En México hay dos clases de justicia, una para los extranjeros, otra

para los mexicanos. La experiencia enseñó á Porfirio Díaz que la

mayor parte de las guerras é intervenciones extranjeras se deben, en

México, á los perjuicios legales y á las diferencias arbitrarias de

que han sido víctimas los extranjeros. Por eso uno de sus mandamientos

políticos ha sido tratar á los extranjeros con tanta cautela y equidad

cuanto puedan permitirlo las circunstancias. El extranjero lleva al

país dinero ó energías; trabaja y ayuda á mejorar las condiciones

económicas de la nación, sin intervenir en los asuntos políticos, y sin

más ambición que la de enriquecerse. Si lo oprimen ó lo tratan mal,

puede provocar complicaciones internacionales y desacreditar al país

pidiendo la protección de su cónsul ó de su ministro. Por otro lado,

en el régimen de Díaz, el hijo del país no representa la misma suma de

ventajas para éste que el extranjero, pues el mexicano es afecto á la

política y, por lo tanto, interfiere con el poder y con la ambición del

déspota.

La justicia por naturaleza es esencialmente democrática, sus veredictos

no se inspiran en consideraciones de castas, de abolengo, de influencia

ni de fortuna. De ahí se desprende lógicamente que la justicia, tomada

en su sentido puro, no puede albergarse en una nación regida por un

sátrapa, puesto que todo gobierno unipersonal está conglobado en el

tipo aristocrático.

Artificiosa y sagaz ha sido la política de Porfirio Díaz al ofrecer

justicia, sinceridad y privilegios especiales á los extranjeros; á sus

esbirros, inmunidad para sus licenciosos actos, favor y protección; y á

los nacionales independientes, arbitrariedades, injusticias y chicanas.

Porfirio Díaz es la representación del bifronte Jano: por delante

presenta el rostro de Minerva, serio, tranquilo, justo, profundo y

noble. Esta es la cara para los de fuera; pero visto por detrás,

presenta la cara reservada para los mexicanos: la máscara de Medusa,

terrible, atormentada por el miedo y la crueldad, algo que causa

espanto por sus petrificadas líneas de violencia.

Porfirio Díaz tiene un socio español, llamado Íñigo Noriega, que está

muy rico y es hombre de gran astucia y de enorme influencia. Nada más

curioso que ver á diario á los magistrados de la Suprema Corte y á los

jueces federales en las antesalas de ese español para discutir con él

las resoluciones que deben dictarse en asuntos judiciales.

Los jueces están corrompidos de la manera más desvergonzada y cínica;

los que no están corrompidos y procuran cumplir con sus deberes,

siempre obedecen las órdenes de todos los satélites del ministro y del

subsecretario de Justicia y de Porfirio Díaz, cuyo simple deseo es una

orden. Tómese al acaso de la lista de los jueces cualquier nombre, y se

tendrá una idea del tipo de hombre que administra justicia en México.

_Demetrio Sodi._ Natural de Oaxaca. En ocho años de desempeñar la

judicatura ha realizado una fortuna de más de un millón de pesos. Hoy

es presidente de la Suprema Corte de la Nación, y ha sido magistrado,

presidente de los debates y agente del gobierno.

Es el tipo perfecto del cortesano, lacayo del Presidente. Como el

gobierno favorecía la supresión del jurado popular, en una entrevista

presentó el siguiente argumento en contra del sistema: “Cualesquiera

que sean las intenciones de los jurados, siempre puedo hacer que falle

de conformidad con mis propósitos”. Entre sus aforismos está el de que

_no hay más justicia que la real gana de quien manda_.

_Telesforo Ocampo._ Joven aún. Hace menos de un año estaba juzgando un

caso de homicidio, cuando una noche, en una comida con varios amigos,

apostó con el abogado defensor que obtendría sentencia de muerte

contra el acusado. El defensor aceptó la apuesta, y, en prueba de

buena fe, exigió una constancia por escrito de la tal apuesta, cuya

pena era la de pagar una comida por el que perdiese. Un periódico se

hizo del documento y lo publicó con los datos de la apuesta, creando

gran escándalo é indignación. Todo el mundo esperó que Ocampo fuese

destituído del foro. Pero sucedió lo inesperado: el abogado defensor

fué á la cárcel por faltas al juez; Ocampo sentenció á muerte al

acusado, y ganó su apuesta--y continúa administrando “justicia”, sin

que nadie le moleste y sin haber recibido siquiera una amonestación del

Ministro de Justicia ó de Porfirio Díaz.

Uno de sus axiomas es el de que “todo acusado es un criminal y, por lo

mismo, debe ser condenado”.

_Eugenio Ezquerro._ Juez 3.º correccional. Ha sido acusado por once

cargos y se han cometido en su juzgado verdaderos horrores, á pesar de

todo lo cual permanece en su puesto por ser un protegido de Don Lorenzo

Elízaga. En 1904 metieron en la cárcel á todos sus secretarios por

haberse robado las multas impuestas. La absolución fué completa. Todo

el que tiene dinero puede arreglar su caso con el juez. Ezquerro se

ríe cínicamente de la justicia mexicana y la llama “_una pamplina que

da de comer á mucha gente_”.

_Trinidad Meza Salinas_ es otro ejemplar representativo del juez.

Es un ex-abogado que fué sentenciado á seis años de prisión por el

delito de bigamia. Después de haber cumplido la sentencia en la

cárcel de Belén, se hizo defensor y protector de los pobres. Cometió

mil estafas, triquiñuelas y pequeñas picardías hasta el punto de que

la misma Comisión de Vigilancia, tan soñolente de suyo, tuvo que

dictar providencias en su contra. Fué acusado de varios delitos, pero

repentinamente se sobreseyó en su causa y lo nombraron secretario de un

tribunal, juez y agente del gobierno en el departamento de la Guerra.

_Justino Fernández._ Este es el Ministro de Justicia, un hombre

decrépito, con un pie en la tumba y el otro que nada tiene que hacer

fuera de ella. Lo hizo ministro Porfirio Díaz, de quien es pariente,

y confía en que no se entremeterá en los asuntos del departamento de

justicia. Eso de Ministro de Justicia no es más que un modo de hablar,

y tiene de común con la alegórica representación de la Justicia el ser

casi ciego y tan sordo como una tapia. Cuando se solicita de él que

resuelva una cuestión judicial, desdeña hacerlo, considerándola como

cosa extraña á su departamento. A pesar de esto, con frecuencia asienta

axiomas que evidentemente están recogidos en los campos de Friedrich

Nietzsche, Porfirio Díaz, y, algunas veces, en los de Sancho Panza.

BELÉN.--LA BASTILLA MEXICANA.

Si los jueces están corrompidos fácil es colegir lo que será la prisión

ó lugar de expiación de los delitos. Nadie puede figurarse lo que es

Belén, esa Bastilla mexicana, limbo y purgatorio á la vez. No está

descrita en los libros de los viajeros, porque los viajeros no son

recibidos como visitantes en ese lugar de tormento.

“El Infierno” del Dante tenía círculos con una profundidad en relación

con las iniquidades cometidas por el pecador; pero si se compara con

Belén el “Agujero Negro” (The Black Hole) de Calcutta, resulta éste

un salón de recreo, así como las prisiones de Siberia aparecerían como

instituciones filantrópicas, y los “Piombi” ó calabozos de los palacios

de los Dux, confortables residencias.

Belén es la superlativa expresión de la injusticia mexicana y un

ejemplo de la equidad de Porfirio Díaz, el Justo, el Recto, el

Imparcial. Belén no es una cárcel, ni una galera, ni un presidio;

es Gehenna, el abismo de Aqueronte; una enfermedad inmencionable en

el cuerpo de la justicia mexicana; una inmensa cloaca que contiene

gusanos, inmundicia, carroña, enfermedades, poluciones y depravación;

llena de pájaros de presidio, aprensados como sardinas en lata,

tratados como reses. Es una abominación sobre la faz de la tierra, un

céspol humano, una muestra sucia y apestosa del benévolo interés que se

toma el viejo déspota por todo aquello que está oculto á las miradas de

los extranjeros.

El gobierno de Díaz ha gastado millones de pesos en un parque y en una

calzada para coches en Chapultepec, en una oficina de correos modelo,

en un clásico edificio para los telégrafos, y en un palacio monumental

para el Congreso; gasta de 8 á 10 millones de pesos en un teatro de

mármol, para la ópera, que resultará una maravilla. Pero, en cambio,

los planos para una cárcel modelo sugerida por Guillermo de Landa y

Escandón, se están pudriendo desde hace seis años en los archivos del

gobierno.

Belén, que tiene el tamaño de una media manzana de New York, encierra

de cinco á seis mil hombres, unos 300 muchachos y 600 mujeres. Hay una

galera de 180 metros cuadrados en la que se supone que deben dormir

1800 hombres, quienes tienen que emprender feroz lucha para conseguir

un pedazo del suelo en que tenderse á descansar, y los más débiles se

ven obligados á quedar de pie, ó á estar sentados, ó á echarse los unos

sobre los otros.

Chinches, piojos, pulgas y toda clase de insectos pululan por miriadas,

y si se da una palmada en cualquiera parte de la pared, se aplasta

cientos de esos bichos.

El alimento es incomible, y á veces queda expuesto al sol ó á la lluvia

horas enteras antes de ser distribuído.

Permítese á los hombres tomar un baño de regadera, pero no se les da

jabón ni un trapo para que se enjuaguen, y cada cual se seca como puede.

El resultado de tal orden de cosas es el gran número de epidemias y la

frecuencia de la tuberculosis entre aquellos desgraciados. “El Diario”,

en su número de 7 de Octubre de 1908, publicó la lista de los presos

que en un solo día contrajeron el tifus en la cárcel de Belén: CIENTO

SETENTA Y SEIS CASOS.--Al día siguiente no fué posible conseguir la

lista de los nuevos casos: la autoridad suprimió la verdad.

Los guardianes de la prisión tienen un poder absoluto. La mayor parte

de ellos son presos también; extorsionan, roban y cometen toda clase

de villanías, brutalizan y algunas veces matan á palos á los presos

refractarios.

La sodomía es desenfrenada y está fomentada por los guardianes; hombres

y niños tienen que prestarse, por voluntad ó por fuerza, á esa práctica

abominable, y válense para ello del alcohol y de la marihuana.

Hay una Comisión de Vigilancia, compuesta de doce individuos, quienes

se supone que están encargados de cuidar de que no se cometan abusos,

ni se viole la ley, ni se falte á los reglamentos interiores. Estos

visitan la prisión cada tres ó cada seis meses; pero algunas veces

electrifican sus actividades, como el Consejo de los Diez de Venecia,

si reciben algún anónimo procedente de algún preso.

LA PENITENCIARÍA.

A despecho de su apariencia de salubridad y de limpieza, este es un

lugar de refinada y sutil inquisición. Los presos son maltratados, mal

alimentados, mal cuidados. En siete años entraron 1275 penados, de

los que fallecieron 162. Obligan allí á los sentenciados á trabajar,

pagándoles la décima sexta parte del jornal del trabajador peor

retribuído. Los guardianes, como en Belén, son todo poderosos, brutales

é injustos. El director de la prisión aumenta meses de recargo de

pena á la sentencia de un penado por el solo informe de un guardián,

sin entrar en más averiguaciones. Los infelices penados andan casi

desnudos, si no tienen ropas propias ó no hay una persona caritativa

que se las proporcione. Los médicos visitan la prisión cada ocho días,

ó cada diez.

LA ESCUELA CORRECCIONAL.

Así llamada por equivocación, porque, en realidad, es una escuela para

el desarrollo de vicios y crímenes, en la que cumplen sus sentencias

los menores de edad. De allí salen los muchachos graduados de ladrones,

rateros, pederastas, rufianes, matones y de algo peor. Se les trata

allí como á animales y están obligados á trabajar sin remuneración

alguna, en beneficio de los amigos de la administración.

Hay un término que con frecuencia se oye en México cuando alguien es

enviado á la cárcel en virtud de cualquiera acusación: “Incomunicado”,

que equivale á que el detenido no puede tratar con su defensor, su

familia ni con nadie que no sea el juez, ni de palabra ni por escrito.

Esta es un arma poderosa en las manos del juez y de las autoridades

de la prisión, y para cuando se trata de periodistas ó de pobres

extranjeros, para evitar que se comuniquen con los representantes de su

nación.

Un tal Manuel Bátiz permaneció incomunicado, en Belén, durante cuatro

meses; Juan Garduño, durante siete meses; Luis Torres DOS AÑOS.

Hace dos años publicaron los periódicos la historia del descubrimiento

de un individuo que había estado en Belén durante veinte años,

esperando, según él dijo, que se presentase alguna acusación en su

contra. El Czar Porfirio Díaz, en su bondad infinita, perdonó á aquel

desgraciado.

Voy á presentar algunos ejemplos del descuido, incompetencia y

menosprecio de los principios más elementales de la justicia.

_Francisco Reyes._ Fué sentenciado á muerte por haber matado á su

novia. Después de haber estado once años en Belén, terminó el juicio,

y como fué sentenciado á muerte le conmutaron la pena en la de veinte

años de prisión. Pero no le descontaron los once años que llevaba de

estar preso, de modo que la pena resultó de 31 años. Cuando su defensor

habló con el Ministro de Justicia para enmendar el error, éste le

contestó de salomónica manera: “Para aquellos que están dentro de la

ley, todo; para aquellos que se han puesto fuera de la ley, ni siquiera

aire para respirar.”

_Francisco Ramírez._ Huésped de la Penitenciaría, de 16 años de edad.

Aunque inocente, fué sentenciado á diez años de prisión, por homicidio,

sin que apenas se le permitiera defenderse. Protestó y pidió que se

le sometiera á juicio, pues estaba en aptitud de probar su inocencia

y de revelar el nombre del verdadero culpable. Se le contestó que se

callase, ó que lo pasaría peor.

_A. Guerrero._ Sentenciado á ocho años de prisión por asesinato. Cuando

tres años más tarde fué aprehendido su hermano, acusado de complicidad,

se revisó el caso y fué condenado Guerrero á muerte. Su abogado fué

á ver al Ministro de Justicia para hablarle sobre la apelación de la

sentencia, por ser ilegal; el Ministro le contestó: “La generosidad

es el atributo de los débiles; los hombres fuertes usan siempre de la

severidad.”

_Samuel Karsenty._ Francés, de 45 años de edad. Giró por $50,000 á

cargo de un banco de París, y su giro no fué pagado. Fué aprehendido

y en la causa criminal salió absuelto, porque la acción era meramente

civil. Entonces el juez, de una plumada, lo sentenció á nueve años de

prisión. Lo condujeron á la Penitenciaría, incomunicado, á fin de que

no pudiera defenderse ni comunicarse con su Ministro.

_T. Godinez._ Aunque inocente, fué sentenciado á doce años de prisión.

Más tarde se descubrió al verdadero autor del delito y entonces se

le puso en libertad, con la advertencia de:--“Mucho cuidado con hacer

hablar de este asunto, pues de lo contrario volverás á la prisión y

entonces sí que no volverás á salir de ella.”

EL DEPARTAMENTO DE POLICÍA DE MÉXICO.

Considerando el material y el corrupto medio ambiente que rodea al jefe

de la policía, sobrino de Porfirio Díaz, éste es lo mejor que hay en

ese departamento, la persona mejor que jamás ha habido en él. Es un

hombre reposado, sin ostentación, y procura hacer las cosas lo mejor

posible conforme á su modo de ver. Al mismo tiempo hace su pequeño

juego en la partida política, porque Félix Díaz es sumamente ambicioso.

Por otro lado, el departamento de la policía secreta se compone de

gentuza, de las heces del México criminal. Entre sus miembros hay

asesinos y ladrones profesionales. El “detective” Reyes purgó un

asesinato con veinte años de prisión en Belén, y es un petardista de

profesión; Olmos procede de la Penitenciaría y tiene 21 entradas en la

cárcel de Belén por delitos contra la propiedad; Camargo ha entrado en

Belén 37 veces y todas ellas por robo; Muñoz, 22 veces por ratero.

Conocen tan bien los jueces la protección incondicional que les

dispensa Porfirio Díaz, que creen y hacen creer á los infelices que

piden justicia, que son infalibles.

He aquí un caso para ilustrar mi aserto. Una noche varios especuladores

de boletas de teatro tuvieron una cuestión con algunos policías

secretos, quienes los condujeron á la Comisaría. Al día siguiente

comparecieron ante el juez Tello Rodríguez, quien les preguntó dónde

habían tomado la última copa antes de la pendencia. Los acusados

contestaron que en el Restaurant de Gambrinus, y el juez, sin meterse

á averiguar si la cantina estaba cerrada á esas horas, impuso una

multa de $200 al propietario, un italiano llamado Bellato, quien

llevó sus testigos y aun al policía del punto, para probar que á la

hora de referencia la cantina estuvo cerrada y sólo el restaurant

estaba abierto, con lo que no se infringía la ley. El secretario del

Gobernador del Distrito no se impresionó en lo más mínimo por aquellas

evidencias, y como oráculo del Distrito Federal declaró: “aunque sé que

Vd. tiene razón, eso nada importa, porque las decisiones del juez son

infalibles”.

Todos sabemos que en Roma hay un Papa que es infalible en materias

religiosas, pero á México estaba reservada la declaración de la

infalibilidad de los jueces.

Veamos ahora hasta qué punto los magistrados de la Suprema Corte

resisten la tensión cuando se trata de extranjeros que no tienen miedo

y gozan de influencia.

Hace algunos años que una compañía canadiense intitulada “The Mexican

Light and Power Co.”, necesitó un pedazo de terreno para la instalación

de postes eléctricos. El caballero mexicano á quien pertenecía el

terreno, creyó haber encontrado una buena oportunidad para exprimir

á la poderosa compañía. El tal lote era casi un paralelogramo y la

compañía no necesitaba más que una esquina, un triángulo, que tendría

la décima parte del predio. El propietario ofreció todo el predio á

razón de tanto por metro cuadrado; pero el presidente de la compañía

se negó á comprar todo el terreno y ofreció pagar la esquina que

necesitaba al precio señalado. El propietario decidió con toda astucia

vender la repetida esquina, pero á un precio que equivalía al de todo

el predio, lo que se negó á admitir la otra parte. Llevóse el caso

ante la Suprema Corte, la que resolvió que el propietario estaba en su

perfecto derecho para poner el precio, y que la compañía debía pagarlo.

El abogado de la compañía participó la solución al presidente de la

compañía, añadiendo que si no pagaba el precio estipulado, la Corte

la condenaría á pagar. El presidente de la compañía contestó que le

importaba un rábano lo que hiciese la Corte, porque el fallo constituía

una violación flagrante de la ley, y que si se le llegaba á condenar,

la prensa de Europa y de América publicaría la noticia como una muestra

de la justicia mexicana. Azorado el abogado, fué con toda premura á

ver al Ministro Limantour, quien se hizo cargo de toda la importancia

internacional que revestía el caso, y fué, sin pérdida de tiempo, á

consultarlo con Porfirio Díaz.

El Presidente tuvo una conferencia á toda prisa con los magistrados

de la Corte, y el resultado final fué que se anulara la resolución,

decretándose otra conforme á las equitativas bases primitivas.

_Moral_: Si os halláis á la cabeza de una rica corporación, en México,

hasta la misma Suprema Corte revocará sus sentencias; pero si sois

solamente un insignificante fondista, la sentencia que os condene se

llamará “infalible”.

He aquí otro incidente ilustrativo de cómo la camarilla política de

México se substrae algunas veces de la mano de hierro del Czar. Esa

misma corporación (The Mexican Light and Power Co.) advirtió que

estaba perdiendo enormes cantidades de potencia eléctrica. Después

de cuidadosas investigaciones, descubrióse que el escape tenía lugar

cerca de una fábrica ubicada en los suburbios de México. Desviaron y

midieron la potencia en el poste más cercano á la fábrica, y después de

hacer el cálculo respectivo, encontraron que, aunque la fábrica estaba

alumbrada y movida por electricidad, el propietario sólo pagaba por

una fracción de la potencia y que la pérdida de la compañía ascendía

á $45,000. El presidente de la compañía, caballero canadiense llamado

C. Cahan, presentó su acusación ante juez competente y se dió orden

de prisión contra el administrador de la fábrica. Al día siguiente

algunos caballeros mexicanos, de prominencia en la política y en las

finanzas, encabezados por Pablo Martínez del Río, fueron á ver á Mr.

Cahan para suplicarle que suspendiese los procedimientos contra el

administrador de la fábrica, como un favor especial al General Díaz,

añadiendo que estaban dispuestos á pagar todas las pérdidas sufridas

por la compañía. Mr. Cahan aceptó la proposición, y se dirigió al juez

que conocía del asunto, para desistirse. El juez rehusó con arrogancia,

y entonces Mr. Cahan comenzó á hacer su querella, nombrando á todos los

directores y propietarios de la fábrica en cuestión. Cuando el juez

oyó los nombres de las personas influyentes y de prominencia implicadas

en el proceso, y comprendió la importancia del asunto, se negó á

seguir conociendo del caso. Entonces, á su vez, Mr. Cahan se indignó

ante aquel juez ignorante y mentecato, y le amenazó con proceder en

su contra si no cumplía con su deber, por lo que el juez prosiguió el

caso con repugnancia. Al día siguiente se presentó en las oficinas

de la compañía, con su gran uniforme de ayudante del Presidente, Don

Pablo Escandón, lacayo real del Presidente, para informar á Mr. Cahan

que había mentido el Sr. Martínez del Río al invocar el nombre del

Presidente para solicitar clemencia en el caso de que se trata, y

que el mismo Presidente vería con gusto que Mr. Cahan continuase los

procedimientos contra los directores y propietarios de la fábrica.

El administrador y su segundo fueron sentenciados á Belén, quedando en

libertad los directores que eran los que estaban enterados del asunto y

los responsables directos. Un año más tarde, la viuda del administrador

de la fábrica se presentó á Mr. Cahan diciéndole que su esposo

había muerto en la cárcel, y le pedía una limosna para enterrarlo y

para pagar el viaje de regreso de ella á España. Mr. Cahan, con su

característica bondad, pagó los gastos de los funerales y el pasaje á

España. Imaginaos la cara que pondría cuando, algún tiempo después,

descubrió que el tal administrador de la fábrica no había muerto,

sino que se encontraba en España gozando de cabal salud, y que había

pagado los gastos de los funerales de un muñeco que personificó al

administrador supradicho, todo lo cual se llevó á cabo en virtud de la

influencia política de los propietarios y directores de la fábrica.

INTERVENCIÓN DEL EMBAJADOR AMERICANO, DAVID THOMPSON, EN LA QUIEBRA DEL

BANCO AMERICANO.

En el año de 1901 se estableció en México una negociación bajo la

denominación de “The International Banking and Trust Co. of America”,

incorporada para hacer negocios en México según la patente expedida en

Delaware, (E. Unidos). Este banco operó hasta el 16 de Octubre de 1903,

en cuya fecha quebró.

Mr. J. L. Starr-Hunt era el abogado de dicho banco. Con motivo de la

quiebra, el juez del 5.º juzgado de lo civil nombró á Don C. F. Uribe

síndico provisional de la quiebra. En Octubre de 1905 cinco síndicos

ó comisionados para la liquidación, se encargaron de la negociación

fallida, y encontraron los asuntos en el estado que voy á referir:

inmediatamente antes de la quiebra del banco, habían desaparecido dos

documentos, fechado el uno el 14 y el otro el 15 de Octubre de 1903.

El 7 de Noviembre de 1903 Mr. Starr-Hunt llamó á su despacho á Mr.

Dunkeley, director de “The Mexican Banking Co.”, y le dijo que como

su banco (el de Mr. Dunkeley) había sufrido á causa de la quiebra

referida, deseaba ayudarlo, y le entregó los documentos mencionados.

En lugar de entregar Mr. Dunkeley esos documentos á la comisión

liquidataria, los devolvió á Mr. Starr-Hunt. La comisión liquidataria

intentó un proceso contra Mr. Starr-Hunt, R. Huacuja y Ávila y Antonio

Rincón Alas, ambos empleados de Starr-Hunt. Esto aconteció en Agosto

de 1906. En virtud de las declaraciones de los testigos, se libraron

órdenes de prisión contra los tres individuos mencionados. Alas y

Starr-Hunt desaparecieron y estuvieron escondidos. Una semana después

se supo que Alas se hallaba en Toluca, y de allí fué llevado á México.

México tal cual es · 第 5 / 10 段