CAPITULO X

CONQUISTA DE VENEZUELA Y DE LAS GUAYANAS.--LOS INDÍGENAS.--EL

BANQUERO WELSER: ALFINGER, SAYLER Y FEDERMANN.--HOHERMUTH Y

HUTTEN.--EL DORADO.--FRÍAS Y CARVAJAL EN CORO.--CONCEPCIÓN DE

TOCUYO.--CRUELDAD DE CARVAJAL.--GOBIERNO DE PÉREZ DE TOLOSA:

ENCOMIENDAS.--VILLEGAS: LOS BUCANEROS: BURBURUATA: NUEVA

SEGOVIA.--EL REY MIGUEL.--INSURRECCIÓN DE LOS JIRAHARAS.--GOBIERNO

DE VILLACINDA.--VALENCIA DEL REY.--GARCÍA DE PAREDES: TRUJILLO:

LOS INDIOS.--LOS GOBERNADORES RUIZ Y COLLADO: FAJARDO.--FUNDACIÓN

DE ROSARIO Y COLLADO.--VENEZUELA EN 1560.--LOPE DE AGUIRRE,

EL TIRANO.--RODRÍGUEZ.--LOS GOBERNADORES BERNÁLDEZ Y PONCE DE

LEÓN.--LOSADA Y LOS INDIOS: FUNDACIÓN DE CARACAS.--NUESTRA SEÑORA

DE CARAVALLEDA.--LOS GOBERNADORES SERPA Y MAZARIEGO.--FUNDACIÓN DE

SANTIAGO Y DE SAN JUAN.--LOS INDÍGENAS.--LOS GOBERNADORES PIMENTEL,

ROJAS Y OSORIO.--LA GUAIRA: GUANARÉ.--DRAKE EN CARACAS.--EL

GOBERNADOR PIÑA.--VERSOS DE CASTELLANOS.--CONQUISTA DE LAS

GUAYANAS.--ESPAÑOLES, INGLESES, HOLANDESES Y FRANCESES EN LAS

GUAYANAS.

Consideremos la provincia que se llamó primeramente _Venezuela_ y

después _Caracas_, y que se extendía por el Norte desde un punto

indeterminado de la costa de Cumaná hasta el Cabo de la Vela. Los

_caracas_, _arbacos_, _caribes_ y otras tribus bárbaras establecidas,

ora en las fragosidades de la sierra, ora en las costas, resistieron

valerosamente las acometidas de los primeros conquistadores de España.

Poco tiempo después, la Audiencia de Santo Domingo, para impedir

que los indígenas de las islas vecinas cayesen sobre las costas

venezolanas, mandó (1527) a Juan de Ampués, factor de la Real Hacienda,

con 60 hombres. Desembarcó Ampués en la costa de Coriana, territorio

del cacique Manaure o Anaure, y fundó en seguida una población que

llamó _Santa Ana de Coro_. El comportamiento de Ampués con los indios

fué generoso y dulce.

Por entonces, el emperador Carlos V dió _licencia y facultad_ (27

marzo 1528) a los alemanes Enrique Ehinger (o Alfinger, según la

ortografía tradicional) y Jerónimo Sayler, para que por sí, ó en

su defecto Ambrosio y Jorge Ehinger, hermanos de Enrique, pudiesen

_descubrir y conquistar y poblar_ las tierras de la costa comprendida

entre el Cabo de la Vela (límite de la gobernación de Santa Marta) y

Maracapana «con todas las yslas que están en la dha. costa, eçeptadas

las que están encomendadas y tiene a su cargo el fator Joan de

Ampués.» El 23 de octubre del citado año, Enrique Alfinger y Sayler

delegaron todos sus poderes en Ambrosio Alfinger, quien se encontraba

ya en la Isla Española como factor de los Welser[194], banqueros de

Augsburgo. La mencionada capitulación estipulaba lo siguiente: que

los alemanes, en el plazo de dos años, fundarían dos poblaciones, que

cada una había de tener lo menos 300 hombres; llevarían 50 mineros

alemanes para repartirlos en Tierra Firme y en las islas; edificarían

tres fortalezas. Se les concedía el 4 por 100 de _todo el provecho

de la conquista_, exención de los derechos de almojarifazgo para los

mantenimientos llevados de España, a condición de no venderlos; doce

leguas cuadradas de tierra para explotarlas por cuenta propia; derecho

de introducir de las islas Española, Cuba y San Juan, los caballos y

cualquier otro ganado que quisieran; exención del impuesto sobre la

sal; no pagar al Tesoro, durante los cuatro primeros años, más que el

décimo del impuesto sobre el producto de minas (gracia que se aumentó

en 1531 a diez años); sacar del arsenal de Sevilla todo lo necesario

para equiparse; autorización para reducir a la esclavitud a los indios

rebeldes, conformándose en esto a las leyes y pagando el quinto al

Rey. Se concedió además, al que cumpliese la obligación, el cargo de

Gobernador y Capitán general de las tierras conquistadas «para todos

los días de su vida,» con el sueldo anual de 300.000 maravedises; a

Alfinger y Sayler el título hereditario de Alguacil mayor de S. M., y

el de Adelantado, también hereditario, a uno de los dos, designado por

ellos mismos. No pasó mucho tiempo, después de hecha la capitulación,

sin que Alfinger y Sayler solicitasen de Carlos V que sus derechos

en la provincia de Venezuela pasaran a Antonio y Bartolomé Welser;

lo que se acordó en el año 1531 por otra capitulación semejante a la

anterior[195].

[194] Belzar, escriben otros.

[195] _Archivo general de Indias_ en Sevilla. Est. 1, caj.

1, leg. 1/27, ramo 12: _Descubrimientos, descripciones y

poblaciones tocantes al nuevo reino de Granada_, años de 1526

a 1591.--Gil Fortoul. _Historia Constitucional de Venezuela_,

tomo I, págs. 4 y 5.

Bartolomé Welser, el _Rothschild del siglo_ XVI, como le llama el

historiador Scherr[196], tenía entre sus principales deudores al

emperador Carlos V. El César empeñó o vendió Venezuela al citado

banquero. Ambrosio Dalfinger, natural de Ulma, agente de los Welser

cerca de la corte de Madrid, dejando en representación suya a sus

compatriotas Federmann y Bartolomé Sayler, se izo a la vela en octubre

de 1529 con 780 hombres (alemanes, españoles y portugueses) y 80

caballos, dirigiéndose a Venezuela, de cuyo territorio, con objeto de

colonizarlo, tomó posesión para la casa Welser. Entonces tuvo Ampués

que retirarse a su primera gobernación de las islas de Oruba, Curazao y

Bonaire.

[196] _Germania_, pág. 210.

Dalfinger se dirigió á explorar el lago de Coquibacoa, en cuyas riberas

fundó un pueblo o ranchería de unos 60 españoles, dándole el nombre

indígena de _Maracaibo_. Regresó a los ocho meses a Coro, encontrándose

con Federmann y con Hans Seissenhoffer (llamado por los españoles Juan

el alemán). A Federmann le entregó el gobierno, retirándose él (junio

de 1530) a Santo Domingo a curarse de una enfermedad.

Federmann salió en el mes de septiembre del mencionado año de 1530 con

rumbo al Sur, acompañándole unos cien blancos y otros tantos indios.

Habiendo descubierto la provincia de Varaquecemeto (Barquisimeto),

dió la vuelta a Coro en marzo de 1531. Dalfinger, que por entonces

había sido confirmado en su cargo de Gobernador, juzgó que Federmann

no le era fiel, obligándole por ello a embarcarse para España. En

seguida emprendió segunda expedición hacia Maracaibo, llegando hasta

el territorio del Nuevo Reino de Granada. Recorrió mucha tierra y dió

en todas partes pruebas de su indomable valor. En una gran batalla que

tuvo con los indios, fué herido en la garganta, decidiendo entonces

volverse a Coro. Dalfinger en esta jornada destruyó y devastó todo

lo que hallaba a su paso. «No tenía nada que envidiar este _Cortés

alemán_ al famoso jefe español en valor y energía; pero le aventajaba

en dureza y crueldad»[197]. Según nuestro cronista Herrera, valiéndose

de su maestre de campo Francisco del Castillo, ahorcó, azotó y afrentó

a muchos hombres de bien[198]. Llevaba dos años en Coro, cuando a

consecuencia de las heridas que recibiera en su lucha contra los

indígenas, murió (1532).

[197] Scherr, _Germania_, pág. 210.

[198] _Década V_, lib. II. cap. II.

Cuando en España se recibió la noticia de la muerte de Dalfinger,

se nombró a Federmann (julio de 1533); pero hallándose este último

y sus protectores los Welser en litigio, se convino (diciembre de

1534) en reemplazarle con Jorge Hohermuth (de Spira). Sin embargo de

ello, Federmann, ya porque no supiera oficialmente el nombramiento de

Hohermuth, ya porque se creyese autorizado por los Welser, emprendió

su viaje a Venezuela (comienzos de 1535), encontrándose en Coro con el

Gobernador. Ambos, considerando que la colonia sólo existía de nombre,

acordaron repartirse la gente y marchar cada uno por su lado en busca

de oro.

Federmann, acompañado de Pedro de Limpias, se internó por Maracaibo,

Carora, Barquisimeto, los llanos hasta el Meta, traspasando los Andes

y llegando a la altiplanicie de Bogotá. Encontróse allí con otras dos

expediciones: la de Belalcázar que llegaba de Quito, y la de Gonzalo

Jiménez de Quesada que venía de la costa de Santa Marta. Después de

larga disputa sobre los mejores derechos de cada uno, acordaron marchar

a España y defender sus pretensiones ante el Consejo de Indias (1539).

El Consejo falló en favor de Quesada.

Entretanto el gobernador Hohermuth y Felipe de Hutten, con 361 hombres

y 80 caballos, salieron de Coro (mayo de 1535) en busca de _El Dorado_,

tomando el camino de Barquisimeto, Portuguesa y Barinas. En enero del

siguiente año se hallaban por las orillas del Apure, en abril por las

del Arauca y en agosto por las del Mota. Intentaron subir los Andes y

no pudieron, regresando al cabo de tres años a Coro, bastante diezmados

por cierto, pues sólo eran 86 hombres y 24 caballos.

Los empleados y colonos españoles continuaban en Coro quejándose

amargamente de los alemanes porque les vendían a precios excesivos los

caballos, las armas, la sal, todo. Para averiguar el fundamento de

semejantes quejas, la Audiencia de Santo Domingo mandó (1536) como juez

de residencia a un Dr. Navarro, quien suspendió de su empleo y declaró

culpable a Hohermuth. No era Navarro el hombre que necesitaba Coro en

aquellas circunstancias, y a tal punto llegaron sus abusos, que el

Cabildo y los vecinos pidieron su destitución. En efecto, fué llamado

por la Audiencia (1540) y habiendo muerto por entonces Hohermuth, se

encargó provisionalmente del gobierno el obispo Rodrigo de Bastidas.

Tiempo adelante, Felipe de Hutten se puso al frente del gobierno, y

soñando como poco antes el gobernador Hohermuth con la leyenda de _El

Dorado_, marchó a descubrirlo (agosto de 1541) en compañía de Pedro de

Limpias, Bartolomé Welser, Sebastián de Amescua, Martín de Arteaga,

el Padre Frutos y unos 150 soldados. En tanto que Hutten, siguiendo

el mismo camino que Federmann, recorría tierras y más tierras,

importándole poco la enemiga de los hombres, los ataques de las fieras

y los bruscos cambios del clima, la Audiencia de Santo Domingo nombraba

juez de residencia al fiscal Juan de Frías, quien inmediatamente

que llegó a Coro (octubre de 1544) condenó a los Welser a perder el

gobierno y a devolver al Tesoro 30.000 pesos oro.

Coincidió también con estos hechos la presencia de Juan de Carvajal

en Coro, nombrado--según rezaban los papeles que presentó--gobernador

interino. Algunos llegaron a creer, quizá con razón, que los citados

papeles estaban falsificados. Juan de Carvajal, llevando de teniente

a Juan de Villegas, al frente de 200 hombres, tomó nueva dirección,

deseoso de descubrir nuevos países y adquirir riquezas. Carvajal y

Villegas, ayudados de Diego de Losada y de Diego Ruiz de Vallejo,

fundaron (7 diciembre 1545) la ciudad de _Nuestra Señora de la

Concepción del Tocuyo_. Por cierto que como llegase a tocar por allí

la última expedición que se dirigió al fantástico El Dorado, Carvajal,

decidido a hacerse dueño del gobierno, hizo asesinar a Felipe de

Hutten, Bartolomé Welser, Diego Romero y Gregorio de Placencia (1546).

Puede afirmarse que con la tragedia del Tocuyo terminó de hecho la

dominación de los Welser[199].

[199] Durante nueve años no cesaron los Welser de solicitar

de la corte la renovación de sus privilegios, decidiéndose al

fin el 13 de abril de 1556, que no tenían derecho a nombrar

Gobernador, puesto que dejaron de cumplir algunas cláusulas de

la capitulación.

No estará demás recordar aquí que en Venezuela, para dirigir los

asuntos políticos, hubo gobernadores y capitanes generales, nombrados

los primeros por cinco años y los segundos por siete[200].

[200] En las provincias de Cumaná, Margarita, Guayana,

Maracaibo y Mérida sólo hubo gobernadores; en la de Caracas

el Gobernador adquirió el título de capitán general,

extendiéndose su autoridad a todo el territorio venezolano

desde 1777.

Después de la administración de los banqueros alemanes Belzares,

Carlos V nombró gobernador de Venezuela al segoviano Juan Pérez de

Tolosa, hombre instruído, generoso y prudente. Lo primero que hizo fué

restablecer el orden y el imperio de la ley; se dedicó en seguida a

hacer nuevo repartimiento de encomiendas, no sin manejarse con justicia

y desinterés, y posteriormente dispuso expediciones militares. Dirigió

la primera Alonso Pérez, hermano del Gobernador, saliendo del Tocuyo

en los primeros días de febrero de 1547, al frente de cien hombres.

Empleó en ella dos años y medio, perdió bastante gente y nada adelantó

ni consiguió de provecho. Otra expedición realizó Juan de Villegas,

mandando ochenta hombres, que también salió del Tocuyo en septiembre

de 1547. Recorrió dilatados países y el 24 de diciembre del citado año

tomó posesión de la laguna de Tacarigua con las formalidades usadas a

la sazón. «Llegó (Villegas)--dice el escribano Francisco de San Juan--á

la ribera de la laguna y cogió agua della, y con una espada cortó ramas

y se paseó por la dicha ribera de la dicha laguna, y por otras partes,

y se mandó poner y se puso junto á la dicha laguna una cruz de madera

hincada en el suelo; lo cual todo dijo que hacía é hizo en señal de

posesión, la cual tomó quieta y pacíficamente, sin contradicción de

persona alguna que yo el dicho escribano viese ni oyese; y de todo

ello como pasó el dicho señor teniente del gobernador lo pidió por

testimonio, siendo presentes por testigos á lo susodicho el capitán

Luis de Narváez, é Per Alvarez, teniente de veedor de S. M. en la dicha

jornada, é Pablos Xuárez, alguacil mayor, é Juan Domínguez Antillano,

y Gonzalo de los Ríos, y Sancho Briceño, y Juan de Escalante, y otros

muchos.» Trasladó Villegas su campamento a la costa y dispuso (24

febrero 1548) la fundación de una ciudad que se llamaría de _Nuestra

Señora de la Concepción de Burburuata_.

Por muerte de Pérez de Tolosa se encargó interinamente de la

gobernación de la provincia Juan de Villegas (comienzos de 1548).

Deseando que su gente adquiriese hábitos de tranquilidad y sosiego,

determinó fundar ciudades y repartir la tierra por encomiendas. Para

la realización de lo primero, mandó al veedor Pedro Alvarez a poblar

la Burburuata, quien dió comienzo a su obra el 26 de mayo de 1549.

Algunos de los nuevos vecinos la abandonaron pronto, molestados por las

hostilidades de los _filibusteros_ o _bucaneros_, piratas establecidos

en las pequeñas Antillas y que se ocupaban en robar los navíos que

regresaban de las Indias. Quitaban la vida a los españoles que caían en

sus manos para vengar--decían--las ofensas cometidas por aquéllos con

los indígenas tomándoles como esclavos. Dichos filibusteros, hez de las

sociedades europeas, de tal modo acosaron a los vecinos de Burburuata

que, estos últimos, posteriormente, y siendo D. Pedro Ponce de León

gobernador de la provincia, la abandonaron por completo. También Juan

de Villegas, habiendo tenido la fortuna de encontrar rico venero de

mineral en las riberas del Buria, fundó en el valle de Barquisimeto, a

mediados del año 1552, la ciudad de _Nueva Segovia_, nombre que después

se olvidó. Los vecinos de dicha ciudad la trasladaron al sitio que al

presente tiene la de Barquisimeto.

Uno de los negros que trabajaban en las minas, llamado Miguel, a la

cabeza de algunos de sus compatriotas, se declaró en abierta rebelión,

cayendo sobre los mineros y matando a varios. Orgulloso con su

victoria, y apoyado también por algunos indios, se retiró a la montaña,

donde formó una población cercada de empalizadas y trincheras. Tomó el

título de Rey y dió el de Reina a una negra llamada Guiomar, juró como

sucesor a un hijo suyo pequeño, nombró obispo a otro negro y estableció

las dignidades y empleos de aquella reciente y ridícula monarquía.

Cuando se creyó fuerte, salió con su ejército, e intentó una sorpresa

contra Nueva Segovia, siendo derrotado y teniendo que retirarse a su

guarida. Los vecinos de Nueva Segovia y de Tocuyo cayeron sobre el

audaz reyezuelo, que murió peleando valerosamente y castigados con el

suplicio o esclavitud los restantes rebeldes.

Movidos por el ejemplo de los negros esclavos, se levantaron en armas

los indios _jiraharas_, tribu belicosa que habitaba en las tierras

de Nirgua, próximas a las minas. Ni Villegas, ni Alonso Arias de

Villacinda, su sucesor en el gobierno el año 1554, pudieron vencer a

los bravos jiraharas.

Villacinda, con los vecinos que pudo conseguir de Coro, Tocuyo y

Segovia, y poniendo al frente de ellos a Alonso Díaz Moreno, hizo que

en el año 1555 se fundase una ciudad que se llamó _Valencia del Rey_

en el valle de Tacarigua. Murió Villacinda el 1556, hallándose en

Barquisimeto.

Los alcaldes del Tocuyo se encargaron del gobierno de la ciudad y

dispusieron importante expedición a la provincia de los _cuicas_, que

se hallaba al poniente de aquella capital. Encargóse la empresa a

Diego García de Paredes, natural de Trujillo (Extremadura), quien, con

70 infantes, 12 jinetes y muchos indios yanaconas, atravesó el país

de los cuicas, llegando a un villorrio de indígenas llamado Escuque,

en las vertientes del río Motatan. Allí hizo levantar la ciudad de

Trujillo, como recuerdo del lugar de su nacimiento[201]. Regresó

García de Paredes al Tocuyo a dar cuenta de su encargo. Entretanto los

españoles de Trujillo, sin temor a Dios ni a los naturales del país,

robaron bienes y abusaron de las mujeres, respondiendo los indios a

tamaños ultrajes matando a cuantos españoles encontraban desprevenidos

y poniendo cerco a dicha población. Si acudió García de Paredes en

auxilio de la nueva ciudad y derrotó a los indios, rehechos los últimos

al poco tiempo, obligaron al extremeño a volverse al Tocuyo (1557).

[201] Tres veces cambiaron de sitio sus vecinos,

estableciéndose por fin (1570) donde a la sazón se levanta la

ciudad. Nadie ignora que las primeras casas que se construían

entonces eran de maderas atadas con bejucos; después, si el

sitio parecía seguro, los habitantes levantaban casas de tapia

y las cubrían con teja.

En el mismo año que acabamos de citar, la Audiencia de Santo Domingo

nombró gobernador interino de Venezuela a Francisco Ruiz, que continuó

la reedificación de Trujillo, si bien cambiando el nombre por el de

_Miravel_.

No carece de curiosidad la expedición realizada por Francisco Fajardo,

natural de Margarita, hijo de un hidalgo español y de una india

guaiqueri, la cual descendía de Charaima, señor del valle de Maya.

En abril de 1555 salió Fajardo de Margarita en compañía de tres

paisanos suyos, descendientes de españoles, y 20 indios que tenían el

mismo origen que su madre. Recorrió, haciendo el oficio de mercader,

dilatados países hasta que llegó al río Chuspa, encontrando en todas

partes amoroso recibimiento, que aumentó cuando los indios supieron que

por las venas del comerciante corría sangre indiana. Volvió a Margarita

para volver el año 1557 en compañía de su madre y de 100 indios

quaiqueries, que eran vasallos de ella, y de seis españoles y mestizos.

En Piritu hizo escala, donde se le reunieron cinco españoles y 100

indígenas más, y, continuando su camino, desembarcó un poco a sotavento

del puerto de Chuspa (hoy _Panecillo_). Cuando los caciques de la

tierra y los indígenas vieron a Fajardo acompañado de su madre, para

obligarles a que viviesen entre ellos, les ofrecieron graciosamente

el valle del Panecillo. Antes de decidirse Fajardo, volvió sobre sus

pasos y se presentó en Tocuyo para dar cuenta de todo a Gutiérrez de la

Peña (1557-1559), gobernador en aquella época de la provincia, mientras

su gente se ocupaba en el Panecillo de levantar casas donde poder

alojarse. Peña alabó la resolución de Fajardo y le dió título para que

pudiese gobernar toda la costa y levantara las poblaciones que juzgase

necesarias al progreso de la conquista. Despidiéronse Fajardo y Peña,

marchando el primero al Panecillo, donde edificó una villa, que llamó

del _Rosario_. A la paz sucedió pronto la guerra, teniendo Fajardo que

abandonar dicha villa y retirarse a Margarita, llegando en los últimos

días del año 1558. Perdió Fajardo a su madre en Rosario y se atrajo

el odio de los indios, porque, con falsas palabras, citó al cacique

Paisana a una entrevista en aquella población, y allí, pretextando

avisos secretos, le hizo ahorcar en su propia casa.

Habiendo llegado a Venezuela Pablo Collado (1559), gobernador

propietario, encargó a García de Paredes que continuase la conquista

del territorio de los cuicas. Lo primero que hizo García de Paredes

fué sustituir su primer nombre (Trujillo) a la ciudad y la trasladó a

otro sitio, pasando luego a un tercero, hasta que el 1570 se fijó en un

valle formado por dos montes que se apoyaban en los Andes. Del mismo

modo el pueblo de Nirgua, fué pasando de un sitio á otro. También, bajo

el gobierno de Pablo Collado, el intrépido Fajardo, por tercera vez,

se dirigió a Costa-Firme, con 200 indios y 11 españoles. Presentóse al

cacique Guaimacuare, señor de Cernao y amigo suyo. Dejando su gente al

cuidado del cacique, dió la vuelta a Valencia, pudiendo conseguir de

Collado la autorización para conquistar, poblar y gobernar. Volvió en

los primeros días del año 1560, recorriendo dilatados países y fundando

en el puerto de Caravalleda una villa, a la que dió el nombre de

_Collado_, en obsequio del Gobernador. Lo que creyó Fajardo que iba a

ser su felicidad fué su perdición. Descubrió veneros de oro en tierras

de los teques, cuyas muestras mandó a Collado; mas el gobernador

español, revocando los poderes que antes le diera, le mandó llevar

preso a Burburuata y le quitó el nombramiento de teniente general

conquistador, para dárselo á Pedro Miranda. Después puso en libertad a

Fajardo, convencido de su lealtad y le nombró justicia mayor de Collado.

Por su parte Miranda, que tenía buena cantidad de oro en polvo, se

embarcó para Burburuata. Cuando el gobernador Collado vió el oro y se

enteró de lo muy pobladas que estaban las tierras de Caracas, mandó al

extremeño Juan Rodríguez Suárez, con 35 hombres. Rodríguez, después de

atravesar la loma de los arbacos, entró en la de los teques. Pronto

tuvo que combatir con Guaicaipuro, a quien venció completamente. No

temiendo ya al mencionado cacique, dejó en las minas la gente que creyó

necesaria, y con ella tres hijos suyos pequeños, y salió a recorrer

la provincia entrando por las tierras de los quiriquires y de los

mariches. Al regresar por el valle de San Francisco, se le presentó un

indio y le dijo: «Señor, los que trabajaban en las minas son muertos

y con ellos tus hijos.» En efecto, Guaicaipuro cayó una noche sobre

los mineros, degollándolos a todos y también a los tres pequeñuelos.

Poco después Paramaconi, cacique de los taramainas, por sugestiones de

Guaicaipuro, penetró en el valle de San Francisco, donde Fajardo se

había establecido, y allí destruyó un ato de ganado, dispersando las

reses, quemando las cabañas y matando á los pastores. Noticioso Juan

Rodríguez del ataque de Paramaconi, volvió al socorro de los suyos y en

el mismo sitio donde habían estado las cabañas, levantó una villa, que

llamó, como el valle, de _San Francisco_.

Aunque en el año 1560 era deplorable el estado de las comarcas

venezolanas, hallándose decaídas completamente la agricultura, el

comercio y la industria en general, como también abandonada la

administración pública, por orden de D. Antonio Hurtado de Mendoza,

marqués de Cañete y virrey del Perú, se dirigió poderosa expedición a

conquistar rica provincia de los omaguas. Después de varias revueltas y

muertes de los jefes de la expedición, Lope de Aguirre, natural de la

villa de Oñate (Guipúzcoa), hombre aficionado a motines, feroz y más

loco que cuerdo, marchó a Margarita. «Su persona--dice Oviedo--a la

vista muy despreciable, por ser mal encarado, muy pequeño de cuerpo,

flaco de carnes, grande hablador, bullicioso y charlatán.» Venía desde

el Perú, habiendo dado muerte a su jefe Pedro Ursúa. Gonzalo de Zúñiga

dice que acostumbraba mostrarse caballeroso con las mujeres, tal vez

por influencia de su hija «que era--añade--mestiza, que trujo del Pirú,

a la cual quería y tenía en mucho: nunca jamás se halló hacer fuerza ni

deshonra a ninguna, antes las tenía muy á recaudo y siguras de ningun

mal; y de sus honras tenía el tirano una cosa por extremo, que las que

eran honradas mujeres las honraba mucho, y a las malas las deshonraba y

trataba muy mal.» No respetaba ni leyes ni autoridades. Acostumbraba a

decir que las tierras de Indias le pertenecían lo mismo que al Rey. Con

razón las crónicas de la conquista le denominaban _el tirano_. Arribó

a uno de los puertos de la isla Margarita, y allí cometió terribles

crueldades, pues mató al gobernador Villandrando, a un alcalde, a

un regidor, al alguacil mayor, a dos señoras principales y a otros

españoles. Pasó con tres fustas que tenía prevenidas a Burburuata y la

saqueó, puso cerco a Valencia, y temiendo un choque con Gutiérrez de la

Peña y García de Paredes, se dirigió a Barquisimeto, en la que entró el

22 de octubre de 1561, con las banderas desplegadas y al estruendo de

salvas de mosquetería. Según su costumbre saqueó la ciudad, y cuando

vió que los suyos desertaban, aumentando en cambio los soldados de

Peña y García de Paredes, resolvió volver a Burburuata para embarcarse

allí y llegar al Perú. Abandonado de todos los marañones, con la sola

excepción de Antón Llamoso, cuando comprendió que su fin se acercaba,

para que su hija no le sobreviviese y la infamaran después, le quitó

la vida a puñaladas. Llegó García de Paredes, siendo muerto el tirano

a arcabuzazos el 27 de octubre de 1561. Cuéntase que el loco Lope de

Aguirre hubo de escribir a Felipe II una carta y en ella, entre otras

cosas, le decía lo siguiente: «Por cierto tengo que van pocos reyes

al cielo, porque creo fuérades peores que Luzbel, segun tenéis la

ambición, sed y hambre de hartaros de sangre humana»[202].

[202] Oviedo y Baños, _Historia de Venezuela_, tomo I, pág.

325.

Volvemos a continuar la historia del extremeño Juan Rodríguez, que

interrumpimos para tratar de otros asuntos. Cuando Juan Rodríguez,

con algunos de los suyos, se encaminó a Valencia, dejando su gente

en San Francisco, después de llegar al río de San Pedro, al subir

la montaña de las Lagunetas, le salió al encuentro gran golpe de

arbacos capitaneados por Terepaima, al mismo tiempo que Guaicaipuro

subía tras él la cuesta. Rodríguez y los que le acompañaban pelearon

como buenos, cayendo al fin uno tras otro. «Prestó Rodríguez grandes

servicios al Nuevo Reino de Granada, habiéndose debido a sus esfuerzos

la conquista de los indios timotes y la fundación de la ciudad de

_Mérida de los Caballeros_ (1558), cuyo distrito pertenecía por aquel

tiempo al virreinato de Santa Fe»[203]. Contra la dominación española

se levantaron los indios con fortuna, hasta el punto que derrotaron

completamente (enero de 1562) las fuerzas que mandó Collado y de las

cuales dió el mando a Luis de Narváez. Sólo tres españoles pudieron

escapar de la muerte.

La Audiencia de Santo Domingo, conocedora de aquellos hechos, envió al

licenciado Bernáldez para que se encargara del gobierno de Venezuela y

remitiese a su antecesor Collado preso a España. Acontecía todo esto en

agosto de 1562. Bernáldez, poco conocedor de los asuntos políticos y de

las cosas de la guerra, nada hizo de provecho. Don Alonso de Manzanedo,

nombrado en la corte sucesor del gobernador Collado, llegó a Coro; pero

habiendo fallecido a principios del año 1564, volvió la Audiencia a

encargar a Bernáldez del gobierno.

[203] Baralt, _Resumen de la Hist. de Venezuela_, Hist.

Antigua, págs. 203 y 204.

Bien será afirmar que por entonces se hallaba olvidada la conquista

del país de los caracas, a causa de las tremendas desgracias sufridas

por los españoles. Sólo uno, descendiente de indios, estaba decidido

a volver a la lucha, aunque perdiese la vida. Era éste Fajardo. Desde

que llegó a Margarita sólo pensó en buscar recursos, los que encontró

hallándose dispuesto en los comienzos de dicho año a emprender la

campaña. Despachó sus soldados hacia el río Bordones, a sotavento

de Cumaná, con órdenes de que le esperasen. En el tiempo en que se

disponía a incorporarse con ellos, recibió un mensaje de Alonso Cobos,

justicia mayor de Cumaná, quien le rogaba pasase a verle, a fin de que

el odio que hasta entonces se profesaban, se convirtiera en íntima

amistad. Accedió Fajardo, se presentó sólo a Cobos, quien, con una

maldad y fiereza como no hay ejemplo, le hizo encerrar en una prisión

y mandó ahorcarle. Si el pequeño ejército de Fajardo se disolvió

cuando se vió sin jefe, los margariteños se dispusieron a vengar a

su compatriota. Capitaneados por el justicia mayor de Margarita,

atravesaron el canal, entraron de noche en Cumaná, cogieron preso a

Cobos y le condujeron a Margarita. Sustancióse la causa, y por orden de

la Audiencia de Santo Domingo fué ahorcado aquel miserable.

Decidióse a la sazón el gobernador Bernáldez a emprender la conquista

de los caracas[204]. Al frente de unos cien hombres, acompañado del

mariscal y regidor perpetuo de todas las ciudades de Venezuela--pues

tales títulos le había dado la corte a Gutiérrez de la Peña--, se

dispuso Bernáldez a la guerra. Llegaron los expedicionarios al angosto

valle que forma el Tuy, volviéndose desde allí ante los muchos indios

que tenían enfrente. «Así concluyó--escribe Baralt--la expedición del

licenciado Bernáldez, sin ningún fruto, sino es el nombre de _Valle del

Miedo_ que impuso la opinión común a la angostura del Tuy, en donde lo

tuvieron tan cerval los españoles»[205].

[204] Bernáldez fué gobernador interino desde 1562 a 1563;

Alonso Manzanedo desde 1563 a 1564, y Bernáldez (segunda vez)

desde 1564 a 1565.

[205] Ibidem, p. 208.

En el año 1565 llegó de España el gobernador D. Pedro Ponce de León,

con órdenes del Rey para conquistar pronto aquella tierra. Es de

advertir que ya Bernáldez se disponía a hacer segunda entrada al país

de los caracas, llevando por cabo de ella al valeroso Diego de Losada.

Ponce de León confirmó el nombramiento en favor de Losada. En los

comienzos del año 1567 salió Losada del Tacuyo a la cabeza de pequeño

ejército, compuesto de 150 soldados (20 de a caballo, 50 arcabuceros

y 80 rodeleros) y 800 personas de servicio, muchas de ellas indios,

con 200 bestias de carga y considerable número de carneros y ganado

de cerda. Dirigióse por la ribera septentrional del lago, el río

Aragua y el _Valle del Miedo_, encontrando al enemigo en la cuesta

de las Cocuizas. Comenzaron el ataque los indios; pero se retiraron

pronto en completo desorden. Al día siguiente volvieron los arbacos

con mayores bríos a la lucha, y aunque pelearon con arrojo, fueron

derrotados en el mismo sitio que tiempo atrás había sido muerto

Narváez. Posteriormente Guaicaipuro, que se gloriaba de haber vencido

a Fajardo, a Miranda, a Rodríguez Suárez y a Narváez, fué vencido

en el valle de San Pedro (25 marzo 1567). Continuó Losada su camino

y llegó al valle que Fajardo denominó de _Cortés_ y él le dió el

nombre de _Valle de la Pascua_, porque allí pasó la de Resurrección.

Entrado el mes de abril, se trasladó al valle de los caracas, llegó

al sitio donde estuvo la villa de San Francisco e intentó atraerse

con halagos a los indígenas. No fué posible, porque aquellas gentes

querían guerra y a la guerra se dispuso Losada. Para emprenderla con

ventaja se decidió, en la sierra que habitaban los indios _caracas_ y

en el mismo sitio que Fajardo estableció la villa de San Francisco,

levantar él una ciudad que llamó _Santiago de León de Caracas_, a fin

de perpetuar el nombre del Patrón de España, el del Gobernador y el

indígena de los habitantes del país. Púsose la primera piedra el 25

de julio, día de Santiago. Los nombres Santiago de León se olvidaron

pronto, quedando sólo el de la tribu, esto es, Caracas, hoy capital del

Estado. En poco tiempo la nueva población realizó grandes progresos,

contribuyendo a ello el abandono voluntario que en el año 1568 hicieron

de la Burburuata sus vecinos, pasándose á vivir, los unos a Valencia, y

los otros, los más, a Caracas. Después, conociendo Losada la necesidad

de establecer en la marina un pueblo que facilitase sus comunicaciones

con la metrópoli, bajó a la costa, y en el mismo sitio donde estuvo

el Collado echó los cimientos de la ciudad de _Nuestra Señora de

Caravalleda_ (18 septiembre 1568). En seguida dispuso, con objeto de

premiar los méritos de sus compañeros de armas, el repartimiento de

las encomiendas; mas los indios, cada vez más rebeldes, no querían

tratos de ninguna clase con los españoles. Concibió Losada un proyecto

verdaderamente extravagante. Dijo que el cacique Guaicaipuro era

súbdito de España y como tal él le sumariaba y condenaba a prisión

por sus muertes y rebeldías. Francisco Infante, alcalde de Caracas, se

encargó de reducir a prisión al cacique, y al frente de 80 soldados

veteranos y buenos guías, llegó al retiro de Guaicaipuro, quien se

defendió con sublime valor, cayendo al fin muerto y junto a él sus

veintidós flecheros. Otros caciques pagaron también con la vida su

amor a la libertad. Sucedió todo esto en el año 1569. El gobernador

Ponce de León separó después de su cargo a Losada, encargando de la

continuación de la conquista a su hijo Francisco Ponce de León. Diego

de Losada--dice Oviedo y Baños--«fué natural del reino de Galicia,

caballero muy ilustre, hijo segundo del señor de Ríonegro, de gallarda

disposición y amable trato, muy reportado y medido en sus acciones, de

una conversación muy amable y naturalmente cortesano.» Como la mayor

parte de los conquistadores, Losada castigó con mano de hierro a muchos

caciques y repartió entre sus compañeros las tierras conquistadas a

los infelices indios. Se retiró al Tocuyo, donde murió--según los

cronistas--el año 1569.

También el 1569 murió en Barquisimeto Ponce de León, dejando el

gobierno a los alcaldes ordinarios, los cuales hubieron de gozar de

absoluta autoridad en sus respectivos distritos. Del de Caracas se

encargó Garci-González de Silva, que sometió a los caciques Paramaconi,

Conocoima y Sorocaima.

La Audiencia de Santo Domingo, habiendo muerto Ponce de León, nombró

gobernador interino de la provincia de Venezuela a Juan de Chaves.

Bartolomé García, que desempeñaba el mando de la ciudad de Santiago,

fué desgraciado en su lucha con los indígenas sus vecinos.

Al mismo tiempo (1569) salió de España D. Diego Fernández de Serpa

con el encargo de poblar y gobernar las tierras de «Cumaná, Guayana

y Caura», que habían de tomar el nombre de «Gobernación de la Nueva

Andalucía.» Llegó a Tierra Firme el 13 de octubre con 280 hombres

de guerra y pobladores, casados todos, estableciéndose en _Nueva

Córdoba_[206]. En tanto que Serpa se dirigía a fundar en la ribera del

Neverí la ciudad de _Santiago de los Caballeros_, que él destinaba para

capital de las provincias de Píritu, Cumanagoto y Chacopata, Pedro

de Ayala y Francisco de Alava, tenientes del Gobernador, marcharon a

explorar, el primero las tierras de Cariaco y el segundo las montañas

del Sur, volviendo los dos, dando noticias de haber recorrido dilatados

campos plantados de maíz, yuca y batatas, no sin advertir que los

indios llevaban en narices y orejas arcos de oro, las indias cintas

de perlas, una de estas cintas apreciada en «más de mil y quinientos

ducados.» Por lo que a la expedición de Serpa se refiere, habremos

de decir que un capitán llamado Juan de Salas, a quien el Gobernador

castigara por desobediente, pudo huir de la prisión, pasándose al campo

enemigo. Púsose al frente de los cumanagotos y chacopatas, y cayendo

sobre sus compatriotas en una emboscada, resultaron muertos Serpa,

algunos jefes y buen número de soldados.

[206] En el año 1585 cambió el nombre de _Nueva Córdoba_ por

el de _Santa Inés de Cumaná_.

D. Diego de Mazariego se presentó en Coro el mes de febrero de

1572 con el nombramiento en propiedad de Gobernador. Comprendiendo

que sus muchos años le impedían tomar parte activa en los asuntos

gubernamentales y de guerra, hizo sus tenientes a Diego de Montes

y a Francisco Calderón. Montes dió la comisión al capitán Juan de

Salamanca para que fundase una población, la cual hubo de intitularse

_San Juan Bautista del Portillo de Carora_ (19 junio 1572); Calderón

trató de oprimir a los mariches y dió el encargo de ello a Pedro Alonso

Galeas, soldado antiguo y de natural fiero. Entre la gente estaba el

valeroso Garci-González y el cacique Aricabacuto con algunos de sus

vasallos. Guiado Galeas por Aricabacuto salió al Tuy, que entonces

dividía los términos de los mariches y quiriquires. En el dicho río

se presentó el cacique Tamanaco, que fué derrotado por Pedro Alonso,

y, hecho prisionero, murió despedazado por un perro (propiedad de

Garci-González) de singular fiereza. De dicha manera se logró la

reducción de los mariches. Para sujetar a los teques, salió de Caracas

el alcalde Gabriel de Avila (1573) que logró, sin oposición alguna,

restablecer el antiguo real de Nuestra Señora. Luego, deseando los

españoles asegurar la tranquila posesión de los veneros de las minas,

acordaron que Garci-González, con el objeto de que no se repitiese

el triste caso de Juan Rodríguez en la montaña de las Lagunetas,

sorprendiera en su retiro a Conopoima, uno de los caciques de los

teques. No pudo sorprender á Conopoima, si bien aquella tribu belicosa,

por las mañas de los españoles, decayó tanto que, medio siglo después,

apenas existía. Retiróse luego a las riberas del Aragua y al antiguo

valle de la Pascua, donde aún se conservan restos. Consiguieron los

españoles, a los diez años de lucha, sujetar las diferentes tribus de

los caracas, siendo las últimas que lucharon por su independencia las

de los quiriquires y tumuzas.

A fines del año de 1577 llegó de España D. Juan de Pimentel, enviado

por la corte para suceder en el gobierno a Mazariego. Fijóse el nuevo

Gobernador en trasladar de Coro a Caracas el asiento permanente

del gobierno, quedando en aquella población la catedral[207].

Garci-González, autorizado por Pimentel, peleó sin descanso con

los indígenas y en el país de Crecrepe fundó un establecimiento que

llamó del _Espíritu Santo_. En una llanura que servía de asiento a

la población del cacique Cayaurima, luchó con los _cumanagotos_,

_chacopatas_, _cores_ y _chaymas_, llevando los nuestros la peor parte.

Garci-González hubo de abandonar el pueblo del _Espíritu Santo_ para

fundarlo con el mismo nombre entre los _quiriquires_; tampoco tuvo

mejor éxito, pues, como dice Baralt, «mala mano tenía el extremeño para

esto de levantar ciudades.»

[207] En el año 1613 el obispo Fray Juan de Bohorques

marchó a la Ciudad de Caracas, quedando en Coro el cabildo

eclesiástico, que también se trasladó en 1636 por orden del

obispo D. Juan López Agurto de la Mata.

D. Luis de Rojas, sucesor de Pimentel, llegó en octubre de 1583 y se

encargó del gobierno. Concedió Rojas a Sebastián Díaz de Alfaro, la

empresa de fundar en 1584 una ciudad a orillas del Tuy, que denominó

_San Juan de la Paz_, y cuya existencia fué corta; y en el mismo año

trazó la planta de _San Sebastián de los Reyes_, población que aún

subsiste. Dispuso Rojas lejana expedición al país de los cumanagotos.

Ninguno para realizarla más apropósito que Cristóbal Cobos, vecino

de Caracas é hijo de aquel miserable que dió muerte a Fajardo. Cobos

desembarcó en la costa de los cumanagotos, comenzando en seguida

a guerrear con los naturales. Prosiguió su camino a la provincia

de Chacopata, donde asentó su campo y donde trabó reñida refriega,

teniendo la fortuna de coger prisionero al cacique Cayaurima. En 1585,

a la boca del Neveri, estableció una ciudad que llamó _San Cristóbal

de los Cumanagotos_, en memoria de sus victorias sobre aquella tribu

belicosa. Durante el gobierno de Rojas el país de los cumanagotos se

agregó a Cumaná en perjuicio de Venezuela. Otro perjuicio fué que

teniendo las ciudades regidores armados, los cuales gozaban del derecho

de nombrar alcaldes, Rojas quitó dicho privilegio a Caravalleda (1586),

nombrándolos él para el año siguiente. Como los regidores rechazaran la

imposición, Rojas los hizo llevar presos a Caracas.

Sustituyó a Rojas en el gobierno D. Diego Osorio, que llegó a Caracas

el año 1587. Antes, en calidad de interino y nombrado por la Audiencia

de Santo Domingo, desempeñó el gobierno Rodrigo Núñez de Lobo.

Procediendo al juicio de residencia, Rojas, odiado por todos, lo mismo

españoles que naturales del país, mereció ser reducido a prisión y que

sus bienes fuesen embargados. Respecto al suceso de Caravalleda, los

regidores recobraron la libertad; mas se negaron a repoblar la ciudad.

Osorio, comprendiendo de necesidad absoluta el tener un puerto en la

marina que sirviese de escala a las relaciones entre la metrópoli y la

colonia, fundó el _puerto de la Guairá_ (1589).

Trabajo costó a Osorio poner orden y arreglo en los negocios públicos.

La mala administración de Rojas había llevado el desconcierto y el

desbarajuste a todas partes. No se creyó el Gobernador, para la

realización de ciertas reformas, con atribuciones, decidiéndose, como

deseaba el cabildo, mandar a la corte un individuo que solicitase

dichos poderes. Este individuo lo fué Simón Bolívar, quien se encargó

de tan difícil misión el año 1589. El comisionado logró del Rey todo

lo que deseaban sus vasallos de Venezuela, «agregando otras mercedes

de más ó menos provecho para la provincia, entre ellas la suspensión

del derecho de alcabalas por diez años, á condición de contribuir al

Erario las ciudades con una pequeña cantidad, el permiso de introducir

cien toneladas de esclavos africanos sin pagar derechos reales, y la

gracia de nombrar todos los años una persona que llevase por su cuenta

un navío de registro al puerto de la Guaira»[208]. Volvió Simón Bolívar

a Caracas a mediados del año 1592. Osorio, considerando la mucha

distancia que había desde las ciudades del Tocuyo y de Barquisimeto,

guiando al Sur hasta los límites de su provincia con las del Nuevo

Reino de Granada, encargó a Fernández de León la fundación de _Guanaré_

(1593), a orillas del río del mismo nombre, bajo la advocación del

_Espíritu Santo_. Creyó Osorio que era conveniente obtener del Monarca

la declaración de perpetuidad de los cabildos (1594), sin comprender,

tal era el atraso en que se hallaba entonces la ciencia política y

administrativa, que la forma electiva era la propia de la institución

municipal. Cuando apenas convalecía la provincia del hambre ocasionada

en 1594, el corsario inglés Francisco Drake recaló a media legua a

barlovento de la Guaira (comienzos de junio de 1595), se apoderó de

Caracas, donde permaneció ocho días, al cabo de los cuales se retiró

ordenadamente a sus bajeles. Al año siguiente (1596) murió en Puerto

Belo el citado Drake, primero pirata y después almirante de Inglaterra.

Volvió Osorio a Caracas el 1596 y, con sentimiento general de la

provincia, abandonó el país por haber sido promovido a la presidencia

de la Audiencia de Santo Domingo.

[208] Baralt, ob. cit., pág. 256.

Sucedióle D. Gonzalo Piña Lidueña, hombre bueno, que murió en 1600,

dejando repartida la autoridad entre los cabildos de las ciudades.

Ponemos fin a la conquista de Venezuela con una composición poética, en

la cual el conquistador Castellanos (que escribió en verso las crónicas

de Cubagua, Venezuela, Cabo de la Vela y Nuevo Reino de Granada),

refiere cómo se libró cierta india de Maracaibo, en los comienzos de

dicha conquista, del amor de un portugués[209].

[209] Además de las poblaciones ya citadas, se fundaron otras

que habían de tener mucha importancia, ora por el número de

sus habitantes, ora como centros mercantiles. _San Cristóbal_

por Juan de Maldonado (1561); _Nueva Zamora_ o _Maracaibo_ por

Alonso Pacheco (1571): el _Espíritu Santo de la grita_ por

Francisco de Cázares (1576); _Altamira de Cázares_ por Andrés

Varela (1577); _Victoria_ por Francisco Loreto (1595), etc.

Era india bozal, mas bien dispuesta;

y el portugués, que mucho la quería,

con deseo de vella más honesta

vistióle una camisa que tenía:

Hízola baptizar, y con gran fiesta

debió celebrar bodas aquel día:

que en entradas vergüenza se descarga

para poder correr a rienda larga.

Estaban en Zavana de buen trecho,

y llegada la noche muy oscura,

el portugués juntóla con su pecho

para poder tenella más segura.

Ambos dormían en pendiente lecho,

según uso de aquella coyuntura;

fingió la india con intento vario

ir a hacer negocio necesario.

Levantóse del lusitano lado,

y sentóse no lejos dél, que estaba

los ojos en la india con cuidado

de ver si más a lejos se mudaba:

siendo de su mirar asegurado

viendo que la camisa blanqueaba

la india luego que la tierra pisa

quitóse prestamente la camisa.

Y al punto la colgó de cierta rama,

por cebo de la vana confianza;

aprestó luego más veloz que gama

con el traje que fué de su crianza:

él pensaba lo blanco ser la dama;

mas pareciendo mal tanta tardanza,

le decia: «Ven ya, niña Tereya,

á os brazos do galan que te deseya»...

Viendo no responder, tomó consejo

de levantarse con ardiente brío,

diciendo: «¿Cuidas tú, que naon te veyo?

Véyote muito bein per o atavio.»

Echóle mano, mas halló el pellejo

de la querida carne ya vacío:

tornóse, pues, con sola la camisa,

y más lleno de lloro que de risa[210].

[210] Castellanos, _Elegías_, 2.ª parte, Introducción.

Confinan las Guayanas al N. y E. con el Atlántico, al S. con el Brasil

y al O. con Venezuela. Su longitud está comprendida entre 59° y 67°

al O. y su latitud entre 1° y 8° al Norte. Parece ser que el primero

que exploró, en el año 1499, las costas de las Guayanas, fué Yáñez

Pinzón. Establecidos los españoles en Tierra Firme, realizaron algunas

expediciones en busca de oro al Orinoco, por cuya cuenca y por la

del río Amazonas se extiende el inmenso territorio de las Guayanas.

Intentó Diego de Ordax, en 1527, la conquista y colonización del país,

recorriendo con dicho objeto, al frente de 800 hombres, gran parte

del río de Paria. En el año 1531 murió Ordax en la expedición. Nada

de provecho consiguieron sus sucesores Jerónimo Ortal, Padre Ayala

y Antonio de Berrío, fundador de Santo Tomé (1584), como tampoco

los alemanes Federmann y Spira que entraron por Venezuela. Muchos

aventureros, ya españoles, ya extranjeros, atraídos por la leyenda de

_El Dorado_, penetraron en las Guayanas. Entre los extranjeros ninguno

tan notable como Walter Raleigh, que se presentó en 1595 a disputar

a los españoles el dominio del Orinoco, comenzando por poner preso a

Berrío en San José de Oruña (isla de Trinidad), y después le llevó

como guía a buscar, ora la fantástica ciudad de Manoa, ora el fabuloso

El Dorado. Walter Raleigh regresó a Inglaterra y Berrío continuó su

gobierno hasta su muerte (1600). Su sucesor e hijo Fernando Berrío se

dedicó a la cría de ganado vacuno, siendo destituído el 1609 por Sancho

de Alquiza, juez de residencia, y que gobernó siete años, hasta la

llegada de don Diego Palomeque de Acuña. Apareció por segunda vez, ya

con más recursos (enero de 1618) el citado Raleigh, quien dispuso que

su teniente Keymis se apoderase de Santo Tomé. Murió en el asalto el

valeroso Palomeque y la población fué completamente destruída. Raleigh

se atrajo la enemiga y el odio de la gente del país, de los españoles

y aun de los mismos ingleses. Cometió, pues, tantos desmanes, abusos y

tropelías en sus dos expediciones que, habiéndose quejado el gobierno

español al de Inglaterra, fué encerrado en la Torre de Londres. Se le

acusó principalmente de haber incendiado la ciudad española de Santo

Tomás y de haber sacrificado al gobernador Palomeque. Conjurados contra

él todos sus enemigos, fué condenado a muerte y conducido al suplicio.

El amigo íntimo de la poderosa reina Isabel murió con el mismo valor y

altivez con que había vivido.

Fernando de Berrío, no bien logró ser repuesto en su antiguo cargo,

llegó al país en mayo de 1619, dedicándose a reconstruir la ciudad en

los llamados hoy _Castillos de Guayana la Vieja_.

Por lo que respecta a los holandeses, recordaremos que se establecieron

en 1556 en las riberas del río Demerara; pero tiempo adelante se

apoderaron de algunas tierras vecinas (1581). Expulsados de ellas,

fundaron posteriormente la ciudad de _Stabrock_ ó Georgetown y

extendieron su poder hasta el río Esequibo.

Los franceses, por su parte, en el año 1604, no teniendo en cuenta los

derechos de los españoles, se establecieron en Cayena.

Más temor que los franceses, inspiraban los holandeses. Estos, cuando

se formó en 1621 la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales,

atacaron, saquearon y quemaron dos veces--una en 1629 y otra en 1637--a

Santo Tomás. Las Guayanas, por mucho tiempo, sufrieron terribles

acometidas de sus enemigos.

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo II · 第 28 / 141 题