GOBIERNO DE JAMAICA.--POLÍTICA DE LA GRAN BRETAÑA.--LA
ESCLAVITUD.--GOBIERNO DE PUERTO RICO.--EL REY CATÓLICO Y D. DIEGO
COLÓN.--FELIPE II Y EL OBISPO DE PUERTO RICO.--LOS INGLESES
INTENTAN APODERARSE DE LA ISLA.--LOS DINAMARQUESES EN LOS CAYOS
DE SAN JUAN.--EL INGLÉS HARVEY.--GENEROSIDAD DE CARLOS III CON EL
DUQUE DE CRILLÓN.--RÉGIMEN POLÍTICO DE PUERTO RICO.--ISLA DE LA
MONA.--ISLA DE VIEQUES.--ISLAS VÍRGENES: GOBIERNO DE LOS INGLESES
Y DE LOS NORTEAMERICANOS.--ISLAS LUCAYAS: GUANAHANI: LA CAPITAL
NASSAU: GOBIERNO DE LAS LUCAYAS.--ISLAS BERMUDAS: HAMILTON.--ISLAS
MENORES: ISLAS INGLESAS, FRANCESAS Y HOLANDESAS: GOBIERNO EN DICHAS
ISLAS.
De la isla de Jamaica, situada en el mar de las Antillas, tenemos
escasas noticias. Antes procede recordar que Carlos II de Inglaterra
fué arrojado del trono y la Cámara hubo de publicar un decreto que
decía: «La experiencia ha probado y esta Cámara declara que el
oficio de Rey en este país es inútil, oneroso y peligroso para la
libertad, la seguridad y el bien del pueblo; queda, de consiguiente,
abolido.» Cromwell constituyó la República y se atrajo en el interior
el entusiasmo del pueblo, y en el exterior las simpatías de Europa.
Tirantes por entonces las relaciones entre Luis XIV y Felipe IV, el
Protector se decidió al fin en favor de Francia, pensando sin duda
que España tenía vastas y ricas posesiones en las Indias. A fines de
diciembre del año 1654 Cromwell dispuso que la escuadra de Penn y de
Venables, con sus tropas de desembarco, saliese de Portsmouth con
rumbo a la América española. Felipe IV y su primer ministro, D. Luis
de Haro, desconocían los propósitos del Protector, hasta el punto
que alarmados por las vagas noticias que les llegaban, se quejaron a
Cardeñas, nuestro embajador en Londres, no sólo de su silencio acerca
de la expedición de Penn y de Venables, sino también de la incoherencia
de sus noticias respecto de los asuntos de Inglaterra y de su escasa
influencia cerca de un gobierno que España había sido la primera en
reconocer y apoyar. Defendióse Cardeñas de tales reconvenciones, y
refiriéndose a la escuadra decía: «El objeto acerca de las Indias es
el único que no he podido penetrar, porque el Protector lo ha tenido
cuidadosamente oculto, sobre todo a las personas por quienes yo podía
prometerme saber el plan... Así, pues, respecto del particular no
he podido recoger sino vagas conjeturas, y he comunicado a Vuestra
Magestad todas las que se forman acerca de esta expedición en toda su
diversidad...»[384]. El rey de España se decidió entonces a enviar a
Londres otro embajador más, el marqués de Leyde, para que, poniéndose
de acuerdo con Cardeñas, y no manifestando recelos a propósito de
la escuadra de Penn y de Venables, insistiesen con el Protector en
la conclusión de un tratado de paz entre España e Inglaterra contra
Francia. Cromwell no hizo caso de las proposiciones de Cardeñas y del
marqués de Leyde. Estaba decidido a aliarse con Francia.
[384] Véase Guizot, _Hist. de la República de Inglaterra y de
Cromwell_, pág. 332.
En los primeros días de julio de 1655 sólo se sabía en Londres que la
escuadra había llegado a la Barbada, partiendo en seguida de dicha
isla. Dice nuestro historiador Lafuente que el designio de Cromwell era
apoderarse de México, lo cual hubiera realizado si los españoles no
hubiesen acudido oportunamente a su defensa[385]. Lo que se proponía el
Protector era que la escuadra se apoderase de Santo Domingo. A mediados
de julio recibió carta el Protector dándole detalles de los hechos
realizados por el almirante Penn y el general Venables. Entonces supo
que el 14 de abril la escuadra se halló enfrente de la costa Sud-Oeste
de Santo Domingo, desembarcando poco después la tropa. El 18 del
mismo mes, los españoles, ocultos en los barrancos y en los bosques,
hicieron fuego sobre los ingleses, á quienes obligaron a replegarse
sobre el punto de desembarque más próximo para pedir a la escuadra
víveres y refuerzos. Pasados pocos días, el 25 se pusieron en marcha
hacia Santo Domingo; pero cayeron en una emboscada, donde murieron
muchos, retirándose fugitivos los demás. Penn echaba la culpa de todo a
Venables y los marinos a los soldados; a su vez Venables y los soldados
se defendían de tales cargos. No habiendo medio de intentar un tercer
ataque contra Santo Domingo, convinieron todos en que era preciso hacer
algo antes de volver a Inglaterra y presentarse al Protector.
[385] Véase _Hist. general de España_, tomo XVI, p. 421.
El 3 de mayo, ya reembarcadas las tropas en la escuadra, se alejaron
de Santo Domingo, y el 9 se presentaron delante de Jamáica, isla menos
importante que Santo Domingo, aunque dilatada y fértil. La fortuna
les fué esta vez propicia, pues el 10 se verificó el desembarco y sin
oposición alguna cayó la isla en poder de los ingleses, en tanto que
los españoles se retiraron a las montañas. Parte del ejército vencedor
se estableció de guarnición en la isla; doce buques de la escuadra,
a las órdenes del vicealmirante Goodson, formaron una estación en la
costa; y a fines de junio, uno antes y otro después, Penn y Venables
regresaron a Inglaterra, llegando, el primero, el 31 de agosto, y el
segundo, el 9 de septiembre[386].
[386] Guizot, ob. cit., p. 346.
La población blanca de Jamaica, que en 1655 contaba con unos 1.500
hombres, aumentó mucho al poco tiempo, porque a ella acudieron gentes
de las Antillas: ingleses, escoceses, irlandeses y no pocos mercaderes
israelitas. De la isla hicieron los ingleses un depósito para el
comercio de contrabando con México y el Perú, y fué un gran mercado,
desde el cual los esclavos importados de Africa se distribuían por
las demás Antillas y por la Tierra Firme. Calcúlase que en los años
de 1680 a 1786 desembarcaron en Jamaica 610.000 esclavos. A causa del
trato durísimo que recibían de los ingleses, se sublevaron y buscaron
refugio en las montañas, viéndose obligados aquéllos a concederles
algunos derechos en el año 1739. Nuevamente se rebelaron en 1795, y los
_humanitarios_ ingleses les persiguieron como a fieras, valiéndose de
perros que llevaron de Cuba.
Tiempo adelante hubo de realizarse un suceso de extraordinaria
importancia en la política de la Gran Bretaña, y fué la abolición de la
esclavitud. Si durante el reinado de Guillermo IV (1830-1837) acordaron
las Cámaras la abolición parcial y progresiva de la esclavitud,
elevada al trono la reina Victoria, cuya coronación se verificó el
28 de junio de 1838, dichas Cámaras proclamaron el 1.º de agosto de
aquel año la emancipación inmediata y general. Inglaterra, una vez
abolida la esclavitud en sus colonias, tuvo mercantil interés de que
las demás naciones siguiesen su ejemplo. Si muchas reformas realizadas
en la edad contemporánea son timbre de gloria de los gobiernos de
Inglaterra, ninguna puede compararse con la abolición de la esclavitud
de los negros, reclamada por la opinión pública más humanitaria o menos
egoista.
De Jamaica no sería aventurado decir que en ella se verificó cambio
radical desde la abolición de la esclavitud en el año 1838. «Desde la
emancipación de los esclavos--escribe Reclus--ha disminuído en una
cuarta parte la población blanca, mientras que ha doblado el número de
negros»[387]. En el año 1890 los blancos apenas llegaban a 15.000 y los
negros pasaban de 600.000. Al presente tiene 832.000.
[387] _Nueva Geografía Universal.--América Central_, tomo II,
pág. 663.
El régimen político de la citada Antilla mayor consiste en un
gobernador nombrado por la Corona y en un Consejo legislativo
compuesto de 16 individuos: cinco nombrados por el Rey y nueve
elegidos por el pueblo. Los electores, en cada una de las parroquias,
nombran consejeros encargados en la administración de los asuntos
locales. Hasta el año 1869 fué la capital _Spanish-town_ (ciudad
española) que fundó Diego Colón en 1525 con el nombre de Santiago de
la Vega; pero al presente es el puerto de _Kingston_, donde residen
las autoridades militares y navales. Casi todo el movimiento de las
transacciones de Jamaica con la Gran Bretaña, el Canadá, los Estados
Unidos y otros países se efectúa por intermedio del citado puerto.
Pasando a estudiar el gobierno de Puerto Rico, recordaremos que su
conquistador, Juan Ponce de León, recibió señaladas muestras de cariño
de Fernando el _Católico_. Si en 14 de agosto de 1509 le premiaba
con el Gobierno _interino_ de la isla[388], el 28 de febrero de 1510
le decía lo siguiente: «Vi vuestra letra de 18 de setiembre de 1509.
Me tengo por servido de vos en lo hecho: continuad en acrecentar
la población de San Juan, que yo escribo á la Española para que os
provean de lo necesario.» Dos días después D. Fernando y D.ª Juana,
hallándose en Madrid, le nombraban gobernador en _propiedad_[389].
Como el almirante D. Diego Colón se creía con derecho a la propiedad
de Puerto Rico, y Ponce de León, apoyado por el Rey, no prestaba
obediencia al primero, vino el rompimiento entre el gobernador de
Santo Domingo y el de Puerto Rico. ¿Fué depuesto, además, Ponce de
León porque era amigo de aquel Roldán que declaró cruda guerra al
almirante D. Cristóbal? ¿Tendría presente D. Diego que dicho Roldán
era también protegido de Ovando, enemigo este último del descubridor
de las Indias? Conviene, por último, no olvidar que Ponce de León
echó los cimientos de _Caparra_ (primeros meses del año 1509); que
repartió a los indios encomiendas, originando tal medida sublevación
general, la cual fué combatida valerosamente por los españoles; que se
reedificó a dos leguas de Guánica la villa de _Sotomayor_ y se fundó la
de _San Germán_, y que Julio II concedió la erección de un obispado en
Puerto Rico y cuyo primer prelado se llamaba Alonso Manso, canónigo de
Salamanca.
[388] Véase Abbad Lasierra, _His. de Puerto Rico_, pág. 32.
[389] Ibidem, pág. 33.
Ante la insistencia de don Diego Colón, quien se creía con derecho a
proveer el gobierno, puesto que la isla había sido descubierta por su
padre, cedió el Rey, siendo depuesto Ponce de León, no por demérito
suyo, sino por ser de justicia. El Almirante, al deponer a Ponce, había
nombrado a Juan Cerón, como alcalde mayor; a Miguel Díaz, como alguacil
mayor, y al bachiller Diego Morales, como teniente de alcalde mayor.
Continuó el Rey honrando la isla, a la cual dió también escudo de
armas, que consistía en un cordero plateado en campo verde echado sobre
un libro de color rojo, atravesada una banda con una Cruz, en cuyo
extremo está la banderita que ponen a San Juan por divisa, todo orlado
de castillos, leones y banderas con una F y una I, coronadas por divisa
con el yugo y flechas del Rey Católico[390]. En el año 1512 llegó a su
obispado el Sr. Manso, cuya silla fué la primera que se estableció en
América.
[390] Abbad y Lasierra, _Hist. de Puerto Rico_, pág. 72.
En los comienzos del siglo XVI los gobernadores de Puerto Rico tuvieron
que pelear un día y otro día con los caribes de las islas vecinas que
desembarcaban en aquélla.
Por los años de 1511 y 1512 el licenciado Sancho Velázquez sólo se
ocupó en tomar residencia a Juan Ponce de León, así del gobierno de San
Juan, que había ejercido, como de la administración de las granjerías
del Rey, que tuvo a su cuidado. La carta que desde Burgos, con fecha
23 de febrero de 1512, escribió el Rey a Ponce, decía lo siguiente:
«Téngoos en servicio lo que habeis trabajado en la pacificación, y lo
de haber herrado con un F en la frente a los indios tomados en guerra,
haciéndoles esclavos, vendiéndolos al que más dió y separando el
quinto para nos: también el haber hecho casas de paja para fundición,
contratación y lo de la sal. Maravillado estoy de la poca gente y poco
oro de nuestras minas; el Fiscal os tomará residencia y cuentas, para
que esteis desocupado para la nueva empresa de Biminí, que ya otro me
había propuesto; pero prefiero a vos por vuestros servicios que deseo
recompensar, y porque creo hareis lo que cumple a nuestro servicio
mejor que en la granjería nuestra de San Juan, en que habeis servido
con alguna negligencia»[391].
[391] Ibidem, pág. 86.
No estando contento el almirante don Diego con la administración de
Cerón y Díaz, nombró en lugar de ellos al comendador Moscoso, al cual
sucedió don Cristóbal de Mendoza. Por su parte el Monarca, con fecha
23 de enero de 1513, mandó hacer nuevo repartimiento en San Juan a
Miguel de Pasamonte, tesorero de Santo Domingo. Comisión tan importante
delegó Pasamonte en el licenciado Sancho Velázquez, todo lo cual aprobó
la Corona en 19 de octubre de 1514. Tantas quejas produjo el nuevo
repartimiento contra Velázquez como el anterior contra Cerón y Díaz.
Nombrado por los reyes Juan Ponce de León regidor de Puerto Rico por
toda su vida, llegó a la isla el 15 de octubre de 1515. Después de
varios sucesos de más o menos importancia, el almirante Colón nombró
gobernador a Pedro Moreno, vecino de Caparra, sucediéndole D. Francisco
Manuel de Olando. «Los frecuentes recursos y mudanzas de gobernadores
que motivaron estas guerras civiles, causaron muchas desgracias que
fueron selladas con otras mayores: los arroyos de sangre derramada por
toda la isla desde fines del año de 1510, el espíritu de venganza,
de ambición y otras pasiones habían echado tan profundas raíces, que
quiso Dios castigarlas por varios modos»[392]. Dice que a una plaga
de hormigas sucedió una epidemia de viruelas, acompañando a la última
otra de bubas. A estas fatalidades había que añadir los ataques de los
caribes a las costas de Puerto Rico y también los de los filibusteros
ingleses y franceses.
[392] Abbad y Lasierra, _Hist. de Puerto Rico_, pág. 90.
Recordaremos en este lugar que Juan Ponce de León, que vivía retirado
en su casa desde su regreso de la corte, cuando supo las hazañas que
por entonces realizaba Hernán Cortés, salió (1521) con dos navíos
bien tripulados, llegando a la Florida, en cuyo país encontró una
resistencia que no esperaba. Derrotado por los floridianos, se retiró
a Cuba, donde murió. El siguiente epitafio, como escribe Washington
Irving, hace justicia a sus cualidades de guerrero:
_Mole sub hac fortis requiescunt ossa Leonis,_
_qui vicit factis nomina magna suis._
El licenciado Juan de Castellanos lo tradujo al romance del siguiente
modo:
Aqueste lugar estrecho
es sepulcro del varón
que en el nombre fué León
y mucho más en el hecho.
Se cree que sus cenizas fueron trasladadas por sus descendientes a
Puerto Rico.
Verificóse la traslación del pueblo de Caparra, fundado por Juan Ponce
de León, a una isleta próxima. En una comunicación que lleva la fecha
de 9 de noviembre de 1511 dice el Rey a Cerón y Díaz: «Juan Ponce dice
que fundó el pueblo de Caparra en lo más provechoso de esa isla, y se
teme que lo queréis mudar. No haréis tal sin nuestro especial mandado,
y si hubiese justa causa para lo mudar, informaréis antes.» En una
información que se hizo en la ciudad de Puerto Rico, antes villa de
Caparra, en 13 de julio de 1519, se acordó que convendría trasladarla
a la isleta que está junto al puerto, porque el sitio de la citada
población se hallaba en una hondonada sombría y malsana. Después de
varias negociaciones e informes, escribió (16 noviembre 1520) Baltasar
de Castro al Emperador, entre otros particulares, el siguiente: «Los
oficiales de San Juan escribimos cómo la ciudad de Puerto Rico se
mudaba a una isleta que está en el puerto donde surgen los navíos,
muy buen asiento, creemos que por lo saludable y a propósito para
la contratación, se poblará mucho más que estaba. Aquella isla es
la puerta de la navegación de estotras y convendrá que en la ciudad
que nuevamente se edifica, mande V. M. hacer fortaleza y una Casa de
Contratación y fundición de piedra, pues la que había de paja se ha
quemado algunas veces»[393].
[393] Ob. cit., pág. 103.
Por orden de D. Diego Colón fundó D. Juan Enríquez el pueblo de
_Daguao_, nombre que tomó del río que lo riega; pero los caribes de
las islas contiguas cayeron una noche sobre la dicha población y
la arruinaron completamente. La decadencia de la isla era cada vez
mayor, a causa de las continuas invasiones de los caribes. Además,
dos terribles huracanes desolaron el país en 1530. Los desgraciados
habitantes veían destruídas sus casas, arruinadas sus haciendas,
perdidos sus ganados y llenas de agua sus minas por las crecientes
de los ríos. Todo era desolación y miseria. Posteriormente (18
noviembre 1536) escribió Alonso de la Fuente, lo que a continuación
transcribimos: «Gran merced ha sido la de sacar esta gobernación de la
mano del Almirante, pues era ordinariamente Justicia Mayor un vecino
que no la ejercía sino con pasión, ni miraba por la isla. Todos los
más eran criados, dependientes o afectos al Almirante, lo que me hacía
mal estómago, viendo los daños. Venga gobernador, no vecino, sino de
fuera»[394].
[394] Ibidem, págs. 127 y 128.
Desde mediados del año 1537 hasta el 1544 existió el sistema electivo,
comenzando en el último año la Corona a nombrar gobernadores. Por
entonces se publicaron las _Nuevas Leyes_, de cuyo Código varias veces
nos hemos ocupado en esta obra. Si por muerte del obispo Manso (27
septiembre 1539), fué nombrado Rodrigo de Bastidas, conforme al nuevo
sistema, la Corona nombró gobernador por un año a Gerónimo Lebrón,
vecino de Santo Domingo. Habiendo muerto a los quince días de su
llegada, le sucedió en 1545, por nombramiento de la Audiencia de la
Española, el licenciado Iñigo López Cervantes de Loaysa, oidor de la
misma. Decía el 6 de julio de 1545, lo que sigue: «Por servir a V. M.
vine a esta isla con mujer e hijos y halléla en increibles pasiones.»
Después volvieron temporalmente a gobernar los alcaldes, según se
desprende de las siguientes palabras del obispo Bastidas, quien decía
al Emperador en Marzo de 1549: «Gracias por haber cesado en proveer
gobernador para esta isla, pues bastan los alcaldes ordinarios, según
es poca la población. Basta la visita cada tres años de un oidor de
la Española, que tome residencia a los que deben darla. Pronto hubo
de cesar el anterior sistema, por cuanto en mayo o junio de 1550 era
gobernador el Dr. D. Luis Vallejo, quien prolongó su mando por cinco
años.
Tanta fué la pobreza de Puerto Rico a causa de las incursiones y
guerras de sus enemigos, que Felipe II, desde Madrid y con fecha 28 de
abril de 1566, concedió a sus vecinos que no pagasen por las cosas que
exportaran alcabala ni almirantazgo[395].
[395] _Cedulario índico_, tomo XXXIV, núm. 299, págs. 337 y
338.
Trasladaremos aquí, no por la importancia que tiene, sino porque indica
el carácter de Felipe II, lo que dijo, desde Badajoz (26 mayo 1580)
al obispo de Puerto Rico: «Nos somos informados--dice--que teneis por
vuestro Provisor e Vicario general en ese obispado a Fray Francisco, de
vuestra orden, y sabiendo vos que esto no es de las cosas que se deben
remitir, no fuera razón que lo ovieredes hecho, ni que se entendiera
que excedeis de lo que es justo, pues vuestro oficio es propio de dar
exemplo, y porque el mal que de esto resulta no pase adelante, os ruego
y encargo que luego removais del dicho cargo al dicho Fr. Francisco,
proveyéndole en persona que no sea Fraile, el qual lo deba exercer
conforme a lo que dispone el Derecho Canónico.--Yo el Rey.--Por mandado
de S. M., Antonio de Eraso»[396]. Si Felipe II hubo de censurar la
conducta del obispo de Puerto Rico, Felipe III, desde Ventosilla (24
abril 1605) se dirigió al prelado de dicha isla diciéndole que mandase
a España a los religiosos que andaban sueltos dando escándalo y mal
ejemplo[397]. Desde el mismo punto y con la misma fecha mandó idéntica
cédula al gobernador y capitán general[398].
[396] Ibidem, tomo XXVIII, núm. 56, págs. 143 y 143, v.ª
[397] Ibidem, tomo XLI, núm. 197, págs. 252 y 252 v.ª
[398] Ibidem, núm. 199, pág. 253 v.ª
Por lo que á la guerra respecta, los ingleses intentaron apoderarse de
Puerto Rico. Francisco Drake, en el año 1595, se presentó con poderosa
flota en el puerto de la ciudad de San Juan, donde quemó varias
embarcaciones, saqueando luego la población. A los dos años, esto es,
en 1597, el conde Jorge Cumberland se apoderó de la isla con ánimo de
establecerse en ella; pero terrible epidemia que se cebó en sus tropas,
le obligó a retirarse, no sin muchos despojos y setenta piezas de
artillería[399]. Los españoles, a fin de no sufrir tales incursiones,
levantaron el fuerte del Morro para su defensa; defensa importantísima,
según pudo verse en el año 1625, cuando el general holandés Boduino
Enrico desembarcó en San Juan, pues si llegó a sitiar el castillo,
no pudo tomarlo, teniendo que levantar el bloqueo. Continuaron las
acometidas de los ingleses a Puerto Rico, señalándose especialmente la
de 1702, en la cual se defendió con arrojo el capitán Correa.
[399] Ibidem, pág. 154.
Habremos de recordar que los dinamarqueses comenzaron a poblar los
cayos de San Juan, contiguos a la Isla de Santo Tomás, ya ocupada por
ellos y donde habían construído un fuerte de cal y canto con nueve
piezas montadas, 25 soldados de guarnición y nueve familias. Pensando
el virrey de Nueva Granada que la concurrencia de más pobladores
pudiera causar perjuicios a España, expuso sus temores al Rey. Ordenó
Felipe V al virrey--cédula de 5 de junio de 1720--que mandase a Puerto
Rico dos ó tres fragatas guardacostas o piraguas armadas, para que
unidas con las balandras de corso del capitán D. Miguel Enríquez,
desalojasen de los mencionados cayos a los dinamarqueses. Añadía
que le informara acerca de los medios más prontos y seguros para
ejecutar lo mismo en la de Santo Tomás, como también si la empresa
podría emprenderla la armada de barlovento auxiliada de las milicias y
balandras de Puerto Rico, para lo cual pidiese las noticias conducentes
a este gobernador[400].
[400] _Archivo histórico nacional.--Cedulario índico de
Ayala_, letra D.
Si los ingleses, a mediados del siglo XVIII, desembarcaron cerca
de Ponce, tuvieron pronto que retirarse. A fines de la centuria el
almirante Harvey, al frente de fuerte escuadra y 10.000 hombres de
desembarco, se presentó en San Juan, donde se encontró con la defensa
del gobernador Castro. Después de reñidos combates, Harvey levantó el
campo.
Conviene no olvidar que también Carlos III, hallándose en San Lorenzo
(14 octubre 1779) hubo de declarar que había concedido al duque de
Crillón, con ciertas condiciones, cuatro leguas cuadradas de tierra en
la isla de Puerto Rico[401].
[401] Ibidem, tomo XXXV, núm. 142, págs. 146 v.ª a 151.
Si desde Aranjuez, con fecha 5 de junio de 1768, se ordenó al
gobernador de Puerto Rico, que para cortar disputas, los asuntos
civiles, si se apelasen, lo habían de ser a la Audiencia de Santo
Domingo[402], en el siglo XIX fueron modelo los tribunales de justicia
de la isla. Después, en el año 1898, pasó del poder de España al de los
Estados Unidos.
[402] Ibidem, tomo XVII, núm. 23, págs. 15 y 16.
Por lo que a la isla de la Mona se refiere, la cual se halla entre
las de Santo Domingo y Puerto Rico, el Rey, con fecha 16 de junio de
1511, agregó su administración al gobierno de San Juan, revocando dicha
orden el 11 de julio del mismo año, cuando supo que el almirante D.
Diego se la había dado por repartimiento a su tío el Adelantado. El
19 de octubre de 1514, volvió el Rey a tomar para sí la isla y en 1520
mandó el Emperador entregar los indios y la hacienda que tenía en la
Mona a Francisco Barrionuevo. Gonzalo Fernández de Oviedo, en carta
escrita a SS. MM. (31 mayo 1537) decía lo siguiente: «Han de mandar
VV. MM. que en la isla de la Mona, que está entre aquesta isla é la de
Sant Joan, se haga otra fortaleza porque está en el paso, é allí no
hay sino un estanciero é pocos indios, é hay buena agua é de comer,
é puesto donde reposadamente pueden estar seguros los salteadores é
armados, é atender á las naos que de aquí salen para España. E de Sant
Joan é de esotras islas de necesidad pasan por cerca de aquella isla
é sería muy necesaria cosa é mejor grangería que la que V. M. allí ha
tenido é tiene, é con esa misma se podría sostener»[403]. Visitó la
isla el obispo Bastidas (año de 1548). Trece años después el licenciado
Echagoain dijo a Felipe II que en la Mona no había ningún español y
sólo unos 50 indios. Producía buenas batatas, excelentes melones y
casabí. Son indios entendidos y en lo espiritual están a cargo del
obispo de Puerto Rico[404]. Posteriormente quedó abandonada la isla,
aunque sirvió siempre de refugio a corsarios y piratas.
[403] Abbad y Lasierra, _Hist. de Puerto Rico_, págs. 143 y
144.
[404] Ibidem, pág. 144.
En los tiempos pasados algunas naciones disputaron a España la isla
de Viegues. Conquistada por los ingleses, una expedición española
procedente de Puerto Rico batió aquéllos hacia el 1647, y poco después
otra expedición expulsó también a los franceses. Durante los siglos
XVIII y XIX estuvo la isla bajo el poder de España. «Está Viegues al
este de Puerto Rico, entre los 18° 4' y 18° 10' latitud Norte, y entre
los meridianos 58° 57' y 59° 16' al occidente del meridiano de Cádiz:
su figura es larga y estrecha, y dista 3 leguas de Puerto Rico y 6 de
Santo Tomás. Su mayor extensión de este a oeste es de 6 y media leguas
y su mayor anchura 1 cuarto de legua. Las tierras de Viegues son como
las de Puerto Rico, arenosas en la costa y de superior calidad en las
llanuras del interior. Aunque lentamente, la isla va desarrollando sus
riquezas, y según el último censo tenía una población de 2.979 almas,
distribuídas en los barrios de Pueblo, Ferre, Florida, Puerto Real,
Llave, Punta Arenas, Mosquitos y Mulas. Los productos de sus riquezas
ascendieron en 1863 a $226.328, según declaración de los propietarios,
en la forma siguiente: los de la riqueza _urbana_ $14.346, los de la
_agrícola_ $130.596, los de la _pecuaria_ $7.056, los de la _mercantil_
$43.220 y los de la _industrial_ $31.110»[405].
[405] Ibidem, pág. 230.
Aunque Viegues fué dependencia política de Puerto Rico, durante la
dominación española de la Gran Antilla, formaba parte del grupo de las
Vírgenes[406].
[406] Reclus, _América Central_, pág. 742.
Las islas Vírgenes son, unas de la Gran Bretaña (Tórtola, Virgen Gorda,
etc.), y otras de Dinamarca (Santa Cruz, Santo Tomás y San Juan)[407];
tanto aquéllas como éstas gozan de ciertas libertades. Las metrópolis
no abusan del poder. La mayor de las Vírgenes inglesas es la Tórtola;
ella y todas las demás dependen directamente del gobierno británico. En
las dinamarquesas el gobernador tiene su residencia oficial seis meses
del año en Santo Tomás y otros seis meses en Santa Cruz.
[407] El gobierno de los Estados Unidos ha votado la cantidad
necesaria para la compra de las tres últimas islas, y si en
Dinamarca los elementos populares opusieron alguna dificultad,
parece ser que un plebiscito y después el Parlamento han
mostrado últimamente su conformidad con la venta.
Extiéndense las islas Lucayas o de Bahama del Noroeste al Sudeste, de
los mares de la Florida a los de Santo Domingo, en un espacio de más de
1.300 kilómetros[408]. Entre ellas está Guanahani (San Salvador), la
primera que descubrió Colón. Tiempo adelante los ingleses se fijaron en
la isla de _New Providence_, que por sí sola contiene cerca del tercio
de la población del archipiélago. Encuéntrase en la costa septentrional
de la isla la capital _Nassau_, llamada también New Providence,
antiguamente guarida de filibusteros. De su pequeño puerto se expiden
frutos y mariscos. Confía la Corona de la Gran Bretaña el gobierno de
las Lucayas a un gobernador, asistido de un Consejo ejecutivo y de
otro Consejo legislativo, compuesto uno y otro de nueve individuos: la
Asamblea representativa se compone de 29 diputados.
[408] Reclus, _América Central_, pág. 751.
El pequeño archipiélago de las Bermudas, descubierto en los comienzos
del siglo XVI, lleva todavía el nombre del navegante español Bermúdez,
el primero que lo encontró. Unos cien años después llegó a él el
inglés Somer, designándose desde entonces las islas con el nombre de
_Somer's islands_, si bien a la sazón han vuelto a llamarse _Bermudas_
y _Bermuda-islands_. Encuéntranse a unos mil kilómetros del cabo
Hatteras, el punto más cercano del continente americano. Los ingleses
tienen establecido el gobierno en _Hamilton_, que se compone de un
gobernador, Consejo legislativo de nueve individuos nombrados por la
Corona y Cámara de representantes formada de 36 individuos elegidos por
el voto popular.
Al hacer la reseña de las Antillas menores, comenzaremos diciendo que
en ellas, lo mismo que en las islas de Jamaica y de Santo Domingo,
pertenecientes al grupo de las Antillas mayores, la raza de color
es más numerosa que la blanca. Entiéndese por pequeñas Antillas las
islas que se extienden de Norte a Sur, comenzando por el islote del
_Sombrero_, para terminar en _Granada_ y en las _Barbadas_. Las dos
islas mayores, _Guadalupe_ y _Martinica_, con otras menos importantes,
son colonias francesas; _Saint-Barthelemy_ (San Bartolomé) es un
municipio de la Guadalupe. Entre las Antillas británicas se encuentra
la _Dominica_, que está entre las dos islas francesas mayores. También
pertenecen a Inglaterra la _Barbada_ y _San Cristóbal_, descubierta
la última por Colón el 1493, y a la cual el gran navegante asoció
su nombre. La isla de _Montserrat_, llamada así por el Almirante en
honor del santuario de Cataluña, forma parte del imperio británico; su
capital _Plymouth_, situada al Oeste de la isla, se distingue por la
dulzura de su clima y la belleza de los paisajes de los alrededores.
La isla _Antigua_, nombre que le dió Colón recordando Santa María la
Antigua (iglesia que levantó en Valladolid el ilustre D. Pedro Ansúrez
y su mujer D.ª Elo), es población importante. Casi todo el comercio se
hace por el puerto de Saint-John, situado en la costa septentrional.
Es _Saint-John_ capital de todas las Antillas llamadas islas de
Sotavento. Denominan los ingleses _islas de Sotavento_ a las Antillas
menores septentrionales, incluso las Vírgenes y la Dominica, e _islas
de Barlovento_ a las Antillas menores meridionales desde la Martinica
hasta la Trinidad. Es de advertir que tales denominaciones sólo
tienen valor administrativo bajo el punto de vista colonial inglés;
pero carecen de todo sentido geográfico. Hállanse las de Barlovento
próximas a la costa de Venezuela, y la _Trinidad_, que es la mayor
y está situada en el golfo de Paria y bocas del Orinoco pertenece a
Inglaterra. La isla inglesa _Dominica_ separa a las dos francesas
_Guadalupe_ y _Martinica_. Aquélla, por su posición central entre las
dos francesas, es el punto estratégico por excelencia de las Antillas
menores[409].
[409] Reclus, ob. cit., págs. 780 y 781.
En suma, las Antillas menores se dividen en _inglesas_ (3.550
kilómetros cuadrados), _francesas_ (2.777) y _holandesas_ (81). En
Saint-John, puerto de la isla Antigua y capital de las Antillas
menores meridionales (islas de Barlovento), reside un gobernador, un
presidente, varias Corporaciones administrativas, consejos ejecutivos
y consejos legislativos, nombrados los primeros por la Corona y los
segundos en una mitad por censatarios.
La _Guadalupe_ y las islas que de ella dependen se dividen
administrativamente en tres circunscripciones, once cantones y 34
municipios. Un consejo general elige de su seno una comisión colonial
de cuatro individuos por lo menos y de siete a lo sumo, que estudia
los intereses de la colonia con el gobernador, asistido de un consejo
privado. Los municipios se constituyen a imitación de los franceses. La
isla elige un senador y un diputado que la representan en el Parlamento
de Francia.
Son colonias holandesas las dos islas _Saba_ y _San Eustaquio_, las
más septentrionales de la cadena interior o volcánica de las Antillas
menores; la isla de _San Martín_ se divide en dos partes: la del Sur es
de Holanda y la del Norte es de Francia. Suave y blando es el gobierno
que los holandeses tienen establecido en las citadas islas, las cuales
forman parte del gobierno de Curaçao, isla de la costa de Venezuela.