CAPITULO XV

VIRREINATO DE MÉXICO: EL VIRREY MENDOZA Y LOS INDIOS.--EXPEDICIÓN

DE CORTÉS.--CREACIÓN DEL OBISPADO DE MICHOACÁN.--RELACIONES DE

LA AUDIENCIA CON PIZARRO Y CORTÉS.--INSURRECCIÓN DE JALISCO Y

MUERTE DE PEDRO DE ALVARADO.--POLÍTICA DEL CONDE DE TENDILLA.--LAS

«NUEVAS LEYES.»--MUERTE DE CORTÉS EN ESPAÑA Y DE ZUMÁRRAGA

EN MÉXICO.--IDEAS RELIGIOSAS DEL OBISPO.--AUDIENCIA DE NUEVA

GALICIA.--EL VIRREY VELASCO: SU POLÍTICA.--CREACIÓN DE LA

UNIVERSIDAD.--EL ARZOBISPO MONTUFAR Y LOS FRAILES.--EL VIRREY Y LA

AUDIENCIA.--GOBIERNO DE LA AUDIENCIA: PRISIÓN DE COSIJÓPII: MARTÍN

CORTÉS: LEGAZPI Y EL P. URDANETA SE DIRIGEN A FILIPINAS.--CONCILIO

EN MÉXICO.--EL VIRREY MARQUÉS DE FALCES: LA AUDIENCIA.--EL VIRREY

ENRÍQUEZ DE ALMANSA: EPIDEMIA DE FIEBRES TIFOIDEAS.--EL VIRREY

SUÁREZ DE MENDOZA: LA AUDIENCIA.--EL VIRREY MOYA DE CONTRERAS:

CONCILIO PROVINCIAL.--EL VIRREY MARQUÉS DE VILLA MANRIQUE: LOS

CORSARIOS.

El primer virrey de México, nombrado por Carlos V, fué el caballeroso

magnate D. Antonio de Mendoza, conde de Tendilla, comendador de

Socuéllamos y caballero de la orden de Santiago, hermano del

historiador D. Diego Hurtado de Mendoza y descendiente del insigne

poeta D. Iñigo López de Mendoza, marqués de Santillana. Llegó a México

el 1535. Uno de sus primeros actos fué dar libertad a los esclavos,

y prohibió, bajo duras penas, la antigua servidumbre de los indios;

medida tan digna de alabanza, como otras de justicia y caridad,

granjeándole todas el nombre de _padre de los pobres_, como le llamaban

los indígenas[261].

[261] Mereció que así le llamasen por su comportamiento con

los indios durante la terrible peste del año 1545.

Cuando Mendoza llegó a México, Hernán Cortés acababa de salir (7 junio

1535) al frente de una expedición hacia el Sur, llevando 113 peones y

40 jinetes. Recorrió las costas de Jalisco, volviendo en dos naves que

en su busca había mandado el virrey. Acerca de otro orden de cosas, el

conde de Tendilla, en carta dirigida al Emperador el 10 de Diciembre

de 1537, dice que el 24 de septiembre del mismo año tuvo aviso de que

los negros del país tenían elegido un Rey, disponiendo también matar a

todos los españoles y alzarse con la tierra, apoyados por los indios.

Añade que, descubierta la conjuración, hizo descuartizar a los más

comprometidos[262].

[262] _Colec. de doc. inéd. relativos al descubrimiento,

conquista y colonización de América y Oceanía._ Tomo II, pág.

198.

Por entonces se creó el obispado de Michoacán, siendo nombrado el oidor

Vasco de Quiroga, quien hubo de dejar la toga por la mitra.

Habiéndose fundado por Real orden un colegio para los indios en

Santiago Tlatelolco, el virrey, con verdadero interés, llevó a cabo

la obra y confió la enseñanza a los padres franciscanos. Del mismo

modo procuró la propagación del cristianismo con la ayuda de varios

religiosos, señalándose entre ellos Fr. Francisco de los Angeles, Fr.

Martín de Valencia y Fr. Pedro de Gante. No huelga registrar en este

lugar que siendo muy excesivos los derechos que los curas de Nueva

España llevaban por las misas, matrimonios y entierros, dióse Real

Cédula (16 abril 1538), mandando al virrey que los citados derechos

no excediesen del triplo de los que se pagaban en el arzobispado de

Sevilla[263].

[263] _Archivo histórico nacional.--Cedulario índico de

Ayala_, letra D.

Dos años después, por cédula de 30 de Abril de 1540, mandó S. M. a la

Audiencia de México que se enterase si el alcalde mayor de Veracruz (a

quien se le previno por el virrey de Nueva España que no permitiese

a Hernando Pizarro pasar a la metrópoli--pues venía oculto desde el

Perú--«hasta practicar con él cierta diligencia conveniente al real

servicio), dejó embarcar por dos mil castellanos que le dió, la mitad

en oro y lo demás en una cédula, a su mayordomo para que los pagase de

la hacienda que el dicho Pizarro tenía en el Perú...»[264]. Encargaba

también el Rey a la Audiencia que hiciera justicia en el asunto.

[264] _Archivo histórico nacional.--Cedulario índico de

Ayala_, letra A, tomo I, expediente 22.

Por la misma época, habiendo prohibido el virrey de México, bajo

graves penas, que el marqués del Valle (Hernán Cortés) se dirigiese

a las islas del mar del Sur con los navíos y gente que tenía

dispuestos--según formal capitulación--el Rey, con fecha 10 de julio

del año 1540, mandó a la Audiencia de México levantara al dicho marqués

cualquier embargo que le estuviese hecho por el expresado virrey, y

le dejara continuar libremente con sus navíos, capitanes y gente al

referido descubrimiento conforme a las capitulaciones[265].

[265] _Archivo hist. nac.--Ced. índico de Ayala_, letra D.

Tuvo bastante importancia la insurrección de los indios chichimecas

de Jalisco[266]. Fueron vencidos los españoles, quienes tuvieron que

encerrarse en la ciudad de Guadalajara. Pidióse socorro a México, que

tardó en llegar. En apuro tan grande se recibió la noticia de que D.

Pedro de Alvarado, Adelantado de Guatemala, acababa de llegar al puerto

de Navidad, el cual no sólo mandó auxilios a los españoles vencidos,

sino que él en persona se dirigió con cien soldados a Guadalajara,

ya casi en estado de sitio. Presentóse Alvarado en la ciudad el 12

de junio de 1541, marchando inmediatamente contra los sublevados, a

quienes llamaba «cuatro gatos encaramados en los riscos.» Encontrábanse

los indios en el cerro de Toc, tras fuerte recinto amurallado con

cercas de piedra. Alvarado, a la cabeza de los suyos, intentó abrir

brecha; mas tuvo que retroceder ante el número de los indios y el

ímpetu con que pelearon. Cuando los indígenas comenzaban a retirarse,

vió Alvarado que todavía continuaba huyendo el soldado Baltasar de

Montoya, y dirigiéndose a él le dijo: «Sosegáos, Montoya, que los

indios parece nos han dejado.» Sordo Montoya a la amonestación del

Adelantado, continuó espoleando al rocín, que resbaló en una de las

vueltas de la cuesta y cayó dando tumbos sobre Alvarado, arrastrándole

hasta el fondo de un barranco (24 junio 1541). Gravemente herido fué

trasladado a Guadalajara, donde murió el 4 de julio. Tal fué la suerte

del famoso conquistador de Guatemala. Orgullosos los indios con su

triunfo, pusieron sitio a Guadalajara el 15 de septiembre de 1541; el

Gobernador hizo una salida afortunada, teniendo aquéllos que levantar

el cerco y huir a las montañas. El virrey Mendoza, comprendiendo la

importancia de la insurrección, mandó dos veces fuerzas para sujetar a

los rebeldes, decidiéndose él a ir en persona. Salió de México el 1.º

de octubre de dicho año, y llegó a Tolotlán, comenzando desde allí la

lucha contra los enemigos. Acosados los indios por la sed y el hambre,

después de sangrientos combates y después de oir los consejos de los

Padres Segovia y Bolonia, hubieron de entregar la fortaleza del Mixtón,

sometiéndose 6.000, y los demás, con su jefe Tenamaxtl, se retiraron a

la sierra del Nayarit. Acordóse trasladar la ciudad de _Guadalajara_ al

valle de Atemaxac, y Mendoza dejó arreglado el emplazamiento (5 febrero

1542) que es el mismo que conserva a la sazón. A la vuelta del virrey a

México, y al pasar por el valle de Guayángareo, en Michoacán, ratificó

la orden--que dió el 23 de abril de 1541--para que se fundase la ciudad

de _Valladolid_ (hoy Morelia). Tanto adelantó la nueva población, que

en 19 de septiembre de 1553 se le concedió escudo de armas y título de

ciudad.

[266] Chichimeca, palabra de la lengua mejicana, se compone

de _chichi_, perro, y de _mecalt_, soga: esto es, perro de

trailla.

Llegó a la ciudad de México (8 marzo 1544) el visitador D. Francisco

Tello de Sandoval, inquisidor de Toledo. La comisión que traía era

influir para que se promulgasen las _Nuevas Leyes_, código publicado

por Carlos V, y en el cual tuvo no poca participación el Padre

Las Casas. Contra la promulgación de dicho Código se opusieron

enérgicamente los encomenderos. En tanto que Tello declaraba

impracticables las leyes y se volvía a España a dar cuenta de su

misión, lograba Las Casas que sus compañeros los obispos de Michoacán,

México, Tlaxcala, Oaxaca y Guatemala, é igualmente los prelados de las

Ordenes religiosas, aprobasen su _Formulario de Confesores_.

A la sazón Hernán Cortés, encontrándose poco atendido y aun pudiésemos

decir que en completo desacuerdo con el virrey Mendoza, abandonó por

segunda vez a América y se embarcó para España en compañía de su

hijo Martín. En la corte española fué recibido con cierto desdén, no

encontrando apoyo alguno. Sumamente contrariado, tomó la determinación

de seguir a Carlos V a la conquista de Argel, sufriendo mayores

desengaños, pues allí recibió inequívocas pruebas de la poca estima

en que se le tenía. Cuando se disponía regresar a México, después

de escribir desde Valladolid (3 febrero 1544) su última carta al

Emperador, fué atacado de aguda disentería, muriendo el día 2 de

diciembre de 1547 en Castilleja de la Cuesta, sin que el Consejo de las

Indias hubiera resuelto ninguna de sus reclamaciones.

También algunos meses después (3 junio 1548) falleció el ilustre

prelado Zumárraga. Hacía algún tiempo que había sido elevado el

obispado de México a arzobispado, dándole por sufragáneos los obispados

que existían entonces. Nombrado Zumárraga para tan elevado cargo,

falleció el día citado antes de vestir el sagrado palio. No cabe duda

alguna que el obispo de México era hombre bueno, justo y caritativo.

Tal vez--como decíamos en el primer tomo de esta obra al ocuparnos

de la lengua maya--su ferviente celo religioso le llevara a cometer

algunos errores «disculpables--escribe el Dr. León--todos ellos por el

modo de ser social de su tiempo y las necesidades del ejercicio de su

ministerio»[267]. Sobre asuntos religiosos dejó algunos escritos el

obispo. Hase dicho que _Los Catecismos_ de fray Juan Zumárraga eran

un extracto de la _Suma de Doctrina Cristiana_ del Dr. Constantino

Ponce de la Fuente, sabio magistral de Sevilla y elocuentísimo orador

sagrado. El Dr. Constantino fué procesado por sus creencias luteranas,

y habiendo fallecido en las cárceles de la Inquisición, sus huesos se

quemaron en auto de fe el 22 de diciembre de 1560; pero no se olvide

que Zumárraga había muerto unos diez años antes de que se sospechara

de la ortodoxia del Dr. Constantino, hasta el punto que dice que

_con examen_ y _aprobación_ hizo imprimir los dos tratados que forman

la _Doctrina_ de 1546, en los cuales _se hallará sana doctrina, con

algunos documentos saludables para común provecho_; y en el primer

colofón la califica otra vez de _doctrina católica_[268]. De modo que

el prelado creía reimprimir un libro católico; lo cual no es extraño,

porque las pocas proposiciones de sabor luterano que tiene la _Suma_

están muy veladas y cuesta trabajo dar con ellas. «La santa vida, las

buenas obras, la tranquila muerte del venerable Prelado; la última

amistad que tuvo con personas eminentes: reyes, gobernadores, jueces,

prelados, religiosos, clérigos; el duelo público que su muerte produjo;

los elogios que se le tributaron: todo excluye la idea de que, por

palabra ó por escrito, diera lugar á la menor sospecha contra su

ortodoxia»[269].

[267] _Hist. de México_, pág. 304.

[268] García Icazbalceta, _Nueva Colección de documentos para

la Historia de México_, tomo II, pág. 298.

[269] Adiciones y enmiendas a la obra intitulada _Don Fray

Juan de Zumárraga_, primer obispo y arzobispo de México.

_Estudio biográfico y bibliográfico_, por Joaquín García

Icazbalceta. México, 1881.

En el mismo año de 1548 (13 de febrero) se creó la Audiencia de la

Nueva Galicia, con residencia en Compostela, erigiéndose también la

sede episcopal de la misma. También algunos meses después, desde

Valladolid (24 de junio) se concedió a la ciudad de México el título de

_muy noble y muy leal ciudad_[270].

[270] _Archivo histórico nacional.--Cedulario índico_, tomo I,

pág. 192.

Los últimos años del gobierno de Mendoza fueron turbados por una

conjuración de españoles y dos insurrecciones de indios en la provincia

de Oaxaca; todas se sofocaron y castigados sus autores. Terminaremos el

virreinato de Mendoza, uno de los mejores de México, con la siguiente

noticia que no carece de interés y que prueba la fidelidad de la

provincia de Tlaxcala. «Atendido el constante zelo que en la conquista

de México manifestaron los de la provincia de Tlascala, les concedió

S. M. el privilegio de que en ningun tiempo pudiessen ser enagenados

de su Real Corona, ni sujetos ó encomendados á persona alguna»[271].

(Apéndice F.) Cesó Mendoza como virrey de México el año 1550, pasando

con el mismo cargo al Perú, donde los desórdenes eran cada vez mayores.

[271] _Ced. de 23 de marzo de 1547._--Vid. tomo 9 de ellas,

fol. 177 6.º núm. 299. _Arch. hist.º nacional.--Cedulario

índico de Ayala_, letra I, núm. 9.

Nombrado don Luis de Velasco virrey de México, hizo su entrada pública

el 25 de noviembre de 1550. Ya por una cédula de 16 de abril de dicho

año, Carlos V mandaba poner remedio a las diferencias que había entre

religiosos de distintas órdenes; favorecer la propagación de la fe

católica; defender a los indios de vejaciones; proteger el cultivo

de la seda, de la caña de azúcar y del lino; abrir caminos y levantar

puentes. Al poco tiempo y hallándose en Madrid, con fecha 14 de

diciembre de 1551, el Príncipe, en nombre del Emperador, dispuso que se

edificase la iglesia catedral de Oaxaca[272].

[272] _Archivo histórico nacional.--Cedulario índico_, tomo

XI, núm. 40, págs. 27 v.ª y 28.

Timbre de gloria será siempre para el virrey don Luis de Velasco la

inauguración (enero de 1553) de la Universidad de México[273]. Mereció

ser nombrado Rector el oidor Rodríguez de Quesada, citándose entre los

profesores Cervantes de Salazar, de Retórica; Fr. Diego de Peña, de

Teología (luego obispo de Quito); Dr. Melgarejo, de Cánones; Dr. Frías

de Albornoz (discípulo del jurisconsulto Diego de Covarrubias), de

Instituta, y Fr. Alonso de la Veracruz, de Sagrada Escritura.

[273] Desde Toro y con fecha 21 de septiembre de 1551, el

Príncipe, en nombre del Emperador, concedió la fundación de

dicha Universidad, con todos los privilegios, franquezas,

libertades y exenciones que tenía la de Salamanca.--_Ced.

índico_, tomo XXXIV, núm. 149, págs. 166 v.ª y 167.

Entre otros hechos que enaltecen el nombre de Velasco, no inferior al

del ilustre Mendoza, conde de Tendilla, recordaremos los siguientes:

Dió libertad a 160.000 que como esclavos trabajaban en las minas,

no sin oposición ruda de los egoístas encomenderos. Estableció la

Santa Hermandad a semejanza de la que existía en España, logrando,

después de castigar con la prisión y la muerte a muchos salteadores,

el restablecimiento de la seguridad personal. Con el objeto de

asegurar las comunicaciones con la villa de Zacatecas, famosa por sus

minas, y evitar las depredaciones de los chichimecas que recorrían

aquella tierra, hizo erigir dos colonias militares: San Felipe y San

Miguel[274].

[274] La citada villa fué fundada en el año 1548 por Cristóbal

de Oñate, Diego de Ibarra y Baltasar Temiño.

Habiendo sabido por Vázquez Coronado que más allá de Zacatecas había un

país muy rico, dispuso una expedición (1554), a cargo de Francisco de

Ibarra; Ibarra fundó los pueblos de _Nombre de Dios_, _Chalchihuites_

y _Nieves_. La provincia se denominó _Nueva Vizcaya_ y su capital fué

tiempo adelante _Durango_.

Durante el virreinato de Velasco ocupó la silla arzobispal de México,

por fallecimiento de Fr. Juan de Zumárraga, Fr. Alonso de Montufar,

dominico, natural de Loja y hombre de clara inteligencia. En un

concilio que en 1555 reunió en la capital se establecieron reglas de

disciplina. Es de lamentar la poca armonía que hubo entre el arzobispo

y los frailes. Cuando Montufar quería con empeño que las parroquias

fuesen servidas por clérigos regulares, una Real Cédula dada a 30 de

marzo de 1557 decidió el pleito en favor de los religiosos.

Obedeciendo Velasco órdenes de Felipe II, mandó una expedición (11

junio 1559) dirigida por Don Tristán de Luna y Arellano para la

conquista de la Florida; pero la armada que salió de Vera Cruz tuvo

fatal resultado.

Para terminar, diremos que el Rey, por intrigas de los encomenderos,

favoreció a la Audiencia en desprestigio de Velasco. Quejóse el

virrey, y entonces Felipe II, para arreglar el asunto, y también para

saber la verdad de todo, mandó al licenciado Jerónimo Valderrama con

el cargo de visitador. Valderrama se puso al lado de la Audiencia y

de los encomenderos. Los indígenas, cargados de mayores gabelas, se

contentaron con designar al visitador con el nombre del _azote de los

indios_. Agobiado, más por los disgustos que por la edad, murió Don

Luis de Velasco en la ciudad de México el 31 de junio de 1564, siendo

sepultado en la iglesia de Santo Domingo. El cabildo eclesiástico de

dicha capital escribió a Felipe II lo que a continuación copiamos:

«Ha dado en general á toda esta Nueva España muy gran pena su muerte,

porque con la larga experiencia que tenía, gobernaba con tanta rectitud

y prudencia, sin hacer agravio á ninguno, que todos le teníamos en

lugar de padre. Murió el postrer día de julio, muy pobre y con muchas

deudas, porque siempre se entendió de tener por fin principal hacer

justicia con toda limpieza, sin pretender adquirir cosa alguna,

mas de servir á Dios y á V. M., sustentando el reino en suma paz y

quietud.» En el gobierno de este insigne virrey y de su antecesor

Mendoza, que entre ambos duraron treinta y un años, se arregló toda la

administración política, civil y religiosa de la Nueva España[275].

[275] _Documentos para la historia de Bolívar_, ordenados por

José F. Blanco, tomo II, pág. 605.

Gobernó interinamente la Real Audiencia de México, compuesta a la sazón

de los oidores Ceinos, Villalobos y Orozco, los cuales mostraron poco

tino en aquellas circunstancias. Ocurrió por entonces un hecho que

llamó la atención pública, y fué que Cosijópii, rey que había sido

de Tehuantepec, convertido al catolicismo y bautizado con el nombre

de Juan Cortés Cosijópii, al mismo tiempo que levantaba templos al

Dios de la verdad, ofrecía en su palacio sacrificios a las falsas

deidades. Sorprendido una noche por Fray Bernardo de Santa María,

cuando vestido de blanca túnica y con la mitra en la cabeza hacía

las ceremonias gentílicas, fué reducido a prisión, con gran disgusto

de sus compatriotas. También durante el gobierno de la Audiencia

aconteció un suceso singular. Es el caso que Don Martín Cortés, hijo

del conquistador de México y de Doña Juana de Zúñiga[276], poseedor del

palacio de Moctezuma y de muchas villas, rico y fastuoso, se atrajo la

enemiga de los oidores de la Audiencia. Vino a agriar más los ánimos

el siguiente hecho: Con motivo de solemnizar el bautizo de dos hijos

gemelos que nacieron a Martín Cortés, se celebró un banquete en que

abundaron los brindis indiscretos y hasta imprudentes. Alarmada la

Audiencia, citó al marqués del Valle y a varios de sus amigos, entre

ellos a los hermanos Alonso y Gil González de Avila. Presentáronse en

la sala de los acuerdos el 16 de julio de 1566. Como el oidor Ceinos

intimase a don Martín orden de prisión por traidor a su Rey, el hijo

del conquistador de México echó mano a la espada y dijo: «Yo no soy

traidor al Rey, ni los ha habido en mi linaje.» Numerosa guardia le

redujo a prisión y también a otros muchos. Formóse un proceso, siendo

condenado D. Martín Cortés a perpetuo destierro y decapitados los

hermanos González de Avila. Tal ejecución causó general disgusto,

llegándose a temer, con algún motivo, un levantamiento contra la

Audiencia.

[276] Hernán Cortés tuvo otro hijo, llamado también Martín,

con la india Doña Marina.

Cinco meses después de la muerte del virrey Velasco, salió la flota

(21 noviembre 1564), como había ordenado Felipe II, del puerto de

Natividad (Nueva España) con el objeto de sujetar a la Corona las

islas Filipinas, ya descubiertas hacía veinte años. Mandaban la flota

Miguel López de Legazpi y el P. Fr. Andrés de Urdaneta. Dieron vista

a las Filipinas el 13 de febrero de 1565 y en abril del mismo año

entablaron relaciones con los indios de Cebú, que, si al principio

estuvieron recelosos, concluyeron por hacerse amigos de los españoles,

y fueron, puede decirse, la base de la conquista del archipiélago. Una

vez declarados súbditos de España los de Cebú, Legazpi despachó (junio

de 1565) al P. Urdaneta para que informase al Rey del éxito de la

conquista. Continuó Legazpi en su empresa, llegando, por fin, a Manila,

cuya población la erigió (19 mayo 1571) en capital del archipiélago.

En el año 1565 se reunió un segundo concilio provincial en México, más

importante, sin duda, que el convocado diez años antes[277]. Dispuso

el concilio que rigiesen las constituciones del Tridentino, dictándose

además otras disposiciones referentes a la vida de los eclesiásticos y

a la administración de Sacramentos. Los PP. del Concilio, con elevado

espíritu religioso, dirigieron al Rey una serie de peticiones en favor

de los indios.

[277] Asistieron el arzobispo de México y los obispos de

Chapas, Tlaxcala, Yucatán, Nueva Galicia y Oaxaca. Por muerte

de Quiroga, obispo de Michoacán, asistió un procurador.

El nuevo virrey D. Gastón de Peralta, tercer marqués de Falces, llegó

el 17 de septiembre de 1566. Encontróse con el proceso de don Martín

Cortés, marqués del Valle, asunto que le proporcionó serios disgustos.

Condenado a muerte por los oidores Luis Cortés, hermano de D. Martín,

el virrey casó la sentencia, conmutándola en servir al Rey por espacio

de diez años en Orán. Tanto mortificó a la Audiencia la determinación

del virrey que, en un momento de ira y sin documento alguno que

lo pruebe, escribió al monarca diciéndole que el marqués de Falces

era un traidor, pues al frente de 30.000 combatientes se disponía a

declararse independiente. El suspicaz Felipe II, creyendo que en la

denuncia podía haber algo de verdad, envió como jueces visitadores y

con amplias facultades a los licenciados Jaraba, Alonso Muñoz y Luis

Carrillo. El licenciado Jaraba murió durante la navegación, llegando

a México los otros dos en los comienzos de octubre de 1567. Muñoz era

hombre cruel y de malas inclinaciones; Carrillo era tan débil que

carecía en absoluto de carácter y fué un juguete en manos de Muñoz.

Ellos, sin consideraciones de ninguna clase, destituyeron al virrey

marqués de Falces y le sometieron a un proceso. Con mucha rapidez

sustanciaron las causas y con mucha rapidez comenzaron las ejecuciones.

Sufrieron la pena de muerte, como cómplices del marqués del Valle,

Gómez de la Victoria, Cristóbal de Oñate, Pedro y Baltasar de Quesada.

Tal indignación produjo la conducta de Muñoz, alma de todo aquello,

que Felipe II mandó que inmediatamente regresara a España. Cuando

se presentó en la corte, el Rey le dijo: «Te mandé a las Indias a

gobernar, y no a destruir», y le volvió la espalda, causando esto tal

efecto al visitador que--según cuentan--murió aquella misma noche. En

cambio, el Rey acogió cariñosamente a Falces.

Tomó posesión del virreinato D. Martín Enriquez de Almansa (5 noviembre

1568). Bajo su virreinato se descubrió el Nuevo México, y para asegurar

las comunicaciones con Zacatecas se fundaron colonias militares, pues

no eran bastantes las dos que estableció el virrey don Luis de Velasco.

Celebróse en 1571 el quincuagésimo aniversario de la conquista,

confundiéndose en las fiestas los mejicanos y tlaxcaltecas con los

españoles, lo cual parecía mostrar el acabamiento de los odios entre

vencidos y vencedores. Al lado de noticia tan grata pondremos otras

desagradables; éstas son: 1.ª, que en el citado año de 1571 se hubo de

establecer el Santo Oficio en Nueva España, siendo el primer Inquisidor

general D. Pedro Moya de Contreras; 2.ª, que terrible epidemia--tal vez

fiebres tifoideas--causó innumerables víctimas en los años 1576 y 1577.

Dávila Padilla en su _Historia de los dominicanos_ dice que murieron

más de dos millones de habitantes.

Suárez de Mendoza y Figueroa (D. Lorenzo), conde de la Coruña, se

encargó del virreinato en el año 1580 y murió el 19 de junio de 1583.

Fray Jerónimo de Mendieta, desde Traxcalla y con fecha del 16 de

septiembre de 1580, dirigió al virrey Suárez de Mendoza una carta en la

que le decía: «es muy necesario tomar el fin y pretensión del Gobierno

muy al contrario del que en estos tiempos se ha tenido, no pretendiendo

el oro ni la plata ni el interés temporal de principal intento, sino

la cristiandad y la conservación y aumento de estos naturales», siendo

de notar «la insaciable codicia de nuestros españoles, que donde quiera

que entramos, somos como la sanguijuela, que chupamos la sangre y la

vida de aquellos a quien nos allegamos; mayormente de estos pobres

indios, como de su parte no tienen ninguna resistencia»[278].

[278] Joaquín García Icazbalceta, _Nueva colección de

documentos para la Historia de México_, tomo IV, págs. 229 y

230.--México, 1892.

La Audiencia, que después del virreinato del conde de la Coruña,

gobernó interinamente un año largo, nada hizo que fuese digno de

especial mención.

Ocupó el gobierno D. Pedro Moya de Contreras desde septiembre de 1584 y

asumió en su persona los cargos de arzobispo de México y de visitador

y virrey de Nueva España. Su amor a la justicia fué tan grande que

destituyó a algunos oidores de moralidad dudosa e hizo ahorcar a

varios oficiales reales. Convocó el tercer concilio provincial,

al que asistieron los obispos de Guatemala, Michoacán, Tlaxcala,

Yucatán, Nueva Galicia y Oaxaca, proclamándose que el primer deber de

los prelados era «defender con todo el afecto del alma y paternales

entrañas a los indios recien convertidos a la fe, mirando por sus

bienes espirituales y corporales.»

D. Alvaro Manrique de Zúñiga, marqués de Villa Manrique, reemplazó a

Moya de Contreras e hizo su entrada solemne en México el 18 de octubre

de 1585. Nada hizo de notable en los cuatro años largos que estuvo

al frente del gobierno. Los corsarios Drake y Cavendish cometieron

algunas depredaciones en las costas del virreinato, teniendo la fortuna

el primero de apresar el galeón _Santa Ana_, que venía de las islas

Filipinas con rico cargamento. Por ello fué tratado el virrey de poco

activo y aun de descuidado. Del mismo modo fué censurado duramente por

el siguiente hecho. Es el caso que Núñez de Villavicencio, oidor de la

Audiencia de Nueva Galicia, contrajo matrimonio, contra lo dispuesto

en una Real cédula de 10 de febrero de 1575, con una rica mujer de

Guadalajara. Destituyólo el virrey; pero la Audiencia protestó. A tal

punto llegó la enemiga entre ambas autoridades, que Felipe II, para

cortar de raiz el mal, separó del virreinato a Villa Manrique.

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo II · 第 35 / 141 题