ningun deseo; pero interiormente se quemaba: ya le llama señor; ya
aborrece el nombre de pariente; ya quiere mas que Cauno la llame
Biblis que hermana. No obstante despierta no se atreve á poner en su
ánimo esperanzas obscenas; pero dormida se le representa muchas veces
lo que ama; y tambien le parece que tiene al lado á su hermano, y se
avergüenza de esto, aunque yace dormida. Despedido el sueño calla por
algun rato, y despues vuelve á recordar lo que ha soñado; y dudosa en
el partido que debe tomar, habla entre sí de este modo: „¡Infeliz de
mí! ¿Qué quiere decir lo que he soñado esta noche? Si yo no quisiera
que se verificase, ¿cómo ó por qué me acometen estos sueños? Es
cierto que Cauno parece bello aun á los ojos de sus enemigos. Él me
gusta, y lo amaria apasionadamente si no fuera mi hermano, porque
le contemplaria digno de mi tálamo; pero me perjudica el ser yo su
hermana. Solo pueden adoptarse y tener entrada en mi corazon estas
ideas como cosa de un sueño; pero tal que nunca llegue á verificarse,
ni yo á intentarlo. En esta forma y por via de sueño repítase muchas
veces en mi imaginacion la dulzura de él, pues en él no hay testigo
alguno, y sí un agradable placer. ¡Ó Venus! ¡Ó alado Cupido! ¡Cuán
suave seria para mí semejante sueño! ¡Qué complacencia tan grande
tendria! ¡Cómo me rendiria y se rendirian mis medulas á la dulzura de
él! ¡Qué impreso se quedaria en mi memoria! ¡cuán breve su duracion!
y ¡cuán ligera y pequeña la noche, como envidiosa de mi placer! ¡Ó,
si no fueras mi hermano, y pudiera casarme contigo, qué bien pudiera
ser nuera de tu padre! ¡Y qué bien, ó Cauno, podrias ser yerno del
mio! ¡Ó si los Dioses dispusiesen que todas las cosas nos fuesen á
los dos comunes fuera de los padres y abuelos! Yo desearia que tú
fueses de mas generosa estirpe que yo, y que no tuviésemos unos mismos
progenitores. Ignoro pues cual será la dichosa que se case contigo,
pues para mí por desgracia tengo los mismos padres que tú, no puedes
ser otra cosa que mi hermano, y tendremos los dos solo aquello que nos
estorba y perjudica. Pero ¿por ventura han sido vanos y no significan
algo mis sueños? ¿Qué eficacia tienen estos? ¿No suelen ser anuncio
de la verdad? Mejor órden hay entre los Dioses, pues ellos se casaron
con sus hermanas. Saturno tuvo por muger á su hermana Opis, el Océano
á Tetis y Júpiter á Juno; pero siendo estos derechos y privilegios de
las Deidades, ¿de qué me sirve el comparar los usos humanos con los
celestiales, y los enlaces de los hombres con los de los Dioses? El
partido que debo tomar es ó expeler de mi corazon este ilícito amor,
ó, si esto no puedo conseguir, desear la muerte, dejarme en efecto
morir, y que me pongan amortajada en el féretro, en el cual recibiré
algunos ósculos de mi hermano. Pero aunque yo me decida á no abandonar
el amor que me abrasa, para llevarle al complemento se necesita la
voluntad de los dos. Enhorabuena que esté pronta la mia; pero la
suya se resistirá, imaginándolo una maldad. Los hijos de Eolo no se
detuvieron en casarse con sus hermanas; pero ¿de donde me han venido
á mí estas noticias? ¿Por qué me valgo de estos egemplos? ¿Adónde voy
á parar? Apartaos de mí, llamas obscenas, y no ame yo á mi hermano de
otro modo que el que conviene y es lícito á una hermana. Pero si él se
hubiera enamorado primero de mí, ¿acaso tendria yo inconveniente en
ser indulgente y condescendiente á su amor? Luego si yo no llevaria
á mal que él se me descubriese, y no despreciaria sus solicitudes,
me hallo autorizada para descubrirme á él, y manifestarle las mias.
¿Mas cómo podré hablar y confesarle mi amor? Este me precisará á ello;
sí, podré hacerlo; y si me detuviese el pudor, un billete misterioso
será el medio para declararle mi pasion.” Resolvióse pues á ello, y
esta determinacion aquietó su ánimo vacilante. Incorporóse pues un
poco; y apoyándose sobre el codo siniestro, dijo: „Vea Cauno lo que
ha de hacer, pues yo resuelvo descubrirle mi loca pasion. Pero ¡ay de
mí! ¿adonde me precipito? ¿Qué fuego es este que se alimenta de mi
imaginacion?” Tomando en la diestra la pluma, y en la siniestra la
tabla encerada,[114] empezó á disponer con su mano trémula las voces
y palabras que detenidamente meditaba. Al empezar ya duda; escribe,
y condena lo escrito; vuelve á escribir, y lo borra;[115] muda,
tilda y aprueba; unas veces omite, otras vuelve á poner lo omitido.
En fin no sabe lo que quiere ni lo que aprueba, y todo lo que iba á
escribir la desagrada, asomándosela al rostro el color del pudor[116]
mezclado con el de la osadía. Tenia ya escrito hermana, y desaprobó y
borró esta voz, y por último se resolvió á escribir lo siguiente: „Tu
amante te envia la salud que ella no tendrá si tú no se la das, pues
se avergüenza de manifestar su nombre. Si me preguntas lo que quiero,
desearia podértelo decir sin manifestar quien soy, y que no supieses
que soy Biblis antes de haberme asegurado la esperanza de conseguir mis
deseos. Mi languidez,[117] mis ojos muchas veces húmedos, mis suspiros
nacidos de una causa oculta en mi interior, mis repetidos abrazos y
besos, que si los notaste no podian parecer de hermana, pudieron serte
indicios de que mi pecho estaba poseido de tu amor. No obstante, aunque
mi corazon estaba gravemente herido, aunque el fogoso furor estaba
dentro de mí, hice[118] todos los esfuerzos que pude (los Dioses me
son testigos) para tranquilizarme. ¡Ay triste! peleé mucho tiempo para
huir de las violentas armas de Cupido: padecí mucho mas de lo que
puedes imaginarte en la resistencia de una jóven. En fin he quedado
rendida, y me veo obligada á confesarlo, y á pedirte condesciendas á
mis tímidos deseos. Tú solo puedes conservar ó perder á esta amante.
Elige cual de estas dos cosas quieres egecutar. No te ruega esto
tu enemiga, sino la que estando muy emparentada contigo, solicita
estarlo aun mas, y unirse con unos vínculos mas estrechos que los de
la sangre. Quédese para los ancianos el examen de las leyes, y el
inquirir qué sea ó no lo lícito y lo honesto: y qué es lo que aquellas
permiten ó prohiben: el inconsiderado amor es propio de nuestros años.
Todavía ignoramos lo que sea lícito; creemos que todo lo es, y en
esto imitamos los egemplos de los grandes Dioses: á nosotros no nos
pondrán impedimento ni el cruel padre, ni el temor ni la reverencia
de la fama: no nos dejamos asustar de vanas fantasmas. Ocultaremos
nuestro amor bajo el nombre de hermanos. Yo tengo libertad de hablar
contigo en secreto y en público, y como hermanos nos son permitidos
los ósculos y los abrazos. ¡Qué poco falta para que seamos felices!
Apiádate de la que te confiesa su amor, y de la que no lo hiciera
si no fuera precisada del último extremo á que ha llegado su amoroso
ardor. Y no quieras que se escriba en mi triste sepulcro la causa de mi
muerte.”[119]
Habia ya llenado todo el billete, y aun tuvo que poner á la márgen
las últimas palabras. Inmediatamente envolvió y cerró lo que
delincuentemente habia escrito, sellándolo con su anillo,[120] al
que para ello humedeció con sus lágrimas, porque la lengua se le
habia quedado absolutamente sin saliva. Vergonzosa llamó á uno de sus
criados, y despues de haberle halagado le dijo: „Lleva, ó fidelísimo,
este billete á mi... y despues de largo rato añadió hermano.” Al darle
al criado se le cayó de las manos. Turbóse con el agüero;[121] pero sin
embargo lo envió. Valiéndose el criado del tiempo y ocasion oportuna,
llega y entrega el cerrado billete. Luego que Cauno leyó los primeros
renglones fue tan grande su sorpresa, que le sobrecogió, y sin querer
continuar en la lectura le arrojó con ira, y conteniendo con dificultad
sus ímpetus de dar de bofetadas al criado, que estaba temblando, le
dijo: „Perverso apoyador de una maldad prohibida y execrable, retírate
al punto de mi presencia, pues si con quitarte la vida no ofendiera mi
propio pudor,[122] aqui mismo pagarías tu atrevimiento muriendo á mis
manos.”
Al oir esto se retiró lleno de pesar, y fue derecho á contar á Biblis
la desdeñosa repulsa de Cauno, y el fiero enojo con que le respondió
y amenazó. Al oirlo Biblis mudó de color, y un frio mortal se apoderó
de todo su cuerpo. Luego que recobró su sentido se volvió á encender
su pasion, y tan agitada estaba, que apenas pudo articular estas
palabras: „¡Bien empleada me está la repulsa que he sufrido![123]
¿Cómo pues me arrojé á la inconsiderada temeridad de descubrir mi
pasion? ¿Cómo tan prontamente tuve la ligereza de confiar á un billete
las expresiones que debia reservar y ocultar en mí? Yo me tengo la
culpa, pues antes debí valerme de expresiones ambiguas para explorar
su ánimo y parecer, y si seguiria y se acomodaria ó no á mis intentos
é inclinacion. Yo deberia haber notado cual era el viento que corria y
soplaba, soltando solo una vela para engolfarme con alguna seguridad,
y no haberlas desplegado todas de golpe á los vientos no conocidos.
No es extraño pues el haber dado en los escollos, y verme sumergida
en lo profundo del mar, sin que mi rumbo pueda ya retroceder.[124]
¿Cómo no me contuvo el ver que se oponian á mi amor y resolucion los
presagios nada equívocos, y que cuando iba á dar el billete al criado,
mandándole que le llevase, se me cayó de las manos, como anticipándome
el mal éxito de mis esperanzas? ¿No hubiera sido mas acertado esperar
á mejor coyuntura, ó desistir de mis deseos y retractar mi voluntad,
ó mas bien que todo dilatar mi resolucion para otro dia y tiempo mas
oportuno? El mismo Dios del amor me lo aconsejaba asi, y me daba
ciertos indicios del mal suceso, los que yo pude haber advertido si
mi pasion no me hubiese tenido fuera de mí.[125] Yo debiera haber
preferido el medio de no confiarme á un billete, sino haberle hablado
por mí misma, y boca á boca haberle descubierto mi amor. Entonces
hubiera visto, y tal vez le hubieran conmovido mis lágrimas: hubiera
visto el semblante de su amante. Pudiera haberle dicho muchas mas
cosas que las que contenia el billete. Pudiera haber echado mis brazos
á su cuello, aunque él lo hubiese querido resistir: haberme asido á
sus pies, y postrada á ellos pedirle se condoliese de mi triste vida;
y si me hubiese repelido, haber fingido un desmayo que me pusiese á
punto de espirar. ¡Ojalá hubiera hecho todas estas cosas! pues aunque
cada una de por sí no fuese suficiente, todas juntas quizás hubieran
podido ablandar la dureza y resistencia de su corazon. Acaso estaria
la culpa en el criado, que no fue en oportuna ocasion, y creo no supo
elegir la conducente coyuntura, ni escoger una buena hora en que su
ánimo estuviese tranquilo y de buen humor. Todas estas cosas sin duda
me perjudicaron; porque Cauno no es persona que haya nacido de alguna
tigre, ni su corazon es de pedernal, ni de hierro ni de diamante, ni
mamó la leche de alguna leona.[126] Por consiguiente él se rendiria á
mi amor, y lo que conviene es volverle á atacar, y no desistir yo de mi
empresa mientras que no me desampare este aliento vital. Si los hados
me permitiesen revocar lo que está hecho, primero y mas conveniente
seria no haberlo empezado; pero ya emprendido es preciso continuarlo,
y tratar de llevarlo adelante hasta la consecucion del fin;[127]
porque (aunque yo desista de mis deseos) él no podrá olvidarse de que
me atreví á manifestarle mi inclinacion, y tendrá por una veleidad
mi amor si ve que desisto de mi empresa, ó quizás le juzgará por una
asechanza y ardid para calumniarle, ó que me descubrí á él vencida no
del amor que abrasa mi pecho, sino de un deseo libidinoso. Últimamente
ya no puedo dejar de resolverme á tomar cualquiera arbitrio, aunque
sea pérfido y delincuente. Ya cometí el exceso de escribirle y
manifestarle mis deseos; y aunque no prosiga á mas, esto basta para
que no pueda conceptuarme ni llamarme inocente. Lo que falta hasta
conseguir mis intentos es mucho; pero muy poco lo que resta hasta
envolverme y complicarme en un sinnúmero de delitos.” Acabó Biblis
con esto su razonamiento, y era tanta la agitacion fiera de su ánimo,
que al paso que se arrepentia de haberse descubierto, le agradaba el
proseguir su empresa; y atropellando por toda moderacion, repitió sus
importunaciones, con las que la infeliz no adelantó mas que recibir
nuevos desprecios.
Viéndose Cauno expuesto y perseguido de su hermana, y que esta
nunca desistiria ni pondria fin á su pasion, determinó abandonar su
patria[128] y el riesgo de incurrir en la maldad; y retirándose á otra
region extraña, edificó en ella una ciudad de su nombre.[129] Dicese
que Biblis, afligida con la noticia de la ausencia de su hermano, quedó
como fuera de sí. Empezó á rasgarse sus vestidos hasta descubrirse el
pecho, y darse furiosa golpes en él y en los brazos; y últimamente
paró en hacer pública su locura, en confesarse á voces desesperanzada
de poder conseguir el prohibido amor de Cauno, y en dejar su casa y
patria, y salir en busca y seguimiento de su prófugo hermano. Las
mugeres de Caria la vieron ir dando gritos por sus campos como loca,
no de otro modo, ó hijo de Semele, que tus Bacantes de Tracia, cuando
agitadas con el tirso tuyo celebran cada tres años las orgias. Biblis,
dejando estas regiones, atravesó la de los guerreros Lelegas, la
Licia con su monte Cragon, la ciudad de Limires y la corriente del
rio Xanto, y últimamente la cima del famoso monte de la Chimera,[130]
y su volcan que está en medio de su cumbre, cuyo pecho y rostro eran
de leona y la cola de dragon. Ya no hallaba mas selvas ni campos que
correr, y fatigada de andar se dejó caer en el suelo, y reclinando
su cabeza sobre la dura tierra, se entregó á un profundo silencio,
y puso su boca sobre las marchitas hojas que caian de los árboles.
Las Ninfas que habitaban en el pais de los Lelegas intentaron muchas
veces el incorporarla con sus tiernos y delicados brazos: otras muchas
la persuadieron que moderase su amor; pero ella no admitia ningun
consuelo; se hacia sorda á las persuasiones; permanecia postrada sin
hablar, arrancando con sus uñas las verdes yerbas, y regándolas con
el arroyo de lágrimas que de sus ojos corria. Se dice que las Náyades
hicieron brotar debajo de ella un manantial que nunca pudiera secarse;
y á la verdad ¿qué mayor beneficio podian hacerle para aumentarla sus
lágrimas? Inmediatamente, asi como destila la goma del tronco del árbol
que se acaba de cortar, ó el tenaz betun mana de la hinchada tierra, ó
el agua que se congeló con el frio se derrite con el sol á la venida
del suave céfiro; del mismo modo Biblis, consumida con sus lágrimas, se
transforma en fuente, la cual aun ahora conserva el nombre de su señora
en aquellos valles, y brota al pie de una espesa y oscura encina.
[Ilustración: (99) Ifis es transformada en varon por la Diosa Isis
para que se case con Yanta.]
FÁBULA VIII.
_IFIS TRANSFORMADA EN VARON._
La noticia de este nuevo prodigio hubiera acaso admirado á las cien
ciudades de Creta, si en esta region no hubiera sucedido otro portento
bien semejante con la transformacion de la doncella Ifis. En la ciudad
de Festo, que está confinando con el reino de Creta, habia un hombre
poco conocido que se llamaba Ligdo, el cual era de lo mejor de la
plebe, y su hacienda no era mayor que su nobleza; pero era fiel y de
una vida irreprensible. Estando su muger embarazada y ya cercana al
parto, la habló de esta forma: „Dos cosas son las que deseo, y por las
que dirijo mis votos á los Dioses; la una que tengas un parto feliz,
y la otra que sea varon lo que des á luz; porque si es hembra, es mas
gravosa para mí, y la naturaleza me negó riquezas para poder dotarla; y
si esto sucediese, y parieses hembra, lo cual los Dioses no permitan,
mando y dispongo, aunque con mucha repugnancia (perdóneme el paternal
amor), el que se la dé la muerte.” Esto dijo, y ambos prorumpieron
en lágrimas, que les corrian y lavaban el rostro, tanto del que lo
mandaba como de la que recibia el precepto. Sin embargo Teletusa[131]
importunaba á su marido con inútiles ruegos, suplicándole no pusiese
su esperanza en tal apuro; pero Ligdo se mantuvo inflexible en su
resolucion. Apenas ella podia ya sostener la gravedad de su vientre por
estar muy adelantada, cuando á media noche Isis,[132] acompañada de su
pompa ordinaria, en apariencia de sueño se pone ante su lecho, ó á lo
menos asi le pareció que la veia. Tenia en su frente una media luna y
una real diadema de espigas, semejantes en el color al oro refulgente,
á la cual acompañaban el Dios Anubis[133] en figura de perro, la Diosa
Diana, Apis,[134] vario en colores, y el Dios que tiene el dedo en
la boca,[135] símbolo del silencio: habia tambien sistros;[136] y se
hallaba alli Osiris,[137] nunca bastantemente buscado; y tambien un
aspid, serpiente peregrina en la isla de Creta, llena de soporífero
veneno. La Diosa, hablando con Teletusa como si estuviese despierta,
la dijo: „Ó Teletusa, que eres una de las que me dan culto, depon tu
cuidado y temor, y procura engañar á tu marido. Cuando se verifique
tu parto no te detengas en criar lo que nazca, sea varon ó hembra.
Yo te soy una deidad propicia, y movida de tus ruegos te dispenso
mi socorro. No tendrás que quejarte de que diste culto á una Diosa
desagradecida.” Despues que Isis le hubo aconsejado esto desapareció.
La cretense Teletusa despertó con la alegría, se levantó de la cama,
se arrodilló, y alzando sus manos al cielo, hizo una deprecacion para
que se verificase su sueño. Llegó la hora de que le acometiesen los
dolores y se verificase el parto, en el cual dió á luz una hembra,
que la madre mandó criar ocultándolo al padre, al que persuadió ser
varon: él lo creyó, y este secreto estuvo reservado entre la madre
y el ama de leche. Ligdo cumplió las promesas que habia hecho á los
Dioses por que fuese varon, y puso á la prole el nombre de Ifis, que
era el de su abuelo: la madre se alegró del nombre, porque cuadraba
bien á ambos sexos: el artificio proseguia disfrazado, y servia para
ocultarlo piadosamente al marido: el vestido que le puso era de niño;
y el rostro tan acomodado á varon y hembra, que parecia hermosamente
ambas cosas. Habiendo cumplido la edad de trece años, su padre prometió
á Ifis por esposo á Yanta, hija de Telesto, la mas hermosa de todas las
doncellas de la ciudad: ambas eran de una edad é iguales en belleza, y
habian recibido de unos mismos maestros las primeras instrucciones. De
aqui resultó el apoderarse el amor del incauto corazon de entrambas,
y la herida fue igual á una y á otra, pero desigual la esperanza.
Yanta espera regocijada el tiempo de las bodas estipuladas, creyendo
y teniendo por hombre á Ifis, y que habia de ser su marido. Ifis ama
lo que no espera poder gozar, y esto mismo le aumenta su ternura,
y arde una doncella en el fuego de otra; y deteniendo apenas las
lágrimas, dice: „¿Qué fin es el que puedo prometerme en un amor tan
prodigioso, tan nuevo, y que en el mundo no tendrá egemplar? Hubiera
sido piedad el que los Dioses me hubieran privado de la vida, y si no
querian quitármela ni destruirme, á lo menos debieron haberme dado un
amor natural, y de la clase acostumbrada y correspondiente. No ama
ardientemente una vaca á otra, ni una yegua á otra yegua: el carnero
enamora á la oveja; la cierva sigue al ciervo; por este órden se aman
las aves, y entre todos los animales ninguna hembra se inclina á otra
hembra. Para verme en este apuro mas bien quisiera no haber nacido.
Pero Creta parece el teatro de todas las monstruosidades: Pasifae se
enamoró de un toro, es verdad; mas eran los dos de distintas especies;
y si vale decir la verdad, mi amor es mas desatinado que el de aquella,
pues en el de Pasifae hubo esperanza de verificarse y tener efecto,
como le tuvo con el engaño de tomar la artificiosa figura de una vaca,
y alli habia un amante que fuese engañado. Pero aqui y en mi amor,
aunque se reunan á favorecerme las astucias de todos los hombres,
aunque el mismo Dédalo vuelva volando con sus alas enceradas, ¿qué
podrá adelantar? ¿Por ventura podrá transformarme en varon por medio
de la destreza de sus artes? Ó cuando á mí no me vuelva, ¿podrá
transformar á Yanta para que asi pueda verificarse nuestro enlace?”
Despues, reconviniéndose á sí misma, decia: „Ifis, ¿por qué no entras
en acuerdo contigo, y por qué no apartas de tí unos deseos tan necios
y desnudos de consejo? Reflexiona que has nacido muger; y si no te
engañas á tí misma, desea solo lo que te es lícito desear, y ama lo que
debe amar una muger. La esperanza es el orígen y el alimento del amor,
y esta me la quita y destruye la imposibilidad del caso. Para abrazar
á mi amada Yanta no tengo el inconveniente de las centinelas, ni el
rezelo de un sospechoso marido, ni la aspereza de un padre, ni ella
se niega ni resiste á mis instancias. Mas con todo no puedo verificar
mis deseos, ni puedo ser feliz, aunque todas las cosas se reunan en mi
favor, ni aunque los hombres y los Dioses se desvelen en idear medios
de proporcionarlo. Es cierto que ninguna cosa de cuanto puedo desear de
las que conducen al complemento del amor me hace falta, y los Dioses
propicios me concedieron y facilitaron cuanto pudieron para fomentarle.
Lo mismo que yo quiero quiere ella, lo quiere su padre, y lo quiere
tambien el mio; pero no lo quiere ni lo permite la naturaleza, que
tiene mayor eficacia y poderío que todos ellos; y esta es sola la
que tengo en contra mia. Ya se acerca el deseado tiempo y el dia de
nuestras bodas, y en él será mia Yanta; pero de ningun modo será mia,
y ambas nos abrasaremos de sed en medio de las aguas. Tú, Juno, y tú,
Himeneo, ¿de qué aprovechará que asistais á unas bodas, en las cuales
no habrá marido, y seremos ambas novias?” Calló con esto la desgraciada
Ifis: Yanta por su lado no estaba menos enardecida y deseosa de que
llegase con celeridad el dia del himeneo. Teletusa, temiendo que las
bodas descubriesen el engaño, unas veces propone dilaciones, otras
finge indisposicion, muchas recurre á los pretextos de suponer que
habia tenido agüeros y sueños infaustos; pero ya llegaron á apurársele
los pretextos y ficciones de que se valia, y se acercaba el tiempo,
que hasta alli habia podido retardar, de celebrar las bodas, para las
que solo faltaba un dia, y en este apuro y afliccion se quitó y quitó
á su hija la cinta que recogia sus cabellos, y con ellos sueltos[138]
se encaminaron al templo de Isis, y asida al ara pronunció con el
mayor fervor esta deprecacion: „Divina Isis, que eres reverenciada
en Paretonio,[139] en los campos Marcóticos, en la isla de Paros y
en el Nilo dividido en siete bocas, suplícote que me favorezcas y
proporciones remedio á nuestro temor. En otro tiempo te ví, ó Diosa,
con las mismas insignias que te veo ahora; todas las conocí, como
igualmente á tus compañeras, las antorchas y el sonido de los sistros.
Yo cumplí la órden que me diste, y por haberla observado ve mi hija
la luz;[140] y si yo no he sido castigada por no haber obedecido á mi
marido, es un efecto de tu bondad y proteccion. Apiádate de estas dos
infelices, y ayúdalas con tu auxilio.” Esta súplica fue acompañada de
un torrente de lágrimas. Pareció que la Diosa habia movido su altar,
y con efecto lo habia conmovido. Las puertas del templo empezaron
á temblar. La media luna que la Diosa tiene en la cabeza se vió
resplandecer, y se oyó la armonía del sonoro sistro. Teletusa, alegre
con tan felices presagios, aunque no del todo segura, se echó fuera del
templo. Ifis la seguia con mas acelerado paso que el que acostumbraba.
Su rostro habia perdido algo de su blancura; se sentia con aumento de
fuerzas; su semblante era menos afeminado; sus cabellos mas cortos
y ensortijados; se siente mas vigoroso que cuando era muger: en
una palabra, queda hecho varon la que antes fue hembra. Cumplid ¡ó
agraciados! los votos que ofrecisteis[141] á estos templos, y en buena
hora regocijaos ya sin sobresaltos. Efectivamente se desempeñan de la
obligacion en que estaban, grabando alli esta breve inscripcion: _Ifis,
mudada en varon, cumplió exactamente las promesas que tenia hechas
cuando era muger_. Cuando los dorados rayos del sol alumbraban ya al
mundo el dia siguiente, Venus, Juno é Himeneo se congregan á celebrar
las bodas de los dos consortes, é Ifis transformada en hombre se
desposa con su querida Yanta.
[Ilustración]
LIBRO DÉCIMO.
_ARGUMENTO._
Himeneo, que habia asistido á las bodas de Ifis, partió desde ellas á
las de Orfeo; pero fue con mal agüero, pues de alli á poco perdió este
dos veces á Eurídice; una cuando murió mordida de una serpiente, y otra
cuando la sacaba de los infiernos. Orfeo con este suceso quedó tan
asombrado, como aquel á quien la vista del Cancerbero deja convertido
en piedra. Despues de esto, como para alivio de sus penas cantase al
son de su lira en un monte muchas y varias transformaciones, vinieron
á él y le rodearon todos los árboles de aquella montaña, y entre ellos
el pino en que habia sido convertido Atis, y el ciprés en que habia
sido transformado Cipariso.
FÁBULA PRIMERA.
_EURÍDICE MUERE DE LA MORDEDURA DE UNA SERPIENTE._
Desde las bodas de Ifis partió el Dios Himeneo por los aires cubierto
con un vestido amarillo, y llegó á las playas de Tracia, en donde fue
inútilmente invocado por Orfeo[142] para que asistiese á sus bodas. El
asistió efectivamente á ellas; pero ni profirió la cantinela nupcial,
ni fue con buen semblante ni con feliz agüero. La antorcha que tenia
en las manos no ardia ni se encendia, aunque se le aplicaba el fuego,
ni hacia otra cosa que rechinar y apagarse, despidiendo un humo que
hacia salir las lágrimas de los ojos. El suceso fue mas triste que los
anuncios; porque mientras la recien casada[143] andaba discurriendo por
un florido prado, acompañada de una tropa de Náyades, la acarreó la
muerte la mordedura que la hizo una serpiente en un talon.
[Ilustración: (100) Corriendo Eurídice por un prado con otras ninfas
es mordida por una serpiente y muere.]
FÁBULA II.
_BAJADA DE ORFEO Á LOS INFIERNOS._
Despues de haber llorado Orfeo la pérdida de su esposa, y haber llenado
los aires de ayes y lamentos, para hacerlos tambien resonar en la
region de las sombras, formó por último el atrevido designio de bajar á
los infiernos por la cueva y entrada que está en el monte Ténaro;[144]
y caminando por entre una multitud de leves sombras de las almas de
los que habian logrado el honor de la sepultura, se presentó ante
Proserpina y Pluton, que son los que reinan en aquella triste region, é
hiriendo las cuerdas armoniosas de su lira, las acompañó con la cancion
siguiente:
[Ilustración: (101) Saca Orfeo á Eurídice del Infierno y vuelve á
perderla por mirarla.]