_Don José I, por la gracia de Dios, Inca, Rey del Perú, Santa Fe,
Quito, Chile, Buenos Aires y Continente, de los Mares del Sur,
Duque de la Superlativa, Señor de los Césares y Amazonas, con
Dominios en el Gran Paititi, Comisionario y Distribuidor de la
Piedad Divina por el Erario sin par._
Por cuanto es acordado por mi Consejo, en junta prolija por
repetidas ocasiones, ya secretas, ya públicas, que los Reyes
de Castilla me han tenido usurpada la Corona y dominio de mis
gentes cerca de tres siglos: pensionándome los vasallos con sus
insoportables gabelas, Tributos, Lanzas, Sisas, Aduanas, Alcabalas,
Catastros, Diezmos--Virreyes, Audiencias, Corregidores y demás
Ministros--todos iguales en la tiranía: vendiendo la Justicia
en almoneda con los Escribanos de esa fe--á quien más puja--á
quien más dá: entrando en esto los Empleos Eclesiásticos, sin
temor de Dios:--estropeando como á bestias á los naturales de
este Reyno:--quitando las vidas á solos aquellos que no supieron
robar:--todo digno del más severo reparo:--Por eso, y porque los
justos clamores con generalidad han llegado al Cielo:
_En el nombre de Dios Todo Poderoso ordenamos y mandamos_:--que
ninguna de las pensiones dichas se paguen, ni se obedezca en cosa
alguna á los Ministros Europeos, intrusos y de mala fe; y sólo se
deberá todo respeto al Sacerdocio, pagándoles el Dinero, Diezmos y
Primicias, como que se le dá á Dios: y el Tributo y Quinto á su Rey
y Señor natural: y esto con la moderación que se hará saber con las
demás Leyes de observar y guardar; y para el más pronto remedio de
todo lo susoespresado.
Mando se reitere y publique la Jura hecha de mi Real Corona en
todas las Ciudades, Villas y Lugares de mis Dominios, dándonos
parte con toda brevedad de todos los vasallos prontos y fieles para
el premio igual, y de los que se rebelaren para las penas que les
competa.--Que es fecho en este mi Real Asiento de Tungasuca, Cabeza
de estos Reynos.--_Don José I_--Por mandado del Rey Inca mi Señor,
Francisco Cisneros, Secretario[485].
[485] _Documentos para la Historia de Bolívar_, ordenados, con
adiciones y notas por José F. Blanco, tomo I, págs. 146 y 147.
Tomó el nombre de Tupac-Amaru. Cada vez más cruel, animaba a los indios
para que se ensañaran con los españoles, y en San Pedro de Bellavista
fueron degollados 1.000 habitantes, y en Caracoto se hartaron de
degollar aquellas fieras. Llegó un momento en que Tupac-Amaru quiso
reprimir crueldades tan terribles y no pudo. Declaráronse enemigos de
la religión cristiana y cometieron grandes sacrilegios. Entonces fué
excomulgado Tupac-Amaru por el obispo de Cuzco, y los curas al frente
de sus feligreses peleaban contra los sublevados, tomando la guerra
carácter religioso. Intentaron los indios apoderarse del Cuzco; mas se
convencieron de que la empresa era superior a sus fuerzas. Las tropas
que llegaron de Lima y Guamanga acabaron con el poder de Tupac-Amaru,
el cual fué hecho prisionero y condenado a morir descuartizado. En la
sentencia, dada en el Cuzco a 15 de mayo de 1781, se lee: «Considerando
pues á todo esto, y á las libertades con que convidó este vil
insurgente á los Indios, y demás castas para que se le uniesen, hasta
ofrecer á los esclavos la de su esclavitud; y reflexionando juntamente
el infeliz y miserable estado en que quedan estas Provincias que
alteró, y con dificultad subsanarán ó se restablecerán en muchos años
de los perjuicios causados en ellas por el referido Josef Gabriel Tupac
Amaru, con las detestables máximas esparcidas y adoptadas en los de su
nación, y socios ó confesados á tan horrendo fin, y mirando también á
los remedios que exige de pronto la quietud de estos territorios, el
castigo de los culpables, la justa subordinación á Dios, al Rey y á los
ministros; debo condenar y condeno á Josef Gabriel Tupac Amaru, á que
sea sacado á la Plaza Principal y Pública de esta ciudad, arrastrado
hasta el lugar del suplicio, donde presencie la ejecución de las
sentencias que se dieren á su mujer Micaela Bastidas, y á algunos de
los otros principales capitanes y auxiliadores de su inícua y perversa
intención ó proyecto, los cuales han de morir en el propio día; y
concluidas estas sentencias, se les cortará por el verdugo la lengua, y
después amarrado ó atado por cada uno de los brazos y pies con cuerdas
fuertes, y de modo que cada una de estas puedan atar ó prender con
facilidad á otras que pendan de las sinchas de cuatro caballos, para
que puesto en este modo, ó de suerte que cada uno tire de un lado,
mirando á otras cuatro esquinas ó puntas de la plaza, marchen, partan
y arranquen á una vez los caballos, de forma que quede dividido su
cuerpo en otras tantas partes; llevándose éste luego que sea hora al
serro ó altura llamada de Piccho, adonde tuvo el atrevimiento de venir
á intimidar, citar y pedir que se le rindiese esta Ciudad, para que
allí se queme en una hoguera que estará preparada, echando sus cenizas
al aire; y en cuyo lugar se pondrá una lápida de punta que exprese
sus principales delitos y muerte, para solo memoria y escarmiento de
su exsecrable acción. Su cabeza se remitirá al pueblo de Tinta, para
que estando tres días en la horca, se ponga después en un palo á la
entrada más pública de él; uno de los brazos al de Tungasuca, en donde
fué cacique, para lo mismo; y el otro para que se ponga y execute lo
propio en la capital de la provincia Carabaya; embiándose igualmente
para que se observe la referida demostración, una pierna al pueblo de
Libitaca, en la de Chumbibilca; y la restante al de Santa Rosa, en
la de Lampa, con testimonio y orden á los respectivos corregidores ó
justicias territoriales, para que publiquen esta sentencia con la mayor
solemnidad, por bando, luego que llegue á sus manos, y en otro igual
día todos los años subsiguientes, de que darán aviso instruído á los
superiores gobiernos á quienes reconozcan dichos territorios: que las
casas de éste sean arrasadas ó batidas, y saladas á vista de todos
los vecinos del pueblo ó pueblos, á donde las tuviere y existan: que
se confisquen todos sus bienes, á cuyo fin se da la correspondiente
comisión á los jueces provinciales: que todos los individuos de su
familia que hasta ahora no han venido, ni vinieren al poder de nuestras
armas, y de la justicia que suspira por ellos para castigarlos con
iguales rigurosas y afrentosas penas, queden infames é inhábiles
para adquirir, poseer y obtener de cualquier modo herencia alguna ó
subseción, si en algún tiempo quisieren ó hubiesen quienes pretendan
derecho á ellas...»[486]. Y basta ya de narrar tantas crueldades. Los
españoles mostraron la misma fiereza que antes los indios, pues no de
otro modo acabaron la rebelión.
[486] _Documentos para la Historia de Bolívar_, ordenados
etc., por José F. Blanco, tomo I, páginas 157 y 158.
D. Teodoro de Croix fué virrey del Perú desde el 4 de abril de 1784
hasta el 25 de marzo de 1790 y debió su nombramiento a Carlos III.
Dividió el país en las siguientes intendencias: Lima, Trujillo,
Arequipa, Tarma, Huancavélica, Huamanga y el Cuzco. Las intendencias se
subdividían en partidos y al frente de ellos se nombró un subdelegado;
creóse una Audiencia en el Cuzco y se proyectó la erección de obispados
en Puno y Huanuco, que se realizó tiempo adelante; atendióse los
legítimos intereses de los indios y se colonizó el valle de Víctor a
fin de contener las invasiones de los chunchos.
Eran frecuentes los robos en el país, llegando los ladrones en su
insolencia a salir al camino (cuando el reverendo obispo de la
Concepción hacía su visita pastoral a Baldivia) apoderándose de su
equipaje y con él de rico pontifical (28 noviembre 1788). El prelado
tuvo que retroceder a Arauco, y desde allí a la Concepción.
Poco antes fué objeto de todas las conversaciones el siguiente hecho,
realizado por un impostor que logró «burlar la atenta circunspección
de los Superiores Gobiernos y Reales Audiencias. Tal ha sido en el
tiempo de mi Gobierno--como escribe el mismo virrey en la Memoria
que dejó a su sucesor--Manuel Antonio Figueroa, natural de Galicia,
quien suponiéndose sobrino del Excelentísimo Señor Cardenal Patriarca
de las Indias y Gobernador del Consejo de Castilla, D. Manuel
Ventura de Figueroa, apoyaba sobre este distinguido parentesco las
correspondencias más recomendables de la corte de España, los aprecios
y confianza del Rey y sus extraordinarias gracias en los empleos del
mayor honor á que lo destinaba en este reyno»[487]. Descubierta la
superchería, Manuel Antonio Figueroa fué condenado a diez años de
presidio en Africa, y su cooperante, Fray José de Azero, se mandó a
España bajo partida de registro y a disposición de S. M.
[487] Pág. 111.
Fijóse mucho D. Teodoro de Croix en la policía urbana y muy
especialmente en la limpieza de las ciudades, en el arreglo de las
calles y en la dirección de las aguas que las regaban. Del mismo
modo son dignas de alabanzas las disposiciones que dió acerca de los
asuntos de Guerra, Marina y Hacienda. Prosperó la industria, aumentó el
comercio y en el año 1788 importaron las rentas 4.664.895 pesos.
D. Francisco Gil de Taboada y Lemos (1790-1796) gobernó el Perú durante
el reinado de Carlos IV en España. Sin embargo de las desmembraciones
sufridas por la creación de los virreinatos de Santa Fe y de Buenos
Aires, contaba el del Perú más de 1.300.000 habitantes y unas 33.500
leguas cuadradas. Lima tenía 52.627 habitantes, según el censo del
año 1796. En los 19 conventos de religiosos había 1.100, y en los de
monjas 572; además se contaban 84 beatas. Los hospitales eran 10, y
si en unos las rentas eran pingües, en otros se necesitaba el real
auxilio. La Universidad de San Marcos se hallaba en estado floreciente,
como también la Audiencia, el Cabildo y el Tribunal del Santo Oficio.
La policía fué muy atendida durante el virreinato de Gil Taboada.
Adelantó el comercio y la industria en general, especialmente la
minería. Protector incansable de la cultura, estableció un anfiteatro
de Medicina y una Escuela de Marina, costeó la edición que Unanue
hizo de su excelente libro intitulado _Guía eclesiástica, política y
militar_, y autorizó la fundación de los periódicos llamados la _Gaceta
de Lima_ y el _Mercurio Peruano_. Mostró su amor a la religión católica
procurando la conversión de los indios montaraces; y en su tiempo,
el P. Girval, con el fin de propagar el Evangelio entre los panos,
sipivos, campas y piros, remontó el Veayali y visitó las pampas del
Sacramento.
Alabanzas merece el virrey D. Ambrosio O'Higgins. Encargóse del
gobierno el 5 de julio de 1796. Era irlandés de nacimiento e hijo de
pobres labradores.
Habiéndose dado a conocer por su valor combatiendo una invasión
araucana, el Rey le confirió sucesivamente los grados de capitán de
dragones, teniente coronel, coronel, brigadier y el 1785 le ascendió
a mariscal de campo, y luego le nombró presidente de la Audiencia,
gobernador y capitán general del reino de Chile. La fortaleza del Barón
(Valparaíso) y otras obras importantes hacen inmortal su nombre en
Chile[488]. Habiendo reconquistado la ciudad de Osorno del poder de los
araucanos, el Rey le agració con el título de marqués de Osorno, le
ascendió a teniente general y le nombró virrey del Perú.
[488] Véase el capítulo XXV.
Bajo el gobierno de O'Higgins se empedraron las calles y se
construyeron las torres de la catedral de Lima; se hizo un camino desde
el Callao a Lima. También se incorporó al Perú la intendencia de Puno,
que había estado sujeta al virreinato de Buenos Aires, y fué separado
Chile de la jurisdicción del virreinato del Perú. Para la guerra que
España sostenía con otras naciones O'Higgins envió siete millones
de pesos, los cuales se gastaron, más que en sostener ejércitos, en
aumentar el lujo de los cortesanos y los placeres de Carlos IV y María
Luisa. Con fecha 26 de julio de 1800 escribió el marqués de Osorno a
Urquijo manifestando el estado de quietud de aquellas provincias y
añadía que no por ello dejaba de vigilar a los revolucionarios[489].
[489] Ibidem.--Estado.--Perú.--Leg.º 2. (16).
Desde 1801 a 1806 gobernó el Perú D. Gabriel Avilés. Autorizado
por Real orden, creó el obispado de Mainas entre los ríos Huallaga,
Ucayali, Napo y Putumayo. Si el clero aplaudió la creación de dicho
obispado, protestó en cambio y suscitó protestas a la desamortización
eclesiástica, sin embargo de recibir los intereses del capital en que
fueron enagenados los bienes. No careció de importancia una conjuración
que abortó en el Cuzco (1805), promovida por D. Gabriel de Aguilar,
que intentaba renovar el imperio de los Incas. A la sazón las minas
producían al Estado grandes cantidades, pues se acuñaban anualmente
5.000.000 de pesos fuertes.
En los siglos XVI, XVII y XVIII, lo que hoy constituye la República
de Bolivia formó parte del virreinato del Perú. El virreinato estaba
dividido en dos Audiencias Reales: la de Lima, que comprendía el
territorio conocido con el nombre de _Nueva Castilla_; y la de Charcas,
que comprendía el _Nuevo Toledo_. En Charcas o Chuquisaca residía la
Sede Episcopal, y en ella se estableció la Universidad de San Francisco
Javier, famosa en toda la América española. A la citada Audiencia
de Charcas se hallaban sujetos los gobiernos de Tucumán, Paraguay y
Buenos Aires; también las misiones de chiquitos y mojos. Dividióse el
territorio de dicha Audiencia en cuatro provincias: Chuquisaca, La Paz,
Potosí y Santa Cruz, gobernadas por Intendentes nombrados por el Rey;
los partidos en que se subdividían, por subdelegados nombrados por el
virrey a propuesta de los intendentes, y los Concejos, compuestos de
regidores y presididos por el gobernador o jefe político, ejercían las
mismas funciones de los actuales municipios.
Cuando se creó el virreinato de Buenos Aires en 1776, a él obedecían
los habitantes del territorio de las actuales Repúblicas de Bolivia,
Paraguay, Uruguay y Argentina.