CAPITULO II

ESTADOS UNIDOS DE LA AMÉRICA DEL NORTE.--EXPEDICIÓN DE VÁZQUEZ

DE AYLLÓN, GÓMEZ, NARVÁEZ Y SOTO A LA FLORIDA.--LUCHA ENTRE

FRANCESES Y ESPAÑOLES.--VERRAZAIN EN LA CAROLINA DEL NORTE Y

EN OTROS PAÍSES.--DRAKE EN CALIFORNIA.--VIZCAÍNO, CARDONA Y

OTROS.--WALTER RALEIGH EN VIRGINIA: GUERRA ENTRE INDÍGENAS E

INGLESES.--GOSNOLD EN NUEVA INGLATERRA, PRING EN LOS ESTADOS DEL

MAINE Y MASSACHUSSETTS, Y WEYMOUTH EN LAS MISMAS COSTAS.--COLONIA

FUNDADA POR NEWPORT.--JAMESTOWN.--COMPAÑÍA DE LONDRES.--GOBIERNO DE

VIRGINIA.--LA ESCLAVITUD.--ESTADO DE LAS RESTANTES COLONIAS.--LOS

HOLANDESES.--EXPEDICIONES DE HUDSON Y DE BLOCK.--COMPAÑÍA

OCCIDENTAL.--NUEVA AMSTERDAM.--COMPAÑÍA SUECA.--FIN DEL DOMINIO

HOLANDÉS.--COMPAÑÍA DE PLYMOUTH.--LOS PURITANOS EN NUEVA

INGLATERRA.--COLONIAS DE MASSACHUSETTS, MARIANA, LACONIA, NUEVA

ESCOCIA, SALEM, RODE-ISLAND, CONCORD Y CONNECTICUT.--LA CORONA

Y LAS COLONIAS.--MARYLAND.--LAS CAROLINAS.--CONSTITUCIÓN DE

LOCKE.--COLONIAS DE CABO FEAR Y DE CHARLESTOWN.--ESTADO INTERIOR DE

LAS COLONIAS DE CHARLESTOWN Y DE LAS CAROLINAS.--PENSILVANIA: PENN

EN AMÉRICA.--GEORGIA.--GUERRA ENTRE INGLESES Y ESPAÑOLES.--LUISIANA.

Después de los descubrimientos de los Cabot en la América del

Norte[10], y después del viaje de Ponce de León a la _Florida_[11],

procede insistir en el estudio de este último país y en todas las

expediciones y conquistas realizadas en la extensa comarca conocida

hoy con el nombre de Estados Unidos. El primer asunto que trataremos

será el viaje a la Florida de Vázquez de Ayllón, al que seguirán los de

Gómez, Narváez y Soto.

[10] Véase capítulo XXV del primer tomo.

[11] Idem, capítulo XXVI

El oidor Lucas Vázquez de Ayllón, vecino de Santo Domingo, y otros

seis compañeros, partieron acompañados de algunos indios de Jeaga, a

descubrir y apoderarse de nuevas tierras. Llegaron a un país pobre,

donde los indígenas se alimentaban de pescado, ostiones asados y

crudos, venados, corzos y otros animales. Mientras los hombres se

dedicaban a matar dichos animales, las mujeres acarreaban leña y

agua para cocerlos o asarlos en parrillas. Cogíanse perlecillas en

algunas conchas, y si hallaron algún oro sería procedente de lejanas

tierras[12]. Vieron el río de Santa Elena y dos pueblos: _Oritza_

(llamado por ellos Chicora) y Guale (que nombraron Gualdape). No

encontraron minas de ninguna clase; pero les dijeron que a unas sesenta

leguas de distancia al Norte las hallarían de oro y cobre. Cerca de un

río y de unas lagunas vieron algunos pueblos de indios, entre ellos

_Otapali_ y _Olagotano_. El cacique en aquella tierra gozaba de tanta

fama como Moctezuma en México. Vázquez de Ayllón, que desembarcó en la

Florida (1522), murió el 1525.

[12] Véase la descripción de la Florida en la _Colección de

documentos inéditos del Archivo de Indias_, tomo V, págs.

532-546.--_Memoria de las cosas y costa y indios de la

Florida_, etc. Colección de Muñoz, tomo LXXXIX.

Gómez, buscando una comunicación marítima hacia la India, llegó hasta

donde al presente se levanta Nueva York, según se muestra en mapas

españoles antiguos y cuyo país se conoce con el nombre de _Tierra de

Gómez_.

Poco después, Pánfilo de Narváez, aquel capitán que por orden de

Velázquez quiso arrebatar a Cortés la gloriosa empresa de México,

habiendo recibido autorización de Carlos V para llevar a cabo la

conquista de la Florida, reunió 300 hombres y desembarcó en el citado

país, del cual tomó posesión en nombre del rey de España (1528). Anduvo

vagando durante dos meses por entre selvas y pantanos, sosteniendo

continuas luchas con los salvajes. Después de perder gran parte de sus

tropas, se decidió a dar la vuelta a Cuba, pereciendo a causa de una

tempestad él y los suyos, pues sólo cuatro pudieron llegar a tierra y

unirse a sus compatriotas de la Nueva España, no sin sufrir grandes

trabajos.

No había pasado mucho tiempo cuando Fernando de Soto, noble militar

que se distinguió en la conquista del Perú, fué nombrado por Carlos

V gobernador de la Florida y de la isla de Cuba (1538). Desembarcó

el 10 de junio de 1539 en la bahía del Espíritu Santo (hoy _Tampa

Bay_), y dirigiéndose al interior del país, cuya marcha fué sumamente

penosa, ya por lo escabroso del terreno, ya por la continuada guerra

con los indígenas, llegó en los comienzos de noviembre a la bahía de

Apallachee, marchando en seguida más al Norte, donde le habían dicho

que abundaba el oro y la plata (marzo de 1540). Aguardábanle no pocas

aventuras y muchos sufrimientos en las regiones occidentales de la

Florida, teniendo la dicha de llegar al caudaloso Mississipí (1541).

A causa de una fiebre maligna murió el 31 de mayo de 1542, siendo

su cadáver arrojado en el citado río para que los indígenas no se

percatasen de tamaña desgracia. Tras largas y penosas peregrinaciones

regresaron con vida 311 individuos a los establecimientos españoles de

México.

Del mismo modo fué desgraciada una misión de Padres Dominicos (1547),

los cuales sucumbieron, antes de convertir a los indios de la Florida.

Durante el reinado de Carlos IX de Francia, una colonia de hugonotes,

organizada por el almirante Coligny, pudo acercarse al sitio (1562)

que actualmente ocupa San Agustín, una de las ciudades más antiguas de

los Estados Unidos. La expedición estaba dirigida por Juan Ribault,

marino de Dieppe; recorrieron los expedicionarios lo que actualmente

se llama Florida, Georgia y Carolina, construyeron el _Fuerte Carlos_

en la embocadura de un río, donde establecieron una guarnición,

volviendo a Francia extenuados de hambre. Otra expedición de hugonotes

que se organizó dos años después, mandada por Laudonnière, consiguió

algunas ventajas. Habiendo recibido algunos auxilios los emigrantes

hugonotes, se dedicaron a la piratería, apresando buques españoles.

Pedro Menéndez de Avilés, marino arrojado y cruel, por orden de Felipe

II, cayó de improviso (septiembre de 1565) sobre la colonia y fortaleza

de los franceses hugonotes, los hizo prisioneros y los mandó ahorcar,

poniendo en el pecho de las víctimas la siguiente inscripción: «No

como franceses, sino como herejes.» Menéndez comenzó la colonización

del país. Pronto se vengaron los franceses de las crueldades de

Menéndez. Un caballero gascón, llamado Domingo de Gourgues, vendió

sus bienes, equipó tres embarcaciones y se embarcó con 80 marineros y

100 arcabuceros. Cayó sobre las viviendas de los españoles (1568) y

cuéntase que a los prisioneros, en no corto número, los hizo ahorcar

en los mismos árboles que antes lo fueran los franceses, y también,

como entonces, a los prisioneros les hizo poner una inscripción que

decía: «No como españoles, sino como asesinos». Gourgues dió la vuelta

a Francia y los castellanos continuaron la colonización de la Florida.

«De suerte--escribe el Dr. Ernesto Otón Hopp--que a los españoles

pertenece la gloria de haber fundado en la Florida la primera colonia

permanente, en la cual también había corrido la primera sangre de

europeos vertida por el fanatismo religioso, llevado de Europa a

América»[13].

[13] _Los Estados Unidos de la América del Norte_, pág.

3.--_Historia Universal_, de Oncken, tomo XII.

Francisco I, rey de Francia, a fines del año 1523, prestó todo su apoyo

al marino florentino Juan de Verrazani para que procurase descubrir

un camino al reino de Catay por el Oeste. Terrible tempestad puso en

peligro a los valerosos marinos, quienes tuvieron que regresar. Volvió

Verrazani a hacerse a la mar en enero de 1524, echando anclas algunos

días después en una costa baja de la _Carolina del Norte_, cerca de la

actual ciudad de Wilmington. Hombres blancos pisaban por primera vez

aquella tierra. Dirigiéronse desde allí a la bahía de Nueva York, luego

adonde hoy se halla Newport, y, por último, a Terranova, regresando

a Dieppe, punto de partida. La parte que conocemos de la relación

que de su viaje hizo el marino italiano a Francisco I indica el buen

gusto de su autor, siendo notable por la claridad y delicadeza de sus

descripciones.

Después de las expediciones dispuestas por Hernán Cortés, que

produjeron el descubrimiento de la _Baja California_, según carta del

mismo conquistador de México (15 octubre 1524) al emperador Carlos V, y

después de otras tentativas, que dieron por resultado el reconocimiento

de las costas de la Baja y _Alta California_, el aventurero y pirata

Francisco Drake (entre los años 1577 y 1580, y en el reinado de

Isabel, la _buena Bess_) hubo de saquear las poblaciones españolas de

la costa del Pacífico. Drake fué el primer europeo que desembarcó en

California; pero el viaje que ofrece interés no escaso, es el del hábil

y experimentado piloto español Sebastián Vizcaíno.

En el reinado de Felipe III, siendo virrey de la Nueva España D. Gaspar

de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey, salió del puerto de Acapulco

una escuadra al mando del almirante Toribio Gómez de Corbán, llevando a

sus órdenes al navegante Sebastián Vizcaíno (5 de mayo de 1602)[14]; se

presentó en el cabo Mendocino (20 de enero de 1603), tornó a Acapulco,

donde entró el 21 de marzo de 1603. Reconoció Sebastián Vizcaíno la

costa de la Baja y de la Alta California hasta los 42°, y visitó

los puertos de San Diego, Monterrey, y tal vez el de San Francisco.

Arrojado uno de sus buques a los 43° cerca del cabo Blanco, se vió una

entrada o río muy caudaloso, que llamaron de Martín de Aguilar, nombre

de un alférez que intentó reconocerlo y no pudo a causa de la fuerza de

la corriente de dicho río. Vizcaíno, al desembarcar en la bahía de San

Bernabé, publicó un bando imponiendo pena de la vida al que maltratase

á los indios. Fray Antonio de la Ascensión, cosmógrafo de la expedición

emprendida en 1602 por Vizcaíno, redactó una relación de ella que,

según copia del original hecha en México a 12 de octubre de 1620, se

encuentra entre los manuscritos de la _Biblioteca Nacional_, y cuyo

título es como sigue:

[14] Véase _Colec. de doc. inéd._, etc., tomo VIII, págs.

537-574.

«Relación breve en que se da noticia del descubrimiento que se hizo

en la Nueva España en la mar del Sur desde el puerto de Acapulco hasta

mas adelante del cabo Mendocino en que se da cuenta de las riqueças y

buen temple y comodidades del Reyno de Californias y de como podrá Su

Mag. a poca costa pacificarle y encorporarle en su Real Corona y hazer

que en el se pedrique el Santo Ebangelio, por el padre fray Antonio de

la Ascension, Religioso Carmelita descalço que se hallo en el y como

cosmografo lo demarco.»

Vizcaíno consideraba necesario dos navíos pequeños de a 200 toneladas,

y «se han de proueer--dice--con abundancia assi de municiones y

pertrechos de guerra, como de bastimentos, jarcias y belame..., en

México se han de levantar hasta 200 soldados que sean buenos marineros

juntamente, adbirtiendo que sean soldados biejos, curtidos y bien

experimentados así en las armas como en el marinaje, porque todos con

uniformidad y sin diferencia acudan a todo segun las ocassiones se

ofrecieren... hombres de bien y de berguença porque en el viaje assi

por la mar como en tierra aya paz union y hermandad entre todos» al

mando de «uno o dos capitanes que sean buenos cristianos y temerosos

de Dios y personas de meritos y que ayan con fidelidad en otras

occassiones servido a su Magestad assi en guerras por tierra como

Armadas por la mar.» Estima que el jefe debe ser persona de valor

y prendas «y se aya de atras de estar esperimentada y cursada en

semejantes cargos, para que sepa tratar a todos con amor y ymperio...

temerosa de Dios, cuydadosa de su conciencia y celosa del seruicio de

S. M. y de cosas de la conuersion de estas almas.»

«A todos los que fueren de esta jornada se les ha de dar expressa orden

y mandado que tengan grande obediencia y sujecion á los religiosos

que fueren en su compaña, y que sin su orden, consejo y parecer no

se haga guerra y otra molestia alguna a los indios ynfieles, aunque

ellos den alguna occassion, porque asi las cosas se hagan en paz y con

cristiandad y con amor y quietud, que es el modo que se ha de tener en

la pacificacion de aquel reino y en la predicacion del santo Evangelio,

fin y blanco a que se endereçan estos gastos y estas preuenciones,

porque de no hazerse ansi sino lo contrario, sera malograrlo todo

y perder el tpo y la hazienda en balde, como por la esperiencia se

ha visto muchas veces en esta Nueva España en otras conquistas y

pacificaciones de nuevas tierras en que Dios nro. Señor a sido mas

ofendido que seruido.»

Considera conveniente hacer dádivas a los indios, adquiriendo para

ello «cantidad de cosillas de dijes de Flandes, como son quentas de

vidrio de colores, granates falsos, cascaueles, espejuelos, cuchillos y

tijeras baladíes y trompas de París y algunas cosas de vestidos, y de

estas cosas se haga reparticion entre los religiosos y soldados, para

que en los puertos que saltaren ó escojieren para hacer assiento en las

tierras de los ynfieles las repartan de gracia con muestras de amor y

voluntad en nombre de su Magestad con los yndios que vinieren á verles,

para que con estas dadivas graciosas los yndios conserven amor y

afficion a los cristianos y conozcan aun a su tierra a darles de lo que

llevan y no a quitarles lo que tienen, y que entiendan aun a buscar el

bien de sus almas. Este es un medio de grande ymportancia para que los

yndios se aquieten sumamente y pacifiquen y obedezcan a los españoles

sin contradiccion ni repugnança, y reciban con gusto a los que ban a

predicarles el Sagrado Evangelio y los misterios de Ntra. Santa fe

Catholica, de mas que los yndios de este paraje son reconocidos y

agradecidos, y en recompensa y paga de lo que se les diere, acudiran

con las cosas que ellos tubieren de estima en su tierra, como lo

hicieron con nosotros con esta preuencion.»

Opinaba que el sitio más adecuado para el primer pueblo, era la bahía

de San Bernabé, donde debían hacerse casas «construídas de tal suerte,

que las unas casas sean guarda y amparo de las otras», levantándose

tambien iglesia y casa fuerte, que sirviera de castillo y atalaya para

casos adversos, «en puerto fuerte, eminente y señoril», y si fuera

posible con paso seguro a la mar «para reciuir socorro y enviarle

a pedir por mar en caso que alguna necessidad se ofreciere, como

comunmente lo han vsado los portugueses en los puestos que an hecho

asiento en la India y les a sucedido muy bien el vsar de este ardid y

advertencia.»

Recomienda la necesidad de la vigilancia y de la prevención continua,

«porque en tierra de yndios infieles, aunque se hayan dado por amigos

y de paz, no ay que fiar mucho, antes se ha de uiuir con ellos y entre

ellos con notable recato y bigilancia y adbertencia», y propone el

establecimiento de un mercado o Casa de Contratación «para que allí

acudan los yndios a rescatar lo que quisieren de los españoles, y para

que ellos entre sí, unos con otros, traten y contraten, que con esto se

facilitará mucho la comunicacion de ellos con los nuestros, de que se

vienen a enjendrar el amor y la amistad.»

Juzga que es conveniente para poblar la tierra y para el sustento,

«llevar vacas, ovejas, carneros, cabras, yeguas y lechones... Estos

animales se criaran y multiplicaran muy bien en esta tierra, por ser

para ello acomodada y fertil, y tambien se podran hazer algunas lauores

de trigo y de maiz y plantar biñas y huertas, para que se tenga el

sustento de las puertas adentro, sin que sea necesario traerlo de

acarreto y de fuera, ymponiendo y enseñando a los yndios para que ellos

hagan lo mismo, que todo lo tomaran bien redundando en su probecho.»

Proponía despertar el espíritu del salvaje enseñándole a cantar y a

tañer los instrumentos músicos.

Recomendaba con insistencia «que de los yndios se vayan escojiendo

algunos de los mas aviles, entresacando entre los muchachos y niños

los que parecieren mas dociles y ingeniosos y aviles, y estos se uayan

doctrinando y al mismo tiempo que se fuera enseñando la doctrina

cristiana y a leer en cartillas españolas para que juntamente con el

leer aprendan la lengua española, y que aprendan a escriuir... porque

_el buen fundamento tiene firme el edificio_.»

Termina su relación Fray Antonio de la Ascensión condenando el sistema

de las encomiendas. «Conviene que su Magestad haga estas pacificaciones

a su costa, y que no las encomiende a nadie, y porque los soldados

vayan con sujecion y obediencia a sus mayores, a los españoles que

fueren enviados por su Magestad a esta jornada para la pacificacion

y poblacion de este reino, se les a de advertir que no van a ganar

tierras para si ni vasallos, sino para los Reyes de Castilla que los

embian porque no conviene que su Magestad haga mercedes de pueblos ni

de yndios que se fueren pacificando y convirtiendo a nuestra santa fe

a ningun español por grandes servicios que aya hecho en estos reinos

a S. M., porque su Magestad lo podra saber con buena conciencia, y

sera la total ruyna y destruccion de todos los yndios, como sucedio en

los principios que se conquistaron estos reynos de la Nueva España, y

se vió sucedio en las yslas de barlouento y en tierra firme, como lo

cuenta y trata muy por extenso el Sr. Obispo de Chiapa D. Fr. Bartolomé

de las Casas.»

Sucediéronse diferentes viajes que no carecen de importancia,

hallándose, entre otros, el realizado por el capitán Nicolás de Cardona

el 21 de marzo de 1615, cuyo original se conserva en la sección

correspondiente de la Biblioteca Nacional, y cuyo largo título es como

sigue:

«Descripciones Geograficas e Hidrograficas de muchas tierras y mares

del Norte y Sur en las Indias, en especial del descubrimiento del

reino de la California, hecho con trabajo e industria por el capitan

y cabo Nicolas de Cardona, con orden de nro. sor. Don Phelipe II de

las Españas. Dirigidas al Excmo. Sr. D. Gaspar de Guzman, conde de

Olivares, duque de San Lucar la Mayor, etc.» 24 de junio de 1632.

Cardona consideraba a _California_ como la tierra más rica en minas de

oro y plata de todas las Indias.

El almirante D. Pedro Porter de Casanate ofreció el año de 1636,

por servir a S. M., hacer viaje a la California para saber si era

isla o tierra firme y descubrir lo occidental y septentrional de

la Nueva España, fabricando a su costa navíos, conduciendo gente y

llevando pertrechos, bastimentos y todo lo necesario. Dice Porter que

«California, de buen temple, sana, fértil, con aguas, dispuesta para

labores y sementeras, tiene ganados, frutos y yerbas saludables, muchas

arboledas, frutos y flores de España, hasta higueras y rosas.» Hasta

el 8 de agosto de 1640 no le concedió S. M. la autorización pedida;

pero le detuvo todavía tres años «honrándome--dice Porter--con parecer

que podía ser de algun util en sus armadas...» El Consejo de Indias

dispuso que se aprestase a salir con toda celeridad, como lo verificó

el 2 de agosto de 1643. Salió de Cartagena y llegó a Veracruz el 22

de dicho mes. En México se presentó al virrey, buscó amigos y dinero,

comenzando la construcción de buques. Con _Nuestra Señora del Pilar_ y

_San Lorenzo_ navegó los años 1648 y 1649, descubriendo y demarcando

las costas e islas del golfo de California.

Reinando Carlos II se ofreció a conquistar la California el almirante

D. Isidro Atondo y Antillón, mediante escritura de diciembre de 1678,

que fué aprobada por Real Cédula de 29 de dicho mes de 1679. Salió la

expedición del puerto de Chacala el 18 de marzo de 1683, llevando por

cosmógrafo al Padre Francisco Eusebio Kunt o Kino, alemán, profesor de

Ingolstad. Llegaron al puerto de la Paz y trataron de establecerse en

el interior; pero los indios se aprestaron a la resistencia y tuvieron

que dirigirse a Sinaloa. Volvieron otra vez y eligieron la bahía de San

Bruno como punto de desembarco, y como tampoco pudieran sostenerse, se

retiraron a últimos de 1685.

En vista del poco éxito de los conquistadores, los misioneros tomaron

la determinación de incorporarla a España mediante la civilización y

el sentimiento religioso. En obra tan humanitaria ayudaron al Padre

Kunt los misioneros Salvatierra, Tamaral y otros. El P. Juan María

Salvatierra fué conocido después con el dictado de _Apóstol de la

California_. Los jesuítas predicaron el Evangelio y consiguieron que

los perezosos californios se dedicasen a la agricultura y a levantar

diques o presas a las inundaciones ocasionadas por los torrentes.

Cuando con más celo que prudencia combatieron la poligamia, estallaron

crueles rebeliones en las misiones del Sur (1734), hasta tal punto

que soldados y algunos frailes fueron muertos, experimentando notable

retroceso la obra de las misiones.

Si en el siglo XVI se consideró a California como península y en el

XVII se creyó que era isla, en el año 1746 se probó que sólo estaba

separada de la parte continental por el lecho de la corriente del río

Colorado.

Cuando más trabajaban los jesuítas en su obra civilizadora, les

sorprendió la orden de expulsión de la colonia, dictada en 25 de junio

de 1767 y hecha efectiva en 3 de febrero siguiente.

Encargados los franciscanos de las misiones, el P. Fray Junípero Serra

fué el continuador de Salvatierra. Si al primero se debe la conquista

de la _Alta_ California, el segundo realizó la de la _Baja_. Monterrey,

San Diego de Alcalá, San Antonio de Padua, San Gabriel y San Luis de

Tolosa fueron las primeras misiones realizadas por los franciscanos

en la Alta California. El 17 de septiembre de 1776 se inauguró la

fortaleza o presidio de San Francisco, hoy capital del Estado. Los

frailes tenían el gobierno espiritual y temporal de las misiones. «Sus

armas eran un crucifijo colgado al cuello, el breviario bajo el brazo,

una pintura de la Virgen y el Niño Dios por un lado y un condenado

por el otro, y cuadrante y brújula para hacer observaciones»[15]. Los

franciscanos, con patriotismo digno de alabanza, trabajaban por la

extensión de los dominios españoles. Extendieron la cultura por todas

partes. La ganadería y la agricultura adelantaron mucho. California

bajo el poder español prosperó de modo extraordinario.

[15] Torres Campos, _España en California_, Conferencia dada

en el Ateneo de Madrid el 17 de mayo 1892, pág. 35.

Sucediéronse después otras expediciones, ganando con ellas no poco la

ciencia. Debemos también consignar que en la explotación del comercio

fuimos más torpes que en obras de exploración y de atracción de

indígenas.

Después que los Estados Unidos arrebataron Tejas (1845) y California y

Nuevo México (1848) a la república mejicana, ha cambiado completamente

la manera de ser de los citados países. Por lo que a California se

refiere, los mejicanos, primeros emigrantes en el país, fueron en gran

parte expulsados, quedando en el interior algunos no muy queridos

de los hijos de Norte América. Los indígenas han sido perseguidos y

tratados sin compasión, siendo entre ellos proverbio corriente que

todas sus desgracias provienen del blanco, del whisky, de la viruela,

de la pólvora y de las balas. No puede negarse, sin embargo, que los

americanos han operado extraordinaria revolución en el país formando

un Estado poderosísimo. Ellos han hecho de pueblos pobres y pequeños

ciudades ricas y populosas. Las artes, la industria, todo adelanta y

progresa en aquella tierra maravillosa. Vías de comunicación cruzan

todo el país. Se multiplican cada día las bibliotecas, las escuelas,

todos los centros de cultura[16].

[16] Ibidem, pág. 52.

Consideremos ya el descubrimiento de _Virginia_. La Gran Bretaña,

y en particular la reina Isabel, tenían puestos sus ojos en las

expediciones a la América del Norte. Sir Humphrey Gilbert, natural del

condado de Devon, hizo desde el 1576 al 1578 tres viajes. Autorizóle

la citada Reina para descubrir y tomar posesión de todas las remotas

tierras habitadas por bárbaros, confiriéndole poderes para apoderarse

de dichos países. Habiendo muerto en el último viaje Gilbert, su

hermano político, Sir Walter Raleigh, obtuvo de dicha Reina en el

año 1581 la confirmación de los mismos privilegios concedidos a su

pariente. Envió Raleigh (1584) una expedición compuesta de dos buques

bien tripulados, a las órdenes de Armidas y Barlow, a las costas de

la América del Norte. Volvieron los expedicionarios e hicieron exacta

descripción de la hermosa tierra que acababan de descubrir. Raleigh

dió al nuevo país el nombre de Virginia, perpetuando de este modo

la fama de virgen de la reina Isabel, concediéndole ella a dicho

Raleigh el título y dignidad de caballero. Otra expedición preparó

el mismo Sir Walter en el año 1585, dando el cargo de comandante a

Ricardo Grenville y el nombramiento de gobernador de la colonia a

Ralph Lane. Volvióse Grenville, dejando en la colonia a Lane y a

108 individuos. Los indígenas deseaban por momentos librarse de tan

molestos huéspedes. Cayeron en el abatimiento los colonos, a pesar de

los auxilios que desde las Antillas les llevó el famoso pirata Drake.

Cada vez más desalentados los colonos, éstos, con Lane a la cabeza,

abandonaron al fin su establecimiento en junio de 1586. No habían

transcurrido dos semanas, cuando se presentó Grenville con abundantes

provisiones, llamándole la atención que sus compatriotas hubiesen

abandonado la colonia. Habiendo dejado 50 hombres según Smith, o 15

según Bancroft, en la isla de Roanoke para guardar la nueva posesión,

él se retiró de aquellas ingratas playas. El año siguiente, esto es,

en 1587, volvió White con una flota cargada de provisiones; mas sólo

encontró los huesos de aquellos infelices. Comenzó entonces guerra

a muerte entre indígenas e ingleses. White cayó sobre los indios y

mató a muchos, abandonando aquellas tierras, sin embargo de que los

colonos, presintiendo su triste fin, le suplicaban que no les dejase

allí. Cuando el año 1590 volvió White, únicamente encontró en la isla

de Roanoke huellas de la colonia. Respecto a Raleigh, después de

gastar en su empresa el capital que tenía, consistente en un millón de

pesetas, fué acusado, quizá falsamente, de alta traición, muriendo en

el cadalso. Era a la sazón rey Jacobo I, sucesor de Isabel.

Ya en el siglo XVII, después de las expediciones de Bartolomé Gosnold

a la Nueva Inglaterra (1602), de la de Martín Pring hacia las costas

de los actuales Estados de Maine y de Massachusetts (1603), y de la

de Jorge Weymouth, que visitó las mismas costas (1605), expediciones

que no dieron resultado alguno satisfactorio, volvió a pensarse en

proyectos de conquistas y de colonización. Reuniéronse para propagar

las ideas de conquistas y de colonización el citado Gosnold, Wingfield,

Hunt, Smith, Georges, Sir John Popham y el propagador más activo de

estos proyectos, Ricardo Hackluit. Jacobo I, conociendo la importancia

del asunto, dictó el 10 de abril de 1606 una Ordenanza, por la cual

dividía en dos partes la extensión de costas y tierras: la primera,

comprendida entre los grados 34 y 38 de latitud Norte; y la segunda,

entre los grados 41 y 45 de la misma latitud, quedando entre los dos

territorios un tercero a disposición de una y otra Sociedad; de modo

que entre ambos siempre había de permanecer una zona neutral de 100

millas inglesas (170 kilómetros). Una Sociedad o Compañía de Londres

debía colonizar Virginia o el territorio comprendido entre los grados

34 y 38; otra Sociedad o Compañía llamada de Plymouth se encargó de

colonizar Nueva Inglaterra o el territorio comprendido entre los

grados 41 y 45. El Rey, para el gobierno de las colonias, nombró dos

consejos: el uno, residente en Inglaterra; y el otro, en las mismas

colonias. En los comienzos del 1607--al cabo de 110 años transcurridos

desde que Cabot descubrió la costa de la América del Norte--llegó

el capitán Newport con tres buques y 105 emigrantes; desembarcó en

la bahía de Chesapeake y fundó la ciudad de _Jamestown_, en honor

de Jacobo I. La nueva tierra pareció a los emigrantes un paraíso. A

excepción de unos cuantos trabajadores y comerciantes, el resto de

los colonos se componía de señores que en su vida habían trabajado

y de vagos que sólo se ocupaban en promover pendencias aumentando

el mal a la llegada del verano, a causa de las fiebres malignas

producidas por el agua corrompida de los pantanos y por las recientes

roturaciones. Apenas abandonó el país el capitán Newport, sobrevino

el abatimiento más grande en los colonos, y antes de llegar el otoño

fallecieron muchos por la influencia del clima, entre ellos Gosnold. En

el mando de la colonia le sucedió Smith, hombre dotado de excelentes

cualidades. Enérgico, castigó a los indios rebeldes, a los cuales

se atrajo luego con prudencia para que le proporcionasen víveres.

Hizo a la aproximación del invierno una excursión por la bahía de

Chesapeake, subió por los ríos Chickahominy, Pamunkey y Rappahannock,

siendo hecho prisionero por una tribu india y logrando, no sin grandes

trabajos, su libertad. Cuéntase--y cuento es seguramente--que la joven

Pocahontas, hija de un cacique llamado Powhatan, se interpuso entre su

padre y Smith cuando el primero iba con su maza a partir el cráneo al

segundo. Encontró a su vuelta en situación poco lisonjera la colonia

de Jamestown, aumentando el mal con la llegada de 120 individuos,

gente que únicamente pensaba en el oro que podía encontrar en el país

y no en el cultivo de las tierras. Smith emprendió un segundo viaje y

recorrió los ríos de Potomac y Susquehana, encontrándose a su regreso

con el nombramiento de presidente del Consejo colonial, nombramiento

que le llevó Newport con 70 nuevos emigrantes. Decíale la Compañía

de Londres que la colonia pagaría, por lo menos, los gastos de la

última expedición; que enviase oro; que procurara encontrar el paso

marítimo al Océano Pacífico; y, por último, que hiciera toda clase

de sacrificios para hallar a los ingleses de la colonia de Raleigh,

prisioneros tal vez de los indios. Contestó Smith que en lugar de

los mil emigrantes que hasta entonces habían llegado, prefería

treinta agricultores, carpinteros, albañiles, herreros, hortelanos y

pescadores. Como presidente del Consejo colonial dispuso que todos

habían de trabajar seis horas diarias, único modo de recibir víveres.

En el año 1609 obtuvo la Compañía de Londres importantes reformas

en su constitución. El Rey cedió a la Compañía muchos derechos que

hasta entonces él se había reservado, como el nombramiento por los

socios del Consejo y la facultad de hacer leyes y reglamentos para las

colonias. En virtud de la nueva organización fué nombrado gobernador

general de Virginia lord Delaware. Mientras que Delaware se disponía a

marchar a la colonia, se dirigió a ella el capitán Newport, llevando

a bordo a Sir Tomás Gates y Sir Jorge Somers, que debían encargarse

del gobierno hasta la llegada de Delaware. La Compañía adquirió gran

desarrollo, pues entraron a formar parte muchos propietarios rurales

y comerciantes, como también altos empleados, entre ellos el poderoso

Cecil.

Embarcáronse unos 500 para Virginia, en tanto que Smith abandonaba la

colonia y se dirigía a Inglaterra. Vióse entonces que Smith poseía

cualidades relevantes como gobernador, por cuanto después de su

marcha llegó la colonia a la decadencia más completa. Algo bueno hizo

también Gates, conteniendo a los que deseaban incendiar las viviendas

y volver a Inglaterra. Reinó otra vez la paz con la llegada de lord

Delaware, que traía colonos y provisiones en abundancia; pero habiendo

enfermado el gobernador hubo de regresar a Inglaterra, siendo entonces

nombrado para sustituirle Sir Tomás Dale, quien se hizo cargo de la

colonia en el año 1611. Dignas de alabanza fueron las primeras medidas

tomadas por el nuevo gobernador; también contribuyó al bienestar la

llegada de Gates con buen número de colonos y bastantes provisiones

procedentes de Inglaterra. Bastará decir que en 1612 llegó a 700 el

número de habitantes. Por entonces se dispuso ceder en propiedad

cierta porción de tierra a cada colono, pues antes todos trabajaban

para el común o para la compañía colonizadora. También en el dicho

año se acordó que muchas atribuciones y autoridad del Consejo colonial

residente en Inglaterra, pasasen a una asamblea que sería nombrada por

los colonos de Virginia. Del mismo modo se ordenó trasladar mujeres

jóvenes, de conocida honradez, a la colonia, único medio del aumento

rápido de población y medida segura para que los nuevos matrimonios

no abandonaran fácilmente aquellas tierras. A la sazón la famosa

Pocahontas, que había sido robada por el capitán inglés Argall, se

casó con un colono llamado Rolfe[17]. Con las plantaciones de tabaco

comenzó la prosperidad del país y se mejoraron las condiciones sociales

y políticas. Tras el corto y tiránico gobierno del capitán Argall fué

nombrado, en 1619, Jorge Yeardley, en cuyo tiempo se reunió la primera

Asamblea colonial, la cual con sus innovaciones y reformas hizo de

Virginia un pueblo libre e independiente. La Compañía de Londres hubo

de sancionar todo lo hecho por la Asamblea parlamentaria de Virginia.

[17] Pocahontas y su marido pasaron a Inglaterra, donde fueron

obsequiados, mereciendo aquélla la señalada distinción de ser

recibida en la corte. Tuvo un hijo y ella murió el año 1617.

Hónranse descender de Pocahontas distinguidas familias de

Virginia.

Nombrado Edvin Sandys tesorero de la Compañía de Londres, recibió

la colonia extraordinario impulso, merced a los muchos emigrantes.

A Sandys sucedió, no obstante la oposición del Rey, el conde de

Southampton, el amigo de Shakspeare, y con su poderoso auxilio se

dió a la colonia una carta constitucional bastante parecida a la

inglesa. «Según esta constitución, la Asamblea general de Virginia

debía componerse de los miembros vitalicios del Consejo de la colonia,

nombrados por la Compañía de Londres, y de dos representantes de cada

grupo de colonos o de cada lugar, y las órdenes de la Compañía sólo

adquirían fuerza de ley después de ratificadas por la Asamblea general

de Virginia, sobre cuyas resoluciones tenía, sin embargo, el gobernador

el derecho de veto»[18].

[18] Oton Hopp, _Los Estados Unidos de la América del Norte_,

pág. 7.

Al paso que tales concesiones contribuían al progreso de la colonia, es

de lamentar que Jacobo I mandase deportar (1619) a Virginia unos 100

penados, que allí hubieron de casarse y formar familias. Todavía es

más censurable el siguiente hecho: en el año 1620 varios comerciantes

holandeses comenzaron a importar negros de Africa que los colonos

compraban para el cultivo de los campos. Este fué el origen de la

esclavitud en el Norte de América[19].

[19] Desde el citado año no cesó el comercio de carne humana.

Si primeramente se limitó a la compra de negros, después

se extendió a los blancos. Prisioneros de guerra, tanto

escoceses como irlandeses, se vendieron durante la centuria

XVII en Virginia. Diferenciábanse los esclavos negros de

los blancos en que los primeros no recobraban su libertad

mientras no fuesen manumitidos por sus amos y los segundos

podían rescatarse de la esclavitud. La pronta introducción de

la esclavitud en Virginia y en todos los Estados del Sur se

debe a la necesidad de brazos para cultivar el tabaco en las

grandes haciendas o latifundios, mientras en los Estados del

Norte el clima obligaba al agricultor a dedicarse al cultivo

de pequeñas propiedades a modo de alquerías.

Si no prosperó el cultivo de la morera para la cría del gusano de seda,

ni la vid, en cambio desde que se introdujo el cultivo del algodón

(1621) fué adquiriendo cada año mayor incremento.

El sistema de gran cultivo y de grandes haciendas se extendió a las dos

Carolinas, a la Georgia y, por último, a todos los Estados del Sur.

Cuando se hallaban más enconadas las luchas religiosas en Inglaterra

y cuando era cada vez mayor el odio entre unas y otras sectas,

los puritanos solicitaron de la compañía de Londres concesión de

terrenos en Virginia, con el objeto de trasladarse allí y practicar

tranquilamente su religión[20]. No se opuso a ello Jacobo I y en 1620

se embarcaron para Virginia más de cien puritanos.

[20] Allá por el año 1582 los puritanos se separaron de la

Iglesia oficial (anglicana), formando una secta aparte, que no

reconocía más autoridad eclesiástica que la Biblia e intentaba

restablecer la sencillez primitiva del cristianismo. Fundaron

comunidades en Escocia e Inglaterra, cuya organización era

democrática; distinguiéronse por su severa moralidad y por la

rectitud en todas sus acciones.

Conviene no olvidar que algunos años antes (1607), el capitán Newport

había desembarcado en Virginia, a orillas del río James, los primeros

colonos ingleses. Reeligido (1623) el conde de Southampton tesorero

de la compañía de Londres, Jacobo I, disgustado por la conducta

política y por las escisiones interiores de la sociedad, como

también por el citado nombramiento, dispuso--no sin largo y ruidoso

proceso--encargarse del gobierno de la colonia (1624). Durante el

gobierno de Carlos I (1625-1649), Virginia dependió directamente de la

Corona, siendo de notar que al Rey sólo le preocupaba la explotación

del monopolio del tabaco. Guardóse la mayor tolerancia con los

puritanos; pero en el año 1643 se prohibió todo culto público y todo

establecimiento de enseñanza no dirigido por la Iglesia anglicana

ortodoxa. El número de los habitantes de la colonia llegó a veinte mil

en 1648. El gobierno republicano (1649-1660) no hizo innovación alguna

en la colonia, si bien se estipuló que los habitantes de Virginia

gozarían de las mismas libertades que los ingleses en la madre patria.

Reinando Carlos II (1660-1685) se creó (1662) un consejo de 32 miembros

para la dirección de las colonias. Este consejo, que levantó vivas

protestas en Nueva Inglaterra, fué respetado y querido por los colonos

de Virginia. Aumentaba rápidamente la población, hasta el punto que en

1665--según el gobernador Berkeley--llegó a cuarenta mil habitantes.

Algunos perjuicios sufrió por entonces Virginia: bajó el precio del

tabaco, porque al cultivo de dicha planta se dedicaron también y

le hicieron competencia los colonos de la Carolina y de Maryland.

Además, los holandeses, en guerra con Inglaterra, cayeron varias

veces sobre la colonia y echaron a pique algunos buques mercantes, y

un huracán devastó el país y destruyó numerosos edificios. Lo peor

de todo fué la conducta del gobernador Berkeley, hombre codicioso e

injusto. Si aparentemente tenía buenas relaciones con los indios (a

quienes, por medio de sus amigos, compraba gran cantidad de pieles,

en particular de castor), era, sin embargo, poco querido. Estalló,

al fin, la guerra entre indígenas y colonos, cometiendo unos y otros

las más horribles crueldades. Igualmente, la guerra civil trajo días

de luto a la colonia. Un tal Bacon se puso en frente de Berkeley.

La fortuna favoreció a los revoltosos, teniendo que huir Berkeley

y siendo incendiada la población de Jamestown. Muerto por entonces

Bacon, se disolvió su partido y pudo volver Berkeley a encargarse del

gobierno. ¿Cuál fué la causa de esta guerra civil? Que Carlos II, para

recompensar los servicios de los lores Arlington y Culpepper, les dió

Virginia por treinta y un años, oponiéndose a ello, como era natural,

los colonos. Al fin reinó la paz, mediante el pago de una suma anual,

que se aumentó con un impuesto especial sobre el tabaco.

Berkeley, en su segunda época de mando, trató con mano de hierro a los

vencidos, hasta el punto que Carlos II--según cuentan--hubo de decir:

«Este viejo loco ha quitado más vidas en aquel país despoblado que

yo en Inglaterra por la muerte de mi padre». Reunida la asamblea de

la colonia rogó al tirano que no derramara más sangre. Por su parte

el gobierno de la metrópoli envió tres comisarios con quinientos

individuos de tropa para restablecer la tranquilidad y hacer una

información acerca de los sucesos. Tuvo Berkeley que marchar a

Inglaterra con objeto de dar cuenta de su conducta. Murió al poco

tiempo, sucediéndole sucesivamente Chicheley, Culpepper, Howard

y Nicholson. «Las facultades del gobernador--dice Bancroft--eran

extraordinarias, pues resumía a la vez los cargos de teniente general

y almirante, tesorero, canciller, presidente de todos los tribunales

del Consejo y hasta obispo, de modo que, la fuerza armada, las rentas,

la interpretación de la ley y la administración de justicia, todo

estaba sometido a su autoridad»[21]. Aunque las disposiciones de

la madre patria, del Consejo y de la Asamblea general limitaban en

cierto sentido los citados poderes, no debe olvidarse que las órdenes

procedentes de Inglaterra eran secretas, y por lo que respecta a la

Asamblea sus individuos se hallaban en una posición subalterna o

inferior a la del gobernador.

[21] _Historia de los Estados Unidos_, tom. IV, pág. 26.

Las colonias de la América del Norte, durante el reinado de Carlos II,

gozaron de algunas mercedes. Bien es verdad que el Rey debía mostrarse

agradecido a las colonias, las cuales recibieron voluntariamente la

monarquía restaurada, con la sola excepción de la de Massachusetts,

que tardó un año en reconocer los hechos consumados. Uniéronse en una

sola colonia los de Hartford y de Newhaven, recibiendo, como algunas

otras, real patente, en la cual se otorgaban completas libertades, que

hicieron de ella una especie de república independiente. En cambio, es

censurable la exagerada liberalidad de Carlos II, que hubo de regalar

territorios a sus favoritos. En virtud de esta liberalidad, Virginia

fué cedida por treinta y un años; Nueva York la dió a su hermano el

duque de York; Pensilvania a Penn; parte de Maine y de New-Hampshire,

al duque de Monmouth; Nueva Escocia, a Tomás Temple, y el monopolio del

comercio de los territorios aledaños de la bahía de Hudson al príncipe

Ruperto.

Poco a poco iba aumentando el número de habitantes en las colonias; el

año 1875 contaba la de Plymouth 7.000; la de Connecticut, 14.000; la

de Massachusetts, 22.000; las de Maine, New-Hampshire y Rhode-Island,

4.000 cada una. Los productos de las colonias eran, especialmente,

agrícolas; también pieles, pescado y maderas de construcción.

Inmediatamente que subió al trono Jacobo II (1685-1688), decretó

la agregación de _Nueva Jersey_ a la de Nueva York. El Rey nombró

gobernador general de todas las colonias del Norte a Andros, quien

habiendo llegado a Boston el 1686, lo primero que hizo fué establecer

el culto de la iglesia anglicana, sin hacer caso de las protestas de

los puritanos. Cuando se disponía a empresas mayores, la revolución

en la metrópoli arrojó del trono a Jacobo II, sucediéndole María

(1689-1695) y Guillermo III (1689-1702). Más que María y Guillermo, el

verdadero soberano de Inglaterra fué el Parlamento. Lo mismo sucedió

durante el reinado de Ana (1702-1714).

La misma conducta que Inglaterra y Francia siguieron los holandeses

y suecos. El inglés Enrique Hudson, al servicio de Holanda, intentó

descubrir un paso para la India por el Norte de América. Auxiliado por

el comercio holandés, pudo hacerse a la vela en abril de 1609 con el

buque _Media Luna_. Tuvo que dirigirse al Oeste porque grandes masas de

hielo le impidieron continuar hacia el Norte y llegó a la embocadura

del Penobscot, en el estado actual de Maine, pasó al Cabo Cod, siguió

su marcha hacia el Sur, y al tocar en la costa de Virginia volvió al

Norte y entró en la bahía de Nueva York, subiendo por el río que lleva

su nombre y reconociendo la citada bahía. Dice el Dr. Hopp que «de

todas partes acudieron los indios, que jamás habían visto nave alguna

europea, y creían ver gigantesca ave de blancas alas»[22]. De regreso a

Holanda no logró apoyo de los comerciantes y marchó con pocos recursos

a continuar las exploraciones, muriendo en la helada bahía ya dicha y

que también lleva su nombre. De 1610 a 1614, organizaron los holandeses

diferentes expediciones a aquella región, y con el objeto de comerciar

con los indígenas construyeron viviendas en la playa de la isla de

Manhattan y últimamente un fuerte (1614). El marino Adrián Block (cuyo

nombre lleva pequeña isla en el puerto de Nueva York), exploró las

costas de Long-Island, situadas delante de Nueva York. Block descubrió

el río Connecticut, construyó (1615) el fuerte que llamó de Orange,

donde hoy se halla la ciudad de Albany, y dícese que, perdido su buque,

construyó otro, el primero que se hizo en aquellas playas.

[22] Op., cit., pág. 14.

Cuando con tanta fortuna comenzó a funcionar el Banco de Amsterdam

(1609); cuando fué decapitado Barneveldt (1619) y encerrado en dura

prisión Grocio, la Compañía holandesa de la India Occidental (casi tan

poderosa como la de la India Oriental) autorizada en 1621, recibió el

permiso de establecer fuertes y factorías en América. Así comenzó la

ciudad de _Nueva Amsterdam_[23], cuya primera iglesia se construyó el

1623. Tres años después el tercer gobernador o director general de

la colonia, Pedro Minnewit (o Minuit) compró a los indios la isla de

Manhattan, donde se halla la ciudad de Nueva York. Minnewit fomentó la

agricultura y el comercio, siendo de advertir que en 1628 contaba 270

habitantes la colonia y exportó pieles por valor de 124.500 pesetas, y

tres años después llegó la exportación a 277.400, construyéndose en la

misma fecha en el arsenal de la colonia un buque de 800 toneladas.

[23] Nueva Amsterdam cambió el nombre por el de Nueva York, en

el año 1664.

En la Nueva Neerlandia--como los holandeses llamaban al país--, no

progresó la agricultura como debiera, por la razón siguiente. La

Compañía de la India Occidental daba extenso territorio al que fundaba

una colonia de cincuenta habitantes, y como sólo hombres muy ricos

podían establecer tales colonias, casi todo el país comprendido entre

las actuales poblaciones de Nueva York y Albany, como también no

pequeña parte del Estado llamado hoy de Nueva Jersey, pasó a manos de

familias poderosas, pudiendo citarse entre otras las de Van Rensselaer,

Pauw, Godyn y Bloemart. No huelga decir que el acaudalado propietario

e historiador De Vries, extendió el dominio holandés por el territorio

que forma al presente el estado de Delaware. Destituído del Gobierno de

la colonia Pedro Minnewit, por la Compañía de las Indias Occidentales,

marchó a Suecia, donde el holandés Usselinx había hecho propaganda en

favor de una empresa colonizadora.

Constituida la Compañía sueca del Sur (1626), cuando murió Gustavo

Adolfo (1632), el canciller Oxenstiern se dedicó a la formación de

la citada empresa. «La nueva colonia--decía el folleto _Argonáutica

Gustaviana_, publicado en 1633 por Usselinx--estaba destinada a ser

refugio para los perseguidos, lugar seguro para el honor de las mujeres

e hijas de los expulsados de su país a causa de las guerras y del

fanatismo religioso, y tierra bendita donde debían vivir tranquilos los

hijos del pueblo y todos los heterodoxos.» La esclavitud debía quedar

proscripta de la colonia, «porque el trabajo del hombre libre vale más

que el del esclavo; además, que el esclavo no es consumidor, porque

no conoce ni puede satisfacer las necesidades del hombre libre». En

1636, Oxenstier aceptó las proposiciones que le hizo Minnewit--pues

Usselinx se había retirado de los asuntos--marchando entonces el

ilustre marino con cincuenta emigrantes. Compró terreno a los indios,

construyó una fortaleza y estableció su colonia donde actualmente se

levanta la ciudad de Wilmington, en la confluencia del río Cristiana

con el Delaware. Protestó contra dicha ocupación Kieft, gobernador

holandés de Nueva Amsterdam. Minnewit, lejos de hacer caso de la

protesta, reemplazó los postes holandeses que señalaban los límites de

su territorio, con otros que tenían escrito en una tabla: _Cristina,

Reina de Suecia_. Inmensa fué la alegría en Suecia cuando, procedente

de la colonia, llegó un cargamento de pieles. La Nueva Suecia, que se

extendía desde la embocadura del Delaware hasta los saltos de Trentón,

se desarrolló mucho, comenzando a decaer, ya por la muerte de Minnewit

(1641), ya porque había pasado el apogeo político del reino de Suecia.

Tanto decayó, que catorce años después la colonia sueca fué absorbida

por Pedro Stuyvesant, gobernador holandés de Nueva Amsterdam[24].

[24] El sucesor de Minnewit en Nueva Amsterdam fué Wonter von

Tiviller, a éste sucedió Kieft (1637-1647), y después Pedro

Stuyvesant (1647-1664).

Durante el gobierno de Stuyvesant, los colonos de la Nueva Inglaterra

se apoderaron de la cuenca del Connecticut y de una parte de la isla

de Long-Island. En la colonia holandesa de _Nueva Amsterdam_ faltaba

poderosa clase media que defendiera el territorio contra los invasores

ingleses. Los grandes propietarios contribuyeron a la ruina de dicha

colonia. Desde el año 1650 al 1660, llegaron varias expediciones de

inmigrantes (hugonotes franceses, judíos, ingleses, etc.), las cuales

iban borrando poco a poco el carácter nacional holandés. En 1660

fué aumentando la inmigración inglesa, llegando el caso de que las

autoridades tuvieron que publicar los edictos y demás disposiciones

en inglés y holandés. Que el sistema colonial inglés era superior al

holandés, se manifestaba considerando que en Boston y en todas las

poblaciones de la Nueva Inglaterra apenas había mendigos y vagabundos,

mientras estaban infestadas de unos y de otros Nueva Amsterdam y las

aldeas inmediatas. También se debe tener en cuenta que el comercio de

esclavos tenía mucho más incremento en Nueva Amsterdam que en otras

partes. La decadencia de la colonia holandesa era cada día más grande.

Nueva Amsterdam debía caer en manos de los ingleses. Ni el gobernador

Stuyvesant, ni los habitantes de la ciudad, se hallaban dispuestos a

derramar una gota de sangre por la Compañía holandesa de las Indias

Occidentales. Cuando Inglaterra ocupó la ciudad, se cruzaron de brazos,

lo mismo los holandeses de pura raza que los suecos y holandeses de

Delaware y Nueva Jersey. Nueva Amsterdam se llamó Nueva York, el

fuerte Orange recibió el nombre de Albany y la bandera inglesa ondeó

en toda la costa, desde el Maine hasta Georgia. Desde 1664 hasta 1667,

desempeñó el cargo de gobernador de la antigua colonia holandesa,

Ricardo Nicolls, protegido del duque de York; desde 1667 hasta 1673,

Francisco Lovelace. Si durante la guerra anglo-holandesa volvió a caer

la capital de la colonia en poder de Holanda, sólo fué por quince

meses; al cabo de ellos desapareció para siempre de la América del

Norte el dominio holandés.

La Compañía de Plymouth, organizada al mismo tiempo que la de Londres,

no se dió prisa en sus proyectos de colonización. Después del

establecimiento, en el año 1607, de una pequeña colonia en _Sagahadoc_

(Kénébec), habiendo muerto Jorge Pophan, jefe de ella, volvieron á

Europa los colonos, sin cuidarse ya la citada compañía de que se

hallaba una tierra llamada Nueva Inglaterra. Luego, numeroso grupo de

emigrantes puritanos desembarcaron (16 diciembre 1620) en ese sitio,

donde fundaron _Nueva Plymouth_, como recuerdo de la hermosa ciudad

inglesa del mismo nombre. Nombraron gobernador, por un año, a Juan

Carver, y también, para si de ello había necesidad, un lugarteniente.

La epidemia hizo terribles estragos en la colonia, falleciendo más de

la mitad, incluso el mismo Carver, encargándose entonces del gobierno

Guillermo Bradford y de la defensa militar Miles Standish. Poco después

llegaron 35 colonos conducidos por Cushman. Durante el invierno de

1621 a 1622 se dejó sentir el hambre de un modo considerable, pudiendo

salvarse los colonos merced al auxilio de algunos indios pescadores de

a orillas del Maine, los cuales les proporcionaron maíz, pescados y

mariscos.

En el citado año arribaron otros colonos de la metrópoli, que,

expulsados luego, se retiraron a orillas del golfo de _Massachusetts_,

formando una nueva colonia. La miseria les obligó después a

dispersarse.

Dos colonias, llamadas _Mariana_ y _Laconia_, fundadas la una por

Gorges y la otra por Mason, arrastraron vida lánguida y quedaron

reducidas a pesquerías.

La _Nueva Escocia_, concedida al poeta cortesano Alexander (conde luego

de Stirling) fué dividida en 150 partes con título de otras tantas

baronías. Vendiéronse los títulos; pero los indios conservaron siempre

el territorio. Entretanto los pobres, honrados y rígidos puritanos de

la Nueva Inglaterra, vivían contentos con su suerte. Fué para ellos una

contrariedad la presencia de un eclesiástico predicador de la Iglesia

anglicana, que llegó el año 1624, y a quien expulsaron, como también

a dos partidarios suyos. En _Nueva Plymouth_, mientras los colonos

trabajaron por el común, no cesó la escasez, comenzando la prosperidad

cuando se dió una parte de terreno a cada individuo. Si a los cuatro

años de su fundación tenía 184 habitantes, ya en 1630 no bajaban de 300.

En el mismo año fué reconocida como colonia, por el rey Carlos I, la

de _Salem_, en la bahía de Massachusetts. Intransigente en asuntos

religiosos, arrojó de su seno a los que se separaban poco o mucho de

las doctrinas luteranas. La colonia de Salem entró pronto en relaciones

con la de Nueva Plymouth y con los holandeses establecidos en las

orillas del Hudson. Las noticias que se recibieron en Inglaterra

fueron tan buenas, que nuevos emigrantes salieron de la metrópoli

para la colonia. Reformas políticas y administrativas contribuyeron

al engrandecimiento de la colonia de Salem, y el lazo que a todos los

colonos unía era la religión, y no la libertad, como en la de Maryland.

Los colonizadores de la Nueva Inglaterra habían abandonado a su patria

llevando en el corazón odio eterno, lo mismo a la Iglesia anglicana

que a la religión católica, como escribió el reverendo Jorge E. Ellis,

predicador puritano. «Jamás--dijo--entró en la mente de nuestros

mayores el hacer de su territorio, comprado con su dinero y garantido

legalmente por patente real, un asilo para toda clase de religiones,

sino que lo destinaron a ser una mansión de paz, de reposo y de

costumbres puras para los que tienen los mismos sentimientos, la misma

creencia y los mismos intereses.»

Roger Williams fundó en 1635 una colonia que abarcaba el territorio que

a la sazón constituye el Estado de _Rhode-Island_. Williams, predicador

puritano, fué proscripto de Salem porque se atrevió a decir que el

gobierno no tenía derecho a exigir que los ciudadanos asistiesen al

culto en la iglesia.

Es también de notar que en el mencionado año se fundó la colonia de

_Concord_, en el actual Estado de New-Hampshire, y la de _Conneticut_

en un lugar de la cuenca feraz del río del mismo nombre.

No pasaremos adelante sin referir que Mistress Ana Hutchinson, mujer de

uno de los individuos más respetables de la colonia, muy estimada por

Enrique Vane, gobernador de Nueva Inglaterra, y respetada por numerosos

colonos, fué perseguida por sus ideas religiosas, pues se atrevió «á

censurar á algunos de los ministros del culto como heterodoxos, y hasta

añadió ideas y opiniones propias, fundadas todas ellas en el sistema

denominado _antinomiano_ por los teólogos, é impregnadas del más

profundo entusiasmo religioso»[25]. Tan acaloradas y violentas fueron

las discusiones religiosas, que llegaron a amenazar la existencia de

la colonia. Condenadas las opiniones de la innovadora, se le impuso la

pena de destierro, viéndose obligada a retirarse a Aquiday, en la isla

de Rhodes, donde sufrió toda clase de privaciones y trabajos, habiendo

provocado el gobernador Kieft, con sus crueldades, la terrible venganza

de los indios, venganza que llegó al extremo de incendiar y matar a

todos los blancos que encontraban. La casa de Mistress Hutchinson fué

incendiada, pereciendo ella con toda su familia, o entre las llamas, o

degollada por los salvajes.

[25] Spencer, _Hist. de los Estados Unidos_, tomo I, pág. 75.

En tanto que el rey Carlos I perseguía con encarnizamiento a los

presbiterianos y puritanos que emigraban a millares de su país, llegó

también en su fanatismo anglicano a querer imponer su voluntad a las

colonias americanas; pero los colonos se aprestaron a la lucha y las

cosas quedaron en el mismo estado. Por su parte, los puritanos de la

Nueva Inglaterra, cada vez más intolerantes, persiguieron con crueldad

a los cuákeros (que no querían ni iglesias ni clérigos); luego dejaron

de perseguirles, restableciéndose la paz.

Como los fanáticos anglicanos, y a la cabeza de ellos el arzobispo

Laud, no cesaran de excitar a Carlos I contra la colonia de

Massachusetts, presintiendo los colonos todos de la Nueva Inglaterra

que pudiera llegar un día en que tuvieran que defenderse de las

tiranías de la metrópoli, proyectaron formar una unión (1637), y cuyo

proyecto se realizó el 1643, en cuyo año las colonias de Massachusetts,

Plymouth, etcétera, formaron, con el nombre de _Colonias unidas de la

Nueva Inglaterra_, «una liga sólida y perpetua, ofensiva y defensiva,

de mutuo consejo y apoyo en todas las causas justas, lo mismo para la

conservación y propagación de la verdad y de los derechos basados en

el Evangelio, que para su prosperidad y seguridad.» Tan arraigada se

hallaba la convicción de unirse, que en el año siguiente (1644) se

proyectó general federación de todas las colonias inglesas de América.

Hace notar muy acertadamente el historiador Bancroft, que la poderosa

colonia de Massachusetts fué la primera que quiso realizar la primera

liga, y la que después se manifestó más impaciente por sacudir el yugo

británico.

Comenzaron a prosperar las colonias, llegando en poco tiempo a un

verdadero estado de esplendor. Exportaban trigo a las Antillas;

pieles, maderas y pescado seco a Europa. Los habitantes de Nueva

Inglaterra ordenaron (1647) que cada pueblo de cincuenta vecinos

se hallaba obligado a tener un maestro de instrucción primaria, «a

fin--dijeron--de que la instrucción de nuestros mayores no quede

sepultada con sus restos mortales», añadiendo en la parte expositiva

de ley que «la ignorancia es equivalente a la barbarie, y todo niño

debe saber leer y escribir el idioma de sus padres.» Todo grupo de cien

vecinos tenía también la obligación de mantener una escuela. Antes

se había proyectado la fundación de una Universidad (1636), y dos

años después, al morir Juan Harvard, rico colono, dejó su biblioteca

y la mitad de su propiedad inmueble a la Universidad. Lo mismo la

instrucción elemental que la superior recibieron frecuentemente

cariñosas muestras de parte de los ciudadanos. La imprenta comenzó

en el año 1639. Si pueriles son algunas ideas de los puritanos y si

censurables son algunos hechos, no puede negarse la sencillez de

costumbres y la bondad de aquella raza que se estableció en el Norte de

América.

Guillermo Clayborne obtuvo de Carlos I, en 1631, una patente para

comerciar con los habitantes del golfo de Chesapeake, los cuales

daban las pieles de animales a cambio de productos de la metrópoli.

Poco después cedió el Rey a título de propiedad perpetua todo lo

que actualmente es el Estado de _Maryland_, a Jorge Calvert (lord

Baltimore). El territorio citado se llamaría Maryland (tierra de

María), en honor de la mujer de Carlos I. Cuando Baltimore se disponía

a pasar a sus nuevos dominios, le sorprendió la muerte (1632),

sucediéndole su hijo Cecilio, que en 1633 marchó con 200 emigrantes.

Fundó una colonia a orillas del río Saint-Mary, no sin tener oposición

de Virginia, que reclamaba como suyo el territorio de Maryland.

Prosperó rápidamente la nueva colonia, sin embargo de la guerra que

tuvo que sostener con Clayborne y también de las disensiones entre los

colonos y el propietario, siendo todavía más de extrañar, considerando

su origen aristocrático-feudal, el engrandecimiento de Maryland, pues

ya en 1660 contaba con 12.000 habitantes. El año 1663, por patente

de Carlos II, se concedió el país que se extendía entre la Virginia

de entonces y el río de San Mateo, en la Florida, a los personajes

siguientes: el historiador y ministro gran canciller conde de

Clarendon, Monk, duque de Albermale, lord Craven, lord Ashley Cooper

(después conde de Shaftesburg), Juan Colleton, los dos Berkeley y

Jorge Carteret. Es de advertir que ya en 1629 Carlos I había cedido

el mismo territorio a Roberto Heath, si bien no se estableció en él

ninguna colonia permanente. También advertiremos que cuando en 1663 la

cedió Carlos II, había colonos en la Carolina procedentes de la vecina

Virginia, de la Nueva Inglaterra y hasta de las Antillas inglesas, en

particular de las Barbadas. Los que procedían de Virginia se fundieron

posteriormente con los de Nueva Inglaterra y fundaron la colonia de

la _Carolina del Norte_; los de las Barbadas, con los procedentes

directamente de Inglaterra, la de la _Carolina del Sur_. En el citado

año, Berkeley, uno de los concesionarios que allí funcionaba como

gobernador, obtuvo autorización para nombrar dos subgobernadores: uno

para las colonias del Nordeste, y otro para las del Sudeste, separadas

por pantanos intransitables. El primer gobernador especial de la

Carolina del Norte fué Guillermo Drummond, a quien sucedió Stephens.

Para la colonia escribió (1670) el insigne filósofo Juan Locke una

constitución feudal tan absurda e impracticable que, aun modificada

varias veces, nunca pudo ponerse en práctica. Sólo por el nombre del

autor daremos a conocer algunas de sus disposiciones: «El gobierno

debía estar en manos de la aristocracia territorial, a cuya cabeza

figuraban los ocho concesionarios primeros, de los cuales el de más

edad tendría el título de palatino, que a su muerte pasaría al que le

siguiera en edad. A este título iban afectas ciertas prerrogativas. Se

mandaba dividir todo el territorio en condados, subdivididos cada uno

en ocho señoríos, ocho baronías y veinticuatro colonias o municipios

en una extensión de 12.000 acres (4.856 hectáreas). Los señoríos

pertenecerían a los propietarios, las baronías a la nobleza y las

colonias o municipios al común de colonos. Debían nombrarse de entre

la nobleza cuatro condes, uno por cada condado; de entre los barones,

dos por cada condado, y de entre los caciques otros dos. Al palatino

correspondía nombrar cuatro condes y ocho caciques, siendo los demás

nombrados por los otros siete concesionarios primitivos. Los títulos

y los territorios eran declarados hereditarios e inenagenables. El

poder judicial y el ejecutivo pertenecían a los propietarios, que

con los altos funcionarios formaban el gran Consejo o Senado; todos

los propietarios, nobles y comunes o sus representantes, formaban

la Cámara de los Comunes, en la cual para tener voto bastaba ser

propietario de cincuenta acres. Tocante a la parte religiosa se

inclinaba esta constitución al sistema que se ha dado en llamar de

intolerancia modificada». Todas las religiones estaban permitidas, con

tal que tuviesen culto público y reconociesen la existencia de Dios

y la santidad del juramento. Para que una comunidad religiosa fuera

autorizada y protegida por la ley, debía contar de siete miembros por

lo menos, y en ninguna reunión religiosa debía permitirse hablar contra

el gobierno ni sobre su política. La esclavitud estaba permitida desde

un principio y lo mismo la servidumbre. Los amos eran dueños absolutos

de sus esclavos, y los siervos no podían abandonar la gleba sin permiso

de su amo, y sus descendientes continuaban en la misma servidumbre

hasta la última generación»[26].

[26] Ernesto Oton Hopp, _Los Estados Unidos de la América del

Norte_, págs. 16 y 17.

Subleváronse los colonos en 1678 contra las autoridades, sublevación

que hubo de coincidir con la de Virginia, capitaneada por Bacon.

Sofocada la revolución, volvió diez años después a levantar la cabeza.

Antes de pasar adelante recordaremos que el nombre de Carolina del

Norte apareció por vez primera en un escrito correspondiente al año

de 1691. Lento y difícil fué el desarrollo de la colonia, pues el

suelo era arenoso, los habitantes indolentes y refractarios a todo

gobierno. Casi toda la riqueza se reducía a caballos y cerdos, que en

manadas corrían semi salvajes por las llanuras. Edenton, capital de la

colonia, prosperó poco. Mr. Bancroft dice de la colonia Carolina del

Norte, que «era el santuario de los fugitivos y desertores, donde cada

uno hacía lo que quería, sin adorar a Dios ni al César.» Continuó la

anarquía algún tiempo; pero desde que en 1729 cesó el gobierno nominal

de los concesionarios del territorio, el cual pasó a ser propiedad de

la Corona, adelantó bastante la colonia, como se prueba considerando

que en 1755 contaba con más de 50.000 habitantes. Del mismo modo la

industria adquirió no escasa importancia.

Pronto llegó a una situación próspera la colonia fundada en el

_Cabo Fear_, siendo de advertir--según la estadística de aquellos

tiempos--que en el año de 1665 ya contaba con 800 habitantes.

Procedente de las Barbadas, el primer gobernador, Juan Yeamans,

introdujo en ella los usos y costumbres de aquellas islas. Los

concesionarios de las Carolinas mandaron a su secretario, Sandford

(1666) a fundar otras colonias en Carolina del Sur. Sandford encontró

en mal estado la del Cabo Fear, la cual había decaído rápidamente, y

propuso, a orillas del río Charles, la fundación de otra que recibió

el nombre de _Charlestown_ (1670). Posteriormente llegaron nuevos

inmigrantes a Charlestown, ya procedentes de las islas Lucayas, ya de

Nueva York, y también directamente de Inglaterra.

A causa de que tres galeras españolas procedentes de tierra americana y

cuya capital era San Agustín, cayeron sobre Edisto, colonia escocesa,

saqueándola y destruyéndola (1680), los demás colonos del país se

dispusieron a tomar el desquite. Tuvieron que desistir porque así lo

mandaron los ocho señores propietarios, y también para no exponerse a

mayores males.

No faltaba motivo a los españoles para estar disgustados con la colonia

de Charlestown, madriguera de piratas y refugio de contrabandistas.

Llegó el caso que hasta el mismo gobierno inglés propuso, en 1695,

la agregación de la Carolina del Norte a la de Virginia, y la de la

Carolina del Sur al gobierno de las islas Lucayas, «como único medio

de acabar con las plagas de la piratería y del contrabando.» Turbóse

el orden tiempo adelante por cuestiones religiosas en la Carolina del

Sur. Luego se rompieron las hostilidades entre carolinos y españoles,

llegando el gobernador inglés Moore a dirigir una expedición contra

la ciudad de San Agustín, a la cual saqueó, retirándose después.

Continuó la guerra, y Moore, siendo ya gobernador Johnson, realizó

otra expedición (1702). Aunque en el año 1706, los españoles, deseosos

de tomar venganza, armaron una escuadra que, en unión de la francesa,

atacó a Charlestown, los habitantes de la ciudad se defendieron

bizarramente y llevaron la mejor parte. La intolerancia religiosa fué

motivo de serios disgustos y de grandes contrariedades en la colonia,

pues el partido anglicano ortodoxo se declaró enemigo mortal de todas

las sectas disidentes, teniendo que imponer su veto el gobierno de la

metrópoli. Comenzó a florecer la colonia con el cultivo del arroz, que

en 1691 prosperó y tomó gran incremento, siendo de sentir que al mismo

tiempo aumentara de tal modo la esclavitud, que en el año 1708, de

10.000 habitantes sólo 1.360 eran libres.

En los primeros años del siglo XVIII estalló terrible insurrección de

los indios contra los blancos en la Carolina del Sur. Apenas salía la

Carolina del Norte de las devastaciones de los indígenas, comenzaba la

misma calamidad en la del Sur. El día 15 de abril de 1715 se rompieron

las hostilidades, y los indios llevaron por todas partes la desolación

y la muerte. Los escritores de aquellos tiempos hacen subir las fuerzas

insurrectas a seis o siete mil hombres. La Carolina del Norte, Virginia

y Nueva York, prestaron los auxilios que pudieron buenamente. Esta

guerra, que vino a durar un año, costó la vida a algunos centenares

de habitantes, calculándose en 100.000 libras los daños y perjuicios

ocasionados, sin contar una deuda que venía a importar la misma

cantidad. Ensoberbeció a los blancos o propietarios el triunfo sobre

los indios y colonos, y los abusos de aquéllos obligaron al pueblo a

tomar sus medidas contra la conducta y opresión de los dueños de las

tierras. También por entonces la fortuna había vuelto la espalda a los

piratas, quienes huyeron de aquellas costas. Como es natural, habiendo

aumentado la deuda pública por estas guerras, tuvo la colonia que

emitir papel moneda por valor de unos dos millones de pesetas, lo cual

originó una crisis monetaria. En la necesidad de arbitrar recursos,

la asamblea legislativa de Charlestown (Carolina del Sur) tomó las

siguientes medidas: votar un impuesto de entrada sobre los negros

que el comercio introducía en la colonia, y otro impuesto sobre la

importación de las mercancías inglesas. A esta última ley opusieron su

veto los dueños de la Carolina, cuya conducta y otros actos dieron por

resultado, en 1719, general descontento, llegando a decir los colonos

que «los señores sólo querían tener derechos y no deberes, y que en los

momentos de peligro no enviaban remedios ni auxilios.» Tantos fueron

los odios de los colonos a los dueños del territorio, que poco después

se encargó la Corona de la Carolina y nombró un gobernador. Ya no quedó

otro recurso a los concesionarios que ceder sus derechos en favor de

la Corona de Inglaterra mediante una indemnización de 437.500 pesetas.

Depuesto el gobernador Johnson y elegido el coronel James Moore para

que gobernase la colonia en nombre del Rey, se envió un agente a

Inglaterra que abogase en favor de los colonos, dando esto origen a que

se entablase un proceso legal para invalidar la Carta de la Carolina.

Durante la instrucción del proceso, se encargó la Corona del gobierno

de la Carolina del Sur. En calidad de gobernador real interino marchó

a Carolina del Sur, Sir Francisco Nicholson, quien deseando ganar la

voluntad del pueblo, eligió presidente del Consejo a Middleton, y

presidente del Tribunal a Mr. Allen, los cuales se habían distinguido

en el último movimiento contra los propietarios. Sancionó (1722) para

salir de apuros económicos, una emisión de papel moneda, que ocasionó

durante algunos años gran confusión en el país.

Aunque en la Carolina del Norte los colonos no se habían rebelado

contra los propietarios, pasado algún tiempo los últimos vendieron sus

derechos a la Corona por unas 22.000 libras. Burrington fué repuesto

en el gobierno de la Carolina del Norte, sucediéndole, en 1737,

Guillermo Bull, presidente del Consejo. En la Carolina del Sur quedó

Roberto Johnson encargado del gobierno. Poco a poco comenzaron ambas

Carolinas a llamar la atención de los Estados europeos, acudiendo a

ellas muchos emigrantes alentados por el bienestar que se gozaba. El

mayor contingente salió de Irlanda. La colonia irlandesa se estableció

en las riberas del Santee y constituyó una población que se llamó

Williamburgh. Aumentó el poder de las Carolinas, llegando a acometer

algunas empresas contra los españoles. Aumentó también la riqueza del

país, dándose el caso de que muchos habitantes mandaban sus hijos a

Inglaterra para que se educasen e instruyesen.

Guillermo Penn, en el año 1681, adquirió, con otros once cuákeros,

la parte oriental de _Nueva Jersey_, donde se hallaban establecidos

puritanos[27]. Además, en el mismo año el gobierno de Carlos III le

concedió, mediante el precio de 16.000 libras esterlinas (400.000

pesetas), adelantadas por el padre de Penn al gobierno, una extensión

de territorio a orillas del río Delaware. Influyeron a resultado tan

favorable los personajes North, Halifax, Sunderland y otros amigos

del padre de Penn. Dícese que el mismo Carlos II, al saber que el

nuevo propietario quería dar al país que acababa de comprar el nombre

de Silvania, tuvo empeño en llamarlo _Penn-Silvania_ (Pensilvania).

Pasó Penn a América en 1682 a tomar posesión de su territorio, y en

1683 fundó la ciudad de _Filadelfia_ (amor fraternal), que a los dos

años contaba 600 casas, una escuela y una imprenta. En la asamblea

convocada por Penn se sancionaron los 24 artículos de sencilla

constitución, artículos que casi un siglo después (1776) sirvieron de

base al proyecto de constitución de la gran República de los Estados

Unidos del Norte. Tan rápidamente se desarrolló la Pensilvania, que en

1688 contaba con unos 12.000 habitantes, y en 1755, con inclusión del

Delaware, 220.000.

[27] Nació Penn en Londres el 1644. Era hijo del almirante

que conquistó para Inglaterra la isla de Jamaica y peleó en

la guerra marítima contra Holanda. El duque de York (después

Jacobo II) fué padrino del niño Guillermo en el acto del

bautismo. A los quince años ingresó en la Universidad de

Oxford, dándose a conocer por su severidad de costumbres y por

su resistencia a cumplir ciertos actos religiosos. Convirtióse

a la secta cuákera.

El cuákero no quería iglesias, ni sacerdotes, ni culto

exterior; huía de los litigios y detestaba la guerra; amaba la

sencillez y practicaba la caridad.

No pudo conseguir su padre, aunque lo intentó varias veces,

que su hijo se presentara en la corte y frecuentara la alta

sociedad.

Dedicóse a propagar sus doctrinas religiosas, recorriendo

ciudades y aldeas, pronunciando discursos y publicando

folletos. A petición del obispo de Londres, por haber

publicado el folleto intitulado _The sandy foundation shaken_

(Los cimientos de arena conmovidos), fué encerrado en la

Torre el año 1668; y durante los siete meses de su prisión

escribió otro que llamó _No cross no crown_ (Sin la cruz no

hay corona), que vió la luz el 1669.

Reconciliáronse padre e hijo cuando el primero se convenció

de las profundas convicciones del segundo. El padre, en su

lecho de muerte (1670), hubo de decir: «Hijo mío, si tú y tus

amigos continuais firmes viviendo y predicando conforme a

vuestros sencillos principios, acabareis por hacer desaparecer

para siempre toda clerecía.» Casóse el año 1672 con Julia

Springett. Oprimidos y vejados los cuákeros, dirigieron sus

miradas, como los puritanos, a la América del Norte. La

secta hizo muchos prosélitos en varias colonias, merced a la

propaganda de Fox, fundador de aquella doctrina religiosa, el

cual recorrió desde Rhode-Island hasta la Carolina. Bastará

decir que en 1677 los cuákeros redactaron una constitución

para Nueva Jersey; el 1678 contaba la colonia 400 habitantes,

y el 1681 se verificó la primera asamblea legislativa.

_Georgia_ fué la última colonia inglesa establecida en la América del

Norte. Jorge II autorizó en 1732 al general Oglethorpe para colonizar

los territorios situados entre los ríos Savannah y Alatamaha durante

veintiún años, al cabo de cuyo tiempo debían ser propiedad de la

Corona de Inglaterra. Oglethorpe, hombre de carácter tan enérgico

como humanitario, se propuso, ante la crueldad de las leyes penales

inglesas, fundar una colonia que sirviese de refugio a los desgraciados

delincuentes y también para poner coto a la esclavitud. Oglethorpe

hizo grabar en el sello de la sociedad que formó el siguiente lema:

_Non sibi, sed aliis_. A la colonia, en honor de Jorge II, dió el

nombre de _Georgia Augusta_, y en ella eran admitidas todas las

religiones cristianas, exceptuando solamente la católica. Llegó a

Charlestown en los comienzos de 1733 con 120 emigrantes, fundando la

primera población donde hoy se levanta Savannah, a orillas del río del

mismo nombre. Trazóse el plano de la ciudad con calles anchas, largas

y rectas; pero progresó muy lentamente. Llegaron en 1734 inmigrantes

moravos, los cuales fundaron el pueblo de Ebenezer, dedicándose al

cultivo de árboles frutales europeos; también se dedicaron al cultivo

de la morera, que dió felices resultados, pues a los pocos años

presentaron en el mercado 10.000 libras de seda. Oglethorpe marchó a

Inglaterra, y a su vuelta, en 1736, trajo más inmigrantes. Guerra tenaz

estalló entre ingleses y españoles. Quisieron los ingleses, mandados

por Oglethorpe, apoderarse de San Agustín, en la Florida, cuya empresa

fracasó; y a su vez, los españoles atacaron la Georgia, de donde fueron

rechazados con bastantes pérdidas. Retiróse definitivamente Oglethorpe

de la Georgia (1743), deseando pasar los últimos años de su vida, que

fué larga, en Inglaterra. Cambió entonces completamente la manera de

ser de la Georgia, y aquella tierra paradisiaca fué como otras de

América. Los pequeños cultivos fueron reemplazados por los grandes, se

arraigó la esclavitud y desapareció para siempre el bienestar y las

virtudes. Oglethorpe vivió en Inglaterra el tiempo suficiente para ver

la proclamación de la independencia de los Estados Unidos, acabando sus

días el 1.º de julio de 1785, a la avanzada edad de noventa y siete

años.

Pondremos remate a este capítulo dando a conocer algunos hechos

realizados por el viajero normando Cavelier de la Salle. Tan difíciles

y tan peligrosas fueron sus expediciones, que algunas veces parecen

legendarias. Personaje tan activo y emprendedor visitó con varia

fortuna muchos lugares; mas hubo de encontrar, tal vez sin motivo

alguno, grandes contrariedades de parte de los jesuítas. Aquel hombre

inteligente y enérgico de carácter, después de tres viajes por las

regiones situadas más allá de los lagos, donde le sucedieron aventuras

sin cuento, pudo embarcarse en la primavera de 1682 en el _Père des

Eaux_, y habiendo navegado cincuenta días, llegó al delta y reconoció

los pasos que comunican con el golfo de México. Pasados dos años,

volvió de Francia con una pequeña flota y en calidad de virrey de

_Luisiana_; pero habiéndose conferido el mando de la escuadra a un

enemigo personal suyo, éste, queriendo él sólo explorar las bocas del

Mississipí, dejó a Cavelier casi sin víveres en la costa de Tejas.

El insigne y desafortunado viajero, más fuerte ante la desgracia,

emprendió la exploración por tierra. Cuando se hallaba más decidido a

colonizar la fértil región que acababa de descubrir, el infame Duhaut

le descargó con su mosquete un tiro en la cabeza, matándole en el

acto. Esto sucedía el 19 de marzo de 1687. Dice Mr. Gayarré que fué

asesinado donde ahora se levanta Washington, cuya fundación se debe a

los compañeros de aquel infeliz, y que la bandera estrellada ondea allí

donde el primer mártir de la civilización regó con su sangre la futura

tierra de la libertad[28]. Tiempo adelante los Estados Unidos de Norte

América compraron a Francia la Luisiana.

[28] _Historia de la Luisiana_, vol. I, pág. 28.

[Ilustración: HERNÁN CORTÉS.]

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo II · 第 13 / 141 题