civilizados como algo muy semejantes entre sí, con todo, ellas mismas se
miran unas a otras como sumamente distintas y con mutuo desprecio. El
hecho de que dos razas se pongan en contacto significa el estallido de
una guerra entre ellas. Si nos imaginamos un tiempo anterior a todos los
recuerdos históricos, a todas las más remotas civilizaciones que han
existido, a las épocas china, egipcia, caldea y asiria,--sin dejar de
confesar que sabemos muy poco de aquella edad,--podemos aceptar que
vastas extensiones de la superficie terrestre estaban ya ocupadas por
los hombres que divididos en gran número de diferentes razas, tribus,
grupos, clases y hordas se afanaban en mantener su existencia. ¿Cuáles
serían los caracteres y cualidades del grupo más primitivo? Entre los
animales, por lo menos la madre conoce a menudo a su cría y es posible
que entre los monos tenga lugar un reconocimiento general de las más
inmediatas relaciones de parentesco. Naturalmente, el hombre primitivo
llevó más lejos este reconocimiento y los padres y los hijos, los nietos
y otros consanguíneos quedaron unidos en un grupo algo difuso e
indiferenciado, que es la forma primitiva de la sociedad, llamada por
los etnólogos una _horda_, y que Durkheim ha denominado apropiadamente
«protoplasma social».
La completa separación entre las hordas representa el grado más simple y
más bajo de la vida de los grupos sociales, es el estado inmediatamente
superior al estado animal y se diferencia de éste en que no es tan sólo
gregario, sino que se reconoce en él de una manera más o menos racional
cierta relación de consanguinidad. Después de adquirir un mayor
desarrollo y de perfeccionar sus facultades razonadoras, el grupo se
extiende hasta formar un _clan_, que fué la más vasta forma de
asociación a que un hombre de aquella época reconoció los lazos de
parentesco. Por supuesto, que éste sólo se refería a la madre, ya que
únicamente el parto y no la fecundación podía servir de prueba de él. La
transición de este sistema matriarcal al patriarcal, que se ha
verificado en casi todas las razas existentes, ha tenido lugar por medio
de extraña ficción llamada la _cuvada_, en que el padre representa todos
los trabajos, dolores y enfermedades de la madre como si él fuera el
parturiento y guarda el lecho como quien acaba de dar a luz un niño. De
esta suerte adquiere derecho a ser considerado como un miembro
importante en las relaciones de parentesco. La conservación durante
largo tiempo de esta extraña costumbre, muestra cuán profundamente
arraigada ha estado en los pueblos primitivos la creencia en la
partenogénesis, de la cual son supervivencias los mitos religiosos
posteriores relativos a una «inmaculada concepción.»
En el largo período matriarcal se formó el lenguaje y como las hordas y
clanes se repartieron por la tierra y quedaron muy separados entre sí,
cada grupo formó un lenguaje distinto. Igual cosa aconteció con los usos
y ceremonias, prácticas y ritos religiosos. Sus fetiches, _totemes_ y
dioses eran diferentes y llevaban diversos nombres.
Esta época de _diferenciación social_ representa aquel estado idílico de
relativa paz y dicha que debió preceder a la era de combates que
sobrevinieron entre razas más desarrolladas y de abundante población.
Estos combates fueron inevitables y se explican por el mismo principio
de sinergía que hemos visto en acción desde la formación de la nebulosa:
la sinergía social va a producir ahora por medio de la lucha formas
sociales. Gumplowicz y Ratzenhofer han probado admirable y
abundantemente que el génesis de la sociedad se encuentra en la lucha de
las razas.
El primer paso en la lucha de las razas fué la conquista de una por
otra. Los hebreos se encontraban difícilmente en un escalón más elevado
cuando sus guerras con los cananeos; pero en este caso tales hechos
deben ser considerados como una irrupción excepcional de salvajismo en
una raza relativamente adelantada. Por lo demás, casi todos los salvajes
inferiores son caníbales. Después que el hombre fué carnívoro, el comer
carne humana fué una de las primeras consecuencias de la lucha de
razas. Las primitivas guerras fueron difícilmente algo más que puras
cacerías en que la presa anhelada era el hombre. Pero en un período
social más adelantado el canibalismo fué reemplazado por la
_esclavitud_. Se vió que era más conveniente explotar al vencido que
comérselo. Las razas guerreras sometieron al yugo de la esclavitud a un
gran número de vencidos y obligaron a un número aún mayor a pagarles
tributos. De aquí la especial atención que los vencedores consagraron a
la organización de los ejércitos y a las instituciones militares.
El proceso social, que ha sido comparado con el proceso que en biología
se llama _kariokinesis_ y que por lo mismo ha sido denominado
_kariokinesis social_, recorre los siguientes pasos en su desarrollo:
1.° Subyugación de una raza por otra; 2.° Origen de las _castas_; 3.°
Gradual mejoramiento de esta condición que da lugar a un estado de gran
desigualdad individual, social y política; 4.° Sustitución de una forma
de _ley_ a la sujeción puramente militar y origen de la idea de
_derecho_; 5.° Origen del Estado, bajo el cual todas las clases tienen
derechos y deberes; 6.° Compenetración de la masa de elementos
heterogéneos y formación de un _pueblo_ más o menos homogéneo; 7.°
Aparición y desarrollo del sentimiento de _patriotismo_ y formación de
una _nación_.
Por medio de la conquista se encuentran dos razas puestas en inmediato
contacto, pero cuando son muy diferentes no hay asimilación posible. La
raza conquistadora mira con desprecio a la raza conquistada y la compele
a servirla de mil maneras. La raza conquistada alimenta su odio hacia
sus vencedores y no reconoce en su estado actual otra cosa que el
triunfo de la fuerza bruta. Este fué el origen de las castas y las dos
razas mutuamente antagónicas representan los polos opuestos de la aguja
social.
Pero tal situación no puede mantenerse indefinidamente. Las
dificultades, los gastos y los parciales fracasos de un régimen
exclusivamente militar que impone por la fuerza a cada momento sus
órdenes a los vencidos, llegan a constituir una carga demasiado pesada
para los vencedores. Notan éstos entonces la necesidad de establecer
ciertas reglas generales (principios de la ley o del derecho) y de
lograr de parte de la raza subyugada cierta cooperación que dé lugar a
una acción social común para las dos razas (nacimiento del Estado).
La doctrina sustentada y expuesta por Mr. Ward, de acuerdo
principalmente con MM. Gumplowicz y Ratzenhofer, según la cual la
sociedad política debe su origen a la violencia, y el Estado es el
producto de la conquista, es conocida con el nombre de _darwinismo
social_.
«Examinando las cosas objetivamente, dice todavía Mr. Ward[7], se
encuentra que la guerra ha sido la condición principal y directiva de
los partidarios de la paz, si hubieran prevalecido, habría sobrevenido
tal vez la pacificación universal, quizá una mayor suma de
contentamiento; pero no habría habido ningún progreso. El péndulo social
habría ido reculando sucesivamente en oscilaciones más y más cortas
hasta el momento en que hubiera llegado al punto muerto, y habiendo la
sociedad logrado el equilibrio, todo movimiento hubiera concluído».
[7] _Pure Sociology_, p. 238.
Ha impugnado esta teoría el sociólogo J. Novicow en su libro _La Justice
et l'Expansion de la vie_ (Paris-Alcan, 1905) y como para rebatirla
busca en especial sus puntos de ataque o de referencia en la _Pure
Sociology_ de nuestro autor. Vamos a citar algunas de las ideas de M.
Novicow.
La aparición de la inmortal obra de Darwin sobre «El Origen de las
Especies», en 1859, vino a acelerar los progresos de todas las ciencias
y a marcarles nuevos rumbos. Los principios de la contención y de la
lucha se aplicaron a todos los ramos del saber humano; pero, como sucede
siempre en estos casos, el impulso fué más allá de donde debió ir y los
espíritus no supieron hacer las distinciones necesarias entre las
contenciones y colisiones del mundo sideral, las del mundo biológico, y
las del mundo social. La lucha es universal, pero sus formas, sus
procedimientos varían extremadamente y es tanto más compleja cuanto más
complejo es el campo de acción en que se verifica. Esta es ya una
circunstancia que diferencia mucho a las luchas sociales de las demás
luchas.
La _lucha astronómica_ (empleando una expresión algo metafórica) tiene
lugar por el procedimiento de la atracción. Los astros que andan
errantes en el espacio atraen las masas de materia que caen dentro de su
esfera de atracción y se las quitan a los astros rivales. Los más
felices en estos combates se convierten en soles enormes, los más
desgraciados sólo son estrellas modestas y pequeñas.
La _lucha biológica_ entre los animales se efectúa por medio de
procedimientos muy diversos. Un animal se arroja sobre otro, lo mata, se
lo come y se asimila su substancia en virtud de la digestión.
Hay seguramente luchas sociales como las hay astronómicas y biológicas;
pero de tal aserto no se infiere de ninguna manera que los
procedimientos de las luchas sociales deban ser idénticos a los
procedimientos de las luchas biológicas, como los de éstas no lo son a
los de las llamadas luchas astronómicas. Un animal no se apropia
directamente células arrancadas a otro animal, sino que las asimila por
medio de la digestión; y la latinización de la Galia fué hecha por
medios muy diferentes de la digestión que se opera cuando un león se
come a un antílope.
El darwinismo ha hecho olvidar también que existe otro fenómeno tan
general y tan constante como la lucha: la asociación; y dentro de los
seres que pueden asociarse los procedimientos de contensión, son muy
diversos de los que se gastan entre los que no se asocian. Es un error,
pues, identificar las luchas humanas con las luchas zoológicas que se
llevan a cabo entre animales de especies diversas, de las cuales unas
sirven, naturalmente, de substancia alimenticia a otras. Es menester
identificar las luchas humanas con las que se efectúan entre las células
de un mismo organismo biológico.
Al afirmar el darwinismo social que las formas superiores de la
asociación humana sólo son posibles por medio de la guerra, incurre en
contradicciones fundamentales. Tal observación implica la idea de que
actos de disociación puedan producir la asociación y que actos
patológicos sean normales. En efecto, la guerra no es más que una serie
de homicidios y de destrucciones de la riqueza; significa una
disminución de la intensidad vital, un estado patológico de los
individuos.
Afirmar, pues, que se aumenta la intensidad vital de las sociedades por
medio de la guerra equivale a afirmar que con las enfermedades aumenta
la salud de los hombres.
Si los hombres se encontrasen entre sí naturalmente en las relaciones en
que se hallan el león y el antílope; si la asociación fuese imposible
entre ellos, el darwinismo social sería una teoría verdadera. Pero como
la asociación es posible entre los hombres, resulta que la guerra es un
estado patológico y la conquista violenta es un acto patológico. Una
enfermedad puede atacar a un hombre desde los primeros momentos de su
existencia. Hay individuos que aun enferman antes de salir del seno de
su madre. Luego la enfermedad sigue al hombre paso a paso durante toda
su existencia y llega un momento en que triunfa y las fuerzas
disolventes causan la muerte. Negar estos hechos sería soberanamente
ridículo; pero ellos no autorizan de ninguna manera a afirmar _que la
enfermedad sea la causa y la condición misma de la salud_. Seguramente
la disociación (la muerte) es un fenómeno tan natural como la
asociación; pero es contradictorio afirmar que sea la causa primera y la
condición indispensable para alcanzar las formas superiores de la
asociación. Sin embargo, no sostienen otras cosas los darwinistas
sociales cuando dicen que la conquista es la condición indispensable
para alcanzar las formas superiores de la asociación.
En la sociedad, el robo no produce la riqueza, sino la miseria, la
guerra no produce la actividad social sino la estagnación social. Sin
duda, la locura, el vicio y el crimen son hechos tan naturales como la
razón, la virtud y el honor, pero son éstas y no aquéllas las causas de
la prosperidad social. Así como un hombre alcanza la mayor suma de
exuberancia vital si no está nunca enfermo, del mismo modo la sociedad
logra su máximum de bienestar si no se producen en ella hechos
patológicos, es decir, homicidios y expoliaciones.
Una de las fuentes del darwinismo social es la hipnotización producida
por la guerra. Ésta como un ciclón, impresiona los espíritus con la
inmensidad de las catástrofes que ocasiona. Se descuida el examen de los
mil pequeños hechos de la vida cotidiana que constituyen la verdadera
trama de la existencia social, los observadores se sienten atraídos
únicamente por los acontecimientos trágicos de las batallas. Los
sociólogos caen ahora en los errores porque han pasado los geólogos en
otros tiempos. Estos últimos han afirmado también, cuando su ciencia
estaba en pañales, que las transformaciones operadas en la superficie
del globo habían tenido por causa terribles cataclismos periódicos.
Después los geólogos se han convencido, observando los hechos más de
cerca, que las transformaciones de la corteza terrestre se han efectuado
por la acción de los fenómenos ordinarios que han obrado durante
períodos muy largos. Igualmente se empieza a comprender que la
evolución del género humano y la civilización no son de ninguna manera
el producto de terribles catástrofes periódicas, sino de los pequeños
hechos diarios que en número inmenso han venido repitiéndose durante
períodos muy prolongados.
No es la guerra la que da origen a la civilización, sino el trabajo.
Después del reconocimiento de la independencia de los Estados Unidos por
la corona británica, algunos ciudadanos americanos en 1812, 1845, desde
1861-65, y en 1898 han hecho la guerra. Estos individuos en conjunto han
consagrado tal vez cinco mil días a las matanzas. Pero desde 1783 a 1905
el total de los ciudadanos americanos ha consagrado cuarenta mil días a
la actividad productora, o sea 915 veces más que a la actividad
guerrera. Se ve, pues, que esta actividad es un elemento casi
despreciable con relación a la primera. Los progresos de los Estados
Unidos han sido precisamente llevados a cabo por los cuarenta mil días
consagrados a la producción y de ninguna manera por los cinco mil
consagrados a la destrucción. Salta a la vista que es anticientífico
afirmar que un fenómeno que es la 900 quinceava parte del conjunto de
los fenómenos sociales es la causa principal e indispensable del
progreso de las colectividades.
Lo que es cierto de los Estados Unidos en particular lo es de la
humanidad en general.
«El Estado, dice Ratzenhofer[8], no es el producto de intereses que
obren libremente, como sucede en el caso de la horda, la tribu, los
partidos y las otras uniones sociales. Es el producto del conflicto de
los intereses hostiles. Es un hecho de _organización coercitiva_... Toda
evolución es el producto de la lucha... Pero la violencia es el poder
creador del Estado. Tal es la idea fundamental del Estado que no acepta
ninguna desviación: admitir que sea un simple producto de la
civilización que provenga de un arreglo pacífico o de cualquier otro
hecho de este género, significa contradecir las enseñanzas de la
sociología y marchar tras experiencias políticas destinadas a concluir
de la manera más deplorable».
[8] _Sociologische Erkeniniss_, citado por J. Novicow.
Novicow se complace en rebatir las afirmaciones de Ratzenhofer en los
siguientes párrafos:
«Los sociólogos darwinistas no tienen informaciones completas sobre la
manera cómo se han formado todos los Estados de nuestro globo. Las
tienen solamente sobre la formación de algunos. Es decir, que después de
haber estudiado un cierto número de hechos han razonado así: los hechos
observados por nosotros se han verificado en todas partes y siempre;
luego, podemos establecer el esquema natural de la formación del Estado.
Ese _luego_ implica una deducción lógica y no una observación directa,
porque para tener la observación directa habría sido preciso disponer
de datos sobre la formación de todos los Estados, lo que es imposible.
«La forma superior de la asociación no depende únicamente del número de
los asociados, proviene de una organización más _perfecta_. Cuando dos
tribus compuestas, supongamos de mil personas, se funden en una por
medio de la conquista, no resulta de ningún modo que su organización se
mejore por el solo hecho de aumentar los medios del grupo. Mil bisontes
reunidos a otros mil formarán un ganado de dos mil cabezas, pero no
constituirán una organización de una naturaleza superior. Para que la
sumisión de una poblada a otra pueda producir ventajas, es menester que
el conquistador posea facultades mentales superiores a las del vencido.
Para que el conquistador pueda hacer pasar un grupo de hombres de la faz
de la tribu a la faz del Estado, es necesario que él mismo se encuentre
ya en esta faz; porque si se halla en la de la horda, fundará
simplemente una horda más grande, ni más ni menos como la reunión de dos
ganados de bisontes produce un ganado más grande. ¿Y de qué manera el
pueblo conquistador habría llegado al grado del Estado si este sólo se
consigue por medio de la conquista? Es menester, entonces, que el
conquistador actual haya sido subyugado antes por otros; mas entonces,
¿como pudo perfeccionarse el primero? Es preciso, pues, admitir que se
ha perfeccionado sólo por medio de procedimientos civiles e
intelectuales. Ahora, si es así, queda arruinada la base de la teoría
darwiniana. Si una sola sociedad humana ha podido llegar a constituir un
Estado sin necesidad de la conquista, no es esta una condición
indispensable para alcanzar tal perfeccionamiento.
«Ratzenhofer afirma que el Estado es un hecho de organización, pero
pretende que sólo puede porvenir de un hecho de desorganización.
Ratzenhofer no podrá negar que el Imperio Romano estaba dotado de cierta
organización cuando fué invadido y destruído por los germanos. La
conquista es, pues, la sustitución del desorden al orden, es la
desorganización del Estado y no su organización. Más tarde los jefes
germanos han sustituído un orden nuevo al antiguo. ¿Cómo no ve
Ratzenhofer que sólo cuando los efectos de la conquista se han borrado
completamente se llega a establecer el Estado como una forma social
superior?
«Pasaremos a la observación de otros hechos. El estudio del origen de la
sociedad americana es preciso para el sociólogo. Se ve ahí el principio
de una sociedad en plena luz de la historia. Los hechos que han ocurrido
en las colonias inglesas de las faldas de los Alleghanys han debido
verificarse de un modo muy análogo en la alta antigüedad. Es menester
considerar que todas las sociedades humanas han empezado en cierta
época por el establecimiento de algún grupo en un país desierto, como lo
hicieron los emigrantes de la Gran Bretaña cuando llegaron al nuevo
mundo. Después de la sumisión de una raza por otra, dicen los
darwinistas, sobrevienen para formar una asociación superior el
establecimiento de las castas, la desigualdad política y la sustitución
de la ley a la fuerza. Ninguno de estos períodos considerados
indispensables se encuentran en la historia de los Estados Unidos. He
aquí cómo se ha constituído esta sociedad: hombres libres e iguales se
han agrupado primeramente en comunas (townships); comunas iguales y
libres han organizado voluntariamente el Estado colonial para su mayor
seguridad y comodidad. Por fin, Estados iguales y libres han organizado
voluntariamente y con un interés positivo el Estado federal. ¿Se ven
aquí las castas, la desigualdad política y luego la supresión de esta
desigualdad y el establecimiento de la justicia? Que a veces las cosas
hayan pasado en el mundo de acuerdo con el esquema de Ratzenhofer es
incontestable. Pero que las cosas no pueden pasar de otra suerte está
decisivamente contradicho por los hechos.
«Ratzenhofer puede responder que él habla del origen del Estado en la
época primitiva; pero, fuera de que es imposible determinar en qué
momento principia y concluye este período primitivo, tal punto de vista
no resiste a la crítica. Una teoría científica o es verdadera para todas
las épocas o es falsa. Un sociólogo no puede escoger fantásticamente un
momento cualquiera de la historia de la humanidad y decir que no toma en
consideración lo que ha sucedido después. Los acontecimientos de 1870
han constituído tan completamente (o más quizá) un Estado (la Alemania),
como los que se han verificado en la aurora de la historia. Es muy
frágil una teoría aplicable sólo a la época prehistórica, sobre la cual
se tienen datos extremadamente inciertos. Nada más cómodo que las
novelas prehistóricas; tan sólo es menester no olvidar de referirlas
como tales y no confundirlas con la ciencia severa y positiva. ¿Qué se
diría de un naturalista que en un tratado de embriología no quisiere
considerar los seres que nacen a nuestra vista sino únicamente los
nacidos en la época terciaria?
«Así el esquema de la formación del Estado elaborado por Ratzenhofer no
resiste ni la crítica de la lógica ni la de los hechos. A este esquema
erróneo, continúa Novicow, voy a oponer el que me parece corresponde a
la realidad más de cerca.
«El hombre desciende de un animal inferior; ha comenzado, pues, por ser
nómade. Mientras fué así, los límites de la asociación humana no han
podido ser marcados por el territorio. Han sido determinados por las
relaciones individuales, por los lazos del parentesco, real primero y
después real y ficticio. Es el período de la horda, del clan y de la
tribu.
«Después el hombre se establece en un territorio determinado; se pone a
practicar la agricultura y a construir habitaciones. Sucesivamente
aparecen la diferenciación del trabajo y el cambio. La producción crece
y se diversifica. Entonces son creadas unas después de otras las
instituciones de todo género que aseguran el funcionamiento de la
actividad económica y política. Al mismo tiempo, en virtud de la vida
sedentaria, el lazo social se transforma lentamente (lo que requiere
siglos): de individual se convierte en _territorial_. Una aglomeración
más densa, la ciudad, alrededor de la cual se agrupan los agricultores,
es la primera forma de esta nueva entidad: es la comuna, la _cité_, el
municipio o el _township_. Cuando relaciones frecuentes se establecen
entre ciudades vecinas, se hace sentir la necesidad de darles una
organización de conjunto o, en otros términos, de fijar un cierto número
de normas jurídicas. Ciudades o comunas unidas entre sí forman el
_Estado_. Gracias a la organización más perfecta de este grupo social,
se desarrolla la riqueza, es posible el ocio, y con éste nacen las
necesidades de la inteligencia. Tal es la marcha normal de la evolución
social. Se ve que en ella la guerra no es necesaria, como no lo es la
enfermedad para agrupar en asociación biológica los 60 trillones de
células que forman el cuerpo humano».