Merced a las sugestiones de estas fuerzas sociogenéticas, la superior

ambición de toda mente vigorosa ha llegado a ser la de contribuir con

algo a la gran corriente de la civilización y marchar en la senda del

progreso intelectual. En el fondo de tal aspiración palpita el placer

mismo que produce una sana labor intelectual, el encanto de la creación

y el amor a la gloria, a la inmortalidad en el recuerdo de los hombres.

A medida que pasan las edades y la historia anota en sus páginas los

resultados de la acción humana, va quedando más en claro para un mayor

número de personas que tal es el fin de la vida y por conseguirlo se

esfuerzan. Se ve que sólo aquellos que han inventado algo, creado algo,

sentido por sobre la muchedumbre, son recordados y que, con el tiempo,

sus nombres tórnanse más brillantes en lugar de empañarse. Así, la

invención, la creación llega a constituir una forma de inmortalidad que,

a medida que la esperanza de una inmortalidad personal se desvanece con

los adelantos de las ciencias biológicas, se hace más atractiva y echa

más raíces en el corazón humano.

* * * * *

La concepción de Mr. Ward sobre la materia de la sociología es hermosa y

casi podría decirse que toma los hechos humanos por el lado heroico.

Como podremos ver en varias ocasiones más adelante, una de las

características de esta sociología es la rehabilitación de la fuerza

psíquica, la consideración del valor que tiene la mente humana, siendo

ilustrada, como directora de los fenómenos sociales y propulsora del

progreso artificial.

Fué una doctrina que en 1883, con la primera obra fundamental de Mr.

Ward «Dynamic Sociology» se levantó contra las tendencias demasiado

mecánicas y menospreciadoras de la acción humana que entonces dominaban

sostenidas por la propaganda y el prestigio de Mr. Spencer.

Pero la tesis de Mr. Ward es incompleta. Teniendo los _achievement_

(inventos en el sentido de la sociología de G. Tarde), toda la

importancia que no es posible desconocerles, sin embargo, no comprenden

por sí solos todos los fenómenos que deben formar la materia de la

sociología. Más amplia y comprensiva al mismo tiempo de la idea de Mr.

Ward, es la tesis sostenida por Albion W. Small[5] de que «la materia de

la sociología es el proceso de la asociación humana».

[5] _General Sociology_, I.

No todos los fenómenos que merecen ocupar la atención de nuestra ciencia

son _achievements_.

Para esclarecer esta afirmación conviene hacer las siguientes preguntas:

¿Tienen todos los hechos sociales el carácter de _achievements_? ¿Hay

hechos sociales que puedan ser descuidados por la sociología?

Me parece que no todos los hechos sociales son _achievements_. No lo son

todos los que forman la inmensa multitud de las imitaciones, es decir,

los actos llevados a cabo por los hombres que son meros imitadores. En

los tiempos de decadencia, corrupción y crisis moral, el gran fenómeno

de la disolución de una sociedad, que no debe ser descuidado en ningún

estudio sociológico, está formado en último análisis por la suma de

todas las debilidades, costumbres viciosas y prácticas corrompidas de

los individuos de la época, y ninguno de estos actos es un

_achievement_. Esto se puede comprobar con analizar un poco los ejemplos

clásicos de la decadencia de Roma después de la conquista del mundo y de

la decadencia de Grecia después del siglo V. Que un solo individuo

despilfarre su fortuna o sea inmoral, son hechos sociales, cualquiera

que sea la posición del individuo, porque si no fuera así no podríamos

señalar la existencia de ningún hecho social. Es claro que el sociólogo

ni el historiador no han de andar inquiriendo la vida privada de cada

vecino; pero la estadística se encarga de darla a conocer sin nombres

propios, y de los hechos que la estadística publica sólo algunos son

_achievements_, mas todos constituyen eslabones del proceso social, cuyo

estudio no es posible descuidar.

III

LA SÍNTESIS CREADORA.--EL DUALISMO CÓSMICO.--EL PRINCIPIO DE LA

SINERGÍA.--BASE PSICOLÓGICA DE LA SOCIOLOGÍA.--EL ALMA.--LAS FUERZAS

SOCIALES.

Al inquirir el génesis y transformación de las fuerzas que llegan a

convertirse en las fuerzas sociales, la sociología extiende sus raíces

en un campo tan vasto, que viene a encontrar sus antecedentes en una

verdadera cosmología.

A fin de que sea suficientemente claro este proceso cuyas remotas causas

alcanzan hasta el funcionamiento de las fuerzas primordiales de la

naturaleza, conviene considerar primeramente algunos fenómenos que

tienen para nosotros la ventaja de estar más al alcance de nuestra

inmediata observación.

Las obras de la naturaleza no son perfectas. Encontramos siempre en

ellas mucho que criticar y formamos planes para transformar las cosas en

vista de los fines que nos proponemos para hacer cosas nuevas. Esos

planes son los ideales que surgen en la mente del genio inventivo y del

genio creador en las artes, en las industrias, en las ciencias, en las

cuestiones sociales. El nacimiento de un ideal es uno de los casos en

que obra lo que se llama la _síntesis creadora_. La síntesis no es sólo

la suma de los elementos que han servido para formar el cuerpo que por

medio de ella resulta; es algo más. No habría sido fácil prever por

ejemplo, lo que iba a resultar de una unión tan sencilla como es la de

dos átomos de oxígeno con uno de hidrógeno. Así también la mente con los

hechos, datos y representaciones que la experiencia le suministra,

construye combinaciones nuevas, ideas, obras de arte, verdades

científicas, inventos técnicos, máquinas, proyectos de reforma social,

que son propiamente creaciones.

Mr. Ward ha tomado el principio de la síntesis creadora de la filosofía

de Wund[6]. Según este principio, todos los actos o productos (Gebilde)

psíquicos no solo están en relación con los elementos que han servido

para formarlos, sino que contienen algo más que no se encontraba en

dichos elementos. Tal afirmación vale tanto para las grandes

concepciones de que acabamos de hablar, y en las cuales es obvio su

carácter de creaciones sintéticas como en los casos de los poetas e

inventores, cuanto para los fenómenos aparentemente simples de la

inteligencia, como, por ejemplo, las sensaciones. La actividad del alma

es propiamente sintética. Esto no quiere decir que el espíritu no sea

capaz de efectuar análisis, sino que cada una de las partes mismas del

fenómeno analizado es percibido distintamente en virtud de una síntesis

especial.

[6] _Logik der Geisteswissenschaffen_. p. 267.

Ahora podemos decir que la naturaleza igualmente efectúa por sí sola

síntesis creadoras, con la diferencia de que en la mente el fenómeno es

_télico_, es decir, se propone fines, se produce en vista de algún fin,

mientras que en la naturaleza es _genético_, esto es, resulta de la

acción de causas eficientes que funcionan sin un fin determinado.

De cambio en cambio se ha pasado del caos de la nebulosa al cosmos, del

cosmos a la vida, de la vida a la inteligencia, a la sociedad. Nosotros

no sabemos cuál sea el estado absolutamente elemental de la materia. La

creación de algo de la nada, según la concepción antropomórfica, es

inconcebible; pero entonces, cuando sobrevino aquella relativa

condensación que constituyó la homogénea e indiferenciada masa de

difusa, materia llamada nebulosa, tuvo lugar una síntesis creadora. Que

dicha nebulosa se diferenció subsecuentemente en sistemas de mundos, de

los cuales nuestro sistema solar no es más que uno, en conformidad a la

hipótesis de Kant y de Laplace, constituye una afirmación que envuelve

una síntesis creadora. Los elementos químicos fueron convirtiéndose

sucesivamente en compuestos inorgánicos, compuestos orgánicos

protoplasma, plantas y animales a través de otras tantas síntesis

creadoras.

En las aseveraciones anteriores va envuelto un concepto monista de la

naturaleza, esto es, el de la existencia de una sola substancia; pero la

manera de obrar de las fuerzas implicadas en esa substancia es lo que se

llama el _dualismo cósmico_. La naturaleza encierra no sólo fuerzas que

se transforman, sino fuerzas que contienden. La universal energía no

cesa jamás de obrar y su incesante actividad constantemente crea. Las

cantidades de materia, masa y moción que entran en actividad no cambian;

todo lo demás cambia: posición, dirección, velocidad, combinación,

forma. Decir con Schopenhauer que la materia es causalidad envuelve una

elipsis.

No es la materia, sino la _colisión_ de la materia lo que constituye la

única causa. Este eterno chocar de los átomos, este continuo esfuerzo de

los elementos, esta presión sobre cada punto, esta lucha de todas las

cosas creadas, este universal _nisus_ de la naturaleza que da existencia

a todas las formas materiales y se coloca dentro de ellas como

propiedades, como vida, como sentimiento, como pensamiento; esto es el

hilozoismo de los filósofos, la autoactividad de Hégel, la voluntad de

Schopenhauer, el alma del átomo de Haeckel, el alma del Universo, el

espíritu de la naturaleza, la causa primera de la religión y de la

Ciencia, es Dios.

Cada fuerza se encuentra con resistencias; de otra manera no podría

haber energía. La idea de fuerza es inconcebible sin la idea de alguna

resistencia correspondiente. Si no fuera por estos conflictos del

Universo, la evolución sería imposible. Las fuerzas de la naturaleza

están perpetuamente comprimidas. Si la fuerza centrífuga no se hallara

constreñida por la fuerza centrípeta, los planetas volarían de sus

órbitas, siguiendo líneas rectas indefinidas. Si no hubiera habido tal

restricción, éstos no habrían existido nunca. Todas las formas definidas

de cualquiera clase que sean, son debidas a influencias antagónicas que

constriñen, circunscriben y transforman el movimiento. La conservación

de la energía resulta de esta ley y todos los multiformes modos de

moción que se convierten perpetuamente unos en otros, son los productos

de esta incesante lucha. Vemos atracción y repulsión, concentración y

disipación, condensación y disolución; así se forman las nebulosas, los

planetas, los satélites y los organismos. Viene a producirse una

verdadera cooperación y colaboración de las fuerzas que compiten. Este

es el principio de la _sinergía_, el principio de la acción productora y

creadora de las fuerzas que contienden. El efecto normal y necesario que

se destaca claramente en este dualismo cósmico, en esta lucha cósmica,

es la tendencia a la _organización_ de algo, a convertir la mayor suma

posible de materia inorgánica en materia orgánica.

Una de las creaciones sintéticas de la naturaleza es la _vida_.

Después de la formación de la corteza terrestre quedó siempre ocupando

las concavidades de la superficie una gran cantidad de agua y,

envolviéndolo todo, una atmósfera de oxígeno, nitrógeno, carbono dióxido

(carbón dioxide) y vapor acuoso. Estos últimos son los principales

materiales con que han sido formados los productos _bióticos_. En todas

partes existe un universal _quimismo_ y constantemente son formadas

diferentes substancias por medio del contacto y de las afinidades

electivas de la materia. Debemos suponer que en el proceso de

enfriamiento del planeta, el _quimismo_ se convirtió en _zoismo_.

Esta es una suposición. Lo que nosotros sabemos es que la vida debió

comenzar en algún momento en nuestro planeta, lo cual seguramente

sucedió cuando la temperatura era más alta que las más elevadas de

nuestra zona tórrida actual. Los atributos primarios y diferenciales de

la vida han sido la irritabilidad y la movilidad. Su forma más simple

que conocemos es el protoplasma, el cual mirado desde el punto de vista

biológico, apenas puede ser llamado un organismo, por lo simple que es,

mientras que observado desde el punto de vista químico, es tan complejo

que no es posible colocarlo entre las substancias químicas. Ocupa

exactamente el término medio entre el mundo inorgánico y el orgánico.

Fué perfectamente llamado por Huxley «la base física de la vida». El

protoplasma posee sus cualidades esenciales de la movilidad e

irritabilidad, como el azúcar posee la dulzura, la quinina la amargura.

El _zoismo_ es una creación sintética del _quimismo_.

En el mundo orgánico, las primordiales fuerzas contendoras son la

herencia y la variación, que corresponden en astronomía a las fuerzas

centrípeta y centrífuga respectivamente. La herencia debe ser

considerada como una tendencia de la vida a que continúe existiendo lo

que ya ha empezado a existir. Todas las fuerzas son esencialmente

iguales y la fuerza viva o fuerza de crecimiento es igual a cualquiera

otra fuerza física, esto es, obedece a la primera ley del movimiento y

produce movimiento en línea recta, siempre que no haya interferencia de

otra fuerza. Si esto sucediese, resultaría un aumento constante en la

cantidad de la vida sin que hubiese ningún cambio en la calidad. Pero en

el dominio de la fuerza, como en el de cualquiera fuerza física, a

consecuencia de la multiplicidad de los objetos de la naturaleza, existe

necesariamente una constante colisión, una oposición constante, un

continuo contacto con otras fuerzas que vienen de todos los lados

imaginables. Éstas constituyen las resistencias del medio. La herencia

sigue su camino lo mejor que puede en medio de los obstáculos que se le

presentan. Ya hemos visto que bajo el principio de la sinergía cósmica

la fuerza cósmica primordial que impulsó a la materia del espacio

universal asumió por último, tras innumerables colisiones, una forma

organizada y convirtió la materia del espacio en cuerpos simétricos

coordinados en sistemas. De idéntica suerte, la fuerza vital, sujeta a

la acción de muchas fuerzas contrarias, empezó a elaborar formas

simétricas y a organizar sistema biológicos. Los protistas, las plantas,

los animales, fueron los resultados de esta sinergía orgánica. Göethe

esboza ya estas ideas en su «Metamorfosis de las plantas» (1790), y en

su «Morfología» (1786).

Después alcanzamos, por medio de una nueva síntesis creadora, a la

aparición del primer esbozo de lo que ha de ser más tarde el núcleo de

las fuerzas sociales: el alma. A la primera substancia viva, siendo

frágil y delicadísima, necesitando renovarse para mantenerse y estando

expuesta a mil causas de destrucción provenientes de la materia

inorgánica que la rodeaba, le fué preciso distinguir, so pena de la

muerte, lo que le convenía aceptar o rechazar del mundo exterior, debió

tener interés y experimentar impresiones agradables y desagradables. Tal

fué la alborada de la fuerza psíquica, la más superior cualidad de la

materia, cuyo brillante y prodigioso desarrollo ha venido a dar lugar a

la fuerza propulsora de la más elevada creación de la naturaleza: la

sociedad humana.

El alma del hombre que no es más que el alma del átomo después de haber

pasado por el alambique de la evolución orgánica, constituye, dentro de

sus cualidades primordiales y fundamentales, la fuerza social, el agente

dinámico y transformador por excelencia.

Dicho esto, no costará aceptar que la sociología descansa sobre la

psicología y no sobre la biología, como algunos pensadores lo han

sostenido.

En su obra: _The Psychic Factors of Civilizations_ entra Mr. Ward en

minuciosos y originales análisis de los fenómenos psíquicos. Los

fenómenos de la mente en su más amplio sentido pertenecen a dos

distintas clases: a la de los sentimientos y a la del intelecto. Los

primeros forman el objeto de la psicología subjetiva y el segundo el de

la psicología objetiva. Cuando se pone en contacto la extremidad de un

dedo con un objeto material, dos consecuencias resultan. Se produce una

_sensación_ que depende de la naturaleza del objeto y la mente recibe

una _noción_ de la naturaleza del objeto. El proceso por medio del cual

se lleva a efecto esta noción o conocimiento se llama _percepción_.

Estos son los elementos que sirven de base a las dos ramas de la

psicología de que acabamos de hacer mención: la sensación a la rama

subjetiva y la percepción a la rama objetiva.

Debemos decir que esta división no es perfectamente distinta y clara.

Tanto en los fenómenos de la sensación y de las emociones y sentimientos

como en los fenómenos de la percepción y las representaciones,

asociaciones de ideas y pensamientos que de ellas se derivan hay

elementos subjetivos. Las percepciones y representaciones no son nunca

la imagen de los objetos únicamente. Son condicionadas en gran parte por

los estados de conciencia anteriores y simultáneos. Además, si la

sensación es un hecho elemental que se encuentra en el análisis de los

sentimientos como elemento primordial de éstos, también se halla

desempeñando un papel análogo en las percepciones. Sin sensaciones

previas no puede haber percepciones. Sin experimentar la sensación de

peso jamás podré decir de un cuerpo que es pesado o liviano. De manera

que no es acertado formar dos categorías opuestas de fenómenos dentro de

los hechos psíquicos que tengan por base respectivamente la sensación y

la percepción.

Es menester, sí, tener presente que las primeras manifestaciones del

alma, tanto en su desarrollo que podemos llamar histórico o

filogenético, tomando como punto de partida su aparición sobre la

tierra, como en su desarrollo individual u ontogenético, son las de la

facultad _conativa_ (_conative faculty_), las del deseo, las del interés

instintivo que busca el placer y huye del dolor, o sea que busca lo

conveniente para la vida y se aparta de lo que puede dañarla. Lo

primordial son los sentimientos y la voluntad.

La vida debe ser preservada y las especies perpetuadas. La selección

natural ha hecho agradables los actos que favorecen estos fines y

dolorosos los que los contrarían. Las especies incapaces de experimentar

esas sensaciones han debido desaparecer y sólo han subsistido las

organizadas de tal manera que han podido sentir placer al apropiarse lo

necesario para su existencia y dolor al contacto, proximidad o previsión

de alguna cosa perjudicial o peligrosa para su vida. Así el dolor y el

placer no son condiciones indispensables que dependan de la naturaleza

misma de las cosas. Para el mundo inanimado no existen ni el placer ni

el dolor. Éstos son sólo estados necesarios a la existencia de los

organismos plásticos. Sin el dolor y el placer esos organismos no

habrían subsistido, porque habrían sido destruídos por el mundo

exterior. De manera que el dolor, lejos de ser un mal en sí, ha sido la

condición esencial de la vida, entendido como una especie de advertencia

para huir de la causa que lo produce.

El agente dinámico, el principio activo del alma lo forman los

sentimientos y los deseos. El deseo es una verdadera fuerza natural que,

si no fuera por las interferencias que encuentra en su camino, seguiría

como todas las cosas la primera ley del movimiento de Newton e iría

siempre directamente a la consecución de sus fines.

El desenvolvimiento de la inteligencia y de la razón es un

acontecimiento posterior al desarrollo de la facultad _conativa_, de los

deseos y de los sentimientos. La inteligencia no es propiamente una

fuerza; es el agente directivo de los deseos y sentimientos. Su acción

es siempre teleológica; la inteligencia es una causa final, es una causa

que se propone algún objeto, mientras que el agente dinámico, el deseo

es causa eficiente, obedece ciegamente a la acción inmediata que lo pone

en movimiento.

La psicología de Mr. Ward es monista, y aunque no cita a H. Höffding en

ninguna parte de sus obras, hay analogía entre sus ideas y la hipótesis

de la _identidad_ del citado filósofo danés, según la cual, el alma y el

cuerpo no forman distintas substancias, sino que son dos aspectos

diversos de una misma substancia.

* * * * *

Acabamos de ver que el agente dinámico, la fuerza social (hablando en

singular) es el sentimiento, el deseo, la facultad _conativa_, la

voluntad: diversas expresiones con que se designa la tendencia propia de

nuestra naturaleza a huir del dolor y buscar el placer.

En lugar de la locución, _fuerza social_, se puede usar la de _fuerzas

sociales_ en el mismo sentido, y para comprenderlas mejor conviene hacer

una clasificación de ellas.

He aquí la clasificación:

{ Positivas.--Que

{ Fuerzas { buscan el placer.

{ ontogenéticas {

{ o preservativas. { Negativas.--Que

{ Fuerzas { { evitan el dolor.

{ físicas, {

{ (funciones { { Directas.--Los

{ corporales). { { deseos sexuales

{ { Fuerzas { y amorosos.

{ { filogenéticas {

{ { o reproductivas. { Indirectas.--Las

{ { afecciones

LAS FUERZAS { { consanguíneas.

SOCIALES {

SON: { { Morales.--Que

{ { buscan lo

{ Fuerzas { { bueno.

{ espirituales { Fuerzas {

{ (funciones { sociogenéticas. { Estéticas.--Que

{ psíquicas). { { buscan lo bello.

{

{ Intelectuales.--Que

{ buscan lo verdadero

{ y lo útil.

Las fuerzas ontogenéticas o preservativas pueden ser llamadas las

fuerzas de la preservación individual; las filogenéticas o reproductivas

(susceptibles de ser caracterizadas con la palabra AMOR como las

primeras pueden serlo con la palabra HAMBRE) son las que cuidan de la

continuidad de la especie; y las fuerzas sociogenéticas, es decir, las

fuerzas morales, estéticas e intelectuales, merecen en conjunto el

nombre de las _fuerzas del mejoramiento de la especie_. (Race

Elevation). Constituyen éstas los poderes civilizadores por excelencia,

y la expresión de las más altas aspiraciones humanas. Por supuesto que

estas últimas fuerzas son relativamente modernas y el producto de la

complicada serie de acontecimientos llevados a cabo por la acción de la

energía social primitiva. Es decir, han tenido lugar primero la lucha

por la vida y la lucha por la reproducción con caracteres animales antes

que naciesen las más rudimentarias ideas morales, estéticas e

intelectuales, y sólo la aparición del Estado, resultado de la lucha

entre los grupos sociales, según Mr. Ward hizo posible el más completo

desarrollo de esas fuerzas sociogenéticas morales, estéticas e

intelectuales.

IV

LA SINERGÍA SOCIAL.--LAS ESTRUCTURAS SOCIALES.--LA LUCHA DE

RAZAS.--ORIGEN DEL ESTADO Y DEL DERECHO.--EL DARWINISMO SOCIAL

El mismo principio de la sinergía, es decir, de la producción de algo

nuevo por la contención o colisión de elementos contrarios, principio

llamado ahora _sinergía social_, es el que produce las estructuras

sociales. Las fuerzas sociales dejadas solas serían esencialmente

destructivas; pero combinadas, reprimidas las unas por las otras,

producen las estructuras sociales, cuyo nombre más general y apropiado

debe ser el de instituciones humanas.

El equilibrio social bajo el principio de la sinergía, junto con

envolver una perpetua y vigorosa lucha entre las fuerzas sociales

antagónicas, crea las estructuras sociales. De la perfección de estas

estructuras y del éxito con que desempeñan sus funciones depende el

grado de la eficiencia o capacidad social. En el mundo orgánico la lucha

tiene la apariencia de una lucha por la existencia. Las especies más

débiles perecen y las más fuertes persisten. Hay una constante

eliminación de lo defectuoso y supervivencia de lo adecuado. En el campo

social sucede lo mismo y las razas débiles sucumben en la lucha mientras

que las fuertes se perpetúan. Pero en ambos casos es la mejor estructura

la que sobrevive. De esta manera, la lucha deja de ser una cuestión de

individuos, de especies, de razas o de sociedades y se convierte en un

problema cuya solución depende de la perfección de las estructuras.

Podemos, pues, atenuar la severa fórmula de Darwin, de la lucha por la

existencia y ver en todo el panorama de la vida más bien una _lucha por

la estructura_.

Ya se ha dicho que el nombre más general y apropiado para las

estructuras sociales es el de instituciones humanas. Las instituciones

humanas no son más que el conjunto de los medios que tienen por objeto

encaminar y utilizar la energía social. Buscando cuál sea la naturaleza

y la esencia de la energía social se encuentra la más fundamental de

todas las instituciones humanas, especie de _plasma_ social primordial,

homogéneo, indiferenciado, que ha dado origen subsecuentemente a todas

las demás instituciones. Puede llamársele el _sentimiento de

conservación del grupo social_ (the group sentiment of safety) y es

principalmente de carácter religioso. De este núcleo se han derivado

indudablemente la religión misma, el derecho, la moral y todas las

instituciones ceremoniales, eclesiásticas, jurídicas y políticas. Pero

hay otras instituciones tan esenciales y primitivas como estas que han

de tener otras raíces, tales como el lenguaje, el arte y las industrias.

Mas, volvamos nuestras miradas a los tiempos primitivos de la vida

humana y digamos ante todo que respecto de las teorías del _poligenismo_

y del origen animal del hombre, aceptadas por casi todos los biólogos y

antropólogos, la actitud del sociólogo no puede ser la de un

investigador sino que debe darlas por sentadas y seguir adelante.

Filosofía Americana: Ensayos · 第 4 / 15 段