„Ó Deidades del mundo subterráneo, adonde venimos á parar todos

los mortales, si dais licencia para que hable la verdad, omitiendo

preámbulos importunos, no he venido acá para ver la negra mansion de

los infiernos, ni para atar al Cancerbero de tres gargantas, ásperas

con las serpientes que las rodean. Mi esposa es la causa de mi

venida, que pisando una víbora, la mordió é infundió su veneno, y la

causó la muerte en los floridos años de su juventud: procuré sufrir

con paciencia esta desgracia, y confieso haber hecho cuanto pude para

conseguirlo; pero venció el amor: ese Dios, que es bien conocido allá

sobre la tierra: dudo si aqui lo será igualmente; pero me inclino á

creer que sí tambien lo es, pues á vosotros igualmente os ha ayuntado

el amor, si es que no miente la fama de que os unisteis por medio del

pasado rapto.[145] Yo pues os suplico, poderosos Dioses, por estos

lugares llenos de temor, por este caos, y por el pavoroso silencio de

este dilatado reino, que me deis á Eurídice, y anudeis el hilo de su

vida, que fue cortado fuera de sazon. Todos los vivientes os somos

deudores; y aunque dilatemos algo nuestra vida, tarde que temprano

todos caminamos á estas regiones. Estas son nuestras últimas moradas,

en que os podeis vanagloriar de tener un imperio eterno sobre el género

humano. Tambien Eurídice, cuando muera á su tiempo y en otra edad mas

avanzada, volverá á recaer en vuestra jurisdiccion. Solo os pido el uso

de algun tiempo por gracia y beneficio; pero si los hados se oponen á

mis deseos, vengo con determinacion de quedarme en estos lugares: gozad

enhorabuena de la muerte de dos.” Aquellas pálidas almas lloraban al

ver expresar los sentimientos de Orfeo, y al oir acompañar sus acentos

con su armoniosa lira. Tántalo[146] dejó de coger el agua que siempre

se le escapaba. La rueda de Ixion[147] se detuvo; los crueles buitres,

que despedazaban el hígado del desgraciado Ticio, le dieron algun

descanso; las hijas de Belo cesaron de echar agua en el tonel horadado,

que se vacia al paso que lo llenan; Sísifo se sentó sobre la piedra,

que está condenado á rodar sin pausa ni descanso. En esta ocasion

fue cuando se vió por primera vez llorar á las implacables Furias.

Proserpina y Pluton se enternecieron, y mandaron llamar á Eurídice, que

estaba entre las almas recien entradas, y vino cojeando[148] por causa

de la mordedura de la serpiente. Recíbela Orfeo bajo la condicion de

no volver atras los ojos hasta haber salido de los valles del Averno,

so pena de que la perderia, y seria nula la gracia.[149] En medio de

aquel profundo silencio trepan por un camino cuesta arriba lleno de

malezas, y en que habitaban la oscuridad y las mas densas tinieblas.

Ya les faltaba poco para llegar á la superficie de la tierra, y salir

de aquella oscura region, cuando Orfeo, temiendo en este sitio no se

cansase Eurídice, y deseoso de verla volvió la vista, y al punto fue

detenida y retirada hácia atras; y extendiendo sus brazos para asir

con ellos á su esposo, ó ser asida por él, no encontró ni palpó otra

cosa la infeliz que el viento deleznable, y muriendo con esto segunda

vez, no se quejó de que tuviese la culpa su marido. Porque ¿cómo habia

de quejarse de verse amada? Con esto le dió el último á Dios, que con

dificultad llegó á sus oidos, y fue tornada con violencia al oscuro

reino de donde habia salido. No causó menos pasmo á Orfeo la duplicada

muerte de su muger que á aquel pastor[150] que tímido vió á Cancerbero

encadenado por la garganta de en medio, el cual no perdió el pavor

hasta que se le trasmutó su naturaleza convirtiéndose en peñasco: ni

el referido pasmo de Orfeo fue menor que el de Oleno, que, cargando

sobre sí el delito de su muger, quiso parecer y aparentar que era reo,

el cual y Letea su esposa, engreida con su hermosura, y que en otro

tiempo se quisieron tiernamente, ahora son peñascos del monte Ida. El

desgraciado Orfeo volvió hácia atras en seguimiento de su muger, y se

esforzaba para pasar el rio Leteo; pero el barquero Aqueronte[151] se

lo prohibió, alejándole de su barca. Permaneció siete dias y otras

tantas noches á la ribera del rio infernal sin otro alimento que sus

lágrimas.

[Ilustración: (102) Orfeo atrae al son de su voz y de su lira á los

animales, rocas y árboles.]

FÁBULA III.

_ORFEO TOCA LA LIRA EN EL MONTE RODOPE._

En fin despues que Orfeo se quejó inútilmente de la crueldad de los

Dioses del infierno, se fue al monte Rodope y á Hemo, donde reina

el frio Aquilon. Pasáronse tres años sin haberse permitido al trato

de ninguna muger, ya porque le habia salido tan mal el casamiento,

ó ya porque le queria guardar á Eurídice la fidelidad que le habia

prometido. No obstante muchas Ninfas desearon casarse con él, y solo

las correspondió con desprecios, dedicándose á un amor inverso, que

de él aprendieron los pueblos de Tracia,[152] á quienes agradaba la

florida edad de los niños que aun no habian entrado en la juventud.

Sobre la cumbre de un collado se ostentaba una hermosa llanura de un

campo, que estaba siempre verde con la grama y otras yerbas. En este

sitio sin sombra fijó su residencia Orfeo, y en él tocaba su lira,

y al sonido de ella vinieron todos los árboles comarcanos á hacerle

sombra, atraidos del dulce sonido de la lira. No hicieron falta ni

dejaron de concurrir las encinas, los álamos blancos, los suaves tilos,

las hayas, los laureles, los avellanos, los fresnos, los abetos,

los carrascos, los plátanos, los acebos, los sauces, los lotos, el

box siempre verde, los brezos, los arrayanes de dos colores, y las

higueras. Tambien vinisteis vosotras, yedras trepadoras, juntamente

con las vides llenas de pámpanos, y los olmos vestidos de parras, los

quejigos, el madroño cargado de fruto encarnado, las erguidas palmas,

premio de los vencedores, el pino de áspera y recogida copa, grato á

la madre de los Dioses desde que Atis, sacerdote de esta Diosa, se

convirtió en él.

[Ilustración: (103) Queriendo darse la muerte Cipariso, es

transformado en Ciprés por Apolo.]

FÁBULA IV.

_CIPARISO TRANSFORMADO EN CIPRÉS._

Entre toda la multitud de árboles que acudieron al son de la lira de

Orfeo, vino tambien el ciprés, émulo de las pirámides, el cual, aunque

ahora es árbol, fue antes un muchacho querido de aquel Dios que con

las cuerdas arma y maneja la cítara y el arco.[153] El caso de su

transformacion fue el siguiente: Habia un corpulento ciervo dedicado

á las Ninfas de los campos de Cartea, el cual tenia unas astas de

tal elevacion y anchura, que le servian de sombrage á su cabeza: las

astas resplandecian con el oro, y de su delgado cuello iba pendiente

hasta los brazuelos un collar de piedras preciosas. Un medallon de

plata colgaba sobre su frente sujeto con unos pequeños lazos de cuero,

y de sus orejas pendian tambien sobre las sienes dos arracadas del

mismo metal. Este ciervo domesticado, y acostumbrado á no conocer el

miedo, solia entrar en las casas, y presentar su cuello aun á las

manos desconocidas para que lo halagasen; pero no obstante á nadie le

agradaba tanto como á tí, Cipariso, jóven el mas hermoso de toda la

isla de Cos.[154] Tú cuidabas de llevarlo á los pastos mas abundantes

y á las fuentes mas cristalinas. Unas veces entretejias sus astas con

variedad de flores, otras, acomodándote en su espalda, ibas con él de

una á otra parte, enfrenándole con un cabestro de color de púrpura.

Un dia de estío á la hora del mayor calor se echó el ciervo sobre

la yerba, viéndose muy fatigado, para tomar un poco el fresco á la

sombra de los árboles. El muchacho Cipariso, sin saber lo que se

hacia, le atravesó con una aguda flecha, y viéndole espirar de aquella

cruel herida, quedó sobrecogido de tal tristeza y desesperacion, que

resolvió darse á sí mismo la muerte. ¿Qué de cosas no le dijo Febo para

consolarle? Le amonesta que no se abandone á tanto sentimiento por una

cosa de tan poca consideracion; pero él seguia entregado á sus gemidos

y sentimiento, pidiendo á los Dioses que por último don le concediesen

que jamas interrumpiese sus lágrimas. Á puro llorar vino á derramar su

sangre por los ojos, y sus miembros empezaron á tomar un color verde,

á transformarse en erizada melena aquellos hermosos cabellos que poco

há pendian de su nevada frente; y endureciéndose poco á poco, se elevó

mirando rectamente al cielo, angostándose la copa hasta rematar en

punta. Fue muy sensible á Apolo esta transformacion de que habia sido

testigo, y suspirando: „Yo lloraré tu pérdida, le dijo, Cipariso; tu

llorarás la de otros, y asistirás siempre á los lúgubres llantos.”[155]

FÁBULA V.

_RAPTO DE GANIMEDES._

Aquellos eran los árboles que Orfeo habia atraido al rededor de sí, y

permanecia ordinariamente sentado á la sombra en medio de los animales

y aves, que el encanto de su voz hacia venir de todas partes. Un

dia despues que templó bien su lira, y conoció que las varias voces

concordaban, sin embargo de la diversidad de sonido, se puso á cantar

de este modo: „Ó Musa,[156] madre mia (pues todas las cosas estan

sujetas al imperio de Júpiter), inflama mi pecho para que mis versos

comienzen con sus alabanzas. Yo he celebrado ya muchas veces su poder;

y subiendo mi lira al tono heroico, canté en otro tiempo la victoria

que ganó sobre los gigantes, que abatió con los rayos[157] en los

campos de Phlegra: ahora conviene un estilo mas llano para cantar

los jóvenes que han sido amados por los Dioses, y las doncellas que,

entregadas á no permitidos amores, merecieron la justa pena de su

liviandad.

[Ilustración: (104) Júpiter transformado en Águila arrebata á

Ganimedes.]

„El Rey de los Dioses amó en otro tiempo con el mayor ardor al troyano

Ganimedes,[158] y para conseguir su amor queria deponer su divinidad, é

inventar una cosa en que transformarse diversa de la que él era; pero

no quiso trasmutarse en otra ninguna ave sino en águila, porque esta

era sola la que podia llevar sobre sí sus rayos. Puso por obra sin

demora esta su determinacion; tomó con efecto la figura de águila, y

rompiendo los aires con sus aparentes alas, bajó volando, y arrebató á

Ganimedes, y lo subió al olimpo, en donde, aunque á pesar de la zelosa

Juno, le hizo su copero, y le sirve la bebida del néctar.”

FÁBULA VI.

_JACINTO TRANSFORMADO EN FLOR._

„Á tí tambien, jóven Jacinto, te hubiera trasladado Apolo al cielo si

se lo hubieran permitido los hados; sin embargo tienes el privilegio

de la inmortalidad, que es cuanto pudo hacer en tu obsequio. Cuantas

veces expele la primavera al invierno, y cuantas saliendo el sol

del signo de Piscis entra en el de Aries, otras tantas te renuevas,

brotando tus flores en la verde pradera. Mi padre Apolo te amó mas

que á otro ninguno, y tanto que por tí abandonó el templo y oráculo

de Delfos,[159] frecuentando solo las riberas del rio Eurotas y la

ciudad de Esparta por visitarte: ni le gustaba la lira ni tampoco

las flechas, sino que enagenado de sí no se avergonzaba ni rehusaba

llevarte las redes, los perros, y acompañarte por los collados de los

ásperos montes, fomentando de este modo su pasion, y convirtiéndola en

costumbre.

[Ilustración: (105) Jugando Jacinto con Apolo, le mata un tejo que el

viento desvió.]

„Un dia cuando Titan se hallaba en medio de su carrera, queriendo

Apolo y Jacinto jugar al disco, se despojan de las ropas, y se ungen

con aceite segun costumbre; Apolo arrojó el primero el disco con tanta

fuerza y destreza, que penetrando la region del aire, dividió con su

violencia las nubes, y de alli á mucho tiempo empezó á bajar hácia la

dura tierra. Viéndolo Jacinto, sin prever el riesgo á que se exponia, y

embebido en el juego, echó á correr para coger el disco; pero al tiempo

que dió en el suelo saltó de rebote, y dió á Jacinto en el rostro,

haciéndole una mortal herida. Quedóse Apolo tan descolorido como el

mismo Jacinto; y reuniendo la carne que el golpe habia despedazado,

unas veces la unia á la restante, otras enjugaba la sangre que corria

de la herida, y otras procuraba contener su ya fugitivo espíritu,

aplicándole los remedios y yerbas mas medicinales.[160] Nada aprovechó

el arte, porque la herida era incurable. Al modo que las adormideras,

los lirios y violetas, quebrantados sus tallos, inclinan su cabeza

hácia la tierra, y ya no pueden erguirse, asi se inclinó su rostro al

tiempo de espirar, y el cuello y cabeza, faltos de vigor, se abatieron

sobre los hombros. Entonces Apolo: „Desfalleces, le dijo, Jacinto, en

tu primera edad, y veo que yo tengo la culpa de tu muerte. Tú eres

causa de mi dolor, y en tí vino á descargar mi golpe. Mi diestra debe

ser marcada con una señal que signifique tu muerte. Sí, yo soy la causa

y el autor de ella. Pero ¿en qué está mi culpa? Como no se quiera

dar este nombre al juego, y llamarse delito el haberte amado. ¡Ojalá

pudiera dar mi vida por la tuya ó morir contigo! Pero puesto que el

destino se opone á ello, reinarás siempre en mi memoria; mi canto y

mi lira jamas dejarán de publicar tus alabanzas, y convertido en una

nueva flor, estarán en tí escritos mis llantos y gemidos. Llegará

tambien un tiempo en que el fortísimo Ayax[161] se añada á esta flor,

y se lea en sus hojas su nombre.” Mientras Apolo decia estas cosas

la sangre de Jacinto, que habia caido y manchado las yerbas, dejó su

color, y convirtió en una flor mas resplandeciente que la púrpura de

Tiro, y tomó la forma que tiene el lirio, si este no fuera blanco y el

jacinto encarnado. No se contenta Apolo con esto; él es el primero que

le tributa honores; esculpe en las hojas sus suspiros, conteniendo la

triste inscripcion de _ay ay_ con las mismas funestas letras. La ciudad

de Esparta no tiene por afrenta el haber sido patria de Jacinto, antes

sí por un honor que dura hasta el presente tiempo, en el que se repiten

y celebran cada año con mucha pompa unas fiestas y juegos en su honor,

siguiendo la costumbre de los mayores.”

FÁBULA VII.

_LOS CERASTES CONVERTIDOS EN TOROS._

„Mas si se pregunta á la ciudad de Amatonta, abundante en metales,

si ella tiene por honor el haber sido patria de las Propétides, como

Esparta en haberlo sido de Jacinto, responderá que antes bien lo

tuvo por afrenta, del mismo modo que el haberlo sido de aquellos que

procreó en otro tiempo, los cuales, por tener dos cuernos en la frente,

se llamaron Cerastes. Frente de la casa de estos habia un templo y

ara dedicada á Júpiter, protector del hospedage, en la que se hacian

los mas abominables y tristes sacrificios. Cualquiera extrangero que

llegase á verla teñida y salpicada de sangre creeria que en ella se

habian sacrificado algunos ternerillos ó algunas ovejas de Chipre, y

no era eso, sino que las víctimas que en ella se habian ofrecido eran

los huéspedes y extrangeros que alli llegaban. Ofendida Venus de esta

abominacion, estaba resuelta á retirarse de sus ciudades y de toda la

region é isla de Chipre; pero reflexionándolo mejor, dijo:

[Ilustración: (106) Venus transforma en Toros á los Cerastes que

profanaban á Chipre.]

„¿En qué han pecado mis ciudades y estos campos, que me son tan

agradables? ¿Qué delito hay en ellos? Mejor es que los delincuentes

paguen su pena con el destierro ó con la muerte, ó con otro castigo que

venga á ser un medio entre estos dos. Y ¿cuál podrá ser este sino el

de transformarlos en otra diversa figura?” Venus vacilante en qué los

convertiria, vuelve la vista á los cuernos que tenian en su frente; y

ocurriéndola el dejarlos con ellos, los transformó en crueles toros.”

FÁBULA VIII.

_PIGMALION._

„Las Propétides[162] tampoco hicieron honor alguno á su patria, pues

ademas de ser obscenas se atrevieron á negar que Venus fuese Diosa,

por lo cual airada esta, se dice que las enardeció hasta el extremo de

que fuesen el primer egemplar de la prostitucion; y como perdieron el

pudor, y se les endureció la sangre en el rostro, poco á poco se fueron

convirtiendo en duros peñascos.

„Como antes de su transformacion las viese Pigmalion que pasaban su

vida en tan criminal disolucion, espantado de los vicios y desarreglos

en que naturalmente incurren las mugeres, las juró aborrecimiento, y

vivia en el estado de celibato, en el cual se mantuvo por mucho tiempo.

En el intermedio de él hizo felizmente y con mucho arte una estatua

de marfil, á la cual dió la forma de una muger tan hermosa, que ni

la naturaleza ni el arte llegaron á mas, y viéndola tan bella, se

enamoró de su estatua.

[Ilustración: (107) Pigmalion se enamora de la estatua que habia

hecho, y Venus la anima.]

„Su semblante era de una verdadera doncella: parecia que estaba viva,

y que queria moverse á no prohibírselo la modestia: ¡tan grande era

el primor que ocultaba el arte! Maravíllase Pigmalion, y se enciende

en su pecho un fuego de amor á la estatua como si estuviese viva.

Muchas veces la tocaba con sus manos dudando si era cuerpo viviente,

y no se atrevia á decir que fuese marfil: besábala, y le parecia que

le retornaba el cariño: la hablaba, la tenia en sus brazos, y se

persuadia que sus dedos se imprimian en los miembros como si fuesen

flexibles, temiendo que la impresion de ellos no la hiciese algun

daño ó contusion. Con la idea de complacerla unas veces la hacia

halagos, otras le traia conchas y piedrecillas, dones agradables á

las doncellas, diversos pajarillos y flores de mil colores, lirios,

bolitas pintadas y granos de ámbar. Tambien la adornaba con vestidos

de gala; poníala en los dedos lucidos anillos, y en el cuello largas

gargantillas, arracadas de piedras preciosas en sus orejas, y joyas

en su pecho. Todas estas cosas le caian muy bien; pero despojada de

ellas no estaba menos hermosa. Poníala en su cama llamándola su muger,

y como si tuviera sentido la colocaba y reclinaba sobre almohadas de

suaves plumas. Llegó el dia y festividad dedicada á Venus, el cual se

celebraba en la isla de Chipre con mucha solemnidad.[163] Ofrecíanse

sacrificios de blancas novillas, doradas sus extendidas astas, y

humeaban en los templos los ofrecidos inciensos. Pigmalion, despues

de haber hecho un sacrificio, se puso delante del altar, y con el

debido respeto hizo esta deprecacion: „Si podeis, ó Dioses, conceder

todo lo que se os pide, os ruego que la muger con quien me case (y

no atreviéndose á decir fuese la doncella que habia hecho de marfil,

pronunció en lugar de ello) sea semejante á la estatua que he formado.”

La refulgente Venus, que asistia á su festividad, conoció lo que queria

decir aquella deprecacion, y en señal de que venia bien en darle

gusto en lo que suplicaba, por tres veces se encendió por sí misma la

llama de una antorcha, y su piramidal punta se elevó por los aires.

Pigmalion, contento con este agüero, se volvió á su casa, y al punto

que entró en ella se dirigió á la estatua de su querida, y tentándola

le pareció que estaba caliente; que el marfil se ablandaba, y que

deponiendo su dureza, cedia á los dedos suavemente, á la manera que la

cera del monte Himeto[164] se ablanda á los rayos del sol, y se deja

manejar con los dedos, tomando varias figuras, y haciéndose mas dócil y

blanda con el manejo. Al verlo se pasma Pigmalion; se llena de un gran

gozo mezclado con temor, creyendo que se engañaba. Volvió segunda vez

á tocar la estatua, y se cercioró que era un cuerpo flexible, y que

las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos. Entonces

Pigmalion pronunció las palabras mas enérgicas y acomodadas para dar

gracias á Venus; estrechó su rostro con el verdadero de su querida, y

sintiéndolo esta se llenó de rubor; y alzando su tímida vista, vió á

un mismo tiempo al cielo y á su amante. La Diosa Venus felicitó con

su asistencia el casamiento que ella misma habia proporcionado, y al

cabo de nueve meses la que antes habia sido estatua dió á luz á Epafo,

del cual la isla tomó el nombre. Tambien nació de ella y fue fruto de

este enlace Ciniras, el cual hubiera podido contarse entre los hombres

felices si no hubiera tenido sucesion.[165]

„Me veo en la ocasion de contar cosas obscenas y horrendas. Retírense

de aqui las doncellas y sus madres, pues no es razon las oigan: y si el

suceso que van á referir mis versos os agradare y entretuviere, tenedlo

por una novela, y no lo creais; y si lo creyéreis, creed tambien la

pena con que fue castigado. Si es posible y parece creible que se haya

cometido una maldad que aborrece la misma naturaleza, doy el parabien á

la nacion traciana, á nuestro reino y á nuestras tierras por hallarse

tan distantes de aquellas regiones en que sucedió la horrible maldad

que voy á referir. Enhorabuena que la Arabia sea abundante en amomo, en

cinamomo, en costo, en incienso y en otras flores y perfumes, con tal

que sea ella sola donde se crie la mirra, árbol nuevo, que se produjo á

costa de tal maldad.”

[Ilustración: (108) Desesperada Mirra se colgó; pero su Nodriza corta

el lazo y la libra.]

FÁBULA IX.

_MIRRA CONVERTIDA EN ÁRBOL._

Metamorfóseos o Transformaciones (3 de 4) · 第 5 / 10 段