indicar con él todas aquellas causas que mantienen los precios de las
cosas más altos de lo que serían si los vendedores no tuvieran que ir a
buscar a los compradores. En otros tiempos, los vendedores permanecían
tranquilos en sus almacenes o en sus oficinas, esperando la llegada de
los compradores. Si en una tienda se vendía paño más barato que en otra,
el comprador la buscaba y adquiría lo que deseaba. Pero estos buenos
tiempos ya pasaron. Un vendedor debe estar alerta para atraerse
parroquianos y clientela o sus competidores lo arruinan. Su tienda debe
estar en una buena calle, ha de gastar considerables sumas en propaganda
y tiene que despachar agentes en todas direcciones para inducir al
público a que compre sus artículos. ¿Y qué efecto produce este sistema
sobre los precios? ¿No vienen a ser mucho más altos de lo que habrían
sido si el comprador buscara al vendedor en lugar del vendedor al
comprador? El número de éstos es siempre mucho menor que el de aquéllos
y es considerablemente mucho más fácil que el comprador encuentre al
vendedor y no que éste halle a aquél. En los Estados Unidos se gastan al
año por esta razón en agentes viajeros 200.000.000 de pesos oro,
desembolsos que, como todos los demás ocasionados por la competencia, no
van a incrementar absolutamente en nada el bienestar de las
poblaciones».
«El público está tan aferrado a la vieja fórmula de que la competencia
baja los precios, que no ha apreciado los cambios que se han operado en
los métodos de negociar. Piensa que una multitud de competidores en
algún ramo de comercio constituye una salvaguardia para que los precios
sean bajos. Mas, los rivales comerciantes consideran que la baratura
pacífica produce pocos beneficios. Sin duda, el público desea la
baratura, pero está dispuesto a pagar un poco más caro a los que le
ayudan a buscar. Cuando los comerciantes reconocen estos hechos y
organizan sus negocios sobre una base agresiva, las cosas baratas
tórnanse recuerdos del pasado y los precios llegan a una misma o mayor
altura que si fueran manejados por un _trust_ o un inteligente
monopolio.»
Esto es lo que pasa entre los individuos racionales. Si la sociedad
misma considerada en conjunto fuera racional, tales hechos parecerían
absurdos y si llega alguna vez a ser racional no se tolerará ni por un
instante semejante absurdidad. Algunos han comparado, es verdad, a la
sociedad con un organismo, pero es un organismo como los de las épocas
geológicas arcaicas, sin ganglios nerviosos coordinadores o directores,
o más bien como una de aquellas bajas colonias de células, cada una de
las cuales, de igual suerte que los individuos de la sociedad, es
perfectamente independiente de la masa general, salvo que por el simple
hecho de la coherencia se consigue cierto grado de protección, tanto
para las células individuales como para toda la masa.
Una nueva y reformada economía política se consagrará sin duda a mostrar
ampliamente, no las glorias de la competencia, sino la manera cómo la
sociedad debe conducirse a fin de aprovechar los beneficios que la
competencia pueda ofrecer, privando al mismo tiempo a ésta de sus
efectos derrochadores y agresivos. La razón y la inteligencia, poderosos
factores de civilización, no deben ser desalentadas, pero es conveniente
que se las despoje de sus uñas y de sus garras. El camino para
contrarrestar los malos efectos de la mente que opera entre individuos,
consiste en infundir una gran parte de esa misma facultad intelectual en
el poder director de la sociedad. Un arma tan poderosa como la razón es
peligrosa en manos de un individuo que la maneja en contra de otro
individuo. Es todavía más peligrosa en manos de corporaciones que
proverbialmente no tienen alma. Y significa el mayor de los daños cuando
llega a ser manejada por un sindicato de corporaciones que trata de
someter a su capricho la riqueza del mundo. Es salvadora únicamente
cuando la emplea la conciencia social, el _ego_ social (personificado de
alguna manera) y emanado del cerebro colectivo de la sociedad toda. El
arma de la inteligencia ha de ser manejada por la conciencia social,
únicamente con el objeto de favorecer el interés común del organismo
social. Sólo así se conseguirá la verdadera, completa y espontánea
acción personal: _la libertad individual podrá venir únicamente por
medio de la mayor regulación social_.
Las opiniones de Mr. Ward sobre la desorganización social y la manera de
remediarla conducen indudablemente a una ampliación de las facultades
del Estado, asunto sobre que tendremos que volver más adelante.
VII
LA SOCIOLOGÍA APLICADA.--INTERPRETACIONES DE LA HISTORIA.--CONSECUENCIAS
DEL ERROR.
Internándonos más en el campo de la desorganización humana, llegamos a
percibir nuevos caracteres de la sociología aplicada, que es la ciencia
que señala los medios de ponerle término a dicha desorganización.
Mientras que la sociología pura trata del desarrollo espontáneo de la
sociedad, la sociología aplicada se ocupa de indagar cuáles sean los
medios artificiales idóneos para acelerar el proceso espontáneo de la
naturaleza.
Toda ciencia aplicada es necesariamente antropocéntrica. La antigua
teoría antropocéntrica que enseñaba que el Universo había sido
especialmente fabricado en interés del hombre, era no sólo falsa, sino
también perniciosa, por cuanto engañando al hombre con el pretenso
optimismo de las cosas, lo desarmaba para la acción eficaz y mejoradora.
Pero el antropocentrismo verdadero y científico es altamente progresista
desde el momento que enseña que si bien el mundo no se halla de por sí
perfectamente adaptado a las necesidades del hombre, puede éste en
virtud de su propio esfuerzo llegar a adaptarlo.
Durante las edades teológica y metafísica del pensamiento, la filosofía
estuvo absorbida en la contemplación del supuesto autor de todas las
cosas. La ciencia pura produjo el primer cambio de frente de las
preocupaciones intelectuales: la mente pasó del estudio de Dios al de la
naturaleza. La ciencia aplicada ha venido a efectuar el segundo cambio
de rumbo y la tercera orientación de la filosofía: la atención que la
mente consagraba a la naturaleza, la ha dirigido ahora al hombre.
La sociología aplicada supone la superioridad de lo artificial sobre lo
natural, en lo cual no difiere de ninguna otra ciencia aplicada, y cree,
por lo mismo, en la eficacia del esfuerzo humano, y ataca la doctrina
del _laissez faire_. En contra del «miserable _laissez faire_», como
dice Spencer en su obra _Justicia_, que no es más que un veneno moral
(Fouillée) y un «nirvana social» (Stein), se levanta la divisa del
«hacer marchar» sin cuyo reconocimiento y aceptación no hay ciencia de
sociología aplicada.
Para que asuma con provecho esta actitud activa que pretende, es
menester que llegue a las verdaderas raíces de los males que aspira a
curar.
En este punto tocamos la cuestión de cuáles son las causas
fundamentales de la vida social, o sea el problema de la _interpretación
de la historia_. Como se sabe, existen en esta materia dos distintas
doctrinas que dan soluciones que parecen completamente opuestas: la
interpretación económica o concepción materialista de la historia y la
interpretación ideológica o intelectualista. En realidad, establecer la
conciliación entre estas teorías, no es difícil.
Aunque la tesis de que las ideas gobiernan al mundo puede ser
retrotraída hasta encontrarla afirmada por Platón y Virgilio, sin
embargo, los sostenedores del materialismo histórico y de que el factor
fundamental y que todo lo decide en la vida social es el factor
económico, prefieren tomar como blanco de sus ataques las proposiciones
sostenidas por Augusto Comte en su _Filosofía Positiva_. Es lo que ha
hecho, por ejemplo, Herbert Spencer, aun sin ser un paladín del
materialismo histórico, al exponer los puntos en que disiente de las
doctrinas del fundador del positivismo. «El mundo, dice Spencer, no es
gobernado y transformado por las ideas, sino por los sentimientos, a los
que las ideas sólo sirven de guías.»
El mecanismo social no descansa sobre opiniones, sino casi enteramente
sobre caracteres.
Iguales conceptos han emitido Guillermo de Greef, Labriola y otros.
En verdad, la controversia ha provenido más bien de la falta de
comprensión de las ideas que se combaten. Comte no ha sostenido que sean
las ideas teóricas las que gobiernen al mundo. Éstas son sustentadas
sólo por un pequeño número de personas y no dan el principal impulso a
los movimientos sociales. A las ideas que se ha referido Comte, son a
las incorporadas en la masa de la sociedad, a las opiniones, como él
mismo lo dice. Su famosa ley de las tres edades, se refiere a esa clase
de ideas y su _Política Positiva_ podría ser denominada también «Plan
para convertir las ideas positivas en ideas corrientes o para hacer que
el pensamiento científico sea tan universal como en otro tiempo lo fué
el pensamiento religioso».
Es posible afirmar que las ideas corrientes o universales en cualquier
tiempo han sido y son simples creencias. La característica de éstas es
que son sustentadas sin prueba o evidencia suficiente. ¿Sobre qué
descansan entonces? Sobre intereses, sobre sentimientos que constituyen
el núcleo de lo que se considera necesario a la conservación de la
especie y del individuo. Están formadas por afirmaciones a veces ni
evidentes ni probadas, sobre las cuales los hombres en masa no admiten
discusión ni réplica.
Este elemento del interés es, pues, el que liga las creencias a los
deseos y reconcilia las interpretaciones ideológica y económica de la
historia.
Cada creencia envuelve un deseo o más bien una gran cantidad de deseos y
ahí se halla la base de su poder para producir efectos. La creencia o la
idea considerada como un fenómeno puramente intelectual no es una
fuerza. La fuerza descansa en el deseo, el cual no puede ser ocasionado
por la creencia. Los deseos son aspiraciones que nacen de la naturaleza
del hombre y de las condiciones de la existencia. Son aspiraciones que
requieren satisfacciones, y la suma total de las influencias internas y
externas que obran sobre un grupo o un individuo conducen a la
conclusión, creencia o idea de que cierta proposición es verdadera. Esta
proposición, aunque pueda ser expresada en forma indicativa como una
verdad independiente, es esencialmente un imperativo y exige la
ejecución de ciertas acciones consideradas esenciales para la
conservación del individuo o del grupo.
Así las ideas de que hemos hablado y que son las tomadas en cuenta por
los partidarios de la interpretación ideológica de la historia, son
aquellas ideas, opiniones o creencias que han sido formadas por las
condiciones económicas de la existencia, tomando el término económico en
su más amplio sentido. Dichas creencias son consideradas fundamentales
para la vida de la sociedad y son aceptadas por todos o por el mayor
número de los individuos sin considerar la mucha o poca verdad objetiva
que encierren.
Ahora, cuando las creencias que se desenvuelven de la manera que se ha
visto, resultan ajustadas a la verdad, no hay más que regocijarse de
ello; pero cuando no sucede así y las creencias son falsas, como
acontece con las ideas antropomórficas y con casi todas las religiones,
se llega a la raíz de los males de que padece la raza humana: el error.
Sus consecuencias han sido y son inmensas y funestas.
He aquí algunas de ellas[11] consideradas principalmente desde un punto
de vista religioso.
[11] _Applied Sociology_, p. 68.
_I. Automutilación._--Constituye una costumbre muy extendida, que se
practica principalmente en los funerales, con el objeto de apaciguar al
espíritu que ha partido, o en otras circunstancias para satisfacer a
algún dios.
_II. Superstición._--Bajo este nombre se comprenden un gran número de
costumbres y prácticas que, aunque generalmente no producen la
destrucción de la vida humana, restringen la libertad de acción y llenan
la mente de temores y miedos infundados. Es la superstición una barrera
para el progreso intelectual y material, y especialmente grave cuando
pasa del estado de barbarie al de civilización y se infiltra en éste.
Como un ejemplo se puede citar el conocido caso de la oposición que
hallaron los ferrocarriles en la China porque el ruido y el movimiento
iban a molestar a los muertos.
_III. Ascetismo._--Es desconocido para los salvajes y apenas posible en
un estado de verdadera barbarie. Ha debido nacer en un grado más alto de
desarrollo intelectual. Aunque basado en el temor, contiene algunas
esperanzas que hace que sea esencialmente egoísta.
_IV. Zoolatría._--El totemismo animal de los salvajes y de las tribus
bárbaras que es una forma del culto de los animales, se convierte en un
asunto muy serio cuando en pueblos más civilizados como los de la India,
por ejemplo, hace sagrados los reptiles y las bestias feroces, e impide
destruirlos. En 1899 murieron en la India 24.621 personas a consecuencia
de mordeduras de serpientes, y en 1901 ese número fué de 23.166. Los
tigres, leopardos, lobos, hienas, etc., matan de 2.000 a 3.000 personas
más cada año. Todos estos animales son sagrados, y se consideran
ocupados por almas humanas.
_V. Hechicería._--Es una creencia universal entre todos los pueblos
salvajes y bárbaros y hasta fines del siglo XVIII ha sido muy general
entre los civilizados. Aun en 1902 se inició en Chicago un proceso en
contra de una mujer porque había hechizado a otra, y había hecho que se
le cayera el pelo. Miles de personas han sido arrastradas al patíbulo
por errores de esta clase.
_VI. Persecución._--Limito la extensión de este término a la persecución
religiosa, esto es, a la persecución de los llamados herejes. Un hereje
es una persona que tiene una creencia religiosa diferente (a veces en
muy pequeños detalles) de la que profesa un mayor número de personas en
el país en que vive, las cuales han adquirido poder sobre las vidas y
libertades de los ciudadanos. La persecución es propia sólo de los
pueblos algo civilizados, porque como se sabe, no existe variedad de
creencias entre los salvajes. Diferencias de creencias es señal de
civilización, y siempre ha sucedido que los disidentes han sido los más
civilizados. La persecución y destrucción de ellos, como las efectuó la
Inquisición en su tiempo, significa el asesinato de la _élite_ de la
humanidad. Los que pueden escapar, huyen a otros países y el pueblo
perseguidor se ve privado de todos sus más vigorosos elementos. El
objeto que se ha tenido en vista al practicar la persecución es
conseguir que las creencias sean uniformes, es decir, reducir un pueblo
civilizado a la condición de pueblo salvaje. Esto ha sido hecho
repetidas veces, particularmente en España, y la historia ha recordado
las consecuencias que de ahí se han derivado. Un pueblo que no tolera
diferencias de opiniones, degenera y entra a ocupar un lugar entre las
naciones inferiores.
_VII. Resistencia a la verdad._--Es más seria para la humanidad en
general que cualquiera otra de las consecuencias del error, o tal vez
que todas ellas combinadas, la oposición que siempre el error presenta
al avance de la verdad. En las épocas primitivas fué imposible la
existencia de la verdad.
El error era aceptado por todos, sin que a nadie se le ocurriese
siquiera ponerlo en duda. Todos los pasos hacia la verdad fueron dados
en épocas posteriores, principalmente en épocas que los etnólogos
clasifican entre las civilizadas. Cada herejía, por muy pequeña que sea,
significa un paso hacia la verdad. «Más tarde la resistencia a la
verdad» se ha manifestado principalmente en la forma de oposición a la
ciencia.
_VIII. Oscurantismo._--Esta es una forma más sutil de persecución.
Consiste, sobre todo, en la prohibición o en la supresión de libros y
folletos y en la censura de la prensa. Ya sabemos que esto no tiene
valor, ahora, entre los pueblos verdaderamente civilizados, porque, como
dijo Helvetius (_De l'Homme_), «sólo en los libros prohibidos se
encuentra la verdad: los demás mienten», y es cosa averiguada, que en
los índices de libros prohibidos se encuentran la mayoría de las obras
que el mundo ha considerado grandes y memorables. Existe un país
europeo, sin embargo, en el cual la prohibición se hace efectiva por la
acción del Gobierno mismo que cuida de dar a luz un índice de libros
vedados, y castiga severamente a los infractores de sus paternales
prohibiciones. Es Rusia. Entre los autores condenados en este país del
absolutismo, tienen el honor de figurar Spencer, Haeckel, Zola, Ribot,
etcétera.
Creemos oportuno mencionar por último, agregándola a lo dicho por Mr.
Ward, otra especie de oscurantismo difuso, difícil de percibir, y que
por lo mismo ejerce una influencia maleante, tan insensible como eficaz
y funesta: es a la que se ha referido el original Rector de la
Universidad de Salamanca, señor de Unamuno, cuando ha dicho que en
España la Inquisición se halla latente en la sociedad. Nosotros, los
hispanoamericanos, debemos ver también si en nuestros rescoldos del
coloniaje, que aun no se apagan, no queda algo de aquel inhumano fuego
que atemorizaba a nuestros abuelos.
VIII
LA LUCHA CONTRA EL ERROR.--EL GENIO.--LA EDUCACIÓN
Lo que hemos dicho sobre el error y sus consecuencias nos conduce a
deducir uno de los fines de la ciencia social aplicada. Destruir,
expulsar los errores y difundir ampliamente el conocimiento de la
verdad, con el objeto de que no sea ésta, como ahora, sólo la propiedad
de una pequeñísima fracción de la humanidad, constituye una de las
principales misiones de la ciencia social aplicada.
Es menester insistir en la necesidad de la difusión universal de la
verdad. Los hombres que se ven privados de ella, los cuales todavía
forman la enorme mayoría de la humanidad, se hallan sumidos en esta
desgraciada situación, no por incapacidad de ellos mismos ni por culpa
de ellos, sino, en gran parte, a causa de las circunstancias en que han
nacido y en que han vivido.
Las afirmaciones anteriores plantean la cuestión de la cantidad de
fuerzas intelectuales, genios y talentos, existentes en la sociedad de
una manera latente y que se pierden por falta de cultivo, de
oportunidades adecuadas a su desarrollo.
El examen de esta posibilidad está relacionado con la dilucidación de
otro problema que ha sido en varias épocas y ocasiones debatido por
distintos escritores: el de si el genio obra en virtud de sus propias
fuerzas sin tomar nada del medio en que actúa o es únicamente un
resultado del medio y de las circunstancias. Lo admirable que hay en
esta discusión es cómo los que han tomado parte en ella han sabido
defender sólo los extremos o los casos más exagerados. Sabido es que
hacen suya la primera creencia los que predican el culto de los grandes
hombres o héroes como Carlyle; los que como Guyau en su obra _El arte
desde el punto de vista sociológico_ sostienen que el genio crea su
medio; y los que como Galton en «Genio hereditario» mantienen la tesis
de que el genio es exclusivamente un producto de las facultades
trasmitidas por herencia de padres a hijos.
Un autor desconocido entre nosotros, Alfredo Odin, profesor de la
Universidad de Sofía, ha efectuado sobre este asunto un trabajo
rigurosamente científico, aplicando con toda la estrictez que ha podido
un método estadístico. En su obra _Génesis de los grandes hombres_[12]
ha examinado y analizado las vidas de más de 6.000 hombres de letras
francesas de los tiempos modernos. El método que ha seguido no le ha
permitido ni extenderse a otros países ni a hombres de otras esferas. El
medio lo ha dividido en medio físico, etnológico, religioso, local,
económico, social y educativo, y ha estudiado la influencia de cada uno
de ellos detenidamente formando mapas y cuadros muy completos. De ellos
ha sacado en claro que el medio físico y etnológico no son factores que
deban tomarse en cuenta al indagar el génesis de los grandes hombres. El
medio religioso no carece de importancia. En cambio el medio económico,
social y educativo es de influencia decisiva para impedir o permitir el
florecimiento de los grandes hombres. No ha habido un sólo grande hombre
que no haya disfrutado de algunas condiciones favorables a su educación
o a su preparación para sus trabajos posteriores y que no haya tenido
algunos recursos para hacer frente a las dificultades materiales de la
vida. Darwin no tuvo que preocuparse jamás de trabajar para mantenerse y
Spencer pudo consagrarse sin cuidados económicos a su grande obra,
porque recibió de algunos parientes herencias y legados, sin los cuales
tal vez no habría escrito los libros que escribió. En vista de todas las
observaciones y datos acumulados, Odin ha llegado a afirmar que el
«genio no está en los hombres, sino en las cosas».
[12] Citada por Mr. Ward, _Applied Sociology_, p. 147 y siguientes.
Este aserto encierra una parte considerable de la verdad. Podemos
imaginarnos los frutos que darían un Goethe, un Zola entre los
fueguinos. Pero, por otra parte, miles de hombres han vivido más o menos
en las condiciones de Goethe y Zola sin que las corrientes del mundo
hayan hecho brotar en sus cerebros una sola chispa, un solo rayo de luz.
Así, debe decirse más bien que los grandes hombres han sido producidos
por la cooperación de dos causas, genio y oportunidad, ninguna de las
cuales por sí sola habría hecho nada. Pero el genio es un factor
constante, muy abundante en todas las categorías de la vida, mientras
que la oportunidad es un factor variable y esencialmente artificial.
Como tal, es algo que puede ser suministrado prácticamente, a voluntad.
Por esto, la formación de grandes hombres, de agentes de civilización,
de creadores de cosas nuevas, no es una concepción utópica, sino una
empresa posible. Es algo relativamente sencillo y consiste tan sólo en
poner al alcance de todos los miembros de la sociedad una oportunidad
igual de ejercitar las facultades mentales que posean. Hay muchos
sustitutos, procedimientos artificiales, para las varias especies de
circunstancias favorables, pero todas quedan reducidas a la formación de
un conveniente medio educativo. Así el factor real, que depende de
nuestra voluntad, para el desarrollo del genio y del talento y el
progreso de la civilización, es el establecimiento en una escala
universal y gigantesca de un medio educativo, cuyas influencias han de
ser aprovechadas no sólo por los hombres sino igualmente por las
mujeres, las que por las normas antifeministas o androcéntricas que
predominan, no han podido ser lo que debieran haber sido si en el mundo
hubieran imperado e imperaran puntos de vista más equitativos y libres
de prejuicios respecto de ellas.
Con el establecimiento de amplias instituciones educativas se
centuplicarán las fuerzas intelectuales y morales de la sociedad; la
igualación de las oportunidades producirá más o menos la igualación de
las inteligencias y hasta que esto suceda no se pueden tener esperanzas
de una repartición equitativa de las riquezas materiales de la sociedad.