Hércules se habian ya extendido por todo el mundo, asi como se habia
divulgado el odio de Juno; y este héroe vencedor de la Oechalia
preparaba á Júpiter un sacrificio para darle gracias por las victorias
que habia conseguido, cuando la fama vocinglera, que se complace en
confundir lo verdadero con lo falso, y que abultando los objetos,
hace monstruos de las cosas mas pequeñas, informó á Deyanira que su
marido estaba enamorado de Yole.[79] El amor es crédulo: Deyanira,
penetrada de dolor con la nueva, apeló al principio á las lágrimas,
y la desdichada disminuia asi su dolor con el llanto. Mas despues
reflexionando un poco: „¿De qué me aprovechan, dijo, estas lágrimas
inútiles, en que quizá se complacerá la adúltera? Ella llega, y es
menester anticiparme, é impedir que ocupe mi tálamo nupcial. ¡Miserable
de mí! ¿qué partido he de tomar? ¿Manifestaré mis quejas, ó las
guardaré en silencio? ¿Me volveré á Calidonia, ó me detendré en este
pais? ¿Saldré de casa, ó ya que no pueda otra cosa la impediré la
entrada? ¿Qué habrá que extrañar, ó Meleagro, si al considerar que
soy tu hermana me preparas á una accion varonil, y sacrificando á la
adúltera, hago ver á la posteridad de qué es capaz una muger ofendida?”
Despues de haber revuelto en su imaginacion mil diferentes ideas,
Deyanira con el designio de atraer á su marido, y volver á encender
su amor hácia ella, prefirió el medio de enviar la vestidura que
estaba empapada con la sangre de Neso,[80] la cual al efecto entregó
á Licas, sin prever que lo que enviaba seria la causa de su llanto y
su dolor: al darle la vestidura le encargó se la entregase á su marido
en su nombre con expresiones y voces llenas de blandura y de cariño.
Recibió Hércules la camisa de Deyanira emponzoñada con la sangre de
la Hidra de Lernea, y se la vistió para hacer con ella el sacrificio,
y al tiempo de quemar el incienso, y de derramar el vino sobre el
ara,[81] se avivó con el calor la fuerza del veneno, y encendiéndose
en llamas, se difundió por todo su cuerpo. Mientras pudo reprimió con
su acostumbrada fortaleza los gemidos; pero despues de vencida la
paciencia con el mal, desamparó el altar y sacrificio, é hizo resonar
el monte Oeta con sus clamores. Hizo los mayores esfuerzos para rasgar
la mortal camisa; pero cuando tiraba de ella rasgaba y se arrancaba
la piel, á la que aquella estaba asida fuertemente; y por lo mismo
(causa horror el referirlo) con las diligencias de quitarse la camisa
descubria sus despedazados miembros, y hasta sus huesos, y la sangre
que salia rechinaba á la manera de un hierro encendido cuando se mete
en agua fria, y hervia aquella con el calor del veneno. Las voraces
llamas le consumian las entrañas: un negro sudor corria por todo el
cuerpo: los nervios medio abrasados sonaban, y las medulas se derretian
con la oculta podre. Entonces, levantando las manos al cielo, exclama:
„Cruel Juno, regocíjate ahora con mis calamidades; regocíjate mirando
desde lo alto esta peste que me consume; ceba bien tu fiero corazon, y
por último, si se ha de tener misericordia aun de los enemigos (pues
yo lo soy tuyo), quítame esta vida aborrecida y destinada á trabajos y
sufrimientos, y que no miro ya sino con horror. La muerte será para mí
un beneficio, y tal que sea decente y conveniente á una madrastra. ¿No
soy pues aquel Hércules que vengó á los Dioses del cruel Busiris,[82]
que profanaba sus templos con la sangre de sus huéspedes? ¿No soy yo el
que venció al fiero Anteo,[83] á pesar del socorro que le prestaba la
Tierra su madre? ¿No soy yo á quien no espantaron el monstruoso Gerion
ni el Cancerbero, aquel de tres formas, y este de tres cabezas?[84]
¿Mis brazos no sujetaron las astas de aquel fiero toro que asolaba
la Creta?[85] ¿No experimentaron su valor la Elide,[86] el lago de
Estinfale[87] y el bosque de Partenia?[88] ¿Mi valor no concluyó la
empresa de conquistar y traerme el tahalí[89] bordado de oro de la
Reina de las Amazonas, y las manzanas de las Hespérides, guardadas por
un dragon que nunca dormia? ¿Pudieron resistirme los Centauros, ni el
fiero jabalí que destruia toda la Arcadia, ni aprovechó á la Hidra el
aumentar sus fuerzas, ni redoblar para mas daño suyo sus cabezas? Pero
¿qué me aprovecha todo esto, ni el haber acometido á los caballos de
Diomedes, mantenidos con sangre y carne humana, cuyos pesebres estaban
llenos de destrozados miembros, y haberlos dado muerte, quedando
envuelto en la misma desgracia su señor? Á la violencia de estos mis
brazos yace vencido y muerto el espantoso leon de Nemea: con mis
hombros sostuve el cielo, y defendí á los Dioses.[90] Últimamente
la cruel Juno mas pronto se cansó en mandarme imposibles que yo en
vencerlos y egecutarlos; pero ahora me veo acometido de una nueva
calamidad, á la cual no puede resistir ni mi valor ni mis armas. En
lo íntimo de mis pulmones anda errante un fuego consumidor, que se
difunde y ceba en todos mis miembros. Con todo esto, y cuando yo me
abraso, tiene y goza salud Euristeo:[91] á vista de esto, y de que
tal se permite, ¿habrá quien pueda creer que hay Dioses?” Al acabar
Hércules de decir esto echó á correr por las alturas del monte Oeta, á
la manera que un toro cuando se ve herido llevando clavada la flecha,
y ha huido el que le hizo la herida: unas veces se le veia dar gemidos,
otras temblando, otras intentando arrancarse todos sus vestidos, otras
derribando los árboles é irritándose contra los montes, ó levantando
las manos al cielo, é implorando el socorro de su padre. En este estado
vió á Licas temblando, que procuraba ocultarse en la concavidad de un
peñasco; y como tenia toda su rabia reconcentrada por el gran dolor, le
dijo: „¿Eres tú pues, desgraciado, el que me ha traido este fatal don?
¿Eres tú el autor de mi muerte?” Trémulo y pálido Licas, tímidamente se
excusaba; pero al tiempo que se disponia á pedir misericordia, Alcides
lo coge por medio del cuerpo, sin embargo de que se le resistia, y
despues de haberle volteado muchas veces, lo arrojó al mar de Eubea con
mas violencia que una piedra disparada de una honda. El cuerpo de este
desgraciado se endureció en el aire, como las gotas de agua que el frio
Aquilon congela y convierte en nieve ó granizo; y helándose la sangre
con el miedo, fue convertido en aquel pequeño peñasco que aun hoy se ve
en el mar Eubeo con las señales de figura humana, al cual no se atreven
los marineros á pisar, como si lo hubiera de sentir, y le llaman Licas.
Despues de esto, ó Hércules, cortas muchos árboles del monte Oeta,
con los que construyes una pira; y dando tu arco, aljaba y flechas á
Filoctetes para que las llevase á la guerra de Troya, te vales de su
ministerio para que pusiese fuego á la pira, y antes que las voraces
llamas llegasen á apoderarse de toda ella, subes á lo mas alto,
tiendes la piel del leon de Nemea, y poniendo la clava por cabecera,
te recuestas en la hoguera con tanta serenidad y con semblante tan
apacible, como un convidado que coronado de una guirnalda de flores se
sienta á una mesa abundante de viandas y de vasos llenos de vino.
[Ilustración: (93) Hércules sube al cielo, y Júpiter le coloca entre
los Dioses.]
FÁBULA IV.
_APOTEOSIS DE HÉRCULES._
La hoguera estaba ya encendida, y la llama sonaba por todos lados, y
abrasaba el cuerpo de Hércules, que la miraba con serenidad, cuando los
Dioses temieron por el vengador de la tierra; lo cual viendo Júpiter
(que conoció la pena que tenian), les habló con alegre semblante de
esta manera: „Ese temor, ó Dioses, es un deleite para mí, y me alegro,
porque soy gobernador y padre de un reconocido pueblo, y porque mi
hijo tambien está seguro con vuestro favor:[92] pues aunque esto se
le da por sus grandes hazañas, no obstante yo os quedo obligado. Pero
porque los corazones fieles no teman con vano miedo, ningun cuidado
tienen que daros esas llamas del monte Oeta, porque el que todo lo
venció tambien saldrá triunfante del fuego, y no le sentirá sino en lo
que por parte de madre tiene de mortal, porque lo que tiene de mí es
eterno, inmortal é incombustible. Luego que se purifique de lo mortal
determino recibirle en el cielo, y confio que esta disposicion mia será
agradable á todos vosotros; y si alguno no obstante siente que Hércules
sea Dios, y quiere negarle el premio que yo le doy, debe hacerse el
cargo de que le tiene merecido, y forzosamente lo aprobará.” Todos los
Dioses se conformaron con la resolucion de Júpiter; y la misma Juno al
parecer todo lo aprobó menos las últimas palabras, que le parecieron
duras, y se la notó que las oyó con algun sentimiento. En tanto habia
consumido la llama cuanto Hércules tenia de mortal:[93] no le quedó
cosa que pudiese conocérsele de su anterior figura, ni de lo que tenia
de la semejanza de su madre; solo conservó aquello en que se parecia
á Júpiter, su padre. Al modo que la renovada culebra, dejada la piel,
suele remozarse y resplandecer con las nuevas escamas, asi Hércules,
despues de haber perdido lo que tenia de terrestre, tomó vigor en su
mejor parte, y empezó á parecer mayor, y á hacerse digno de veneracion
por su augusta gravedad; al cual arrebatando Júpiter en una carroza
tirada de cuatro caballos entre las demas nubes, lo colocó en el número
de los Dioses.
[Ilustración: (94) Lucina aterra á Galantis y la transforma en
Comadreja.]
FÁBULA V.
_LUCINA RETARDA EL PARTO DE ALCMENA._
Atlante se resintió con el nuevo peso[94] que cargaba en el cielo
que sostenia sobre sus hombros. Pero Euristeo aun no habia depuesto
su antigua ira, y conservaba en los hijos de Hércules el odio atroz
que habia tenido al padre. Mas Alcmena, natural de Argos, entrada ya
en años, se hallaba fatigada con continuos cuidados, y solo tenia á
Yole para consuelo de su vejez: esta la sufria las impertinencias de
su ancianidad, y con ella comunicaba sus desgracias, y la referia los
trabajos de su hijo Hércules, públicos y notorios á todo el orbe. Hilo,
hijo de Hércules, cumpliendo con lo que le dejó encargado su padre,
recibió á Yole por su muger con todo amor y cariño. Llegó el tiempo
de que esta se hizo embarazada; y estando cercana al parto, la habló
Alcmena de esta manera: „Los Dioses te sean favorables, y te concedan
una hora pequeña cuando llegue el caso de que, acometida de los dolores
del lance que esperas, invoques á Lucina,[95] auxiliadora de las que
paren con timidez, y no te suceda lo que á mí, que la tuve contraria
por el odio y precepto de Juno, pues cuando ya se acercaba el dia del
nacimiento de Hércules, y habia yo entrado en el décimo mes,[96] el
peso me extendia y abultaba el vientre en tal manera, que solo con
verle podrias conocer que solamente Júpiter podria ser el autor de
una cosa tan grande como la que ocultaba en él. Ya no podia tolerar
mas las molestias que me causaba mi embarazo: aun ahora cuando te lo
estoy contando se apodera de mis miembros un frio temblor que me hace
estremecer, y el acordarme de ello es una reliquia de los dolores que
entonces padecí. Siete noches y otros tantos dias estuve luchando
con ellos, y ya cansada de padecer, levantando mis brazos al cielo,
invocaba á gritos á Lucina para que me socorriese en la dificultad de
mi parto. Ella es verdad que vino, pero mal impresionada, pues queria
quitarme la vida por complacer á la implacable Juno. Luego que oyó mis
lamentos se sentó ante la puerta; y poniendo la rodilla derecha sobre
la izquierda, y entrelazando sus dedos unos con otros,[97] pronunció
con voz baja algunas palabras mágicas para dilatarme el parto. Yo me
esforzaba, y como loca me desahogaba en vanas injurias contra Júpiter,
llamándole ingrato: yo deseaba morir, y daba unos gritos y gemidos
capaces de mover á las duras peñas. Las matronas tebanas, que habian
acudido á mi socorro, hacian por mí inútiles votos, y procuraban
consolarme en mi dolor. Galantis, una de mis criadas, de mediana
esfera, que tenia el cabello rojo, y era muy pronta en hacer lo que se
le mandaba, á quien yo amaba por su buen servicio, entendió no sé qué
hacia la contraria Juno;[98] y mientras entra y sale muchas veces de
mi aposento, vió á la Diosa sentada en el umbral de la puerta, que
tenia los brazos sobre las rodillas, enlazados los dedos. „Tú, quien
quiera que seas, la dijo, alégrate, que mi ama acaba de parir, y se
han cumplido sus votos.” Levántase espantada la Diosa que preside los
partos, y separó las manos, que hasta aquel punto habia tenido juntas
y cruzadas, y al instante, quitado este impedimento, se facilitó y
verificó mi parto. Aseguran que Galantis se rió por haber engañado á
la Diosa. Esta, viéndose asi burlada, asiéndola por los cabellos la
arrastró; y al tiempo que queria levantarse de la tierra la convirtió
en comadreja. Galantis, bajo esta transformacion, no perdió su antigua
agilidad ni color; la cual, por haber favorecido á la parturienta con
una mentira, pare por la boca sus hijuelos, y frecuenta como antes las
casas.”
[Ilustración: (97) Driope corta unas flores de Lotos, ninfa convertida
en árbol, y sufre igual suerte.]
FÁBULA VI.
_DRIOPE CONVERTIDA EN LOTOS._
Concluyó Alcmena su narracion con un suspiro, que la hizo arrancar
la memoria de su antigua criada, y su nuera, viéndola afligida, la
habló de esta manera: „Cuando te aflige y conmueve, ó madre mia, la
transformacion de una persona extraña, ¿qué harias si yo te contase
las desgracias de una hermana mia? Habré de referírtelo, aunque las
lágrimas y el dolor me embargan el uso de la lengua. Driope, la mas
distinguida en Oechalia por su hermosura, fue hermana mia solo de
padre, é hija única de distinta madre. Despues que Apolo la privó con
violencia de su virginidad, la recibió Andremon por su esposa, y los
dos vivian en un consorcio feliz.
„Hay un lago que presenta la figura de una playa cuesta arriba, con una
orilla cuesta abajo, cuya cumbre está coronada de mirtos. Vino aqui
Driope ignorante de su suerte lastimosa; y para que mas te lastime
el suceso, habia venido con la idea de ofrecer coronas de flores á
las Ninfas de este sitio. Ella traia en sus brazos un niño, que aun
era de pecho, y no habia cumplido un año. No lejos del lago habia un
pomposo lotos, cubierto de flores que imitaban el color de la púrpura,
y ofrecian esperanza de copioso fruto. Driope habia cortado de él unas
flores, que para diversion dió á su hijo; y yo queria hacer lo mismo
(porque me hallaba con mi hermana), cuando ví que destilaban gotas de
sangre las flores, y que las ramas del árbol se movian con trémulo
horror. En fin, segun hoy refiere la ignorante gente del campo, una
Ninfa llamada Lotos, huyendo del infame Priapo, fue transformada en
este árbol.
„Ignoraba esto mi hermana, la cual, como quisiese atónita volver atras,
y retirarse despues de haber venerado á las Ninfas, sintió que sus pies
se habian fijado con raices, é intentando arrancarlos, no podia de
ninguna manera mover sino lo alto, creciendo la corteza desde abajo,
y poco á poco llega á cubrirla las ingles. Luego que esto advirtió
quiso arrancarse los cabellos; pero se llenó la mano de hojas, de las
cuales estaba ya cubierta su cabeza. Mas el infante Anfiso (á quien su
abuelo Eurito le puso este nombre), poniéndose á mamar, advirtió que
se habian endurecido los maternos pechos, y que no sacaba leche por
mas que chupaba. Yo era testigo del cruel suceso sin poder favorecer á
mi hermana; y teniéndola abrazada, retardaba cuanto podia al tronco y
las ramas que creciesen. Y confieso que entonces deseé quedar cubierta
dentro de la misma corteza.
„Habiendo llegado á este tiempo mi padre y Andremon, me preguntaron
por Driope: „Vedla aqui,” les dije, mostrándoles el lotos; besan el
tronco, que aun estaba caliente, y se llegan postrados á la raiz de
un árbol. Ya nada tenia mi hermana que no fuera árbol sino el rostro,
y sus lágrimas corrian por las ramas y hojas que la rodeaban. Como
su boca la tenia aun libre, tuvo tiempo de herir nuestros oidos con
estas quejas: „Si algun crédito se debe dar á los infelices, juro por
las Divinidades que yo no he merecido este castigo: sin culpa padezco
esta pena: inocente he vivido; y si miento, produzca secas las hojas
de que me veo vestida, y cortada con aguda segur, venga á ser pasto
de las llamas. No obstante quitadme allá este niño, y entregadlo á
una nodriza; haced que mame muchas veces á la sombra de este árbol, y
que juegue debajo de él; y cuando pueda hablar haced que salude á su
madre, y con tristes acentos diga: „Mi madre se oculta dentro de este
tronco.” Pero no obstante que huya de los lagos, y que no coja flores
de ningun árbol; que juzgue que cualquiera oculta debajo de la corteza
alguna deidad. Quedaos con Dios, esposo querido, hermana y padre; y si
alguna piedad teneis, no permitais que la hacha cortante llegue á las
ramas de este árbol, ni que los ganados roan sus hojas; y como ya no me
hallo en estado de hacer el menor movimiento para abrazaros, llegaos
vosotros mismos á darme esta última prueba de mi amistad, y acercad
á mi hijo para que le bese por la última vez. Quedad con Dios, que
ya no puedo hablar mas, porque la corteza me llega hasta el cuello,
y soy toda árbol hasta la coronilla de la cabeza. No os empeñeis en
cerrarme los ojos con vuestras manos.[99] Sin que vosotros hagais
conmigo este último oficio, la corteza me los oculta y cierra ya.” Al
decir esto dejó á un mismo tiempo de ser y de hablar, y despues de su
transformacion los ramos se mantuvieron calientes por mucho tiempo.”
Mientras Yole contaba este desgraciado suceso, Alcmena, llorando
igualmente, limpiaba con sus manos las lágrimas que derramaba Yole,
y un nuevo suceso les templó toda su tristeza, porque Yolao, hermano
de Yole, entró en el cuarto en que estaban casi vuelto niño, á quien
apuntaba el bozo en las mejillas, y restituido el rostro al estado en
que le habia tenido en sus primeros años.[100]
Hebe, hija de Juno, le habia concedido este beneficio, obligada de
los ruegos de su marido; y como estuviese resuelta á hacer juramento
de que en adelante no haria á ninguno otra semejante gracia, no se lo
permitió Temis, diciéndola en tono de vaticinio lo siguiente:[101]
„Ten entendido, ó Diosa, que la ciudad de Tebas ya empieza á
encenderse en guerras de discordias: Capaneo no podrá ser vencido
sino por los rayos de Júpiter: los dos hermanos[102] se acometerán
y darán muerte á un mismo tiempo: abriéndose la tierra se tragará
al vaticinador Anfiarao,[103] que bajará vivo á ver sus manes: su
hijo[104] vengará la muerte de su padre con la de su madre, en cuyo
hecho será á un mismo tiempo piadoso y delincuente;[105] y atónito
con sus propios males, privado del juicio, y desterrado de su casa,
será agitado con la presencia de las Furias y con la sombra y figura
de su misma madre, hasta que su muger[106] le pida el fatal collar de
oro que le habia prometido, y hasta que yendo á recobrarle de la que
antes habia tenido y abandonado, le den muerte sus cuñados, hijos de
Fegeo, por cuya causa, y para vengarla Calirroe, su segunda muger,
pedirá con instancias al gran Júpiter que aumente los años á sus dos
tiernos hijos, y este, movido de sus ruegos, se apropiará la gracia
y habilidad de su nuera é hijastra Hebe, y convertirá de repente
en varones perfectos á los niños hijos de Alcmeon para la referida
venganza.”[107]
Despues que Temis, présaga de lo futuro, acabó de proferir el anterior
vaticinio, todos los Dioses movian entre sí varias conversaciones,
y murmuraban ¿por qué no habian de tener los demas la potestad de
trocar las edades como la tenia Hebe? La Aurora se quejaba de que
eran muchos los años de su marido,[108] y necesitaba remozarse. Céres
se entristecia al ver que se envejecia su amado Jasion.[109] Vulcano
quisiera ver remozado á su hijo Erictonio, y Venus á Anquises. En fin
cada uno de los Dioses tenia de quien cuidar, y la tumultuosa sedicion
crecia con el favor de los que tomaban partido por los quejosos,
hasta que Júpiter se explicó en estos términos: „Si algun respeto me
teneis, ¿adonde os precipitais? ¿Está acaso alguno persuadido que puede
frustrar la disposicion de los hados? Por el destino se ha remozado
Yolao, y los hijos de Calirroe por los hados, y no por ambicion ni por
la fuerza deben ser transformados en hombres desde la edad de niños.
Para que vosotros lleveis esto con mas conformidad, sabed que yo
tambien estoy sujeto á los hados; y si tuviera facultad para trocar sus
disposiciones, no estaria Eaco mi hijo consumido de vejez, y Radamanto
disfrutaria de la perfecta flor de su edad con mi hijo Minos,[110] que
se ve hoy despreciado por el funesto peso de los años, los cuales son
causa de que no reine con el órden que antes.” Las razones de Júpiter
convencieron á los Dioses, é interrumpieron sus quejas, viendo cargados
y oprimidos de la vejez á Radamanto, Eaco y Minos, el cual en su edad
florida habia sido espanto de las grandes naciones, que temblaban de
solo su nombre. Ahora debilitado con la vejez, le causa miedo y rezelo
Mileto,[111] ensoberbecido con el vigor y fortaleza de la juventud, y
con ser hijo de Apolo; y aunque rezeloso de que se le pueda rebelar y
quitarle el reino, no se atreve á desterrarle de él.
FÁBULA VII.
_BIBLIS TRANSFORMADA EN FUENTE._
Espantado, ó Mileto, de un sueño, te retiras voluntariamente, y
surcando el mar Egeo en una ligera nave, entras en el Asia, donde,
despues de haber edificado una ciudad, á la que pones tu nombre,
conoces á la bella Ciane,[112] hija de Meandro, de quien tuviste un
hijo llamado Cauno y una hija llamada Biblis, mellizos, y de singular
hermosura. Biblis puede servir de egemplo y escarmiento para que las
doncellas no tengan otras pasiones que las lícitas, pues encendida
y abrasada en el amor de su hermano Cauno, traspasó los límites del
cariño fraternal; no le amaba como hermana á hermano, ni se contenia
en el modo con que debia amarle. Es cierto que ella no conoció al
principio que era fuego de amor su vehemente inclinacion á Cauno, y
creia que no pecaba en besarle y abrazarle repetidas veces: engañada
mucho tiempo con la falaz sombra de piedad,[113] poco á poco crecia
su amor, y ya no visitaba al hermano sin presentarse bien engalanada,
deseando con vivas ansias ser tenida por hermosa; y si alli habia
alguna que la llevase ventaja, tenia envidia.
[Ilustración: (98) Biblis, buscando á su hermano, es transformada en
fuente.]