suprimir las reacciones inútiles e injustas, que sólo son
manifestaciones de incultura de la opinión y de los poderes públicos; a
constituir así un medio social que permita el completo desarrollo y la
expansión del pensamiento y de la actividad del individuo.
VIII
EL SENTIMIENTO DE RESPONSABILIDAD Y SU EDUCACIÓN.--CONCEPTOS DEFINITIVOS
DE LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD.
Tócanos hablar ahora del sentimiento de responsabilidad.
Este sentimiento se desprende de la conciencia de la relativa situación
de reciprocidad en que se encuentran todos los hombres; de la conciencia
de la identidad personal; de la certidumbre de la reacción social; y del
conocimiento de las consecuencias que han de derivarse de los hechos de
que uno mismo es causa.
Este estado no reposa, como se ve, sobre la idea del libre albedrío,
sino que constituye un complicado producto de la herencia y de la
educación, cuyo incremento marcha parejas con el perfeccionamiento
gradual del individuo.
Así como la mayor libertad no significa otra cosa que un aumento de
posibilidades de acción, de igual modo la mayor responsabilidad expresa
un aumento de posibilidades de previsión, acompañada del sentimiento de
un orden moral que nos liga con lazos de solidaridad a los demás
hombres.
Estas condiciones de libertad y responsabilidad tal como las entiendo
empírica y relativamente, marchan también de una manera paralela.
A más capacidad de acción reflexiva, o sea mayor libertad, corresponde
una más alta idea de la propia personalidad y de sus responsabilidades.
Lo dicho nos hace avanzar algo en la cuestión de la educación del
sentimiento de responsabilidad. Esta es una labor perfectamente
realizable por medio del proceso siguiente:
La educación intelectual y moral debe llevar a la mente del joven
educando el mayor número de representaciones posibles de las facilidades
u obstáculos que encontrará en su camino, de los placeres o dolores que
recibirá su alma, según obre en un sentido u otro, de los deberes y
sentimientos morales con que debe considerarse unido a los demás
hombres.
Es cuestión de una buena educación también que este caudal de impulsos,
de previsiones y de sentimientos, lo adquiera de la manera más activa
imaginable, en virtud de su propia experiencia. Estas representaciones y
sentimientos son en algunos casos propulsores y en otros inhibidores. El
aumento de actividad, de previsión y de moralidad que se puede obtener
de esta suerte, por medio de la educación, lleva envuelto el desarrollo
de la individualidad y de la responsabilidad, unidas a la concepción de
un orden moral que liga a todos los hombres y los obliga recíprocamente
entre sí, no en virtud de una libertad y responsabilidad absolutas, sino
a causa de la mutualidad relativa que resulta de nuestra convivencia en
la tierra.
Mis ideas sobre el determinismo y la responsabilidad relativa no las
bebí primeramente en los libros, sino que las saqué de mi experiencia de
profesor. La mala conducta de los niños enfermizos, degenerados, mal
criados, o que eran enviados al liceo por hogares en que no reinaba el
orden, me inspiraba compasión antes que cualquier otro sentimiento. A
ellos no los hice culpables de sus desaciertos. Creo que este estado de
ánimo coadyuva poderosamente a la obra de la educación en lugar de
perjudicarla.
Movido por ese sentimiento de simpatía hacia los educandos delincuentes,
no se les aplica ningún procedimiento correctivo porque sean malos en sí
mismos, sino sólo en cuanto sea posible mejorarlos con ellos. En este
sentido, la idea misma de responsabilidad es un procedimiento educador,
es un estimulante encaminado a enaltecer, a desarrollar la idea de la
propia personalidad.
Un papel análogo desempeña la idea fuerza de libertad, como la llama
Fouillée, idea que hace las veces de una sugestión o de una
auto-sugestión para impulsarnos a la acción, y que debe ser aprovechada
por el educador.
Creo que la idea determinista aplicada a las relaciones sociales y la
negación de la responsabilidad absoluta, daría tan buenos resultados en
la vida social como ha dado y puede darlos en la educación. El señor
Valentín Brandau ha probado detalladamente cuán perjudicial, y no sólo
inútil, es el principio de responsabilidad para defender a la sociedad
de los atentados criminales. (_Política Criminal Represiva_, t. I.)
Mirando a los individuos como seres determinados por sus antecedentes,
les aplicaríamos la reacción social, los medios de corrección y
mejoramiento, las medidas preventivas y eliminativas, sólo en cuanto
fuesen necesarios estos procedimientos para perfeccionar a los
individuos que manifestaron tendencias antisociales, o para librar de su
_nocividad_ al grupo social. Viviríamos entonces en una atmósfera de
benevolencia que haría pensar que se habían encarnado por fin en
nosotros aquellas hermosas palabras de Jesús: «No juzgues y no serás
juzgado».
Así vemos que las ideas de libertad y responsabilidad absolutas no
tienen ningún valor social. El edificio social y moral no se derrumbaría
en caso de que desaparecieran.
Seguramente quedaría mejor. ¿A qué sirven entonces esos conceptos? No se
me ocurre otro,--dicho sea con perdón de los que piensen de distinta
manera,--que el de la suerte que han de correr los hombres en la
improbable vida futura. Considerar al hombre como culpable absoluto del
bien o del mal que hace, es la premisa necesaria para darle en el viaje
de ultratumba o billete hacia la mansión de la gloria eterna o pasaporte
para el infierno.
Fijemos ahora la comprensión de los conceptos que hemos analizado.
La libertad es un término abstracto con que representamos un conjunto de
circunstancias que acompañan a la actividad consciente. Estas
circunstancias son: la idea del _yo_; la representación de varias
posibilidades, que significan poder sobre nosotros mismos y sobre los
objetos exteriores; la ignorancia del porvenir, cuyas complejas
contingencias no podemos prever detalladamente; y la ignorancia de los
fenómenos subconscientes que se operan dentro de nosotros. Estas
circunstancias son tan precisas, que si se suprime cualquiera de ellas
se desvanece la idea de libertad.
Ha sido un error oponer la libertad al determinismo, como cosas
incompatibles. Esto es lo mismo que decir que un cuadro no puede existir
porque tiene marco. Lo contrario de la libertad es la no libertad, es
decir, la negación de las condiciones recién apuntadas.
La responsabilidad es también una expresión abstracta con que designamos
los estados psíquicos complejos formados por la creencia en la
libertad, la facultad de prever, y el sentimiento de un orden moral de
solidaridad.
Para terminar, es menester no silenciar que, siendo las ideas de
libertad y responsabilidad, al mismo tiempo que puras abstracciones,
voces con que se han designado aspiraciones muy concretas en cada
momento histórico de la vida individual y social,--la acción de ellas se
encuentra por doquiera en toda la historia de la humanidad.
Estas ideas podrían servir de hilo conductor para una historia
universal. Quedarían comprendidos ahí los perdurables conflictos entre
el individuo y la sociedad, entre las clases dominantes y las clases
explotadas, entre súbditos y déspotas, entre naciones poderosas y
pueblos débiles. Se vería cómo esta lucha tiende a la emancipación del
individuo y de los grupos sociales frente a otros individuos y a otros
grupos sociales, y que el resultado apetecido no se obtiene por medio
del aislamiento que conduce a la misantropía, sino en virtud de la
coordinación de las voluntades individuales dentro de un orden superior.
Para estas luchas que anhelan el máximum de libertad, no cabe concebir
otro término que la formación de la conciencia de la humanidad, que
permita un equilibrio aproximadamente justo de todas las tendencias.
¿Querría decir la realización de ese ideal que habría llegado para el
esfuerzo humano su última hora? ¡Ah, no! los esfuerzos del hombre sobre
la naturaleza tendrán siempre por delante un campo inagotable de
aplicación, y de esta suerte es posible proponer la siguiente fórmula
definitiva: El máximum de libertad (o sea la situación más adecuada al
mejor desarrollo individual y social) se encontrará en la armonía justa
entre todos los hombres, unidos de una manera solidaria, en una acción
común sobre los objetos y las energías del mundo.
¿Envuelve quizá esta fórmula la visión de un estado que se encuentra muy
distante para nuestra especie?
--Es posible; pero los afanes de los hombres que sienten en su alma
anhelos altruístas tienden a la verificación de ese ensueño. Las sendas
que conducen a él no son otras que las de la educación y de las reformas
sociales, jurídicas y económicas llevadas a cabo por la iniciativa
individual o la acción de los poderes públicos, teniendo presente que la
eficacia de estos medios sólo es concebible dentro de los principios del
determinismo social.
EL MELIORISMO
o
La Filosofía Social de Mr. Lester F. Ward.
SUMARIO
I.--Mr. Lester F. Ward.--Sus obras principales.--Lo que es una
filosofía social.
II.--La Sociología Pura.--La materia de la Sociología.
III.--La síntesis creadora.--El dualismo cósmico.--El principio de la
sinergía.--Base psicológica de la Sociología.--El alma.--Las fuerzas
sociales.
IV.--La sinergía social.--Las estructuras sociales.--La lucha de
razas.--Origen del Estado y del derecho.--El darwinismo social.
V.--Optimismo o pesimismo.--Meliorismo.
VI.--Economía de la naturaleza y economía de la mente.
VII.--La Sociología aplicada.--Interpretaciones de la
historia.--Consecuencias del error.
VIII.--La lucha contra el error.--El genio.--La educación.
IX.--La Sociocracia.
X.--Conclusión.
I
MR. LESTER F. WARD.--SUS OBRAS PRINCIPALES.--LO QUE ES UNA FILOSOFÍA
SOCIAL.
Mr. Lester F. Ward es un sociólogo de una cultura casi universal. No
tiene únicamente una preparación científica sólida que lo ha armado para
marchar con pie seguro en el terreno de los estudios sociales, sino que
ha profundizado ramas concretas de la ciencia, hasta llegar a ser un
especialista en (paleo)--botánica y ha tenido una educación clásica y
literaria que le ha permitido leer en sus respectivos idiomas las
literaturas francesa, alemana, italiana y española. Sabe latín, y el
griego se lo ha asimilado en tal forma, que ha hecho observaciones que
ha aprovechado en sus lucubraciones sociológicas sobre algunas
modificaciones experimentadas en los significados de las palabras de
esta lengua, según las diferencias que ha notado en el valor de los
vocablos en las obras de Homero, Herodoto, Jenofonte y Demóstenes.
Las obras fundamentales de Mr. Ward son _Dynamic Sociology_, Nueva York,
Appleton and Cº. (no traducida ni al español ni al francés); _The
Psychic Factors of Civilization_, Boston, Ginn and Cº. (no traducida);
_Pure Sociology_, London, New York, Macmillan (traducida recientemente
al francés); y _Applied Sociology_, Boston, Ginn and Cº. (no traducida).
El presente ensayo ha sido hecho en vista de todas estas obras, menos la
primera, que fué publicada hace poco más de veinte años y cuyas
doctrinas esenciales están refundidas y citadas continuamente en las
obras posteriores, especialmente en _The Psychic Factors_.
* * * * *
Ante todo, ¿qué es una filosofía en general y qué una filosofía social
en particular?
A la filosofía la preocupan cuatro grandes problemas: el del
conocimiento (problema lógico), el de la existencia (problema
cosmológico), el de la estimación de los valores (problema ético), y el
de la conciencia (problema psicológico)[3].
[3] Höffding, _Histoire de la philosophie moderne_.
La filosofía social no puede ser otra cosa que el estudio de estos
mismos problemas, incrementado con todas las deducciones y conclusiones
a que las soluciones de ellos den lugar en su relación especial con la
vida y los fines de la sociedad y orientados hacia la realización de la
justicia social.
¿Envuelve este último estudio alguna importancia para cualquier hombre?
No vacilo en responder que sí la envuelve y en alto grado. La
solidaridad de los hombres, impuesta de una manera imperiosa e
ineludible, a lo menos por el hecho de habitar en común este planeta y
además por los sentimientos que se han desarrollado con el tiempo, exige
que miremos el destino de cada persona en armonía con el de las demás y
que busquemos la manera de establecer esa armonía que no existe aún. Es
tal la importancia de este asunto, que en cada vulgar e insignificante
detalle de la vida diaria puede ir comprendida la aplicación de algún
principio de esta o aquella filosofía social. El individualista
ramplón,--no el individualista a lo Ibsen, cuya característica no es
egoísmo sino originalismo,--cuya profesión de fe es desentenderse de
lucubraciones intelectuales y sociales, contribuye con su abstención a
determinadas soluciones de las cuestiones sociales, hace suyas sin
examinarlas las creencias implícitas en la línea de conducta que ha
tomado y lo que saca con su renuncia a ocuparse de asuntos de interés
general, es que tiene que vivir dando por cierto lo que no se ha
detenido a examinar si es cierto y dando por justo lo que no se ha
detenido a examinar si es justo.
Tales individualistas e indiferentes son forzosamente tradicionalistas.
Mas, para los que no quieren ser tan sólo conducidos de la mano y a
ciegas por un camino de la vida que no conocen y aspiran a afirmar ante
todos los hombres su derecho a trazarse una senda propia, la filosofía
social reviste una importancia fundamental.
II
LA SOCIOLOGÍA PURA.--LA MATERIA DE LA SOCIOLOGÍA.
La sociología es una ciencia; tiene todos los caracteres de tal: estudia
los fenómenos de una forma especial de fuerza, la fuerza social o las
fuerzas sociales, que obran sometidas a leyes, de las cuales la más
fundamental es la de la causalidad.
Distingue Mr. Ward en la sociología dos grandes ramas: la _sociología
pura_ y la _sociología aplicada_. La primera estudia los hechos sociales
con la más fría imparcialidad, sin criticar ni alabar nada en ellos, a
fin de inducir las leyes que de ellos se infieran. La segunda trata de
las posibles aplicaciones de dichas leyes.
* * * * *
La materia de la sociología[4] es la acción humana (_human
achievement_). No es la estructura, sino la función. Casi todos los
sociólogos han trabajado en el departamento de la anatomía social,
cuando deberían dirigir su atención al de la fisiología social, al
estudio de las funciones sociales. Sin duda que el estudio de la
anatomía es también necesario, porque las funciones no pueden ser
efectuadas sin los órganos; pero dicho estudio tiene una importancia
preparatoria y es posible dejarlo a las ciencias sociales especiales,
tales como la historia, la demografía, la antropología, la economía
política, etc.
[4] _Pure Sociology_, III.
La sociología se ocupa de las actividades sociales. No es una ciencia
descriptiva en el sentido que dan a tales ciencias los naturalistas,
como disciplinas que describen objetos ya concluídos. Es más bien un
estudio de la manera cómo los diferentes productos sociales han sido
creados. Estos productos son de tal naturaleza, que una vez formados no
se pierden nunca; y es propio de ellos también que vayan modificándose
y perfeccionándose lentamente y que sirvan de base a nuevos productos.
Lo propio de la acción humana (achievement) es que posea una virtud
transformadora. Los animales no ejecutan acciones de esta naturaleza. De
aquí uno de los primeros principios sociológicos: _el medio transforma
al animal, mientras que el hombre transforma al medio_. No ha habido
ningún cambio orgánico importante en el hombre durante el período
histórico. No es más ligero de pies ni de vista más penetrante o
músculos más fuertes que cuando escribió Herodoto. Ahora su poder visual
se ha acrecentado enormemente gracias a todas las aplicaciones de los
lentes; su poder de locomoción se ha multiplicado merced al invento de
las máquinas y su fuerza se ha hecho casi ilimitada por medio de la
ayuda de los agentes naturales que ha sabido explotar. Las armas son
mucho más temibles que los dientes o las garras. Al lado del telescopio
y del microscopio los órganos naturales de la vista valen muy poco. Los
ferrocarriles son mejores que las alas de las aves, y los buques a vapor
mejores que las aletas de los pescados. Todo eso es el resultado del
poder del hombre de transformar a la naturaleza. La transformación
artificial del fenómeno natural es el gran hecho característico de la
actividad humana. Esto es lo que constituye el _achievement_. Así _la
civilización material consiste en la utilización de los materiales y de
las fuerzas de la naturaleza_.
Conviene decir aquí que la distinción entre materia y fuerza desaparece
enteramente tras un breve análisis. Ya no es una expresión metafísica
decir que no conocemos nada de la materia fuera de sus propiedades. Sólo
sus reacciones afectan a nuestros sentidos y sólo sus propiedades son
utilizadas; pero no es posible trazar ninguna línea de demarcación entre
las propiedades de la materia y las fuerzas físicas. Las propiedades son
fuerzas y las fuerzas son propiedades. Si la materia es únicamente
conocida por sus cualidades y las cualidades de la materia son fuerzas,
es claro que la materia posee poderes inherentes a ella. Schopenhauer
tenía razón cuando decía: «La materia es causalidad» (Die Materie ist
durch und durch Causalität). La materia es dinámica y siempre que el
hombre la ha tocado con la varita mágica de su razón, no ha dejado nunca
de acudir a su llamado para satisfacerle alguna necesidad.
Es un error creer que los _achievements_ consisten en bienes materiales
o riquezas. No; los _achievements_ son sólo los medios con que se crean
las riquezas que son los fines que se aspira a realizar. Los
_achievements_ son las ideas, las invenciones creadoras. Como se ha
dicho antes, envuelta en la noción de _achievement_ se encuentra la de
permanencia. Todas las riquezas materiales son perecederas y fungibles.
El _achievement_ consiste en una invención en el sentido _tardeano_ (de
Tarde). Es algo que se eleva sobre la mera imitación o repetición.
El lenguaje es un _achievement_ de enorme importancia y cada uno de sus
distintos aspectos sucesivos,--el mímico, el oral, el escrito, el
impreso, han señalado una época en el progreso humano. La literatura, el
arte, la filosofía y las ciencias son grandes _achievements_. También lo
son las armas, las trampas, lazos, herramientas, instrumentos y
utensilios primitivos que han encontrado su coronamiento en nuestra
época en la maquinofactura, en la locomoción artificial y en la
intercomunicación eléctrica.
Debemos llamar la atención sobre otra forma típica de invenciones: son
los procedimientos auxiliares de la mente. Una numeración aritmética o
el modo de expresar los números por medio de símbolos de cualquiera
especie, es un procedimiento o instrumento auxiliar de la mente. Los
griegos y los romanos, como todas las razas principales, inventaron
sistemas especiales de numeración, y nosotros hacemos todavía algún uso
del ideado por los últimos. Pero el sistema empleado universalmente
ahora por todos los pueblos civilizados es el llamado «sistema arábigo»,
aunque lo más probable es que ellos sólo hayan perfeccionado un invento
que recibieron del Oriente.
Este sistema es un buen ejemplo de lo que llamamos la permanencia del
_achievement_. Podemos calcular el costo y valor de cualquiera suma de
riquezas materiales, apreciar su intercambio y presenciar su total
consumo mil y mil veces, y el sistema que nos habilita para efectuar
esas operaciones, permanece imperecedero en medio de tanta
transformación y destrucción, sirve a los hombres sin gastarse y así
continuará sirviendo a las generaciones futuras.
Las artes industriales forman otra clase importante de _achievement_.
Debemos mencionar también las instituciones que, indicadas en el
probable orden de su desarrollo, son las siguientes: sistemas militares,
sistemas políticos, sistemas jurídicos y sistemas industriales. En
verdad, es posible extender el significado del término _institución_
hasta hacerlo comprender todos los _achievements_ y tomado en tal
sentido constituye el principal estudio del sociólogo.
Una de las características esenciales de todo _achievement_ es que
consista en alguna forma de conocimiento. El conocimiento, al revés de
la capacidad, no puede ser trasmitido por herencia. Constituye una
especie de herencia social a cuya trasmisión la sociedad tiene adscritos
determinados órganos o sea los diversos institutos de educación e
instrucción.
Unos pocos espíritus han columbrado vagamente que la civilización
consiste en la luz de los conocimientos acumulados de generación en
generación. La más célebre expresión de esta verdad es la de Pascal, que
dice en sus _Pensamientos_: «La serie completa de los hombres en el
curso de todas las edades debe ser considerada como formada por un solo
hombre, que nunca hubiese dejado de existir y hubiera estado siempre
aprendiendo». Bacón, Condorcet y Herder, han expresado ideas análogas.
Pero esta concepción es sólo una aproximación a la verdad. Indica, por
decirlo así, el largo pero no el ancho de la civilización. Jamás un solo
hombre, por más sabio que hubiese sido, y suponiéndolo inmortal, habría
podido llevar a cabo lo que todos los hombres han hecho. La civilización
no es la obra de un solo hombre, sino de miles de hombres, cada uno de
los cuales ejecuta una obra diferente. Cierto es que muy pocos entre
ellos crean algo original y que los más no hacen otra cosa que imitar,
correspondiendo los primeros, es decir, los creadores, dentro del
organismo social, a lo que se llama en biología las variaciones,
mientras que los segundos forman la herencia, y cierto es también que
para los espíritus no adocenados suele ser objeto de menosprecio esa
masa de la especie humana que marcha sujeta a puras imitaciones buenas o
malas. Pero el sociólogo, procediendo de igual manera que el geólogo
cuando estudia la estructura de la tierra, debe mirar el gran conjunto
que resulta del total de las obras humanas y entonces desaparecerán para
él los móviles mezquinos y las pequeñeces de las acciones individuales.
A la tierra calcúlanse unos 70.000.000 de años de edad, y el hombre
habrá existido desde unos 300.000 a 200.000 años. La época histórica, y
por consiguiente sociológica, es casi nada dentro de estas cifras
enormes: menos de 25.000 años. Estudiadas simpáticamente las acciones de
los hombres encerradas en ese panorama, resultan enaltecidas,
alentadoras y aptas para curar al más arraigado pesimismo. Tan pronto
como el hombre entra en su desarrollo en el estado contemplativo
(_contemplative stage_), lo que ya sucede en épocas muy remotas bajo el
régimen social de las castas, empieza a desenvolverse el interés
psíquico o trascendental. Comienzan a manifestarse anhelos intelectuales
que constituyen fuerzas sociales tan efectivas como el hambre y el amor.
Bajo el influjo de esas fuerzas psíquicas llamadas sociogenéticas
(fuerzas morales, intelectuales y estéticas) han surgido el arte, la
filosofía, la literatura, la ciencia, la industria y han obrado de una
manera combinada para aumentar y enriquecer los inventos humanos.