GOBIERNO DE CUBA.--PRIMEROS GOBERNADORES.--LOS
CORSARIOS.--SOTO.--DÁVILA Y CHAVES.--PÉREZ DE ANGULO Y
JACQUES SORES.--MAZARIEGOS, MENÉNDEZ, MONTALVO Y CARREÑO.--EL
CAPITÁN GENERAL LUJÁN.--LOS CORSARIOS.--TEJADA Y EL INGENIERO
ANTONELLI.--DRAKE EN AMÉRICA.--VALDÉS: LOS CORSARIOS: DIVISIÓN
DE LA ISLA POR FELIPE III.--RUIZ DE PEREDA EN LA HABANA Y
VILLAVERDE EN SANTIAGO.--ALQUIZAR, VENEGAS, CABRERA Y BITRIÁN
DE BIAMONTE.--LOS HERMANOS DE LA COSTA.--LA ISLA EN LA SEGUNDA
MITAD DEL SIGLO XVII Y COMIENZOS DEL XVIII.--CÓRDOBA, BENÍTEZ DE
LUGO, MARQUÉS DE CASA TORRES Y RAJA: ESTANCO DEL TABACO.--GUAZO
Y LOS VEGUEROS.--GUERRA ENTRE ESPAÑA É INGLATERRA.--CAIDA DE LA
HABANA.--LOS GENERALES CONDE DE RICLA Y BUCARELY.--EXPULSIÓN DE LOS
JESUITAS.--EL MARQUÉS DE LA TORRE: POBLACIÓN DE LA ISLA.--RESEÑA
DEL GOBIERNO.--LOS RESTOS DE COLÓN EN LA HABANA.--HUMBOLDT
EN CUBA.--COMIENZO DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA.--LOS
REVOLUCIONARIOS.
Manuel de Rojas, a la muerte de Velázquez, desempeñó el gobierno
interinamente hasta el 1525. Vino de España con el nombramiento de
teniente gobernador, Gonzalo de Guzmán (abril de 1526), en cuyo tiempo
algunas partidas de indios quemaron pueblos y cometieron toda clase de
desmanes. El cacique Guamá, de Baracoa, pagó en la hoguera su enemiga
a los españoles. Por el año 1538, entre abril y mayo, entró en el
puerto de Santiago un corsario francés y atacó a un buque cargado de
mercancías y mandado por Diego Pérez, natural de Sevilla. Cuéntase que
cuatro días estuvieron peleando, a estilo caballeresco, retirándose una
noche y con cierto sigilo el extranjero.
Además del gobierno de Cuba se concedió a Hernando de Soto, antiguo
teniente general de Pizarro, el nombramiento de Adelantado de la
Florida. Llegó a Santiago el 7 de junio de 1538, donde tuvo noticia
que un pirata francés había saqueado é incendiado parte de la Habana,
reembarcándose antes de que las autoridades pudieran organizar la
defensa. Soto, para comenzar las fortificaciones de la Habana, pidió
dinero al Emperador (julio de 1538). En seguida (últimos de agosto)
se trasladó a la Habana, y habiendo dejado el gobierno de la isla a
su mujer D.ª Isabel de Bobadilla, Soto a mediados de mayo de 1539,
con 900 hombres y 350 caballos, marchó a la Florida, y allí, después
de dos años de privaciones y de contínuos combates con los salvajes
(privaciones y combates tal vez más desastrosos que los sufridos en las
anteriores expediciones de Ponce de León y Pánfilo de Narváez) murió
de fiebre siendo sepultado en medio del Mississipí, río que él había
descubierto.
Juanes Dávila sucedió a Soto el 1544 y reparó el castillo de La Fuerza.
Antonio de Chaves (1546) comenzó las obras para traer a la Habana
las aguas del río Almendares y en su tiempo se estableció el primer
_ingenio_, cerca de Santiago, habiéndose traido la caña de la _Isla
Española_. Dávila y Chaves dictaron algunas disposiciones encaminadas
a hacer cumplir las nuevas _Ordenanzas de Indias_, suprimiendo las
encomiendas; pero tan buenos propósitos se estrellaron contra la
influencia de los interesados.
Bajo el gobierno de D. Gonzálo Pérez de Angulo (1550-1556) el corsario
francés Jacques Sores cayó sobre Santiago de Cuba (mediados de 1554),
saqueando las casas y quemando algunos edificios; hecho que repitió al
año siguiente en la Habana, de cuya ciudad se apoderó como también del
castillo de La Fuerza, no sin que se resistiese y peleara con bravura
Juan de Lobera, acompañado de cuatro arcabuceros y 12 vecinos. Pérez
de Angulo, que había abandonado la plaza desde los primeros momentos,
envió a un fraile para que entablase negociaciones con el corsario;
pero él, entre tanto, a la cabeza de unos 300 hombres, penetró muy de
madrugada en la población, sorprendiendo a los franceses y causándoles
algunas bajas. Indignado Sores con la conducta del gobernador, hizo
degollar a 31 prisioneros que tenía en La Fuerza, puso en precipitada
fuga a los de Angulo y como despedida volvió a saquear e incendiar a la
Habana.
Uno de los primeros cuidados del gobernador Diego de Mazariegos
(1556-1565) fué fijar su residencia en la _Villa de la Habana_, «por
ser el lugar de reunión de las naves de todas las Indias y la llave
de ellas.» Coincidió el comienzo del gobierno de Mazariegos con la
proclamación en la isla de Felipe II como Rey de España. Bajo el
gobierno de Mazariegos intentó D. Tristán de Luna la conquista de la
Florida, con cuyo objeto salió de Veracruz en 1559. Si él se volvió
a los dos años sin haber conseguido nada, por el contrario, los
franceses, más afortunados, consiguieron establecerse. Eran estos
franceses hugonotes enviados por Coligny. No pudiendo Felipe II
tolerar lo que él llamaba usurpación de su territorio--y que no había
tal usurpación porque España jamás logró conquistarlo--y mucho menos
permitir la propagación del protestantismo en América, dispuso que D.
Pedro Menéndez de Avilés (con el título de _Adelantado_), ya famoso por
haber limpiado de corsarios y piratas los mares, mandando (1556-1564)
la _Armada de la guarda de la carrera de Indias_, dispuso, decimos, que
el citado Menéndez acabase de una vez con los herejes que infestaban el
hermoso país de la Florida. En efecto, el Adelantado dió buena cuenta
de ellos, pues pasó a cuchillo, según refieren las crónicas, a unos 700
(1565). Fundó a San Agustín y continuó la conquista de la Florida.
En oposición Menéndez con el gobernador García Osorio, consiguió
el nombramiento de gobernador de Cuba, cargo que ejerció mediante
sus lugartenientes hasta 1573, en que tuvo que volver a España para
encargarse de grandes aprestos navales.
Al poco tiempo de encargarse del gobierno D. Gabriel Montalvo
(1574-1577) reaparecieron los corsarios en nuestras costas, pues Felipe
II sólo pensaba en la organización de la _Armada Invencible_. Los
corsarios exigieron rescate a las villas de Trinidad, Baracoa y San
Juan de los Remedios.
Rechazó D. Francisco Carreño (1577-1580) a dos corsarios franceses
que intentaron saquear a Bayamo, atendió a la defensa de la capital,
perfeccionó las obras de la Zanja y mandó excelentes maderas para la
construcción de El Escorial[359].
[359] A Carreño sucedió interinamente D. Gaspar de Torres.
Durante el gobierno de D. Gabriel de Luján, el primero que llevó el
título de capitán general, sucedieron hechos importantes. El corsario
francés Richard apresó, cerca del cabo de San Antón, una fragata de un
tal Casanova. Después cayó Richard en una emboscada en el lugar que a
la sazón se encuentra Manzanillo, y llevado a Bayamo, fué ahorcado con
varios de sus compañeros. Un hijo de Richard, que consiguió escapar con
una de las embarcaciones, pidió ayuda a otros corsarios, arrojándose
todos sobre Santiago, en cuya ciudad, para vengarse del suceso de
Bayamo, quemaron dos templos y muchas casas. Luján, comprendiendo que
la ruptura de relaciones entre España e Inglaterra traería fatales
consecuencias para nuestras colonias, activó la terminación del
castillo de _La Fuerza_ y mandó hacer otras obras defensivas en la
Habana. Envió armas y pertrechos a diferentes poblaciones de la isla y
organizó las primeras milicias de color. Se presentó por entonces el
terrible corsario inglés Drake, el mismo que en el año 1585 organizó
una armada de 20 naves con 2.300 hombres para saquear las poblaciones
situadas en las costas americanas; tomó por asalto a Santo Domingo,
que abandonó mediante la entrega de 7.000 libras; llegó a la Habana,
que no se atrevió a atacar, pues se hallaba prevenida la guarnición, y
siguió al puerto de Matanzas.
La expedición de Drake hizo comprender a Felipe II la necesidad de
fortificar lo antes posible los puertos de las Indias, a cuyo objeto
hubo de mandar a los ingenieros Juan de Tejada, maestre de campo, y
a Juan Bautista Antonelli. El 1587 estuvieron en la Habana, donde
señalaron los emplazamientos de los castillos del Morro y La Punta, y
ordenaron el acopio de materiales. Comenzaron las obras en marzo de
1589, tomando entonces posesión del gobierno el capitán general Juan
de Tejada. Tejada y Antonelli pudieron artillar, antes de tres años,
las dos fortificaciones destinadas a guardar la entrada del puerto.
La Habana, residencia de los gobernadores y estación de las flotas,
comenzó a la sazón a ser de hecho capital de la isla, aunque de derecho
lo era Santiago de Cuba. Además, a petición del cabildo, Felipe II (20
diciembre 1592) concedió a la Habana el título de _ciudad_, tomando por
escudo de armas tres castillos y una llave en campo azul[360].
[360] Doña Mariana de Austria, madre de Carlos II, confirmó la
citada concesión.
Después de la destrucción de la _Armada Invencible_ (1588), en que
Drake jugó papel tan importante, el famoso corsario organizó una
escuadra, dirigiéndose a Puerto Rico, donde fué rechazado, y luego
á Río Hacha, Nombre de Dios y Santa María, cuyas poblaciones saqueó
y quemó. Apercibióse a la defensa de la Habana D. Juan Maldonado
Barnuevo, gobernador de la isla, al mismo tiempo que Felipe II mandaba
una escuadra a las órdenes de D. Bernardino Delgadillo de Avellaneda,
no siendo nada de esto necesario, porque el pirata murió de enfermedad
cuando se dirigía a Portobelo.
Justa fama mereció por sus victorias sobre los corsarios el gobernador
de Cuba D. Pedro de Valdés (20 junio 1602), sobrino del dicho
Adelantado Menéndez de Avilés. Antes de llegar a Cuba, ya había echado
a pique tres barcos holandeses en la costa de Santo Domingo. A tal
punto llegaron los atrevimientos de los corsarios que, hallándose en su
visita pastoral Fray Juan de las Cabezas Altamirano, obispo de Cuba,
fué preso con dos que le acompañaban, en una hacienda próxima a Bayamo,
por el protestante francés Gilberto Girón. Conducidos al barco de los
corsarios, que estaba anclado en lugar que al presente se encuentra
Manzanillo, permanecieron allí ochenta días, al cabo de los cuales se
presentó Gregorio Ramos y otros bayameses a rescatarlos. Observando
Ramos que los corsarios estaban desprevenidos, cayó sobre ellos y les
mató a machetazos. Durante el gobierno de Valdés, se dispuso por Felipe
III la división de la isla en dos jurisdicciones: Habana y Santiago de
Cuba. Ambas en lo gubernativo dependían de la Corte, en lo judicial de
la Audiencia de Santo Domingo, y en lo militar Santiago reconocía la
autoridad del capitán general de la Habana.
Cuando Valdés dejó el gobierno de Cuba (1607), vinieron a reemplazarle,
en la Habana D. Gaspar Ruiz de Pereda, y en Santiago D. Juan de
Villaverde. Desde Madrid (6 noviembre 1607) dijo Felipe III al
gobernador y capitán general de Cuba, que «habiéndose visto en mi Junta
de Guerra de las Indias la planta del Castillo del Morro de la dicha
ciudad (Habana) y lo que D. Alonso de Sotomayor del mi Consejo de
Guerra, y D. Pedro de Valdés, vuestro antecesor, me han informado de
aquella fuerza y de las fábricas de ella, han parecido que es mucha la
altura que por la traza que dió el ingeniero Juan Bautista Antonelli
está designada en los baluartes que llaman de Austria, y Texada y la
Cortina que está entre ellos; y así os mando que en lugar de los 12
pies que a el dicho Antonelli pareció convenir crecerlos sobre el
cordón, crezcais tan solamente ocho pies...»[361] Tiempo adelante,
desde Madrid (20 diciembre 1608) dijo el Rey al gobernador y capitán
general de Cuba lo siguiente: «He holgado de entender que quedase ya
acabada la muralla del Fuerte de la Punta...»[362]
[361] _Arch. hist. nacional.--Cedulario índico_, tomo XLII,
núm. 20, págs. 28-30
[362] Ibidem, núm. 41, págs. 62-64 v.ª
Posteriormente también desde Madrid (11 febrero 1609), en un escrito
del Rey a Ruiz de Pereda, aquél censuró la conducta del anterior
gobernador D. Pedro de Valdés[363]. Enemigos Ruiz de Pereda y el obispo
D. Alonso Enríquez de Armendariz, el primero fué excomulgado por el
segundo. En tiempo del gobernador Sancho de Alquizar ocurrió la crecida
e inundación del Cauto (septiembre de 1616), ocasionando la formación
de una _barra_, que obstruyó la boca del río, hasta entonces navegable.
En una hacienda de Alquizar se formó después un pueblo que lleva dicho
nombre.
[363] Ibidem, núm. 52, pág. 73.
D. Francisco de Venegas, por muerte de Alquizar, vino de capitán
general (1620), en cuyo tiempo se verificó la proclamación de Felipe IV
(16 julio 1621); también por entonces ocurrió en la Habana horroroso
incendio y se perdió la flota del marqués de Cadereita.
Durante el gobierno de D. Lorenzo Cabrera, capitán general de Cuba, se
hicieron importantes obras de fortificación en la Habana. En las aguas
de las Antillas apareció una escuadra holandesa bajo las órdenes de
Pitt Hein (junio de 1628), la cual logró apoderarse de casi todos los
caudales de las flotas de Honduras y Veracruz mandadas por D. Alvaro de
la Cerda y por D. Juan de Benavides. En el año siguiente de 1629 otra
escuadra holandesa, que dirigía Cornelio Jols, bloqueó las costas de
Cuba; pero no pudiendo atacar a la Habana, defendida por Cabrera, se
volvió a Holanda.
En tiempo de D. Juan Bitrián de Biamonte, los holandeses intentaron
apresar las flotas antes de reunirse en la Habana. Adquirieron por
aquellos tiempos no poca celebridad los _Hermanos de la Costa_,
asociación de hombres valerosos, especialmente franceses e ingleses.
Dividíanse en _piratas_ o demonios de los mares y _bucaneros_,
ayudados por los _filibusteros_ y _habitantes_ de los campos. Los
piratas llegaban de improviso a las poblaciones de la costa, las que
saqueaban e incendiaban; y los bucaneros cazaban o robaban reses de
las haciendas, para secar los cueros y ahumar las carnes, que vendían
después a los filibusteros o contrabandistas, o cambiaban por viandas
o tabaco a los habitantes o cultivadores de los campos. Los Hermanos
de la Costa se establecieron desde 1623 a 1625 en la isla de San
Cristóbal, una de las pequeñas Antillas, siendo expulsados de allí por
poderosa escuadra dirigida por D. Fadrique de Toledo (1630). Volvieron
a San Cristóbal, Martinica, San Martín y a la parte N. O. de Santo
Domingo, donde se les unieron algunos holandeses. Arrojados de la
última isla, pasaron a la inmediata de Tortuga, en la que se hicieron
fuertes y consideraron como metrópoli o centro de la asociación.
En ocasión que los piratas se hallaban ausentes, D. Carlos Ibarra, que
venía de España con una flota, desembarcó en la Tortuga y arrasó los
caseríos y plantaciones, pasando a cuchillo los habitantes. De vuelta
de Cartagena a España, el mismo Ibarra se encontró en alta mar con el
holandés Cornelio Jols (a quien los españoles llamaban _Pie de Palo_),
y después de fiera pelea en que ambos fueron heridos, se retiró el
pirata, en tanto que el general español buscaba refugio en el puerto
de Cabañas. Gobernaba en aquellos tiempos la isla de Cuba D. Francisco
Riaño y Gamboa.
Cada vez, sin embargo, más poderosos los piratas de la Tortuga,
dirigidos por Levasseur, fortificaron la isla y se pusieron bajo
la protección de Francia, que les dió por gobernador a Timoleón de
Fontenay. Entre los hechos que causaron más escándalo a la sazón,
fué el saqueo que realizaron los piratas de la Tortuga en San Juan
de los Remedios, de cuyo lugar se llevaron mujeres, esclavos y hasta
las alhajas de la iglesia (1652). En 1654 las autoridades de Santo
Domingo expulsaron a los bucaneros que habían vuelto a establecerse
en sus costas y a los piratas de la Tortuga, y en 1655 los ingleses
se apoderaron de la Jamáica. El año 1662 fué desastroso para la isla
de Cuba, pues una expedición de ingleses de Jamáica desembarcó por
Aguadores y, después de batir al gobernador D. Pedro de Morales en Las
Lagunas, voló el castillo del Morro o San Pedro de la Roca y entró
en Santiago, donde permaneció un mes. Obligados los ingleses por el
hambre, se reembarcaron, no sin incendiar los edificios públicos y
llevarse los cañones del Morro y las campanas de las iglesias. Del
mismo modo, piratas franceses, mandados por Pedro Legrand, cuando los
vecinos de Sancti Spíritus celebraban la Pascua de Navidad del año
1665, cayeron sobre la plaza, que saquearon e incendiaron.
Pero entre todos los piratas ninguno más famoso que Francisco Nau,
el _Olonés_, (llamado así porque era natural de Arenas de Olone, en
Francia). A su llegada de Francia estuvo primero en Haití y luego en
la Tortuga. Con grandes apuros logró hacerse dueño de un barco. El
Olonés era el terror de las colonias españolas. Cuando se le creía
muerto en Campeche, apareció (últimos de 1667) con dos barcos en los
cayos de San Juan de los Remedios. Noticioso de ello el gobernador
Dávila, mandó una galeota de diez cañones con 90 hombres, dándoles
el encargo de que ahorcasen a todos los piratas, menos al capitán, a
quien conducirían preso a la Habana; pero sucedió todo lo contrario: el
Olonés tomó la embarcación española y pasó a cuchillo los tripulantes.
Lo mismo hizo el valiente pirata en la costa de Puerto Príncipe con una
escuadrilla que desde Santo Domingo había venido en su persecución.
Repitió sus depredaciones en Batabanó, Santo Domingo, Maracaibo,
Puerto Cabello y Guatemala, acabando su vida a manos de los indios
de Nicaragua[364]. El pirata inglés Enrique Morgan desembarcó en la
bahía de Santa María con la idea de atacar la villa interior de Puerto
Príncipe (1668). Sabedores sus habitantes de la presencia de Morgan,
mientras unos huyeron a sus haciendas próximas, otros, con el alcalde
a su cabeza, marcharon a pelear con los piratas. Muerto el alcalde
con muchos de los suyos, Morgan penetró en la ciudad, la que abandonó
cuando le entregaron 50.000 pesos y 500 reses saladas. Más cruel fué
todavía Morgan en Portobelo, Maracaibo y Panamá, consiguiendo inmensas
riquezas, con las cuales se retiró a Jamaica, donde desempeñó tres
veces el cargo de gobernador. Diego Grillo, pirata cubano, tomó al
abordaje un barco mercante que iba de la Habana a Campeche, y venció
cerca del puerto, que a la sazón se llama de Nuevitas (1673) a un navío
y dos fragatas que le perseguían. No lograron su objeto los piratas
franceses Mr. de Franquenay y Mr. de Grammont, el primero atacando a
Santiago de Cuba (1678) y el segundo a Puerto Príncipe (1679)[365].
[364] Véase Dr. Vidal Morales, _Nociones de Historia de Cuba_,
pág. 84.
[365] Por entonces andaba ocupado Carlos II en otras cosas.
Desde Aranjuez el Rey, con fecha 6 de mayo de 1678, se dirigió
al gobernador y capitán general de la Habana, diciéndole que
«de los pájaros que hay en esa isla me envieis el número que
os pareciere de los nombrados Turpianes o Tigres, Chambergos,
Mariposas, Cardenales, Cinzontes, Gorriones y de otros
cualesquier pajaritos de canto, entregándolos al general o
almirante de la flota de Nueva España, para que los traiga á
estos Reynos, como se lo ordeno por despacho de la fecha de
este, y de los que me remitieredes me dareis cuenta. Yo el
Rey.--Por mandado del Rey nuestro Señor. Don José de la Veitia
Linage. _Arch. hist. nac.--Cedulario índico_, tomo XXV, pág.
113 v.ª
Por aquella época (junio 1680) era gobernador y capitán general de
Cuba D. Francisco Rodríguez de Ledesma y en octubre del mismo año
desempeñaba cargo tan importante D. José Fernández de Córdoba[366].
El último de la serie de los grandes piratas, fué el holandés Lorenzo
Graff (llamado por nosotros _Lorencillo_). Graff saqueó a Veracruz
(1683), incendió a Campeche (1685), apresó varios barcos en las costas
de Cuba y tomó parte en el doble saqueo de Cartagena (1697)[367].
Convencidas las principales naciones colonizadoras de América que era
conveniente acabar con la piratería, se aliaron para ello Inglaterra,
Holanda y España, cuyas naciones destruyeron los principales
establecimientos, y, últimamente, lord Nerville acabó con ellos (1697).
[366] _Cedulario índico_, tomo XXV, pág. 181.
[367] Obispo de la Habana fué, hasta el año 1682, el Dr. D.
Juan García de Palacios, quien «para evitar los pecados que
se ocasionaban de concurrir hombres y mujeres juntos a las
Estaciones y Procesiones de Jueves Santo en la noche, dispuso
que las Iglesias se cerraran a las oraciones del jueves, y se
abrieran el viernes al amanecer...» _Ced. índ._, tomo XXV,
págs. 169 y 169 v.ª
Pocos años antes se verificó, por orden del gobernador D. Severino de
Manzaneda (1690), la traslación de la villa de San Juan de los Remedios
al centro del hato de Santa Clara. También el mismo gobernador trazó
(10 octubre 1693) las primeras calles y plazas de la ciudad de _San
Carlos de Matanzas_.
Alguna vida iban adquirir las colonias españolas en los primeros años
del siglo XVIII. Por una parte la destrucción de la piratería, y por
otra las nuevas ideas de la dinastía de Borbón contribuyeron algo al
desarrollo material y moral. En tiempo de D. Diego de Córdova Laso
de la Vega, capitán general de la isla desde el 1695 a 1702, fué
proclamado Felipe V rey de España. Si durante la guerra de sucesión
teníamos por enemigas en América las escuadras inglesas y holandesas,
en cambio nos protegían las francesas, con cuyo auxilio pudimos
conservar nuestras posesiones hispano-americanas y conducir a España
el oro y la plata de dichas colonias. Sin embargo, estuvo en continua
alarma la villa de Trinidad, mereciendo por su comportamiento el
título y honores de ciudad, y en 1702, Carlos Gant, corsario inglés de
Jamáica, al frente de 300 hombres, tomó y saqueó la villa de Casilda.
El gobernador don Pedro Benítez de Lugo ordenó que se armasen dos
compañías de milicias y algunos barcos en corso para rechazar análogas
agresiones.
Por muerte de Benítez de Lugo (1702) se encargaron interinamente del
gobierno de la isla los cubanos Chirino y Chacón, el primero de los
asuntos políticos y el segundo de los militares. La escuadra aliada
anglo-holandesa intentó que Chirino y Chacón proclamasen al archiduque
Carlos, negándose a ello los bravos defensores de la plaza. Si la paz
de Utrech (1713) llevó la tranquilidad a la colonia, en cambio, la
piratería no se había extinguido completamente y el marqués de Casa
Torres, capitán general de Cuba (1708-1716), tenía disgustadísimos a
los cultivadores y comerciantes de tabaco.
La planta del tabaco, originaria de la América tropical, llevada
del Brasil a Portugal, de Virginia a Inglaterra y de Cuba a España,
comenzó a usarse en el siglo XVI y se generalizó su uso durante el
XVII. Conocida la bondad del tabaco cubano sobre todos los demás, su
cultivo fué cada vez mayor, de modo que en los primeros años del siglo
XVIII había muchas vegas en los alrededores de la Habana, en Trinidad,
Sancti Spíritu, Remedios, Bayamo, Holguín, El Caney y en otros puntos,
sobresaliendo por su calidad el de Vuelta Abajo. Comprendiendo el
gobierno de Felipe V que el tabaco podía proporcionar buenas ganancias
a la Real Hacienda, dispuso que, por cuenta del Estado, se comprase
en Cuba y se vendiese en Europa la mayor cantidad posible, encargando
de la compra al capitán general D. Laureano de Torres, quien cumplió
su encargo con tanta solicitud, que en 1708 hubo de mandar a España
tres millones de libras, bien que no sin protestas de cultivadores y
comerciantes.
El brigadier D. Vicente Raja (1716-1719)[368], sucesor del marqués de
Casa Torres, trajo el encargo de establecer el _estanco del tabaco_
o la compra de todo el tabaco que produjese el país, para elaborarlo
en una fábrica establecida en Sevilla por el gobierno. Aumentó, como
era natural, el disgusto de los cultivadores y comerciantes, viéndose
obligado el gobernador a consultar a la Corte, cuya respuesta fué un
Real decreto creando en la Habana una Factoría general para la compra
del tabaco, con sucursales en Santiago, Bayamo, Trinidad y Remedios. A
tal punto llegó la ira de los vegueros, que se amotinaron en la Habana,
y mal lo hubiera pasado el brigadier Raja, si no se hubiese ocultado en
La Fuerza, embarcándose después para España.
[368] Fué nombrado con fecha 19 de diciembre de
1715.--_Cedulario índico_, tomo XXVII, núm. 25, páginas 35 y
36.
Llegó el 1719 el gobernador D. Gregorio Guazo Calderón, y, después
de establecer la factoría, procedió contra los sediciosos. Luego,
como retardase la factoría la compra de algunas partidas de tabaco,
volvieron los disgustos de los vegueros y sus preparativos de
insurrección, que hubieron de calmar el conde de Casa Bayona y
el obispo, los cuales habían obtenido (1720) del Rey, que los
propietarios, una vez cubiertos los pedidos del gobierno, pudiesen
vender el tabaco sobrante a las otras colonias y a los particulares
de la metrópoli. Tres años después (1723), con motivo de haberse hecho
algunas compras a precios inferiores a los de tarifa, se declararon en
completa insurrección los vegueros de Santiago de las Vegas, teniendo
el gobernador Guazo que echar mano a la fuerza, causándoles un muerto y
12 prisioneros. Los prisioneros fueron colgados de los árboles en Jesús
del Monte.
Rotas nuevamente las relaciones entre España e Inglaterra y comenzadas
las hostilidades en enero de 1727, el almirante Hossier amenazó a
la Habana, que no fué atacada merced a los preparativos de defensa
del gobernador Martínez de la Vega y merced a la oportuna llegada de
la escuadra española. Posteriormente, declarada la guerra marítima
entre las dos naciones rivales, la escuadra de Vernon atacó y tomó
a Portobelo (22 noviembre 1739), cuya noticia llenó de júbilo a
Inglaterra, aunque bien será decir que el almirante inglés sólo cogió
en aquella plaza tres pequeños barcos y tres mil pesos en dinero.
Tiempo adelante Vernon intentó apoderarse de Cartagena, que defendió
bizarramente D. Sebastián de Eslava, virrey de Nueva Granada, teniendo
el almirante inglés que abandonar la empresa y retirarse a la Jamaica.
Buscando Vernon alguna manera de reparar el desastre sufrido en
Cartagena, ayudado de un cuerpo de mil negros que sacó de Jamaica,
concibió la idea de apoderarse de Cuba. No pudo lograr su objeto,
viéndose obligado a retirarse y regresar a Inglaterra con unas pocas
naves y algunas tropas desfallecidas (1741).
Tanto era el encono de Felipe V contra los ingleses, que por Real
decreto, dado en El Pardo (abril 1743) imponía--según dice a los
gobernadores de Cuba y Puerto Rico--pena de muerte a todos los
que comerciasen con los hijos de la Gran Bretaña, á la sazón sus
enemigos[369]. Corresponden también al reinado de Felipe V las dos
noticias siguientes: es la primera que furioso huracán destruyó (19
octubre 1730), gran parte de la ciudad de San Carlos de Matanzas[370],
y la segunda autorizaba (Real cédula del 15 de diciembre de 1735, dada
en el Buen Retiro) al conde de Casa Bayona para que fundase una ciudad
con el nombre de _Santa María del Rosario_[371].
[369] _Cedulario índico_, tomo XXVII, núm. 26, págs. 36 v.ª y
37.
[370] Ibidem, tomo XXXI, núm. 16, pág. 11 v.ª y siguientes.
[371] Ibidem, tomo XXXI, núm. 19, págs. 18-19 v.ª
Fernando VI, en los comienzos de su reinado, se dirigió desde el Buen
Retiro (27 septiembre 1746) al Rector de la Real Universidad de San
Jerónimo de la Habana, diciéndole que mantuviese con el gobernador
Juan Francisco Güemes y Horcasitas, la buena correspondencia y armonía
que tanto importaba al bien público y común, y al particular de los
indivíduos de dicha Universidad[372]. Un año después se dió gran
combate delante de la Habana (12 octubre 1747) entre la escuadra
inglesa mandada por Knowles, y la española que dirigía Reggio. Unas
seis horas estuvieron peleando con singular arrojo y tenacidad; pero la
victoria quedó indecisa. A los pocos días llegó la noticia de haberse
firmado los preliminares de la paz de Aquisgrán (1748).
[372] _Cedulario índico_, tomo XXIX, núm. 126, págs. 316 v.ª a
320 v.ª
Dirigiendo--antes de continuar la reseña histórica de Cuba desde
mediados del siglo XVIII--una mirada retrospectiva acerca del comercio,
conviene saber que la _Compañía Guipuzcoana_, constituída en 1668--y
de la cual hablaremos al estudiar Nueva Granada y Caracas--protegió
mucho el tráfico. Del mismo modo en el citado lugar registraremos los
asientos celebrados con la _Compañía Real de la Guinea Francesa_ y con
la _Compañía Inglesa del Mar del Sur_. El asiento que aquí debemos
mencionar fué el que obtuvo D. Antonio Tallapiedra, comerciante de
Cádiz, de acuerdo con el capitán general de la Habana D. Juan Francisco
Güemes, y por el cual dicho industrial tenía el derecho exclusivo de
suministrar cada año tres millones de libras de tabaco a la fábrica
de Sevilla (1734 a 1739). Por último, la _Real Compañía de Comercio
de la Habana_, formada de comerciantes y hacendados, por iniciativa
de D. Martín Aróstegui y por influencia del citado gobernador Güemes,
obtuvo el asiento exclusivo del tabaco (1739) y además el privilegio de
exportar a España azúcares y melazas, maderas y cueros, y de importar
harinas, lozas, etcétera. Obligóse la Compañía a construir barcos para
la marina mercante y de guerra, sostener diez embarcaciones armadas
para perseguir el contrabando, abastecer los buques de guerra que
fondeasen en la Habana y hacer el tráfico entre la Habana y Cádiz.
Gozaban del fuero de marina los empleados y dependientes de la citada
Compañía[373].
[373] Ibidem pág. 97.
Por lo que respecta a Beneficencia, no pasaremos en silencio que don
Gerónimo de Valdés, obispo de la Habana, hizo fundar en dicha población
una casa para Cuna de niños expósitos, y por ello se le dieron las
gracias el 15 de abril del año 1713[374].
[374] _Arch. hist. nac.--Cedulario índico_, tomo XXII, núm.
218, págs. 218 y 219.
Tócanos referir uno de los acontecimientos tristes de la historia de
España. Como consecuencia del famoso Pacto de Familia celebrado entre
Carlos III de España y Luis XV de Francia (15 agosto 1761) comenzó
la guerra entre Inglaterra y España, entre Jorge III y Carlos III
(comienzos del año 1762). No ocultándose a Carlos III que la isla de
Cuba iba a ser uno de los objetos preferentes de la codicia británica,
envió en el año 1761 como gobernador a D. Juan de Prado Portocarrero,
Mariscal de Campo. Acostumbraba a decir el pedante Prado las siguientes
palabras: _No tendré yo la fortuna de que los ingleses vengan_. En
sus comunicaciones al Monarca afirmaba que los ingleses no atacarían
la isla, y si la atacasen, serían escarmentados. El que tales cosas
decía, cuando el 6 de junio de 1762 vió al almirante Pocock al frente
de poderosa escuadra, aturdido y confuso no sabía qué camino tomar.
Entre tanto los ingleses desembarcaron el día 7 por la parte del Este,
entre los ríos Nao y Cojimar, casi sin resistencia alguna, y el 11
se hicieron dueños de la Cabaña. Poco después ocuparon el castillejo
llamado de la Chorrera, que abandonaron los españoles; pero la ciudad,
en comunicación con el resto de la isla, recibía subsistencias de
Puerto Príncipe, Trinidad y otras ciudades. Como la escuadra española
nada podía hacer por su inferioridad a la inglesa, su artillería fué
destinada a los fuertes, y los jefes y capitanes de navío pasaron a ser
comandantes y gobernadores de los dichos fuertes. Entre los comandantes
o gobernadores se hallaba D. Luis Velasco, a quien se le encargó la
defensa del Morro. Colocó Velasco a envidiable altura el honor de
España. Aunque por mar y por tierra vomitaban bombas y balas rasas 200
bocas de bronce sobre el Morro, el héroe impávido acribillaba las naves
enemigas que cruzaban frente al castillo y se defendía de las baterías
que los ingleses tenían colocadas en tierra. Ya llevaba treinta y ocho
días de cerco. No era posible resistir más tiempo. Dieron el asalto los
ingleses. Por ambas partes se peleaba con singular coraje. «El segundo
comandante González--escribe el historiador inglés William Coxe--murió
en la brecha, y el valiente Velasco, después de luchar denodadamente
contra fuerzas superiores, mientras pudo reunir algunos soldados a la
sombra de la bandera española, recibió herida mortal en medio de los
vencedores, que admiraron su valor»[375]. Entre los que más lamentaron
la desgracia del valeroso Velasco se hallaba el general inglés conde
de Albemarle. Muertos los bizarros y nunca bastante alabados Velasco
y marqués González, la plaza no tenía más remedio que capitular. La
junta de autoridades, compuesta del capitán general Prado, del teniente
general Conde de Superunda, del teniente rey D. Dionisio Soler, del
general de Marina Marqués del Real Transporte, del Mariscal de Campo D.
Diego Tabares, del comisario D. Lorenzo Montalvo y de los capitanes de
Navío, aceptó la capitulación, quedando firmada el 13 de agosto de 1762.
[375] _España bajo el reinado de los Borbones_, cap. 61.
Del gobierno de la Habana se encargó lord Albemarle (14 agosto 1762),
retirándose el almirante Pocock con la mayor parte de su escuadra.
Albemarle tomó el título de capitán general: nombró gobernador a D.
Sebastián Peñalver y Angulo, y juez civil a D. Pedro Calvo de la
Puerta. Continuó la administración en la misma forma que antes; pero
se permitió el libre comercio. Retiróse Albemarle en enero de 1763,
dejando al frente del gobierno, de la parte inglesa de la isla, a su
hermano Guillermo Keppel, y de la parte española ejerció el cargo D.
Lorenzo Madariaga, gobernador de Santiago de Cuba. Por la paz de París
(10 febrero 1763) España recobró la isla de Cuba, cediendo en cambio
la Florida. Francia cedió el Canadá y otros países a Inglaterra. Como
compensación de la Florida, Francia dió la Luisiana a España, que más
que recompensa fué una carga.
El general D. Ambrosio Funes Villalpando, conde de Ricla, y el segundo
cabo D. Alejandro O'Reilly, llegaron a la Habana el 6 de julio
de 1763, encargándose del mando con gran contento de españoles y
cubanos. Procedióse a la construcción de La Cabaña y a la reparación
del castillo del Morro y del Arsenal. También volvió a ponerse
en vigor, con disgusto de los naturales del país, el estanco del
tabaco. Reorganizóse la administración en sus diferentes ramos, y
muy especialmente el servicio de correos terrestres y marítimos. El
comercio adquirió mayor desarrollo, haciendo cesar, en alguna parte,
el régimen del monopolio. Siendo el conde de Ricla gobernador de Cuba,
por Real decreto de Carlos III, dado en Madrid el 3 de julio de 1765,
se hizo constar el bizarro comportamiento de D. José Antonio Gómez
defendiendo de los enemigos la plaza de Guanabacoa[376].
[376] _Archivo histórico nacional.--Cedulario índico_, tomo
XXIV, núm. 1.º, págs. 1 a 3.
D. Antonio María Bucarely (1766-1771) dió impulso a las obras de La
Cabaña, terminó las del Morro y Atarés, comenzando las del Príncipe.
Bucarely fué el encargado de cumplir el decreto de Carlos III acerca
de la expulsión de los jesuítas (1767). Otros asuntos ocuparon también
la atención del gobernador, y fueron: 1.º, los terremotos que en 1766
destruyeron gran parte de las poblaciones de Bayamo y de Santiago de
Cuba; 2.º, el huracán llamado de Santa Teresa, que el 15 de agosto
de 1768 causó grandes pérdidas en la jurisdicción de la Habana; 3.º,
cumplimiento de la Real Cédula que con fecha 7 de junio de 1770 expidió
el Rey dando las instrucciones convenientes a una Junta, ya establecida
y compuesta, además del gobernador, del factor, contador y tesorero,
para fomentar la siembra, cultivo y beneficio del tabaco[377]; 4.º,
ayuda que tuvo que prestar Bucarely al general O'Reilly, encargado
de someter a la soberanía de España la Luisiana. Después de tantos
asuntos como tuvo que resolver Bucarely, pasó a encargarse del
virreinato de México.
[377] _Cedulario índico_, tomo XXX, núm. 1.º, págs. 1 y 2.
El gobernador D. Felipe Fonsdeviela (1771-1777), marqués de la Torre,
atendió al embellecimiento de la capital y de otras poblaciones.
En la Habana emprendió la fábrica de la Casa del Ayuntamiento, la
construcción de la Alameda de Paula, del Nuevo Prado y de otras obras;
fuera de la Habana se realizaron no pocas construcciones en Matanzas,
Santiago, Trinidad, Sancti Spíritus, Puerto Príncipe, Remedios y
Villaclara. Como si esto fuera poco, echó los cimientos de _Nueva
Filipina_, del nombre del gobernador, y que luego se denominó _Pinar
del Río_, del sitio de su fundación. Al año siguiente (1773) se fundó
el pueblo de _Jaruco_; y el 1775, a orillas del Mayabeque, la villa de
_San Julián de los Güines_. Débese al marqués de la Torre el primer
Censo de población de la isla de Cuba, que se terminó en 1774: resultó
la población total de 172.620 habitantes (96.440 blancos, 31.847
libres de color y 44.333 esclavos). El Arsenal, cuyo jefe era D. Juan
Bautista Bonet, de la misma graduación que el marqués de la Torre,
recobró su antigua importancia, y de él salieron sólidas construcciones
navales, entre ellas el navío _Santísima Trinidad_, de 112 cañones. Por
último, en tiempo del citado gobernador, se fundó el _Seminario de San
Carlos_ en el primitivo Colegio de los Jesuítas, se exportó libremente
el algodón y se disminuyeron los derechos de exportación sobre los
azúcares, aguardiente, etcétera.
Refieren los historiadores que D. Diego José Navarro (1777-1781),
aprovechándose de la guerra entre Inglaterra y sus colonias del Norte
de América, apoyó al coronel D. Bernardo de Gálvez, gobernador de la
Luisiana, para que invadiese la Florida y se apoderara de las plazas
de Mobila (1780) y de Panzacola (1781), volviendo de este modo á poder
de España aquella colonia, que, como sabemos, fué cedida á Inglaterra
en cambio de la Habana. En tiempo de Navarro se puso en vigor la
_Ordenanza para el libre comercio con las colonias_.
El cubano D. José Manuel de Cagigal sucedió a Navarro desde 1781 a
1783. Después gobernaron la isla D. Luis Unzaga, el conde de Gálvez
y otros. Los inmediatos sucesores de Gálvez tuvieron el carácter de
interinos.
El teniente general D. Luis de las Casas se hizo cargo del Gobierno
y Capitanía general de Cuba el 9 de julio de 1790, presentando su
dimisión y entregando el mando el 6 de diciembre de 1796. Le ayudaron
en su obra regeneradora D. Juan Bautista Vaillant, gobernador de
Santiago de Cuba; D. José Pablo Valiente, intendente de Hacienda, y los
ilustres cubanos Dr. Ramay, D. Francisco de Arango y otros. Progresó
la instrucción pública, las artes y la industria, se mejoraron muchas
poblaciones y se crearon establecimientos benéficos. Con motivo del
desbordamiento de los ríos, ocurrieron grandes inundaciones en la
parte occidental de la isla, en particular en las cercanías de la
Habana y Pinar del Río. Casas socorrió generosamente a los campesinos
más perjudicados e hizo reconstruir los puentes arrasados por las
aguas. Vió la luz, merced al apoyo de Casas, la primera publicación
literaria y económica, que se intituló el _Papel Periódico_, y en el
cual colaboraron el mismo capitán general, el presbítero Caballero,
el Dr. Romay y el poeta Sequeira. Fundáronse en Santiago de Cuba y en
la Habana Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, Casa de
Beneficencia y Real Consulado. Como consecuencia de la insurrección
de Haití (1791) y de la cesión que España había hecho del resto de
la isla a Francia, en virtud del tratado de Basilea (1795), vinieron
á Cuba muchos inmigrantes franceses y españoles, los cuales, con sus
conocimientos y laboriosidad, enriquecieron su nueva patria. Como era
natural, los restos de Cristóbal Colón, que descansaban en la iglesia
catedral de Santo Domingo, se trajeron a Cuba en el navío _San Lorenzo_
y se depositaron en la catedral de la Habana (15 enero 1796), para
ser trasladados en 1898 a nuestra ciudad de Sevilla, en cuya catedral
descansan.
Encargóse del gobierno D. Juan Bassecourt, conde de Santa Clara
(1796-1799), cuando Carlos IV celebraba alianza ofensiva y defensiva
con el Directorio francés. Tuvo España que pelear con Inglaterra, y si
en Cuba pudo resistir los ataques de sus enemigos, el resultado de la
enconada lucha fué la pérdida de la isla de Trinidad, de una parte de
la escuadra y la casi ruina de su comercio.
Sucedió al conde de Santa Clara, D. Salvador de Muro y Salazar, marqués
de Someruelos (1799-1812). D. Sebastián de Kindelán ocupó el gobierno
de Santiago de Cuba y D. Luis Viguri la Intendencia de Hacienda.
Habiendo terminado la dominación de España en Santo Domingo, se
dispuso que la Audiencia se trasladase a Puerto Príncipe, comenzando
a funcionar el 30 de junio de 1800. Justo será consignar que en los
primeros días del siglo XIX llegó a Cuba el nunca bastante alabado
barón de Humboldt, quien publicó el _Ensayo político sobre la isla
de Cuba_ (1826), hermosa síntesis de la geología, clima, población,
industria y rentas públicas de la gran Antilla. Dicha fué también para
Cuba la venida (24 febrero 1802) del obispo de la Habana, el ilustre
Díaz de Espada, sucesor de Tres Palacios. Díaz de Espada embelleció
la catedral; prestó eficaz auxilio a la Casa de Beneficencia, a
los Hospitales y al Manicomio; contribuyó con una suma bastante
considerable a la fundación del primitivo cementerio de la Habana,
aboliendo la costumbre de enterrar en las iglesias. Hombre el obispo
de tanta cultura como de espíritu liberal, fundó muchas escuelas en las
ciudades y en los pueblos. Fué Director de la Sociedad de Amigos del
País, reformó el Seminario de San Carlos y el Asilo de San Francisco
de Sales. Si, como antes hemos indicado, la Audiencia de Santo Domingo
se trasladó a Cuba, del mismo modo el arzobispado de aquella Antilla,
con todos sus títulos, facultades y prerrogativas, pasó, por Breve
pontificio de 16 de julio de 1804, a Santiago de Cuba, quedando como
sufragáneos suyos los obispados de la Habana y Puerto Rico. También por
entonces el insigne médico Dr. Romay dió a conocer y aplicó la vacuna
como preservativo de la viruela, debiéndose de notar que cuando Carlos
IV comisionó al Dr. Balmis para difundir el citado preservativo, ya
había sido aplicado ventajosamente.
Además de los emigrados de Santo Domingo y de Haití, que acudían a Cuba
donde se les brindaba con feraces tierras (1802), llegaron, después del
fracaso de la expedición mandada por Bonaparte para recuperar aquellas
colonias, unos 30.000 franceses, quienes se establecieron en Santiago
de Cuba, Baracoa, Guantánamo y en otros puntos, consiguiendo hacer
de terrenos incultos haciendas productivas. El tabaco, el algodón y
todos los productos aumentaron considerablemente; pero ninguno como el
café, hasta el punto que, si en 1804 se elevó la exportación a 12.500
quintales, en 1833 llegó a 642.000.
Los graves acontecimientos ocurridos en España con motivo de la
invasión de los franceses y después por la guerra de la Independencia,
repercutieron, como era natural, en las Indias. Es de lamentar que el
fanatismo patriótico de muchos llegase al extremo de asaltar las casas
de pacíficos y laboriosos franceses, siendo unos asesinados y otros
expulsados del territorio. Aunque se intentó la formación de una Junta
como las de Sevilla y otras provincias de España y América, la idea
fué combatida en periódicos y folletos. Por su parte la Junta Central
de España encargó (18 febrero 1809) al gobernador de Cuba, procurase
cultivar las relaciones--pues era conveniente--con el negro Enrique
Cristóbal, presidente y generalísimo de Haití[378].
[378] _Arch. de Indias.--Estado.--Santo Domingo_,--Leg.º 12.
(84).
A la sazón llegó a la Habana el joven mejicano Manuel Rodríguez Alemán
con pliegos para las autoridades y otras personas invitándolas a
declararse por José Bonaparte; aquél pagó cara su imprudencia, pues fué
preso como espía y ahorcado el 30 de julio de 1810. Pasados dos años se
descubrió la conspiración que tramaba José Antonio Aponte, deseoso de
la emancipación de su raza; Aponte mereció la pena de horca con 8 de
sus cómplices.
En sus últimos años de gobierno reconoció el marqués de Someruelos
la _Junta Suprema Central y gubernativa de España y de las Indias_
establecida en Aranjuez y dirigió las elecciones de los primeros
diputados a Cortes por Cuba (1810), los cuales fueron Jáuregui y
O'Gabán, sucediendo al último Arango y Pareño.
Tuvo la satisfacción D. Juan Ruiz de Apodaca de que en su tiempo se
jurase en la Habana (21 julio 1812) la Constitución de Cádiz. En dicho
Código político se concedían iguales derechos a españoles y americanos.
Posteriormente, habiendo vuelto a España Fernando VII y con él el
gobierno absoluto, Cuba pasó pacíficamente de uno á otro régimen. Los
cubanos tuvieron que agradecer al _Deseado_ que, por decreto de 10
de febrero de 1818, se concediese a los puertos de la isla el libre
comercio con todos los mercados extranjeros.
El excelente político y general D. José Cienfuegos llegó a Cuba (1816)
acompañado del superintendente de Hacienda D. Alejandro Ramírez, ya
conocido ventajosamente en Guatemala y Puerto Rico. Ramírez odiaba la
esclavitud, combatió el contrabando, llegó a duplicar (1820) las rentas
públicas, y apoyó los planes del antes citado Arango, no sólo en la
concesión del libre comercio, sino en el desestanco del tabaco y otras
reformas. Tomó parte activa en la fundación de _Cienfuegos_[379] y
también influyó en el progreso de las colonias de Nuevitas, Guantánamo
y El Marcial. Como Director de la Sociedad Patriótica, estableció la
sección de educación primaria, la Academia de Dibujo y Pintura, que se
denominó de San Alejandro, en honor del fundador; el Jardín Botánico,
las cátedras de Anatomía y Botánica, y proyectó la de Química.
[379] El fundador fué el coronel Luis de Clouet, rico emigrado
de Luisiana (1819.) Clouet con 40 familias estableció la
colonia Fernandina de Jagua, que dió origen a la ciudad de
Cienfuegos.
Un hecho importantísimo que honra a Inglaterra se verificó por entonces
y fué el convenio celebrado con España el 1817, el cual consistía en
el compromiso de nuestra nación de impedir el tráfico de esclavos
africanos, a partir del 30 de mayo de 1820; pero sin embargo de las
protestas y reclamaciones de Inglaterra, la nación española continuó
haciendo expediciones más o menos clandestinas.
Bajo el débil gobierno del general D. Manuel Cagigal se juró en la
Habana, bien a pesar suyo, la constitución de Cádiz, que en España,
Riego, Quiroga y otros habían proclamado en las Cabezas de San Juan
(1.º enero 1820).
D. Nicolás Mahy sucedió en marzo de 1821 a Cagigal. En su tiempo las
logias masónicas y las sociedades secretas (_La Cadena_, _Los Soles_,
_Los Comuneros_ y _Los Carbonarios_) tuvieron verdadera influencia.
Formaban las dos primeras cubanos partidarios de la independencia, la
tercera españoles adictos al gobierno y la cuarta estaba constituída
por hombres conciliadores. El general Mahy se opuso tenazmente a que
se implantase la ley de Aranceles, contuvo el lenguaje violento de la
prensa, reorganizó las milicias y mantuvo la disciplina militar.
Encargóse del poder el brigadier D. Sebastián Kindelán, por muerte
de Mahy, en julio de 1822. En las elecciones para diputados a Cortes
(legislatura de 1823) salieron triunfantes el sacerdote y filósofo
Félix Varela, D. Leonardo Santos Suárez y D. Tomás Gener.
A ponerse al frente del gobierno de Cuba vino a la isla (2 mayo
1823) el general D. Francisco Dionisio Vives. Si en España reinaba
la anarquía, en Cuba se entusiasmaban con los hechos realizados por
Bolívar y los demás generales revolucionarios. Vives se apoderó de
los documentos de la sociedad secreta _Soles y Rayos de Bolívar_
(que aspiraba a establecer la República de _Cubanacán_), reduciendo
a prisión al habanero Lemus, jefe de la conspiración, y a los más
comprometidos, entre ellos Peoli, Junco, Silveira, el Dr. Hernández y
los poetas Heredia y Teurbe. El 3 de mayo de 1823 se mandó Real orden
reservada a los jefes políticos de Cuba y Puerto Rico, encargándoles
cierta vigilancia para si llegase allí D. José Mariano Méndez, diputado
a Cortes que fué por Sonsonate, el cual había circulado un manifiesto
o proclama, impreso en la península, con el intento de separar las
islas de Cuba y Puerto Rico de la dominación española[380]. De los
presos citados anteriormente, el gobernador Vives se contentó con
desterrar a unos y con imponer multas pecuniarias a otros. Restablecido
en España el gobierno absoluto por Fernando VII, Vives siguió el
ejemplo de su Rey (diciembre de 1823). Con más encono que antes
volvieron las conspiraciones, teniendo Fernando VII que conferir a
los capitanes generales de Cuba, con fecha 28 de mayo de 1825, las
facultades extraordinarias de los gobernadores de plazas sitiadas. No
se amedrentaron por ello los revolucionarios, quienes comisionaron a
Iznaga, Bentancourt (_El Lugareño_) y otros para que se marchasen a
Venezuela y pidiesen apoyo al libertador Bolívar. La entrevista no
llegó a verificarse por entonces; pero Iznaga, en su segundo viaje,
verificado el año 1827, logró sus deseos.
[380] _Arch. de Indias._--Estante, 100.--Cajón, 6.--Leg.º 16
(53).
Es de advertir que antes de la entrevista que, después de todo, no
dió resultado alguno, los emigrados cubanos constituyeron una Junta
en México, que tenía por objeto trabajar por la independencia de Cuba
y Puerto Rico (1825). Un año después se reunió en Panamá una Asamblea
general de las naciones hispano-americanas para tratar, entre otras
cosas, de la emancipación de las citadas islas; mas, ya por el poco
entusiasmo con que acogió la idea Bolívar, ya por la oposición de los
Estados Unidos, pensando tal vez que Cuba, siguiendo el ejemplo de las
repúblicas hispano-americanas, decretaría la libertad de los esclavos,
cuyo hecho podía ocasionar perturbaciones en los Estados del Sur de
la gran República, lo cierto es que nada se hizo. Los separatistas no
cejaban en su empeño: Francisco de Agüero y el pardo Andrés Manuel
Sánchez fueron sorprendidos en un ingenio de Camagüey y condenados,
como espías de los enemigos de España, a la pena de horca, en Puerto
Príncipe, el 16 de marzo de 1826. Agüero y Sánchez fueron los primeros
mártires de la independencia de Cuba. Desde México, los revolucionarios
cubanos, expatriados en aquella República, no dejaban de avivar el
fuego sagrado de la independencia. Esta vez las logias masónicas de la
_Legión del Águila Negra_, se entendían desde México con los patriotas
de Cuba para conseguir la independencia. Descubierta la conspiración
(1830) y presos los principales, se les condenó a muerte por la
Comisión Militar, teniendo la dicha de ser indultados con motivo del
nacimiento de Isabel II; sólo sufrieron destierros y multas.
Durante el gobierno de Vives se dividió la isla en tres departamentos
militares: _Occidental_, _Central_ y _Oriental_; se formó nuevo censo
de población[381] y se hizo el mapa de Cuba (1827). En su política
progresiva le ayudó D. Claudio Martínez de Pinillos (después conde de
Villanueva), superintendente general de Hacienda, quien aumentó las
rentas públicas, ayudó a la construcción del acueducto de la Habana,
habilitó algunos puertos para el comercio extranjero e influyó para la
introducción de las máquinas de vapor en los ingenios. También se deben
al gobierno de Vives, y por iniciativa de Pinillos, la fundación de
_Cárdenas_ (8 marzo 1827), el establecimiento de un presidio en la Isla
de Pinos y la fundación de _Nueva Gerona_ (1830). Entre otras obras de
utilidad pública citaremos el puente de Marianao, la Casa de dementes
de San Dionisio y el Templete, inaugurado en 1828, en la plaza de
Armas, de la Habana[382].
[381] Dió un total de 704.487 habitantes: 311.051 blancos,
106.494 de color, libres, y 286.942 esclavos.
[382] Colocóse junto al obelisco que D. Francisco Cagigal
erigió en 1754 para consagrar aquel sitio, donde, según la
tradición, se dijo la primera misa bajo una ceiba, año 1519.
Las letras y las ciencias, como más adelante mostraremos, progresaron
mucho en la primera mitad del siglo XIX, figurando á la cabeza de todos
el insigne filósofo D. Félix Varela. Continuaron su obra Saco, Luz y
Caballero y otros.
Hemos de lamentar lo extendido que se hallaba el vicio del juego.
El país estaba lleno de vagos, de ladrones y de asesinos, siendo
peligroso, aun en la misma capital de la isla, salir de noche a la
calle. Parece ser que como uno dijese a Vives que no había seguridad
alguna de noche, contestó: «Pues que hagan lo que yo, que me quedo de
noche en casa y no salgo a la calle.»
D. Mariano Ricafort sucedió en 1833 a Vives, y en su tiempo un barco
procedente de los Estados Unidos, llevó el cólera a la isla. En cambio,
daremos la grata noticia de que el conde de Villanueva, superintendente
de Hacienda, pudo conseguir, como presidente de la Junta de Fomento,
que se construyera el ferrocarril de la Habana a Güines, mucho antes de
que en la metrópoli se estableciese ese medio de comunicación. Cuando
en España, muerto Fernando VII, comenzó la terrible guerra civil, y
cuando el gobierno de Madrid proclamó en Cuba el _Estatuto Real_, vino
el general Tacón a suceder a Ricafort (1.º julio 1834).
El general Tacón, decidido absolutista, no implantó en Cuba las
libertades concedidas a la nación española. Espíritu suspicaz creyó ver
en todas partes la tea revolucionaria para lograr la independencia de
la Antilla. De opuestas ideas que el general Tacón era el gobernador de
Santiago de Cuba D. Manuel Lorenzo. Jurada en Madrid la Constitución,
a consecuencia del motín de la Granja (1835), Lorenzo la hizo jurar en
Santiago de Cuba. Irritóse por ello Tacón, hasta el punto de mandar una
expedición contra Santiago, viéndose obligado Lorenzo a embarcarse para
España. También pudo conseguir Tacón que las Cortes españolas de 1837,
no admitiesen como Diputados a los elegidos por Cuba, los cuales eran
Saco, Acebedo, Montalvo y de Arnas, fundándose en que las islas de Cuba
y de Puerto Rico se regían por leyes especiales. Sabiendo el gobernador
de Cuba que Saco y Narciso López conspiraban en España para alcanzar la
independencia de la isla, hizo prender a varios cubanos pensando que
estaban en relaciones con aquellos, quienes no lograron su libertad
hasta que, relevado Tacón, la decretó su sucesor el general Ezpeleta
(1838). No seríamos justos si guardásemos silencio acerca de las buenas
cualidades de Tacón: era honrado e íntegro; persiguió a los jugadores,
vagos y ladrones; restableció la seguridad personal, disciplinó el
ejército, reorganizó la policía, estableció los cuerpos de serenos
y bomberos, y realizó obras de utilidad y ornato (los Mercados, la
Pescadería, el Gran Teatro, la Alameda de Isabel II, y otras).
El teniente general D. Joaquín de Ezpeleta comenzó su gobierno el año
1838, sucediéndole D. Félix Girón, príncipe de Anglona. Después ocupó
cargo tan importante el general D. Jerónimo de Valdés. Entre Valdés
y el cónsul inglés David Turnbull, las relaciones fueron tan poco
amistosas, que el primero consiguió del gobierno de la Gran Bretaña
la separación del segundo, tal vez con alguna razón. Y decimos con
alguna razón, porque Turnbull era más amigo de los separatistas que
de los españoles. Volvió Turnbull a la isla con un pasaporte de un
cónsul español; pero Valdés le hizo prender y le embarcó en un buque
británico (1842). Tanto disgustó a la _Sociedad Patriótica_ que uno
de sus indivíduos fuese tratado de aquel modo, que D. José de la Luz
y Caballero, presidente de aquella Sociedad, protestó enérgicamente,
logrando con el apoyo del sabio naturalista Poey y otros, que el nombre
de Turnbull no se borrase de la lista de los socios y entre ellos
permaneció hasta que el nuevo capitán general D. Leopoldo O'Donnell
dispuso su eliminación «porque era un enemigo declarado del país.»
O'Donnell renovó la política tiránica y bárbara de Tacón.
Descubrióse--según todas las señales--vasta conspiración en Matanzas,
_conspiración de la escalera_, porque los presos, atados a una
escalera, declaraban a fuerza de látigo. Víctimas de la conspiración
fueron el poeta Gabriel de la Concepción Valdés (_Plácido_), Santiago
Pimienta y otros, los cuales sufrieron la pena de muerte (28 junio
1844) en Matanzas, en el paseo de Santa Cristina, frente al hospital de
Santa Isabel.
D. Federico Roncali (1848-1850) tuvo que combatir fuerte insurrección.
Al frente de los revolucionarios se puso el general Narciso López,
natural de Venezuela. Desde muy joven se había distinguido en el
ejército español, ora peleando en el Sur América, ora en la península,
defendiendo los derechos de Isabel II. Ya General, vino a Cuba a las
órdenes de O'Donnell, desempeñando varios cargos gubernativos, entre
ellos el de teniente gobernador de Trinidad, que le quitó el mencionado
O'Donnell (1843), no fiándose de su amor a España. En el primer año
del gobierno de Roncali, Narciso López se puso a la cabeza de la
conspiración, que, descubierta, tuvo que refugiarse en los Estados
Unidos, donde, con la ayuda de Sánchez Iznaga, Villaverde y otros
emigrados, trabajó por la independencia de la Isla. Tomó parte desde
entonces en todas las expediciones de los separatistas e intervino
en la política seguida por las Sociedades organizadas en Cuba y por
el _Consejo Cubano_ establecido en New-York. Los revolucionarios se
dividieron en dos partidos: uno quería la independencia de Cuba y otro
su anexión á los Estados Unidos. En aquel tiempo el gobierno de los
Estados Unidos ofreció 100 millones de pesos a España por la Isla de
Cuba. Decidido Narciso López a jugar el todo por el todo, a la cabeza
de unos 600 hombres bien armados, salió de New Orleans y se dirigió a
Cuba en el vapor _Creole_ y dos barcos de vela. El 19 de mayo de 1850
desembarcó en Cárdenas, ondeando por primera vez en la _Perla de las
Antillas_ la bandera de la estrella solitaria. Aunque consiguió que la
guarnición se le rindiese, causóle profunda pena la actitud pasiva de
los cubanos, tan pasiva que sólo se le unió el portorriqueño Felipe
Gotay. En la lucha que sostuvo en las calles de Cárdenas con los
lanceros que acudieron de Lagunillas, mandados por el teniente D. José
María Morales, murió de los nuestros el sargento Carrasco, a quien la
patria, agradecida, algún tiempo después hizo levantar un monumento en
_La Cabaña_.
Vino de gobernador y capitán general D. José Gutiérrez de la Concha
(mes de noviembre del año 1850), decidido a castigar con mano de
hierro a los enemigos del gobierno de la metrópoli. Porque la ciudad
de Puerto Príncipe solicitó que no se suprimiera su Audiencia, Concha
destituyó al Ayuntamiento, prohibiendo que en lo sucesivo hiciesen
uso esas Corporaciones del derecho de petición. Nombró comandante
general del Departamento central a D. José Lemery, el cual, conociendo
los planes revolucionarios de la _Sociedad Libertadora_, constituída
en el Camagüey a últimos de 1849, hizo poner presos a los hermanos
Betancourt, Recio, Arango, Cisneros y a otros, mandándoles a la Habana
(4 mayo 1851). No fué preso Joaquín de Agüero, porque logró huir a
tiempo, ocultándose en las lomas situadas entre Nuevitas y Las Tunas,
y acampando después en la Piedra de Juan Sánchez. Agüero, joven de
nobles sentimientos, acérrimo antiesclavista, proclamó la independencia
de Cuba, en unión de otros patriotas, en la hacienda de San Francisco
del Jucaral, partido de Cascorro. Defendióse en la hacienda de San
Carlos, teniendo el sentimiento de ver morir a algunos de los suyos.
Huyó Agüero a Punta de Ganado, y allí cayó en poder de los realistas
(22 de julio) con otros cinco compañeros. Concha mandó fusilar (12
agosto 1851) en la sábana del Arroyo Méndez a Agüero, a Betancourt
(Tomás), a Zayas y a Benavides. Al mismo tiempo estalló en Trinidad
otro movimiento revolucionario (24 julio 1851) dirigido por Isidoro
Armenteros, teniente coronel graduado de milicias de caballería, y
ayudado por Arús y Hernández Echerri. Los tres fueron fusilados en el
campo conocido con el nombre de _Mano del Negro_, en las afueras de
Trinidad (18 de agosto del citado año). El 12 de agosto, el mismo día
en que fué fusilado Agüero, desembarcó en Playitas Narciso López, á
bordo del _Pampero_. Venía de New Orleans con unos 500 hombres, y entre
los más conocidos se hallaban el general húngaro Pragray, el coronel
Crittenden (hijo de un senador americano) y los cubanos Arnao, Zayas
y Oberto. Creyendo Narciso López que en Puerto Príncipe y Trinidad
era formidable la insurrección, llegó a Vuelta Abajo y dividió sus
fuerzas, dejando en _El Morrillo_ parte de ellas, bajo el mando de
Crittenden, en tanto que él se encaminaba a _Las Pozas_. En Las Pozas
tuvo un encuentro Narciso López con el general Enna, muriendo el
húngaro Pragray y el cubano Oberto, y en los palmares del _Cafetal de
Frías_ fué herido mortalmente Enna, viéndose obligado Narciso López a
dispersar sus fuerzas. Crittenden y los 50 expedicionarios que estaban
en El Morrillo intentaron huir, siendo sorprendidos y llevados a la
capital, donde, en las faldas del Castillo de Atarés, fueron fusilados
(16 de agosto). Preso también Narciso López en los Pinos del Rangel,
fué conducido a la Habana, sufriendo la pena de muerte en el campo de
La Punta (1.º septiembre 1851).
Bajo el gobierno del general D. Valentín Cañedo, sucesor de Concha,
se publicó clandestinamente el periódico _La Voz del Pueblo Cubano_,
redactado por Bellido e impreso por Facciolo. Tal publicación, y el
descubrimiento de una caja de armas destinadas a los revolucionarios
de Vuelta Abajo, pusieron de manifiesto los planes de aquéllos en la
jurisdicción de Pinar del Río. Bellido pudo huir a los Estados Unidos y
Facciolo fué ejecutado en La Punta (28 septiembre 1852). Otros fueron
condenados a presidio.
Don Juan de la Pezuela sucedió a Cañedo en diciembre de 1853.
Un gobernador tolerante y caballeroso dirigía la política y la
administración de Cuba. Concedió indulto a todos los que habían tomado
parte en las conspiraciones y levantamientos separatistas; persiguió el
tráfico de esclavos, no haciendo caso de los ruegos primero, y de las
amenazas después, de los negreros.
Vino el general Concha (21 septiembre 1854) a encargarse del poder,
con verdadera satisfacción de los negreros. Al frente de poderosa
conspiración se puso el catalán D. Ramón Pintó, presidente del Liceo
de la Habana y presidente también de la _Junta Revolucionaria_.
Descubierta la conspiración, Concha dispuso la prisión de los
principales jefes, siendo Pintó condenado a muerte, que sufrió el 22
de marzo de 1855 en el campo de La Punta; Cadalso y Pinelo a la pena
inmediata. El 31 del mismo mes y año tuvo la desgracia de ser hecho
prisionero en Baracoa, a bordo de americana goleta, que conducía armas
y pertrechos para promover una revolución, Francisco Estrampes, el cual
corrió la misma suerte que Pintó.
Don Francisco Serrano y Domínguez, duque de la Torre, ocupó el cargo
de gobernador y capitán general de Cuba. En su tiempo murió (22 junio
1862) el sabio maestro D. José de la Luz y Caballero, rodeado de sus
discípulos y admiradores. El capitán general, deseando halagar a los
cubanos, presidió los funerales y manifestó las consideraciones que
le merecían las virtudes del insigne hijo de la Habana. Contribuyó a
cerrar por algún tiempo el período de las conspiraciones la fundación
del diario cubano _El Siglo_, dirigido primeramente por D. José Quintín
Suzarte, y después por el conde de Pozos Dulces, antiguo revolucionario
y uno de los individuos de la Junta Cubana de Nueva York. Adquirieron
la propiedad del periódico Morales Lemus, Aldama y otros. Acerca de
las ideas políticas de _El Siglo_, el conde de Pozos Rubios declaró
(24 marzo 1865) en notable artículo que sólo deseaba obtener para
Cuba todos los derechos de una provincia española. Semejante política
fué luego difundida en la Península por el general Serrano, por el
periódico _La América_ y por muchos liberales. Los defensores de dicha
política constituyeron el partido reformista.
El capitán general D. Domingo Dulce fué digno continuador de la
política del duque de la Torre. Mostró su poder el partido reformista
cuando, en virtud del Real decreto (noviembre de 1865) convocando la
Junta de información respecto a reformas en Cuba y Puerto Rico, fueron
elegidos el conde de Pozos Dulces, Saco, Morales Lemus y otras notables
personalidades del citado partido. Las conferencias se inauguraron en
Madrid, bajo la presidencia de D. Alejandro Oliván, el 30 de octubre
de 1866 y terminaron el 27 de abril de 1867. Discutiéronse asuntos
sociales, políticos y económicos, llamando también la atención la
abolición de la esclavitud. Dice el Dr. Morales--y sentimos no estar
conformes con su opinión--que si los informes presentados por las
diversas Comisiones hubiesen sido atendidos por España, no hubiera
estallado, quizás, la guerra separatista de 1868[383]. Con reformas
o sin reformas, poco antes o poco después, se habría realizado la
independencia de Cuba.
[383] Ob. cit., pág. 179.