obispado fuera

sufragáneo del arzobispado de Lima y los tribunales de justicia

estuvieran bajo la Audiencia de Santa Fe.

Establecida la Compañía de Jesús en Panamá, se dirigió, a mediados del

siglo XVI, al Perú. El superior de los Padres se llamaba Baltasar de

Piñas, y con aquel carácter marchó al Perú. Algunos de sus religiosos

permanecieron en Panamá para establecer la comunidad en Tierra Firme.

Allí edificaron sólido y magnífico edificio, terminado en 1751, en el

que establecieron la Universidad de San Javier. Habiéndose dispuesto

la expulsión de los jesuítas de todos los dominios españoles, lo

fueron de Panamá en la madrugada del 2 de agosto de 1767, encargándose

del edificio el gobernador Cabrejo. El 28 de agosto, con una fuerte

escolta, fueron los hijos de San Ignacio conducidos a Portobelo, allí

embarcados para Cartagena, de donde salieron para Europa en compañía de

otros expulsados también de Nueva Granada.

Los gobernadores que sucedieron a Cabrejo cumplieron con su deber;

pero, en los comienzos del siglo XIX, el brigadier D. Benito Pérez,

virrey de Nueva Granada, resolvió establecer su autoridad en Panamá,

dado el estado de rebeldía de Santa Fe. El mismo día en que tomó

posesión del cargo (21 marzo 1812), quedó establecido el Tribunal de la

Real Audiencia.

Consideremos el gobierno o presidencia de Quito (vulgarmente Reino

de Quito) y actualmente denominado República del Ecuador[541].

Constituyóse en el año 1564, en cuyo tiempo se estableció la Real

Audiencia, que comprendía extenso territorio. La ciudad de Santiago

de Quito fué fundada el 15 de agosto de 1534, y la Audiencia se creó

por Real Cédula dada en Guadalajara el 25 de agosto de 1563, siendo su

primer presidente Hernando de Santillán, a quien sucedió D. Lope Díez

Aux de Armendáriz y a éste otros presidentes. Nada de particular ofrece

la historia del Ecuador durante la centuria décimasexta, ni aun en

las dos siguientes, reducida a disensiones interiores y exteriormente

a las tentativas que los piratas hicieron en las costas. Recuérdese

que a fines de 1621 y en 1709 los filibusteros recorrían las costas,

saqueando a Guayaquil y otros puertos. Aunque en los comienzos del

siglo XVII se fortificó a Guayaquil para defenderlo de los corsarios,

cayó al fin en poder de ellos el año 1687. No pasaremos en silencio

el motín popular acaecido en Quito en 1592, que fué enérgica protesta

contra la Real Cédula de Felipe II estableciendo el impuesto de

alcabalas. Ni el presidente Barros, ni los oidores de la Audiencia,

ni los jesuítas, ni otros religiosos de diferentes Ordenes, pudieron

contener el movimiento. Los revoltosos proclamaron rey de Quito a

un ciudadano llamado Carrera, quien no aceptó la Corona, siendo por

ello azotado públicamente. El virrey Mendoza dispuso que Arana con

300 hombres marchase a Quito para castigar a los revoltosos, lo que

consiguió con poco trabajo. Carrera mereció el nombramiento de alférez

real, hereditario para su familia, y los jesuítas disfrutaron desde

entonces algunas rentas por su patriotismo. Que el virrey Mendoza y

otros virreyes interviniesen en los asuntos de Quito se explica porque

este país en lo político y militar estaba sujeto al virrey del Perú, y

en lo eclesiástico al metropolitano de Lima.

[541] Quito fué erigida en obispado en 1545, y su primer

prelado se llamaba Garci Díaz.

Tiempo adelante el Ecuador, siguiendo el ejemplo de otras colonias

americanas, manifestó sus deseos de independencia, que proclamó en

Quito el 10 de agosto de 1809.

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo II · 第 53 / 141 题