VIRREINATO DE MÉXICO (CONTINUACIÓN).--EL VIRREY DUQUE DE
ALBURQUERQUE: SU POLÍTICA INTERIOR; LUCHA CON LOS CORSARIOS Y CON
LOS INGLESES.--EL DUQUE DE LINARES: SU AMOR A LA JUSTICIA.--EL
MARQUÉS DE VALERO: EXPEDICIÓN A CAMPECHE Y YUCATÁN: SU POLÍTICA
CON LOS CACIQUES.--GOBIERNO DEL MARQUÉS DE CASAFUERTE.--DESGRACIAS
DURANTE EL MANDO DEL ARZOBISPO VIZARRÓN.--LOS VIRREYES DUQUE DE
LA CONQUISTA, CONDE DE FUENCLARA Y CONDE DE REVILLAGIGEDO.--DÉBIL
GOBIERNO DEL MARQUÉS DE LAS AMARILLAS.--EL MARQUÉS DE CRUILLAS:
EL ALMIRANTE INGLÉS POCOCK SE APODERA DE LA HABANA.--MALA
ADMINISTRACIÓN DEL VIRREY MONTSERRAT.--VIRREINATO DE CROIX:
EXPULSIÓN DE LOS JESUÍTAS.--SÍNTOMAS REVOLUCIONARIOS EN EL
PAÍS.--VIRREINATOS DE BUCARELI, MAYORGA, GÁLVEZ (D. MATÍAS
Y D. BERNARDO) Y FLORES.--EXCELENTE GOBIERNO DEL CONDE DE
REVILLAGIGEDO.--EL MARQUÉS DE BRANCIFORTE, BERENGUER DE MARQUINA E
ITURRIGARAY.--ÚLTIMOS VIRREYES.
El virrey D. Francisco Fernández de la Cueva, duque de Alburquerque,
llegó a Veracruz el 6 de octubre de 1702. Preparó la armada de
Barlovento y con ella logró ahuyentar a los corsarios del golfo de
México; hizo confiscar los bienes de los portugueses, ingleses y
holandeses residentes en la colonia; logró que los ingleses levantasen
el cerco de San Agustín y se retiraran de las costas de la Florida.
En la política interior impuso impuestos a los eclesiásticos (el
diezmo sobre los bienes) y consiguió la reversión a la Corona de las
rentas enajenadas. No olvidó la pacificación de ambas Californias,
procurando también que se continuara arrojando en aquellas tierras
la semilla del Evangelio, como lo venían haciendo el P. Salvatierra
y otros religiosos. No deja de llamar la atención una cédula, en la
cual se dice que habiendo llegado a noticia de Felipe V que en las
Indias se hallaban muchos delatores y testigos falsos, mandó al virrey,
audiencias y demás justicias de Nueva España, ejecutasen con la más
rigurosa exactitud las leyes vigentes contra los mencionados delatores
y testigos falsos. La cédula tiene la fecha del 6 de septiembre de
1705[298].
[298] _Arch. histórico nacional, Cedulario índico de Ayala_,
letra D.
Al duque de Alburquerque sucedió en el virreinato D. Fernando de
Alencastre Noreña y Silva, duque de Linares y marqués de Valdefuentes;
tomó posesión del virreinato el 15 de enero de 1711. Hombre recto
y justo, procuró corregir los males de aquella sociedad. Estaba
corrompida la administración de justicia y relajada la disciplina
eclesiástica. Intentó la pacificación del Nayarit, sirviéndose de la
santidad de fray Antonio de Jesús Margil; en 1711 un terremoto derribó
muchos edificios de México, y en 1714 hubo gran escasez de víveres,
trayendo el hambre como inseparable compañera la peste. En su honor
se dió el nombre de _San Felipe de Linares_ a una colonia fundada
en Nuevo León. Durante su virreinato se celebró la paz de Utrech, y
por el tratado llamado de _asiento_ entre España e Inglaterra, su
Majestad católica concedió al rey de la Gran Bretaña el monopolio de
introducir esclavos negros en México y en las demás colonias españolas
de América[299].
[299] Véase Cap. XIV de este tomo.
Don Baltasar de Zúñiga, duque de Arión y marqués de Valero, desembarcó
en Veracruz (julio de 1716) e hizo su entrada pública en México (16 de
agosto del mismo año). Sucesos de alguna importancia ocurrieron durante
el virreinato del duque de Arión, lo mismo en el orden interior que
en el exterior. Por lo que al orden interior respecta, comenzaremos
dando exacta noticia--según documentos de la época--de la sedición y
tumulto que promovieron, en la noche del 3 de mayo de 1717, las monjas
de Santa Clara de la ciudad de México, contra el comisario general de
San Francisco. Tan grande fué el escándalo, que el virrey Valero tuvo
que mandar guardias. En el día siguiente desobedecieron al provisor
del arzobispado y al virrey. El arzobispo, en el mes de agosto del
mismo año, de vuelta de su visita pastoral, quiso--y tampoco lo
consiguió--llevar la paz al convento. A tal punto llegaron las cosas,
que el Rey hubo de mandar, hasta que la Santa Sede dispusiera lo más
acertado, que el convento pasase a la jurisdicción ordinaria[300].
[300] _Cedulario índico_, tomo III, núm. 53, págs. 101 v.ª 108.
Por lo que atañe a política exterior, el virrey Valero mandó una
expedición bajo las órdenes de D. Alonso Felipe de Andrade a las costas
de Campeche y Yucatán, con el objeto de arrojar a los ingleses que se
habían establecido en aquellos lugares. Logró Valero lo que se propuso,
mostrando en esta ocasión no poco tino. Acertó a llegar por entonces
(1717) el cacique Tixjanaque, de la Florida, y recibió el bautismo;
otros caciques siguieron el ejemplo de Tixjanaque. También logró el
virrey que la levantisca provincia de Nayarit, en Nueva Galicia, fuera
castigada, sometiéndose por completo. Por último, las erupciones del
Popocatepetl amedrentaron a los que vivían cerca del volcán, y los
vecinos de México vieron con sentimiento el incendio del hermoso teatro
de la ciudad, suceso que acaeció después de la representación del drama
_Ruina e incendio de Jerusalén_, y cuando se iba a poner en escena otro
intitulado _Aquí fué Troya_.
El 15 de octubre de 1722, D. Juan de Acuña, Marqués de Casafuerte,
natural de Lima, tomó posesión del gobierno. Se sometió el Nayarit,
que volvió una vez más a sublevarse; y se expulsó a los ingleses del
territorio que ellos denominaban de Walix o Belice, cuya operación se
encomendó al valeroso jefe D. Antonio de Figueroa. Durante los once
años de gobierno del marqués de Casafuerte se atrajo las simpatías
de los mejicanos, los cuales lloraron su muerte, acaecida el 16 de
marzo de 1734. Antes de terminar los hechos correspondientes a este
virreinato, diremos que en el año 1722 comenzó en México la publicación
de un periódico que se llamó primero _Gaceta de México_, y desde el
número 4 se le añadió _y Florilogio Historial_, etc., dirigido por D.
Juan Ignacio María de Castorena, chantre de la catedral de México y
después obispo de Yucatán. Publicóse el periódico desde enero del año
citado hasta junio, volviendo a aparecer en 1728 por el presbítero D.
Juan Francisco Sahagún de Arévalo Ladrón de Guevara y que duró desde
el mes de enero de aquel año hasta fines de noviembre de 1739; fué
sustituído por otro periódico del mismo autor, que se llamó _Mercurio
de México_, y que dejó de publicarse en septiembre de 1742. Construyó
el marqués de Casafuerte la Casa de la Moneda, la de la Aduana y
realizó otras muchas obras.
Tomó posesión del virreinato (16 mayo 1734) el Ilmo. D. Juan Antonio
de Vizarrón y Eguiarreta, arzobispo de México. En su tiempo, terrible
epidemia que se llamó _matlazahuat_ se cebó en los indios, de los
cuales murieron más de la mitad. Declarada la guerra entre España e
Inglaterra, las flotas británicas ocasionaron frecuentes alarmas en las
ciudades del litoral y los indios de California se levantaron contra
los misioneros jesuítas.
Después de los cortos gobiernos de D. Pedro de Castro y Figueroa, duque
de la Conquista y marqués de Gracia Real (se encargó del mando el 17 de
agosto de 1740 y falleció el 22 de agosto de 1741) y de la Audiencia,
cuyo presidente era D. Pedro Malo de Villavicencio, tomó las riendas
del virreinato (3 noviembre 1742) D. Pedro Cebrián y Agustín, conde
de Fuenclara. Fué verdadera desgracia que el galeón _Nuestra Señora
de Covadonga_, que salió de Acapulco con rumbo a Manila, cayese (20
junio 1743) en poder del almirante Anson, llevándose 300 prisioneros
de todas clases y más de dos millones y medio de pesos. En cambio,
nos es grato referir que el coronel D. José de Escandón emprendió el
año 1744 la conquista de _Sierra Gorda_, fundando las colonias de
_Nuevo Santander_, en Tamaulipas. Dos asuntos le ocuparon después
preferentemente: embellecer la ciudad de México y mandar dinero a
España, cuyo gobierno se hallaba bastante necesitado.
Más importante es la historia de D. Francisco de Güemes y Horcasitas,
conde de Revillagigedo (9 julio 1746). En su tiempo, D. Manuel
Salcedo, gobernador de Yucatán, peleó con ventaja para desalojar a
los ingleses del territorio de Belice. Uno de los mayores empeños
del virrey fué el arreglo de la Real Hacienda, consiguiendo, en gran
parte, su propósito, á pesar de los obstáculos que le puso aquel alto
tribunal, siempre rehacio a ciertas reformas. Revillagigedo rebajó las
tarifas de aduanas, persiguió con empeño y constancia el contrabando y
dió otras prudentes y beneficiosas disposiciones. Encontróse a veces
en grandes apuros, ya por la carestía y hambre que se presentaba en
algunas provincias, ya por no poder atender las exigencias de dinero
que le hacía la corte de Fernando VI. En este sentido es curiosa la
siguiente comunicación escrita en Aranjuez el 21 de mayo de 1748. Dice
así: «Hallándose la vajilla de que se sirve el Rey falta de muchas
piezas muy precisas, y queriendo se complete enteramente de éstas y
de las demás que son asimismo indispensables: Me ha mandado S. M.
prevenir a V. E. embie de su real cuenta en las primeras ocasiones que
se presenten, como sesenta mil onzas de plata de la que se llama Copeya
o virgen, buscando la de más superior calidad, y al propio intento
también dos mil onzas de oro del de mejores quilates que se hallase;
lo que participo a V. E. para que en esta diligencia se dedique a
desempeñar con la posible brevedad este encargo.--Dios guarde a V. E.
muchos años.--El marqués de la Ensenada.--Señores virreyes de Nueva
España Horcasitas y del Perú Manso»[301].
[301] _Archivo histórico nacional.--Cedulario índico_, tomo
IX, núm. 684, pág. 683.
Importa a nuestro objeto recordar que D. José de Escandón continuó
trabajando en la pacificación de Tamaulipas, vasto país habitado por
los _apaches_, _comanches_ y otros indios bárbaros.
Don Agustín de Ahumada y Villalón, marqués de las Amarillas, comenzó
su virreinato el 10 de noviembre de 1755, y lo desempeñó hasta el 5 de
febrero de 1760, en que falleció. No pudo extinguir el bandolerismo,
ni proteger la colonia contra las invasiones de los indios comanches.
Durante su virreinato ocurrió la formación del volcán de _Xorullo_, en
medio de fértil planicie de Michoacán (1758).
Al gobierno de la Audiencia, presidida a la sazón por D. Francisco
Antonio de Chavarría, y al virreinato de D. Francisco Cajigal de la
Vega, que tomó posesión el 28 de abril de 1760 y lo renunció el 6 de
octubre del mismo año, sucedió D. Joaquín de Montserrat, marqués de
Cruillas. La Real Cédula de su nombramiento se dió en el Buen Retiro
el 10 de marzo de 1760[302], y tomó posesión el 6 de octubre del mismo
año. Al siguiente se verificó el juramento de Carlos III, sucesor de su
hermano Fernando VI en el trono de España. El virrey sofocó en 1761 un
levantamiento de los _yucatecas_, dirigido por Jacinto Canek, que pagó
con la vida su amor a la libertad. Cuando el almirante inglés Pocock se
apoderó de la Habana (13 agosto 1762), el marqués de Cruillas reparó
los fuertes de Veracruz, e hizo que D. Juan de Villalba organizase un
ejército colonial, el primero de este género que se conoció en Nueva
España. Mostró el marqués de Cruillas mucho interés--interés que le
hicieron tener los frailes de su virreinato--en que el Rey recomendase
a Su Santidad la pronta beatificación de Fray Antonio Margil de Jesús,
religioso misionero observante de San Francisco[303].
[302] _Archivo histórico nacional.--Cedulario índico_, tomo X,
núm. 131, pág. 70 v.ª
[303] _Archivo histórico nacional.--Cedulario índico_, tomo
XV, núm. 205, pág. 166.
No estando conforme el gobierno de Madrid con la administración del
virrey Montserrat--pues se decía que había malversado dos millones de
pesos--mandó de visitador a D. José de Gálvez, hombre de carácter y
justo, quien destituyó a varios oficiales reales y al mismo marqués de
Cruillas.
D. Carlos Francisco de Croix, marqués de Croix, natural de Lille,
recibió en Otumba el gobierno a 23 de agosto de 1766. Graves asuntos
preocuparon al virrey. Fué uno de ellos, y el más importante sin duda,
la expulsión de los jesuítas que se verificó en México el 25 de junio
de 1767[304]. En la mañana misma que se ejecutó la providencia contra
los hijos de Loyola, publicó un bando el virrey, prohibiendo toda
conversación, murmuración ó comentario sobre el asunto, terminando con
decir... «de una vez para lo venidero deben saber los vasallos del
gran Monarca que ocupa el trono de España que nacieron para callar
y obedecer, y no para discurrir ni opinar en los altos asuntos del
Gobierno.» Como los indios y el pueblo en general no entendiesen este
lenguaje, se alzaron en armas e hicieron volver a su residencia a los
Padres; pero el virrey, con poderosas fuerzas, logró restablecer el
orden y castigó con mano de hierro a los sublevados, sufriendo muchos
la pena capital. Conducidos los jesuítas a Veracruz, allí fueron
embarcados con rumbo a Génova. Nuestra imparcialidad nos obliga a
confesar que los jesuítas eran muy queridos en San Luis de Potosí,
Guanajuato, San Luis de la Paz, Valladolid, Uruapam y Pátzcuaro, y aun
pudiéramos decir que en todo el virreinato.
[304] Ya sabemos que el decreto se firmó por Carlos III en El
Pardo el 27 de febrero del citado año y se ejecutó el 1.º de
abril.
Tampoco pasaremos en silencio que por R. D. dado en El Pardo a 17 de
marzo de 1768, se creó en el Hospital de Indios de México una cátedra
de _Anatomía práctica_[305].
[305] _Cedulario índico_, tom. XVI, núm. 6, pág. 7.
Preocupóle al virrey el desorden que existía en el país, como también
el lastimoso estado de la colonia del Nuevo Sacramento (1767)[306].
[306] _Archivo histórico de Alcalá de Henares.--Expedientes
del correo marítimo de México(1765-1773)._
Lo más grave era que en México se agitaba cada vez con más fuerza la
idea de independencia, hasta el punto que hubo necesidad de llevar
tropas españolas, las cuales llegaron a Veracruz el 18 de junio de 1768.
De otros asuntos bien será decir que no carecieron de interés las dos
expediciones que por los años de 1768 se hicieron a California, cuyo
país fué conquistado y pacificado. Son del mismo modo curiosas las
noticias dadas por el coronel D. Domingo Elizondo al marqués de Croix,
acerca de la expedición de Sonora y que el mencionado virrey comunicó a
España: el documento se halla fechado en junio de 1770[307].
[307] Ibidem.
Durante el virreinato de Croix, ocupó el arzobispado de México don
Antonio de Lorenzana y Butrón, insigne varón que estableció (1767) la
_Casa cuna_, publicó las _Cartas de Hernán Cortés_, los _Concilios_ y
celebró (1771) el _cuarto Concilio provincial_.
Se encargó del gobierno el 22 de septiembre de 1771 y lo conservó
hasta el 9 de abril de 1779, don Fray Antonio María de Bucareli y
Ursúa, bailío de la orden de San Juan. En el interior hizo prosperar el
comercio y mejoró el estado de la Hacienda, y en el exterior estableció
presidio en la región del Norte, para contener las invasiones de los
_apaches_ y _comanches_. En su tiempo se fundó el periódico semanal de
Medicina por el Dr. José Ignacio Bartolache, con el título de _Mercurio
Volante_. Se abrió un Hospicio, se fundó el Montepío, se estableció un
Manicomio, se creó el Tribunal de Minería, se edificó la fortaleza de
Acapulco y se hicieron otras obras de utilidad y recreo.
Después la Audiencia, cuyo regente era Don Francisco Romá y Rosell,
estuvo unos cuatro meses al frente del virreinato.
Don Martín de Mayorga se hizo cargo del gobierno el 29 de agosto
de 1779. Cuando los Estados Unidos de América habían proclamado su
independencia y marchaban victoriosos en su lucha con Inglaterra,
España, no sin vacilar mucho, se unió con Francia (junio de 1779) para
tomar parte en la guerra contra la Gran Bretaña. Púsose a la cabeza de
nuestras tropas Don Martín de Mayorga, logrando algunas ventajas sobre
las armas británicas. No solamente la guerra, sino otra plaga peor
llevó el luto a muchas familias de Nueva España. Numerosas fueron las
víctimas que hizo, en el citado año de 1779, la epidemia de viruelas en
todo el país[308].
[308] _Archivo histórico nacional.--Cedulario índico_, tomo
XXXIX, núms. 36 y 37, págs. 69 v.ª a 73 v.ª
Ocupó el virreinato de México, después de un período de guerras y de
epidemias bastante largo, Don Matías de Gálvez, en abril de 1783. Es de
advertir que en dicho año España, con sentimiento de Carlos III, tuvo
que ceder a Inglaterra el territorio de Walix o Belice.
Después, la Audiencia, representada por su regente Don Vicente
Herreras, se encargó por corto tiempo del gobierno.
Don Bernardo de Gálvez, conde de Gálvez, hijo del anterior virrey, tomó
posesión del gobierno el 17 de junio de 1785. Su bellísimo carácter y
su inagotable caridad le granjearon muchas simpatías, y son timbre de
gloria sus campañas contra los ingleses en Luisiana.
Otra vez la Audiencia, cuyo regente era a la sazón don Eusebio Beleño,
se hizo cargo del poder. Por entonces se dispuso la división de
Nueva España en intendencias, que fueron las siguientes: _Veracruz_,
_Puebla_, _Oaxaca_, _Valladolid de Michoacán_, _Guanajuato_,
_Zacatecas_, _Mérida de Yucatán_ y la de _Sonora_ y _Sinaloa_.
Interinamente fué nombrado virrey el ilustrísimo Don Alonso Núñez de
Haro y Peralta, arzobispo de México, cargo que desempeñó desde el 8 de
Mayo de 1787 al 16 de agosto del mismo año.
Desde el 17 de agosto de 1787 al 17 de octubre de 1789 estuvo al frente
del virreinato Don Manuel Antonio Flores, que tuvo la dicha de recibir
la expedición botánica dirigida por Don Martín Sesé y Don José Lacarta,
organizada por Don Casimiro Gómez Ortega, director del Jardín Botánico
de Madrid. Creó Flores tres regimientos, a los que llamó _Nueva
España_, _México_ y _Puebla_.
También desde el 17 de octubre de 1789 hasta el 12 de julio de 1794
ocupó el virreinato el caballeroso y excelente don Juan Vicente de
Güemes Pacheco de Padilla, segundo conde de Revillagigedo. A los siete
días de encargarse del mando, o sea en la noche del 23 de octubre,
aparecieron asesinados en su casa el comerciante don Joaquín Dongo,
un cuñado suyo, cuatro dependientes, el cochero y cuatro criadas,
faltando de las cajas grandes cantidades de dinero y muchas alhajas.
Descubiertos los criminales, que eran tres extranjeros, fueron
ahorcados en la plaza pública. Organizó la policía, hermoseó la
capital, y al nivelar la plaza (17 diciembre 1790) se encontró la
piedra Tonalamatl o _Calendario mejicano_.
Una expedición que mandó al Norte del mar Pacífico (1791) para
descubrir un estrecho que uniese las bahías de Hudson y Baffin,
sólo dió por resultado la exploración del litoral hasta la isla
de Vancouvert. Arregló la administración de justicia, protegió la
instrucción pública, fomentó la industria y la minería y abrió nuevas
vías de comunicación. Como materiales para la historia de México, hizo
copiar los manuscritos que existían en los conventos o en poder de
particulares.
Procede registrar el siguiente hecho: el arzobispo de México remitió
al Conde de Floridablanca (27 enero 1792) un informe que se le
había pedido acerca de la conducta moral y política y modo de obrar
del virrey[309]. Posteriormente el mencionado virrey, conde de
Revillagigedo, escribió algunas cartas al conde de Aranda acerca de
emisarios propagandistas de la independencia[310].
[309] _Archivo de Indias.--Estado.--México._--Legajo 22 (7).
[310] Ibidem.--Leg. 2 (19).
Durante el virreinato de D. Miguel de la Grua Talamanca y Branciforte,
marqués de Branciforte, casado con D.ª María Antonia Godoy, hermana
del príncipe de la Paz, continuó la propaganda revolucionaria. Con
fecha 26 de Septiembre de 1795, el virrey escribió al duque de Alcudia,
remitiendo al mismo tiempo copia de un libelo introducido en aquel
virreinato y daba cuenta de las providencias que había tomado para que
se recogiesen el mencionado papel y otros de igual naturaleza[311].
Las sediciones interiores ocuparon mucho tiempo al virrey e igualmente
la propaganda revolucionaria de los franceses. Al príncipe de la Paz
dió cuenta (26 noviembre 1796) del expediente que hubo de formar para
recoger estampas que representaban el suplicio del rey de Francia y su
real familia[312]. No es de extrañar, pues, que la ciudad de México
escribiese una carta al citado Godoy relatando los hechos de lealtad,
méritos y servicios del marqués de Branciforte[313].
[311] Ibidem.--Leg. 4 (42).
[312] Ibidem.--Leg. 6 (81).
[313] Ibidem.--Leg. 17 (11).
Una de las primeras ocupaciones del virrey D. Miguel José de Azanza,
fué el descubrimiento de una conspiración que tenía por objeto la
independencia de México. Autores y cómplices cayeron en poder de
las autoridades[314]. Descubrióse en el año 1799 y se denominó la
conspiración de los _machetes_. El jefe de ella se llamaba D. Pedro
Portilla, hombre valeroso, enérgico y activo.
[314] Ibidem.--Leg. 9 (62).
Después del virreinato de don Félix Berenguer de Marquina (1800 a
1803), quien logró que fracasara la conspiración del indio Mariano en
Tepic, encaminada al restablecimiento de la monarquía azteca, ocupó
cargo tan importante don José de Iturrigaray (1803 a 1808). Debió
comenzar bien, por cuanto el ayuntamiento de la ciudad de México
escribió a S. M. informando de la felicidad que gozaba el reino con
el gobierno de Iturrigaray y pidiendo que continuase en él[315]. Lo
mismo pidieron los gobernadores de indios de las parcialidades de San
Juan y Santiago contiguas a la ciudad de México[316]. Sin embargo, se
halla probado que Iturrigaray era codicioso y avaro, como también es
indudable que remitió a España grandes cantidades, único modo de tener
contentos a los cortesanos y favoritos de Carlos IV y de María Luisa.
[315] _Arch. de Indias._--Estante 89.--Cajón 1.--Legajo 18.
(3).
[316] Ibidem.--Legajo 18. (2).
Bajo su gobierno y con anterioridad al año 1805, los Honorables Juez
James Workman y Coronel Lewis Kerr idearon un proyecto «para la
conquista de las Provincias Españolas» en América. Dicho proyecto contó
años después muchos partidarios, siendo algunos de ellos «personas
distinguidas.» Formaron una junta secreta, denominada _Asociación
Americana_; su objeto y planes se extendían a la conquista de Nueva
España, o más bien «a su emancipacion de toda dependencia y sujecion a
Dueños Europeos, erigiéndola en un Govierno independiente, aliado de
los Estados Unidos, y bajo su proteccion (sic)», deviendo ser el primer
paso que habían de dar la toma de Baton Rouge y tremolar allí «el
antiguo Estandarte Mejicano», proponiéndose «librar a los territorios
vecinos del yugo opresibo de los tiranos de España... y libertar a
México de un yugo que aborrece...» La Asociación Americana contaba
realizar otras dos expediciones con los auxilios de los Estados Unidos
y de México: la una por el rumbo de Bexar, y la otra desembarcando en
Panuco. Procesados los conspiradores principales, por haber intentado
«una expedición ilegal», se excusaron diciendo que sólo trataban de
prepararse para el caso de que España «se declarara enemiga» de los
Estados Unidos. Dióse la sentencia el 6 de mayo de 1807 por la sala
de la ciudad de Nueva Orleans[317], absolviendo a los acusados, sin
embargo de que uno de ellos vomitó las más injuriosas exprecciones
(sic) contra España y su gobierno en América, alegando justos
motibos--en el concepto suyo--para desear y tratar de la independencia
de ella. Alúdese en dicha causa a Aaron Burr, vicepresidente de la
República de los Estados Unidos, que también trató de invadir a Nueva
España, y al famoso General venezolano D. Francisco Miranda, ya
rebelado contra la Monarquía Española[318].
[317] Población hoy de los Estados Unidos, en la desembocadura
del Mississipí.
[318] _Documentos históricos mejicanos_, etc., tomo I, págs.
1-100.--México, 1910.
Acerca de la codicia y despotismo de Iturrigaray recordaremos que en
enero de 1808 un sobrino del conde de Campomanes--retirado en el pueblo
de San Juan Bautista Giguipilco, a 22 leguas de México--, dirigió sobre
el particular verídica representación a Fernando VII[319].
[319] _Arch. Hist. Nac.--Estado._--Leg. 57.--E. núm. 46.
Las noticias que daremos a continuación, las tomamos de la Relación
o Historia de los primeros movimientos de la insurrección de Nueva
España y prisión de su virrey D. José de Iturrigaray, escrita por el
capitán del Escuadrón Provincial de México D. José Manuel de Salaverría
y presentada al actual virrey de ella el Excmo. Sr. D. Félix María
Calleja (12 de agosto de 1816). Comienza diciendo que desde la llegada
del virrey a México, se notó que vendía todos los empleos, así civiles
como militares. D. Rafael Ortega, secretario particular del virrey,
imitando la inmoral conducta de su General, vendía su influjo a favor
de los injustos solicitantes, y una criada de la virreyna hacía lo
mismo con el favor de su señora[320]. El 8 de junio del año 1808,
hallándose Iturrigaray en San Agustín de las Cuevas, tuvo noticia
de los sucesos de Aranjuez y de la subida al trono de Fernando VII.
Hízose sospechoso de antipatriota, porque tanto él como su familia
acostumbraban a decir que Fernando VII jamás sería rey de España y que
Napoleón lo sacrificaría a su propia seguridad. Eran los consejeros del
virrey, Fray Melchor Talamantes, religioso mercenario, que aspiraba
a una mitra, y otro clérigo, que deseaba el patriarcado de la nación
española. Los togados Villa-Urrutia, Villa-Fañe y Fagoaga pretendían
los primeros cargos del imperio. El marqués de Rayas, los abogados
Verdad y Azcárate, el coronel Obregón y otros formaban también parte de
la camarilla del virrey. Los capitulares de la ciudad, gente ambiciosa
y perdida, convinieron, después de muchas juntas, reconocer al virrey
como soberano independiente con el nombre de José I, no sin pensar que
más adelante lo sacrificarían á su venganza[321]. Habiendo llegado a
México la noticia de que la nación española se había sublevado contra
los franceses, el virrey, aunque tal vez a disgusto de sus amigos y
de él mismo, se decidió a celebrar la coronación de Fernando VII,
ceremonia que se verificó a mediados de agosto. Contando Salaverría
(autor de esta Relación) con el apoyo del rico propietario Yermo, se
decidió a deponer al virrey. Ayudado por otros--pues Iturrigaray tenía
muchos enemigos--el 15 de septiembre de 1808 fué preso con toda su
familia, siendo nombrado sucesor interino, conforme a la Real orden
de 30 de octubre de 1806, D. Pedro Garibay, mariscal de Campo. El
acuerdo estuvo acertado al nombrar a Garibay. Iturrigaray fué llevado
a Veracruz, llegando en la noche del 28 del citado mes. Con fecha 16
de septiembre se publicó en México una proclama dando la noticia de
la deposición del virrey. En el mismo día se hizo inventario de las
alhajas encontradas en la habitación de Iturrigaray, que por cierto no
eran pocas ni de escaso valor, en particular las perlas y brillantes.
En un cajoncito que tenía un letrero que decía _Dulce de Querétaro_, se
encontraron 7.383 onzas de oro. En la persecución de que fué objeto don
José de Iturrigaray, debió influir la circunstancia de que el virrey
era hechura del príncipe de la Paz. Lo que puede sí asegurarse es que
fué absuelto del delito de infidencia y que algunos de sus parciales,
como el licenciado Juan Francisco Azcárate, «quedaron--según decreto
del virrey Venegas, del 27 de septiembre de 1811--en la buena opinión y
fama que se tenía de su honor y circunstancias antes de los sucesos de
1808.»
[320] _Documentos históricos mejicanos_, tomo II. México, 1910.
[321] Ibidem, pág. 306.
Gobernó D. Pedro Garibay diez meses. En su tiempo el licenciado D.
Julián de Castillejos hizo circular anónima proclama, y en ella
invitaba a los habitantes del país a «proclamar la independencia de
Nueva España, para conservarla a nuestro Augusto y amado Fernando
Séptimo, y para mantener pura e ilesa nuestra fe.» «En las actuales
circunstancias--decía--la soberanía reside en los pueblos.» Terminaba
con las siguientes palabras: «No se oiga de vuestros labios (se refería
a los habitantes de Nueva España) más voz que la de independencia.
Así seremos verdaderos defensores de nuestra Santa Religión y fieles
vasallos del amado y deseado Fernando Séptimo, y no esclavos del
tirano de la Europa.» Castillejos--como poco antes otros que habían
proclamado lo mismo--fué procesado y preso. No le valió decir que
la proclama era «inocente» y que no tendía a «una independencia
absoluta, infiel y rebelde», sino a una «hipotética y condicional,
supuesta la desgracia de que el tirano Napoleón subyugase a la
España», pues el juez consideró que estaba «vastamente combencido del
atrocisimo Crímen público de sedición y discordia, con las orribles
miras de independencia y rebilion contra nuestro Augusto Soberano»,
y lo sentenció a ser conducido a España bajo partida de registro,
a disposición de la Suprema Junta Central. No se pidió la pena de
muerte para «tan atroz y escandaloso delinquente», porque no convenía
aplicarla «en las apuradas circunstancias del día.» Indultado el
licenciado Castillejos «en virtud del decreto de las Cortes Generales
y Extraordinarias de 30 de noviembre de 1810» pudo regresar a Nueva
España; pero, apenas hubo pisado la tierra patria, fué de nuevo
reducido a prisión, por ciertas expresiones imprudentes que dijo y que
ofendieron mucho la extremada susceptibilidad del virrey Venegas.
También en los comienzos del año 1809 merecieron ser encausados Fr.
Miguel Zugasti y el Marqués de San Juan de Rayas, ambos por haber
censurado la prisión del virrey Iturrigaray, la que calificaron de
injusta, añadiendo el último que fué un atentado de «una canalla de
hombres.»
Garibay restableció la tranquilidad en Nueva España; pero su avanzada
edad no era muy a propósito para los graves cuidados del virreinato.
Era necesario y aun urgente el nombramiento de un virrey «de opinión,
de probidad y de carácter y que si fuese casado deje a todos sus
hijos en España en rehenes de su fidelidad, conforme a una antigua
y sabia ley de Indias.» D. Juan Jabat, comisionado de la Junta de
Sevilla, propuso la extinción total del ayuntamiento de México «por
haber provocado con escándalo la independencia del país.» Debía ser
sustituído por 12 vocales de los sujetos de más acreditada probidad
de México, la mitad europeos y la otra mitad criollos, los cuales
se renovarían cada seis años[322]. La necesidad de un virrey de
grandes prestigios determinó el nombramiento que hizo la Central (8
febrero 1808) a favor del secretario de guerra D. Antonio Cornel,
quien renunció el cargo fundándose en que era falta de patriotismo
salir de España en aquellas circunstancias. Admitiósele la renuncia y
continuó desempeñando la Secretaría de Guerra[323]. El 16 de febrero la
Junta Central acordó que desempeñase tan elevado puesto D. Francisco
Javier de Lizana y Beaumont, arzobispo de México, siendo celebrado su
nombramiento con bastante entusiasmo[324]. El mismo virrey, en carta
del 19 de agosto de 1809, dice a D. Francisco de Saavedra que tomó
posesión de sus empleos de virrey y gobernador el 19 de julio próximo
pasado, después de haber reiterado el juramento de obediencia a la
Suprema Junta Gubernativa[325]. Fiel a la persona de Fernando VII,
trabajó sin descanso por la causa de la legalidad.
[322] _Observaciones que presenta a S. M. la Junta Central,
el capitán de Navío D. Juan Jabat, de regreso de su Comisión
a las Islas y a la América Septentrional._--Sevilla 27 de
diciembre de 1808.--_Arch. Hist. Nac._--Estado.--Leg. 58-6,
núm. 98.
[323] _Arch. Hist. Nac._--Estado.--Leg. 54, F. núm. 100.
[324] Ibid. Leg. 57.--E. núm. 76.
[325] _Arch. de Indias._--Estante 89, cajón 1, legajo 19 (19).